Penalty Stroke - The best hockey

Luisma Valencia

Penalty Stroke es un podcast sobre el mundo del Hockey sobre Hierba en el que compartiremos entrevistas a profesionales que trabajen en este deporte: clubes, federaciones, jugadores, jugadoras, entrenadores, entrenadoras, médicos, fisioterapeutas, psicólogos, psicólogas, nutricionistas, etc... también a personas anónimas que aman este deporte y trabajan día a día en él. www.penaltystroke.es

  1. 6d ago

    Penalty Stroke · EP 39 · Álex Alonso

    Un nuevo podcast de Penalty Stroke con Alex Alonso, y además estrenamos formato porque es el primero que hemos grabado en directo. Álex tiene 27 años, es de Santander, juega de defensa y está en su segunda temporada en el Royal Léopold de Bruselas. Vive en Uccle, a diez minutos andando del club. El equipo ha arrancado la liga belga líder. Al hockey llegó detrás de su hermano, que le lleva cinco años. De tanto acompañarle a los entrenamientos, un día el entrenador le dio un palo y ahí se quedó. Fue en el Club Parayas, en el alto de Maliaño, un club que ya no existe y que él recuerda con unas instalaciones que entonces no se veían en Cantabria: piscinas olímpicas, pistas cubiertas de tierra batida y hasta seis de pádel. Sus padres decidieron cambiarle de club antes de que aquello quebrara, y de esa decisión dice que le cambió la vida entera. Allí están sus amigos de ahora y allí conoció a su mujer. Ese club es la Real Sociedad de Tenis de la Magdalena, el Tenis, donde jugó diez temporadas en División de Honor y acabó de capitán. Debutó en la máxima categoría con 15 años. Esa es, en realidad, una de las cosas más interesantes de la conversación. Álex quemó etapas muy pronto, en el club y en la selección, y lo cuenta sin edulcorarlo. Dice que siempre le acogieron bien, pero que cuando vas por delante de tu edad pierdes de vista lo que están viviendo los de tu quinta, y que esos momentos con los amigos que te tocaban ya no se recuperan. Hablamos de eso un buen rato, porque en casa lo vivimos con Marta. Antes de la carrera deportiva hubo otra decisión. Empezó enfermería, con un padre médico y una madre enfermera, y la dejó después del primer cuatrimestre. Luego hizo el doble grado de Derecho y ADE en la Universidad de Cantabria, en la primera promoción que lo cursaba, con los horarios sin cuadrar y peleas constantes con decanos y profesores. Lo duro, dice, no fue compaginarlo con el hockey. Fue la carrera en sí. Quiso terminarla antes de salir de España, y por eso el salto a Bélgica llegó cuando llegó y no antes. Con la selección debutó en 2021 y desde entonces ha estado en todo: Tokio, París y el Mundial de este verano. Sobre París cuenta dos cosas que no había oído contar así. Que en el partido por el bronce contra la India no sabe si el grupo era consciente de lo que se estaba jugando, porque era la primera vez. Y que la semifinal contra Países Bajos prácticamente no salieron a competirla, que pudo ser miedo escénico. Y sobre la final del Mundial, el dato que mejor explica dónde está este equipo: en todo el grupo, jugadores y staff, solo Max Caldas y Menini habían jugado antes un partido de ese calibre. Todos los demás eran novatos en eso. Aun así, cuenta, el ambiente de los días previos fue el normal, las reuniones las de siempre, el calentamiento el de siempre. Lo plantea como una pieza más de un proceso: la medalla que se escapó en París enseñó algo, y la final perdida enseñará lo siguiente. Le pregunté también por el trabajo mental y la respuesta fue muy transparente. No lo ha entrenado. Se apoya en que esto es un deporte colectivo: cuando uno no está al cien por cien, el de al lado empuja. En el Léopold han llegado a establecer que los jueves se quedan juntos después de entrenar, casi obligatorio, porque esos lazos son los que luego aparecen en los minutos malos de un partido. Lo que más me gustó es cómo tiene de claro el final. No le interesa probar otras ligas. Cuando acabe su etapa en el Léopold volverá a Santander, jugará en el Tenis y, en sus palabras, ahí morirá deportivamente. Lo que sí quiere antes es una medalla olímpica, y dice que ahora les apetece que sea de otro color. Por delante, la ventana de Pro League de diciembre contra Bélgica, Países Bajos y Alemania, otra en febrero en la India, la última en junio y el Campeonato de Europa de Londres en el verano de 2027. ¡Gracias Álex! Capítulos (00:00) Segunda temporada en el Léopold y la vida en Uccle(01:04) De dónde es Álex Alonso: Santander, Palencia y San Felices de Buelna(02:31) El Club Parayas y un hermano cinco años mayor(04:24) El cambio de club que le cambió la vida(05:13) Quemar etapas: División de Honor con 15 años(08:25) Lo que se pierde el que va por delante de su edad(11:07) Sub-16, sub-18 y un sub-21 adelantado(12:01) Enfermería, Derecho y ADE: la carrera antes que el salto(17:45) Por qué no se fue antes de España(19:45) El valor del club de base y de quien no cobra por estar ahí(22:47) Bélgica: aprender francés antes de llegar(25:38) Tokio, París y el bronce que se escapó contra la India(28:12) Lo que ha cambiado el equipo desde que llegó Max Caldas(30:28) Cómo se afronta una final cuando nadie ha jugado una(36:04) La cabeza: lo que no ha entrenado y el grupo que sostiene(39:17) Pro League, Europeo de Londres y lo que viene(40:09) La medalla olímpica y hasta dónde quiere llegar(42:29) Volver a Santander, jugar en el Tenis y cerrar esa etapa deportivamente(45:37) Los jueves del Léopold: por qué el equipo se queda a cenar(47:25) Cierre Get full access to Penalty Stroke Weekly at www.penaltystroke.es/subscribe

  2. Oct 5

    Penalty Stroke · EP 38 · Guille Carnicer

    Un nuevo podcast de Penalty Stroke con Guille Carnicer. Un nuevo episodio de Penalty Stroke en el que abordamos una parte de este deporte que no habíamos tratado hasta ahora como la de la gestión de un club deportivo. Guille es el Director General del Junior Hockey y además desde esta temporada entrena al División de Honor A Masculino. Guille es de Sant Cugat y se ha movido poco, dice. Tampoco viene de una saga: empezó porque el hockey era el deporte que ofrecía su colegio y porque sus padres querían un deporte de equipo que no fuera fútbol. Por descarte, hockey. Luego cambió de colegio, acabó en el Junior porque era el único club de la zona, y arrastró a la familia detrás. Hoy juega su hermano y su sobrino empezará en breve. De un accidente a un pilar central de su vida y de la de su casa. Como jugador pasó sin pena ni gloria. Lo dice él en nuestra conversación. Se retiró a los 19 con una lesión, justo cuando se le juntaron la universidad y el ascenso del primer equipo a División de Honor A. Ya entrenaba infantiles, y ahí se enamoró del otro punto de vista del deporte, el del liderazgo y el vestuario. No echó de menos volver a jugar. El origen de todo es una pregunta que le hizo su entrenador cuando él era un niño, y que explica cómo funcionan nuestros clubes mejor que cualquier informe: ¿en qué momento vais a devolverle al club lo que estamos haciendo nosotros? Se formó por todas partes. Niveles 1 y 2 de la Federación Española muy pronto, y desde 2019 los cursos de la Federación Internacional, primero online durante el COVID y después presenciales. Este año ha terminado el nivel 5. Hay un nivel 6 por invitación y ha decidido esperar, con un argumento que no es de currículum: a estas alturas el aprendizaje ya no está en lo técnico sino en lo que compartes con gente en tu misma situación, y para eso necesita antes cambiar él de contexto. En paralelo, doble grado en ADE y Marketing, una primera experiencia en consultoría financiera que le pareció demasiado genérica, y dos másteres en el Johan Cruyff Institute, gestión de empresas deportivas y marketing y patrocinio. De ahí salió con trabajo. Después vinieron Jolaseta, que fue el único momento de su vida en el que se dedicó solo a entrenar y que le sirvió para descubrir que necesitaba espacios donde no pensar en hockey, el Polo, y la vuelta a casa. En su primer año de vuelta ganó la primera liga de la historia del Junior femenino, con jugadoras y staff con los que ya había coincidido en infantiles. Ahora lleva dos sombreros a la vez: manager de la sección y entrenador del primer equipo masculino. Llega al club a las ocho y se va a las diez de la noche. Y aquí van los números que explican el oficio: unos 600 jugadores, medio centenar de equipos, más de cien entrenadores, cuatro equipos en División de Honor. Y a tiempo completo en la gestión está él solo. Tres personas más a tiempo parcial. “Mediano tirando a grande”, dice, sabiendo que está lejos de las fichas de Polo, Atlètic, Egara o Club de Campo. Sobre la EHL es de una honestidad poco habitual. Ha vivido dos, una con el Polo y otra como primer entrenador del Junior femenino, donde fueron cuartas y se quedaron a instantes de forzar los shootouts. Su veredicto frío es que, mirada como transacción, quizá no compensa: es caríssima, las posibilidades reales de ganarla son bajas y el desgaste llega justo antes del tramo decisivo de liga. Y aun así todo el mundo se mata por ir, porque la experiencia lo vale. Lo que se trajo de vuelta fueron dos sensaciones a la vez: ojalá volver pronto, y qué lejos estamos. De ahí sale la frase que me quedo, y es una frase de gestor y de educador, no de entrenador: nosotros no huimos de la frustración. Lo explican en las reuniones de padres al empezar la temporada y hay quien los mira como si se hubieran vuelto locos. El razonamiento es que el deporte da acceso a una serie de frustraciones (esforzarte y que no salga, perder, no ser convocado) en entornos donde las familias suelen tener recursos de sobra para evitárselas. Así que el trabajo es normalizarlas y pedir a las familias que acompañen en lugar de apartarlas. Y cuando eso ya no basta, psicólogos en los primeros equipos y servicio para los adolescentes, porque lo mental es un área de rendimiento más, como la física o la alimentación. Hablamos también de trabajo, y Guille mete un matiz que a mí se me había pasado. El problema no es solo el internacional con 150 días fuera. Es el grueso de jugadores que no cobran, a los que probablemente jugar les cuesta dinero, y cuya retirada óptima estaría entre los 30 y los 32 años. Si uno empieza a trabajar a los 22 en determinados sectores, está poniendo un temporizador muy corto a su vida deportiva. Por eso el club abrió un business club. Y lo que dice después es exactamente el hueco que intentamos cerrar desde Hueman: dedicar quince o veinte horas semanales a competir con exigencia profesional dice más cosas buenas que malas de un candidato, pero en un currículum no se ve. Y acabamos en la inteligencia artificial, donde también es cauto. La usan con GPS, vídeo y cargas de entrenamiento, pero marca el límite: cuidado con fiar decisiones trascendentes a algo que no entiendes. Y una observación que le compro entera, viniendo además de alguien que da clase en la universidad: está codificado para darte la razón, así que como herramienta de discusión no funciona. De esa misma conversación salió el panel que estamos montando: resultados.penaltystroke.es. Esta temporada arranca ciclo con el equipo masculino y no esconde el objetivo: Final Four y pelear por los títulos. Y da clase de liderazgo e innovación en cuarto curso en Blanquerna, porque, dice, no le gusta aburrirse. ¡Gracias Guille! 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  3. Sep 20

    Penalty Stroke · EP 37 · Marc Vizcaíno

    Un nuevo podcast de Penalty Stroke con Marc Vizcaíno. Arrancamos temporada y lo hacemos con un jugador que acaba de ser subcampeón del mundo, aunque lo que más me interesaba de él no era la medalla. Marc tiene 27 años, es de Matadepera y se apuntó al Atlètic Terrassa con tres. No viene de ninguna saga: llegó al hockey detrás de su hermano mayor. Su abuelo y su padre eran socios del club, pero iban al frontón. Por el campo ha pasado por todas partes. Quiso ser portero y no le dejaron. Jugó de medio en categorías inferiores, debutó de delantero en División de Honor y hoy juega de defensa, de libre. Por el medio, dos años en el Vallès, en División de Honor B, que él señala como una de las dos etapas que le hicieron ser quien es. La otra son las lesiones. Una pubalgia que arrastró casi dos años hasta que se le hizo una pequeña fractura en la cadera. Y después una rotura parcial del cruzado posterior, el que no es el habitual. En las dos el pronóstico fue de tres meses y en las dos estuvo diez fuera. Eso es lo duro, cuenta: llegas al tercer mes, sigues con dolor y ya nadie te puede decir cuándo termina. En medio de todo eso debutó con la absoluta en el primer partido de la era Max Caldas y se lesionó días después. Se recuperó a tiempo de jugar el Mundial de 2023 en la India con una sola internacionalidad a la espalda. Meses más tarde, en una Copa del Rey, llegó la segunda lesión. Jugó los Juegos de París con dolor de rodilla. Y hace unos días dio su discurso de las cincuenta. De ahí sale la frase que me quedo del episodio, y que no es una frase de deportista: aprendió a valorar cada entreno porque lo dio por sentado hasta que dejó de tenerlo. Hablamos también de lo que hay alrededor. Marc es ingeniero informático por la Politécnica de Cataluña y vivió la universidad como un trámite: clase a las ocho, salir corriendo a las doce, ningún Erasmus. Hoy trabaja en Holanda como desarrollador en una consultoría, veinticuatro horas semanales, en una empresa que sí entiende dónde está su foco. Antes estuvo en otra que lo entendió hasta que vio la realidad del calendario de un internacional. Esa diferencia, la que separa a una empresa que lo acepta de una que lo acepta solo sobre el papel, es exactamente el hueco que intentamos cerrar desde Hueman. Y acabamos donde acaba todo ahora mismo: en la inteligencia artificial. Marc ya no escribe código a mano. Dice que están dejando de ser programadores para ser arquitectos de software, porque el trabajo pasa a ser saber qué hay que construir y explicárselo bien a la máquina. De ahí salió también el panel de resultados que estamos montando: resultados.penaltystroke.es. Esta temporada, la tercera en el HC Den Bosch, arrancó el domingo 27 en casa contra el Kampong. El objetivo que pone encima de la mesa es la liga. Y por detrás, Los Ángeles. ¡Gracias Marc! Get full access to Penalty Stroke Weekly at www.penaltystroke.es/subscribe

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