Corpus Christi Hoy vamos a llevar a Jesús por las calles. Vamos a andar con él, a dar un paseo, a acompañarlo por los alrededores de la iglesia. Vamos a tocar música, quemar incienso y llevar flores. Queremos traer las flores de nuestras buenas obras. Durante el día podemos recoger las que encontramos por el camino y formar un buen ramo. Son pequeñas flores que nadie reconoce, pero que no pasan desapercibidas a un ojo delicado. Quemamos el incienso de nuestros buenos deseos, que llegan a la presencia del Dios Todopoderoso, a través del humo que sigue subiendo. Y tocamos nuestra mejor música, enviando nuestros pensamientos hacia él, expresando con palabras lo que llevamos en nuestro corazón. Durante el Jueves Santo organizamos la procesión dentro de la iglesia, hacia el Monumento. Acompañamos a Jesús en el jardín de los olivos, hacia su agonía en Getsemaní. Es una procesión triste, con los apóstoles durmiendo, solo Judas despierto. Hoy vivimos el misterio del Jueves Santo a la luz de la resurrección, que sucedió unos días más tarde. Entonces fue el Via Crucis, el camino hacia la cruz, a través de las calles de Jerusalén. Hoy es el Via Lucis, el camino de la luz, brillante como la luz del sol al medio día. No pudimos celebrar laHostia Santa dignamente el Jueves Santo, porque Jesús iba a morir por nosotros. Después de su resurrección, se fue al cielo, pero se quedó con nosotros en el sagrario. Hoy le felicitamos por su presencia. Estamos agradecidos de que haya decidido quedarse con nosotros. Es una fiesta magnífica. Como un rey que sale a encontrarse con sus súbditos. Tocamos música, cantamos canciones, nos alegramos de su presencia. Lo acompañamos con nuestros mejores vestidos, con nuestros mejores deseos, y con nuestra presencia reconocemos su realeza, su reinado sobre nosotros, y estamos contentos de ser ciudadanos de su reino, un reinado de paz y justicia, de verdad y de vida. Cantamos aleluya, hosanna, Dios salve al rey, que su reino dure para siempre. Hemos hecho una alfombra de flores para que Jesús pueda pisar suave. Hoy en Europa hay una larga tradición de magnificas alfombras de flores serpeando por las calles de los pueblos, donde la gente va a admirar los colores y las formas preciosas, justo antes de la procesión. Cada casa diseña la suya, por las calles estrechas, decorando balcones y ventanas. En las grandes ciudades se utilizan grandes custodias antiguas, llevadas en alza por personas o empujadas en ruedas, con toda clase de joyas y piedras preciosas, incrustadas en oro y plata, elaboradas por los mejores joyeros. Llevamos a Jesús debajo del palio, para cubrir su divinidad, velada detrás de un pedazo de pan, blanco como la nieve, ocultado a nuestros ojos sin fe. Normalmente se esconde dentro del sagrario, frio en invierno y caliente en verano. Pero hoy quiere ver la luz del día, mirar dentro de nuestras almas, curar nuestros cuerpos heridos, atravesar nuestra carne mortal. Desde la altura de la custodia, puede vernos por encima de nuestras cabezas, mirando hacia el futuro, perdonando nuestro mísero pasado. Y como en su camino al Calvario, nos encontramos con su madre, que nos espera en el camino, con el deseo de contemplar su faz, esta vez llena de alegría, cuando nos ve caminando con su hijo. josephpich@gmail.com