Primero Dios, con Gerardo Farías

Gerardo

Acompáñame a leer y estudiar la Biblia. Cada día, leeremos un capítulo de la Biblia y reflexionaremos en lo que Dios quiere decirnos. Comienza tu día escuchando la Palabra de Dios.

  1. 16h ago

    HECHOS 10 - EL EVANGELIO ES PREDICADO A LOS GENTILES

    Hechos 10 marca un momento decisivo en la expansión del evangelio. Hasta ese momento, los primeros cristianos eran mayormente judíos y todavía cargaban con muchas barreras culturales y religiosas respecto de los gentiles. Pero Dios tenía un plan mucho más amplio. El evangelio no debía quedar encerrado dentro de las fronteras de Israel: debía llegar a todas las naciones. Lo notable del capítulo es que Dios toma la iniciativa en ambos lados de la historia. Primero habla con Cornelio, un centurión romano que buscaba sinceramente a Dios. Un ángel le ordena enviar hombres a Jope para buscar a Pedro. Mientras esos hombres están en camino, Dios comienza a trabajar también en Pedro. El apóstol recibe la visión del lienzo que desciende del cielo con animales considerados impuros y escucha la voz: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15). La visión no tenía como propósito principal hablar sobre la alimentación, sino preparar a Pedro para comprender algo mucho más profundo: no debía considerar impura a ninguna persona a quien Dios quería alcanzar con su gracia. Pedro mismo explica la enseñanza cuando llega a casa de Cornelio: “A mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:28). Pedro todavía tenía prejuicios que superar. Era apóstol, había caminado con Jesús y había recibido el Espíritu Santo, pero aún necesitaba que Dios ampliara su comprensión de la misión. Esto nos recuerda que incluso personas sinceramente comprometidas con Dios pueden levantar barreras que Dios nunca levantó. A veces pensamos que ciertas personas son demasiado diferentes, demasiado lejanas, demasiado endurecidas o demasiado ajenas a nuestro ambiente para recibir el evangelio. Pero Dios puede estar trabajando en ellas mucho antes de que nosotros lleguemos. Cuando Pedro comienza a predicar en casa de Cornelio, presenta a Jesucristo: su ministerio, su muerte, su resurrección y el perdón disponible para quienes creen en él. Entonces ocurre algo inesperado: el Espíritu Santo desciende sobre los gentiles mientras Pedro todavía está hablando. Dios no espera siquiera que Pedro termine su sermón. Él mismo confirma que esos gentiles también pertenecen al pueblo que está formando por medio del evangelio. Pedro finalmente declara: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34). Esa es una de las grandes verdades de este capítulo. La iglesia no decide quién merece escuchar el evangelio. Dios ya ha decidido que el evangelio es para todos. Nuestra responsabilidad no es seleccionar a quién alcanzar, sino estar disponibles para ir donde Dios nos envíe. Por eso, nuestra oración no debería ser solamente: “Señor, dame oportunidades para predicar”, sino también: “Señor, quita de mí todo prejuicio que me impida ver a las personas como tú las ves.” Quizás hoy Dios ya está trabajando en alguien cercano a nosotros: un vecino, un compañero, un familiar, una persona de otra cultura, religión o trasfondo. Tal vez lo único que falta es que alguien esté dispuesto a obedecer como Pedro. Dios toma la iniciativa. Dios prepara los corazones. Dios abre las puertas. Y cuando Dios abre una puerta para el evangelio, nuestra tarea es no cerrarla con nuestros prejuicios. Que el Señor te bendiga.

  2. 1d ago

    HECHOS 9 - LA CONVERSIÓN DE SAULO DE TARSO

    En el capítulo de hoy encontramos una de las transformaciones más impactantes de toda la Biblia: Saulo salió de Jerusalén como perseguidor de la iglesia y terminó siendo perseguido por predicar a Cristo. Saulo estaba convencido de que estaba defendiendo la verdad. Hechos 9:1 dice que todavía “respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor”. Su celo religioso era intenso, pero estaba profundamente equivocado. Esto nos enseña algo muy importante: es posible tener convicción, pasión e incluso argumentos religiosos, y aun así estar luchando contra Dios. En el camino a Damasco, Jesús mismo lo confrontó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). La pregunta es extraordinaria. Jesús no dijo: “¿Por qué persigues a mis discípulos?”, sino: “¿Por qué me persigues a mí?”. Cristo se identifica de tal manera con su iglesia que tocar a sus hijos es tocarlo a Él. Perseguir, despreciar o atacar a quienes pertenecen a Cristo no es solamente una agresión contra personas; Jesús lo recibe como algo dirigido contra Él mismo. Saulo cayó al suelo siendo perseguidor y se levantó convertido en discípulo. El hombre que iba a Damasco para arrestar cristianos comenzó, pocos días después, a predicar en las sinagogas “que Jesús era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20). Pero hay un detalle todavía más poderoso: muy pronto, el perseguidor se convirtió en perseguido. Hechos 9:23 dice que los judíos comenzaron a planear su muerte. Saulo había cambiado. Antes causaba temor entre los creyentes; ahora debía escapar escondido en una canasta para salvar su vida. La conversión verdadera no consiste solamente en cambiar de opinión acerca de Jesús. Significa cambiar de Señor, de dirección y, muchas veces, también aceptar las consecuencias de seguirlo. Saulo descubrió que seguir a Cristo podía costarle aquello que antes consideraba seguridad, prestigio y reconocimiento. Pero había encontrado algo infinitamente mayor: a Jesús, el verdadero Mesías. Y allí está el desafío para nosotros. Tal vez nunca hemos perseguido físicamente a la iglesia como Saulo, pero debemos preguntarnos si nuestras palabras, actitudes o decisiones están hiriendo a aquellos por quienes Cristo murió. Porque Jesús todavía se identifica con su pueblo. Y al mismo tiempo, debemos estar dispuestos a vivir la transformación de Saulo: pasar de obstaculizar la obra de Dios a convertirnos en instrumentos para hacerla avanzar. El perseguidor se convirtió en predicador. El predicador terminó siendo perseguido. Pero desde aquel encuentro en el camino a Damasco, Saulo había comprendido algo que cambiaría toda su vida: cuando realmente tenemos un encuentro con Jesús, ya no podemos seguir caminando en la misma dirección. Que el Señor te bendiga.

  3. 2d ago

    HECHOS 8 - SAULO DE TARSO COMIENZA LA PERSECUSIÓN CONTRA LA IGLESIA

    Depués de la muerte de Esteban, Saulo de Tarso comenzó un gran persecusión contra la iglesia en Jerusalén. El texto nos dice que iba de casa en casa, y echaba en la cárcel a muchos de los creyentes. Pero eso no detuvo el crecimiento de la iglesia. Dios puede transformar incluso los momentos más difíciles en oportunidades para que su obra avance. Los creyentes tuvieron que abandonar sus hogares y dispersarse por distintas regiones. Humanamente, aquello parecía una tragedia. Sin embargo, Lucas declara: “Los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:4). Lo que Satanás quiso utilizar para detener a la iglesia terminó contribuyendo a extender el mensaje de Cristo. Felipe llegó a Samaria y comenzó a predicar allí. Esto era significativo, porque existía una profunda enemistad histórica entre judíos y samaritanos. Pero el evangelio derriba barreras. Donde antes había prejuicio y separación, ahora llegaba la noticia de que Jesús también era el Salvador de los samaritanos. La persecución sacó a los creyentes de Jerusalén y los llevó precisamente hacia los lugares donde Dios quería que fueran. Pero el relato continúa. En medio de una gran obra evangelística en Samaria, el Espíritu Santo dirige a Felipe hacia un camino desierto. Allí encuentra a un funcionario etíope que regresaba de Jerusalén leyendo al profeta Isaías. Entonces el Espíritu le dijo: “Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8:29). Felipe obedeció. No sabía previamente a quién encontraría ni cuál sería el resultado. Simplemente siguió la dirección de Dios. Y comenzando desde aquella Escritura, “le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8:35). Poco después, aquel hombre pidió ser bautizado y regresó a su tierra lleno de gozo. Aquí aparece el corazón misionero del libro de Hechos: Samaria, Etiopía y, finalmente, los confines de la tierra. El evangelio no pertenece a una nación, una cultura o un grupo determinado. Jesús murió por toda “nación, tribu, lengua y pueblo”. También nosotros formamos parte de esa misión. Quizás nunca predicaremos ante grandes multitudes como Felipe en Samaria, pero podemos encontrarnos con nuestro propio “etíope”: una persona que Dios pone en nuestro camino y cuyo corazón ya está siendo preparado por el Espíritu Santo. Nuestra responsabilidad es sencilla pero exigente: estar disponibles, escuchar la voz de Dios y obedecer cuando Él diga: “Acércate”. La pregunta no es solamente: “¿Quién llevará el evangelio al mundo?”, sino también: “Señor, ¿a quién quieres que le hable hoy?”. Que podamos decir como Isaías: “Heme aquí, envíame a mí”. Porque la misión continúa, el Espíritu Santo sigue guiando, y Dios todavía quiere utilizar nuestra vida para llevar a otros hasta Jesús. Que el Señor te bendiga.

  4. 3d ago

    HECHOS 7 - ESTEBAN, EL PRIMER MÁRTIR DE LA IGLESIA CRISTIANA

    El capítulo de hoy nos muestra un evento que cambia la historia de la iglesia. Esteban, uno de los diáconos elegidos para servir en la distribución de los alimentos dentro de la iglesia, está ante el concilio, acusado de hablar contra el templo; pero su respuesta demuestra que el verdadero problema no era su falta de respeto por el lugar santo, sino que sus acusadores habían terminado confiando más en el templo que en el Dios que debía habitar en sus corazones. Esteban recuerda primero “el tabernáculo del testimonio” que Israel llevaba por el desierto (Hechos 7:44). Era una estructura móvil. Dios acompañaba a su pueblo dondequiera que iba. Más tarde, Salomón construyó el templo en Jerusalén, pero Esteban inmediatamente agrega una verdad crucial: “Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano…” (Hechos 7:48). El templo era importante, pero nunca podía contener a Dios. El peligro estaba en transformar el símbolo de la presencia divina en un sustituto de la presencia divina. Podían sentirse seguros porque tenían el templo, mientras rechazaban al mismo Dios del templo. Entonces Esteban lleva su discurso a su punto más fuerte: “¡Duros de cerviz… vosotros resistís siempre al Espíritu Santo!” (v. 51). El problema de Israel no había sido simplemente falta de religión. Habían tenido el tabernáculo, el templo, los sacerdotes, los sacrificios y toda la revelación que Dios les dio a través de sus profetas. Su tragedia fue tener todas esas cosas y, aun así, resistir la voz de Dios. Y entonces ocurre algo profundamente irónico. Mientras ellos defendían apasionadamente el templo terrenal, Esteban vio abierto el templo celestial: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (vv. 55-56). Esteban estaba contemplando el cumplimiento de la profecía de Daniel capítulo 7: Estaba viendo al Hijo del Hombre presentándose delante del Anciano de Días, para recibir el reino, la gloria, y la honra. Al que ellos habían despreciado, estaba recibiendo toda la admiración en el cielo. La reacción fue brutal. Se taparon los oídos, lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Pero las últimas palabras de Esteban muestran hasta qué punto Cristo había transformado su vida. Primero dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (v. 59). Y después: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (v. 60). Esteban murió prácticamente repitiendo las palabras de Jesús en la cruz. Esa es quizá la evidencia más impresionante de una vida llena del Espíritu Santo: no solamente hablar de Cristo, sino parecerse a Cristo incluso cuando otros nos odian y nos lastiman. La pregunta que debo hacerme es ¿es posible que yo también esté resistiendo al Espíritu Santo? Porque nos puede pasar lo mismo: podemos tener cultos, reuniones, doctrinas, actividades, tradición y conocimiento bíblico, y aun así cerrar nuestros oídos cuando Dios intenta corregirnos. La muerte de Esteban no fue en vano. Su valentía y entrega dejaron una marca profunda en la vida de Saulo de Tarso. Y provocó una persecusión que empujó a la iglesia, a dejar Jerusalén, para cumplir la misión hasta lo último de la tierra. Que el Señor te bendiga.

  5. 5d ago

    HECHOS 5 - LA MUERTE DE ANANÍAS Y SAFIRA

    El capítulo de hoy nos presenta dos escenas muy distintas, pero unidas por una misma verdad: Dios toma en serio la integridad de su iglesia y la fidelidad de quienes lo representan. Ananías y Safira no murieron simplemente porque retuvieron una parte del dinero de la venta de su propiedad. Pedro deja claro que el problema fue la mentira y la hipocresía. Ellos quisieron aparentar una consagración que realmente no tenían. Pedro le dice a Ananías: “No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:4). El pecado no estuvo en conservar parte del dinero —era suyo y podían disponer de él—, sino en intentar engañar a la comunidad y, en última instancia, al Espíritu Santo. El relato es severo porque ocurre en un momento decisivo para la iglesia naciente. Mientras Dios estaba obrando poderosamente entre los creyentes, el enemigo intentaba introducir desde dentro aquello que podía destruir la comunidad: falsedad, apariencia espiritual e hipocresía. Hechos 5 nos recuerda que Dios no busca una apariencia de santidad, sino corazones sinceros. Podemos engañar a las personas, pero nunca a Dios. Más adelante, los apóstoles enfrentan una presión completamente diferente. Las autoridades religiosas les habían prohibido enseñar en el nombre de Jesús. Sin embargo, cuando son confrontados nuevamente, Pedro y los demás responden con una declaración extraordinaria: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). No responden con arrogancia ni con violencia, pero tampoco negocian su fidelidad. Para ellos, la autoridad humana tenía un límite muy claro: cuando una orden humana contradice directamente el mandato de Dios, la obediencia a Dios tiene prioridad. Y entonces hacen algo todavía más notable: frente a quienes intentaban silenciarlos, vuelven a predicarles acerca de Jesús. Hablan de su muerte, de su resurrección y de la exaltación que Dios le dio como “Príncipe y Salvador” (Hechos 5:30-31). Las amenazas no cambiaron su mensaje. Ese es probablemente uno de los grandes desafíos de Hechos 5 para nosotros: tener la integridad que faltó en Ananías y Safira, y al mismo tiempo tener el valor que mostraron los apóstoles. Una iglesia poderosa no es solamente una iglesia que predica con valentía; es también una iglesia que vive con sinceridad delante de Dios. Nuestra oración hoy debería ser: “Señor, líbranos de aparentar lo que no somos, y danos el valor de obedecerte siempre, aún cuando hacerlo tenga un costo muy alto”. Que el Señor te bendiga.

  6. 6d ago

    HECHOS 4 - ES NECESARIO OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES

    El capítulo de hoy nos muestra lo que ocurre cuando una iglesia llena del Espíritu Santo se enfrenta a la oposición. Pedro y Juan han sanado a un hombre en el nombre de Jesús, pero en vez de recibir reconocimiento, son arrestados e interrogados. Sin embargo, la presión no los hace retroceder ni intimidarse; más bien la presión revela la profundidad de su convicción y su determinación a seguir adelante. Pedro declara una de las afirmaciones más contundentes de todo el libro de Hechos: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Cuando las autoridades les ordenan que no hablen más de Jesús, ellos responden: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20). Esta es la primera gran lección del capítulo: cuando la voluntad humana entra en conflicto con la voluntad de Dios, el creyente debe escoger obedecer a Dios. Pedro y Juan no estaban defendiendo una teoría. Habían visto a Cristo resucitado. Por eso no podían callar. Pero quizás lo más impresionante ocurre después. Cuando regresan a la iglesia y cuentan las amenazas que han recibido, los creyentes no oran pidiendo que desaparezca la persecución. Oran: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). No pidieron menos problemas; pidieron más valor. Y Dios respondió en medio de un temblor: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31). Que el Señor nos permita ser llenos del Espíritu Santo, y tener el mismo valor y denuedo que tuvieron los discípulos para seguir predicando sobre Jesús, aún cuando nos toque enfrentar oposición y burlas. Que el Señor te bendiga.

  7. Aug 19

    HECHOS 3 - ALGO MEJOR QUE EL ORO O LA PLATA

    El capítulo de hoy comienza con un milagro. Pedro y Juan encuentran a un hombre cojo de nacimiento, sentado cada día a la puerta del templo pidiendo limosna, mientras ellos iban a la oración. Él esperaba recibir unas monedas, pero Pedro le dice: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hech. 3:6). El milagro es extraordinario, pero Pedro inmediatamente evita que la atención se concentre en ellos: “¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este?” (vers. 12). El verdadero protagonista del capítulo no es Pedro, ni Juan, ni siquiera el hombre sanado. Es Jesucristo. Y allí comienza el sermón de Pedro. Su énfasis es profundamente cristocéntrico: Jesús fue rechazado, entregado y crucificado, pero Dios lo resucitó de los muertos. El mismo Jesús que ellos habían rechazado seguía obrando con poder. Pedro declara que fue “por la fe en su nombre” que aquel hombre recibió completa sanidad (vers. 16). Sin embargo, Pedro no termina hablando del milagro. El milagro abre la puerta para algo mucho más importante: un llamado al arrepentimiento. “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (vers. 19). El propósito del poder de Dios no era producir admiración, sino conducir a las personas a Cristo, al arrepentimiento y a una vida transformada. Aquí hay una lección urgente para la iglesia de nuestros días. Podemos tener recursos, edificios, tecnología, programas y estrategias, pero nada de eso sustituye el poder de Jesucristo. El mundo no necesita solamente una iglesia que pueda ofrecer ayuda material; necesita una iglesia que pueda decir con convicción: “Lo que tengo te doy”. Pero para dar a Cristo, primero tenemos que tener a Cristo. Además, este capítulo nos recuerda que la predicación apostólica nunca separó la gracia del arrepentimiento. Pedro anuncia a un Salvador resucitado, pero también confronta el pecado y llama a una decisión. Una iglesia llena del Espíritu Santo no solamente consuela; también llama a cambiar de dirección. Quizás nuestra mayor necesidad hoy sea volver a esa experiencia: menos confianza en nuestros propios recursos y más dependencia del poder de Dios; menos protagonismo humano y más exaltación de Cristo; menos evangelio superficial y un llamado más claro al arrepentimiento. Porque el mismo Jesús que hizo caminar al paralítico continúa teniendo poder para levantar vidas destruidas, perdonar pecados y transformar corazones. La pregunta es si nosotros, como Pedro y Juan, tenemos suficiente comunión con Cristo como para poder decir al mundo: “Lo que tengo, eso te doy”. Que el Señor te bendiga.

  8. Aug 18

    HECHOS 2 - LOS CREYENTES RECIBEN EL ESPÍRITU SANTO

    En Hechos 2 encontramos uno de los momentos decisivos de la historia de la iglesia. Los discípulos estaban reunidos, perseverando juntos, cuando de repente fueron llenos del Espíritu Santo. Aquellos hombres que pocas semanas antes habían huido por miedo, ahora salieron a proclamar públicamente que Jesús había resucitado. Pedro, que había negado conocer a Cristo, predicó con tal poder que cerca de tres mil personas respondieron al llamado y fueron bautizados. El Pentecostés nos recuerda que la misión de la iglesia nunca podría cumplirse solamente con capacidad humana. Los discípulos conocían a Jesús, habían escuchado sus enseñanzas y habían presenciado su resurrección. Sin embargo, Jesús les había dicho que esperaran hasta recibir poder de lo alto. Conocimiento sin poder espiritual no era suficiente. Nosotros enfrentamos exactamente la misma realidad. Podemos tener buenos programas, conocimiento bíblico, tecnología, iglesias organizadas y excelentes estrategias; pero nada de eso puede sustituir la presencia y el poder del Espíritu Santo. La obra de transformar corazones pertenece a Dios. Pero antes del derramamiento hubo oración, unidad, arrepentimiento y una profunda dependencia de Dios. El Pentecostés no fue simplemente una experiencia emocional; fue el resultado de una comunidad preparada para ser usada por el Señor. Por eso nuestra oración hoy debería ser la misma: “Señor, haz en nosotros lo que hiciste en ellos”. Necesitamos que el Espíritu Santo quebrante nuestro orgullo, transforme nuestro carácter, nos dé valentía para testificar y coloque nuevamente la misión en el centro de nuestra vida. La iglesia no necesita simplemente más actividad. Necesita más poder espiritual. Y ese poder sigue estando disponible para aquellos que estén dispuestos a rendirse completamente a Dios. “Todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). Que esa pueda ser también nuestra experiencia. Que el Señor te bendiga.

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