Somos Humanos y Digitales

Ismael Briasco

Ismael Briasco reflexiona y entrevista a líderes sobre Transformación Digital y Liderazgo desde su mirada como Coach, Facilitador, Emprendedor y experto en Transformación Digital. briascoi.substack.com

  1. 10/24/2025

    Tu voz interna no te sabotea: te está pidiendo liderazgo

    No hace falta estar al frente de una empresa para saberlo:la batalla más exigente de un líder se libra en silencio. No contra la competencia, ni contra el mercado.Contra esa voz interna que te dice “no estás listo”, “no alcanza”, “vas a fallar”. Esa que suena tan convincente que por momentos parece tener razón. Y sin embargo, ahí está la paradoja: esa voz no es el enemigo.Es el eco del miedo queriendo protegerte.Solo que, a veces, te sobreprotege. Cuando empecé a liderar proyectos, los primeros, los que se caían a pedazos antes de despegar, mi diálogo interno era una tormenta.La mezcla exacta entre exigencia y duda.Una parte de mí decía: “tenés que poder con todo”, mientras otra susurraba: “¿y si no podés con nada?”. No sabía entonces que el liderazgo empieza ahí, en esa conversación privada que nadie escucha, pero todos sienten.Porque lo que callás, se filtra.Y un equipo percibe más lo que tu voz interna transmite que lo que tu boca declara. Los estudios más recientes sobre self-talk… ese diálogo mental que todos tenemos, son claros:el 75 % de las personas mantiene un discurso interno negativo de forma habitual.Y los líderes no son la excepción; solo lo disimulan mejor. El problema no es tener una voz crítica.El problema es dejar que dirija la reunión. A veces me encuentro trabajando con un mentee que dice: “Mi problema es que me saboteo. Me repito que no soy suficiente.” Y lo que suele ocurrir no es sabotaje: es falta de traducción.Esa voz no quiere destruirte; quiere evitarte el dolor.Solo necesita un líder que la escuche, la entienda y la ponga en contexto. El liderazgo interno es eso: poner jerarquía dentro de tu cabeza.No para silenciar las voces, sino para decidir cuál habla primero. Un ejemplo lo tengo muy presente.Un mentee me contó cómo, antes de cada video, repetía 15 veces el saludo.Le temblaban las manos.Decía que odiaba su voz.Pero lo que odiaba no era su voz: era la sensación de verse vulnerable. Cuando entendió que podía usar ese mismo nervio como autenticidad «no como falla», todo cambió.El video salió torcido, imperfecto, humano.Y funcionó. Porque el público no busca líderes que nunca dudan.Busca líderes que saben qué hacer con sus dudas. En mi experiencia, el diálogo interno tiene tres registros principales: * El Crítico. Ese que te dice que todavía no hiciste lo suficiente. * El Saboteador. Que quiere evitarte la exposición, el error o el rechazo. * El Guía. Que te habla bajo, casi sin palabras, pero te deja en paz cuando lo escuchás. Y no hay que matar a ninguno.Solo aprender a reconocer quién está al mando en cada momento. Un ejercicio simple:la próxima vez que sientas ruido mental antes de una decisión, preguntate: “¿Esta voz busca protegerme o paralizarme?” La diferencia puede parecer sutil, pero lo cambia todo.El que busca protegerte merece ser escuchado.El que busca paralizarte necesita un límite claro. Y si podés dialogar con esa voz, no pelearte con ella, estás desarrollando una de las competencias más subestimadas del liderazgo moderno: la inteligencia intrapersonal. Me gusta una idea de la Dialogical Self Theory:la mente funciona como una pequeña sociedad.Hay voces, roles, tensiones y negociaciones internas.Algunas veces, el CEO mental es el miedo.Otras, la intuición.El verdadero liderazgo está en gestionar esa junta interna antes de convocar la externa. Durante años creí que liderar era “tener respuestas”.Hoy entiendo que liderar también es saber hacerse buenas preguntas cuando nadie te ve.Preguntas como: ¿Qué parte de mí necesita ser escuchada?¿A qué estoy reaccionando realmente?¿Qué me diría el yo que ya superó esto? No hay fórmula más efectiva para calmar la mente que la curiosidad.La voz interna se suaviza cuando siente que la estás escuchando, no censurando. En 2025 se habla mucho del liderazgo consciente.Pero sin autoconciencia no hay conciencia posible.No hay autoliderazgo sin autodiálogo.El líder que no sabe escucharse a sí mismo, termina repitiendo las mismas frases vacías que critica en otros. Por eso me gusta insistir en algo con mis mentees:antes de hablarle a tu equipo, escuchate a vos.No para tener razón, sino para tener presencia. Una vez, durante un proceso de coaching, un ejecutivo me confesó: “Mi mayor miedo no es equivocarme. Es que los demás se den cuenta de que no sé tanto como aparento.” Y ahí está el nudo.La impostura del saber constante.El disfraz del control.La trampa del “debería”. Le propuse cambiar la pregunta:en lugar de “¿qué pasa si no sé?”, preguntarse “¿qué pasa si puedo aprender mientras lidero?”. El alivio fue inmediato.Porque cuando dejás de exigir perfección, aparece la humanidad.Y cuando aparece la humanidad, aparece el liderazgo real. No hay técnica mágica para silenciar el ruido mental.Pero hay prácticas que lo afinan.Una de las más poderosas es el check-in interno. Antes de entrar a una reunión, de grabar un video o de tomar una decisión:detenete 20 segundos y preguntate: “¿Qué me estoy diciendo en este momento?” Esa simple pausa puede evitarte una cadena de decisiones reactivas.Te da margen.Y el margen es poder. El liderazgo, al final, es un acto de coherencia entre lo que pensás, sentís y hacés.Y esa coherencia no se logra hacia afuera.Se entrena adentro. Si hoy tu voz interna te critica, no la calles.Preguntale qué necesita.Y después, respondé con acción. No hay nada más transformador que convertir la autocrítica en autoconducción. Una reflexión final:a veces, el silencio no es ausencia de pensamiento.Es presencia total.Es cuando el líder interno te mira y dice:“Confío en vos. Ahora hablá.” Y esa frase, aunque suene simple, puede cambiar toda una historia. Acompaño a muchos líderes a encontrar esa voz: la que no juzga, sino que guía.Si sentís que tu diálogo interno se volvió más un campo de batalla que una conversación sabia, puedo ayudarte a reconstruir ese puente.No desde la teoría, sino desde la práctica: la de aprender a liderarte antes de liderar a otros. Nos vemos en el camino,Isma PS: Si hoy te descubrís discutiendo con tu voz interna, felicitaciones. Ya empezaste a escucharte. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit briascoi.substack.com

    8 min
  2. 10/17/2025

    No sos tu cargo. Sos la historia que lo sostiene.

    Hace poco un cliente me dijo algo que me quedó resonando: “En mis posteos parezco un gerente. Pero en realidad soy un tipo que se levanta con miedo de no saber si está haciendo las cosas bien.” Y ahí está la grieta entre el personaje profesional y la persona real.El problema no es tener un cargo.El problema es esconderse detrás de él. Cuando empecé mi carrera, mi vida era puro Excel y KPI. Trabajaba en corporaciones, traje, targets, reuniones interminables. Todo impecable por fuera.Pero por dentro, nada de eso me representaba. Mi verdadero origen está mucho antes.En una calle de Rosario, cuando todavía se podía jugar sin miedo.En una casa donde aprendí rápido que las cosas se pueden romper (mis viejos se separaron cuando tenía 8 años) y que igual podés reconstruirte.En la tarde en que mi vieja me regaló una computadora, y mi curiosidad me ganó tanto que la desarmé antes de prenderla. No sabía que ese acto —aparentemente tonto— iba a marcar mi vida.Ahí empezó mi forma de ver el mundo: entenderlo desarmándolo. A los 25 fundé Psicofxp. No tenía idea de lo que hacía, solo hambre de crear. Llegó a tener millones de visitas por mes.Y también me enseñó la otra cara: el vértigo del éxito y el silencio del fracaso.Cuando la empresa cayó, me quedé sin ahorros.Pero gané algo que ningún MBA enseña: identidad. Porque cuando perdés todo lo que te da estatus, aparece quién sos en serio. Durante años, seguí construyendo desde esa herida.Lideré agencias, fundé empresas, viajé, hablé en congresos.Hasta que un día, en 2019, todo volvió a tambalear.Sin ingresos, con deudas, y con una hija por nacer.Pensé en rendirme. Literalmente. Pero fue Emma —sin haber nacido aún— la que me salvó.La que me obligó a elegir de nuevo.No desde el miedo, sino desde la presencia. Ahí entendí que liderar no es tener respuestas, es animarse a mostrarse entero. Desde entonces mi trabajo cambió.Ya no enseño a “venderse bien”, sino a mostrarse bien.A contar la historia que hay debajo del cargo. Porque los cargos cambian.Las historias, no. Lo veo en cada mentee.El que dejó de improvisar cada mañana y descubrió que la creatividad también se programa.La que perdió 27 veces antes de grabar su primer video, y cuando soltó el perfeccionismo, conectó de verdad.El que dio un webinar para ocho personas y de ahí salieron dos clientes y un aprendizaje: el impacto no se mide en cantidad.La que entendió que su marca personal no son los likes, sino la persona que la invita a un café para agradecerle lo que le cambió la vida. Todos, en distintos tonos, aprenden lo mismo: no sos tu currículum, sos tu recorrido. Mostrar la persona detrás del cargo no es debilidad, es estrategia.Y tiene efectos concretos: * multiplica la recordación (las historias se recuerdan 22 veces más que los datos fríos); * aumenta la credibilidad (la vulnerabilidad bien usada genera confianza); * y sobre todo, te vuelve humano en un entorno donde todos compiten por parecer perfectos. Pero ojo: no se trata de hacer terapia en público.La clave está en el para qué.No contás tu pasado para inspirar lástima, sino para ofrecer contexto.No hablás de tus caídas por exhibicionismo, sino para mostrar coherencia entre lo que predicás y lo que viviste. Eso, cuando es real, se nota.Y cuando no, también. Hoy, después de 25 años en tecnología y liderazgo, descubrí que el mayor diferencial no está en la estrategia, sino en la energía.Podés tener el mejor método, pero si no te mostrás, nadie confía.Podés tener mil logros, pero si no te revelás, nadie conecta. Mi padre me enseñó a vender.Mi madre me enseñó a resistir.Mis hijas me enseñan a escuchar.Y Nati, mi compañera, me enseñó que el amor también puede ser una forma de liderazgo. Todo eso soy.Y todo eso está en cada mentoría, aunque no lo diga. Por eso, cuando acompaño a un líder, no miro su cargo.Miro su historia.Porque ahí está el código fuente de su marca. Y si vos estás construyendo la tuya, quizá lo que te falta no es una estrategia nueva.Es animarte a contar quién sos cuando nadie te ve. Te prometo que ese es el punto de inflexión donde la marca deja de ser marketing y se vuelve magnetismo. A veces me preguntan por qué sigo dando mentorías después de tantos años.La respuesta es simple: porque cada vez que alguien se atreve a mostrarse sin máscara, siento que el trabajo vale la pena.Y porque sigo creyendo —con tozudez y ternura— que las marcas más poderosas son las que nacen del alma y no del algoritmo. Si alguna vez sentís que tu historia se perdió entre cargos, métricas y presentaciones, puedo acompañarte a encontrarla.No para que te reinventes, sino para que recuerdes quién eras antes de todo eso. —Isma PS: Si este texto te movió algo, no lo dejes en el inbox. Contalo. El mundo necesita más profesionales que se animen a ser personas otra vez. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit briascoi.substack.com

    7 min

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Ismael Briasco reflexiona y entrevista a líderes sobre Transformación Digital y Liderazgo desde su mirada como Coach, Facilitador, Emprendedor y experto en Transformación Digital. briascoi.substack.com