Volvemos con un poema de la escritora mexicana Nadia Escalante. Eh aquí la transcripción: l Frente a la mesa, los convidados amanecen como brotes en semillas maduras. Se frotan las palmas con placidez de aljibe lleno de lluvia nocturna, viento y jícaras sobre los manteles. II Hablan mientras limpian la siega de la historia, reúnen las semillas, cada una con sus pares, los despojos con las guijas y los trozos de corteza. En el altar, las velas, y la aurora, en la ventana. Estarán aquí No n el humo de la cocina, en los vasos de agua hasta que su consejo diluya el insomnio y su incertidumbre: no repetirás la historia que haya sido segada por tus ancestros. III Hay algo anacrónico en admitir el campo, la lluvia y las veletas, el hecho del horizonte y cumulunimbus de árboles vistos desde el cerro; pero es lo que se abre, como tijeras, no otro paisaje ni disfraz para un rostro Acon las arrugas de siempre. Es lo que corta el cielo y las horas, se abre camino Alegando la aprensión, el cinismo triste, el todavía Hay algo anacrónico en alimentar a los muertos cuando vuelven relumbrosos y acendrados para la fiesta, toman chocolate y se conduelen, ríen, un poco de nosotros. IV Abren y cierran las puertas, se acomodan en los quicios, las cortinas y las vainas del árbol de flores amarillas. No se irán hasta que la ropa esté limpia, los pisos pulcros y los tapetes, a prueba de ventiladores, hasta que las manos se habitúen a renovadas disciplinas y los gestos estén libres de polvo. Entonces, por el camino de líquenes detrás de la albarrada, se irán con el aroma del jazmín y los ruiseñores que parten.