Primero Dios, con Gerardo Farías

Gerardo

Acompáñame a leer y estudiar la Biblia. Cada día, leeremos un capítulo de la Biblia y reflexionaremos en lo que Dios quiere decirnos. Comienza tu día escuchando la Palabra de Dios.

  1. 1d ago

    LUCAS 21 - SEÑALES DEL TIEMPO DEL FIN

    Estas palabras Jesús las presentó desde el Monte de los Olivos. Después de predecir la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén, los discípulos preguntaron cuando sucederían todas estas cosas, y cuando sería su regreso. Jesús habló de guerras, terremotos, pestes, persecución y angustia entre las naciones. Pero su propósito no era alimentar el miedo ni la especulación, sino despertar a sus discípulos. Las señales del fin no fueron dadas para que vivamos obsesionados con fechas, sino para que permanezcamos espiritualmente alertas. El mayor peligro no es que el mundo se sacuda, sino que nuestro corazón se adormezca. Por eso Jesús advierte: “Mirad también por vosotros mismos”, para que las preocupaciones, los excesos y las distracciones no apaguen nuestra comunión con Dios. Cuando todo parezca fuera de control, el creyente no debe agachar la cabeza con desesperación, sino levantarla con esperanza, porque nuestra redención está cerca. El mundo puede estremecerse, pero las palabras de Cristo no pasarán. La pregunta decisiva no es solamente: “¿Cuándo vendrá Jesús?”, sino: “¿Estoy viviendo preparado para encontrarme con Él?”. Velar significa orar, permanecer fiel y no permitir que el temor ni la rutina enfríen nuestra fe. Que las señales del fin no nos llenen de pánico, sino de urgencia espiritual. Cristo viene. Mantengamos la cabeza en alto, el corazón despierto y hoy más que nunca conectados con el Señor en oración y en su Palabra. Que el Señor te bendiga.

  2. 2d ago

    LUCAS 20 - JESÚS, LA PIEDRA ANGULAR

    En el capítulo de hoy comenzamos a leer sobre las confrontaciones finales entre Jesús y los lideres religiosos de su tiempo. Los líderes religiosos se acercaron a Jesús para exigirle una respuesta: con qué autoridad enseñaba y con qué autoridad había expulsado a todos los vendedores y cambistas del Templo. Sin embargo, su pregunta no nacía de un deseo sincero de conocer la verdad. Ellos ya habían visto sus milagros, habían escuchado sus enseñanzas y conocían el testimonio de Juan el Bautista. El problema no era la falta de evidencia, sino la falta de disposición para obedecer. Muchas veces podemos caer en el mismo error. Pedimos que Dios nos muestre su voluntad, pero cuando su respuesta contradice nuestros deseos, buscamos excusas para no aceptarla. Queremos que Jesús nos bendiga, pero no siempre queremos que gobierne nuestras decisiones. Después, Jesús contó la parábola de los labradores malvados. El dueño de una viña la entregó a unos trabajadores y, cuando llegó el momento de recibir los frutos, ellos maltrataron a sus siervos. Finalmente, el dueño envió a su hijo, pensando que lo respetarían, pero también lo rechazaron y lo mataron. La referencia era clara: Jesús es el dueño, y los líderes religiosos eran los labradores. Mataron a los profetas, y muy pronto matarían a Jesús. Pero ese sería el mayor error de sus vidas. Ya que Jesús es la piedra angular que sería rechazada por los constructores. Jesús estaba citando el Salmo 118.  La mayor tragedia de aquellos líderes fue rechazar al Hijo de Dios. Jesús era la piedra escogida por Dios para convertirse en el fundamento de la salvación, pero ellos decidieron desecharla. Sin embargo, aunque los seres humanos rechacen a Cristo, el propósito de Dios permanece firme. Hoy debemos preguntarnos con honestidad: ¿estoy construyendo mi vida sobre Cristo o solamente intento acomodar a Cristo dentro de mis propios planes? Podemos rendirnos ante Él y permitir que quebrante nuestro orgullo, o podemos resistirnos hasta que nuestras propias decisiones terminen destruyéndonos. Señor, ayúdame a reconocer tu autoridad, a obedecer tu Palabra y a producir los frutos que esperas de mi vida. Amén! Que el Señor te bendiga.

  3. 4d ago

    LUCAS 18 - NUNCA DEJES DE ORAR Y DE CONFIAR EN DIOS

    En el capítulo de hoy encontramos tres escenas que revelan lo que Dios espera de nosotros: una fe que persevera, un corazón humilde y una entrega completa. Jesús comienza hablando de una viuda que insistió ante un juez hasta recibir justicia. Con esta parábola Jesús nos enseña a orar siempre y no desanimarnos. A veces pedimos y la respuesta no llega cuando esperamos. Entonces pensamos que Dios no nos escucha. Pero el silencio de Dios no significa abandono. Quien sigue orando demuestra que todavía cree que Dios puede intervenir. Y ciertamente, Dios muy pronto hará justicia. Luego Jesús contrasta al fariseo con el publicano. El fariseo oraba lleno de orgullo, comparándose con los demás y enumerando sus buenas obras. El publicano, en cambio, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo. Solo decía: “Dios, ten misericordia de mí, pecador”. Jesús declaró que este último volvió a su casa perdonado. Dios no se impresiona con nuestra apariencia religiosa. Él mira el corazón. La verdadera oración no consiste en decirle a Dios cuán buenos somos, sino en reconocer cuánto necesitamos de su gracia. Finalmente aparece el joven rico. Era respetuoso, moral y religioso, pero cuando Jesús le pidió que dejara sus riquezas y lo siguiera, se entristeció. Su problema no era poseer bienes, sino que los bienes lo poseían a él. Deseaba la vida eterna, pero no estaba dispuesto a entregar aquello que ocupaba el primer lugar en su corazón. Este capítulo nos obliga a examinarnos: ¿seguimos orando cuando no vemos respuestas? ¿Nos acercamos a Dios con humildad o sintiéndonos superiores? ¿Estamos dispuestos a entregar aquello que compite con Cristo? La fe verdadera persevera, la gracia se alcanza cuando reconocemos nuestras faltas y pedimos el perdón de Dios y el discipulado exige una entrega total. No basta con buscar a Dios; debemos permitir que él sea el dueño absoluto de nuestra vida. Que el Señor te bendiga.

  4. 5d ago

    LUCAS 17 - EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE NOSOTROS

    Jesús comparó su segunda venida con los días de Noé y de Lot. La gente comía, bebía, se casaba, compraba, vendía, plantaba y construía. Aparentemente, la vida continuaba con normalidad. Sin embargo, estaban tan concentrados en lo cotidiano que vivían completamente indiferentes a Dios y a las advertencias que habían recibido. El problema no estaba en trabajar, casarse o hacer planes, sino en vivir como si esta vida fuera todo lo que existe; como si nunca tuviéramos que rendir cuentas ante Dios. Así será antes del regreso de Cristo: muchos estarán ocupados, haciendo planes para el futuro, pero sin estar preparados espiritualmente para encontrarse con su Dios. Jesús también dice: “Acordaos de la mujer de Lot”. Ella salió de Sodoma; ella tenía que haberse salvado. Pero se perdió. Aunque salió de Sodoma, su corazón se había quedado allí. Miró hacia atrás porque no quería desprenderse de aquello que Dios le había pedido abandonar. Esta advertencia también es para nosotros: no basta con conocer la verdad o pertenecer a una iglesia; necesitamos permitir que Dios libere nuestro corazón del amor a lo material y del amor por este mundo. La segunda venida de Jesús será repentina, visible e ineludible. No habrá tiempo para prepararse en el último momento. La preparación no consiste en vivir con miedo, sino en caminar cada día con Cristo, obedecer su Palabra y mantener nuestra mirada puesta en el reino eterno. Que las preocupaciones de esta vida no nos hagan olvidar lo más importante. Cristo viene pronto. Vivamos hoy de tal manera que, cuando Él aparezca, no tengamos que huir ni mirar hacia atrás, sino levantar el rostro con alegría y decir: “Este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará”. Que el Señor te bendiga.

  5. Jul 9

    LUCAS 7 - DICHOSO EL QUE NO TROPIEZA CON RESPECTO A SU FE EN JESÚS

    El capítulo de hoy nos presenta a Jesús revelando su poder, su compasión y su paciencia con los que sufren y aun con los que dudan. Primero, el siervo del centurión estaba enfermo, pero aquel hombre reconoció algo que muchos en Israel no habían entendido: Jesús tiene autoridad. No necesitaba tocar al enfermo ni entrar en la casa. Bastaba una palabra del Maestro. Y Jesús se maravilló de la fe de este centurión, un extranjero. Esto nos recuerda que la fe verdadera la pueden poseer hasta las personas que no nacieron dentro del pueblo escogido. Dios no hace acepción de personas. Luego, Jesús se encuentra con una viuda que llevaba a enterrar a su único hijo. Ella no pidió nada. No pronunció una oración. No presentó argumentos. Pero Jesús vio su dolor, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Después tocó el féretro y devolvió la vida al joven. Aquí Cristo no solo sana una enfermedad; derrota la muerte y restaura la esperanza de una madre quebrantada. Y todos se asombraron de ver un milagro así de grande.  Finalmente, Juan el Bautista, desde la cárcel, envía a preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”. Es una pregunta sincera, que demuestra que Juan estaba experiementando dudas debido a su condición. Juan había predicado con valentía, pero ahora estaba preso, confundido y esperando una intervención que no llegaba. Jesús no lo reprende. Le responde con evidencias: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio. En otras palabras, le manda a decir que tiene que confiar; ya que Jesús es el cumplimiento de todas las profecías sobre el Mesías. Lucas 7 nos enseña que Jesús tiene poder sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre nuestras dudas. A veces obrará con una palabra, como con el siervo. A veces se acercará a nuestro dolor sin que sepamos pedir ayuda, como con la viuda. Y a veces fortalecerá nuestra fe en medio de preguntas difíciles, como con Juan. Por eso, aunque no entendamos todo, podemos confiar: Cristo sigue siendo el Salvador compasivo, poderoso y fiel. Su palabra tiene autoridad, su corazón se conmueve ante nuestro dolor, y su obra confirma que verdaderamente Él es el Mesías prometido. Que el Señor te bendiga.

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