El capítulo de hoy nos presenta a Jesús revelando su poder, su compasión y su paciencia con los que sufren y aun con los que dudan. Primero, el siervo del centurión estaba enfermo, pero aquel hombre reconoció algo que muchos en Israel no habían entendido: Jesús tiene autoridad. No necesitaba tocar al enfermo ni entrar en la casa. Bastaba una palabra del Maestro. Y Jesús se maravilló de la fe de este centurión, un extranjero. Esto nos recuerda que la fe verdadera la pueden poseer hasta las personas que no nacieron dentro del pueblo escogido. Dios no hace acepción de personas. Luego, Jesús se encuentra con una viuda que llevaba a enterrar a su único hijo. Ella no pidió nada. No pronunció una oración. No presentó argumentos. Pero Jesús vio su dolor, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Después tocó el féretro y devolvió la vida al joven. Aquí Cristo no solo sana una enfermedad; derrota la muerte y restaura la esperanza de una madre quebrantada. Y todos se asombraron de ver un milagro así de grande. Finalmente, Juan el Bautista, desde la cárcel, envía a preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”. Es una pregunta sincera, que demuestra que Juan estaba experiementando dudas debido a su condición. Juan había predicado con valentía, pero ahora estaba preso, confundido y esperando una intervención que no llegaba. Jesús no lo reprende. Le responde con evidencias: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio. En otras palabras, le manda a decir que tiene que confiar; ya que Jesús es el cumplimiento de todas las profecías sobre el Mesías. Lucas 7 nos enseña que Jesús tiene poder sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre nuestras dudas. A veces obrará con una palabra, como con el siervo. A veces se acercará a nuestro dolor sin que sepamos pedir ayuda, como con la viuda. Y a veces fortalecerá nuestra fe en medio de preguntas difíciles, como con Juan. Por eso, aunque no entendamos todo, podemos confiar: Cristo sigue siendo el Salvador compasivo, poderoso y fiel. Su palabra tiene autoridad, su corazón se conmueve ante nuestro dolor, y su obra confirma que verdaderamente Él es el Mesías prometido. Que el Señor te bendiga.