El Oyente de la Palabra

Padre Luis M Flores Alva

Este podcast, el Oyente de la Palabra, surge de la convicción de que el Ser Humano solo alcanzará históricamente su realización al cimentar toda su existencia en la Palabra que le motiva e ilumina.

  1. Aug 29

    El que quiera venir conmigo...

    El domingo pasado acompañábamos a Jesús y a sus discípulos hasta Cesarea de Filipo. Allí Pedro confesó: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Y Jesús respondió revelándole su propia identidad: «Tú eres Pedro.» Descubríamos entonces una verdad profundamente consoladora. El Padre revela quién es el Hijo.Y el Hijo revela quiénes somos nosotros. Pero el Evangelio de hoy da inmediatamente un paso más. Porque recibir una identidad no significa haber llegado ya a ella. Pedro ya ha escuchado: «Tú eres Pedro.» Pero todavía necesita llegar a ser esa roca que Cristo contempla en él. Por eso Jesús comienza a anunciar por primera vez su pasión. Dice que debe ir a Jerusalén.Que debe sufrir.Que será rechazado.Que morirá.Y que resucitará al tercer día. Entonces Pedro reacciona. «¡Eso no te puede suceder!» Es una frase que nace del cariño. Pedro ama sinceramente a Jesús. Pero todavía piensa como los hombres y no como Dios. Sin darse cuenta, Pedro no sólo está rechazando el sufrimiento de Jesús. También está rechazando el camino que un día él mismo deberá recorrer. Porque si el Maestro pasa por la cruz... también el discípulo. Entonces Jesús pronuncia unas palabras muy fuertes: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» Muchas veces pensamos que Jesús está rechazando a Pedro. Pero el Evangelio dice algo mucho más hermoso. Jesús no lo expulsa. Lo vuelve a colocar en su lugar. El discípulo no camina delante del Maestro diciéndole cuál debe ser el camino. El discípulo camina detrás de Él. Sólo siguiendo a Cristo podrá llegar a ser aquello que Cristo ya le ha dicho que es.

  2. Aug 22

    Tu eres el Mesías...

    Durante varias semanas Jesus, a través del evangelio de san Mateo, ha ido conduciendo pacientemente a sus discípulos. Hace dos domingos nos enseñó a reconocer su presencia en medio de las tormentas y, el domingo pasado, a ensanchar el corazón hasta hacerlo participar de la misericordia de Dios para todos los pueblos. Hoy ese camino llega a un momento decisivo. Jesús conduce a sus discípulos hasta Cesarea de Filipo y les hace una pregunta que parece sencilla: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Las respuestas son conocidas. Unos dicen que Juan el Bautista. Otros, Elías. Otros, Jeremías. La gente reconoce que Jesús es un hombre extraordinario, pero todavía no alcanza a descubrir quién es realmente. Entonces Jesús hace una segunda pregunta, mucho más personal: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro responde: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Y entonces sucede un giro inesperado. Jesús no responde hablando de sí mismo. Comienza a hablar de Pedro. «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!... Y yo te digo que tú eres Pedro.» Es como si dijera: “Ahora que has recibido del Padre la gracia de conocer quién soy yo, ha llegado el momento de que descubras quién eres tú.” Aquí aparece una de las grandes enseñanzas del Evangelio. Nadie descubre su verdadera identidad comenzando por sí mismo. Primero es necesario encontrarse con Cristo. Sólo cuando conocemos quién es Él, comenzamos a comprender quiénes somos nosotros.

  3. Aug 15

    Dios ha permitido que cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos su misericordia.

    Durante varias semanas san Mateo ha ido formando pacientemente el corazón de sus discípulos. Primero les enseñó que la Palabra sólo puede dar fruto en un corazón dispuesto a escuchar. Después les mostró que el Reino crece con la paciencia de Dios. Más tarde los condujo a descubrir el tesoro escondido, a reconocer el verdadero alimento que sacia el corazón humano y, el domingo pasado, a aprender a reconocer la presencia de Cristo en medio de la tormenta. Hoy el camino continúa. Pero ahora la pregunta es distinta. ¿Es nuestro corazón tan grande como el corazón de Dios? La primera lectura nos ofrece la clave para comprender el Evangelio. El profeta Isaías anuncia algo verdaderamente sorprendente para el pueblo de Israel: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos.” Israel había recibido la elección de Dios como un privilegio. Pero Dios recuerda que aquella elección nunca tuvo como finalidad excluir a los demás, sino convertirse en instrumento de bendición para todas las naciones. El corazón de Dios siempre ha sido más grande que las fronteras de Israel. Con esta promesa en el corazón llegamos al Evangelio. Una mujer cananea, extranjera, sale al encuentro de Jesús suplicando por su hija. Y, para sorpresa nuestra, Jesús guarda silencio. Después parece rechazarla. Y finalmente pronuncia unas palabras que siempre nos resultan difíciles de escuchar: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”

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Este podcast, el Oyente de la Palabra, surge de la convicción de que el Ser Humano solo alcanzará históricamente su realización al cimentar toda su existencia en la Palabra que le motiva e ilumina.