Este mensaje proclama con claridad que Dios es único, eterno y supremo, sin comparación alguna. Reconocer que Dios es único es afirmar Su naturaleza divina, Su existencia eterna y Su exclusividad como el único Dios verdadero, digno de toda gloria, honra y adoración. Él es el Todopoderoso, El Shaddai, omnipotente, omnisciente y omnipresente. Ninguna criatura comparte Sus atributos ni puede ocupar Su lugar. El mensaje afirma que este Dios único se manifestó en carne en la persona de Jesucristo, quien vino al mundo para tomar nuestro lugar en la cruz del Calvario y redimir a los pecadores por medio de Su sangre. Jesús no fue un simple hombre, sino Dios mismo revelado, tal como Él declaró: “Yo y el Padre uno somos”. Esta verdad gloriosa fue anunciada desde el Antiguo Testamento cuando Dios se reveló a Moisés como “Yo Soy el que Soy”, el Dios eterno e inmutable que envió a liberar a Israel y cuyo nombre permanece por todas las generaciones. A lo largo del mensaje se expone que el mismo Dios eterno es quien envió al Espíritu Santo, cumpliendo Su promesa después de la ascensión de Cristo. El Espíritu Santo mora en el corazón de los creyentes, los sella como propiedad de Dios y los transforma de gloria en gloria. Así, el Dios único se revela plenamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo, no como tres dioses, sino como un solo Dios verdadero manifestado en tres personas. El mensaje también exhorta al pueblo de Dios a vivir en santidad y fidelidad, recordando que no somos de este mundo, sino peregrinos con ciudadanía celestial. Dios no comparte Su gloria con nadie, no permite comparaciones, ídolos ni alianzas desiguales con el mundo. Amar al mundo es enemistarse con Dios, y el creyente es llamado a apartarse del pecado, vivir con un corazón limpio y honrar a Dios como el único Señor de su vida. Finalmente, el mensaje llama a una fe firme y sin doble ánimo, una fe que no depende de emociones, circunstancias o bienes materiales, sino de la certeza de quién es Dios. El creyente que se humilla delante del Señor, confía plenamente en Él y se rinde a la guía del Espíritu Santo experimenta la fidelidad, el poder y la dirección del Dios único y verdadero, quien cumple todo lo que promete.