Es lunes 28 de diciembre de 1987 y la pequeña localidad de Russellville, en Arkansas, comienza a recuperar el ritmo habitual después de las Navidades. Los hogares y negocios ya han retirado los adornos y las luces y ya casi no queda rastro alguno de los días festivos. Con apenas veinte mil habitantes la vida en Russellville es predecible y tranquila, lejos quedan ya los tumultuosos días de la Reconstrucción tras la Guerra Civil, y la pequeña localidad es ahora conocida principalmente por su Universidad Politécnica y sobre todo por albergar una central nuclear. Pero el 28 de diciembre del 87 lo cambiará todo para los habitantes de Russellville cuando la policía reciba una llamada a las 10:17 de la mañana alertando de que ha habido un tiroteo en el despacho de abogados Peel, Eddy and Gibbons, sin que apenas les de tiempo a enviar una patrulla, diez minutos más tarde, a las diez y veintisiete, alguien telefonea a emergencias desde la oficina de la Compañía Petrolera Taylor, a solo un par de calles de distancia de la firma de abogados, para denunciar que un hombre ha tiroteado a varios de los empleados y se ha dado a la fuga. Mientras la policía de Russellville organiza a todos sus agentes, una nueva llamada alerta de que alguien ha entrado en el Mini Mark Sinclair y disparado contra varias personas que yacen sangrando en el suelo del supermercado. Desperados por dar caza y detener al desconocido antes de que más personas sean heridas, la policía se lanza a la búsqueda del asaltante cuando una cuarta llamada realizada desde un despacho de la Compañía Woodline Motor Freight y hecha por una de sus empleadas, Vicky Jackson, advierte a lo agentes de que el hombre que ha sembrado el caos y la muerte Russellville ha decidido entregarse pacíficamente. Será el jefe de la policía, Herb Jonhson, el primero en poner un pie en las oficinas donde el desconocido le entrega su arma sin oponer resistencia. Y el asaltante no es otro que Ronald Gene Simmons, un antiguo sargento del Ejército del Aire y padre de siete hijos e hijas, un hombre taciturno, solitario y extravagante que vive a unos veinticinco kilómetros de Russellville, en una enorme y aislada finca llamada la Colina del Ruiseñor, y que desde el momento de su detención se niega a hablar o dar alguna explicación sobre lo que ha hecho. Preocupado por el bienestar de la familia del atacante, el sheriff envía a varios agentes a la propiedad de Simmons sin esperar a que el juez autorice una orden de registro. Dentro del hogar de los Simmons yacen los cuerpos de su hijo William, la esposa de este, Renata y de Dennis y Silvia McNulty, su yerno y su nieta que aun tienen los abrigos puestos, y sobre la mesa del comedor, y tapado con un mantel, el cuerpo de Sheila, la hija mayor de Ronald. Al pie del árbol de Navidad la policía no puede evitar fijarse en la pila de regalos aun sin abrir. En una tumba poco profunda dentro de la propiedad los agentes descubren los cuerpos de la esposa de Ronald, Rebecca, que descansa junto a los de su primogénito Gene Junior y su hijos más pequeños, Loretta, Eddy, Marianne y Becky y su nieta de tres años, Barbara, la hija de Gene Jr. Y Envueltos en bolsas de plástico y escondidos en dos coches destartalados la policía encuentra los cadáveres de los pequeños Trae, hijo de Renata y William, de veinte meses y Michael, de 21 meses e hijo de Sheila y Dennis. Será así como la policía de Russellville tendrá el dudoso honor de haber sido testigos del mayor caso de asesinato múltiple de la historia de Arkansas y el más mortal ataque contra una familia cometido por uno de sus miembros en todo Estados Unidos. Sin embargo la historia de Ronald Gene Simmons no acabará con su detención ya que su negativa a apelar las dos condenas a muerte que se le impusieron dará lugar a una larga batalla judicial. Este es el caso de Ronald Gene Simmons, también conocido como el asesino de Navidad.