1401 – Mt 22:32 – El Dios de los vivos. Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Los enemigos de Jesús se alternaban para buscar la oportunidad para quitarle la vida. Los fariseos, por un momento, abandonan el campo de batalla y otros, los saduceos, los sustituyeron. Los saduceos van a tratar de atrapar a Jesús con una pregunta probablemente planificada sobre la resurrección. Los saduceos no creían en la resurrección y estaban en desacuerdo en ese tema y otros temas de la teología y cultura judía. La mayoría de los judíos y los fariseos no solo creían en la vida después de la muerte sino en la resurrección del cuerpo por las enseñanzas del AT. David en su salmo de oro afirma del Mesías: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Sal 16:9-10). Otros salmistas también afirman la resurrección (Sal 49:15; 73:24). Dios en el pasaje del apocalipsis de Isaías profetiza “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo!” (Is 26:19a). El profeta Oseas enseña: “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él” (Os 6:1-2). El Señor a través del profeta Daniel da una de las enseñanzas más clara del AT sobre la resurrección afirmando que “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Dn 12:2). Pablo, enseñando sobre la resurrección usa citas de Isaías y Oseas, afirmando: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1Co 15:53-55; Is 25:8; Os 13:14). La pregunta sobre lo absurdo (Mt 22:23-28). “Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro“. Los saduceos, al igual que los hipócritas herodianos, inician elogiando a Jesús llamándolo maestro, pero realmente no lo consideraban maestro y cuentan a Jesús: “Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer.” El matrimonio levirato estaba establecido en la ley y era practicado desde Moisés. El término levirato viene de levir, latín para “hermano del esposo”. En Dt 25:5-6 está un resumen del cual los saduceos dieron aquí a Jesús. A fin de que los nombres, las familias, y la herencia tribal pudieran mantenerse intactos, se estipuló que si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Cuando el primero de los hermanos se casó, los otros seis estaban solteros, y por eso cuando murió sin tener descendencia, dejó su mujer a su hermano. El proceso se repitió con todos los siete hermanos, y finalmente todos, incluso la mujer, murieron. Imaginamos el brillo en los ojos y las sonrisas en los rostros de los saduceos mirando a Jesús y pensando que la pregunta que van a formular no la podía responder. “En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” El trasfondo del planteamiento era que si todos los ocho aparecieran en la resurrección ¿de qué modo posible podían reconciliarse las relaciones de los ocho?