Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Lorenzo Luévano

La iglesia de Cristo en Juárez le invita a sus actividades en la calle Juan J. Méndez 7744, Colonia Constituyentes, en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Domingos 10 de la mañana.

  1. 6d ago

    La tragedia de la decadencia espiritual (Nehemías 13:1-14)

    Hermanos, a lo largo de nuestro estudio del libro de Nehemías hemos contemplado acontecimientos extraordinarios que nos han permitido reconocer la providencia de Dios, la importancia de la obediencia y la necesidad de perseverar en la obra que el Señor ha encomendado a su pueblo. Hemos visto cómo una ciudad que permanecía en ruinas fue reconstruida mediante el esfuerzo de hombres comprometidos con Jehová, quienes, a pesar de las amenazas de sus enemigos y de las dificultades que encontraron durante el trabajo, lograron terminar los muros de Jerusalén en cincuenta y dos días. También hemos considerado la renovación espiritual que experimentó el pueblo cuando Esdras leyó públicamente la ley de Dios. Aquellos hombres y mujeres reconocieron sus pecados, confesaron la justicia de Jehová y asumieron solemnemente el compromiso de guardar sus mandamientos. Posteriormente, vimos cómo Jerusalén fue repoblada y cómo sus muros fueron dedicados mediante una celebración de gratitud y alabanza. Después de estudiar todos estos acontecimientos, podríamos pensar que el pueblo había alcanzado una condición espiritual suficientemente sólida como para mantenerse fiel durante muchos años. Habían experimentado las consecuencias de la desobediencia de sus antepasados, habían reconocido sus propios pecados y habían declarado públicamente su disposición de servir a Jehová. Sin embargo, al llegar al capítulo trece descubrimos una realidad profundamente lamentable, porque aquella renovación espiritual comenzó a deteriorarse y el pueblo volvió a permitir prácticas que anteriormente había reconocido como contrarias a la voluntad divina. Nehemías había regresado temporalmente a la corte del rey Artajerjes, conforme a lo que posteriormente explica en Nehemías 13:6. Durante su ausencia ocurrieron diversas irregularidades que afectaron la fidelidad del pueblo y el servicio del templo. Cuando finalmente regresó a Jerusalén, encontró una situación muy diferente de aquella que había dejado. Esto nos recuerda que las victorias espirituales del pasado jamás garantizan por sí mismas la fidelidad del presente. Una persona puede haber demostrado extraordinario entusiasmo por la verdad, puede haber realizado grandes esfuerzos en la obra del Señor y puede haber participado de momentos profundamente edificantes, pero si comienza a descuidar su relación con Dios y abandona la autoridad de las Escrituras, terminará exponiéndose nuevamente al pecado. Pablo advirtió acerca de este peligro cuando escribió en 1 Corintios 10:12, que dice, “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Por eso, al comenzar nuestra meditación del último capítulo de Nehemías, consideraremos un asunto que sigue siendo necesario para todos los cristianos. Nuestro tema será La tragedia de la decadencia espiritual se manifiesta cuando el pueblo abandona la voluntad de Dios, y observaremos cómo esa decadencia apareció en tres áreas concretas de la vida religiosa de Jerusalén.

    La tragedia de la decadencia espiritual (Nehemías 13:1-14)
  2. Oct 14

    La consagración de la ciudad (Nehemías 12:27-47)

    Al continuar nuestro recorrido por el libro de Nehemías, llegamos a uno de los acontecimientos más hermosos de toda esta historia. Después de tantos días de trabajo, después de enfrentar la oposición de los enemigos, después de superar las dificultades internas y de contemplar la extraordinaria misericordia de Dios, finalmente encontramos al pueblo de Jerusalén reunido para celebrar la dedicación de los muros de la ciudad. Durante los capítulos anteriores hemos observado cómo Nehemías dirigió la reconstrucción de aquellas murallas que durante muchos años habían permanecido destruidas. También hemos considerado la manera en que el pueblo volvió a escuchar la ley de Dios, reconoció sus pecados, confesó la justicia de Jehová y asumió solemnemente el compromiso de caminar conforme a sus mandamientos. Posteriormente, en el capítulo once, vimos que la ciudad restaurada necesitaba habitantes comprometidos, hombres y mujeres dispuestos a establecer sus hogares dentro de Jerusalén y a participar en las responsabilidades necesarias para su conservación. Ahora llegamos al capítulo doce, donde Nehemías registra los nombres de sacerdotes, levitas y porteros, recordándonos nuevamente que la obra de Dios requería personas fieles que asumieran responsabilidades concretas. Ya hemos considerado anteriormente la importancia de estos servidores, de manera que no será necesario detenernos extensamente en sus funciones. Sin embargo, conviene recordar que cada uno tenía una responsabilidad dentro del orden establecido por Dios, y que la fidelidad con que cumplían sus deberes contribuía al bienestar espiritual de toda la comunidad.

  3. Sep 2

    El compromiso del pacto 2 (Nehemías 10:30-39)

    Hermanos, en nuestro mensaje anterior comenzamos a considerar el compromiso que el pueblo de Jerusalén asumió delante de Jehová. Después de escuchar extensamente la Palabra de Dios, reconocer la santidad del Señor, recordar su historia y confesar sus pecados, aquellos hombres y mujeres comprendieron que su renovación espiritual debía manifestarse en decisiones concretas. Habían llegado a un momento decisivo. Podían terminar aquella reunión profundamente emocionados, regresar a sus casas y conservar un hermoso recuerdo de lo sucedido, mientras poco a poco todo volvía a ser como antes. Pero ellos entendieron que la Palabra de Dios reclamaba algo más profundo. La convicción debía conducir al arrepentimiento, y el arrepentimiento debía producir una transformación visible en la manera de vivir. Precisamente por eso Nehemías 9 termina diciendo, “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes” (Nehemías 9:38). En la primera parte de Nehemías 10 vimos quiénes asumieron aquel compromiso. Nehemías aparece entre los primeros, seguido por sacerdotes, levitas, dirigentes y representantes del pueblo. Después, en Nehemías 10:28–29, encontramos al resto de la comunidad uniéndose voluntariamente a aquella determinación. Pero todavía quedaba una pregunta fundamental. ¿En qué consistía concretamente su compromiso? Decir “queremos obedecer a Dios” puede sonar muy hermoso. El verdadero peso de semejante declaración aparece cuando comenzamos a identificar aquello que tendrá que cambiar en nuestra vida para que esa obediencia sea real. Es relativamente fácil afirmar que amamos al Señor. La prueba llega cuando su voluntad entra en contacto con nuestros afectos, nuestras relaciones, nuestros negocios, nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestras prioridades. Eso es precisamente lo que encontramos en los versículos treinta al treinta y nueve. El pueblo comenzó a identificar áreas específicas donde las generaciones anteriores habían fallado y decidió ordenar su conducta conforme a la ley de Dios. El pacto dejó de ser una declaración general y comenzó a tocar aspectos concretos de la vida cotidiana. Así ocurre también con nosotros. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). El amor hacia Dios encuentra expresión en la obediencia. Por eso, al estudiar esta segunda parte de El compromiso del pacto, observaremos cómo aquella determinación alcanzó las relaciones familiares, la vida económica, el culto y las responsabilidades que sostenían el servicio de Dios.

    El compromiso del pacto 2 (Nehemías 10:30-39)
  4. Aug 17

    El compromiso del pacto (Nehemías 10:1-29)

    Llegamos ahora al capítulo diez de Nehemías, pero para comprender adecuadamente lo que sucede aquí necesitamos recordar las últimas palabras del capítulo anterior. La división entre capítulos resulta útil para localizar los textos, aunque en este caso puede hacernos perder de vista que Nehemías 10 continúa directamente lo ocurrido en Nehemías 9. Después de aquella extensa oración, después de recordar la fidelidad de Dios y la infidelidad de Israel, después de confesar públicamente sus pecados y reconocer que Jehová había sido justo en todo cuanto había venido sobre ellos, el pueblo llegó a una decisión concreta. Nehemías 9:38 dice: «A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes» (Nehemías 9:38). La expresión «a causa, pues, de todo esto» es fundamental. El compromiso que encontraremos en el capítulo diez no apareció repentinamente. Había detrás de él todo un proceso espiritual. El pueblo había escuchado la Palabra de Dios, había comprendido su historia a la luz de esa Palabra, había reconocido sus pecados, había confesado la justicia del Señor y había experimentado un profundo quebrantamiento. Ahora había llegado el momento de actuar. Y aquí encontramos una característica indispensable del verdadero arrepentimiento. Cuando la Palabra de Dios penetra seriamente en el corazón, termina produciendo decisiones. Una persona puede emocionarse durante una exposición bíblica, puede conmoverse durante una oración y hasta puede reconocer intelectualmente que necesita cambiar, pero llegará inevitablemente el momento en que deberá decidir qué hará con aquello que ha comprendido. Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22). El pueblo de Jerusalén había oído. Había llorado. Había confesado. Ahora estaba dispuesto a obedecer. El capítulo diez registra precisamente esa determinación. Encontraremos nombres que, a primera vista, quizá parezcan poco interesantes. Sin embargo, esos nombres poseen una importancia extraordinaria, porque representan personas reales que estuvieron dispuestas a asociarse públicamente con el compromiso asumido delante de Jehová. No quisieron que aquella renovación espiritual quedara reducida al recuerdo de una reunión emocionante. Estaban dispuestos a comprometer su nombre, su conducta, sus familias y su futuro con la voluntad de Dios. Consideremos, entonces, esta primera parte de Nehemías capítulo diez bajo el tema El compromiso del pacto.

    El compromiso del pacto (Nehemías 10:1-29)
  5. Jun 16

    La corrupción y conquista de Canaán (Nehemías 9:22-31)

    Al continuar nuestro recorrido por la gran oración de Nehemías capítulo nueve, llegamos a una parte del texto que es tan gloriosa como solemne. Hasta este momento hemos visto al pueblo recordar la elección de Abraham, la liberación de Egipto, la travesía por el desierto y la extraordinaria paciencia de Dios frente a la constante rebeldía de Israel. Ahora el pueblo dirige la mirada hacia Canaán. Y al hacerlo, contempla dos realidades que corren paralelas a lo largo de toda su historia. Por un lado, la inmensa bondad de Dios. Por otro lado, la constante tendencia del hombre a apartarse de Él. Porque, hermanos, la historia de Canaán es la historia de una tierra de abundancia que terminó convertida en un escenario de corrupción espiritual. Es la historia de un pueblo que recibió bendiciones extraordinarias, pero que gradualmente olvidó al Dios que las había dado. Y si somos sinceros, esta historia no es tan antigua ni tanajena como pudiera parecer. Porque el corazón humano no ha cambiado. Todavía somos capaces de disfrutar las bendiciones de Dios y olvidar al Dador. Todavía somos capaces de recibir misericordia y responder con indiferencia. Todavía somos capaces de experimentar abundancia espiritual y, al mismo tiempo, permitir que la apatía se instale en el alma. Por eso este pasaje es tan importante. Porque nos obliga a preguntarnos si estamos usando las bendiciones de Dios para acercarnos más a Él o si, por el contrario, las estamos convirtiendo en una excusa para depender menos de Él. Consideremos entonces este pasaje bajo el título, laconquista y la corrupción en Canaán.

    La corrupción y conquista de Canaán (Nehemías 9:22-31)
  6. May 19

    ¿Por qué adoramos a Jehová? (2)

    En nuestro mensaje anterior comenzamos a considerar la gran oración de adoración levantada por el pueblo de Jerusalén delante de Jehová. Después de escuchar la Palabra, de confesar sus pecados y de humillarse delante del Señor, el pueblo comenzó a mirar hacia atrás y a contemplar la fidelidad de Dios a lo largo de su historia. Aquellos hombres y mujeres habían pasado por cautiverio, vergüenza, ruina y disciplina. Habían experimentado el peso de sus propios pecados y las consecuencias de apartarse de Dios. Sin embargo, al repasar su historia, descubrieron algo extraordinario. Dios había permanecido fiel a pesar de la inconstancia de ellos. Ese reconocimiento llenó sus labios de adoración. Y aunque nuestras circunstancias son diferentes a las de Jerusalén en los días de Nehemías, la realidad fundamental permanece exactamente igual. Nosotros también hemos sido sostenidos por la fidelidad de Dios. Cada creyente puede mirar hacia atrás y reconocer momentos donde el Señor preservó, sostuvo, corrigió, rescató y proveyó mucho más de lo que merecía. Por eso, esta oración sigue siendo profundamente relevante. Nos recuerda que la adoración no nace solamente de emociones momentáneas, sino de una memoria espiritual que aprende a reconocer la mano de Dios obrando constantemente. Continuaremos entonces considerando las perfecciones de Dios que aparecen en esta oración, bajo el mismo tema que abordamos en el sermón anterior. ¿Por qué adoramos a Jehová?

    ¿Por qué adoramos a Jehová? (2)

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