EL TREN SIN PASAJEROS

El Halcón Nocturno

Buenas noches! Esta es la 4ta Temporada del Tren Sin Pasajeros, bienvenidos! Pónganse cómodos, comenzamos.

  1. Por siempre joven

    12/26/2024

    Por siempre joven

    Porque la gente no regresa, se va y luego llega otra gente con sus mismos rostros y ademanes. Será porque yo tampoco regreso: siempre soy otro cuando vuelvo del sueño. Tal vez es por eso que escribo, para aferrarme a la loca idea de negarme a cambiar. O quizá llenar de letras mis horas de vigilia es mi absurda manera de cubrir estas paredes inexistentes con las pinturas rupestres que hablarán un día de lo que fui. Decían los médicos especialistas que su deterioro era inevitable, no se podía detener ni aletargar: sus recuerdos rápidamente caerían como las hojas en otoño y tras ellos su salud y lucidez. Tras la contundente sentencia y luego de un periodo de duelo y mucho llanto, llegó la helada aceptación a sus más cercanos familiares. Resignados decidieron continuar sus vidas justificando la desición en la idea de que en aquel retiro recibiría la mejor atención para su enfermedad. Los vio salir por la puerta un jueves para no volverlos a mirar. De cualquier manera, irónicamente, al poco tiempo se olvidó de ellos y desde entonces no paró de olvidar... Y por olvidar, una mañana no recordó abrir sus ojos, se adentró en la bruma de su memoria hasta cruzar a través de aquella puerta que era la frontera de su cordura. Del otro lado la esperaban los juguetes que el tiempo le había robado, los sinsentidos que de niña le había reprimido la razón, los rostros de un pasado que a veces creía ver en doctores y enfermeras, y al final, la insensible estancia donde nada volvería a doler, donde al fin podría ser joven por siempre jamás.

    3 min
  2. Bernal

    11/21/2024

    Bernal

    Lo importante era la tormenta, no la carta olvidada en el buzón. Ella, la tormenta, fue la causa que desencadenó la serie de eventos inesperados: Rayos y truenos, como en un espectáculo audio-visual, desenterraron en Julio viejos recuerdos: los ojos de Martha como avellanas que mágicamente habían aprendido a reír; las manos callosas de su abuelo Miguel que siempre que le acariciaban el cabello raspaban. Y claro, las tormentas eléctricas que anunciaban una lluvia que llegaría a acabar con el calor. Siempre amó la lluvia, refrescaba su sueño, convertía en ríos interminables las polvosas calles de Bernal y, sobre todo, hacía que los ojos de Martha sonrieran más. Quién le diría que tras esa lluvia siempre amiga se escondían las negras nubes que oscurecerían su destino. Aquel verano, junto a las aguas llegó la familia Palermo, Enrique Palermo específicamente, con sus maneras de zorro que parecían comerse las avellanas en la mirada de su amiga cada vez que lo veía. Fue casi un mes después que llegarán los Palermos que bajo el paraguas de Enrique y tomada de ese brazo que no soltó más apareció Martha. La sonrisa de sus ojos brillaba como nunca. Julio entendió entonces que la había perdido, y comenzó a odiarlos y a odiar la lluvia y los truenos. Y por odiar, odió también a Bernal y las caricias de su abuelo.   Suena el estallido de un trueno que lo manda a otro recuerdo, al estallido del parabrisas del Ford de los Palermos, a su mano soltando la resortera con que acababa de lanzar la piedra, al estrépito del auto estrellándose contra el árbol y luego, al interminable alarido de Refugio Palermo abrazando el cuerpo inerte de Enrique.   Ahora cierra la ventana, pero el ruido de los recuerdos lo sigue hasta la otra habitación. Fueron 10 largos años de cartas olvidadas en un buzón. Diez años de escribir desde su celda buscando el perdón de aquellos ojos de avellana que no reían más. Diez años hasta que una compadecida alma le contestó que no escribiera más, que ni Martha ni la familia Palermo vivían más en Bernal. Tiempo después de salir de prisión regresó a un pueblo cambiado que no lo esperaba, un pueblo viejo y seco que esperaba las lluvias para poder renacer.   Encendió la luz del baño y el espejo le devolvió el retrato de un Julio envejecido, sin cabello en la cabeza que se pudiera acariciar. Pensó en su difunto abuelo y sus callosas manos acariciando también su cuerpo... Esas manos que siempre raspaban. También pensó en Martha, en Enrique Palermo. Pensó en las cartas olvidadas donde le platicaba todo.   Miró por última vez el reflejo de su rostro, apagó la luz y sin paraguas se internó en la lluvia torrencial. Texto e imagen: Oscar González Música: Gonz 2024

    4 min

About

Buenas noches! Esta es la 4ta Temporada del Tren Sin Pasajeros, bienvenidos! Pónganse cómodos, comenzamos.