Reflejos de su gloria

David y Maribel

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

  1. 4d ago

    RG-02 ¿Misión imposible?

    ¿Misión imposible? Si realizara una encuesta a las personas de mi alrededor para consultar qué esperan de esta vida, muchas calificarían como importante una buena salud, relaciones agradables, una economía personal que les permitiera disfrutar, o quizás bienestar espiritual. Aunque todos estos deseos son válidos y agradables, la Palabra de Dios nos insta a buscar primeramente el reino de Dios para poder disfrutar los demás aspectos de la vida. El deseo de mi corazón es vivir la vida de manera que comunique el carácter de Dios diariamente. Pero nos podemos preguntar. ¿Es posible que un ser humano, a pesar de las buenas intenciones que pueda tener, sea capaz de reflejar a un ser santo, eterno y perfecto? Yo lucho a menudo con el deseo de hacerlo y la incapacidad de conseguirlo. En los próximos días veremos porqué, como Pablo expresa en Romanos 7:18, “el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” ¿Es posible vivir para su gloria? Sería una misión imposible en nuestras propias fuerzas. “Mas gracias sean dadas a Dios, dice Pablo mismo, por Jesucristo nuestro Señor. Cuando confiamos en Cristo para salvación, no solo recibimos vida eterna, sino que también nos da su Espíritu Santo, para que en Sus fuerzas podamos vivir reflejando Su gloria. ¿Quieres reflejar día tras día la gloria de Dios? Aférrate a Cristo. Te animo a sumergirte en las profundidades de las Escrituras, donde encontrarás a Cristo revelado. Descubrirás tesoros que cambiarán tu vida, acercándote más y más a Cristo y mostrando su gloria día a día. En esta serie de estudios trataremos algunas de las dificultades que encontramos cuando intentamos vivir una vida que refleja el carácter de Dios, y veremos en la Biblia cómo es posible reflejar su gloria a pesar de las dificultades. ¿Misión imposible? Solo en tus propias fuerzas. Meditemos hoy en la realidad de Filipenses 4:13 “Todo lo puedo EN CRISTO que me fortalece”. En tus propias fuerzas es imposible reflejar a un Dios santo, pero a través de Cristo es posible; Si has confesado tus pecados a Dios y por fe has recibido el regalo de Cristo tu Salvador, nos dice el primer capítulo de la carta de Pablo a los Efesios que has sido adoptada para alabanza de su gloria. Así que recuerda que en cualquier situación en la que te encuentres, en Cristo puedes vivir una vida que refleje el carácter de Dios día a día, para alabanza de su gloria.

    RG-02 ¿Misión imposible?
  2. 5d ago

    RG-01 Declarando Su Gloria

    Declarando Su Gloria Salmo 19: 1-4 Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. 2 Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. 3 No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. 4 Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. El salmo 19 nos muestra que Dios se ha revelado al ser humano de una manera general en su creación y de una manera específica en las Escrituras. La creación, sin lenguaje ni palabras emite la voz celestial de un extremo a otro. El día y la noche fielmente comunican la gloria de Dios. Cada día sale el sol y cumple fielmente su misión. No dudamos de si saldrá, o si llegará a ponerse al fin del día. Y todo esto, con una bella variedad; cada día vemos un amanecer nuevo y cada noche una puesta de sol original. La creación, sin lenguaje ni palabras muestra la Gloria de Dios, de modo que nadie puede negar que hay un Dios. En Romanos 1:20 leemos que la creación muestra al mundo el poder y el carácter de Dios. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” Dios nos ha regalado Su Palabra. Leemos en el salmo 19 que Dios también se ha revelado al mundo específicamente a través de la Palabra de Dios. A nosotros nos ha dado la Palabra y nos ha dado Su Palabra. Dios creó todo el universo para alabanza de su gloria, y leemos en Efesios 1 que nos ha adoptado para alabanza de la gloria de su gracia. Es evidente que Dios quiere que nosotros mostremos su gloria. Y con nuestra capacidad de expresión, Dios desea que nosotros, como creación suya, contemos la obra de sus manos, emitamos palabra, declaremos sabiduría. Fíjate, si la naturaleza puede mostrar a Dios sin palabras, cuánto más nosotros, que tenemos a Jesucristo, la Palabra, y sus Escrituras que declaran específicamente Su Voluntad. Vivamos una vida que refleje el carácter de Dios, y cuando surja la oportunidad, proclamemos la voluntad de Dios declarada en su Palabra, para mostrar al mundo su gloria.

    RG-01 Declarando Su Gloria
  3. 6d ago

    Apocalipsis-185 De Génesis a Apocalipsis

    De Génesis a Apocalipsis  Hemos llegado al final del libro de Apocalipsis. Desde que comenzamos este viaje a través de la Biblia, hemos contemplado a Dios y descubierto su buena voluntad para la humanidad. Hemos visto que nos creó para que tuviéramos comunión con él. Pero esta comunión fue arruinada cuando el hombre quiso tomar las riendas de su destino. Así como el ángel Satanás se había rebelado contra Dios, queriendo ser él mismo un dios, el ser humano despreció la voluntad de Dios para seguir la suya propia. La Palabra de Dios nos presenta a Jesucristo desde el Génesis hasta el Apocalipsis, mostrando a la humanidad el plan de rescate que Dios ofrece. Vez tras vez hemos visto cómo a pesar del amor y la paciencia de Dios, todos, incluso los que deseamos a Dios, caemos en la trampa de la vieja serpiente, queriendo el control que solo pertenece a Dios. Mas Cristo, el Cordero, siempre ha estado ahí, ofreciendo salvación a todo el que la pide.  Al final del libro de Apocalipsis leemos cómo Dios establecerá un reino eterno, en el que no existirá mal ni sufrimiento. La descripción de este nuevo cielo y esta nueva tierra en estos últimos capítulos nos recuerda al mundo que Dios creó en el principio. Narra Juan: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.  En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (22:1-5). Esta nueva creación se asemeja al huerto donde Dios puso al ser humano al principio de la creación. Sin embargo, aquí no habitará solo una familia, sino que las multitudes que han confiado en Cristo disfrutarán este paraíso por la eternidad. En el principio, el hombre vivía en un huerto rodeado por ríos, donde había todo tipo de árboles, donde Dios venía y paseaba con ellos diariamente, y el hombre y la mujer llevaban en sí la imagen de Dios. Y esta ciudad celestial que describe Juan en Apocalipsis, tiene el río que brota del trono de Dios, y a uno y otro lado del río el árbol de Vida que da un fruto diferente cada mes del año. ¡Ya quisiera yo un árbol así en mi casa! Y encima, sus hojas curarán todas las enfermedades. Este era el plan de Dios para su creación original. Dios nos creó para que pudiéramos disfrutar de Él y de sus regalos. ¡Cuántos miles de años hemos desperdiciado por nuestra rebelión! Mas Dios, que es grande en misericordia, ha orquestado los acontecimientos para traer justicia a la Tierra. ¿Por qué no antes? ¿Por qué tanto sufrimiento? El que confía en él para salvación, verá su rostro, y entonces, si esas dudas no han sido disipadas a la luz de su gloria, podremos pedirle que resuelva cualquier duda, así como enjugará toda lágrima que hasta allí llegue, porque allí “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (21:4) ¿Y quién podrá disfrutar de este nuevo hogar? En los versículos 7 y 8 del capítulo 21, Juan escucha al ángel decir: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”  En 27 leemos que “no entrará en la ciudad ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”  Nos dice el texto los que no entrarán. No habrá allí inmundicia, abominación o mentira, y no entrarán por tanto cobardes, incrédulos, abominables, homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras, o mentirosos. Todos los que eligieron esto sobre Dios irán al lago de fuego y azufre.  xxY el texto confirma que los que estén inscritos en el libro de la vida entrarán en la ciudad, y que los vencedores heredarán todas las cosas. En el versículo 5, El Señor Jesús dijo: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin.” La última vez que vimos a Cristo decir “Hecho está” fue en la cruz del Calvario, cuando voluntariamente dio su vida para salvar a todos los que entrarán a morar en esta nueva creación. En el versículo 6 dice también “Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” Como leemos en los evangelios (Juan 4:14), Jesús sigue dando su agua viva a todo aquel que se declare sediento y en necesidad.   Entonces, ¿Hasta qué punto podemos declararnos vencedores los herederos, como dice el texto? Obviamente no vencemos por nuestros propios méritos. Una vez más, los vencedores son aquellos que han puesto su fe en el Cordero, los que han sido inscritos en el libro de la vida del Cordero.  A todos nosotros, Dios nos declara vencedores en el nombre de aquel que nos amó y dio su vida por nosotros (Romanos 8:37). Y para los que en él confían, “no habrá más maldición” (22:3-5): En el Edén, Adán y Eva vivían disfrutando de las bendiciones de su Creador hasta que escucharon la voz de la serpiente antigua y decidieron dejar a Dios para seguir su propio camino. Ahí entró la maldición en el mundo, nos recuerda Pablo en Romanos. Por un hombre, Jesús, vino al mundo el antídoto a esa maldición generalizada. Cristo trajo salvación que puede ser para todo el que la desee, mas la maldición generalizada estará presente en el mundo hasta ese día en que el mal será erradicado eternamente. En la nueva creación de los redimidos por Cristo ya no habrá más maldición,  “y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.”  Pertenecientes a los redimidos por el Cordero, tendremos todas nuestras necesidades satisfechas. “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.” Juan acaba el libro anunciando la venida inminente de Cristo. “Y el Espíritu y la Esposa (que es la iglesia) dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” Aquí lo tenemos, una invitación abierta, no solo para disfrutar a Cristo en esta vida, sino también para pertenecer a los habitantes de este prometido hogar celestial. La condición es tan sólo reconocer nuestra sed, y querer tomar del agua viva que se nos ofrece.  En los evangelios leemos que todo aquel que ve su necesidad de Cristo y pide por fe que este la supla, tiene vida eterna. Arrepentimiento y fe son el único requisito, porque la obra ya se hizo en el Calvario. ¡Hecho está! Dijo Jesús en Juan 4:14: “el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Habiendo oído lo que Dios ha hablado en su Palabra, ¿reconocerás tu sed y pedirás a Cristo que te dé del agua viva?

    Apocalipsis-185 De Génesis a Apocalipsis
  4. Sep 29

    Apocalipsis-184 La victoria

    La Victoria En los capítulos 17-20 de Apocalipsis leemos sobre la derrota del sistema del Anticristo, el reino milenario de Cristo y la victoria final del Cordero.  El capítulo 17 comienza con el anuncio de la destrucción de Babilonia, con la cual el Anticristo y sus seguidores se habían engrandecido, participando de pecados contra la santidad de Dios. La describe Juan como “una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.” La describe el versículo 18 como “la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra,” dando a entender que ejerce influencia sobre los gobernantes de todo el mundo. Vio Juan que venía montada sobre el dragón, que si recuerdas, es Satanás, la serpiente antigua. En estos tiempos, Satanás llevará en sus lomos a esta institución descrita aquí con atuendo ostentoso y “ébria de la sangre de los santos.” A esta se le atribuyen crímenes contra los cristianos, refiriéndose a aquellos que han perdido su vida por causa del evangelio. Y nos dice Juan que está sentada sobre siete montes, y siete reyes.    Muchos son los que han intentado asignar la identidad de estos personajes a personas y entidades de nuestra esfera mundial. En los tiempos en que se escribió el Apocalipsis, el Imperio romano dominaba el mundo. Muchos creyeron que este era el rey actual del que hablaba el texto y el que estaba por venir vendría pronto. En cada siglo se ha pensado que pronto llegaría el momento del cumplimiento, mas Dios todavía sigue dando oportunidad al pecador para arrepentirse. En nuestros días también podríamos entender que el tiempo del fin está cerca. Es cierto que en las Escrituras vemos que el gobierno del Anticristo tendrá influencia global, pero también es verdad que durante décadas, o podríamos decir siglos, han sido muchos los que han pensado que diferentes instituciones globalistas como la Unión Europea, las Naciones Unidas o el nuevo orden mundial del que hablan los políticos actuales pueden ser el cumplimiento de estas profecías.  Lo cierto es que nuestra sociedad va en la dirección de unificar criterios a nivel mundial, pero no podemos afirmar con seguridad que este es el momento del cumplimiento de la profecía de Apocalipsis. Dios nos dice que vendrá como ladrón en la noche, pero al mismo tiempo, nos da señales para que notemos que el fin está cerca.  Leemos en el capítulo 17 que diez reyes vendrán con un un mismo propósito, y apoyarán el gobierno del Anticristo, que recibirá el poder de toda la tierra.  Vemos también que Babilonia, la ciudad que los ha hecho ricos, será destruída en una hora. Dios hará que esto suceda, aunque no sabemos si será por un desastre natural o por obra humana. Lo cierto es que hoy día no nos cuesta imaginar, con el armamento existente en el mundo, cómo esto podría llegar a suceder tal como lo narra el libro.  Tras la caída de Babilonia, el Anticristo y sus vasallos pensarán que la victoria era de ellos. Mas nos narra Juan en el capítulo 19 que oyó “una gran voz de una gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos” (19:1); ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (19:6-7). Entonces un caballo blanco entró en la escena que Juan contemplaba, seguido de un ejército celestial; y el que montaba el caballo “se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea” (19:11). Este sí era el genuíno vencedor, no como aquel caballo blanco del primer sello. Vendrá con su ropa teñida en sangre, mas no es la sangre de otro, sino la suya propia, pues su sangre es la que ha dado la victoria sobre la muerte y el pecado. Este es el Verbo de Dios que Juan había presentado en el primer capítulo del evangelio. “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (19:13-16). Vinieron ante él reunidos la bestia, y los reyes de la tierra con sus ejércitos, para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Mas el ejército de Cristo los venció, “y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo” (19:19-21). En este punto pensaríamos que esto marcaría el fin del maligno, Satanás, pero leemos en el capítulo 20 que este no es destruído en esta escena, sino apresado y atado durante 1000 años, tiempo en el que Cristo mismo reinará en la tierra. Aquellos que hayan permanecido fieles a Dios, no tomando la marca de la bestia, podrán disfrutar un gobierno justo donde el mal no reina. Mas leemos que después de 1000 años, Satanás será soltado, y muchos le volverán a seguir.  Por muy increíble que parezca, después de tener un sistema bueno y justo ya establecido, la gente se habrá olvidado de todo el mal que había llevado al mundo al caos 1000 años atrás. Cuando Satanás sea soltado, vendrá y engañará a los reinos y nos dice el versículo 9 que “subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada;” Mas en este momento, descendió de Dios mismo “fuego del cielo, y los consumió.” Y entonces, “el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (20:10). Entonces el gran juicio del trono blanco tendrá lugar, y todos los habitantes de toda la tierra y de todos los tiempos se presentarán ante el gran trono, y serán todos juzgados, cada uno según sus obras, mas por sus obras nadie será declarado justo.  Y nos dice Juan que “la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (20:14-15).  Este es el lago de fuego que algunos quieren negar, pensando que Dios no podría enviar a nadie a tal lugar. Mas una vez más, si somos honestos al leer lo que Dios ha mostrado en la Biblia, llegamos a la conclusión de que el carácter Santo de Dios no puede permitir que el mal siga y siga por la eternidad. Solo cuando el maligno y todos los que le siguen en su corazón sean echados en el lago de fuego podremos decir que el mal que ha atormentado a la humanidad durante siglos y siglos ha sido erradicado para siempre. Como hemos visto, ni 1000 años de cadena perpetua del maligno podrá conseguir que los humanos busquen la bondad de Dios. Sin duda, como expresa la Palabra, el mal no está solo en Satanás, sino que está en cada uno de nosotros, y no hay justo ni aun uno. Solo Cristo, el Cordero redentor, el Fiel y Verdadero, Rey de Reyes y Señor de Señores que vendrá triunfante sobre el mal, es verdaderamente justo. Él, como leímos en la escena celestial, es el único digno de traer el juicio sobre la tierra, y establecer su reino eterno. Y tenemos la certeza de que lo hará. La victoria de Cristo es segura, y aquellos que le sigamos, disfrutaremos la victoria eterna con Él.

    Apocalipsis-184 La victoria
  5. Sep 28

    Apocalipsis-183 Hacia la batalla final

    Hacia la batalla final Nos narra Juan que los 144.000, arpas en mano, cantaban un cántico nuevo delante del trono de Dios  (14:1-3).  Y “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios, cantaban el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (15:2-4). Y vio Juan a un ángel “que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,” y decía: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” (14:6-7) ¿Por qué cantaban estos? Un ángel anunció la respuesta: “¡Ha caído Babilonia!” (14:8) Por fin había llegado el momento de la destrucción de Babilonia, nombre simbólico a través de la Biblia para el sistema del maligno. A través de la historia, Babilonia se había referido no solo a la ciudad de los caldeos sino también a Roma y el sistema mundial que establecerá el anticristo.  Y nos narra Juan diciendo: “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.” (14:14) Había llegado el tiempo de la siega. Era tiempo de hacer justicia sobre la tierra, y el dragón, con todos sus seguidores, tendría que enfrentar la ira santa del Todopoderoso.  “Del templo salieron los siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro. Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos. Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (15:6-8). La primera copa traería la ira de Dios sobre la tierra, causando pestes y enfermedades. La segunda copa sería derramada sobre el mar. El agua de los mares se corromperá y seres marinos morirán. La tercera copa derramará la ira de Dios sobre los ríos; y habrá escasez de agua para todos los seres terrestres. La cuarta copa afectará al sol. Nos dice Juan que el sol aumentará su capacidad de calor. ¿Imaginas que la capa de ozono que tanto luchamos por proteger se abriera? Los efectos serían catastróficos. La quinta copa será derramada sobre el trono de la bestia, y su reino se cubrirá en tinieblas y experimentaran dolores terribles, probablemente causados por las quemaduras solares. Y nos dice Juan que estos que sufrían “no se arrepintieron de sus obras” (16:11). En medio de todo este sufrimiento, los habitantes de la tierra, en lugar de clamar al único que los podría librar de todo esto, dice la Biblia que lo maldecirán.  Podemos preguntarnos si tal ira es apropiada o si el castigo es desmesurado, pero Dios nos da la respuesta.  Recordemos que Dios es el único ser enteramente Justo y por lo tanto su ira también es justa. Leemos en los salmos cómo este castigo es el castigo justo contra aquellos que dieron muerte a los profetas de Dios (Sal. 19.9, 119.137, 145.17). Vio Juan entonces que el sexto angel derramó su copa en el río Éufrates, y se secó el cauce del río, dejando el camino libre para las tropas que vendrían del oriente para la batalla. Entonces, el dragón, que es Satanás, la bestia que es Anticristo y el falso profeta, con espíritus diabólicos y con señales, persuadirán a ”los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día ante el Dios Todopoderoso” (16:14). Y entonces, en los extensos campos de Armagedón, en tierra de Israel, será derramada la última copa, anunciando la batalla final.  Hace un tiempo pudimos pasear por Israel, pasando por estas tierras. En el GPS se puede incluso contemplar la inmensa planicie donde se han llevado a cabo guerras en el pasado, y donde la gran batalla de Armagedón tendrá lugar. Nos dice el texto que la séptima copa será derramada por el aire. Juan nos lo narra en pasado, porque está contando aquello que Dios le permitió ver en visión. Dice: “Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.” Este texto habla de la subida del nivel del mar, de modo que las islas desaparecerán, y habla de desastres naturales que no podrán contenerse. La gran Babilonia futura será derrotada en aquel día, al mismo tiempo que este mundo se enfrenta a su destrucción.  Todo esto me hace pensar en el gran esfuerzo humano y la cantidad de medios materiales que el ser humano está invirtiendo para “salvar el planeta.” Dios nunca nos pidió que salváramos el planeta, porque sabe que eso va más allá de nuestro poder. Nos pidió que cuidáramos la creación, y cada uno somos responsables por cómo hacemos esto. Pero el sistema mundial sigue realizando esfuerzos fútiles intentando salvar el planeta, y mientras, hemos estado descuidando el estado moral de la población mundial. Cuando Dios envió a Jonás a Nínive, dijo que si se arrepentían, Dios no enviaría el castigo que les había anunciado. En el segundo libro de Crónicas Dios pactó con Salomón diciendo: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).  Dios siempre oye al alma arrepentida, mas a los soberbios los resiste, y estos serán humillados. No hay esperanza para Satanás y sus seguidores. El juicio es inminente. Sin embargo, hay esperanza para el individuo; hay una salida para todo aquel que reconoce la autoridad divina y viene a Cristo arrepentido. Dios ofrece gratuitamente una salvación integral que ha costado la vida de su Hijo. Es su deseo que ninguno perezca, y sin embargo, la decisión final es personal para cada individuo. Leemos en el último libro de la Biblia que los habitantes que hayan endurecido sus corazones hasta el final, no tendrán escape, porque han rechazado la gracia de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, nos dice el mismo apóstol Juan en su evangelio, que el Todopoderoso nos ha dado derecho de ser llamados hijos de Dios. Ante toda esta información privilegiada que Dios nos ha dejado, ¿qué harás tú hoy?

    Apocalipsis-183 Hacia la batalla final
  6. Sep 25

    Apocalipsis-182 Sietes personajes de la tribulación

    Siete personajes de la tribulación El libro de Apocalipsis contiene aquellas cosas que son y las que han de ser. Los primeros capítulos del libro contienen las cartas a las siete iglesias, que representan a la iglesia de Dios en esta era cristiana. Sin embargo, Juan vio también aquellas cosas que todavía están por ocurrir. Le dice Cristo en el versículo 19 del primer capítulo: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” Hemos descrito lo que Juan vio al abrírsele la puerta al cielo. Vio al Padre en su trono, a ángeles, ancianos y multitudes que lo adoraban, y vio a Cristo, el Cordero, el cual era el único digno de abrir el libro que traería el juicio sobre la tierra. Hemos leído de lo que el libro revelaba, de cómo habrá guerras, plagas y desastres naturales como jamás hemos visto, el resultado de la rebeldía humana y la maldad del anticristo. Dios soltará a aquellos seres que se rebelaron contra Él en el principio y estos traerán destrucción a la tierra como jamás se ha experimentado en la historia del mundo.  Los capítulos 12-14 nos presentan una visión de siete personajes que Juan vio en esta escena y que estarán presentes en los eventos de los últimos tres años y medio de la tribulación. En primer lugar ve una lucha entre una mujer y un dragón. El escenario de esta gran señal es el cielo. En el 12:1 leemos de “una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.” Esta mujer que Juan vió es la representación de Israel, el pueblo de Dios. La segunda parte de la tribulación está enfocada en Israel, y aquí vemos que el pueblo de Dios experimentará gran dolor. De esta mujer vino el Mesías, el que se sentará en el trono de David su padre. Nos dice el texto que la mujer, el pueblo escogido de Dios, es guardada en el desierto durante 1,260 días para su protección; estos son el tiempo y tiempos y medio tiempo del versículo 14, que es la segunda parte de la tribulación. Dios protegerá a Israel de manera milagrosa para que el segundo personaje que encontramos en esta escena, el dragón, no pueda destruirla.  Leemos en el versículo 3 de “un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;” En el libro de Daniel, capítulos 7 y 8 leemos también sobre este dragón, que es Satanás. Este dragón rojo, venía con intención de matar y destruir. Leemos en el texto que “su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.” La misión de este personaje, su gran deseo, es acabar con el pueblo de Dios y con el Hijo prometido. Este Hijo es el tercer personaje que vemos en esta escena. El “hijo varón que regirá con vara de hierro a todas las naciones” es Jesucristo, el heredero del trono. Y nos dice el texto que este que reinaría “fue arrebatado para Dios y para su trono.” (12:5) De este modo, aunque Satanás quería por todos los medios evitar que Jesucristo reine, no lo conseguiría. La muerte y resurrección de Cristo sellaron su reino eterno en el cielo y también un reino físico aquí en esta tierra al final de esta gran tribulación, en cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.  El cuarto personaje es el Arcángel Miguel, el cual encontramos también en los capítulos 10 y 12 de Daniel. Su nombre significa ¿Quién como Yahvé? Este principal de los ángeles de Dios junto con ángeles a su mando es el elegido para hacer guerra contra Satanás y sus ángeles. En los versículos 7-9 del capítulo 12 leemos: Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” Notemos que Satanás, al que atribuímos mucho poder, no pelea directamente con Dios. Satanás nunca llegará a la altura de Dios; recordemos que este es un ángel, y además, aquí podemos ver que Miguel, aquel que como su nombre indica reconoce a Dios como el Todopoderoso, es el que vence al dragón, la serpiente antigua del Edén, Satanás el acusador.  Narra Juan en los versículos 10-12: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos.”  Cuando Satanás es echado de la escena celestial vendrá a la Tierra con venganza, a dañar a aquellos que adoran al Cordero. Este tiempo de persecución será como nada que se haya vivido jamás en cualquier lugar de la tierra, porque el diablo, sabiendo que no le queda mucho tiempo para su juicio final, vendrá con gran ira contra el pueblo de Dios y contra aquellos que guardan sus mandamientos y el testimonio de Jesucristo (12:17). Estos son el quinto personaje, aquellos que serán salvos durante la tribulación gracias al testimonio de los 144000 judíos que compartirán el evangelio con los que no conocían a Cristo en el momento del rapto. Nosotros creemos que aquellos que han sido salvos por fe a través de la historia iremos con Cristo en las nubes cuando éste venga a rescatarnos, antes de que todo esto que leemos acontezca. En ese momento, estaremos en la escena celestial del trono, alabando a Dios.  El sexto y el séptimo personaje son la bestia del mar y la bestia de la tierra, de las que leemos en el capítulo 13. La bestia del mar (13:1-10) representa el anticristo. Es una bestia parecida a las bestias de las visiones de Daniel, pero esta cabeza tiene una herida de muerte que ha sido sanada. Esta cabeza recibirá autoridad del dragón, Satanás mismo, durante 42 meses, que son tres años y medio, durante los cuales blasfemará contra Dios y hará guerra contra los santos. Junto con esta, vemos otra bestia que sale de la tierra (13:11-18). Esta bestia es la representación del falso profeta que acompañará al anticristo. Este falso profeta promoverá la adoración mundial del anticristo mediante varias señales poderosas, y conseguirá el control del mundo, diseñando y exigiendo una marca en la mano derecha o en la frente de los fieles al anticristo. En este momento, todo será sombrío aquí en la tierra. Pero a pesar de la furia de Satanás y la destrucción que este ocasionará junto a su anticristo y el falso profeta, el pueblo de Dios prevalecerá por medio de “la paciencia y la fe de los santos” (13:10).  Recordemos que Cristo jamás nos prometió que nuestro tiempo en este mundo sería fácil. Todos enfrentamos tribulaciones y dificultades, en menor o mayor grado. Pero lo que siempre nos prometió Cristo es que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Hoy contamos con su presencia y su fuerza para todo lo que nos toque enfrentar. Su gracia es más que suficiente para todo lo que nos pueda venir hoy, e igualmente será suficiente para aquella generación que deba vivir este momento de tribulación hacia el desenlace final de la historia humana. Podemos afirmar con el apóstol Pablo que “Con Cristo, somos más que vencedores, por medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8:37)

    Apocalipsis-182 Sietes personajes de la tribulación
  7. Sep 24

    Apocalipsis-181 Los sellos y las trompetas

    Los sellos y las trompetas Al comienzo del capítulo 6 de Apocalipsis nos encontramos en la escena celestial del trono de Dios, rodeado de los cuatro seres descritos anteriormente, de los 24 ancianos en sus tronos, con sus arpas y las copas llenas de las oraciones de los santos, y una multitud que alababa a Dios y al Cordero. Juan y todas las huestes celestiales estaban a punto de ser testigos del contenido del rollo sellado que sólo el Cordero es digno de abrir. Sin embargo, al final del capítulo leemos este texto: “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” ¿Qué iría a desatar el Cordero para que todos, del más débil al más fuerte, del más pobre al más rico, del más indefenso al más poderoso deseara esconderse del rostro de Dios? El Cordero se disponía a abrir los sellos. Cuando pensamos en los siete sellos en el pergamino, no debemos imaginar una línea de sellos en el borde, cada uno reforzando la función del otro. Históricamente sabemos que se empleaban múltiples sellos en los documentos oficiales para controlar el acceso al material más confidencial. El que rompía el primer sello de un documento podía empezar a leerlo hasta llegar al siguiente sello, donde sólo una persona que más autoridad podría romperlo para seguir leyendo. No obstante, aquí vemos que el Cordero tiene autoridad de romper todos los sellos del documento para revelar los eventos finales de este sistema mundial bajo la maldición del pecado. Nos narra Juan cómo el Cordero abrió cada uno de los sellos. Al abrir el primero, Juan vio un caballo blanco que era el anticristo declarándose a sí mismo vencedor. El segundo sello reveló un caballo bermejo que tenía potestad de quitar la paz de la tierra y después, en el tercer sello, un caballo negro que traía el hambre generalizada a toda la Tierra. El cuarto sello reveló un caballo amarillo que tenía autoridad para matar la cuarta parte de la Tierra. Estos primeros cuatro sellos narran los eventos al principio de los últimos 7 años profetizados por Daniel (9:27). El anticristo que había prometido paz al mundo trajo en su lugar guerra, hambre y muerte. Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vio Juan las almas de todos los que habían muerto por causa del evangelio, y estos clamaban a gran voz: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”  Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.” En este momento, los líderes mundiales que en un principio parecían haber traído paz al mundo, ahora se quitarán la careta, y la persecución será horrible. Al hambre, pestes y guerras se le sumarán los desastres naturales que se desatarán con el sexto sello, cuando, como Juan describe “he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra…” Pero justo en este momento, en medio de los desastres naturales de los primeros sellos, encontramos una escena consoladora. En el capítulo 7 Juan ve a un ángel con el sello de Dios que baja a la tierra para marcar los seguidores de Dios en la tierra. Es el cumplimiento de la profecía de Zacarías cuando Israel por fin reconocerá a su Mesías traspasado y se convertirá (Zacarías 12:10). Juan ve 12.000 sellados de cada tribu que salen por toda la tierra dando testimonio de Dios en medio de esta tribulación. El resultado de su testimonio es una gran multitud vestida de ropas blancas de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas delante del trono y en la presencia del Cordero (7:9). En el capítulo ocho volvemos al séptimo sello. Cuando se abrió, hubo silencio en el cielo como de media hora, y a siete ángeles puestos en pie delante del trono, a los cuales se les dio siete trompetas, y antes de que estos comenzaran a tocar las siete trompetas, vio Juan cómo un ángel se presentó ante el altar con las oraciones de todos los que invocan a Dios. Nos dice el texto que “se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones,” mostrando una vez más que Dios oye las oraciones constantes de sus hijos aquí en la tierra.  Y en medio de un gran estruendo sonaron las siete trompetas, una detrás de otra. Una plaga terrible en la tierra acompañaba el sonido de cada trompeta: granizo y fuego sobre la tierra y el mar, causando gran destrucción, astros caídos del cielo, causando muerte en tierra y mar, el sol y la luna dañados. Continuaron sonando la quinta y la sexta trompeta, y cayó otro gran astro, esta vez sobre tierra, causando la destrucción de parte de la atmósfera, dejando humo, oscuridad, y plagas de insectos destructores a la orden del maligno. Estos fenómenos tan horrendos me hacen pensar en las plagas de Egipto que leemos en Éxodo. Y nos dice el texto que aún así, aquellos que no murieron, no se arrepintieron. Juan estaba viendo ante sus ojos la maqueta de la destrucción del mundo como lo conocemos. Los desastres naturales que más hemos lamentado en diferentes zonas geográficas a lo largo de la historia del mundo, ocurrirán de golpe y a nivel mundial, cuando todo el mundo estará dirigido por un solo orden mundial. Esto lo anuncia la Biblia, y podemos creer que así será. Y es ante todo esto que esos versículos que hemos leído al principio tendrán lugar. El que entienda, se dará cuenta de que las oportunidades que habían tenido de buscar refugio bajo las alas del Altísimo ya habrán pasado. Creemos con gran esperanza que aquellos que hemos creído en Cristo no tendremos que experimentar estos eventos. Apocalipsis 3:10 indica que el arrebatamiento de la iglesia descrito en 1 Tesalonicenses 4 (16-17) ocurrirá, antes de desatar estos sellos. Cristo vendrá en las nubes para tomar consigo a aquellos que arrepentidos, han puesto su confianza en Él. (Los que hayan muerto, resucitarán primero  y los que en ese momento estén vivos se unirán a Cristo en las nubes.) La visión de los sellos y las trompetas es aterradora. Pero jamás debemos perder de vista el que está revelando estas verdades, el Cordero. La rebeldía del ser humano habrá llegado a su culminación y todo conducirá al gran enfrentamiento entre Cristo y anticristo. La buena noticia para nosotros es que no hay ningún misterio en el desenlace de este enfrentamiento. Nuestro Salvador saldrá victorioso sobre todos los que le han rechazado su oferta de salvación y han vivido en rebeldía. Aunque muchas veces desde nuestra perspectiva limitada, parece que el mal triunfa sobre el bien, sabemos que pronto vendrá el día de la derrota final del mal.

    Apocalipsis-181 Los sellos y las trompetas
  8. Sep 23

    Apocalipsis-180 El Trono y el Cordero

    El Trono y el Cordero ¿Has intentado describir algún lugar precioso o alguna experiencia espectacular? Ante tal tarea, a uno le faltan las palabras, e incluso las fotografías que hayas podido tomar se quedan cortas a la hora de reflejar lo vivido. Cuando leemos los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis, es difícil imaginar lo que Juan vio. Este intenta describirlo utilizando objetos y sonidos que nosotros podríamos visualizar, pero lo cierto es que cualquier descripción de algo tan extraordinario sería insuficiente para comunicar la experiencia.  La puerta del cielo se abrió, y Juan oyó una gran voz que le decía: “Sube acá. Y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas” (4:1).  Juan vio un trono, y a Alguien sentado en el trono. El apóstol no podía describir al que estaba en el trono como uno describe a una persona, porque el ser que vio era indescriptible en términos humanos. Como en las otras ocasiones en que un ser humano pudo ver la gloria de Dios, Juan la describe haciendo referencia a luz y sonido. Nos dice que era semejante a la piedra de jaspe y cornalina; estaba rodeado por un luminosos arco iris semejante en aspecto a la esmeralda; del trono salían relámpagos y truenos y voces.  En el Antiguo Testamento leemos de varios profetas que tuvieron visiones de Dios, como por ejemplo Moisés, Isaías o Ezequiel. Sus descripciones de la gloria de Dios siempre incluían también la luz y el sonido de su voz. En Lucas 2:9 leemos que la gloria de Dios rodeó de resplandor a los pastores en la primera Navidad, y estos tuvieron gran temor. Grande y potente es el Señor, y su gloria es indescriptible. Juan continúa describiendo la escena. “Alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (4:4). “Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás” (Apocalipsis 4:6). No tenemos claro quienes son estos 24, pero podemos afirmar que representan a Israel en sus doce tribus y a la iglesia de Dios en los doce apóstoles. Entendemos que los cuatro seres vivientes son seres angélicos que están al servicio de Dios. Cabe comentar que la descripción de estos seres se asemeja bastante a la que leemos en el libro del profeta Ezequiel. Todos estos alababan a Dios sin cesar. Los cuatro seres decían: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir,” y los veinticuatro que estaban en los tronos replicaban haciendo reverencia: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (4:8,11). Esta escena describe la satisfacción eterna, donde una sola actividad puede traer satisfacción total y perpetua al ser. Como humanos incapaces de sentirnos satisfechos por cualquier actividad disponible aquí en la Tierra, somos propensos a poner en duda que un día podamos alcanzar total satisfacción en la constante alabanza a Dios. Aquellos que  dicen barbaridades como “¡qué aburrido debe ser estar en el cielo!” no tienen ni idea de lo que es la verdadera satisfacción que Dios ha prometido a cada alma que se entrega a Cristo.  Juan nos dice al principio del capítulo que el que estaba sentado en el trono tenía en sus manos un rollo, escrito por ambos lados, sellado con siete sellos.  Y nos dice Juan que vio “un ángel fuerte que pregonaba a gran voz diciendo: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?” Y nos dice que nadie era capaz de abrir el libro, ni aun mirarlo” (5:3). Esto le causó a Juan tanta tristeza que comenzó a llorar. Mas uno de los ancianos en su trono le dijo: “No llores, He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (5:5). Juan miró y el León de Judá estaba ahí, como el Cordero inmolado. Este contraste entre la fuerza y la compasión de nuestro Salvador Jesucristo es una imagen preciosa. Este Cordero estaba ahí, presente, ante ellos; era el único digno de tomar el libro y abrir los sellos. Cuando hubo tomado el libro, todos los presentes, con arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, alababan al Cordero diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (5:9). ¿Has notado que nuestras oraciones estarán presentes en esta escena divina? Me fascina notar que “todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (5:8) Estas representan nuestras oraciones. ¿Alguna vez has parado a pensar en tus oraciones como incienso en las copas de oro celestiales? Sigamos honrando a Dios con nuestras oraciones de fe.  Nos dice Juan que cuando miró, he aquí que había con estos una multitud de ángeles, y todos juntos “decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (5:12). Por si todo esto fuera poco, además de todos estos que alababan, “todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, (exclamaron): Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (5:13). ¿Puedes imaginar esta escena? Se me ponen los pelos de punta al pensarlo. Cuando el juicio de Dios venga sobre la Tierra, el único digno de dar el primer paso es Cristo. El que proveyó la salvación para los que en él hemos confiado marcará el inicio de los eventos que llevarán al día del Señor. Pero todo aquel que ha confesado a Cristo como Salvador participará de este evento tan especial, donde toda honra y gloria es atribuída al Cordero. Damos gracias por su poder, y damos gracias por su amor redentor. A Él sea toda la gloria ahora y para siempre

    Apocalipsis-180 El Trono y el Cordero

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Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.