El Garaje Hermético de Máximo Sant

Máximo Sant

Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.

  1. ELÉCTRICOS VS TÉRMICOS: ¿Cuál acelera más rápido?

    1d ago

    ELÉCTRICOS VS TÉRMICOS: ¿Cuál acelera más rápido?

    En el mundo del motor actual, pocas preguntas generan debates tan encendidos en redes sociales, foros y barras de bares como la comparativa entre el coche eléctrico y el de combustión. Hoy dejamos de lado la ecología para centrarnos en la física pura y dura. Vamos a analizar por qué un coche acelera como lo hace y si el "territorio voltio" es realmente tan imbatible. La tiranía de la báscula frente al milagro del par motor Para entender la aceleración, primero debemos entender los dos factores que luchan entre sí: la fuerza que empuja el coche y la masa que se opone a ese movimiento. El gran talón de Aquiles del coche eléctrico, hoy por hoy, es su peso. Las baterías de iones de litio tienen una densidad energética muy inferior a la de la gasolina. Sin embargo, el motor eléctrico tiene un as bajo la manga: el par motor instantáneo. En un motor de combustión, la entrega de fuerza es progresiva; los gases tienen que mover una turbina, los pistones deben subir y bajar, y el motor tiene que alcanzar un rango de revoluciones óptimo. En un eléctrico, el par es como un interruptor de la luz: está ahí desde el primer milisegundo. El sprint corto: El dominio absoluto del motor eléctrico Si hablamos del 0 a 100 km/h, el peso importa, pero la capacidad de tracción y el par inicial mandan. En esta distancia corta, el coche eléctrico suele ser el rey absoluto por su facilidad para transmitir la potencia al suelo sin drama. Si comparamos cifras, vemos casos fascinantes. Un Caterham Seven 620R de “solo” 315 CV, que es la máxima expresión de la ligereza térmica con solo 520 kg, logra hacer el 0 a 100 en 2,8 segundos. Es una cifra impresionante, pero un Tesla Model S Plaid, que pesa 2.162 kg (cuatro veces más), detiene el crono en 2,1 segundos. La estirada larga: La gasolina recupera el terreno La situación cambia drásticamente cuando la meta se aleja y buscamos alcanzar los 200 km/h. A partir de los 120-130 km/h, entra en juego un factor determinante: la resistencia aerodinámica, que crece de forma exponencial con el cuadrado de la velocidad. Para vencer ese muro de aire invisible, ya no basta con tener mucho par inicial; necesitas potencia sostenida y una gestión eficiente de la energía a altas revoluciones. La mayoría de los coches eléctricos utilizan una sola marcha, lo que significa que, a velocidades muy altas, el motor eléctrico empieza a girar fuera de su zona de máxima eficiencia. Aquí es donde el motor térmico, apoyado en sus cajas de cambios de 7 u 8 velocidades, saca pecho. Un ejemplo claro es la comparativa entre dos hermanos de marca: el Porsche 911 Turbo S (térmico) y el Porsche Taycan Turbo S (eléctrico). Aunque el Taycan tiene más potencia (761 CV) y mucho más par, el 911 Turbo S le acaba ganando la partida antes de llegar a los 200 km/h por una sencilla razón: pesa 1.640 kg frente a los casi 2.300 kg del Taycan. La frenada: El factor que muchos olvidan Correr es relativamente fácil, pero detener una masa en movimiento es donde se separan los buenos diseños de los mediocres. La energía cinética que los frenos deben transformar en calor depende directamente de la masa. Aquí, Newton no perdona a nadie. En una frenada de emergencia de 100 a 0 km/h, la diferencia entre un deportivo térmico como un Corvette Z06 y un eléctrico potente como un BMW i4 M50 puede parecer pequeña (unos 4 metros), pero en el mundo real, esa distancia es la diferencia entre un susto y un accidente grave. El problema se agrava cuando subimos a los 200 km/h. Frenar desde esas velocidades requiere que los discos absorban una energía brutal. Los eléctricos confían mucho en la frenada regenerativa, pero en una frenada a fondo, el 90% del trabajo lo hacen los discos y las pastillas. Un coche pesado fatiga los frenos mucho antes, provocando el temido "fading" o pedal blando, especialmente en puertos de montaña o circuitos. El equilibrio perfecto: La hibridación moderna Llegados a este punto, cabe preguntarse si existe una solución ideal. El híbrido moderno, como el McLaren Artura o el Ferrari SF90, parece haber encontrado el camino. Utilizan pequeños motores eléctricos para hacer lo que se llama "torque filling" o relleno de par. El motor eléctrico se encarga de dar la patada inicial mientras los turbos del motor de gasolina cogen presión. Esto permite tener la respuesta instantánea de un eléctrico sin tener que cargar con 600 kg de baterías. Es, en términos de ingeniería actual, el equilibrio más razonable si lo que se busca es el máximo rendimiento en todas las circunstancias.

    18 min
  2. ¿Por qué ya no hay coches PEQUEÑOS y BARATOS?

    3d ago

    ¿Por qué ya no hay coches PEQUEÑOS y BARATOS?

    Estamos asistiendo al fin de los utilitarios y el Segmento A. Este tema me toca la fibra sensible porque afecta directamente al derecho a la movilidad de los más jóvenes y de las rentas más bajas. ¿Has intentado comprar un coche pequeño y económico últimamente? Es imposible. El Segmento A ha muerto. Modelos honestos y racionales como el Seat Mii, el Ford Ka o el Citroën C1 han pasado a mejor vida, y no por falta de clientes, sino por un "suicidio financiero" provocado por la normativa. El "impuesto" de la seguridad obligatoria Desde 2024, con implementación total en este 2026, la Unión Europea exige que todos los vehículos nuevos incorporen sistemas ADAS (seguridad activa). Hablamos de frenada de emergencia, asistente de carril, detector de fatiga y la famosa caja negra (EDR). Técnicamente, instalar estos sensores en un coche de 100.000 euros es insignificante, pero en un utilitario diseñado para costar 10.000 euros, supone un sobrecoste directo de unos 2.000 euros. Rediseñar el cableado y el salpicadero de un coche diminuto para que todo quepa dispara los costes de ingeniería. El fabricante se queda sin opciones: o vende el coche a 17.000 euros (y nadie lo compra) o deja de fabricarlo. La estocada final: La Normativa Euro 7 Si la seguridad hirió al segmento, la Euro 7 le ha dado la estocada. Para que un motor de 1.0 litro cumpla con los límites de óxidos de nitrógeno y partículas en condiciones reales de conducción, necesita un sistema de escape extremadamente complejo. Catalizadores de tres vías avanzados y filtros de partículas de última generación añaden otros 1.200 euros de coste mínimo por motor. La física y la química no entienden de presupuestos ajustados; limpiar los gases requiere metales preciosos y tecnología cara. El refugio de los SUV y la rentabilidad Las marcas han descubierto que es mucho más rentable vender un B-SUV que un utilitario tradicional. Mientras que en un coche de 12.000 euros el beneficio neto podía ser de apenas 500 euros, en un SUV basado en la misma plataforma el margen salta a los 3.000 o 4.000 euros. El valor percibido por el cliente es mayor, aunque la tecnología interna sea casi idéntica. Estamos pasando de una industria que buscaba motorizar a las masas a una que busca maximizar el beneficio por unidad. La falsa promesa del coche eléctrico Muchos dicen que el eléctrico salvará el segmento, pero la realidad industrial de 2026 dice lo contrario. Una batería con autonomía digna cuesta hoy cerca de 6.000 euros. Si solo la batería representa el 40% del coste total, es imposible fabricar coches eléctricos de 10.000 euros. El coche eléctrico pequeño se está convirtiendo en un segundo o tercer coche para familias de alto poder adquisitivo, no en una solución para el ciudadano medio. Consecuencias: Un parque móvil envejecido Al encarecer artificialmente los coches pequeños, estamos consiguiendo el efecto contrario al deseado. Como la gente no puede pagar un coche nuevo, mantiene su vehículo de 15 o 20 años. Estamos envejeciendo el parque móvil y, por tanto, contaminando más. Es la paradoja de la movilidad moderna: hemos legislado contra la sencillez y, al final, hemos expulsado a la población de la movilidad privada nueva. En el video de hoy recordamos clásicos como el Fiat Panda de segunda generación, el ejemplo perfecto de lo que hemos perdido: un coche indestructible, lógico y barato que hoy sería ilegal fabricar. Bienvenidos a la era donde la sencillez es un lujo prohibido.

    19 min
  3. 15 coches que son una “COMPRA MAESTRA” en 2026

    6d ago

    15 coches que son una “COMPRA MAESTRA” en 2026

    Coches con ingeniería de verdad (y que no pierden valor). ¡Basta de electrodomésticos con ruedas! En un mercado de 2026 dominado por precios inflados y normativas asfixiantes como la Euro 7, todavía existen "islas de cordura" mecánica. Hoy rompemos nuestra tónica habitual de denuncia para ser positivos: existen coches que valen lo que cuestan. Una "compra maestra" no es simplemente el coche más barato del concesionario. Es aquel donde el valor de la ingeniería supera el coste de adquisición; coches que dentro de una década seguirán siendo fiables y mantendrán un valor de reventa envidiable. Los Utilitarios Indestructibles 1. Dacia Sandero (ECO-G 120 CV): El coche inteligente por excelencia. Gracias al GLP, ofrece el coste por kilómetro más bajo del mercado térmico con una robustez mecánica a prueba de bombas. 2. Suzuki Swift (Mild Hybrid): Una lección de física con solo 920 kg de peso. Al ser ligero, no necesita motores gigantes ni frenos sobredimensionados para ser ágil y eficiente. 3. Renault Captur (E-Tech 160): El equilibrio perfecto. Su caja de cambios sin embrague, inspirada en la F1, lo convierte en un SUV compacto sorprendentemente eficiente. Compactos y berlinas de lógica aplastante 4. Mazda 3 (e-Skyactiv X): La resistencia contra la obsolescencia. Su motor de encendido por compresión es una joya técnica que combina lo mejor del gasolina y el diésel en un chasis construido para durar décadas. 5. Toyota Corolla (200H): La apuesta más segura. Su transmisión e-CVT es el mecanismo más fiable del mundo: sin embragues ni correas. Es el coche para olvidarse de las averías. 6. Skoda Octavia (1.5 TSI mHEV): El rey del sentido común. Más espacio que muchas berlinas de lujo y una eficiencia de combustible asombrosa gracias a la desconexión de cilindros. SUV con sentido mecánico 7. Honda HR-V (e:HEV): Máquina de precisión donde el motor de gasolina trabaja principalmente como generador. Fiabilidad Honda en estado puro. 8. Kia Sportage (HEV 230 CV): Un producto redondo con una garantía de 7 años que sigue siendo el estándar de tranquilidad en 2026. 9. Renault Austral (E-Tech 200 CV): Destaca por su sistema de cuatro ruedas directrices (4Control), que le otorga una agilidad de coche urbano en un cuerpo de SUV familiar. El Oasis Eléctrico 10. Renault 5 E-Tech: Ligero, divertido y con alma. Demuestra que la movilidad eléctrica no tiene por qué ser aburrida. 11. Suzuki eVitara: La entrada de Suzuki en el eléctrico puro manteniendo su herencia 4x4 y su legendaria honestidad mecánica. Caprichos que son una inversión 12. Alpine A290: El "hot-hatch" eléctrico definitivo. Un juguete con puesta a punto de Alpine y valor de colección asegurado. 13. Mazda MX-5 (2.0 184 CV): El último roadster analógico. Comprar uno hoy es proteger tu patrimonio; su devaluación es prácticamente inexistente. 14. Toyota GR Yaris: Un coche de rallyes con matrícula. Exclusividad técnica que valdrá mucho más en el futuro de lo que cuesta hoy. 15. Suzuki Jimny (Mild Hybrid): El pequeño gigante regresa. Indestructible, icónico y con un valor de reventa que nunca cae. Conclusión Comprar un coche en 2026 requiere valentía, pero elegir basándose en la ingeniería y no solo en las pantallas es la clave. Buscad la ligereza, la mecánica probada y marcas que aún respetan al conductor. Porque al final, lo que importa no es lo que brilla en el catálogo, sino lo que resiste el paso del tiempo.

    16 min
  4. La era de los coches “DESECHABLES”

    May 31

    La era de los coches “DESECHABLES”

    O el FIN del derecho a REPARAR: Por qué tu coche ahora es DESECHABLE. Vivimos una era peligrosa para el automovilismo. Durante casi un siglo, el coche fue la máxima expresión de la durabilidad mecánica; una máquina que, con cariño y mantenimiento, podía sobrevivir a su dueño. Sin embargo, en la última década hemos cruzado una frontera: la del coche como producto desechable. Hoy denunciamos cómo la obsolescencia técnica por diseño está matando la ingeniería honesta y, de paso, saqueando tu bolsillo. La trampa de los módulos sellados El gran culpable es la integración vertical. Hemos pasado de piezas independientes a "sistemas" indivisibles. El ejemplo de los faros modernos es sangrante: un fallo en un componente de céntimos obliga a sustituir la óptica completa, con facturas que rondan los 3.000 euros. Estamos tirando kilos de materiales valiosos a la basura por culpa de un diseño que prohíbe el despiece. Es un desperdicio de recursos brutal camuflado de modernidad. Baterías estructurales: El siniestro total programado En el coche eléctrico, el problema alcanza niveles dramáticos con las baterías estructurales. Al pegar las celdas directamente al chasis con resinas rígidas, marcas como Tesla hacen que sea imposible sustituir módulos defectuosos. Lo que antes era una reparación de unos cientos de euros en un taller especializado, hoy se convierte en una factura de 20.000 euros por el suelo completo del coche. Esto transforma golpes leves en "siniestros totales" prematuros, generando una basura tecnológica de lujo que el planeta no puede permitirse. Obsolescencia por software y serialización Pero el ataque no es solo físico, es digital. La "serialización" vincula cada componente (desde una cámara hasta el motor de un elevalunas) al número de chasis (VIN). Si intentas montar una pieza de segunda mano, el software del fabricante la bloquea. No es una limitación técnica, es un muro digital para forzarte a pasar por el concesionario oficial y acabar con el mercado del recambio usado. Es obsolescencia programada por código informático. El desprecio por el recambio pequeño La política de recambios ha cambiado: ya no existe el "recambio hormiga". Las marcas ya no venden un retén o una junta; te obligan a comprar el kit completo o el bloque motor entero. Al dejar de fabricar las piezas pequeñas, fuerzan el envejecimiento prematuro del parque móvil. Si una pieza de 5 euros no está disponible, el propietario se ve empujado a mandar al desguace un coche que mecánicamente aún tiene mucha vida. De la eternidad al renting perpetuo Repasamos algunos elementos diseñados para la sustitución total frente a la reparación: -Amortiguadores pilotados: Sensores integrados que obligan a cambiar la unidad completa. -Baterías codificadas: Obligan a pasar por el taller oficial para "decirle" al coche que la batería es nueva. -Bombas de combustible: Sistemas sellados en plástico que impiden cambiar solo el motor eléctrico. -Turbos de geometría variable: Actuadores electrónicos integrados que, si fallan, condenan al turbo completo. -Chasis pegados: El uso masivo de adhesivos estructurales dificulta enormemente las reparaciones de carrocería, convirtiendo golpes visualmente leves en descartes técnicos. La batalla por el Derecho a Reparar En 2026, la lucha legal está en su punto álgido. Mientras el "Derecho a Reparar" intenta abrir los sistemas, la industria se escuda en la "seguridad" para mantener el monopolio de la postventa. Lo que realmente buscan es convertir el coche en un gasto mensual recurrente, eliminando la figura del propietario que gestiona su propio vehículo. Conclusión La era de los coches desechables prioriza el beneficio inmediato sobre la ética de la durabilidad. Al bloquear el acceso al software y sellar los componentes, las marcas están matando la libertad del conductor. Un futuro realmente sostenible no se construye fabricando productos de usar y tirar, sino máquinas que respeten el ingenio humano y el derecho a ser mantenidas. Como siempre os digo: un coche que puedes entender es un coche que te pertenece de verdad. ¡Menos obsolescencia y más lógica mecánica!

    17 min
  5. “Homologation Specials”: De CARRERAS por la CALLE

    May 28

    “Homologation Specials”: De CARRERAS por la CALLE

    ¡Benditos reglamentos! ¿Te imaginas entrar en un concesionario y salir con una máquina que, con apenas unos ajustes, podría ganar el Rally de Montecarlo o las 24 Horas de Le Mans? Hubo una época dorada en la que las marcas no fabricaban coches para venderlos, sino que los vendían simplemente para poder competir. En el video de hoy analizamos los "Homologation Specials", las piezas de ingeniería más salvajes y puras que jamás han pisado el asfalto público. ¿Qué es un Homologation Special? Para los que no estéis familiarizados con el lenguaje de la FIA, el concepto es sencillo pero fascinante. Para evitar que las marcas compitieran con prototipos espaciales que no tenían nada que ver con los modelos de producción, las federaciones imponían una norma: "Si quieres competir, debes fabricar una serie de unidades idénticas (ya fueran 200, 500 o 5.000) para que el público general pueda comprarlas". El resultado eran coches de carreras "domesticados" a la fuerza. Les ponían intermitentes, un claxon y unos asientos algo más cómodos para cumplir el expediente. No buscaban rentabilidad; de hecho, muchas marcas perdían dinero con cada unidad vendida. El único objetivo era levantar el trofeo el domingo. 10 Leyendas con matrícula -Lancia Stratos HF (1973): El primer coche nacido por y para los rallyes. Una cuña diseñada por Gandini con motor central Ferrari V6 donde el piloto va sentado de lado por lo estrecho de su habitáculo. -BMW 3.0 CSL (1973): El mítico "Batmóvil". Su kit aerodinámico era tan radical que el alerón trasero se entregaba en el maletero porque no era legal para circular en Alemania. -Lancia 037 (1982): El último guerrero de propulsión trasera que venció a la tracción total. Un coche de chasis tubular y fibra de vidrio que escondía una de las anécdotas más famosas de la picaresca italiana durante su inspección de homologación. -Peugeot 205 Turbo 16 (1984): Un engaño visual. Aunque parezca un 205, lleva motor central y tracción total. Una bestia del Grupo B del que solo se fabricaron 200 unidades, todas en el icónico gris Winchester. -Ford RS200 (1984): Diseñado por ingenieros de F1 y fabricado por expertos en fibra de vidrio. Ostentó durante 12 años el récord Guinness de aceleración. -BMW M3 E30 (1986): El coche de turismos más laureado. Cada panel de su carrocería fue modificado respecto al Serie 3 estándar solo para mejorar la aerodinámica en el DTM. Ford Sierra RS Cosworth (1986): Famoso por su alerón "cola de ballena", una pieza imprescindible para mantener el coche pegado al suelo a más de 200 km/h, pese a las reticencias de los directivos de Ford. -Lancia Delta HF Integrale (1987): El dominador absoluto del Grupo A. Sus abultadas aletas y el capó abombado no eran estética, eran necesidades mecánicas para ganar seis títulos consecutivos. -Mercedes-Benz 190E 2.5-16 Evolution II (1990): La respuesta brutalista al dominio de BMW. Su alerón ajustable era tan efectivo que obligó a la competencia a rediseñar sus propios túneles de viento. -Toyota GT-One (1998): El caso más extremo. Un prototipo de Le Mans puro con intermitentes que logró su homologación gracias a una interpretación muy creativa de las normas sobre el espacio del maletero. La evolución de las categorías Desde los años 50 con el Ferrari 250 GTO, pasando por la salvaje era del Grupo B en los 80, hasta la racionalización del Grupo A y los excesos de los GT1 de los 90, los reglamentos han moldeado la historia del automóvil. Lamentablemente, los Homologation Specials son hijos de un tiempo pasado. Hoy en día, los reglamentos permiten correr con "siluetas" o se basan en el BoP (Balance of Performance), donde la igualdad se busca mediante software y no mediante la ingeniería pura. Aquellos coches eran la pasión de los ingenieros ganándole la partida a los contables. Eran difíciles, caros de mantener y ruidosos, pero representan el vínculo más puro que ha existido jamás entre el mundo de la competición y el usuario de a pie. Si alguna vez tienes la oportunidad de ver uno de estos 10 elegidos, recuerda que no estás ante un simple coche, sino ante un trofeo de carreras con matrícula.

    21 min
  6. ¿Adiós a los COCHES ELÉCTRICOS?

    May 26

    ¿Adiós a los COCHES ELÉCTRICOS?

    El baño de realidad de 2026 que nadie te contó. Llevamos casi una década escuchando un mantra ininterrumpido: que el motor de combustión tiene los días contados y que en 2035 el mundo cambiará para siempre. Pero estamos en 2026 y las piezas del tablero se están moviendo de una forma que muy pocos previeron. El lema en los consejos de administración ya no es "eléctrico o nada", sino "híbrido, por favor... ¡o lo que sea que nos permita no quebrar!". No es que la tecnología sea mala, es que su implantación ha pegado un frenazo histórico. Marcas en retirada: El fracaso de las previsiones El panorama en los despachos es desolador para quienes apostaron todo a las baterías. Audi ha tenido que reestructurar su gama para mantener vivos los motores de combustión e híbridos enchufables porque la familia e-tron no logra las ventas necesarias para amortizar inversiones milmillonarias. Mercedes-Benz, que presumía de ser "solo eléctrica" para 2030, ha tenido que dar marcha atrás tras entender que el cliente de un Clase S quiere cruzar Europa sin rezar por encontrar un cargador operativo. Incluso SEAT sigue viva gracias a que los Ibiza y Arona de gasolina pagan las nóminas en Martorell, mientras el Grupo Volkswagen retrasa fábricas de baterías por falta de demanda. Los japoneses, con Toyota a la cabeza, están viendo cómo el tiempo les da la razón: apostar por la diversidad tecnológica era el camino correcto. El "Efecto Francia" y el fin de la dictadura de las ZBE Uno de los mayores argumentos para comprar un eléctrico era el miedo a las restricciones. Sin embargo, en Francia, la Asamblea Nacional ha empezado a desmantelar o relajar las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). ¿El motivo? La realidad social. Prohibir el coche de diez o quince años era expulsar a los trabajadores de las ciudades. Esto crea una jurisprudencia en toda Europa que quita presión al comprador: si no te van a prohibir entrar en tu ciudad, el eléctrico tiene que convencer por precio y virtudes, y ahí es donde flaquea. El drama económico: Depreciación y gestión de residuos Comprar un eléctrico hoy es un riesgo financiero. La tecnología avanza tan rápido que un coche de hace cuatro años parece una reliquia, provocando que su valor de reventa se desplome. Además, surge un problema oculto en los desguaces (CAT): muchos ya rechazan coches eléctricos tras un golpe por el riesgo de "fuga térmica" e incendios imposibles de apagar. El coche eléctrico, al final de su vida útil, se está convirtiendo en un residuo tóxico muy caro de gestionar. Infraestructura, Geopolítica y e-Fuels A día de hoy, viajar por España sigue siendo una aventura. La red eléctrica no está preparada para cargas masivas y la dependencia de las materias primas controladas por China ha encendido las alarmas en Occidente. Por eso, los combustibles sintéticos (e-fuels) están ganando fuerza. Marcas como Porsche demuestran que es más lógico y circular cambiar el líquido que echamos en el depósito que tirar a la chatarra millones de coches que funcionan perfectamente. Cronología de una realidad inevitable -Diciembre 2023: Tesla revienta sus precios para intentar mantener el volumen, hundiendo el valor de los coches de sus clientes. -Junio 2024: Ford anuncia pérdidas milmillonarias en su división eléctrica. -Enero 2025: Se confirma que el frío reduce la autonomía hasta un 40%, paralizando las ventas en el norte de Europa. -Agosto 2025: Bruselas admite una "cláusula de revisión" para el 2035 que incluye los e-fuels. -Marzo 2026: Francia oficializa el desmantelamiento de las ZBE en ciudades medianas. -Mayo 2026: El mercado de segunda mano confirma que un diésel con etiqueta C se vende mejor y más rápido que un eléctrico usado. Conclusión El coche eléctrico no va a desaparecer; es una herramienta fantástica para flotas de reparto o para quien tiene cargador en casa y hace trayectos cortos. Pero venderlo como la solución universal ha sido el mayor error de marketing de la historia. La gente no quiere condiciones al pagar 40.000 euros, quiere libertad. El futuro será una mezcla de tecnologías donde el sentido común y el bolsillo del ciudadano vuelvan a ser los protagonistas. ¡Menos ideología y más ingeniería!

    20 min

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