No quiero ser más la persona que soy. Pero no sé por dónde empezar a ser la próxima persona. Esta etapa de mi vida se llama: No sé dónde estoy parada, ni hacia dónde voy, pero ya detecté ciertos patrones. Mujeres que me gustan porque me tienta admirarlas. Nadie sabe qué hacer cuando creyó que algo duraría para siempre. Cuando pusiste tantos ladrillos que hasta levantaste una casa que ahora te protege del mundo y sus cuervos, pero también del cariño y el encanto. Trabajo desde los 15 y estoy curtida en lo que a carencia y renuncias se refiere. No me gusta decir "soy pobre". Porque, de hecho, mis ideas y mi mundo me hacen sentir millonaria. Pero no sólo de buenas intenciones respira una mujer de aire y de fuego, también hay representantes del pueblo que no le hacen honor a lo que digo, porque en nada lo representan. Y tiran por la borda todos tus sueños, por mucho empeño que pongas en conseguirlos. Nadie elige no tener para comer lo que le gusta, ni enfermarse y tener que depender de la medicina. Pero tampoco nadie merece ser una espalda sobre la cual se pone demasiado peso o expectativas. Escribir es exorcizar las culpas. Y sentirse culposa, no es más que otro triunfo de un sistema extremadamente machista y capitalista. Creo en Dios como algo que no tiene forma, pero está en todos lados. De hecho, a veces, cuando las fuerzas flaquean le pido asistencia al 0800-Que se haga tu voluntad y no la mía. No quiero ser yo quien elija. Quiero que, en todo caso, esa fuerza que me excede direccione mis pasos -señales o códigos mediante- hacia lo que es mejor para mí, para sentir amor nuevamente ¡y sentirme amada! ¡cartón lleno! Aunque hoy esté cansada de intentarlo. El corazón es un músculo enfermo, Calamaro. Necesita demasiada quietud, y bondad, para engendrar el milagro. Por eso, algunas, le aullamos a la luna, todavía. Porque no creemos en la invención de los relojes. El "aquí y ahora" es todo lo que existe. No hay ayer, no hay mañana, sólo un enorme recipiente en el cual nos depositamos. Gracias a él nos nutrimos. Después de él, dejamos semillas que algún día serán árboles que, aún después de muertos, darán sombra y problemas técnicos a quienes tengan que recibir, de los vecinos, los reclamos. ¿Desde cuándo vivimos en una realidad en la que los edificios pasaron a ser moneda corriente en lugar de los limpios y amplios campos? No existe tal cosa como el lugar o estado ideal, pero qué lindo sería vivir con un jazmín en la nariz y una margarita entre los ojos. Ser mujeres-margaritas, quizá, pero no mujeres-cactus. Y mostrar y ofrendar nuestros dones, cotidianamente. Agradecidas, pero no por eso menos incómodas. Porque hacerte mujer, Simone de Beauvoir, es lidiar con la molestia del "debo pero quiero". Y ahí se juega por entero nuestro corazón, con su afán de seguir siendo dulce, letal, conflictuado pero cada día más parecido a la mirada orgullosa con la que nos mira, sutil y arduamente, la niña que fuimos. Como diciendo, de alguna manera, "los años pasan, muchachita, pero a vos y a mí no nos han vencido". Al principio no intuía nada. Sobre el final -ahora que lo veo- algo intuyo.