Reflejos de su gloria

David y Maribel

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

  1. Oct 20

    RG-14 La paz

    LA PAZ “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda circunstancia.” 2 Tesalonicenses 3:16 Dios se presenta en este texto como el Señor de la paz. Él es paz, posee la paz y es el que da la paz. En Juan 14:27 leemos: “La paz os dejo, mi paz os doy; El versículo continúa diciendo: “yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Da a entender que la paz que el mundo da no puede erradicar el miedo y la turbación. ¿Puede el mundo experimentar paz fuera de Dios? ¿Cómo es la paz que el mundo ofrece? En Miqueas 3:5 Dios habla de los que “claman: Paz, cuando tienen algo que comer, y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él” La paz del mundo es variable y condicionada por las circunstancias. Si tengo de todo, puedo estar en paz. Si mi vecino se porta como debe, tendremos paz. Es posible incluso tener una paz falsa. En 1 Tesalonicenses 5 leemos sobre los últimos días: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” Expresiones bien intencionadas como “no pasa nada”, “todo irá bien” anuncian paz y seguridad cuando en realidad no es ese el caso necesariamente. La paz de Dios no es así. La paz que Dios da está basada en su propio carácter. Él puede darnos la seguridad que nos permite tener paz verdadera, porque Él es poderoso para guardarnos. Podemos confiar en Él. La paz del mundo no es necesariamente mala. Más bien es la paz que viene cuando todo funciona sobre ruedas, cuando no hay conflicto. Pero esa paz es muy muy frágil, porque incluso cuando todo a nuestro alrededor parece ir bien, lo cierto es que tenemos una tendencia a perder la paz. La paz natural del ser humano está, como todo lo creado, afectada por el pecado; es inestable, porque somos capaces de perder la paz por situaciones que ni siquiera son reales. Perdemos la paz pensando en el “Y SI”. Y si esto sale mal?, ¿Y si no llega? ¿Y si no lo puedo pagar? ¿Y si no funciona según los planes? Esos “ysis” que aún no son, nos roban la paz. Mas Dios ofrece una paz que va más haya del entendimiento humano. Dios dice Filipenses 4: 6-7, justo después de exhortarnos a estar gozosos: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” La paz de Dios es una paz que quita el miedo y la turbación. Quizá podamos decir que cuando nos sentimos turbadas o sentimos temor, es una clara señal de que algo nos está robando la paz. ¿Qué podemos hacer en estas situaciones? Dios nos dice que la paz es un fruto que produce el Espíritu Santo. Si nos sentimos así, quizás no estemos ocupándonos en el Espíritu, sino en los afanes de la carne.  Si llevamos al Señor nuestras cargas, nosotras nos liberamos de ellas y él cuidará de nosotros (1 Pedro 5:7). Cuando hacemos esto, Dios a cambio nos da su paz, que guarda nuestros pensamientos y nuestros corazones. Este intercambio es precioso, y refleja lo que desde un principio Dios hace con nosotros. Él llevó nuestros trapos sucios y nos dio a cambio su manto de justicia, y sigue llevándose todo lo que nos afana para darnos a cambio paz y gratitud. No dejemos de intercambiar con Dios todo aquello que nos ata para recibir la paz y el gozo que solo Él puede dar. Jésus animó a sus discípulos y nos sigue animando con estas realistas palabras en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Que “la paz de Dios gobierne en vuestros corazones.” Colosenses 3:15

    RG-14 La paz
  2. Oct 19

    RG-13 El Gozo

    EL GOZO La segunda característica del fruto del Espíritu es el gozo. Una vez más, como hablamos sobre el amor, es importante definir el gozo correctamente. El gozo no es vivir a risas o carcajadas, ir de fiesta en fiesta, tomarse la vida a la ligera o ignorar cualquier responsabilidad. Podriamos decir que el gozo es un sentimiento de bienestar que en realidad no tiene por qué depender de las circunstancias. Hebreos 12:2 dice que Jesús, por el gozo puesto delante de Él pudo soportar el sufrimiento de la cruz. ¿Qué peor circunstancia que ser clavado en una cruz por el pecado de otro? ¿En qué consistía ese gozo? Cristo había venido al mundo con el propósito principal de proveer la salvación para la humanidad, y ahí en la cruz, su objetivo estaba siendo cumplido. Consumado es, exclamó, y el mayor gozo, el gozo de la salvación, se hizo posible para cada persona que confiara en el sacrificio de la cruz. Isaías 53 ya lo había proclamado cuando hablaba del Mesías diciendo: ​​”Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades.” La aflicción de Su alma trajo el fruto de la salvación. Su gozo se había cumplido. Dios desea que nuestro gozo se cumpla en Él también. Filipenses 4:4 nos manda “Gozaos en el Señor.” Y en Juan 15:11 dice: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” ¿Qué cosas les había hablado? Les había dicho que Jesús moriría, que resucitaría y que iría al Padre, pero vendría a ellos el Espíritu Santo. Jesús advierte a sus discípulos que para experimentar el gozo completo del que él hablaba, debían permanecer en su amor, porque separados de Él, no podrían llevar fruto. El gozo en los días buenos no tiene mérito; es natural, espontáneo. Mas el gozo que es fruto del Espíritu es el que nos permite ver más allá de las circunstancias que por sí solas no producen alegría o satisfacción. Es un gozo anclado en la Roca que es Cristo. David canta el Salmo 28:7 en medio de la aflicción y exalta a su Roca por fe de que su ayuda vendrá, y lo expresa como si ya hubiera ocurrido porque Dios es siempre fiel para atender a nuestras súplicas: “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré.” “Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.” El Salmo 95, así como Colosenses 3:16 y 17 nos exhorta a recitar y cantar la Palabra de Dios, dando gracias a Dios en nuestros corazones. La gratitud es una parte esencial del gozo del cristiano. Podemos estar agradecidos porque a pesar de la tristeza momentánea que podamos experimentar, nos asegura Juan 16 que “Nuestra tristeza se convertirá en gozo”. En Santiago 1:2 leemos “Tened por sumo gozo cuando os hayáis en diversas pruebas”. Esto lo podemos hacer porque confiamos en que el fruto de la aflicción es bueno, agradable y perfecto, si andamos en la voluntad de Dios. Dios es el que convierte nuestro lamento en baile, dice Salmo 31, y cambia nuestra tristeza por un gozo que el mundo nunca podría dar. ¿Has experimentado este gozo del que habla la Biblia? Te invito a buscarlo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Porque fuera de Él no hay gozo, mas como leemos en el Salmo 16, “en su presencia hay plenitud de gozo”. ¡Gozaos en el Señor siempre! Otra vez os digo; ¡Regocijaos!

    RG-13 El Gozo
  3. Oct 16

    RG-12 El amor

    EL AMOR En el fruto del Espíritu no hay condenación, porque no hay ley contra estos. Cuando vemos el primer aspecto del fruto del Espíritu, casi parece que esta afirmación no sea cierta. Después de todo, muchos han sufrido e incluso han muerto por amor o más bien, por desamor. La tragedia de Romeo y Julieta me viene a la mente, pero existen muchos otros ejemplos de obras e historias reales que nos muestran tragedias centradas en el tema del amor; y es que parece ser que el amor es el rey de los sentimientos, y por amor, uno sería capaz hasta de morir o matar. Todo el mundo cree saber del amor, pero ninguno parece entenderlo. Quizás sea porque buscamos una definición del amor en el lugar equivocado. Primeramente lo buscamos en nuestro interior, esperando un fuerte sentimiento que no nos deja respirar, dormir, comer, ni pensar correctamente. Eso no es amor. Algunos lo definen por las novelas románticas que les hacen palpitar a un ritmo desordenado o las películas que les produce un llanto incontrolado. Pero hay que decir que eso tampoco es amor. Para definir el amor verdadero debemos ir a la fuente del amor. Dios es amor, dice el capítulo 4, versículo 8 de primera de Juan. La única razón por la que nosotros podemos amar es porque Dios nos amó primero, y Dios nos pide que amemos al prójimo así como Él nos ha amado. Juan dice claramente: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” Dios nos ha amado (Jeremías 31:3) Y nos ha mostrado cómo amar. (Juan 15:13) Romanos 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Cantares 8:6 nos dice que fuerte como la muerte es el amor, y Dios ha mostrado su amor dando a su hijo; un amor sacrificado hacia los que no merecíamos amor. Ha mostrado un amor que a menudo no es recíproco, porque vemos a través de la historia cómo Dios ha amado sin recibir amor a cambio. Hay sin duda situaciones en las que tememos que si amamos así, se aprovechen de nosotros. Es comprensible, porque vivimos en un mundo de pecado, pero pidamos a Dios su protección y no seamos insensatas; amemos sabiamente, y confiemos en el Señor, porque dice su Palabra que en el amor no hay temor, porque el amor echa fuera el temor, (1 Juan 4:18). Dios es nuestro protector, y el amor que Dios ha dado es tan fuerte y eterno que nada ni nadie puede separarnos de él, nos dice Romanos 8. El amor no es siempre bonito; a veces tendrás que reprender a alguien por amor. Proverbios 3:12 y Hebreos 12:6-7 Nos enseña que Dios, al que ama corrige y disciplina. Es posible que este concepto de amor te incomode, no nos gusta corregir ni que nos corrijan. Mas Proverbios 27 nos enseña que el verdadero amigo reprende abiertamente. Y es que el que ama busca siempre el bien del prójimo. Así que cuando hablemos del amor, no hablemos de este a la ligera. El amor no es gratis; el amor cuesta algo a alguien. El amor no es una flecha que te alcanza en el momento menos esperado. El amor es el fruto del Espíritu Santo en un corazón arrepentido. El amor es una decisión continua de sacrificar aquello que más puedas querer por tu prójimo, aquella persona que tienes a tu lado. Y todo, para la gloria de Dios.

    RG-12 El amor
  4. Oct 15

    RG-11 El Espíritu es Vida

    EL ESPÍRITU ES VIDA “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” Nos dice Romanos 8:6 Cuando intentamos vivir en el Espíritu, encontramos, como dice Pablo en Romanos 7, que luchamos con la incapacidad de hacer siempre el bien que deseamos. Nos sentimos incapaces de hacer morir las obras de la carne. Pero encontramos que por Cristo nuestro Señor tenemos libertad y poder . Romanos 8:11 nos anima con estas palabras : “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.” Somos vivificados por el mismo Espíritu que levantó a Cristo de la tumba. Gracias a la obra de salvación podemos ocuparnos en aquello que Dios ha preparado para nosotros. Podemos decir con el apóstol, “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.” Gálatas 2:20 Cuando Cristo, ya resucitado, iba a ascender al cielo, dijo a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” (Juan 16:7-8) La obra del Espíritu Santo nos convence de pecado para arrepentimiento, nos muestra la justicia de Dios para santificación, y nos consuela con la esperanza de nuestra glorificación futura. Antes de conocer a Cristo, vivíamos para la carne, pero en Cristo recibimos el Espíritu de Dios, y como dice Romanos 8: 9, ya no estamos en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en nosotros. “Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.” Sabemos que somos de Dios, si tenemos el Espíritu de Dios. ¿Y cómo sabemos que el Espíritu de Dios mora en nosotros? Dios nos dice que desde el momento de la salvación el Espíritu Santo mora en nosotros; somos templo del Espíritu Santo. Cuando vivimos en el Espíritu, somos guiados por el Espíritu, y su fruto se manifiesta en nuestra vida. En Gálatas 5:22-23, como contraste a las obras de la carne, encontramos una lista del fruto del Espíritu. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” La ley condena las obras de la carne, pero no hay condenación para los que están en Cristo; no hay condenación para el fruto del Espíritu. Por sus frutos los conoceréis, dijo Cristo. Vamos a estudiar cada una de las virtudes del fruto del Espíritu, a través de las cuales la gloria de Dios es manifestada en nuestras vidas. Oremos que su fruto sea evidente en nuestras vidas, Porque el ocuparnos del Espíritu no trae condenación, sino que produce en nosotras vida y paz, para la gloria de Dios.

    RG-11 El Espíritu es Vida
  5. Oct 14

    RG-10 Las obras de la carne

    Las obras de la carne “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.” Romanos 8:12-14 nos recuerda que los que viven conforme a la carne van por camino de muerte mas los que hacen morir las obras de la carne, obtendrán vida. Esto parece extraño en la sociedad en la que vivimos, donde se nos anima a buscar siempre nuestro propio bien: ¡Hazlo tu manera! ¡Sigue tu corazón! ¡Tú lo vales! ¡Tu felicidad es lo que importa! ¡Hay que vivir! ¡Tengo que mirar por mí! ¿Has escuchado alguna de estas frases? Lo que se valora es buscar nuestro propio bien, mirar por nosotros mismos y disfrutar el momento. Mas Dios dice en Su Palabra, “Haz morir las obras de la carne y vivirás” Jesús dijo: “todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.” (Lucas 9:24) Es una paradoja. Cuando vivimos para Dios, Él mira por nuestro bien. “Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.” Si eres una hija de Dios, las obras de la carne no tienen cabida en tu andar diario. Pablo dice en Romanos que por el Espíritu Santo, podemos hacer morir las obras de la carne” Y en Gálatas 5:16-18 vemos cómo hacerlo: Dice “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Cuando cortamos el suministro a la carne, esta se debilita y muere. Del mismo modo puede ocurrir al revés si descuidamos el Espíritu. Si tienes descuidado el Espíritu, examina tu corazón, porque, dice Dios, que el que no vive en el Espíritu no es su hijo. ¿Has nacido tú de nuevo? Nos dice en Gálatas: “ el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.” Pablo quiere decir, como leemos en Romanos 6, que una vez en Cristo, ya no somos esclavas del pecado. Ahora somos libres para no servir esos deseos carnales. ¿Y cuáles son las obras de la carne? En Gálatas 5 encontramos una lista que no es exclusiva ni exhaustiva. Hay sin duda muchas otras manifestaciones de la carne, pero aquí vemos unas cuantas: “manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia; hasta aquí puede que digas: estoy bien, no estoy metida en prácticas inmorales. Bien, sigue Pablo: “idolatría, hechicerías” Esto es, depender de otra cosa que no sea Dios. Buscar la felicidad en otro lugar, de otro modo, a tu manera, sin Dios. Continúa con la lista: “enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios.” Ah, homicidios no, dices, pero recuerda lo que dijo Cristo, que si insultas a tu prójimo, despreciándolo en tu corazón, ya eres culpable de homicidio. Que Dios nos ayude con nuestra relaciones y las actitudes que permitimos hacia otros. Y Pablo concluye con “borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Ya lo había dicho antes. Los excesos, la inmoralidad, la falta de amor por Dios y el prójimo, la falta de la presencia del Espíritu Santo en el corazón son las obras de la carne que no nos permiten tener comunión con el Padre. Examínate ¿encuentras evidencias de las obras de la carne en tu vida? Clama a Dios, asegúrate que de verdad eres su hija. Y si tienes ya el Espíritu, no alimentes la carne. Corta el suministro. Deja que por el poder del Espíritu de Dios que mora en ti vayan muriendo las obras de la carne.

    RG-10 Las obras de la carne
  6. Oct 13

    RG-09 La carne y el Espíritu

    La carne y el Espíritu La Biblia nos muestra, a través de las epístolas de Pablo, el contraste entre la carne y el Espíritu. Cuando nacemos, llegamos a este mundo en carne y hueso, con un cuerpo físico que recubre durante toda nuestra existencia aquí en la Tierra un alma diseñada, como ya hemos visto, para tener comunión con Dios y con nuestro prójimo. Este cuerpo es una bendición, porque nos permite realizar actividades necesarias y agradables, pero a causa del pecado universal, también puede llegar a ser una carga cuando sentimos molestias y debilidad. El mismo cuerpo y alma que nos permite servir a Dios en buenas obras, a causa del pecado nos puede tentar a pecar contra Él y contra el prójimo. Es un conflicto que nos acompaña durante toda nuestra vida. Lo glorioso es que, como vemos en Efesios, Dios no solamente nos creó cuerpo y alma en el principio, sino que a aquellos que clamamos a Él para salvación, nos ha adoptado en Cristo. En Él, leemos en Efesios 1:13, “también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” Por la obra de Cristo, en el momento de la salvación, dejamos de depender enteramente de un cuerpo y alma dañados por el pecado, y recibimos el Espíritu de la promesa, como señal de la herencia que nos espera, nos dice Efesios. A partir de ese momento, ya no somos esclavos del pecado que reinaba en nuestros corazones. Romanos 6 nos dice que los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos muerto al pecado y resucitado a una vida nueva en Cristo. Así también vosotros, nos dice el versículo 11, “consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Ahora no somos esclavos de las obras de la carne, y tenemos libertad para vivir en el Espíritu. Seguimos teniendo el mismo cuerpo material, con sus achaques y tentaciones, pero ahora tenemos el Espíritu que resucitó a Cristo de la tumba. Este espíritu es el que nos da vida, nos recuerda Romanos 8:11. Así que ya no vivimos para la carne, sino en el Espíritu; vivimos para agradar a Dios que nos salvó. ¿Qué significa esto para nosotros en el día a día? Leemos en Romanos 8:5-6 “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” La carne para poco aprovecha; lo presente es efímero, pasajero, ya sea bueno o malo; mas aquello que permanece para siempre es lo espiritual. Es por ello que Pablo dice a los Colosenses: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” Col.3:1-4 Atendemos a este cuerpo para estar sanos y fuertes, porque con él podemos servir a Dios y al prójimo, pero no descuidamos las cosas del Espíritu, “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”

    RG-09 La carne y el Espíritu
  7. Oct 12

    RG-08 Contrastes en la Biblia

    Contrastes en la Biblia Puede que hayas estado pensando mientras hablábamos de la luz y las tinieblas, que la Biblia trata otros contrastes que nos ayudan a discernir entre aquello que nos acerca a Dios y aquello que nos aleja de Él. Demos un paseo por las Escrituras para contrastar algunos de estos: En el principio, en Génesis 1 leemos que Dios hizo la luz, y separó la luz de las tinieblas. Y hemos visto ya, en diferentes textos a través de la Biblia que Dios es luz, y que el que le sigue no anda en tinieblas. No es posible vivir en la luz y en las tinieblas al mismo tiempo. En Cristo no hay tinieblas. Y porque Él es la luz del mundo, nosotros también podemos ser la luz del mundo en Él. Veamos otros contrastes: Deuteronomio 30:15 vemos otro dos contrastes; dice “Mira, yo he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal;” Y en Jeremías 21:8: `He aquí, pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte.” No podemos andar por la vida y la muerte; no podemos escoger al mismo tiempo el bien y el mal. Escojamos hoy la vida, escojamos el bien que Dios nos da. Encontramos en Ezequiel, Juan, Romanos, Corintios, Gálatas el contraste entre la carne y el Espíritu. Tomaremos más tiempo para estudiar este contraste que presenta Dios en múltiple textos. Es diferente de los anteriores porque en un cuerpo humano la carne y el Espíritu han de coexistir mientras vivamos. Cuando Dios nos creó, nos creó cuerpo y alma. Nuestra alma es la que da vida a nuestro cuerpo mortal, y el cuerpo es el que sirve al alma. En el momento en que conocemos a Cristo, su Espíritu santo viene a morar en nuestro cuerpo físico también. Y durante nuestro tiempo en la tierra, Dios nos pide que miremos más bien por el bienestar del alma, viviendo en el Espíritu, y no satisfaciendo los deseos de la carne. 2 Corintios 10:3 dice que aunque andamos en la carne, no militamos según la carne.” Tenemos al Espíritu de poder en nosotros. Del mismo modo vemos un contraste entre el viejo hombre y el nuevo hombre. Cuando conocemos a Cristo y llegamos a ser una nueva criatura, nuestro viejo hombre no desaparece por completo. Sería fantástico si lo hiciera. Pero las buenas noticias es que el viejo hombre desaparecerá, cuando en el momento de la glorificación seamos transformados. Entonces solo permanecerá lo nuevo, pues lo viejo ya habrá pasado. En esta vida debemos hacer morir la carne, despojarnos del viejo hombre, viviendo en alerta constante para vivir en el Espíritu, agradando a Dios. Mas llegará el día en que esta lucha no será más, y podremos disfrutar una eternidad de completa paz con el Salvador. Observamos en el antiguo y el nuevo testamento el contraste entre el sabio y el necio, y se nos anima a buscar la sabiduría, porque como la luz y las tinieblas, la sabiduría echa fuera la necedad. Vemos también las cosas que son de arriba y aquellas que son de la tierra, las divinas y las diabólicas, que no provienen de Dios. Al contrastar opuestos, podemos aprender a separar aquellas cosas que Dios odia de aquellas que lo glorifican. La muerte y la vida, la carne y el Espíritu, el viejo hombre y el nuevo hombre, las cosas de la tierra y las cosas de arriba, la necedad y la sabiduría, y seguro que puedes encontrar otras más que muestran un contraste entre lo que es del mundo y lo que es de Dios. Escojamos hoy a Cristo, el camino de salvación; escojamos hoy la vida, y vivamos para glorificar a Dios.

    RG-08 Contrastes en la Biblia
  8. Oct 9

    RG-07 La unidad de la Biblia

    La unidad de la Biblia Me encanta ver en la Palabra de Dios que todo concuerda. La Biblia ha sido inspirada por Dios, por lo que teniendo múltiples escritores a través de la historia, está unida por un solo autor, Dios mismo. Nos dice Timoteo que “Toda la Escritura es inspirada por Dios; es decir, El Espíritu Santo de Dios sopló la Palabra de manera sobrenatural. Los diferentes autores a través de los siglos han escrito siendo guiados de manera sobrenatural, de modo que el resultado es la Palabra de Dios. 2 Pedro 1:19-21 nos confirma: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Este mismo Espíritu que inspiró a los autores de las Escrituras es el que nos ayuda a entenderla cuando la leemos. Por lo que la lectura de la Palabra es posible solo por el Espíritu Santo de Dios. En Efesios 1 leemos que “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” Palabra ha sido dada para nuestra salvación y nuestra edificación, para alabanza de su gloria. Dios se ha revelado al ser humano no solo en su creación, sino específicamente por su Palabra. Esto incluye la ley de Dios, los profetas, los libros que narran la historia del pueblo de Dios, los libros poéticos, los evangelios, las epístolas. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” Cuando miramos diferentes textos de la Biblia donde se habla de un tema específico, podemos aprender lo que Dios quiere que sepamos y pongamos en práctica sobre ese tema. No vamos a encontrar mensajes opuestos, sino que veremos que Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir la vida según a Él le agrada, y todo, para que su nombre sea alabado. Te invito a leer por toda la Biblia para ver a la persona de Jesucriso, para ver la voluntad de Dios revelada en las páginas de las Escrituras. Te animo a buscar lo que la Biblia enseña sobre temas que te inquietan, porque Dios nos ha dado respuestas. ¿Por qué no compartes conmigo algún tema que quisieras estudiar, y lo miraremos juntas? Su Palabra es viva, su Palabra es eficaz, su palabra es útil y necesaria si queremos vivir en su justicia, reflejando la luz de la verdad. Que Dios te bendiga.

    RG-07 La unidad de la Biblia

Ratings & Reviews

4.2
out of 5
5 Ratings

About

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.