Descansando en Dios

Francisco Atencio

Devocional Cristiano Doctrinal

  1. 12h ago

    1454 - Juan. Una comida milagrosa. Jn 6:13

    1454 – Jn 6:13 – Una comida milagrosa. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Juan continúa presentando las señales que dan evidencia de la deidad de Jesús. La alimentación milagrosa es la cuarta señal que Juan utiliza para demostrar que Jesús es el Mesías esperado, el Hijo de Dios. Esta es la única señal que Juan toma de los evangelios sinópticos, lo que significa que es la única que se encuentra en todos los evangelios. Este milagro prepara la antesala del segundo discurso de Jesús sobre el pan de vida con la primera afirmación de los siete “Yo Soy”, afirmando: “Yo Soy el pan de vida” (Jn 6:35). La multitud siguiendo señales (Jn 6:1-4). “Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.” Los Evangelios sinópticos sugieren dos razones para que Jesús y sus discípulos se apartaran hacia la región oriental del lago. R1. Los discípulos necesitaban un descanso por que acababan de regresar de una misión de predicación (Mr 6:7-13, 30) y Jesús también había estado ministrando intensamente mientras ellos no estaban (Mt 11:1). R2. Porque Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan el Bautista (Mt 14:13-14). La multitud no estaba motivada por la fe, el arrepentimiento o el amor genuino hacia Jesús. Lo seguían porque veían las señales de sanidades. (Jn 4:46-54; Mt 8:2-4, 5-13, 14-17, 28-34; 9:1-8, 18-26, 27-33; 12:9-13). Seguían las emociones y buscaban los beneficios para sus vidas físicas, no en sus vidas espirituales. Los discípulos con poca fe (Jn 6:5-9). Jesús reacciona cuando “vio que había venido a Él gran multitud”. A pesar que la multitud buscaba superficialmente a Dios, Jesús tuvo compasión de ellos. Los Evangelios sinópticos dicen que “sanó a los que de ellos estaban enfermos” (Mt. 14:14) y “les hablaba del reino de Dios” (Lc. 9:11). Marcos dice que Jesús “tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Mr. 6:34; Nm 27:17; 1Re 22:17; Mt 9:36). Jesús luego dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque Él sabía lo que había de hacer.” La fe de los discípulos también sería probada como es probada la de los creyentes hoy, si es necesario (1Pe 1:6-7; Stg 1:2-4; Ro 5:3-5). Las pruebas permitidas por el Señor son para crecimiento en la fe y en lo espiritual. La fe de Felipe y la del resto de los doce demostró ser poca y exclamó sin esperanza: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco”. Entonces: “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos”. Andrés finaliza preguntando a Jesús “mas ¿qué es esto para tantos?” Al igual que Felipe, Andrés tampoco pasó la prueba de la fe. La comida que calmó el apetito (Jn 6:10-13). “Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Los cuatro Evangelios afirman que había cinco mil hombres presentes, sin contar las mujeres y los niños (Mt. 14:21). Calculando un número razonable de mujeres y niños, el número total de personas probablemente estuviera entre quince mil y veinte mil. Jesús mandó a que los recostaran en la hierba distribuidos que facilitará la entrega de la comida y también ayudó a contabilizar la cantidad de personas (Mr 6:40). Entonces Jesús tomó “aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían”. Mateo, Marcos y Lucas registran que el Señor repartió la comida a la multitud a través de sus discípulos.

  2. 1d ago

    1453 - Juan. Testigos de la divinidad de Cristo. Jn 5:39-40

    1453 – Jn 5:39-40 – Testigos de la divinidad de Cristo. Escudriñáis las Escrituras porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de Mí, ¡y no queréis venir a Mí para tener vida! BTX4. Jesús luego de afirmar su igualdad a Dios Padre en la plenitud de su deidad, diciendo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Jn 5:17), procede a justificar esa igualdad por medio del testimonio. Para los judíos era necesario presentar el testimonio de dos o tres testigos para asegurar una verdad. Jesús pasa a dar confirmaciones adicionales usando cuatro fuentes o testigos que corroboran sus afirmaciones que son: el testimonio del precursor Juan el Bautista, las obras realizadas por Jesús, la palabra de Dios Padre y las Escrituras donde recordará el testimonio dado por Moisés sobre Él. El justo juicio de Jesús (Jn 5:30-31). Jesús resume su igualdad con el Padre afirmando: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” La sentencia de juicio de Jesús es justa. Nadie podrá decir nada de Su modo de juzgar, puesto que la voluntad de Jesús es la misma del Padre, así que la voluntad de uno es igual a la del otro. Sin embargo, Jesús aclara: “Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.” El asunto no era si ese testimonio era verdadero, era si sus oponentes le creerían. Entonces Jesús ofreció más testimonio a manera de evidencia. Jesús estaba hablando a judíos para quienes el testimonio no es válido sino está refrendado por dos, tres o más testigos que coincidan independientemente con el testimonio afirmado (Dt 19:15). Este principio se sigue usando en el NT (Mt 18:15-17; 2Co 13:1; 1Ti 5:19). El testimonio de Jesús es cierto porque el Padre da confirmación a las palabras de Su Hijo, siendo ya dos testigos (Jn 8:17). Pero hay todavía más. Él tiene testimonio de otro, el Padre (Jn 5:32, 37), de Juan el Bautista (Jn 5:33), de Moisés Jn 5:45), y el de las Escrituras (Jn 5:39). Por lo cual, todos ellos coinciden con las palabras de Jesús, dando a Sus palabras garantía de veracidad plena. El testimonio de Juan el Bautista (Jn 5:33-35). “Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.” El propósito del ministerio de Juan el Bautista era preparar a la nación para el Mesías (Jn 1:23) e identificarlo cuando llegara (Jn 1:31). Por lo tanto, “Juan dio testimonio de Jesús, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo” (Jn 1:15). El testimonio de Juan el Bautista respaldaba las afirmaciones de Jesús sobre ser el Mesías. (Jn 3:28). El testimonio de las obras de Cristo (Jn 5:36). “Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.” El testimonio de Juan el Bautista era importante, pero Jesús daba mayor testimonio por los milagros, señales reconocidas por: Nicodemo en Jn 3:2. Por los que creyeron en Él (Jn 7:31). Sus propios enemigos: “los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales” (Jn 11:47). Jesús dijo a sus enemigos: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;” (Jn 10:25). Se refirió a otras obras milagrosas para confirmar que era el Mesías en Jn 10:37-38; 14:11; Mt 11:3-5. Los Evangelios registran al menos tres docenas de milagros y muchos más no mencionados (Jn 20:30). El testimonio de Dios Padre (Jn 5:32, 37-38). “Otro es el que da testimonio acerca de mí,

  3. 4d ago

    1452 - Juan. Las dos resurrecciones. Jn 5:28-29

    1452 – Jn 5:28-29 – Las dos resurrecciones. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.   Desde Job el primer libro escrito en la Biblia se hace la pregunta “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). La Biblia responde enfáticamente: Sí. Todas las personas, creyentes e incrédulas, resucitarán de los muertos un día. Todos vivirán para siempre, consciente e individualmente. Unos para vida eterna y otros para condenación eterna. Hay dos aspectos de esa resurrección para el creyente: espiritual y física. La resurrección espiritual del creyente es el nuevo nacimiento, pasar de muerte espiritual a vida espiritual, al aceptar a Jesucristo como su único Señor y Salvador. La resurrección física es con un nuevo cuerpo glorificado para la vida eterna. La Biblia enseña que los incrédulos también experimentarán la resurrección física con un cuerpo para la condenación eterna. Pero como nunca experimentaron la resurrección espiritual, resucitarán para enfrentar la sentencia final ante el gran trono blanco. (Ap 20:11-15). La resurrección espiritual. (Jn 5:24-26). Jesús afirma: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” En lo espiritual, los cristianos resucitan cuando Dios imparte la salvación a sus almas previamente muertas. Aunque estaban muertos en delitos y pecados (Ef 2:1), ahora disfrutan la vida nueva en Cristo (Ef 2:5; Ro 6:4). Jesús en Jn 5:24-26 enseña sobre la resurrección espiritual conocida como la doctrina del nuevo nacimiento, la regeneración, los que por creer en Cristo han nacido de nuevo pasando de muerte a vida espiritual. Pablo llama esta resurrección espiritual haber “resucitado con Cristo”, y enseña con detalle esta doctrina en Ro 6:1-6. Pablo no acostumbra a repetir el detalle de sus enseñanzas, sino que luego solo hace breves referencias de la resurrección espiritual en 2Co 5:17; Ef 2:6; Col 2:12-13; 3:1-3; Tito 3:3-6. Pablo enseña: “Puesto que fuisteis resucitados juntamente con CRISTO, buscad las cosas de arriba, donde está sentado CRISTO a la diestra de DIOS.  Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque moristeis, y vuestra vida ha sido escondida con CRISTO en DIOS.” (Col 3:1-3). BTX4. La resurrección física (Jn 5:27-29). Jesús afirma: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” La resurrección de los muertos es una verdad bíblica creída tanto por los creyentes del AT y NT. La base doctrinal de la resurrección son las palabras de Jesús acá en Jn 5:28-29, un eco directo de la profecía. Daniel escribe: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Dn 12:2). Otras referencias en el AT están en Job 19:25-27. Abraham también creyó en la resurrección (Gn 22:5; He 11:17-19). Otras referencias están en Is 26:19; Os 13:14. En el NT el apóstol Pablo enseña sobre la resurrección: "Teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos" (Hch 24:15).

  4. 5d ago

    1451 - Juan. La autoridad de Jesús. Jn 5:19

    1451 – Jn 5:19 – La autoridad de Jesús. Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. EL evangelio de Juan 5:19-47 registra el discurso de Jesucristo afirmando igualdad absoluta con Dios. Jesús afirma: “Yo y el Padre uno somos” (Jn 10:30), “el que me ve, ve al que me envió” (Jn 12:45) y “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). La sección de Jn 5:17-26 contiene la declaración más doctrinal e importante que Cristo mismo hace de su deidad no registrada en los evangelios sinópticos. Por lo cual, es uno de los discursos cristológicos más sobresalientes en la Biblia. Luego dará un claro testimonio de testigos distintos a Su propia palabra en Jn 5:31-47. Jesús hace unas seis afirmaciones de su igualdad absoluta con Dios para demostrar su autoridad divina: 1) Él es igual a Dios en su persona (Jn 5:17-18). 2) Él es igual a Dios en sus obras (Jn 5:19-20). 3) Él es igual a Dios en su poder y soberanía (Jn 5:21). 4) Él es igual a Dios en su juicio (Jn 5:22). 5) Él es igual a Dios en su honra (Jn 5:23). 6) Es igual a Dios en poder para dar vida eterna (Jn 5:24-26). Jesús demostró la gran diferencia entre la autoridad de Dios y la autoridad del hombre. La autoridad de Jesús es una autoridad suprema que viene de Dios Padre. Jesús es igual a Dios Padre en cuanto a su persona (Jn 5:17-18). “Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” La relación con la Deidad, está presente. La frase es profunda: Como quiera que el Padre trabaja, de otro modo, como Dios trabaja, Yo también trabajo, por tanto, Jesús está diciéndoles a todos los presente que era también Dios, en la unidad con el Padre. “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.” Jesús afirmará: “Yo y el Padre uno somos.” (Jn 10:30). Jesús es igual a Dios Padre en cuanto a sus obras (Jn 5:19-20). ”Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.” Siempre actuaba en armonía perfecta y subordinación a la voluntad del Padre. Jesús agrega: “Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.” La armonía perfecta que caracteriza la obra conjunta del Padre y el Hijo nace de la unidad de esencia absoluta de la que ambos participan (Jn 17:21). Como son uno en su ser, un Dios eterno (Jn 10:30), ver actuar a Cristo es ver actuar a Dios (Jn 12:45; 14:9-10; Col 2:9). Jesús es igual a Dios Padre en cuanto a su poder y soberanía (Jn 5:21). “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.” La Biblia enseña que solo Dios tiene el poder de dar vida a los muertos (Dt 32:29; 1Sa 2:6; 2Re 5:7; Hch 26:8; 2Co 1:9; He 11:19). Como tiene el mismo poder del Padre, Jesucristo es capaz de levantar a quienes están físicamente muertos (Jn 11:25-44; Mt 9:18-25; Lc 7:11-15; Jn 6:39-40, 44). Además, tiene el poder para dar vida espiritual a quienes están espiritualmente muertos. (Jn 4:14). Porque Jesús es “el pan de Dios… que descendió del cielo y da vida al mundo” (Jn 1:4; 6:27, 33; 35, 48, 54; 10:28; 11:25; 14:6; 17:2). Jesús es igual a Dios Padre en su juicio (Jn 5:22, 27). La deidad de Cristo se avala aún más porque Dios es “el Juez de toda la tierra” (Gn 18:25; 1Sa 2:10; 1Cr 16:33; Sal 82:8; 94:2; 96:13; 98:9), pero “el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. (Hch 17:31; Ro 2:16; 2Co 5:10; 2Ts 1:7-8; 2Ti 4:1; He 9:27; 2Pe 3:7; Jud 1:14-15).

  5. 6d ago

    1450 - Juan. Jesús es perseguido. Jn 5:15-16

    1450 – Jn 5:15-16 – Jesús es perseguido. El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Con este capítulo de Juan 5 se inicia la tercera parte del evangelio de Juan centrado en la persecución a Jesús. Ya que Juan registra el continuo conflicto provocado por el liderazgo religioso de Israel contra Jesús. Las multitudes que seguían la poderosa predicación de la Palabra de Dios y los milagros hechos por Jesús generaron su persecución por los lideres religiosos (Mt 4:25; 8:1; 13:22). Lucas registra un tiempo en que se juntaron “por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban” para oír a Jesús (Lc 12:1). Juan 5-7 muestra el proceso: Al inicio Jesús evitó la confrontación con los religiosos (Jn 4:1-3), pero luego comenzó el rechazo directo de los fariseos que responden a Jesús: “¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.” (Jn 7:52). Los capítulos Jn 5 y Jn 7 describen la oposición que enfrentó en Judea, el capítulo Jn 6 registra la oposición en Galilea. Las multitudes que acudían a Jesús, lo hacían sobre todo por curiosidad. No estaban comprometidos con Él o su evangelio del reino. Por lo cual, Jesús no se comprometía con ellos y los confrontaba diciéndoles “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (Jn 6:26, 64). Al final, las multitudes rechazaron a Jesús siguiendo el ejemplo de sus líderes religiosos. Juan nos informa que: “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él.” (Jn 6:66). El rechazo final se produjo en el juicio de Jesús ante Pilato, la multitud gritaba “¡Sea crucificado!… Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mt 27:23-25). El milagro de la sanidad de un paralítico (Jn 5:1-9). “Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.” Precisar cuál era la fiesta celebrada en Jerusalén no es lo importante para el evangelista, sino la ocasión en que va a celebrarse el milagro en los días de la fiesta, que era un sábado, en el día de reposo judío. Observar las regulaciones del día de reposo era central en el judaísmo legalista de los tiempos de Jesús. Las reglas de los rabinos malinterpretaban el designio de Dios para el día de reposo. (Mr 2:27-28). Juan sigue diciendo “Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.” Entre quienes se reunían en el estanque esperando un milagro se encontraba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo (Jn 5:2-5). Una de las señales mesiánicas tenía que ver con la restauración de los cojos, que saltarían cuando viniese el Mesías (Is 35:6). Jesús lo vio acostado cerca al estaque y supo por su omnisciencia, que llevaba ya mucho tiempo así y le dijo: “¿Quieres ser sano?”. Jesús preguntaba al necesitado por varios propósitos: aseguraba toda la atención de aquel hombre, le ofrecía sanidad y le comunicaba la profundidad del amor y preocupación de Cristo. El paralítico en lugar de pedirle al Señor la sanidad, respondió expresando su fe en el poder sanador del estanque, diciendo: “Señor no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo”. Pero Jesús le dio más de lo que pudiera haber esperado; con autoridad le ordenó: “Levántate, toma tu lecho, y anda” (Jn 5:8). Igual ordenó a un paralítico en Mr 2:11. Los tres verbos imperativos expresan la totalidad de la sanidad: el hombre debía levantarse, cargar el lecho (la estera de paja) sobre la cual estaba recostado e irse.

  6. Oct 27

    1449 - Juan. Respuesta a la incredulidad. Jn 4:53

    1449 – Jn 4:53 – Respuesta a la incredulidad. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. Juan registra el segundo milagro realizado por Jesús en su primer año de ministerio. Este milagro no está en los evangelios sinópticos. El relato de la sanidad del hijo de un noble es la segunda "señal" de las ocho principales que Juan emplea para resaltar la verdadera identidad de Jesús a fin de promover la fe en sus lectores. El Señor continúa su viaje a Galilea luego del paréntesis que hace de dos días con los samaritanos. Al llegar a Galilea considera la incredulidad de la gente que lo conoce desde su niñez con el proverbio, “el profeta no tiene honra en su propia tierra.” Este proverbio, citado también en Mt 13:57 y en Mr 6:4, muestra también el contraste entre la respuesta de fe de los samaritanos (Jn 4:39) y la incredulidad que caracterizaba al propio pueblo de Jesús en Galilea y en Judea. Por el contrario, en Samaria Jesús había gozado de total reconocimiento y libre de oposición. El corazón de su propio pueblo estaba cerrado a Él y se mostraba receloso y duro. Confronta esa incredulidad cuando un oficial del rey solicita la sanidad de su hijo enfermo y finalmente dará respuesta a la incredulidad con el milagro de sanidad a distancia. Jesús considera la incredulidad (Jn 4:43-45).” Dos días después, salió de allí y fue a Galilea.” El Señor salió de Samaria y se fue a Galilea. El versículo sirve de transición entre el tiempo pasado con los samaritanos y la estadía en Galilea. La tierra de Jesús en el Evangelio, como se ha dicho antes, es Galilea. De ahí que los apóstoles son galileos todos, salvo uno, Judas, que es de Judea. Aunque Jesús nació en Belén, su vida transcurrió en Galilea, por tanto, esa era Su tierra. Acá Juan se conecta con los evangelios sinóptico para dar inicio al segundo año del ministerio de Jesús. Mateo y Lucas registran el ministerio de Jesús a partir del segundo año. “Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías 9:1-2.” (Mt 4:12-16; Lc 4:14-15). Por lo cual, entre Mt 4:11 y Mt 4:12 transcurre un año, igual entre Lc 4:13 y Lc 4:14. Juan registra que Jesús considera la incredulidad de su pueblo, diciendo: “Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.” Jesús se condujo siempre buscando no general conflictos. Va a Galilea buscando tener menos reconocimiento y evitar conflictos con los religiosos durante su ministerio. “Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.” Fue recibido en Galilea amablemente, no porque creyeron en Él, sino por el impacto de las señales que vieron que hizo en la fiesta de la Pascua (Jn 2:23). Jesús confronta la incredulidad (Jn 4:46-49).” Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.” Juan registra el milagro de la sanidad del hijo del oficial del rey, que se encontraba en Capernaum. La sanidad será a distancia. En los sinópticos aparecen dos casos semejantes, la del criado del centurión (Mt 8:5-13; Lc 7:2-10) y el de la mujer siro fenicia (Mt 15:21-28; Mr 7:24-30). Este milagro es diferente a los que aparecen en los sinópticos. Solo uno de los ocho milagros seleccionados por Juan se repite en los sinópticos que es de la comida milagrosa con la alimentación de los cinco mil (Jn 6:1-15). La sanidad es a un hijo de un noble, probablemente funcionario de Herodes Antipas. Las actitudes, circunstancias y lugares son diferentes, de modo que no deben ser confundidos los relatos. El funcionario escuchó la llegada de Jesús

  7. Oct 25

    1448 - Juan. El Salvador del mundo. Jn 4:42

    1448 – Jn 4:42 – El Salvador del mundo. y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo. Cristo rompió totalmente el esquema socio cultural de su tiempo. Las mujeres estuvieron presentes en Su ministerio y algunas proveían de los recursos económicos necesarios para llevarlo a cabo. Mientras los discípulos iban a comprar comida se desarrolló la conversación entre Jesús y la mujer samaritana. La conversación llegó a su final con Jesús afirmando que Él era el Cristo esperado, diciendo: “Yo soy, el que habla contigo”. (Jn 4:26). Es la primera de vez de veintitrés (23) veces que lo afirma en el evangelio de Juan. Entre los cuales se encuentran los siete (7) “Yo soy” usado con una metáfora. En uno de estos Jesús afirma: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jn 14:6). Cristo y su control soberano del tiempo (Jn 4:27). Jesús revela a la mujer samaritana que es el Cristo afirmando: Yo soy, el que habla contigo. Entonces la conversación entre Jesús y la mujer samaritana fue interrumpida con el regreso de los discípulos. “En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?” (Jn 4:27). En esto vinieron sus discípulos de comprar comida en Sicar (Jn 4:8) en el momento exacto en que Jesús le revelaba a la samaritana que era el Mesías. La providencia divina estaba obrando. Si hubiesen regresando antes de la declaración de Jesús, la mujer samaritana no habría escuchado que era “el Cristo”. Cristo y su poder piadoso. (Jn 4:28-30). “Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a Él.” La mujer samaritana impactada por las palabras de Jesús dejo el cántaro que llevó al pozo de Jacob para buscar agua, pero regresaba a su ciudad llena del agua viva. La mujer fue a la ciudad, reunió a la multitud y le dijo emocionada: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Un extraño que conociera todo sobre su pasado difícilmente podía ser alguien común y corriente. La mujer ya había reconocido su necesidad (Jn 4:15), su pecado (Jn 4:19), su condición verdadera (Jn 4:26) y que Jesús era la fuente de la vida eterna. Ahora la mujer samaritana deseaba con ansias comunicar a los demás su descubrimiento y con poco conocimiento de Jesús se convierte en la primera mujer evangelizadora, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Fil 2:13). Cristo y su comunión con el Padre (Jn 4:31-34). Los discípulos de Jesús ”le rogaban: Rabí, come”. Jesús les responde: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.” Los discípulos no entendían las palabras de Jesús y “decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?” Pero Jesús tenía una prioridad más alta que comer. Mateo y Lucas en su evangelio registraron que Jesús durante la tentación en el desierto respondió a Satanás: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Dt 8:3; Mt 4:4; Lc 4:4). Ahora Jesús, con su omnisciencia, conocía la inquietud de sus discípulos y les responde: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” Jesús se refería al Dios Padre como “el que [lo] envió” (Jn 5:24; 6:38-39; 7:16, 28-29; 8:16). La meta de Jesús durante su ministerio terrenal era acabar su obra de salvación (Jn 6:38-40). Jesús vivió haciendo la voluntad del Padre hasta el final victorioso en la cruz afirmando: “Consumado es” (Jn 19:30). Cristo y su conocimiento espiritual del ser humano (Jn 4:35-38). “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.”

  8. Oct 23

    1447 - Juan. El agua viva. Jn 4:10

    1447 – Jn 4:10 – El agua viva. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan tiene un propósito teológico al escribir este relato de modo que la frase “le era necesario pasar por Samaria”, no debe tomarse en sentido geográfico, sino espiritual. Jesús debía pasar por Samaria, porque allí tendría lugar el encuentro con los samaritanos que también necesitaban conocerlo como el Mesías prometido. Después de Pentecostés, Felipe iniciaría la primera iglesia cristiana en Samaría (Hch 8:4-25). El agua viva pasa por Samaría (Jn 4:1-6). El Señor quería capacitar a sus discípulos, solo cinco hasta ese momento, y para salvar el alma de una mujer, por eso “le era necesario pasar por Samaria”. Juan resalta los nombres Samaria, Sicar (cerca de Siquem heredad de Josè - Josué 24:32), pozo de Jacob para hacer referencia de la relación hostil entre judíos y Samaritanos. Sicar: tiene dos significados, ciudad de la falsedad o ciudad de borrachos. El pozo de Jacob está al pie del monte Gerizim donde se encontraba el templo de los samaritanos. La ruta más corta, pero no la más popular era pasar por Samaria: Los samaritanos eran rechazados por los judíos ya que se habían mezclado con naciones gentiles cuando fueron llevados en cautiverio por los Asirios (2Re 17). Juan muestra la humanidad de Jesús: Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.” El agua viva evangelizando (Jn 4:7-15). “Vino una mujer de Samaria a sacar agua.” Al pozo de Jacob llega una mujer Samaritana a buscar agua la hora sexta (al mediodía). A esta hora no acostumbraban las mujeres ir a buscar agua, lo hacían antes de salir el sol, 6:00 am, o al caer el sol a las 6:00 pm. ¿Por qué esta mujer buscaba agua a esta hora y sola? El Señor interactúa, con la mujer samaritana por lo menos seis veces, y en todas ellas trató de defenderse, evitarlas o cambiar el tema. Una mujer que llevaba la armadura emocional de una persona menospreciada, aporreada, maltratada por la moralidad de la sociedad. Jesús durante toda la conversación respeta su vulnerabilidad. Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Dame de beber.” Jesús rompe tres barreras: la del sexo, la raza y la religión. Esta mujer (1) era samaritana, miembro de la odiada raza mixta judía, (2) tenía una mala reputación, y (3) estaba en un lugar público. Ningún judío respetable le hablaba a una mujer bajo estas circunstancias. Pero Jesús lo hizo porque el evangelio es para todos, sin importar raza, posición social ni pecados cometidos. Dios es imparcial no hace acepción de personas. La mujer sorprendida que un judío le hablara dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” Jesús no respondió a la actitud defensiva de la mujer y apela a despertar la curiosidad diciéndole: “Si conocieras el don (regalo) de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” Ella responde de manera sarcástica (burlándose): Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Jesús recurre a la necesidad espiritual y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. El agua viva convenciendo (Jn 4:16-20). Jesús pone fin a sus desvíos apelando al interés personal de la mujer: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Ella respondió cambiando de tema: No tengo marido. (Jn 4:16-17a).

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