Descansando en Dios

Francisco Atencio

Devocional Cristiano Doctrinal

  1. 2d ago

    1382 - Evangelios. El cuidado de los hijos de Dios. Mt 18:10

    1382 – Mt 18:10 – El cuidado de los hijos de Dios. Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.   El Señor pasa a enseñar las razones por las cuales no debemos menospreciarnos entre los cristianos. “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños” (Mt 18:10a). Algunas razones por la que los creyentes menosprecian a otros creyentes son: R1. Cuando son indiferentes o críticos ante un hermano en la fe que tropieza espiritualmente. Cuando cae en pecado, especialmente si el pecado es público y notorio. R2. Se resienten con un hermano en la fe que les confronta por su pecado. En lugar de enfrentar y arrepentirse del pecado señalado y agradecer a quien los confronta, se molestan y desprecian al hermano. R3. Cuando no logra sacar provecho de otro cristiano para beneficio personal. R4. Cuando ridiculizan su apariencia física. De Pablo dijeron: “Sus cartas son duras y fuertes, pero él en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso” (2Co 10:10). BNVI. R5. Cuando negamos la ayuda a los que están en necesidad. Pablo, Santiago y Juan exhortan de no menospreciar al cristiano necesitado (1Co 11:20-22; Stg 2:15-16; 1Jn 3:17-18). R6. Cuando mostramos parcialidad cometiendo el pecado de hacer acepción de personas (Stg 2:1-13). R7. Cuando menospreciamos a los cristianos débiles en la fe. (Ro 14:10-13). La relación de los ángeles y el cristiano (Mt 18:10b). “porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” La primera razón que da el Señor para no menospreciarnos entre cristianos es el apoyo que recibimos de los ángeles. El escritor a los Hebreos explica que los ángeles “son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (He 1:14). El propósito que tienen es servir a Dios dedicándose al servicio de su pueblo. Estos ángeles en los cielos viven en la misma presencia de Dios, donde esperan con atención las órdenes divinas de servir al pueblo que Él ama. Jesús añadió: “Ellos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Los ángeles no quitan sus ojos de Dios, esperando la instrucción para servir al creyente. Este versículo no enseña la idea de un ángel individual de la guardia para cada creyente, como enseñaba la tradición judía en la época de Jesús y como otras religiones cree y enseña. Cuando Pedro tocó a la puerta de la casa de María después de ser milagrosamente liberado de la cárcel, una joven criada llamada Rode contestó. Al ver a Pedro se puso tan contenta que olvidó abrir la puerta y fue a informar a los creyentes reunidos adentro, pero estos insistieron que “¡Es su ángel!”, creían que era el ángel guardián de Pedro (Hch 12:12-15). Pero esa idea supersticiosa registrada solo en este texto; no se enseña ni se fundamenta aquí ni en ninguna otra parte de la Biblia. Así que, la falsa doctrina del ángel de la guarda no es bíblico, los ángeles son solo servidores de los cristianos, y si solo si son autorizados por Dios Padre. La relación de Cristo con el cristiano (Mt 18:11). “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” La segunda razón para no despreciar a los hermanos en la fe, es que todos somos miembros del cuerpo de Cristo. El Señor acababa de manifestar que “cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mt 18:5). Todo creyente verdadero, por joven, inmaduro, poco fiel, sin atractivo o carente que sea, es uno con Jesucristo, comprado con su propia sangre preciosa. Por consiguiente, menospreciar a cualquier cristiano y considerarlo inútil es despreciar a Cristo mismo. Cuando comisionó a los setenta, Jesús declaró: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lc 10:16).

  2. 3d ago

    1381 - Evangelios. El peligro de hacer tropezar a un cristiano. Mt 18:6

    1381 – Mt 18:6 – El peligro de hacer tropezar a un cristiano. Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. Cristo y los creyentes forman una unidad inseparable. Por lo tanto, el que recibe a un creyente en el nombre del Señor es como si estuviera recibiendo a Cristo mismo. Igualmente, el Señor enseña que quién maltrata a un cristiano está maltratando a Cristo. Sea causado el maltrato a un cristiano por el peor perseguidor o de un creyente que causa maltrato, tropiezo, perjudica a otro hermano en la fe, el resultado es igual: Cristo es atacado. De manera metafórica están metiendo los dedos en los ojos de Dios (Zc 2:8). Jesús a Saulo (Pablo) que perseguía a la iglesia, antes de ser cristiano, iba camino a Damasco a encarcelar y quitar la vida a más cristianos, lo dejó ciego y en el suelo. Jesús le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Pablo respondió “¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Pablo fue temeroso de Dios y obediente. Su reacción inmediata, “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” Pablo se arrepintió y dejó su pecado siguiendo y sirviendo a Cristo con temor y temblor, y sugiriendo al creyente Fil 2:12. Mejor morir que ser de tropiezo (Mt 18:6). “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” El Señor cuando dice, “alguno de estos pequeños que creen en mí”, no se está refiriendo a niños físicos sino espirituales. Nos recuerda lo que enseñó anteriormente en Mt 18:3-5 usando de manera metafórica a un niño. Jesús al decir “haga tropezar” está hablando de tropiezo moral y espiritual, es decir de pecar. Tropezar significa hacer caer. Por lo tanto, el Señor está hablando aquí de tentar, atrapar o influenciar en un creyente en alguna forma que lo lleve a pecar o en alguna manera que le facilite caer en pecado. Una persona que es responsable por hacer que un cristiano peque comete un agravio contra Cristo mismo, así como contra el cristiano. Un ejemplo de esta enseñanza son los doce discípulos que estaban discutiendo por ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt 18:1); no solo estaban pecando a causa de su propio orgullo y jactancia, sino también porque estaban incitándose mutuamente a tener envidia, celos y enojo. Arruinar el carácter de un santo o retrasar su crecimiento espiritual es algo atroz a los ojos de Dios, porque equivale a atacar a su amado Hijo Jesucristo. Zacarías declaró que cualquiera que haga daño al pueblo de Dios, Israel, “toca a la niña de su ojo” (Zc 2:8). “La niña del ojo” era una figura antigua para la córnea, la parte más delicada y sensible del cuerpo. La idea es que cualquiera que daña al pueblo de Dios pincha el ojo de Dios, causándole grave irritación al Soberano. Algunos ejemplos de hacer pecar, tropezar a los hermanos de la fe: Enseñando falsas doctrinas (Ap 2:14-15, 20-22). Influenciar para evadir la ley civil (Ro 13:7). Provocando a ira a los hijos (Ef 6:4). Dando mal testimonio (1Ti 4:12; 6:9). Hacer tropezar al débil en la fe, a los que tienen poco conocimiento de la Palabra de Dios (Ro 14:13; 1Co 8:9-12). Abusando de la autoridad delegada al no hacerlo “en el temor de Dios” (Ef 5:21). Al no exhortarlo a hacer justicia (He 10:24). El Señor recomienda que antes que sea de tropiezo, mejor es que muera, echándole un buen baño en lo profundo del mar con una piedra de molino bien pesada y atada al cuello. Esto evitaría el daño irreparable que puede hacérsele a un niño en

  3. 4d ago

    1380 - Evangelios. Quién es el mayor en el reino de los cielos. Mt 18:1

    1380 – Mt 18:1 – Quién es el mayor en el reino de los cielos. En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?   En Mateo 18:1-35 encontramos el cuarto de los cinco sermones de Jesús. Este cuarto sermón es sobre el discipulado cristiano. El contenido del cuarto sermón puede ser estructurado en dos grandes partes: P1 La humildad (Mt 18:1-20). P2. El perdón (Mt 18:21-35). Estas dos partes pueden subdividirse en cinco enseñanzas: E1. La condición espiritual para entrar en el reino de los cielos (Mt 18:1-5). E2. El peligro de hacer tropezar a un cristiano (Mt 18:6-9). E3. El cuidado que reciben los hijos de Dios (Mt 18:10-14). E4. La disciplina de santidad que se debe ejercer para mantener el nivel espiritual requerido para entrar en el reino de los cielos. (Mt 18:15-20). E5. Finaliza el cuarto sermón de Jesús con una parábola para enseñar sobre el perdón entre los hijos de Dios. (Mt 18:21-35). La primera enseñanza del cuarto sermón nos enseña sobre la humildad. Esta cualidad es esencial para entrar en el reino de los cielos. Jesús ya lo había enseñado en su primer sermón colocándola como base fundamental para el resto de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mt 5:3). ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt 18:1). Mateo inicia diciendo “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús,” no da detalles de la ubicación por ser cristológico y no cronológico. Este tiempo es mientras estaban en la casa en Capernaum. Por Marcos sabemos que los discípulos habían estado discutiendo por el camino a Capernaum sobre quien de ellos sería el mayor en el reino de los cielos. Jesús, en su omnisciencia, los confrontó al llegar “a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.” (Mr 9:33-34).  El salmista afirma la omnisciencia de Dios diciendo: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.” (Sal 139:2-4). Por lo cual, no podemos engañar a Dios porque Él conoce nuestros pensamientos y nuestro corazón. La omnisciencia de Dios nos recuerda que debemos acercarnos a Él con verdadera, genuina humildad y transparencia. Porque “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Sal 51:17). La preocupación de los discípulos no era asunto de santidad sino de dignidad. Mientras el Señor pensaba en humillación (Mt 17:22-23), ellos pensaban en la codicia de la gloria, ser exaltados. Jesús nos exhorta a vivir en sacrificio vivo cada día, en santidad, y no buscando cargos, posiciones o ser exaltados, reconocidos por el hombre. La lección de un niño (Mt 18:2-3). “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos.” Jesús usaba diferentes métodos para enseñar. Ahora el Señor llamó a un niño que vino a su lado y estaba en pie en medio de ellos, pero luego lo tomo en sus brazos como relata Mr 9:36. Allí estaban todos mirando a Jesús y al niño. Alguien pequeño para que los grandes aprendiesen de él. Jesús les “dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Mientras los discípulos discutían sobre posiciones, puestos en el reino, el Señor les habla de la entrada al reino. Los discípulos codiciaban puestos en el reino, pero primero tenían que accesar al reino. Los niños tienen dos aspectos positivos: Son conscientes de su pequeñez, un buen ejemplo de humildad; en segundo lugar, dependen de los mayores, lo que es una buena ilustración de la fe. El Señor exige que, para tener la seguridad de entrar al reino,

  4. 5d ago

    1379 - Evangelios. Enseñanza sobre los impuestos. Mt 17:24

    1379 – Mt 17:24 – Enseñanza sobre los impuestos. Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?   Desde la confesión de Pedro que Jesús era Cristo, el Hijo del Dios viviente, el Señor empezó a anunciar directamente su muerte y resurrección.  Este mensaje le resultaba extraño y difícil de entender. Jesús lo seguirá anunciando con cierta frecuencia camino a Jerusalén. Luego al llegar a Capernaum enseñará sobre el obedecer las normas, leyes establecidas como lo son los impuestos. Pablo luego enseñaría sobre la responsabilidad del creyente como ciudadano civil exhortando: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.” (Ro 13:7). Pedro también aprendió y exhortará: “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.” (1Pe 2:17). Jesús anuncia nuevamente su muerte y resurrección (Mt 17:22-23). “Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.” Jesús al inicio de su ministerio, de manera encubierta o velada, había anunciado su muerte (Mt 9:15; 12:39-40; 16:4). Pero desde que Pedro anunció que Jesús era el Cristo, el Señor empezó a anunciarlo directamente para que los discípulos pudieran entender (Mt 16:21). Cada vez que el Señor hacia esta afirmación sobre su muerte era extraño y no lo entendían sus discípulos generando profunda tristeza en ellos. Marcos y Lucas agregan detalles sobre la conmoción de los discípulos. Marcos dice: “Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.” (Mr 9:32). Lucas registra: “Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.” (Lc 9:45). Los discípulos guardaban silencio y se desconoce cuál era la razón de temor a preguntarle. Jesús estaba anunciando el cumplimiento del cuarto cántico del siervo sufriente en Isaías 53. “Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” (Is 53:7). El pago exigido (Mt 17:24-25a). “Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí.” Este incidente con los cobradores de impuesto solo lo narra Mateo y no tiene que ver con los publicanos, que cobraban los impuestos romanos, sino con uno de los impuestos judíos que establecía la ley como precio del rescate por la redención de personas que Dios había establecido en Ex 30:12-14; 38:26. Recordemos que Mateo escribe para demostrar a los judíos que Jesús cumplió con la ley y las profecías del Mesías prometido. Este impuesto anual lo pagaban los mayores de 20 años y era para el mantenimiento del templo y para el sostenimiento de los sacerdotes y levitas. Aprendemos que los únicos mayores de 20 años eran Jesús y uno de sus discípulos, Pedro. Los cobradores del impuesto verificaron la presencia de Jesús y que no había pagado el impuesto. Entonces preguntan a Pedro: “¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?” Pedro una vez más se precipita a responder y El dijo: Sí.”  Estaba seguro que Jesús pagaría el impuesto posiblemente por la afirmación de Jesús de no eliminar sino cumplir la ley (Mt 5:17-18). Debate sobre el principio (Mt 17:25b-26). “Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.” La sorpresa para Pedro es que al llegar a la casa Jesús, en su omnisciencia, ya sabía del incidente. El Señor hace reflexionar a Pedro con preguntas: ¿Qué te parece, Simón?

  5. 6d ago

    1378 - Evangelios. El poder de la fe. Mt 17:20

    1378 – Mt 17:20 – El poder de la fe. Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Lucas informa que este evento de la sanidad de un muchacho endemoniado registrado en Mateo 17:14-21 ocurrió al día siguiente de la transfiguración (Lc 9:37). Más adelante Lucas informará que el Señor se dirige a Jerusalén para ser crucificado: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.” (Lc 9:51). En Mateo 17:14 inicia una serie de enseñanzas hasta Mateo 20. La primera a los discípulos es sobre la fe. Así como la vida espiritual se recibe por fe, así también debe vivirse por fe. El escritor a los Hebreos afirma: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (He 11:6). La suplica de un padre (Mt 17:14-15). “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él.”  Al bajar del monte de la transfiguración había un gentío esperando el regreso de Jesús. Entre el gentío había un grupo de escribas que discutían con los nueve discípulos que quedaron esperando al pie del monte. El motivo de la confrontación no se conoce. Marcos dice que la presencia de Jesús causó “asombró, y corriendo a él, le saludaron” (Mr 9:14-15). Los tres evangelistas también guardan silencio sobre el motivo del asombro. Un hombre sale de entre la multitud al encuentro con Jesús y se arrodilló delante de él. Desde esa postura de humildad y reverencia el hombre expresó: “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo;”. El hijo era lunático, enfermedad que en ese tiempo la vinculaban con los cambios de la luna y en el léxico medico actual equivale a epiléptico.  El padre apela a la misericordia de Dios diciendo: “Señor, ten misericordia de mi hijo”. La situación del hijo era grave ya que el padre explicó que “muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.” Además, era sordo y mudo. Pero la situación era aún más grave porque estaba poseído por un demonio. (Lc 9:39). Marcos describe que todas las enfermedades era consecuencia de la acción diabólica (Mr 9:25). Cristo: “El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.” (1Pe 2:24). La impotencia de los discípulos (Mt 17:16). ”Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.” Los discípulos fueron investidos de poder para echar fuera demonios cuando fueron enviados a evangelizar. Pero este caso no lo pudieron sanar. Tal vez ese fue el caso de discusión de los escribas que aprovechaban cualquier ocasión para desprestigiar a Jesús. El mal testimonio del cristiano es tropiezo para el crecimiento de la iglesia. EL mundo necesita ver a Cristo cambiando la vida de los cristianos para que respalde su Palabra: “Porque la Palabra de la cruz ciertamente es necedad para los que se están perdiendo, pero para los que están siendo salvos, para nosotros, es poder de DIOS.” (1Co 1:18). BTX4 Generación incrédula y perversa (Mt 17:17-18). “Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.” ¿A quién se dirige el reproche de Jesús? La condición espiritual de la multitud recibe el calificativo de “generación incrédula y perversa”. Incrédula es falta de fe. Perversa significa pervertir, retorcer, confundir. Por tal motivo, Jesús reprocha diciendo “¿Hasta cuándo os he de soportar?” Estaba diciendo “Cuánto tiempo necesitan para entender quién soy”. Jesús en su misericordia manda al padre: “Traédmelo acá.”

  6. Jul 17

    1377 - Evangelios. El Elías que había de venir. Mt 17:12

    1377 – Mt 17:12 – El Elías que había de venir. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. La enseñanza de los escribas y fariseos había condicionado el pensamiento de los discípulos, sobre todo con la venida del Mesías y el establecimiento del reino milenial. Una de esas enseñanzas era que el profeta Elías vendría primero que el Mesías. Esto fue recordado por los tres discípulos que estaban con Jesús en el monte de la transfiguración generando preguntas que Jesús aprovechó para dar una enseñanza. El regreso de Elías (Mt 17:10). Al haber visto a Elías en el monte, una pregunta natural para los discípulos de Jesús fue: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Esa enseñanza particular de los escribas no se basaba simplemente en la tradición rabínica sino en la enseñanza bíblica. Por medio de Malaquías el Señor declaró: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Mal 4:5-6). En realidad, le estaban preguntando: “Si eres el Mesías, tal como lo has afirmado y lo hemos creído, ¿por qué Elías no apareció antes que comenzaras tu ministerio?”. Era un tema que sin duda también usaban los escribas y fariseos para rechazar a Jesús como el Mesías prometido. Es probable que esa enseñanza también influenció a muchos judíos creyendo que Jesús era Elías (Mt 16:14). La pregunta sobre si ya Elías vino o no aún sigue vigente hasta hoy por algunos incrédulos. Algunos enseñan erróneamente que Elías no ha venido y que es uno de los dos testigos que predicarán durante la gran tribulación, el anticristo les quitará la vida, y a los tres días resucitan con cuerpo glorificado (Ap 11:3-12). El apóstol Juan conoció a Elías y a Moisés en el monte de la transfiguración, si fueran ellos los dos testigos que el mismo Juan menciona en Ap 11:3-12 hubiera mencionado sus nombres. Por lo cual, los dos testigos de Ap 11:3-12 no son Moisés y Elías, sino que tendrán un poder como el que tuvieron ellos. La confirmación de Jesús (Mt 17:11) “Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.” La gran duda de los tres discípulos era que Elías había venido, lo vieron en el monte junto a Moisés hablando con Jesús, pero no se había quedado. Cada vez que encontremos un pasaje bíblico difícil de entender, debemos llevarlo en oración al Señor pidiendo ayuda para que el Espíritu Santo alumbre los ojos de nuestro entendimiento y podamos entenderlo con claridad (Ef 1:17-19). Siempre teniendo presente que: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” (Dt 29:29). Jesús no rechazó la enseñanza de los escribas y fariseos, simplemente la corrigió y completó. Jesús confirma la verdad al decir: “A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.” Significa que hay un Elías que está aún por venir, y cuando llegue restaurará todas las cosas, tal como Malaquías profetizara. Pedro mencionó ese tiempo escatológico (Hch 3:18-20). Los profetas del AT, los escribas, fariseos y el pueblo judío esperaban a un Elías reencarnado con poder que restaurara todo. Además, los fariseos esperaban un Mesías triunfante y no que sería en dos partes, la primera venida para morir crucificado y una segunda venida para restaurar todas las cosas que incluyen: Hacer juicio a las naciones (Mt 25:31-46; Ap 19:11-21). Restaurar la tierra como era antes del pecado (Ro 8:19-21; Is 11:6-16). Instaurar el reino milenial (Is 2:1-4; 11:1-5; 65:20-25). En el milenio todo Israel será salvo (Zc 12:10; Ro 11:25-26; Is 51:22-23).

  7. Jul 16

    1376 - Evangelios. La transfiguración, la gloria del Rey. Mt 17:1-2

    1376 – Mt 17:1-2 – La transfiguración, la gloria del Rey. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Jesús va a dar un destello de la gloria y majestad de Dios que será manifestada a toda plenitud en su segunda venida. No se va a tratar de un milagro por lo cual Jesús resplandeció glorioso a los ojos de tres de sus discípulos, sino la manifestación de la gloria que siempre tiene por ser Dios, en la unidad con el Padre y el Espíritu Santo. Juan testificará diciendo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Jn 1:14). La transformación del Hijo (Mt 17:1-2). “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.” En esta ocasión el Señor toma a tres de sus discípulos, suben a un monte que se cree sea Hermón, para que sean testigos de lo que va suceder. Era necesario tener un testimonio eficaz según Dt 17:6; 19:15. Mateo y Marcos precisan el tiempo diciendo que solo habían pasado seis días (Mr 9:2). Lucas no contradice porque introduce el adverbio como para establecer un aproximado de ocho días (Lc 9:28). El Señor había dicho: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.” (Mt 16:27-28). Ahora Jesús está dando un pincelazo del destello de la gloria de Dios. El Señor se transfiguró, cambió de aspecto revelando la deidad de Dios, y resplandeció su rostro como el sol. Marcos describe: “Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.” (Mr 9:3). Mateo dice que: “sus vestidos se hicieron blancos como la luz”. La luz representaba la gloria y la majestad de Jesús. En la eternidad, la Jerusalén celestial, “no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” (Ap 21:23). Los santos testigos (Mt 17:3-4). “Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.” Además de la resplandeciente gloria de Dios, aparecen Moisés y Elías hablando con el Señor. Lucas dice que Moisés y Elías: “aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.” (Lc 9:31). Pedro testificaría luego hablando sobre la segunda venida de Cristo diciendo: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” (2Pe 1:16). Pedro quería permanecer a solas con la gloria del Señor. Pero eso era un obstáculo para los planes de Dios porque Jesús tenía que salir a Jerusalén para ser crucificado. Pedro recordaría: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” (Sal 16:11). La manifestación del Padre (Mt 17:5-6). “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.” Ahora los tres discípulos son rodeados de la gloria de Dios, una nube de luz. Dios había manifestado a Israel su gloria, su presencia con una nube de luz. Algunos casos en Ex 16:10; 19:9-16; 24:15; 33:9; 40:32.

  8. Jul 15

    1375 - Evangelios. Jesús anuncia su muerte h resurrección. Mt 16:21

    1375 – Mt 16:21 – Jesús anuncia su muerte y resurrección. Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Jesús es el único líder que anunció su muerte y resurrección varias veces mucho tiempo antes de suceder. Ya había anunciado, tres veces veladamente, su muerte y resurrección en Mt 9:15; 12:39-40; 16:4. Ahora va anunciar su muerte y resurrección unas tres veces de manera que sus discípulos lo entiendan. El plan de Dios (Mt 16:21). “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.” El Cristo, el Mesías debía ser juzgado por el más alto tribunal de Israel y condenado a muerte en Jerusalén y resucitaría al tercer día. El Señor había tocado, no la doctrina, sino las tradiciones de los escribas, fariseos y saduceos. Había puesto en evidencia los defectos del sistema religioso y la hipocresía de sus lideres, por tanto, el odio era visceral contra el Señor. La muerte, padecimiento, resurrección y exaltación de Jesús, además de ser anunciada por Él, estaba profetizado unos 700 años antes por el profeta Isaías 53 y en los salmos 16 y 22. El atrevimiento de Pedro (Mt 16:22). “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.” El Pedro de la fe pasa al Pedro de la mente humana. Acababa de proclamar el concepto correcto sobre quien era el Señor y seguidamente lo reconviene por lo que estaba anunciándoles que le iba a suceder. Las palabras del Señor desconcertaron a los discípulos. Pedro amaba al Señor y no entendía el plan de salvación de Dios. Cuando los planes, designios de Dios, no los podemos comprender lo mejor es guardar silencio y confiar en Él. Cristo reprende a Pedro (Mt 16:23). ”Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” El Señor reprendió fuertemente a Pedro. ¿Por qué llamó Jesús a Pedro Satanás? Porque se oponía al plan de salvación establecido por Dios. Pedro, la piedra solida que abriría la iglesia cristiana, ahora era piedra de tropiezo para el Señor porque no puso la mirada en las cosas de Dios. Pablo usó ese mismo término para exhortar a los colosenses: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Col 3:2). El precio de seguir a Jesús (Mt 16:24-27). Jesús aprovechando el atrevimiento de Pedro enseña sobre el precio de ser un discípulo fiel. El principio. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” (Mt 16:24). Jesús establece tres compromisos, demandas para cumplir con su principio: “niéguese a sí mismo”. Significa una identificación con Cristo que su vida y sentimiento personal viene a ser la experiencia vital del creyente como Pablo lo define en Gà 2:20. “tome su cruz” La cruz es de donde procede el poder que crucifica el “yo”. Es la disposición de que la obra de la cruz efectúe cada día el milagro de la crucifixión del “Yo” personal.  ”y sígame”. La tercera demanda en el discipulado es seguir a Jesús. La paradoja. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mt 16:25-26). La paradoja que parece compleja y contradictoria es realmente algo muy sencillo. El Señor está diciendo que todo el que viva únicamente para salvar su vida terrenal y física, su tranquilidad, su comodidad, y su aceptación por

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