Las hijas de Felipe

Radio Primavera Sound

Todo lo que te esté pasando a ti ya le pasó a alguien los siglos XVI y XVII. Bienvenidas al rinconcito terapéutico del ahistoricismo deliberado: monjas, vidas menudas, disecciones barrocas, entusiasmo carmelita, estrellatos transepocales, pecados nefandos y mucho más. El podcast que te hará tatuarte el dogma de la Inmaculada Concepción.

  1. 2d ago

    Una monja en un jardín nunca es solo una monja en un jardín

    “Y siempre que las miro, parece que me enseñan”, escribía Marcela de San Félix, mientras contemplaba ensimismada las flores del huerto de su convento de trinitarias de Madrid. Con la minuciosidad de una paisajista experimentada, sor Marcela amontona rosas, cinamomos, claveles, jazmines, azucenas y lirios en sus papeles. Muy lejos de su convento, en Flandes, un grupito de agustinas se entrega, con los ojos agotados, a la confección de unos extrañísimos jardines portátiles: unos hortus conclusus multimedia, indecisos entre la naturaleza y el artificio, auténticas virguerías botánicas y devocionales. En este episodio grabado desde la iglesia del convento de capuchinas de San Rafael, en el Festival FLORA de Córdoba, nos lanzamos a un recorrido por vestigios textuales y materiales que demuestran que los conventos de nuestros siglos más favoritos fueron auténticos hervideros de indagación botánica: monjas convertidas en rarezas interespecies, saberes botánicos fraguados en la cerrazón del convento, señores deleznables usurpadores de patentes de floración forzada, alegorías hortelanas de la mano de nuestra santa Teresa, jardincitos multimedia, trances sinestésicos y mucha, muchísima horticultura espiritual. Si no puedes vivir un segundo más sin saber cuál era el ozempic de los jardines conventuales premodernos, y si necesitas con urgencia incorporar el “antropomorfismo constructivo” a tu vida, dale corriendo a play.

  2. Oct 19

    Sodomas de torpeza: carceleras

    ¿Somos acaso nosotras Santa Catalina Tomás y merecemos que “el tentador” se nos aparezca “en figura de dragón, de sapo” entre los cachivaches de nuestras cocinas? ¿Nos parecemos acaso en algo a la monja más disfrutona de Trujillo, Luisa Benítez, como para merecer ser castigadas con vaginosis de origen diabólico? ¿Por qué debemos sufrir como María de la Santísima Trinidad, empujada vilmente escaleras abajo por “demonios con grande rabia”? Ha llegado el momento, amigas, de una confesión: como Catalina, Luisa y María, el 31 de octubre de 2022 fuimos maltratadas por un embrujo diabólico. Mientras grabábamos alegres y desenfadadas en nuestra celdita de Rhode Island, una travesura diabólica convirtió el episodio en una algarabía indescifrable. Por eso, para exorcizar a los demonios y honrar nuestros años de encierro, volvemos hoy a nuestra villana favorita del siglo XVII, buscamos nuestro sosiego terapéutico en monjas encarceladas que, desde la soledad de su celda nos instan a mostrar siempre "pecho y corazón", en mártires sufridoras que ni ante las más truculentas torturas perdían el "sonrís" de sus rostros, y en aberrantes carceleras que, miradas con más cercanía, se nos revelan en realidad como hábiles mujeres en busca de su rinconcito de autoridad barroca. Pecando un poco de anacrónicas, os llevamos de las reliquias de las sevillanas Santa Justa y Santa Rufina hasta el delirante proyecto de encarcelamiento femenino de Magdalena de San Jerónimo, y sus espeluznantes resonancias con la Sección Femenina, pasando por la inquietante preocupación de los funcionarios sevillanos por las "sodomas de torpeza" que eran las cárceles de mujeres. Si queréis saber qué comían las mujeres en las cárceles de Madrid en 1608 o qué dos mujeres del siglo XVII fundaron su propio club de lectura de relatos martirológicos, dadle corriendo a play.

  3. Jun 29

    La testaruda cosicidad: arqueologías discursivas del objeto premoderno

    Doblegadas, de muy buena gana, a vuestros ruegos y peticiones, hoy por fin os ofrecemos el episodio que desvela la desbaratada trastienda de nuestras investigaciones. Con un ramillete de ASMR pictóricos a medio camino entre el inventario de bienes y la más caprichosa de las escenas de Terenci Moix, en “Arqueologías discursivas” interrogamos el silencio atronador de los objetos y materiales que desde la pintura de nuestros siglos más favoritos nos invitan, enmudecidos, a reconfigurar el paisaje afectivo y material de un pasado atravesado por una incipiente globalización. De la “testaruda cosicidad” y la “verborrea matérica” de Lorraine Daston a los “tortuguitos” que Gonzalo Fernández de Oviedo veía salir “como de un hormiguero” para acabar convertidos en caprichos de carey, del “turismo archivístico” de Laura Engel a la acumulación discursiva de las bebidas cosméticas de las influencers contemporáneas, y de la “ropografía” háptica de Norman Bryson a los entresijos del “neobionte” premoderno que fue el carey: bienvenidas, amigas, a un recorrido por el laberinto de dudas, intuiciones, frustraciones y hallazgos que se apelotonan siempre en el envés de un episodio o artículo antes de estar enteramente cuajados. Si no puedes vivir un segundo más sin saber en qué día exacto tuvo Ana su primera crisis nerviosa con La Dorotea de Lope de Vega y si todavía desconoces qué influencer nacional ha fusilado la campaña publicitaria de una Jenner, dale corriendo a play.

  4. May 25

    Una arqueología discursiva del refectorio barroco

    En un felicísimo tiempo en que las pijas ilustres sabían más de fundar conventos que de inversiones en activos inmobiliarios, Francisca de Puigforfilla y Fuster puso a funcionar todos sus contactos y su talento como estratega de las infraestructuras para fundar el convento de concepcionistas franciscanas de Sineu, Mallorca, desde el que hoy os hablamos. Aposentadas nada menos que en su refectorio, arropadas por el rebañito mallorquín y convertidas en inusitadas arqueólogas, nos disponemos a echar mano de un abanico de fuentes y resquicios que nos permitan reconstruir la complicada proxemia que entraña todo refectorio. Acompañadnos, amigas, en un recorrido comparativo, goloso y liminar por el heterogéneo refectorio conventual de nuestros siglos más favoritos de la historia: del espacio simbólico de alimentación, aprendizaje y comunión al dispositivo panóptico de vigilancia y castigo (donde la monja que sembrara discordias debía sostener un palo en la boca); de la cultura monástica de lo cocido a la eremítica de lo crudo; del hornito codiciado por Santa Teresa al refectorio exageradamente topofílico de la Santa Juana; y de las batallas campales de Santa Catalina Tomás contra EL TENTADOR en su refectorio mallorquín a la fundación mexicana de las capuchinas del convento de la Purísima Concepción de Toledo, para acabar descubriendo qué sucede cuando el asidero terapéutico y gastronómico que nos ancla al sosiego de lo conocido se ve alterado por los sobresaltos culinarios del viaje. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber por qué LA VOCACIÓN CAPUCHINA NO TIENE EXPLICACIÓN HUMANA POSIBLE, dale corriendo a play.

  5. May 11

    En el estrado: una ética barroca de la inclinación

    "Una mujer que es moza, es sana, es libre, es hermosa, es desenvuelta y es holgazana, ¿qué es lo que piensa arrellanada sobre una almohada?". Fascinadas ante la incomodidad desquiciante que le suscitaba al predicador Fray Antonio de Guevara una mujer joven silenciosamente recostada sobre la placidez mullida de una almohada, en este episodio nos entregamos a reconstruir la ética postural del estrado barroco. ¿Acaso hay mejor charla con las amigas que la que se tiene en la postura apaisada de la horizontalidad? No la hay, y las mujeres de nuestros siglos más favoritos lo sabían. Recostadas sobre cojines de felpa encarnada, contemplando los cortinajes de damasco, y limpiándose los churretes de chocolate de sus mejillas arreboladas nos chillan al unísono desde sus estrados: stop evil sujetos kantianos! welcome ontología relacional basada en la vulnerabilidad! Del vlog de expat de Madame d'Aulnoy a la crítica de la rectitud de Adriana Cavarero, de las nepomonjas arellanadas de las Descalzas Reales a los lagrimones de la madre de Domingo Faustino Sarmiento ante la verticalidad forzosa del siglo XVIII, de la apología de la inclinación de Rosalía y Bad Gyal al laboratorio de horizontalidad de María de Zayas...Todo esto e incluso más cabe en “En el estrado: una ética barroca de la inclinación”. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cuántos cojines tiene que tener tu estrado para ser verdaderamente de calidad, elevado, dale corriendo a play.

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Todo lo que te esté pasando a ti ya le pasó a alguien los siglos XVI y XVII. Bienvenidas al rinconcito terapéutico del ahistoricismo deliberado: monjas, vidas menudas, disecciones barrocas, entusiasmo carmelita, estrellatos transepocales, pecados nefandos y mucho más. El podcast que te hará tatuarte el dogma de la Inmaculada Concepción.

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