Juan Carlos Parra

Juan Carlos Parra Valero

Mensajes de edificación predicados desde A los Pies del Rey, Radio Tv Vida o de algunas de las conferencias impartidas en mis viajes. Tienes más mensajes en mi blog pastorjuancarlosparra.com y en mi perfil de Youtube: https://www.youtube.com/c/JUANCARLOSPARRAVALERO

  1. El hombre de mi propósito

    1D AGO

    El hombre de mi propósito

    EL HOMBRE DE MI PROPÓSITO 5º Aniversario APR Alcantarilla “Yo llamo del oriente un ave de rapiña, de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré” (Isaías 46:11, LBLA). El profeta Isaías nos introduce en una de las declaraciones más contundentes sobre la soberanía divina. Dios declara el fin desde el principio, anuncia desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho y afirma sin titubeos: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré” (Isaías 46:10). Dios no improvisa. Dios no reacciona a la historia: Dios la dirige. Y cuando habla de “el hombre de mi propósito”, nos revela que su plan no es abstracto; es personal. Siempre hay un propósito, y siempre hay un hombre o una mujer a quien Dios llama desde lejos para encarnarlo. Hoy, al celebrar cinco años de APR Alcantarilla, no estamos celebrando simplemente una fecha en el calendario; estamos celebrando la fidelidad de Dios a su propósito. Cuando Dios decide levantar una obra, primero prepara corazones; cuando establece un propósito, primero llama a personas. Para cada propósito hay un hombre, y para cada hombre hay un propósito. El ejemplo del pr Ernesto: 2011 y la valentía de Ernesto. Y estar en el propósito afecta positivamente a nuestras generaciones. 1) David sirvió al propósito de Dios en su generación Hechos 13:36 (RVR60) “Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción.” De David se dice algo extraordinario: “Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió…” (Hechos 13:36). No se afirma que David sirviera a su comodidad, ni a su reputación, ni a su agenda personal. Sirvió al propósito de Dios en su generación. Esa frase debería ser suficiente meta para una vida entera. Esto significa que: • Dios tiene un propósito para una generación. • Y Dios busca hombres y mujeres que se alineen con ese propósito. 2) Para cada propósito hay un hombre, y para cada hombre un propósito Dios, sin embargo, no deja el propósito al azar. “Antes que te formara en el seno materno, te conocí” (Jeremías 1:5). “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10). El salmista declara que en el libro de Dios estaban escritos todos sus días antes de existir (Salmo 139:16). Si Dios tiene un camino preparado, entonces nuestra tarea no es inventar un destino, sino descubrirlo y caminarlo. Incluso cuando la Escritura dice: “Instruye al niño en su camino” (Proverbios 22:6), implica que hay un camino particular diseñado por Dios para cada vida. 3) Vivir sin propósito es vivir sin corazón ni dirección Vivir sin propósito es vivir sin corazón ni dirección. Es dejar que la vida nos arrastre por impulsos, emociones, comodidad o miedo. Es permitir que otros definan nuestra identidad y nuestro rumbo. “Sin visión el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18). Cuando el propósito se pierde, el alma se dispersa. Por eso Pablo exhorta a cuidar espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23), porque el propósito no solo se recibe: se sostiene. Él mismo describía su vida como una carrera (1 Corintios 9), consciente de que muchos corren, pero no todos terminan bien. Se puede quedar uno a mitad del propósito por descuidar áreas esenciales. 1 Corintios 9: 24-27 24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. 4) Tres ideas claves del libro “Una vida con propósito” (Rick Warren) Tres ideas claves del libro ‘Una vida con propósito’ de Rick Warren (todo un best seller). 1. No se trata de ti. (Tu vida no gira alrededor de tus sueños; gira alrededor de Dios.) 2. Fuiste creado con un propósito eterno. (No solo para existir, sino para impactar.) 3. Tu propósito se descubre en relación con Dios, no solo en introspección. (No es “¿qué me gusta?”, es “¿para qué me hizo Dios?”) 5) Para cada propósito hay proceso Ahora bien, para cada propósito hay un proceso. Nadie llega al cumplimiento sin ser trabajado por el Alfarero. Romanos 8:28-29 nos recuerda que todas las cosas cooperan para bien a los que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito, y que ese bien tiene una meta concreta: ser conformados a la imagen de su Hijo. El proceso incluye pruebas, ajustes, confrontaciones y crecimiento. Santiago dice que la prueba produce paciencia, y la paciencia obra carácter. El propósito no se improvisa: se forja. Y se forja en decisiones pequeñas. Un gran propósito se construye con muchos “sí” y muchos “no”. Sí a lo que edifica, no a lo que desvía. Sí al sacrificio, no a la comodidad que paraliza. Sí a la obediencia diaria, no al atajo atractivo. Jesús lo resumió con claridad: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). Un gran propósito incluye fracasos, tropiezos y momentos de debilidad, pero también la determinación de levantarse. “Siete veces cae el justo y vuelve a levantarse” (Proverbios 24:16). Lo que define al hombre del propósito no es que nunca cae, sino que nunca se queda caído. 6) Los amigos del propósito Los amigos del propósito: otra gente de propósito; las profecías que antes se nos dieron para que por ellas peleemos; nuestros padres, maestros, tutores y mentores; la gente que nos procesó; el súper enfoque de los hábitos devocionales (oración y Palabra); sobre todo el Espíritu Santo. Es el Espíritu del propósito. Perder al Espíritu es perder el propósito. 6.1) Otra gente de propósito Proverbios 13:20 (RVR60) “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.” 1 Corintios 15:33 (RVR60) “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.” 6.2) Profecías para pelear por ellas 1 Timoteo 1:18 (RVR60) “Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia.” 6.3) Padres, maestros, mentores 2 Timoteo 1:5 (RVR60) “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” 6.4) Hábitos devocionales (oración y Palabra) Josué 1:8 (RVR60) “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él…” Marcos 1:35 (RVR60) “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” 6.5) Sobre todo: el Espíritu Santo Zacarías 4:6 (RVR60) “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Romanos 8:14 (RVR60) “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” “Es el Espíritu del propósito. Perder al Espíritu es perder el propósito.” 7) Para cada propósito hay enemigos del propósito Pero, así como hay amigos del propósito, también hay enemigos. Otros caminos que parecen rectos, pero conducen a muerte (Proverbios 14:12). Relaciones que enfrían la visión. La comodidad que adormece. La incredulidad que aparta del Dios vivo (Hebreos 3:12). David es un ejemplo poderoso. Mientras estuvo centrado en el propósito, fue lámpara de luz para Israel. Pero cuando se quedó donde no debía estar —“en el tiempo en que los reyes salen a la guerra… David se quedó en Jerusalén” (2 Samuel 11:1)— comenzó la trampa del desvío. La caída con Betsabé no empezó en el tejado; empezó en la desconexión con su llamado. Fuera del propósito, el mismo hombre puede convertirse en algo irreconocible. Es impresionante constatar que el mismo hombre dentro y fuera del propósito es como la noche y el día. En el propósito eres oro; fuera del propósito eres latón. 1 Corintios 9:26-27 (RVR60) “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura… sino que golpeo mi cuerpo…” Lo he visto en mi propia vida: cuando me enredé en negocios que no eran mi llamado, me sentía como un gatito; cuando me centré en lo que Dios me había encargado, me convertí en un león. No cambió mi personalidad; cambió mi alineación. 8) Dos profetas: el profeta viejo y el profeta joven (1 Reyes 13) También lo vemos en 1 Reyes 13: el profeta joven, firme como un león de la jungla, obediente a la palabra recibida; y el profeta viejo, acomodado como mono de palacio, que termina desviándolo. Las relaciones incorrectas, la desobediencia sutil, el permitir pequeñas concesiones pueden frustrar un destino. El propósito requiere vigilancia. Profeta joven: cuidado con las relaciones incorrectas (el profeta viejo); cuidado con desobedecer la instrucción (siempre es retroceso); cuidado con mirar y comer de la ciudad del pecado (dar cabida al mal y al pecado). 9) Abrazar el propósito es… Sin embargo, abrazar el propósito es honrar a Dios. Es entrar en el camino preparado de antemano. Es permitir que lo de Dios te abrace a ti. Es vivir con destino y dirección. Es conectar con gente que comparte visión y formar relaciones trascendentes. “Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos” (Salmo 84:10). Mejor un día en el propósito que cien años fuera de él. 10) Gente que descubrió para qué nació Pensemos en g

    1h 14m
  2. Un profeta visitó España (Max Barroso)

    6D AGO

    Un profeta visitó España (Max Barroso)

    Un profeta visitó España (Max Barroso) El 20 de febrero de 2026, en la asamblea anual de la FPCE, Max Barroso, representante internacional del ministerio EveryONE trajo una palabra a los pastores y líderes presentes que es una voz profética muy oportuna para este tiempo: Mensaje de Max Barroso – Representante de EveryONE El sonido comenzó a cambiar. Hace quince años trabajábamos con esperanza, aunque no veíamos resultados. Pero con el paso del tiempo, ese sonido de fe comenzó a mezclarse con un tono de amargura. Las conversaciones alrededor de la mesa ya no estaban llenas de expectativa sino de cansancio. Sin darnos cuenta, nuestras palabras comenzaron a reflejar una reducción en nuestra visión de Dios. Seguíamos sirviendo, sí, pero muchas veces por obligación. Sabíamos que hubo un llamado, lo entendíamos como obediencia, pero habíamos perdido el gozo de la relación. Y el Señor nos dice hoy: Yo no me he olvidado de ti. Yo no soy hombre para mentir. El problema no es la ausencia de promesa. El problema es cuando la esperanza se transforma en resignación. Por eso la palabra en Isaías 54:1–4 es tan confrontativa: “Regocíjate, oh estéril…” ¿Regocijarme cuándo? En medio de la situación mala. Cuando aún no ha cambiado nada. Cuando el vientre sigue cerrado. Regocíjate. Recupera el sonido de fe y de alabanza de tu juventud. Como dice Oseas 2, vuelve a cantar como en los días de tu desposorio. Celebra lo que voy a hacer, no mires más atrás. Nuestra fe es necesaria para la obra. La promesa se cumplirá. Pero si Dios va a traer hijos, prepara tu casa. Prepárate para tener muchos hijos. En 1 Samuel 1 encontramos a Ana. Ella tenía una porción escogida, una doble porción de amor, pero el Señor había cerrado su vientre. Y una doble porción nunca sustituye la multiplicación. Puedes tener estructura, reconocimiento, incluso estabilidad… pero si hay esterilidad, no hay trascendencia generacional. No nos conformemos con la doble porción si el vientre está cerrado. Ana provocó una atmósfera. No fue una atmósfera de queja pasiva. Fue una atmósfera de desesperación santa, de fe intensa, de “no le voy a negar nada al Señor”. Ella decidió que no se conformaría mientras hubiera Samueles por nacer. Y cuando hizo voto, lo cumplió. Cuando el milagro llegó, no retrocedió. Entregó a su hijo. Y en el momento en que lo entregó, la revelación comenzó a fluir. En 1 Samuel 2:1 Ana profetiza acerca del Ungido, del Rey que vendría. Está viendo generaciones adelante. La Escritura dice que antes de que la lámpara se apagara y cuando los ojos de Elí comenzaban a oscurecerse, Samuel dormía en el templo donde estaba el arca. Era un momento crítico: una generación a punto de extinguirse. Pero antes de que la lámpara se apague, Dios siempre habla a una nueva generación. Hoy el Espíritu del Señor se está derramando sobre la Generación Z. Hay movimientos de adoración continua. Hay despertares en Florida, en Buenos Aires, en Singapur, en campus de Estados Unidos. Dios está soplando sobre una generación que no quiere tradición sin presencia. La pregunta es: ¿qué atmósfera estamos creando nosotros? Porque los padres espirituales debemos proteger y guiar, como Elí acompañó a Samuel cuando aprendió a reconocer la voz de Dios. Debemos decirles: “Vuelve a la presencia. Deja que Él te hable de lo que has de hacer.” No podemos mantenerlos encerrados en nuestra casa —es decir, en nuestra iglesia, en nuestro ministerio, en nuestro modelo—. Debemos entregarlos para que sirvan al Señor en todas las esferas. Ana abrió su mano. ¿La abriremos nosotros? En Lucas 1 encontramos otro ejemplo. Zacarías y Elisabet, estériles y de edad avanzada. En el lugar santo, el ángel anuncia un hijo. Y cuando nace, rompen con la tradición familiar y declaran: “Se llamará Juan.” Al hacerlo, están diciendo: esta generación no está para perpetuar nuestro nombre, sino para cumplir un propósito mayor. Cuando Zacarías suelta el nombre, su lengua también se suelta y comienza a profetizar. Qué contraste tan poderoso: Zacarías vestía con vestiduras sacerdotales. Juan vestiría pelo de camello. Uno representaba la tradición del templo. El otro, la voz que clama en el desierto. Pero el padre le dio espacio al hijo. Dio lugar a lo nuevo. Si no soltamos, no veremos profecía fluir. Isaías 54 termina con una declaración estremecedora: “Te extenderás a derecha y a izquierda; tu descendencia heredará naciones y habitará ciudades asoladas.” Eso no es solo para nosotros. Es para nuestros hijos. Para los Samueles. Para los Juanes. Pero depende de que seamos buenos padres espirituales. Depende de que no nos conformemos con nuestro pequeño éxito mientras haya una generación esperando nacer. Depende de que celebremos antes de ver. De que ensanchemos la tienda antes de que lleguen. El Señor le dice a la Iglesia que se siente estéril: Celebra. Ensánchate. Alarga tus cuerdas. Refuerza tus estacas. No seas escasa. No queremos solo escuchar historias de avivamientos pasados. Queremos ver a la Iglesia haciendo historia ahora. Recuperemos el sonido correcto. No el sonido de la resignación. Sino el sonido de fe. Porque antes de que la lámpara se apague, Dios ya está hablando a una generación. En el nombre de Jesús. Amén.

    30 min
  3. El poder de ser un amado

    12/22/2025

    El poder de ser un amado

    EL PODER DE SER UN AMADO Introducción Esta semana tuve una bonita experiencia (en medio de otras algo amargas): en la misma noche, Caleb tuvo un sueño que marcó su vida y yo recibí respuesta en cuanto a comprarle o no el coche a mi padre. Al despertar hubo un pasaje que golpeó mi corazón: Salmo 127:2 pues Él da a su amado aun mientras duerme Ser es superior al hacer: el principio espiritual del Salmo 127 El Salmo 127 comienza con una afirmación radical que desmonta toda espiritualidad centrada en el esfuerzo humano: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.» «Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues a su amado dará Dios el sueño.» (Salmo 127:1-2, RVR1960) Aquí se establece un principio eterno: ninguna obra tiene peso eterno si Dios no está en su origen, su centro y su sustento. El texto no desacredita el esfuerzo, sino la autosuficiencia. No critica el hacer, sino el hacer separado del ser. Sin Dios, todo hacer es vano. Con Dios, el ser “amado” transforma completamente el hacer. La palabra clave del pasaje no es “sueño”, ni “trabajo”, ni “pan”. La palabra clave es amado. Dios cuida a sus amados. “Amado” en el Antiguo Testamento La palabra hebrea traducida como “amado” es Yadid. No describe una función ministerial, ni un logro moral, ni una posición social, describe una relación íntima y afectiva. Cuando Moisés bendice a las tribus de Israel, dice de Benjamín: «A Benjamín dijo: El amado (Yadid) de Jehová habitará confiado junto a él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará.» (Deuteronomio 33:12) Aquí se concentran tres grandes verdades del amado: confianza, cobertura y cercanía. El amado no vive a la intemperie espiritual; vive bajo cuidado constante. El salmista ora: «Para que se libren tus amados (Yadid), salva con tu diestra, y respóndeme.» (Salmo 60:5) Daniel: el muy amado En el libro de Daniel aparece una expresión que define toda una vida: «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré…» (Daniel 10:11) Y de nuevo: «No temas, varón muy amado; paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate.» (Daniel 10:19) Daniel no es presentado ante el cielo por su cargo político, ni por su disciplina espiritual, ni siquiera por su don profético, sino por su relación: muy amado. A los muy amados Dios les confía revelaciones profundas, les comunica sus planes y les fortalece en medio de contextos hostiles. El amado oye la voz de Dios y recibe fuerzas para seguir adelante. Dios invierte en lo que ama: una verdad reveladora Invertimos en aquello que amamos. Ajustamos prioridades, destinamos recursos, protegemos y cuidamos lo que tiene valor para nosotros. El amor siempre busca el bien del amado. Mi experiencia con mi perrito... Gastamos en él, aunque nos cuesta, pero ya es un deber, porque le tenemos cariño. La Escritura revela que Dios actúa exactamente así: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32) Dios ya ha hecho la mayor inversión imaginable: entregó a su Hijo amado. Si eso es verdad —y lo es—, entonces todo lo demás queda claro. Dios no puede evitar buscar nuestro bien, porque nos ama. Los beneficios de ser un amado La Escritura muestra una y otra vez qué produce esta identidad: 1. Descanso – “A su amado dará Dios el sueño.” Salmo 127. 2. Protección – “Habitará confiado.” Benjamín. 3. Revelación – Como a Daniel. 4. Autoridad espiritual – Jesús, el Hijo amado. 5. Dirección – Dios habla al amado. “Este es mi Hijo Amado”. Ser amado no es un título pasivo, es una posición poderosa. Jesucristo: el Hijo amado Toda la Escritura se centra en una persona: Jesucristo. La identidad de “amado” alcanza en Él su máxima expresión. Antes de predicar, antes de hacer milagros, antes de elegir discípulos, el Padre declara públicamente: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.» (Mateo 3:17) El evangelista menciona el cumplimiento de una profecía de Isaías: Mateo 12:18 He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio. Su obediencia, su autoridad y su entrega fluyen desde una identidad segura, de Hijo. En el monte de la transfiguración, el Padre vuelve a decir: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.» (Mateo 17:5) Toda cristología sana nace de esta confesión: Jesús es el amado eterno del Padre. Amados en el Amado: nuestra identidad en Cristo El evangelio no consiste solo en que Cristo es amado, sino en que nosotros somos introducidos en esa misma relación. Pablo lo expresa así: «Nos hizo aceptos en el Amado.» (Efesios 1:6) Nuestra identidad no está basada en nuestro rendimiento espiritual, sino en nuestra unión con Cristo. Somos amados en Él. Jesús afirma: «El Padre mismo os ama.» (Juan 16:27) Y en su oración sacerdotal declara algo que sobrepasa toda lógica humana: «Los has amado a ellos como también a mí me has amado.» (Juan 17:23) El mismo amor con el que el Padre ama al Hijo eterno es el amor con el que ama a los que están en Cristo. No obedecemos para ser amados. Obedecemos porque ya lo somos. Los frutos de vivir como amados La identidad produce transformación: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” (2 Corintios 7:1) 1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:1-2) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia... (Colosenses 3:12) Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. (1 Juan 4:7) El que vive como amado descansa, obedece, ama y sirve desde una identidad segura. El Espíritu Santo: el testigo interior La identidad de ser amados no es solo una verdad doctrinal que aceptamos con la mente; es una realidad espiritual que se experimenta en el corazón. Y aquí entra en escena la obra imprescindible del Espíritu Santo. Dios no quiso que la certeza de su amor dependiera únicamente de nuestra capacidad de creer o recordar textos bíblicos. Por eso envió a su Espíritu para que dé testimonio interno, profundo y personal, de que somos verdaderamente sus hijos. El apóstol Pablo lo expresa con una claridad extraordinaria: “Porque no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:15–16) Aquí se nos revela algo fundamental: el Espíritu Santo no solo informa, confirma; no solo enseña, testifica; no solo ilumina la Palabra, sella la identidad. El Espíritu Santo es quien rompe el espíritu de orfandad y esclavitud. Ya no nos acercamos a Dios como siervos inseguros, sino como hijos amados que claman “Abba”, una expresión íntima, cercana, profundamente afectiva. El amor derramado, no solo declarado Pablo va aún más lejos cuando afirma que el amor de Dios no es solo proclamado desde el cielo, sino derramado dentro del corazón del creyente: “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5) Esto es crucial para entender el poder de ser un amado. El amor de Dios no es una idea abstracta, ni un concepto teológico distante. Es una experiencia espiritual, una obra interna del Espíritu Santo. Hay creyentes que conocen versículos sobre el amor de Dios, pero viven como si no fueran amados. ¿Por qué? Porque esta verdad no se sostiene solo con información bíblica, sino con revelación espiritual. Es el Espíritu Santo quien: • hace real el amor del Padre, • sana la imagen distorsionada de Dios, • restaura corazones heridos, • y establece una identidad firme y segura. Sin el Espíritu Santo, la doctrina puede volverse fría. Con el Espíritu Santo, la verdad arde en el corazón. El Espíritu Santo y la seguridad del amado Ser amado implica vivir con seguridad espiritual. Y esa seguridad nace del sello del Espíritu. Pablo escribe a los efesios: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” (Efesios 1:13) El sello habla de pertenencia. El Espíritu Santo es la garantía de que le pertenecemos a Dios y de que su amor no es provisional ni condicional. Por eso, cuando el creyente vive lleno del Espíritu: • deja de buscar aprobación, • deja de vivir desde la culpa, • deja de servir desde el miedo. El Espíritu Santo nos recuerda constantemente que no somos tolerados, sino amados; no somos huéspedes, sino hijos; no somos trabajadores, sino herederos. El Espíritu y la experiencia del amor que transforma Juan, el discípulo a quien Jesús amaba, escribe con una autoridad nacida de la experiencia: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.” (1 Juan 4:16) Este “conocer” no es meramente intelectual. Es relacional, vivencial. Y ese conocimiento solo es posible por la obra del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo gobierna, el creyente: • permanece en el amor, • camina en obediencia, • descansa en la filiación. Así se

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