Disidencias, con Alfredo Urdaci

STUDIO VOZ

Un podcast a contracorriente, para personas que piensan diferente, para salmones que suben el río en lugar de dejarse arrastrar

  1. 12/13/2023

    Sánchez entrega Pamplona a Bildu

    Cuando el hombre de bosque hacía aspavientos en la tribuna del Congreso por las palabras de Abascal, que cada hora que pasa parecen más premonitorias, cuando movía sus ramas atolondrado, y agitaba sus manazas, ya sabía que él y su partido iban a entregar la alcaldía de Pamplona a Bildu, es decir, la rama tecnócrata de la ETA. Es un regalo más de los Sánchez y los López a los que pegaban un tiro en la nuca a los socialistas y nunca se arrepintieron de coserles al suelo a balazos. Primero retiraron a la Guardia Civil de las carreteras, luego entregaron la federación de municipios a Bildu, ahora le entregan la alcaldía de Pamplona, y luego vendrán las alcaldías de otros pueblos y ciudades en las que la suma de la rosa socialista y la serpiente de Bildu pueden sumar una mayoría, que ayer parecía contra natura y hoy confunde a los dos partidos en uno solo, fundidos en el destino sanchista. Los sucesos de este martes, los presagios que anuncian, son de una gravedad extrema. No parece un cierre de la historia sino una sumisión, una apertura de piernas del socialismo para que desfilen por su matriz los orcos que hicieron de la brutalidad criminal su forma de hacer patria. El destrozo del socialismo navarro es mucho más grave que el que practicaron Urralburu y Aragón, condenados a once y siete años por corrupción, los dos continuadores de Roldán, que en Pamplona comenzó su historia de codicia sin límite. Gracias a Sánchez, Bildu se apodera de la Pompaelo romana, de la vieja capital del reino de Navarra, que se unió a Castilla. El poco aparato ético que le quedaba al socialismo navarro ha sido pulverizado por el caudillo, vestido de azul, que nos gobierna. Rotos todos los puentes entre el PSOE y la Unión del Pueblo Navarro, que ganó las elecciones municipales, en enfrentamiento deriva ahora hacia un escenario callejero. Y en Navarra la calle no suele tener matices. Se trata por tanto de un triunfo más de un presidente, de nuestro querido Fuhrer, que ha hecho de la discordia su programa de gobierno, su estilo y su fin, su apuesta más genuina.

  2. 12/11/2023

    Una ceremonia de narcisistas

    No nos habíamos recuperado del documental de la Preysler, de las lágrimas de su chófer y de la crueldad de Tamara, que desde su ser adiposo llamó gorda a Ramona, la cocinera de mamá, cuando llegó Sánchez, toda vestida de azul, a presentarnos un libro que no ha escrito, pero que asume como propio. No solo no lo ha escrito, es probable que ni siquiera lo haya leído. ¿Qué necesidad tiene? ¿Qué le va a contar a Sánchez un libro sobre Sánchez que Sánchez no sepa? Con la de cosas que Sánchez le podría contar al libro y no le ha contado. Le ayudaron en la faena teatral una periodista de El País y Jorge Javier, desterrado de Tele5 y convertido en mayordomo por una mañana. Lo de JorgeJa tenía sentido, y fue la estrella de la juerga, porque se lo tomó como una competencia entre dos narcisistas, que es de lo que se trataba. El sultán se llevó a Jorge para ver qué gallo es más gallo en la gallera. La chica de El País pasó mucha vergüenza, pero vistió la cuota sexual con rigor. La ideológica no, porque mientras el sultán se quejaba de que las tertulias están llenas de señores de derechas, él puso a su lado a dos que presumen de izquierdistas: el primero JorgeJa, que siempre dijo que hacía programas para rojos y maricones, y la segunda que representaba a un periódico al que todo lo que hace Sánchez le parece bien, menos el nombramiento de Oliver al frente de la agencia Efe, que se lo tomaron como algo excesivo.

  3. 12/11/2023

    Preysler y el servicio

    Se nos ha hecho larga la espera de esta jornada en la que se atisba por fin esa Tierra Firme. Para entretener el largo y frío fin de semana, pusimos en casa estos días ese documental sobre la Navidad de la Preysler. Es la nada que habita en un gran chalé medio vacío, por el que desfilan amigos muy cuquis. Isabel es al aire transparente, la inconsistencia vestida de Armani, la inanidad de un desayuno íntimo con un kiwi y un pomelo. Es probable que el resultado tenga que ver con las absurdas preguntas que una voz en off le plantea. Cuestiones radicales, de una profunda humanidad, como, por ejemplo, el criterio que utiliza la señora para poner la mesa. Es un programa cómico, alejado de la realidad, a una distancia sideral de la vida, tal y como la conocemos. Tiene algo perverso esta miniserie, porque nos hace ver que el personaje más interesante de la casa no es la dueña, que apenas esboza una sonrisa, amenazada por una piel acartonada y tirante, sino el mayordomo, que es el único que acierta a llorar cuando tiene que llorar y a expresar emociones cuando vienen al caso. Tan solo hay un momento en esta comedia documental toca carne y hueso. Y es cuando Tamara entra por la cocina, con sus dos perritos. Entre pucheros trabaja Ramona, que es sudamericana, y a la que Tamara pregunta por sus deseos para la Navidad, que es algo en lo que todos meditamos cada mañana. Y Ramona, tan sincera, quiere ver a los suyos, que viven tan lejos, y también adelgazar. Que es algo que todos los mortales queremos hacer compatible con nuestro apetito. Y es en ese momento cuando Tamara nos dice algo que no sabíamos y que Ramona nunca nos habría confesado, salvo mediar tortura, salvo que la amenazaran con colgarla por los pies de una catenaria.

  4. 12/04/2023

    La pashmina y los Jaimes

    Mientras un electricista que hizo carrera en una empresa llamada Iberfruta negociaba el futuro de España en Suiza con los capos de la secesión, la nación se distraía en las redes con los mensajes de Jaime del Burgo, literatura para chonis con adornos de lujo, la ya famosa pashmina que cubre los hombros de la majestad en una foto clandestina. Las pashminas las carga el diablo. A una conocida periodista le costaron un disgusto. La muchacha era corresponsal de un medio público, y le gustaban mucho las pashimnas, y las compraba en Londres, hechas con tejido de auténtico cashmere, material caro, muy caro, very expensive, decía la dependienta. Hasta ahí, todo correcto. El problema es que la doña pasaba los gastos al erario público, disimulada la pashmina como si fuera un chaleco antibalas para ir a la guerra, y la pashmina la pagaba el contribuyente con el sudor de su frente y el dolor de su lomo. Al menos esta pashmina que ayer nos dio la tarde, parece que se había pagado con dinero privado. Pero vamos al asunto, no nos desviemos. La prenda abrigaba a la Reina, y el prenda seguía colocando mensajes en su cuente de twitter mientras España se constipaba con el frio suizo que nos trajo Santos Cerdán, el electricista de Iberfruta. La electricidad ha tenido mucho que ver en la historia del socialismo, y si en tiempos de Corcuera, que fue ministro del interior, permitió abrir las casas de la gente soberana de una patada en la puerta, hoy es razón suficiente para arreglar España desde Suiza, que es donde fueron algunos españoles cuando España ya no tenía remedio por la guerra.

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