Visión de Oriente Próximo

Bryan Acuña

Visión de Oriente Próximo busca realizar un acercamiento desde distintas vertientes a la situación actual de la región, no solo desde una perspectiva de análisis de conflictos sino en la búsqueda de entender la cultura, las tradiciones y demás factores que forman parte de las distintas sociedades de esta compleja pero rica región del planeta

  1. Capítulo 12 - 2026: El “Gran Israel”: entre la utopía mesiánica y la realidad estratégica efectiva

    13h ago

    Capítulo 12 - 2026: El “Gran Israel”: entre la utopía mesiánica y la realidad estratégica efectiva

    El concepto del Gran Israel suele debatirse entre dos extremos: quienes lo consideran una teoría conspirativa sin fundamento y quienes lo utilizan para explicar toda la política israelí. La realidad se encuentra en un punto intermedio. La idea tiene raíces históricas y religiosas vinculadas a la Eretz Israel (Tierra de Israel) y a ciertas corrientes del sionismo. Sin embargo, el movimiento sionista nunca fue homogéneo y desde sus orígenes coexistieron visiones pragmáticas y maximalistas sobre las fronteras de un eventual Estado judío.  El gran punto de inflexión fue la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel pasó a controlar Cisjordania, Jerusalén Oriental, Gaza, el Sinaí y los Altos del Golán. A partir de entonces surgieron dos dinámicas paralelas: una de carácter estratégico y otra de carácter ideológico. Los primeros asentamientos israelíes posteriores a 1967 estuvieron fuertemente influidos por consideraciones de seguridad. La estrechez territorial de Israel antes de la guerra llevó a sectores militares y políticos a buscar profundidad estratégica, especialmente mediante propuestas como el Plan Allon, orientado a controlar zonas defensivas clave sin incorporar grandes poblaciones palestinas.  Durante los años setenta comenzó a fortalecerse una dimensión distinta. Movimientos como Gush Emunim promovieron el asentamiento en Judea y Samaria por razones históricas, nacionales y religiosas, considerando esos territorios como parte inseparable de la patria judía. Desde entonces, los asentamientos dejaron de ser únicamente una herramienta de seguridad para convertirse también en una expresión ideológica. Con el paso de las décadas, el crecimiento demográfico de los asentamientos, las Intifadas, el fracaso de procesos de paz, la retirada de Gaza y el ascenso de partidos nacionalistas y religiosos modificaron el equilibrio interno. Actualmente, algunos asentamientos pueden justificarse desde la lógica estratégica, pero otros responden principalmente a motivaciones ideológicas. Por ello, el movimiento de asentamientos y los debates sobre anexión constituyen el ámbito donde la idea del Gran Israel posee mayor capacidad explicativa.  No obstante, Israel es una sociedad políticamente plural donde conviven nacionalistas, conservadores, liberales, socialdemócratas, religiosos, laicos y partidos árabes. Esto dificulta sostener que exista una estrategia nacional unificada orientada a construir un Gran Israel. En otros escenarios, la utilidad explicativa del concepto disminuye. Jerusalén involucra factores históricos, nacionales y religiosos que van más allá del expansionismo. Los Altos del Golán responden en gran medida a consideraciones geoestratégicas relacionadas con la defensa del norte israelí. En el caso del Líbano, las acciones israelíes han estado asociadas principalmente a seguridad, disuasión y contención de Hezbolá, no a proyectos de anexión. Respecto a Irán, la rivalidad gira alrededor de la cuestión nuclear, el equilibrio regional y la competencia geopolítica, sin reivindicaciones territoriales israelíes.  La versión más extrema de la teoría, según la cual Israel buscaría expandirse desde el Nilo hasta el Éufrates, carece de respaldo empírico sólido. La devolución completa del Sinaí a Egipto tras los acuerdos de paz constituye uno de los principales argumentos contra la idea de una expansión territorial ilimitada. La principal conclusión es que el Gran Israel existe como corriente ideológica real dentro de determinados sectores del nacionalismo y del sionismo religioso israelí, especialmente en relación con Cisjordania y los asentamientos. Sin embargo, convertirlo en la explicación única de toda la política exterior, militar y estratégica israelí conduce a simplificaciones que no resisten un análisis riguroso. Su capacidad explicativa es relevante en ciertos temas territoriales, pero limitada cuando se intenta aplicar a la totalidad de los conflictos y decisiones de Israel en Oriente Medio Fuente: Radio Sefarad

    41 min
  2. Capítulo 11 - 2026: El dilema del Golfo: entre la tregua táctica y la utopía de una seguridad regional

    May 25

    Capítulo 11 - 2026: El dilema del Golfo: entre la tregua táctica y la utopía de una seguridad regional

    A continuación, un resumen ejecutivo y estructurado del análisis sobre el panorama geopolítico entre Arabia Saudita e Irán en 2026: Núcleo del Análisis: ¿Qué se busca? No se plantea una alianza ideológica ni una paz histórica basada en la confianza, sino un intento pragmático de administrar la rivalidad. Inspirándose en los Acuerdos de Helsinki de 1975 (Guerra Fría), ambas potencias evalúan un pacto de no agresión para establecer reglas mínimas de coexistencia y evitar una destrucción económica mutua. Los Motores del Cambio 1. El giro pragmático de Arabia Saudita Riad lidera esta iniciativa debido a un cambio en su doctrina de seguridad, motivado por tres factores: Vulnerabilidad energética: El ataque a Aramco en 2019 demostró que su infraestructura es vulnerable pese al millonario gasto militar.El desgaste en Yemen: La imposibilidad de derrotar militarmente a los hutíes evidenció los límites de su poder.El repliegue de EE. UU.: La percepción de que Washington prioriza Asia y no ofrecerá protección militar ilimitada.La Visión 2030: Los megaproyectos (como NEOM) y la inversión extranjera exigen imperativamente estabilidad y previsibilidad regional.2. La postura de Irán Bajo intensa presión económica y desgaste interno, Teherán ve con buenos ojos reducir la tensión, pero con un límite claro: no renunciará a su red de proxies (Hezbolá, hutíes, milicias), ya que los considera su principal cinturón de seguridad y herramienta de disuasión asimétrica frente a EE. UU. e Israel.   Las Tres “Cestas” de Limitación (El rol de China) Un eventual acuerdo requeriría sostenerse sobre tres pilares donde China opera como facilitador diplomático neutral (interesado en proteger sus rutas del petróleo y expandir la Franja y la Ruta), aunque Pekín aún carece de la capacidad militar para ser el garante final: Seguridad: Fin de guerras subsidiarias.Economía: Estabilidad en rutas marítimas clave (Ormuz y Bab el-Mandeb).Factor Externo: Mediación asiática en lugar de la hegemonía de Washington.Los Grandes Obstáculos para un “Helsinki” Real El factor Israel: Jerusalén ve cualquier normalización con Irán como una amenaza existencial si no se desmantela el programa nuclear de Teherán y su red de milicias. Excluir o incluir a Israel o a Irán en un sistema común es un dilema políticamente imposible.Divisiones en el Golfo: No hay consenso interno en el Consejo de Cooperación del Golfo. Mientras Arabia Saudita es pragmática, Emiratos Árabes y Bahréin mantienen posturas más duras, y existe competencia por el liderazgo regional.El programa nuclear: Si Irán roza el umbral de la bomba atómica, Arabia Saudita iniciará su propia carrera nuclear, rompiendo cualquier pacto.Diferencia histórica con la Europa de los 70: Oriente Medio no es un sistema bipolar estable; está fragmentado por actores no estatales, conflictos identitarios e intereses cruzados de potencias externas (EE. UU., China, Rusia).Escenario más Probable: Coexistencia Fría Las probabilidades de una arquitectura de seguridad integral son bajas. Lo más factible es una tregua táctica o coexistencia fría administrada, caracterizada por: Canales de comunicación abiertos para la gestión de crisis.Reducción de ataques directos y moderación parcial de operaciones indirectas.Coordinación energética mínima.Conclusión: La diplomacia actual en el Golfo no nace de la confianza, sino del agotamiento y del miedo compartido a una escalada bélica incontrolable que destruya las economías de la región.Fuente: Radio Sefarad

    31 min
  3. Capítulo 09 - 2026: La reconfiguración de las alianzas regionales Medio Oriente

    Apr 24

    Capítulo 09 - 2026: La reconfiguración de las alianzas regionales Medio Oriente

    Por quá la región de Medio Oriente no es necesariamente un tablero de ajedrez: es un sistema vivo, contradictorio y multidimensional. El error de los bloques – No hay equipos fijos. Hay alineamientos contingentes y mucha fricción interna (Turquía vs. Arabia Saudita, EAU vs. Arabia Saudita, Irán vs. sus propios proxies).El poder energético no es tener petróleo, es poder cortar su suministro – el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb y el Mediterráneo Oriental son los verdaderos centros de gravedad. Irán no necesita vender energía: le basta con poder interrumpirla.La tecnología como nuevo ejército – Israel y EAU no ganan por cantidad, sino por integración de datos, inteligencia artificial y ciberdominio. La tecnología es el multiplicador de poder más importante hoy.Demografía: el límite silencioso – Pakistán y Egipto tienen presión estructural; Irán envejece; Israel está fracturado internamente. La demografía no dice quién empieza una guerra, pero sí quién puede sostenerla.Actores no estatales: ni títeres ni locos – Hezbolá, los hutíes, las milicias iraquíes… No son solo “proxies”. Tienen autonomía, lógicas propias y pueden generar escaladas no deseadas por sus patrocinadores.China y Rusia: moduladores externos – China no construye alianzas militares, sino infraestructura y nodos logísticos. Rusia tiene menor peso económico, pero capacidad militar persistente. Ambos son estabilizadores oportunistas y disruptores selectivos.Las cinco dimensiones reales del poder – para anticipar conflictos y transformaciones, no basta con seguir noticias. Hay que medir: capacidad militar, geoeconomía, tecnología, demografía y guerra narrativa. El verdadero poder no es quién golpea más fuerte, sino quién puede sostenerlo, financiarlo, legitimarlo y adaptarse.

    38 min
  4. Capítulo 08 - 2026: ¿Por qué EE.UU. lucha por avanzar y cómo una coalición ampliada podría cambiar el rumbo?

    Apr 10

    Capítulo 08 - 2026: ¿Por qué EE.UU. lucha por avanzar y cómo una coalición ampliada podría cambiar el rumbo?

    La columna plantea que el conflicto en el Golfo no es una guerra convencional ni una victoria rápida para Estados Unidos, sino un escenario de desgaste donde la superioridad militar no se traduce en control estratégico. El punto central es claro: Washington ha logrado degradar capacidades iraníes —infraestructura, mandos, producción de misiles— pero no ha roto al régimen ni su capacidad de responder. Irán no necesita ganar, le basta con resistir y sostener presión, especialmente a través de mecanismos asimétricos como ataques intermitentes y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz.  Ahí está el núcleo del problema. Irán no cierra completamente el paso, pero lo vuelve incierto. Eso impacta precios, rutas y economías. El efecto no es militar, es sistémico. Y termina trasladando el costo a los aliados de Estados Unidos en el Golfo, que ahora enfrentan ataques directos en su propio territorio. La columna también marca una diferencia clave: Israel proyecta eficacia porque opera sobre el terreno y con objetivos concretos, mientras Estados Unidos ejecuta una estrategia a distancia que no logra generar percepción de control. Esa brecha narrativa pesa.  A partir de ahí, el argumento se mueve hacia lo que falta: cerrar el ciclo. No basta con golpear, hay que inutilizar capacidades críticas, asegurar Ormuz y generar presión económica real que obligue a negociar. Pero el punto más importante no es militar, es político. Estados Unidos no puede sostener esta guerra solo. Necesita convertir la red de relaciones actuales en una coalición visible y operativa. Ahí entran los Acuerdos de Abraham como posible base para una arquitectura de seguridad regional que incluya a Israel y a los países del Golfo en un esquema coordinado.  Si eso ocurre, cambia la percepción: de una potencia estancada a una que reorganiza el orden regional. Si no, el conflicto se alarga y la narrativa de debilidad se consolida. En síntesis, la columna no discute quién tiene más poder, sino quién está logrando usar mejor el tiempo, los costos y la percepción. Y, por ahora, Irán está jugando esa partida con más eficiencia de la que se esperaba. Facebook Email WhatsApp X

    36 min
  5. Capítulo 07 - 2026: Claves para entender la movilización estadounidense hacia Ormuz

    Mar 27

    Capítulo 07 - 2026: Claves para entender la movilización estadounidense hacia Ormuz

    El despliegue de aproximadamente 4.500 efectivos estadounidenses hacia el Estrecho de Ormuz no responde a una lógica de invasión convencional, sino a una estrategia de coerción calibrada en un entorno donde Irán ha logrado degradar el tránsito marítimo sin necesidad de cerrarlo completamente. Mediante minas, drones y misiles antibuque, Teherán ha elevado el costo operativo del comercio energético global, obligando a Washington a priorizar la seguridad del flujo petrolero por encima de objetivos más ambiciosos.  La introducción de fuerzas anfibias; particularmente las Marine Expeditionary Units, amplía el espectro de opciones operativas de EE.UU., permitiendo transitar de una campaña basada en ataques remotos a intervenciones terrestres limitadas sin escalar hacia una guerra total. Sin embargo, estas opciones conllevan riesgos elevados: la proximidad de objetivos estratégicos como la isla de Kharg al territorio iraní, sumada a la capacidad del CGRI (el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní) para sostener ataques asimétricos, convierte cualquier operación anfibia en un escenario potencialmente costoso en términos humanos y económicos. El cálculo estratégico estadounidense está condicionado por dos variables: la necesidad de mantener presión creíble sin caer en un compromiso terrestre prolongado, y el riesgo de que Irán recurra a tácticas de “tierra quemada”, destruyendo su propia infraestructura energética y generando un shock global en los precios del petróleo. En este contexto, la ausencia de estimaciones públicas sobre bajas no refleja incertidumbre, sino una decisión política de no exponer el costo potencial de una escalada mayor.  Parte de esta cautela responde a lecciones históricas no del todo internalizadas. El ejercicio Millennium Challenge 2002 demostró que un actor con tácticas asimétricas, basadas en saturación, descentralización y uso de medios de bajo costo, puede infligir daños significativos incluso frente a una fuerza tecnológicamente superior. Irán ha incorporado estos principios en su doctrina naval, estructurando su estrategia en torno a la negación de acceso y la capacidad de generar pérdidas desproporcionadas en el Golfo.  En conjunto, el escenario actual no se define por la posibilidad de una victoria militar clara, sino por la gestión del riesgo. EE.UU. busca restaurar la seguridad marítima sin cruzar umbrales que impliquen costos políticos elevados, mientras que Irán apuesta por prolongar la fricción y elevar el precio de cualquier intervención. El resultado es un equilibrio inestable donde la escalada no depende únicamente de capacidades, sino de percepciones, tiempos y márgenes de error. Fuente: Radio Sefarad

    37 min
  6. Capítulo 06 - 2026: El eje de resistencia bajo presión: la estrategia proxy de Irán y sus fisuras

    Mar 13

    Capítulo 06 - 2026: El eje de resistencia bajo presión: la estrategia proxy de Irán y sus fisuras

    El enfrentamiento entre Israel y el sistema regional impulsado por Irán no puede entenderse únicamente a partir de comparaciones de poder militar convencional. Se trata de un choque entre dos doctrinas estratégicas basadas en concepciones distintas del tiempo en la guerra.  Después de la Revolución Islámica de 1979 y, sobre todo, tras la guerra Irán-Irak, Teherán desarrolló una estrategia de seguridad orientada a compensar sus limitaciones militares. Ese modelo se basa en tres pilares: capacidades balísticas, guerra naval irregular y una red regional de actores armados aliados. Este último componente, organizado principalmente por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y su Fuerza Quds, se convirtió en el instrumento principal para proyectar poder fuera del territorio iraní. A través de organizaciones como Hezbolá en Líbano, milicias chiíes en Irak, estructuras paramilitares en Siria y los huthíes en Yemen, Irán ha construido un arco de influencia que conecta el Golfo Pérsico con el Mediterráneo. El objetivo central es crear profundidad estratégica, trasladando el escenario de confrontación lejos del territorio iraní y presionando simultáneamente a Israel, a la presencia militar estadounidense y a rutas marítimas críticas. Durante más de una década, Siria funcionó como el principal punto logístico de esta arquitectura regional. A través de su territorio circulaban misiles, drones, componentes electrónicos y entrenamiento militar destinados principalmente a Hezbolá. El debilitamiento del régimen de Bashar al-Assad alteró ese equilibrio, ya que ha vuelto mucho más vulnerables las rutas de abastecimiento y complicó la capacidad iraní de sostener conflictos prolongados. El frente libanés, aunque es el componente militar más poderoso de esta red, enfrenta límites internos importantes. La crisis económica profunda que atraviesa Líbano y su delicado equilibrio sectario restringen la posibilidad de que Hezbolá arrastre al país hacia una guerra total con Israel. La organización debe equilibrar su rol regional con la preservación de su base política doméstica.  Aunque la red de aliados armados parece descentralizada, su funcionamiento depende de una coordinación centralizada dentro del CGRI. Los comandantes regionales cumplen funciones esenciales como enlaces políticos, coordinadores militares, y gestores de inteligencia y recursos. Estas relaciones se construyen durante años y se apoyan en vínculos personales de confianza. La eliminación de figuras clave puede generar disrupciones importantes. La muerte de Qasem Soleimani en 2020 mostró hasta qué punto la cohesión del sistema dependía de liderazgos específicos. Israel ha explotado esta vulnerabilidad mediante una doctrina de decapitación operativa, orientada a eliminar comandantes y cuadros estratégicos del adversario. Al desaparecer estas piezas centrales de la estructura, la coordinación entre milicias se vuelve más lenta, aparecen disputas internas y se generan debilidades logísticas. Cuando estas operaciones se combinan con ataques contra rutas de abastecimiento y depósitos de armas, el efecto acumulativo puede fragmentar la red de actores armados.  La dimensión logística resulta determinante. Si el flujo de armamento se interrumpe y las reservas comienzan a disminuir, la capacidad operativa de las milicias se reduce progresivamente. Esto produce tensiones internas por recursos y deteriora la coherencia estratégica del sistema. En el fondo, el conflicto refleja  dos concepciones temporales de la guerra. Irán diseñó su arquitectura regional para conflictos prolongados basados en un desgaste gradual. Israel intenta imponer campañas rápidas que destruyan elementos críticos de esa estructura antes de que el sistema alcance su máximo potencial. La escalada regional se vuelve más peligrosa cuando varios frentes del sistema iraní se activan al mismo tiempo. Sin embargo, coordinar una activación simultánea enfrenta obstáculos crecientes: la fragilidad de las rutas logísticas tras la erosión del corredor sirio, las tensiones internas en Líbano y la presión económica sobre Irán.  A este escenario se suma la cuestión de la sucesión del líder supremo Ali Khamenei. La posible llegada al poder de Mojtaba Khamenei plantea tensiones ideológicas, por la percepción de una transición dinástica, pero dentro del aparato de poder iraní la prioridad es la continuidad estratégica. Durante tres décadas, Ali Khamenei consolidó tres pilares: fortalecimiento del CGRI, desarrollo de capacidades misilísticas y expansión de la red regional de aliados armados. Mantener esa relación entre el liderazgo político y el CGRI resulta clave para preservar la arquitectura estratégica iraní. Irán dispone de capacidades militares relevantes, misiles balísticos, drones y milicias regionales, pero su principal vulnerabilidad no es estrictamente militar, sino temporal. El sistema de aliados armados fue concebido para guerras largas. Si un adversario logra destruir centros de mando, bloquear corredores logísticos y degradar arsenales en un periodo corto, la estructura pierde coherencia antes de desplegar todo su potencial. El resultado del conflicto dependerá de cuál de las dos doctrinas logre imponerse: la estrategia iraní de resistencia prolongada o la estrategia israelí de disrupción rápida. Fuente: Radio Sefarad Facebook Email WhatsApp X

    27 min

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