300 palabras para (des) aprender a vivir.

Guillermo S. Giaquinta

Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos. Soy Guillermo Giaquinta. Publicista, autor de canciones (algunas conocidas), "escribidor" y perdedor en los principales certámenes de novela del mundo (pero insisto). En 300 palabras, voy a compartir con ustedes mi mirada sobre las cosas que nos interesan a los que nos interesamos por las cosas. Bienvenidos.

  1. Sep 8

    Cavernícolas. (Cortar o seguir?)

    ¿Sabés desde cuándo viene eso de “yo sólo para ti y tú sólo para mí”? Una teoría dice que, en los tiempos de las cavernas, esa gente, toda peluda, se dividía, más o menos, así:  el más fuerte era el jefe, los hombres cazaban y las mujeres criaban y recolectaban y las crías eran de todo el clan. Probablemente no supieran que después del coito venía el embarazo. A las mujeres, simplemente, les brotaba leche y un bebé, de vez en cuando. Todo era pura armonía, pero una conducta empezaba a generar problemas. Los muchachos volvían de largos días de cacería y les daba por aparearse un rato. A la hora de elegira la hembra, los machos luchaban y hasta llegaban a matarse entre sí, nunca a la hembra.  El jefe, viendo que perdía a buenos cazadores por culpa de este pequeño desacuerdo, decidió armar parejas fijas y listo. Creó la monogamia.   El paso del tiempo, no cambió nada. Cada época fue más o menos brutal, más o menos racional, con más o menos derechos, pero la cosa llega igual a nuestros días. El lema “yo sólo para ti y tu sólo para mí”, sigue intacto.   Con bastante éxito, el divorcio le agregó al lema la variable “ganas” y lo mejoró bastante. “Yo sólo para ti y tu sólo para mí”, mientras duren las ganas.   Otra variable al lema cavernícola es la infidelidad no descubierta. (No hay datos estadísticos. A los encuestadores, todos les responden NUNCA o “mirá si te lo voy a contar avos, gil)   El problema es la infidelidad descubierta, porque te detiene en una bifurcación: seguir o cortar.   Si sos militante del “modelo monogámico hasta la muerte” y te alcanza con un PERDON, COMETÍ UN ERROR, podrás seguir adelante. Te recuerdo que un error es poner la pava eléctrica arriba de la hornalla a gas. Sacarse la ropita en otra casa, no. Pero bué.   Ahora, si le vas a dudar las razones, si no podés entender lo que hizo, si solamente se te vienen a la cabeza frases que empiezan con CÓMO, CUÁNDO, DÓNDE, QUÉ, QUIÉN Y PORQUÉ, mejor no insistas. No seas cavernícola.

  2. Jun 27

    Mucho de todo.

    En este mundo de 8.300 millones de personas que somos, vengo notando que hay mucho de todo. Porque ahora, las minorías son de a muchos. Mirá: Muchos subiendo montañas Solamente al Everest, 900 escaladores intentan por año, más los guías y los sherpas. Y no van más porque cuesta entre 40 y 100 mil dólares.   Muchos subiendo canciones a internet: por día, 120 mil temitas. Sólo en Spotify, hay 11 millones de artistas.   Muchos editando libros. Sólo en Argentina, datos de la cámara del libro, 36.942 títulos nuevos en lo que va del 2026   Muchos haciendo turismo. Casi 12 millones de personas vuelan en avión por día, más de la mitad por turismo. Un dato curioso: en pandemia se cortaron los vuelos y se cerró el agujero en la capa de ozono.   Muchos viajando de grandes para ir a visitar a los chicos. Muchos autos. Ya hay fábricas que producen un auto cada 52 segundos. Muchos accidentes de autos. Muchos haciendo lo que les dicen que hay que hacer. Muchos diciendo lo que sí va y lo que no va más. Muchos repitiendo errores. Muchos fanatizados por el deporte. Muchos ciclistas. Muchos yendo a un gimnasio. Muchos corriendo maratones Muchos queriendo ser artistas. Muchos llenando los estadios. Muchos muriendo en actividades estúpidas. Muchos divorciados. Muchos que ya no se casan. Muchos que no piensan en tener hijos. Muchos creyendo que van a vivir para siempre. Muchos suicidios. Muchos viviendo el presente como si no tuvieran un ayer. Muchos con penas viejas. Muchos pensando en cambiar de vida. Muchos convencidos de que la gente no cambia. Muchos comprobando que la cosa no era cambiar de lugar. Muchos haciéndose viejos. Muchos que toman más de dos medicamentos. Muchos que no se vacunan. Muchos que practican el ayuno intermitente. Muchos que hacen ayuno de prepo. Muchos con obesidad. Muchos con muy malos diagnósticos. Muchos solos. Muchas solas. Y muchos, muchísimos, con una esperanza boba, pero indestructible.

    Mucho de todo.
  3. May 21

    ¿Por qué o para qué?

    Ahora resulta que el tema del momento es la imparable baja de nacimientos en el mundo. No te voy a dar datos porque lo gugliás y listo, pero es muy preocupante para los gobiernos. Raro eso, porque no se preocupan por estar destruyendo al planeta o matando gente con armas nuevas, pero por el sistema previsional o la mano de obra barata sí. Raro eso también, porque con la robotización y la IA estarían sobrando desocupados como para traer más desocupados al mundo y encima hacerlos esperar hasta que se jubilen. Culpan a los jóvenes por no tener hijos. Obvio. No nos van a culpar a nosotros que con la próstata y la menopausia ya tenemos con qué entretenernos. Los culpan y dan las razones sesgadas: porque no quieren responsabilidades, porque no tienen parejas duraderas, porque quieren realizarse en sus proyectos, porque son egoístas y tanta otra conclusión que parte de una pregunta equivocada.   (POR QUÉ es para preguntar por el motivo y PARA QUÉ por la finalidad)   Nosotros, los que ya estamos para abuelos, jamás nos preguntamos POR QUÉ TENER HIJOS, porque la respuesta era porque sí, porque es lo que hay que hacer, porque para eso te casaste, porque nos amamos y tanta otra cosa preestablecida que no tenía nada que ver con la llegada de un nuevo ser humano al planeta.   Parece ser que la pregunta que se hacen los jóvenes es PARA QUÉ querríamos tener hijos. Y ese PARA QUÉ lo aplican a todos los mandatos sociales. Estos pibes nacieron con internet y no tienen nuestra mirada del mundo.       En una escena de la película LA GRACIA, de Paolo Sorrentino, el presidente de Italia y su hija discuten sobre la legalización de la eutanasia desde sus miradas generacionales.  El presidente tiene que firmar la ley y duda. (No la estoy “espoiliando”, de eso va la trama). La hija le pregunta: ¿De quién son nuestros días? y el padre va a pensar la respuesta durante toda la película. No la digo.   Porai, en estos tiempos, no sea un dato tan importante Por Qué vivimos sino descubrir Para Qué vivimos y esa es la madre de todas preguntas.

    ¿Por qué o para qué?
  4. Apr 13

    Todo al revés.

    ¿En algún momento, todo se dio vuelta? ¿Ta todo al revés? Para mí, sí. Una noticia de estos días me sirve de ejemplo. Mirá. Tuvo que renunciar un super cocinero de una topísima cadena mundial de restoranes porque más de 30 cocineros que trabajaban para él le hicieron un piquete y lo escracharon. Parece ser que el “tipito” maltrataba física y psicológicamente a todo el personal de la cocina. Piñas en el estómago a uno por haber dejado la marca de una pinza en el pétalo de rosa que decoraba el plato. Empujón con golpes y heridas a una cocinera que atendió una llamada de su celular. Cuando el restorán, con cocina a la vista, estaba con gente, se agachaba y les pinchaba las pantorrillas con tenedores para que se apuraran. ¿Qué tal el enfermito? Y todo el mundo callado soportando porque era el genio de la cocina mundial con 3 estrellas Michelin. Este “picacebollas” subnormal, inflado por un culto a la estupidez que no sé cuándo empezó, prometía listas negras en el“gastromundo” para el que fuera despedido. ¡Y los pibes quieren ser cocineros! Ok. Alguien tiene que hacerlo. Además, los cheff ahora tienen un halo cool, ya no tienen panza – cocinero panzón es igual a comida grasosa – y dan órdenes a los gritos como si fueran el capitán del Titanic con el iceberg a la vista. Vos, pelá papas. Vos, picá el ajo. Vos, poné los fideos. Uff. Patéticos.   Se comieron la del artista vehemente. Arte culinario quiere decir que sabés cocinar. No más que eso.   Existe el arte efímero, es verdad, pero nunca tanto como para que su obra termine, más temprano que tarde, en el inodoro, sí o sí.   Estos personajes cuentan con esa clase de clientes que antes de la comida, durante la comida y después de la comida sólo hablan de la comida y les queda de esa “gran experiencia” contar lo que comieron. Pero bué. Cuando éramos jóvenes, comíamos cualquier cosa y hablábamos de la vida. Hoy, se habla de la comida y la vida es cualquier cosa. Todo al revés.

  5. Mar 5

    Emparchados.

    Esto lo aprendí bien: cuando uno pincha una rueda lo primero que tiene que hacer es llevarla a emparchar. Impostergable. Porque “pinchar” pero tener rueda de auxilio es una buena y una mala. La de cal y de arena, que le dicen. Ayer, entré a la gomería y la radio estaba bien fuerte y pasando las noticias de los bombardeos de Medio Oriente. Qué desastre, le dije, parece que nos extinguimos, nomás. El gomero bajó el volumen de la radio y me miró con cara de “no escuché lo que dijiste”. Le repetí y le agregué algún dato inútil más de esos que vamos a retener algunos días y al pedo. ¿Y si se meten los chinos y los rusos? y le sobreactúo una preocupación que no tengo. El tipo me mira un rato largo – 5 segundos, ponele – y me dice que yo soy el último que va a atender hoy, porque se tiene que ir ya al Hospital Central, que tiene internada a la esposa, y la hija lo está esperando para que la reemplace porque ha dejado a los chicos con una vecina que los puede tener nada más que hasta la una porque entra a trabajar en el “Dalvian” y toma dos micros… Lo interrumpo y le digo que no hay problema, que vuelvo mañana y él empieza a desarmar mi cubierta y en ese gesto me está diciendo que sí hay problema, que necesita la plata que me va a cobrar. No se me ocurrió decirle que le dejaba pago el trabajo y buscaba la rueda mañana. (Siempre me pasa que “las mejores” se me ocurren al otro día). Mientras lo miraba trabajar, me prendí un cigarrillo – fea imagen, esa – y pensé que el verdadero mundo es tu pequeño mundo. Que las cosas que realmente importan son las que te están pasando a vos, aquí y ahora. Me parece que no es ese individualismo que tiene tan mala prensa. No es indiferencia. Es mera supervivencia. Hoy, algunos tendrán que correr hasta el refugio antiaéreo y otros correr para no perder el bondi. Cada uno en su batalla. Cada uno con su parche.

    Emparchados.
  6. Jan 15

    Las "canosas" de siempre.

    Tengo un amigo que andaba muy entusiasmado con su nueva relación que, dicho por él, le había “cambiado la vida”. –     ¿Seguís con “la canosa”? – le dije. –     Más o menos. Hay novedades. – me dijo – Estacionate y te cuento. Nos tomamos un café en la estación de servicio. Once de la mañana. 10 minutitos. Primera novedad: “La canosa”, con la que jamás iban a convivir, ahora quiere convivir.  Segunda novedad: la hija de la canosa que vive en Bariloche, hippie como la madre, que tiene un nene de cinco, uno de tres y ahora está embarazada, quiere “vivir el embarazo” en Mendoza. Tercera novedad: que todos se quieren instalar en la casa de mi amigo y, para él, familia ajena y numerosa, nunca fue el plan.  Que lo deprimía la idea de andar pateando juguetes tirados y me dijo los nombres de los niñitos (que más bien me sonaron a complejo de cabañas) y que después la seguíamos, que cualquier novedad, te aviso. En una serie francesa que estoy viendo, (Alphonse, se llama), pasa, más o menos, lo mismo. Margot, está casada con Alphonse, pero, a la vez, es amante de la gerenta de un banco. La gerenta le pide que vivan juntas y Margot le dice que no, que por qué, que así está todo muy bien. La gerenta, antes de irse para siempre y enojada, le dice: “Es que cuando me enamoro, me vuelvo muy tradicional” Nada nuevo bajo el sol. Problemas de gente moderna que quiere insistir en un modelo tradicional. Soy un prejuicioso. Es verdad. Veo a una mujer que ha decidido no teñirse más y creo que es una militante en contra de los mandatos patriarcales y de la sociedad de consumo. Hace mucho que una estética no va de la mano de una forma de vida. Todo es sólo moda. Me acordé de la frase de Tancredi, el sobrino del Gatopardo: cambiar todo para que nada cambie.

    Las "canosas" de siempre.
  7. Jan 15

    Seguro, seguro, no sé.

    Las cosas nunca van tan bien como para dejar de tener miedo, y nunca van tan mal como para perder la esperanza. Proverbio turco.   Está bien eso, ¿no? Aunque al miedo, en estado puro, sólo lo sintamos en todo el cuerpo, cuando escuchamos, a la noche, un ruido raro en nuestra casa, casi todas las cosas que hacemos, las hacemos por miedo.   De todas maneras, si te preguntan si sos miedoso, decís que no. Y es verdad. Porque nadie tiene miedo cuando maneja a 100, ni cuando cambia una lamparita. Por las medidas de seguridad, que le dicen.   Hoy, se escucha más que nos sentimos inseguros. Todo lo que se vende lleva, en algún lugar, escrita la palabra seguridad. Alimentos, autos,casas, medicamentos, vuelos, hoteles, juguetes. Todo. Es una de las principales razones que deciden una compra.   Queremos seguridades imposibles porque tenemos miedos indomables.     Porque el miedo originario es a morir. Dicen que es el mecanismo natural que se nos activa automáticamente y que nos ha hecho sobrevivir como especie. (Parece ser que no sobrevivió el más apto sino el más“gonca”).   Con la llegada de la propiedad privada, se extendió a “miedo a perder lo que tenemos”. Un miedo que desaparecería si no te apegaras a nada. Claro, se dice fácil.   Y pensar que hay gente que se ha suicidado cuando lo perdió todo. Ok. Hay cosas más valiosas que la propia vida, dice el IChing, pero no creo que se refiriera a los bienes materiales.   El primer chiste de humor negro que escuché fue ese que decía que el cinturón de seguridad en los aviones es para que no se desparramen lo cadáveres. Pero, igual, bien ajustadito, nos hace sentir seguros.     Muy capo el que le puso Seguro a los seguros. Más que seguridad, te meten miedo por todo lo malo que te pueda pasar. Ahora, con lo de los Seguros de vida, creo que se pasaron de cínicos.

  8. Jan 15

    Eso no va a pasar.

    A alguno le va a pasar que se le “pinche” una rueda en la ruta, de noche y no tenga el “gato” y se le ocurra pedir ayuda en una fábrica, (que parece que está trabajando porque se escucha el ruido de las máquinas). Por no estar enterado y por la poquísima luz de adentro, va a estar media hora pidiéndole un gato a un obrero indiferente y se va a ir diciéndole que se meta el gato ahí mismo, sin notar que es un robot. No es el viejo chiste. Es la realidad. Da miedito, ¿no? Sí. Se viene esa. La Dark Factory. Fábrica oscura. Lo dijo Elon Musk. Fábricas totalmente automatizadas donde los robots hacen todo, las 24 horas, sin intervención humana. Por otro lado, el temita de la IA y la cantidad de oficios y profesiones que se van a perder. Otra razón para estresarse. No es una novedad para la historia que mucha gente se caiga del progreso tecnológico. Pasó siempre. El tema es que ahora, si te preocupás por los avances que predicen, hacés bien. Porque llegan y generan cambios de un día para otro.  Veamos el lado bueno. Se termina la maldición bíblica de ganarse el pan con el sudor de la frente. Ya no vamos a tener que escuchar esas frases bobas de toda bobedad, como: “si me ganara la lotería, seguiría trabajando”. O “no puedo estar sin hacer nada”. Ahora, vamos a dedicar todo el tiempo a no hacer nada, sí o sí.     Ahora, los que van a laburar como robots, son los robots. (¿Sabías que robot es una palabra checa y quiere decir trabajo forzado o servidumbre?) Veamos el lado preocupante: ya no van a necesitar esclavos. Ok. Desde 1960, hay propuestas de economistas y líderes tecnológicos para dar una RBU, RENTA BASICA UNIVERSAL a todos los habitantes del mundo, que alcance para cubrir las necesidades básicas. Mmm… Eso no va a pasar. ¿Cuánto faltará para que millones de humanos insatisfechos se enfrenten a las máquinas y peleen contra un ejército de robots? Al final, “Terminator” era un documental, nomás. Lo loco es que la humanidad podría ganarle ya la batalla, simplemente dejando de consumir todo lo que producen esas máquinas. Autos, celulares, ropa… Eso tampoco va a pasar.

    Eso no va a pasar.

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Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos. Soy Guillermo Giaquinta. Publicista, autor de canciones (algunas conocidas), "escribidor" y perdedor en los principales certámenes de novela del mundo (pero insisto). En 300 palabras, voy a compartir con ustedes mi mirada sobre las cosas que nos interesan a los que nos interesamos por las cosas. Bienvenidos.