1433 – Mt 28:5-6 – La resurrección de Jesús. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. La resurrección del Señor Jesucristo es el acontecimiento más importante de toda la historia, central en el plan redentor de Dios, fundamento del evangelio, la verdad, y esperanza esencial para el cristianismo. Pablo enseña que “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.” (1Co 15:17). Jesucristo murió y fue sepultado. Por Juan sabemos que: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.” (Jn 19:30). Otra evidencia que da Juan de que murió es que “uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” (Jn 19:34). Marcos registra que el centurión por su experiencia garantizó que Jesús murió y fue sepultado por José de Arimatea y Nicodemo (Mt 27:57-61; Mr 15:42-47; Lc 23:50-56; Jn 19:38-42). La tumba vacía. Los primeros testigos de la resurrección de Cristo y su tumba vacía, fueron las mujeres que habían sido sus seguidoras. (Mt 28:1-10; Mr 16:1-8; Lc 24:1-10; Jn 20:1, 11-18). Mateo informa que “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” (Mt 28:1-6). Lucas dice que: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.” (Lc 24:5-6). Isaías profetizó: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” (Is 53:10). Las tumbas de Confucio, Buda y Mahoma siguen ocupadas. La tumba de Jesús está y seguirá vacía. Los discípulos incrédulos. Las mujeres fueron y dieron el informe a los apóstoles de la tumba vacía y resurrección de Jesucristo, pero no les creyeron. Lucas dice que: “Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.” (Lc 24:11-12). Jesús aparece a sus discípulos. Mateo solo informa, que mientras María Magdalena y la otra María iban a dar las nuevas a los discípulos, “he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.” (Mt 28:8-10). Lucas registra que dos de los discípulos van camino de Emaús desanimados por la muerte de Jesús y el Señor Jesucristo se les aparece y recuerda todo lo que debía padecer el Mesías desde Moisés pasando por los profetas. Jesús aparece luego a los diez discípulos, muestra las pruebas de su crucifixión y come con ellos: “mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo