Punto Muerto

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“Punto Muerto” es un programa musical emitido por Radio Belcha los Lunes a las 22:00. También pueden seguirnos en la cuentas de: X: @PuntoMuertoRock Instagram - @PuntoMuertoRock TikTok: @Punto.Muerto12 Threads: @PuntoMuertoRock

  1. 1d ago

    Soda Stereo - Signos

    Señales en la oscuridad El 10 de noviembre de 1986, Soda Stereo publicó Signos, su tercer disco de estudio. Venía de Nada personal (1985), el álbum que los había sacado del circuito under y de las discotecas del Gran Buenos Aires para llevarlos a teatros y estadios, y que ya proyectaba la banda hacia Chile y más allá. - Signos no repite esa fórmula. Es más seco, más adulto, menos festivo. Dura poco más de cuarenta minutos, tiene ocho canciones y suena como el punto en el que Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti dejaron de ser la banda pop que algunos temían y empezaron a ser la que el resto de América Latina iba a imitar. Lo grabaron entre septiembre y octubre de 1986 en los Estudios Moebio de Buenos Aires, con Mariano López a la consola. Tenían presupuesto para irse afuera y eligieron quedarse. La consola se rompió a mitad del proceso; Charly Alberti diría después que Argentina ya no aguantaba a Soda técnicamente. Cerati había escrito casi todas las letras de un tirón, en una noche, después de un bloqueo y de una crisis que lo llevó, según contó él mismo, a una guardia médica pensando que se moría. El trío se autoprodujo, como en el disco anterior. Sumaron vientos (Pablo Rodríguez en el saxo alto, Diego Urcola en la trompeta, Marcelo Ferreyra en el trombón), guitarra de Richard Coleman en un par de temas y teclados de Fabián Quintiero. El resultado se apartó del new wave más liviano de los dos primeros discos y se acercó a un rock más tenso, con arreglos de viento y una letra que ya no se conformaba con la superficie. Signos fue el primer álbum de un artista argentino editado en formato CD (1987, fabricado en Austria porque todavía no había máquinas en el país). La gira que lo siguió recorrió diecisiete ciudades de América Latina, veintidós conciertos, casi trescientos cincuenta mil espectadores. En las encuestas de las revistas Pelo y Rock & Pop de 1986 ganó Mejor Disco, Mejor Grupo, Mejor Actuación y Mejor Cantante. En 2007, la edición argentina de Rolling Stone lo ubicó vigésimo quinto entre los cien mejores álbumes del rock nacional. Al Borde lo puso cuadragésimo entre los doscientos cincuenta mejores del rock iberoamericano. No es el disco más vendido de Soda, pero es el que abrió la puerta grande. - Con Sin Sobresaltos el disco arranca sin pedir permiso. Bajo elástico, vientos, una guitarra que no se esconde y un ritmo que avisa que esto no va a ser otra vez Nada personal. El título es irónico: hay sobresaltos, pero la banda los enfrenta. Es la canción de entrada que demuestra que el trío llegó al estudio afilado. Cerati y Bosio firman. No hay prólogo. Hay declaración. Luego, El Rito dura seis minutos, es el tema más largo del álbum y uno de los más ceremoniales. Hay un ritual, una repetición, una liturgia que no es religiosa sino de escenario y de deseo. Cerati solo. La estructura se abre, se cierra, vuelve. En vivo se volvió de esas piezas que el público espera de pie. No es un hit de radio. Es un rito, justamente: algo que se repite porque tiene que cumplirse. - Prófugos es uno de los temas que más viajó. Fugitivos, escape, una persecución que puede ser policial, amorosa o de sí mismo. El arreglo es tenso, casi cinematográfico. Fue sencillo y tuvo video años después. En la secuencia del disco funciona como el momento en que la banda corre. No hay resolución clara. Hay movimiento. Prófugos es el tema que mejor resume la urgencia de 1986: ya no se podía quedar quieto. Además, es un tema que levanta un estadio y lo parte en dos. - No Existes es un tema más íntimo, más oscuro., compuesto por Cerati y Bosio. La canción niega la existencia del otro, o de uno mismo, o de ambos. No es un tema de ruptura convencional. Es una evaporación. El bajo sostiene, la guitarra no consuela. En un disco de señales, esta es la señal de que algo ya no está. Una joya. - Persiana Americana es el hit. El que más se canta, con letra de Cerati y Jorge Daffunchio. La persiana americana como ventana, como filtro, como distancia. Hay observación, hay deseo contenido, hay una ciudad que se mira a través de listones. El arreglo es de los más pegadizos del disco y, al mismo tiempo, de los más finos. Rolling Stone Argentina y MTV la ubicaron trigésima primera entre las cien mejores del rock argentino. Es la canción que abrió puertas en radios que antes no ponían a Soda. Y es, también, la que mejor muestra que el trío podía ser sofisticado sin dejar de ser popular. - En Camino es un tema de transición de Cerati, Alberti e Isabel de Sebastián. El título lo dice: se está yendo a algún lado, o se acaba de salir. No es el tema más recordado del disco, y por eso funciona bien en su lugar. Después de la persiana, antes de la canción título, ofrece un respiro rítmico y una letra que no cierra el círculo. Es el puente. Sin él, el álbum se sentiría más abrupto. - Signos es la única canción de Soda que lleva guitarra acústica de principio a fin, sin eléctrica. Cerati solo. No hay un modo, no hay un punto exacto. Signos, mi parte insegura, bajo una luna hostil. Es el corazón del disco y, a la vez, su punto más frágil. La letra habla de fisuras, de figuras sin definir, de acertijos bajo el agua. No es una balada clásica. Es una canción de señales que no se dejan leer del todo. En vivo, con la acústica, se vuelve casi confesión. Es el tema que da nombre al álbum porque resume su método: no explicar, señalar. - Final Caja Negra. Cierre. Cerati, Bosio y Alberti. La caja negra es la que guarda el registro de lo que pasó cuando ya no hay nadie para contarlo. El tema es más largo, más denso, con un final que no resuelve. Después de cuarenta minutos de rituales, fugas, persianas y signos, el disco se va con la sensación de que algo se registró y algo se perdió. No hay arenga. Hay inventario. Es el cierre justo para un álbum que no quiere consolar. - Signos salió con sesenta mil pedidos anticipados. Eso bastó para el disco de platino en Argentina antes de llegar a las disquerías. Para fines de 1987, según El Porteño, había vendido unas ciento diez mil copias en el país. La Wikipedia en español consigna dos platinos en Argentina (ciento veinte mil), dos platinos en Chile y platino en Perú. Compilaciones de ventas internacionales lo ubican en torno a las ciento cuarenta mil unidades contabilizadas (cien mil en Argentina, cuarenta mil en Perú). No son las cifras de Canción animal, el disco posterior que vendería más. Son las cifras de un mercado todavía chico y de una banda que, en 1986, todavía no había llenado estadios fuera de Argentina. El impacto se midió de otra manera. La gira Signos llevó al trío a Paraguay, Bolivia, Ecuador, Colombia, Costa Rica, México, Venezuela, Chile y Perú, además de Argentina. Veintidós conciertos, diecisiete ciudades, cerca de trescientos cincuenta mil espectadores. Fue la primera vez que un grupo de rock argentino recorría el continente con esa escala y esa constancia. El CD, fabricado en Austria y distribuido por toda Latinoamérica, fue también una señal: Soda no esperaba a que el país se pusiera al día. El disco se adelantó. Hay una tentación de leer Signos solo como el trampolín hacia Canción animal. Es justo, pero incompleto. Signos es el disco en el que la banda dejó de imitar y empezó a proponer. Menos pop, más rock; menos superficie, más fisura; menos fiesta, más signo. Las letras de Cerati, escritas de un tirón después de una noche de bloqueo, no explican. Señalan. La persiana, la caja negra, la luna hostil, los prófugos. Cuarenta años después, esas señales siguen funcionando. No porque el disco sea nostálgico. Porque el método —mirar de costado, no cerrar el círculo, dejar que el viento entre— sigue siendo útil. Soda Stereo después se partiría, se reuniría, se despediría, y Cerati seguiría solo hasta el silencio final. Signos es el momento anterior a esa escala total, cuando el trío todavía cabía en cuarenta minutos y en un estudio de Buenos Aires que se les quedaba chico. No es el disco más grande. Es el que abrió la puerta. Y la puerta, una vez abierta, no se volvió a cerrar. Por un millón de años luz.

    Soda Stereo - Signos
  2. Oct 27

    Pearl Jam - Ten

    El 27 de agosto de 1991, Epic Records publicó Ten, el primer disco de una banda de Seattle que apenas llevaba unos meses con su nombre definitivo. Nueve meses después, el álbum todavía no era un fenómeno. Luego llegó MTV, el video de “Jeremy”, una gira implacable y el clima cultural que el grunge había encendido junto a Nevermind. Lo que empezó como un disco de un grupo casi desconocido terminó siendo uno de los debuts más vendidos del rock de los noventa y, más de tres décadas después, sigue sonando en estadios, en auriculares y en listas de reproducción de gente que no había nacido cuando se grabó. Pearl Jam nació de las cenizas de Mother Love Bone. Tras la muerte de Andrew Wood, Stone Gossard y Jeff Ament siguieron tocando, sumaron al guitarrista Mike McCready y grabaron una cinta de cinco temas. Esa cinta cruzó el Pacífico hasta San Diego y cayó en manos de Eddie Vedder, entonces cantante de Bad Radio. En una semana, Vedder escribió letras para casi todo el material. En octubre de 1990 ya estaba en Seattle. El baterista Dave Krusen cerró la formación. Durante un tiempo se llamaron Mookie Blaylock, en honor al base de los New Jersey Nets; cuando Epic exigió un nombre que no fuera el de un jugador de la NBA, pasaron a ser Pearl Jam. El título del disco —Ten— es el número de camiseta de Blaylock: un guiño a ese origen casi accidental. Grabaron en el London Bridge Studio de Seattle, entre marzo y abril de 1991, con Rick Parashar como productor e ingeniero. Mezcló Tim Palmer en Ridge Farm, Inglaterra. El resultado dura cincuenta y tres minutos y once canciones, más el instrumental oculto “Master/Slave”, que abre y cierra al álbum si se pone en bucle. La voz de Vedder —grave, contenida y de pronto explosiva— se apoya en dos guitarras que deben tanto a Hendrix y al hard rock clásico. Las letras hablan de identidad rota, de instituciones que encierran a los jóvenes, de desamor, de un adolescente que se dispara frente a su clase, de un hombre que duerme sobre hormigón. No es un disco irónico. Es un disco serio, y esa seriedad es parte de su fuerza y de su rareza. - El disco no arranca de golpe. Durante unos segundos suena “Master/Slave”, un pasaje ambiental que Parashar ayudó a construir. Después entra el riff de Gossard como si alguien girara la llave del encendido. “Once” es el segundo capítulo de la trilogía que Vedder llamó “Momma-Son”: Conformadq por Alive, Once y Footsteps (esta última no está en el álbum; salió como cara B). El protagonista de “Alive”, al descubrir la verdad sobre su padre y el deseo que lo persigue, se quiebra. En “Once” ya es un asesino. La canción dura menos de cuatro minutos y funciona como declaración de principios: Ten no va a consolar; va a narrar. El riff más reconocible del disco —ese vaivén de Gossard que parece caminar cojeando— sostiene la historia de un hombre sin techo, posiblemente enfermo, que “sleeps on a pillow made of concrete” (sueña sobre una almohada de hormigón). Por supuesto, Vedder escribió la letra a partir de gente que veía en las calles. El solo de McCready, largo, bluesero y ligeramente sucio, se convirtió en uno de los grandes solos de los noventa. En vivo, “Even Flow” se estira, se rompe y se reconstruye. En el disco es un retrato: no hay solución, solo el movimiento de alguien que no puede detenerse. - Es el himno y, al mismo tiempo, la canción más malentendida del catálogo. Vedder partió de un hecho de su propia vida: de adolescente descubrió que el hombre al que llamaba papá era realmente su padrastro y que su padre biológico ya había muerto. En la ficción de la canción, la mamá busca en el hijo el fantasma del padre. El estribillo —“I’m still alive”— nació como una maldición, no como un grito de supervivencia. El público lo cantó como victoria. Vedder ha dicho que esa apropiación le quitó el veneno a la frase. El solo de McCready, construido sobre un acorde sostenido, es de los más citados de la banda. “Alive” es el corazón visible de Ten: lo personal se vuelve colectivo sin dejar de doler. - Jeff Ament escribe la música; Vedder cuenta la historia de Heather, una joven internada contra su voluntad. De hecho, en los créditos originales aparece “4 Heather”, en lugar de su nombre final “Why Go”. La canción ataca la facilidad con la que una familia puede enviar a alguien a una institución mental simplemente por no encajar. El bajo de doce cuerdas de Ament empuja; Vedder canta con rabia contenida. Es una de las piezas más directas del disco y, por eso, a menudo queda a la sombra de las tres que la rodean. No debería. - Epic presionó para editarla como sencillo. La banda se negó. Esa negativa protegió la canción. “Black” es un lamento de desamor escrito con una precisión casi visual: “All five horizons revolved around her soul / as the earth to the sun”. (Los cinco horizontes giraban alrededor de su alma, como la tierra alrededor del sol). El verso es relativamente ligero; el estribillo se abre como una herida. Vedder tuvo que pelear para que no cortaran la coda en la que canta que ella será una estrella en el cielo de otro. Es, para muchos oyentes, la mejor canción de Pearl Jam. No necesita video ni radio: necesita silencio alrededor. - El 8 de enero de 1991, Jeremy Wade Delle, de quince años, se suicidó frente a sus compañeros en un aula de Texas. Vedder leyó la noticia y escribió una de las letras más duras del rock de esa década. El narrador es un compañero que recuerda las señales ignoradas. El bajo de Ament, oscuro y circular, y el estribillo —“Jeremy spoke in class today”— convierten un hecho de crónica roja en una escena que no se olvida. El inolvidable videoclip de Mark Pellington ganó cuatro premios MTV en 1993, incluido el de Video del Año. La canción no “explica” el suicidio; lo sitúa en una red de abandono, burla y soledad. Treinta y cinco años después, sigue siendo incómodamente actual. - Después de “Jeremy”, el disco respira. “Oceans” dura dos minutos y medio, lleva el chelo de Walter Gray y una percusión improvisada —Palmer llegó a usar un extintor y un salero—. Vedder la escribió en parte porque lo habían dejado fuera del local de ensayo; esperando, pensó en el mar y en el surf. Es la canción más aireada de Ten, casi una tregua. Sin ella, el álbum sería un túnel sin ventanas. - Vedder firma música y letra. “Porch” es adrenalina: un tema corto, nervioso, pensado para el escenario. En concierto, Vedder se trepa a las vigas, se tira al público, alarga el puente hasta convertirlo en un sermón improvisado. En el disco queda como un estallido entre dos canciones más lentas, hablando de la necesidad de estar presente y de no dejar que la vida pase detrás de una puerta. - Gossard y Ament firman la música. Hay un wah-wah a lo Hendrix, un groove hipnótico y una letra que oscila entre lo político y lo íntimo: plantar un jardín, resistir, no entregarse del todo. No es un himno de protesta al uso; es más bien la imagen de alguien que se niega a desaparecer en un terreno hostil. En el conjunto del álbum “Garden” funciona como un segundo aire antes del tramo final. - Deep es la canción que menos consenso genera. Algunos la oyen como un relato de adicción o de hundimiento; otros, como una escena de calle. El riff es pesado, casi funk sucio, y Vedder canta cerca del grito. No alcanza la altura dramática de “Black” ni la claridad narrativa de “Jeremy”, pero le da al disco una textura más áspera, necesaria para que el cierre no llegue demasiado limpio. - En Release, Vedder se dirige a un padre ausente (otra vez la biografía filtrada por la ficción) y pide, sin énfasis retórico, que lo suelte o que lo reciba. La banda toca con una paciencia que no había mostrado en el resto del álbum: el tema crece, se pliega y se abre otra vez. En el compact original, a partir del minuto 5:18 reaparece “Master/Slave” y el disco se muerde la cola. “Release” no resuelve las heridas de Ten; las deja en la mesa, con la voz ya casi sin fuerza. Es un final honesto. - Ten no fue un éxito instantáneo. El sencillo “Alive” sobrevoló las listas de rock y el álbum tardó casi un año en entrar al top 10 de Billboard, alcanzando al número 2 en mayo de 1992, manteniéndolo por cuatro semanas no consecutivas; siempre con Some Gave All, de Billy Ray Cyrus como número 1, y permaneció en esa lista más de 260 semanas. En Estados Unidos, la RIAA lo certificó 13 veces platino: 13 millones de unidades y se estima que ha vendido alrededor de 30 millones en todo el mundo. Esos números importan porque desmienten la idea de que Ten fue solo un producto de su momento. El grunge pasó; éste álbum no. Parte de esa durabilidad está en la contradicción que lo define: es un álbum de rock clásico disfrazado de alternativo, un disco de estadio escrito por gente que desconfiaba del estadio, un conjunto de historias privadas que el público convirtió en himnos. Pearl Jam pasó el resto de los noventa peleando contra esa fama —rechazando Ticketmaster, no haciendo videos promocionales, grabando Vs. y Vitalogy con otra urgencia—, pero nunca pudo ni quiso borrar Ten. Escuchado hoy, el álbum tiene costuras visibles, como toda obra debut, pero nada de eso lo apaga. Al contrario, le da cierto romanticismo. Once canciones bastan para contar cómo un grupo recién formado, con un cantante llegado de otra costa y un baterista que se iría a rehabilitación apenas terminada la grabación, condensó miedo, duelo, deseo y rabia en un lenguaje que todavía se entiende. “I’m still alive” dejó de ser una maldición. El disco, treinta y cinco años después, tampoco lo es. Esto fue Ten, de Pearl Jam, en Punto Muerto. Nos despedimos con

    Pearl Jam - Ten
  3. Oct 20

    Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota - Oktubre

    Los fuegos que no se apagaron El 4 de octubre de 1986, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota publicaron Oktubre, su segundo disco de estudio. No era un debut: Gulp! había salido el año anterior, grabado en pocas horas, con el aire de un grupo del under platense que por fin se dejaba registrar. Oktubre es otra cosa. Dura cuarenta y un minutos, tiene nueve canciones y suena como si alguien hubiera apagado las luces de la fiesta democrática y dejado encendida solo la del pasillo. Argentina llevaba tres años de gobierno de Raúl Alfonsín. La dictadura había terminado, pero el optimismo de 1983 ya se gastaba. Afuera, la Guerra Fría seguía en pie. Adentro, el rock empezaba a preguntarse si la libertad recién ganada no era también una trampa. Lo grabaron entre agosto y septiembre de 1986 en los Estudios Panda, en Floresta, con Osvel Costa a la consola. La formación era la de entonces: Carlos Solari, el Indio, en la voz; Eduardo Beilinson, Skay, en la guitarra; Tito Fargo en la rítmica; Semilla Bucciarelli en el bajo; Piojo Ábalos en la batería; Willy Crook en el saxo. Daniel Melero sumó sintetizadores y Claudio Fernández, percusión. La producción artística fue de la propia banda; la ejecutiva, de La Negra Poli. El sello era Wormo, independiente, nacido del grupo MIA. No había nada detrás. Rocambole, Ricardo Cohen, armó la tapa en una noche de fernet: multitudes, rojo, negro y gris, una letra invertida que parece cirílico, el Che recortado en un margen y, al dorso, la catedral de La Plata en llamas. El título, con k, es un guiño a la Revolución de Octubre de 1917. Ojo, no es un disco de adhesión. Es un homenaje oblicuo a las revoluciones y, al mismo tiempo, una desconfianza de lo que queda cuando el fuego se apaga. El sonido se apartó del blues sucio de Gulp! y se acercó al post-punk y a la new wave: reverb, repetición, climas menores, un saxo que no adorna sino que acecha. Las letras, todas de Solari y Beilinson, hablan de ciudad, de pastillas, de televisión, de remeras que ya nadie lee, de una risa que no es alegría. En 2007, la edición argentina de Rolling Stone lo ubicó cuarto entre los cien mejores álbumes del rock argentino. Cuatro décadas después, sigue siendo, para buena parte del público ricotero, el disco. - Fuegos de Octubre. El disco no empieza: se abre. Un pulso casi marcial, una guitarra que no consuela, y la sensación de que algo ya está ardiendo afuera. El tema funciona como prólogo y como tesis. Los fuegos no son solo los de 1917 ni los de una plaza: son los de una época que cree haber salido de la noche y descubre que el cine que proyectan los que volvieron es de terror. Hay video de época, tomado de las presentaciones en el Paladium. Es la puerta. Quien no entra acá, no entiende el resto. - Luego llega Preso en mi ciudad, una de las mejores entradas al mundo del álbum. La ciudad no libera: encierra. El estribillo juega con la idea de estar atrapado en libertad, de un rock que ya casi no llora. Hay un dardo al pop de los ochenta, vacío de compromiso, y otro al propio rock, domesticado apenas recuperó el derecho a tocar. El saxo de Crook y el bajo de Semilla sostienen una paranoia urbana que en 1986 era crónica y hoy sigue siendo diagnóstico. No es una canción de barrio pintoresco. Es un parte de detención. - Música para pastillas es clara. El título lo dice sin metáfora decorativa: hay una banda sonora para la anestesia. Pastillas, consumo, una sociedad que se duerme para no mirar. Aquí aparece, con más claridad, la frase que recorre el disco: los buenos volvieron y están rodando cine de terror. No es nostalgia de la dictadura. Es la sospecha de que el recambio de gobierno no alcanzó para sacar del centro a quienes habían mandado. Melero tiñe el tema de un frío electrónico. El resultado es hipnótico y hostil, como una sala de espera que no llama a nadie. - Semen-Up son cinco minutos de obsesión. El Indio describe un deseo que raspa, casi demoníaco, una figura que no se alcanza. Durante años se leyó como alusión a la cocaína de los ochenta; integrantes de la banda desmintieron esa lectura puntual. Queda, de todos modos, el clima: un erotismo sucio, un funk oscuro, la alfombra como territorio de alguien que ya no distingue bien entre amor y cacería. Es el tema más carnal de Oktubre y también uno de los más incómodos. No pide permiso. - Divina TV Führer es el tema más corto y el más filoso. El título junta la televisión doméstica con el Führer: la caja boba como autoridad privada. En 1986 no había redes ni pantallas en el bolsillo, y aun así la intuición es orwelliana. El arreglo se permite un aire de rockabilly, casi burlón, para decir algo que no es broma. El living se vuelve cuartel. El noticiero, consigna. Cuarenta años después, la canción no envejeció: cambió de aparato. - En Motor Psico el motor no es de un auto. Es de una cabeza que no para. Hay crisis de fe, desengaño amoroso y una maquinaria que sigue girando aunque el conductor ya no crea en el viaje. Skay construye un riff que se clava; el Indio recita más que cantar. En las listas de shows posteriores de la propia banda, Motor Psico suele aparecer entre los temas mayores. No es un himno de estadio. Es un diagnóstico de fábrica: el sujeto como pieza, el deseo como avería. - El tema que sacó a Los Redondos del under y los puso, sin que ellos lo pidieran del todo, en la radio. El inolvidable riff es de Skay. La risa del título no es festejo: es la risa chata del que ya no distingue el sueño de la vigilia. No lo soñé, insiste la letra, y esa negación se volvió consigna de cancha. Se la asoció al consumo de los ochenta, a la paranoia, al cine de serie B. Todo cabe. Lo que no cabe es reducirla a un hit. Ji Ji Ji es el momento en que la oscuridad de Oktubre encuentra una melodía que la multitud puede cantar sin entenderla del todo. Y la canta igual. - Canción para naufragios es la más larga, seis minutos. Después de la risa, el hundimiento. El narrador parece un testigo que ya vio el barco irse a pique y se queda en la cubierta contando los restos. El clima es el más atmosférico del disco: guitarra en capas, saxo como sirena lejana, una calma que no tranquiliza. Si Fuegos de Octubre abre la puerta, esta canción muestra lo que hay del otro lado cuando el incendio ya pasó y queda el agua. No hay rescate. Hay inventario. - Ya nadie va a escuchar tu remera es un cierre con aire de ska y vientos. La remera, en el rock de los ochenta, era cartel: una frase, una causa, una banda, una forma de entender la vida. El Indio anuncia que ese cartel ya no se lee. Las consignas impresas en algodón se volvieron moda. El tema no es nostálgico. Es cruel, y por eso justo. Después de cuarenta minutos de ciudad, pastillas, televisor y naufragio, la última palabra no es una arenga. Es un aviso: lo que llevás puesto dejó de significar. El disco se va con ese silencio irónico, no con un puño en alto. - Oktubre no nació como fenómeno de ventas. Rocambole contó que la primera tanda, unas siete mil copias, se imprimió a mano, en serigrafía, como se estampan las remeras. El grupo no tenía sello grande ni productor de peso. La presentación oficial fue el 18 y el 25 de octubre de 1986 en el Paladium, ante unas mil doscientas personas. Para esos shows se sumó el tecladista Andrés Teocharidis, quien iba a quedarse, pero murió en un accidente al verano siguiente, y Solari y Beilinson decidieron no reemplazarlo. El disco, en cambio, se quedó. Las cifras oficiales son esquivas, como casi todo lo que rodea a una banda que desconfió de la industria. Se habla de una certificación de 120.000 unidades, sin detallar el organismo ni la fecha. No es el territorio de los millones de un disco de estadio anglosajón. Es el territorio argentino de los ochenta: vinilo y casete, circuito independiente, reediciones posteriores en CD por Del Cielito y, en 2024, un vinilo nuevo que volvió a venderse como objeto de culto. El impacto no se mide solo ahí. Ji Ji Ji y Ya nadie va a escuchar tu remera abrieron algo de radio. La tapa se tatuó, se estampó, se copió. En 2007, Rolling Stone Argentina lo puso cuarto en su lista de los cien mejores álbumes del rock nacional. Encuestas recientes de oyentes lo siguen eligiendo como el disco favorito de la banda. - Hay una tentación de leer a Oktubre como afiche de la Revolución de Octubre y nada más. La tapa invita a eso: masas, cadenas, catedral en llamas, el Che. La música se resiste. No es un panfleto. Es un clima. Toma el constructivismo y el post-punk, la Guerra Fría y el living de un departamento de La Plata, y arma una distopia chica, cotidiana, más peligrosa que la épica. El rock, dice el disco, puede quedar preso en la libertad. La televisión puede ser un führer de entrecasa. La remera puede dejar de hablar. Esas frases no necesitaron un estadio para volverse ciertas. Los Redondos después llenarían canchas, se separarían, se volverían mito y disputa. Oktubre es el momento anterior a esa escala, cuando el mito todavía cabía en cuarenta y un minutos y en una tapa serigrafiada. Cuatro décadas más tarde, el fuego del título no es nostalgia. Es una advertencia que la ciudad sigue sin apagar. Nos despedimos con El Regreso de Mao, una canción compuesta en aquellos días por Los Redondos, que si bien fue tocada muchas veces en vivo, nunca fue grabada por la banda. Esto fue Oktubre, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en Punto Muerto.

    Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota - Oktubre
  4. Oct 13

    Red Hot Chili Peppers - Blood Sugar Sex Magik

    Sangre, azúcar, sexo, magia El 24 de septiembre de 1991 coincidieron en las disquerías varios discos que iban a redibujar la década. Uno era Nevermind, de Nirvana. Otro, The Low End Theory, de A Tribe Called Quest. El tercero, menos esperado como fenómeno planetario, se llamaba Blood Sugar Sex Magik —con k final, a la manera del magick esotérico— y lo firmaban los Red Hot Chili Peppers. No era su primer álbum: era el quinto. Pero fue el primero en el que la banda dejó de ser un secreto callejero de Los Ángeles y se convirtió en un grupo que llenaba radios, MTV y, muy pronto, estadios. La formación era la que hoy se considera clásica: Anthony Kiedis en la voz, Flea en el bajo, John Frusciante en la guitarra y Chad Smith en la batería. Venía de Mother’s Milk (1989), un disco más metálico y todavía marcado por la muerte de Hillel Slovak, el guitarrista original, fallecido por sobredosis en 1988. Rick Rubin, que años antes los había rechazado por los problemas de drogas de la banda, aceptó producirlos. En lugar de un estudio convencional, instaló la grabación en una mansión de Laurel Canyon —la que se asocia, con más leyenda que prueba, a Harry Houdini—. Allí vivieron Kiedis y Frusciante durante las sesiones de abril a junio de 1991. Smith se negaba a dormir en la casa: decía que estaba embrujada. El resultado dura casi setenta y cuatro minutos y diecisiete canciones. Hay funk, rap-rock, baladas acústicas, un cover de Robert Johnson y una odisea sexual de ocho minutos. Las fotos las hizo Gus Van Sant. El disco está dedicado a Mike Watt. Y debajo del desparpajo —el nombre de la banda, los calzoncillos en el escenario, las letras de cama— hay duelo, sobriedad recién conquistada, racismo estadounidense y una ciudad, Los Ángeles, que Kiedis trata a la vez como amante y como herida. Ese cruce es lo que sostiene Blood Sugar Sex Magik cuando el chiste se acaba. - El disco abre con “The Power of Equality”, un golpe político, no con una fiesta. Kiedis ataca el racismo, nombra al Ku Klux Klan y saluda a Public Enemy. El estribillo pregunta qué fue de la humanidad. Flea y Smith empujan como si el tema fuera un mitin y un concierto al mismo tiempo. Poner esta canción primero es una declaración: el cuerpo y la cama vendrán después; primero, el país. - El título “If You Have to Ask” cita, a su manera, la frase que se atribuye a Louis Armstrong sobre el jazz: si tienes que preguntar qué es, nunca lo sabrás. El groove es puro Chili Peppers de barrio: bajo elástico, guitarra que raspa, Kiedis medio rapeando. Es una canción de actitud más que de argumento. - “Breaking the Girl” es un cambio de piel. Compás de 6/8, mellotron de Brendan O’Brien y percusión armada con chatarra. La letra mira a Carmen Hawk, una relación en la que Kiedis (criado por un padre que el definió de “una novia por día”) reconoce que está rompiendo a alguien que no merecía ese daño. Es una de las primeras pruebas de que este disco sabe frenar. - “Give It Away” fue el primer sencillo y el primer número uno de la banda en las listas de modern rock de Billboard. La idea nació de un gesto: Nina Hagen, al oír que a Kiedis le gustaba su chaqueta, se la dio. Dar, decía, genera energía. La canción convierte esa anécdota en estribillo —“Give it away, give it away, give it away now”— y en crítica de la avaricia. El video de Stéphane Sednaoui, con la banda pintada de plata en el desierto, hizo el resto. Ganó el Grammy a mejor interpretación hard rock. - Sobre “I Could Have Lied”, Kiedis ha dicho que la escribió pensando en Sinéad O’Connor. La acusación que se hace a sí mismo es simple: fue un tonto por mostrar demasiado, o por no saber callar. Frusciante toca con una ternura que el principio del álbum no había permitido. - “Suck My Kiss” tiene un riff seco, órgano Hammond, un estribillo que parece un golpe. Hay sexo y también una alusión a dejar las drogas. Fue el tercer sencillo. En tres minutos y medio resume lo que la banda vendía en 1991: sudor, humor sucio y un gancho que no se olvida. - “Under the Bridge” fue la canción que lo cambió todo. Kiedis, recién sobrio, se sentía solo: Flea y Frusciante se entendían con marihuana; él no. Escribió un poema sobre Los Ángeles como compañera, sobre un puente bajo el cual compraba heroína, sobre la ciudad que “just don’t know me.” Rubin lo convenció de cantarlo y el coro de Gail Frusciante y amigos levanta el final. Llegó al número 2 del Billboard Hot 100. De pronto, la banda de los calzoncillos tenía una balada que hacía llorar en la televisión. - “Blood Sugar Sex Magik” Rick Rubin insistió en que esa frase era el título del disco. La canción trata el sexo como rito: Afrodita, luz sexual, “I mingle with the gods.” (“Me codeo con los dioses”) Otra vez Carmen Hawk, pero del lado del éxtasis. El estribillo es pesado; los versos, más bajos. Es el manifiesto erótico que el álbum llevaba anunciando desde la portada. - Blood Sugar Sex Magik no explotó el día de su salida. El 24 de septiembre de 1991 quedó, en la memoria colectiva, como el día de Nevermind. “Give It Away” al principio desconcertó a programadores que pedían una melodía. Luego llegaron el video, el boca a boca y, sobre todo, “Under the Bridge”. El álbum alcanzó el número 3 del Billboard 200 en mayo de 1992 y el número 1 en Australia, Canadá y Nueva Zelanda. En Estados Unidos la RIAA lo certificó siete veces platino: siete millones de unidades (certificación de 2001). En el Reino Unido es triple platino; en Australia, séxtuple platino; en Canadá, cuádruple platino. Hay platino en Alemania, Francia, Países Bajos, Suecia, Noruega y España (doble), entre otros. Las certificaciones suelen situarlo en torno a 10 u 11 millones; las estimaciones mundiales más repetidas hablan de más de 13 millones y, en algunas fuentes, de unos 15 millones de copias. “Under the Bridge” llegó a seis veces platino como sencillo en EE.UU.; “Give It Away”, a doble platino. El éxito tuvo un precio interno. Frusciante, que tenía veintiún años cuando se grabó el disco, no soportó la fama que vino detrás. Abandonó la banda a mitad de la gira, en 1992, y no volvería hasta 1998. Lo que Blood Sugar Sex Magik había afinado —la canción, el silencio, la melodía dentro del funk— se resquebrajó durante años. Por eso este álbum se oye, todavía, como una cumbre y como una foto de un equilibrio que duró poco: cuatro tipos en una casa con fama de encantada, sobrios o casi, escribiendo a la vez himnos de cama, elegías a un amigo muerto y una carta de amor a una ciudad que los podía matar. El título se recuerda mal —Blood Sugar Sex and Magic, con and y con c— porque suena a fórmula de anuncio. La k de Magik no es un adorno: apunta a esa pretensión, a medio camino entre la broma y la fe, de que el sexo, el azúcar en sangre y la música pueden ser un conjuro. Treinta y cinco años después, el conjuro sigue funcionando cada vez que un bajo de Flea entra en una radio y alguien tararea que hay que darlo todo ahora. El disco es largo, desigual y a ratos infantil. También es el momento en que los Red Hot Chili Peppers encontraron, al mismo tiempo, el mundo y su propia voz. Pocas bandas sobreviven a ese hallazgo. Esta, a su manera torpe y brillante, lo hizo.

    Red Hot Chili Peppers - Blood Sugar Sex Magik
  5. Oct 6

    Los Traidores - Montevideo Agoniza

    La ciudad que no se cura En 1985 Uruguay salía de doce años de dictadura. Había elecciones, palabras nuevas y una ciudad que no sabía muy bien qué hacer con ellas. En ese intersticio —ya no el silencio militar, todavía no la fiesta democrática que algunos prometían— un cuarteto de Montevideo ensayaba en casas y tocaba como si el país fuera un altavoz prestado. Se llamaban Traidores, o Los Traidores. Juan Casanova en la voz, Víctor Nattero en la guitarra, Pablo Dana en el bajo, Alejandro Bourdillón en la batería. Habían aparecido en el compilado Graffiti con dos temas que ya sonaban a himno de vereda: “La lluvia cae sobre Montevideo” y “Juegos de poder”. En la Navidad de 1985, con poca prensa, llenaron el Teatro de Verano con más de cinco mil personas. Al año siguiente Orfeo les grabó el primer disco. Se llamó Montevideo Agoniza. La ironía es perfecta y amarga: el long play original no incluye la canción que le da título. Tampoco “Viviendo en Uruguay”, “Buenos días Presidente”, “Barrio rico” ni “Las noticias nacionales”. La versión más repetida habla de una advertencia a mitad de la grabación —censura estatal o, más probable, el sello protegiéndose— que obligó a dejar afuera lo más punzante y a escribir sobre la marcha, entre otras, “Flores en mi tumba”. Grabaron en los Estudios IFU entre mayo y julio de 1986, con Alfonso Carbone como productor y Daniel Blanco en la consola. El vinilo dura menos de media hora. Doce canciones, casi todas bajo los tres minutos. Punk de The Clash, sombra de The Smiths, new wave de barrio, voz hablada más que cantada. No es un disco de celebración. Es un parte meteorológico: sigue lloviendo sobre una capital que acababa de recobrar el derecho a quejarse. - Solo fotografías arranca con vidas en blanco y negro. Casanova no canta: enuncia. “En las calles de todos los días, solo fotografías / de vidas que no son vidas, que no son nada.” El bajo y la guitarra se cruzan como dos linternas en una esquina. Es la tesis del álbum en dos minutos: mirar la ciudad y no reconocerla como vida, sino como archivo. - Salteándome un lugar es el tema más corto del vinilo. No quiero seguir esperando, dice, porque ya esperé demasiado. Los futuros pintados en una pared —la consigna, el mural, la promesa de la transición— no alcanzan. Después de la dictadura, el punk uruguayo no cantó victoria: cantó que el “después” también podía ser una estafa. - Mentiras tiene una de las letras más nítidas del disco. Qué dirán después de haber arruinado tantas vidas. Los medios, el relato oficial, la mentira que “algún día se ahorcará sola.” Nattero pone una guitarra inquieta, casi de thriller. No nombra generales ni partidos; nombra el mecanismo. Por eso no envejece. - En No estoy loco, la cordura es como una acusación invertida. Quien señala el vacío es el sospechoso. En 1986, decir “no estoy loco” era también decir que el país acababa de pasar doce años llamando locura a la disidencia. - El clásico. El que sobrevivió a las radios los días grises. Equilibrio raro en un disco de urgencias: melodía, espacio, una frase pegada a la ciudad —“otro día en la misma pudrición”— lo bastante fuerte para ser punk y lo bastante oblicua para pasar el filtro que otras no pasaron. No describe un temporal: describe una climatología moral. Con ustedes, La lluvia cae sobre Montevideo. - Bailando en la oscuridad cierra la cara A con un vaivén de cuerpos que no ven. No es un boliche feliz; es el movimiento como defensa. Después de la lluvia, el baile no lava nada: apenas permite no quedarse quieto. - Flores en mi tumba es la canción más larga (cuatro minutos) y, según Nattero, hija de la censura: hubo que escribir cuando sacaron los temas fuertes. El resultado es el centro emotivo del disco: “Tus palabras en mi alma, mi silencio al recordar, un epitafio muy simple, que no podrás pronunciar.” Si el resto del LP golpea, este tema deja la marca. - La muerte no llega gritando; llega vestida. Hay dandismo punk en el título y una frialdad que distingue a Traidores de las bandas que solo gritaban. La elegancia, aquí, es una forma de desprecio. Suena la maravillosa “La muerte elegante”. - Viviana es una reaccionaria es un retrato con nombre propio. Viviana no es un símbolo abstracto: es alguien que eligió el lado cómodo, el órden, la reacción. En un país que salía de la dictadura, acusar de reaccionaria a una persona concreta era más incómodo que cantarle al “sistema.” Sin embargo, todo tiene un giro a final, cuando nos enteramos que a “sus hijos se los quitaron, no la dejaron soñar”. Además, esa guitarra española sobre una base reggae. - El futuro de tus hijos es amenaza y herencia. Qué les queda a los que vienen si esto es lo que hay. No es un tema de esperanza generacional; es una factura pasada al porvenir. - Juegos de poder es el otro tema que ya venía de Graffiti y también tuvo video. Quién mueve los hilos, quién finge que no. La letra parece escrita ayer porque los juegos no cambiaron de tablero: solo de camiseta. - El cierre del vinilo es con Estoy vacío. Confesión sin teatro. El vacío es el saldo de una juventud que atravesó la noche militar y amaneció sin instrucciones. El disco se va como se van ciertas conversaciones en Montevideo: de golpe, con la última frase todavía en la mesa. - Los temas que el vinilo no pudo decir. La reedición de 2007 —y el EP Canciones prohibidas— devolvió lo que el LP escamoteó. “Montevideo agoniza” tuerce el himno nacional: “Uruguayos, la patria o la tumba / con libertad o con gloria, igual van a morir.” Un riff que evoca la marcha patria y un nihilismo que en 1986 era material inflamable. “Barrio rico” apunta a las cabezas vacías y a la cobardía tapada con dinero. “Las noticias nacionales” mira el noticiero como maquinaria. “Viviendo en Uruguay” habla de no haber libertad para vivir como uno quiere. “Buenos días Presidente” saluda al poder con una cortesía que es una bofetada. Sin estos cinco temas, Montevideo Agoniza es un gran disco post-punk. Con ellos, es el documento que la banda quiso grabar: no solo existencialismo de dormitorio, sino un ajuste de cuentas con el presidente, el barrio, el informativo y sobre todo, el Uruguay. - Montevideo Agoniza no compite, en cifras. Compite en otra liga: un país de tres millones de habitantes, mercado discográfico estrecho, radios prudentes y un sello —Orfeo— que medía riesgos. No hay certificaciones públicas detalladas del vinilo de 1986. Lo que sí está documentado es que la reedición en CD de Bizarro Records, en 2007, alcanzó el disco de oro en Uruguay. En las compilaciones de ventas esa marca suele equivaler a unas dos mil copias, el umbral histórico de oro en un mercado de esta escala. Dos mil unidades no son un fenómeno global. En Uruguay, para un disco de post-punk de 1986 reeditado dos décadas después, son una consagración tardía y justa. - El impacto real no se mide solo en el mostrador. En 1986 tocaron en el Velódromo ante cuatro mil personas, otra vez en el Teatro de Verano ante seis mil y cerraron la primera edición de Montevideo Rock ante unos quince mil, en cartel con Sumo y Fito Páez. Hicieron televisión cuando el rock local todavía pedía permiso. Se separaron en 1988, volvieron, se volvieron a ir, grabaron Radio Babilonia y Primavera Digital, festejaron los veinticinco años del debut con shows y un DVD. El título, cuatro décadas más tarde, no suena a pieza de museo: suena a diagnóstico que la ciudad se recita cuando llueve. Hay una tentación de convertir Montevideo Agoniza en postal de la transición: jóvenes libres al fin, guitarra contra los militares. El disco se resiste. No canta el fin de la dictadura; canta lo que quedó en pie cuando la dictadura se fue —la mentira, el barrio rico, el noticiero, la lluvia, el vacío—. Por eso la censura, velada o preventiva, no es un dato pintoresco: es parte de la forma. El álbum que salió a la calle era ya una versión amputada de sí mismo. El que escuchamos hoy, con los bonus, está más cerca de aquella bronca que se grabó en los estudios IFU. Los Traidores no inventaron el rock uruguayo, pero le dieron una de sus frases más duraderas: la capital agoniza, y agonizar, aquí, no es morir del todo. Es seguir de pie bajo la llovizna, con una guitarra barata y una voz que prefiere decir antes que adornar. Media hora de vinilo, cinco canciones escondidas y un oro tardío bastan para explicar por qué, cada tanto, Montevideo vuelve a poner este disco y reconoce el pronóstico. Sigue lloviendo. La ciudad, por ahora, no se cura.

    Los Traidores - Montevideo Agoniza
  6. Sep 29

    Guns N' Roses - Use Your Illusion II

    Use Your Illusion II es el cuarto álbum de estudio de Guns N’ Roses, publicado el 17 de septiembre de 1991 junto a su hermano Use Your Illusion I. Es el disco más épico y ambicioso de la banda en su etapa clásica. Mientras el volumen I es más directo y rockero (salvando “November Rain”), el II se adentra en canciones largas, orquestales y dramáticas. Y contiene varios de los temas más icónicos de la historia del grupo como: * Civil War * Estranged * You Could Be Mine * Knockin’ on Heaven’s Door * Yesterdays * Locomotive El álbum muestra a Guns N’ Roses en su máximo esplendor creativo y también en su máximo caos interno. Es el sonido de una banda que estaba en la cima del mundo y, al mismo tiempo, empezaba a desintegrarse. En resumen: Use Your Illusion II es el lado más grandilocuente, emotivo y cinematográfico de Guns N’ Roses. - El primer tema de Use Your Illusion II era una mezcla ecléctica de referencias sonoras, incluyendo un sample de Cool Hand Luke, un fragmento silbado de la canción de la Guerra Civil estadounidense "When Johnny Comes Marching Home" y un extracto de un discurso pronunciado por un oficial guerrillero peruano de Sendero Luminoso. Debería haber sido un desastre, pero en cambio se convirtió en una de las epopeyas de hard rock más queridas de Guns N' Roses y en un clásico de sus conciertos con un mensaje antibelicista aún vigente. "Civil War" es la única canción de Use Your Illusion en la que participó Steven Adler, quien fue despedido en 1990 debido a su consumo excesivo de drogas. El baterista expulsado interpretó la canción solo una vez, el 7 de abril de 1990 en Farm Aid IV en Indianápolis, donde se cayó mientras corría hacia el escenario. Esta fue la última aparición en vivo de Adler como miembro de Guns N' Roses. - Guns N' Roses intentaba despedirse de su pasado turbulento, sin saber que un futuro aún más caótico estaba en el horizonte, con esta enérgica y blusera canción. Coescrita por Rose, Billy McCloud y sus amigos de toda la vida, West Arkeen y Del James, "Yesterdays" se estrenó en directo el 14 de enero de 1988 en el club Coconut Teaszer de Hollywood, donde Arkeen y James se unieron al grupo en el escenario, donde actuaron bajo el nombre de Drunk Fux. El bonito videoclip en blanco y negro incluía imágenes de los antiguos miembros de la banda, Steven Adler e Izzy Stradlin, que habían sido reemplazados por Sorum y Clarke, respectivamente. Cuando Adler, recientemente despedido, aparecía en pantalla, Rose cantaba con énfasis: "Algunas cosas podrían ser mejores si simplemente las dejáramos ser". - Cualquier duda sobre el estatus de Guns N' Roses como la banda más grande del mundo a principios de los 90 debería haberse disipado cuando Arnold Schwarzenegger les propuso personalmente incluir "You Could Be Mine" en Terminator 2: El juicio final. Basada en un riff de Stradlin, la potente canción surgió durante los ensayos de Appetite for Destruction con el título "Cocaine Talking", aunque McKagan insistió en que la canción no tenía nada que ver con el consumo de drogas de los miembros de la banda. Si bien "You Could Be Mine" no se incluyó en la versión final del álbum de 1987, la letra "With your bitch-slap rappin' and your cocaine tongue, you get nothin' done" apareció en la portada de Appetite, como un presagio del futuro. - Las diversas controversias de Guns N' Roses eran un imán para la prensa especializada en rock, y en "Get in the Ring", Rose arremetió contra los periodistas que consideraba inescrupulosos. El tema que es una caótica mezcla de blues y punk, con un toque kitsch, fue originalmente de McKagan con el título "Why Do You Look at Me When You Hate Me?" ("¿Por qué me miras cuando me odias?"). Sin embargo,un furioso discurso a mitad de la canción, donde Rose mencionó a periodistas como Mick Wall de Kerrang y Bob Guccione Jr., fundador de Spin, fue lo que más llamó la atención. "Están estafando a los niños mientras ellos pagan con su dinero ganado con tanto esfuerzo para leer sobre las bandas que les interesan, imprimiendo mentiras, creando controversia", despotricó Rose. "¿Quieren provocarme? ¡Provóquenme, hijos de puta! ¡Suban al ring, hijos de puta, y les voy a patear el culo! ¡Punk!", concluye con gracia Axl Rose. - Rose y Stradlin decidieron hacer como el Dr. Frankenstein después de que ambos escribieran la canción "14 Years" para el álbum Use Your Illusion II. Stradlin se encargó de la voz principal en el tema, que la banda interpretó con bastante frecuencia en sus giras hasta que Stradlin se marchó en noviembre de 1991, ya que realmente es un temazo. Muchos interpretaron "14 Years" como una airada despedida a Rose tras la salida de Stradlin de Guns N' Roses, ya que habían sido amigos durante aproximadamente ese tiempo cuando se escribió la canción, pero al presentar la canción al público de Los Ángeles en julio de 1991, Rose se la dedicó a "todos aquellos que tienen la impresión de que somos un éxito de la noche a la mañana". Rose y Stradlin terminaron interpretando "14 Years" juntos en seis conciertos en 2012, lo que sugiere que el tema de la canción no fue motivo de conflicto. - La mítica ”Knockin' on Heaven's Door" de Bob Dylan entró en la órbita de Guns N' Roses durante el verano de 1987, después de que Rose pasara unos días en el hospital tras una pelea con un ayudante del sheriff, a las afueras del club Cathouse en Los Ángeles. "Axl y yo pensábamos en ella", recordó Slash. "Pero nunca quise tocarla con la banda, porque pensaba que ya la había versionado demasiada gente. Una noche Axl vino al lugar donde me alojaba y dijo: 'Hagámoslo'". Debutaron con "Heaven's Door" el 19 de junio de 1987 en el Marquee de Londres, donde Rose dedicó la canción al bajista de Jetboy, Todd Crew (quien murió de una sobredosis de drogas al mes siguiente) e improvisó el "hey, hey, hey" de llamada y respuesta que se convertiría en un sello distintivo de su versión. Esta versión se convirtió en un clásico de sus conciertos durante décadas, y Guns N' Roses la interpretó también el 20 de abril de 1992 en el Concierto Tributo a Freddie Mercury. - "Breakdown" resultó ser un título acertado para la canción de Axl Rose, con predominio del piano. "Las partes de guitarra y bajo tuvieron que ser pensadas y ejecutadas con precisión", señaló Slash en sus memorias de 2007. "Esa canción fue especialmente difícil para Matt; perdió los nervios varias veces intentando que la batería sonara perfecta". Sorum y Rose se encerraron en el estudio una noche para pulir la batería, dando inicio a una maratón de trabajo de tres días antes de que la banda grabara el tema. Fue entonces cuando Sorum comprendió a qué se había apuntado al dejar The Cult para unirse a Guns N' Roses. "Fue una experiencia normal en una banda de rock", dijo. "Pero esto era diferente; la energía era intensa. Las reacciones de la gente eran distintas cuando se enteraban de que también estabas en la banda". Más allá de todo eso, “Breakdown” es una hermosa canción que relata momentos de soledad y confusión, donde no parece haber salida, pero la hay. - Esta balada épica y desgarradora de Use Your Illusion II canalizó la frustración y el dolor de Rose por la disolución de su matrimonio con Erin Everly. Mientras que "November Rain" era una canción sobre no querer lidiar con el amor no correspondido, "'Estranged' trata sobre reconocerlo, estar presente y tener que averiguar qué demonios hacer", dijo Rose en el documental de 1994, Making F@*!ing Videos. "Es como ser catapultado al universo sin poder elegir, y tener que averiguar qué demonios vas a hacer, porque las cosas que querías y por las que trabajaste simplemente no pueden suceder, y no hay nada que puedas hacer al respecto". "Estranged" estuvo acompañada de un videoclip grandilocuente de 4 millones de dólares, en el que Rose saltaba de un petrolero al océano y era rescatado por una manada de delfines, y Slash tocaba un solo sobre las olas como un mesías con sombrero de copa. Si bien no es la última canción del álbum, ese honor se la lleva la industrial “My World”, es un cierre conceptual perfecto no solamente para la obra, sino para toda una etapa de la banda. Luego llegó una gira enorme, caótica y sumamente exitosa; un álbum de covers desparejo, que se vio como una manera de aprovechar el momento comercial y la ruptura altamente promocionada del grupo. Es cierto, Axl siguió adelante solamente junto a Dizzy Reed, grabó el muy buen Chinese Democracy y tiempo después volvió a juntarse con Slash y Duff en una gira tan exitosa como interminable. Dicho eso, esa magia que tenían hasta 1991 se rompió en los últimos acordes de UYI II, o en la despedida de Izzy Stradlin, quizá como consecuencia del enorme esfuerzo que significó llevar a cabo esta épica y monstruosa obra. Esto fue UYI, de Guns N’ Roses, en Punto Muerto.

    Guns N' Roses - Use Your Illusion II
  7. Sep 21

    Guns N' Roses - Use Your Illusion I

    Para cuando lanzaron el tan esperado álbum Use Your Illusion el 17 de septiembre de 1991, Guns N' Roses había pasado de ser una banda de rock callejero de Hollywood a convertirse en la banda de rock más grande del mundo. Esta colección de dos álbumes y 30 canciones mostraba a Guns N' Roses desarrollando el hard rock salvaje, con una actitud punk de su álbum debut, Appetite for Destruction, con extensas baladas de piano (como “November Rain" o "Estranged") y épicas canciones de guitarra casi progresivas ("Coma" o "Locomotive"). Slash e Izzy Stradlin exhibieron su característicos y enérgicos riffs de blues-rock en canciones como "Dust N' Bones" y "Bad Apples", mientras que Axl Rose desató su veneno (y generó aún más controversia) en la misógina "Back Off Bitch" y el panfleto antimediático "Get in the Ring". Como todo en su mundo alrededor de 1991, los álbumes de Use Your Illusion fueron proyectos caóticos y descomunales que cobraron varias bajas en el camino hacia su finalización. El baterista Steven Adler fue despedido en julio de 1990 por su incapacidad para controlar su adicción a la heroína y reemplazado por Matt Sorum. Harto de los diversos vicios de la banda y su agenda disfuncional (por no decir el circo en el que vivían), Izzy Stradlin, ya sobrio, la abandonó en noviembre de 1991, menos de dos meses después del lanzamiento de ambos álbumes. - Los álbumes Use Your Illusion, como todo lo de Guns N' Roses, fueron un éxito rotundo, debutando en los dos primeros puestos de la lista Billboard 200, vendiendo un total de 14 millones de copias en Estados Unidos y más de 30 millones en todo el mundo. La gira Use Your Illusion Tour duró dos años y medio, atrayendo multitudes y generando una controversia interminable. Los Use Your Illusion I y II representan un punto de cambio en el sonido de Guns N' Roses. A pesar de no abandonar sus tendencias hard rock de su primer álbum Appetite for Destruction, Use Your Illusion I demostró, por primera vez elementos de blues, música clásica, heavy metal, punk rock, rock n' roll clásico. Por ejemplo, Axl Rose toca el piano en varias canciones como “November Rain”, que llevaron al grupo a la popularidad masiva entre personas que no escuchaban hard rock o heavy metal. La portada es una sección del fresco denominado “La escuela de Atenas” de Rafael y fue creada por el artista estonio/estadounidense Mark Kostabi. Tanto el disco I como el II tienen el mismo diseño en su portada, cambiando solo el color del dibujo, que en el del I caso es rojo y amarillo, mientras que en el II es de color púrpura y azul. En todo caso, los Use Your Illusion I y II mostraron a Guns N' Roses en sus facetas más grandilocuentes, tiernas y agresivas, demostrando lo mucho que habían evolucionado desde la época anterior a Appetite for Destruction, y lo mucho que tenían que perder. - Seguimos nuestro recorrido por el Use Your Illusion I con el tercer single “Live and Let Die”. Axl Rose y Slash decidieron intentar versionar este clásico de Wings tras darse cuenta de que ambos eran fans. "No creíamos que fuéramos lo suficientemente buenos para hacerlo bien, pero Slash está haciendo la mayoría de los arreglos de cuerda con la guitarra y un armonizador", dijo Rose en 1990. "Para mí es como si Tom Waits se encontrara con Metallica; es la forma en que la canto, tan áspera y rasposa. Está funcionando muy bien, suena como nosotros". Slash, por su parte, elogió los arreglos musicales de Axl: "Cuando hicimos 'Live and Let Die', todo eran sintetizadores; esos instrumentos de viento no son instrumentos de viento. Lo que hizo Axl ahí fue realmente complejo. Pasó horas ajustando todo eso, consiguiendo los matices perfectos". - A medida que crecía la fama de Axl, también lo hacía su notoriedad, y en "Don't Damn Me" respondió a los críticos, quienes, según él, lo atacaban constantemente. "Se trata de mostrarle a la gente que se dé cuenta de su propio poder y sus propias habilidades, en lugar de pensar: 'Axl Rose es Dios'", dijo en 1991. "Si alguien solo me idolatra y no trabaja en su propia vida, entonces hemos fracasado en lo que intentamos expresar en esa canción". "Don't Damn Me" es la única canción de Use Your Illusion I que Guns N' Roses nunca ha tocado en vivo. La razón, según Slash, es puramente práctica: "Eran demasiadas palabras sin pausa para respirar, y simplemente resulta imposible interpretarla en vivo". Por otro lado, la canción tiene uno de los mejores solos de todo el álbum. - Inspirada en la expresión en inglés "beating a dead horse" (“golpeando un caballo muerto”, que alude a un asunto concluido sobre el que no vale la pena insistir), el siguiente tema funciona como un himno de frustración sobre intentar reconstruir la vida tras el fracaso definitivo de una relación amorosa. Además de ser el único autor del penúltimo tema de Use Your Illusion I, Axl también tocó la guitarra acústica en "Dead Horse" y grabó parte del videoclip, que incluye imágenes en directo de la gira Use Your Illusion. Axl se colocó una cámara en la cabeza para grabar en primera persona el concierto de Guns N' Roses en Kansas City el 17 de septiembre de 1992, durante su gira conjunta con Metallica. "Por si les interesa saber qué es este artilugio que llevo en la cabeza", dijo al público, "esta noche estoy grabando un pequeño vídeo". - Matt Sorum conoció a Slash, Duff McKagan e Izzy Stradlin en un estudio de ensayo de North Hollywood en su primer día como baterista de Guns N' Roses en mayo de 1990, e inmediatamente comenzaron a desarrollar los demos acústicas de Stradlin, incluyendo "Dust N' Bones". "Me di cuenta de que Slash y Duff se fijaban en las bases y modificaban los cambios de acordes para crear un riff de conjunto", recordó Sorum en su libro, Double Talkin' Jive. "Básicamente, se copiaban entre sí en la guitarra y el bajo, con la crudeza del roots rock de Izzy superponiéndose. De repente, me di cuenta de que así era precisamente como se creaba el sonido de GNR. Lo que llenaba el estudio en ese momento era realmente el sonido de la banda". Una de mis canciones favoritas del álbum, cantada por el gran Izzy Stradlin, con un talk box de Slash simplemente sublime. “Dust and bones, that’s all right.” - La power ballad "Don't Cry", que alcanzó el Top 10 los Estados Unidos y en otras tantas partes del mundo, tiene la particularidad de aparecer en ambos volúmenes del álbum Use Your Illusion, aunque en versiones marcadamente diferentes. La versión de Use Your Illusion I es mayormente esperanzadora y optimista, con promesas reconfortantes como "estarás bien ahora, cariño", "te sentirás mejor mañana" y "hay un cielo sobre ti". En Use Your Illusion II, sin embargo, la canción se convierte en un himno a la derrota, con Rose (acompañado por Shannon Hoon de Blind Melon en ambas versiones) entonando: "Yo era quien lavaba la sangre de tus manos" y "Sé que lo que querías no es lo que tienes". "Don't Cry" es la primera entrega de la trilogía Illusion, que también incluye "November Rain" y "Estranged", y cuenta con un videoclip épico y multimillonario, del que Stradlin estuvo notablemente ausente, lo que provocó que apareciera brevemente un cartel que decía: "¿Dónde está Izzy?". - La estrofa inicial de este tema con un riff brillante y pegadizo de Izzy Stradlin (“Encontré una cabeza y un brazo en el contenedor de basura”) se inspiró en un macabro suceso real ocurrido durante las sesiones de grabación de Use Your Illusion. “Resultó que la policía encontró un brazo desmembrado y una cabeza en el contenedor de basura detrás del estudio”, escribió Slash en sus memorias. “Lo único que sé es que nosotros no lo hicimos, pero Izzy convirtió el suceso en la letra de "Double Talkin' Jive””. En el escenario, Axl solía dedicar la canción a quien lo hubiera enfadado ese día, sobre todo al actor Warren Beatty, a quien llamaba “parásito”. Por cierto, el tema concluye con uno de los más elegantes solos de Slash, en guitarra clásica, lo que eleva a “Double Talkin' Jive” a la categoría de joya. - Coescrita en los inicios del grupo por Stradlin y su amigo de toda la vida, West Arkeen, "Bad Obsession" canaliza la pasión de Guns N' Roses por los Rolling Stones y Aerosmith en un boogie blues-rock que invita a mover las caderas, repleto de la agresiva guitarra slide de Slash y la armónica y el saxofón tenor del líder de Hanoi Rocks, Michael Monroe. Es una oda febril a la droga predilecta de muchos miembros de la banda, la heroína, con letras que son a la vez sarcásticas y desgarradoras. En un momento, Axl se queja de que su madre es "una zorra ahora", y en otro, confiesa con su exagerado acento del Medio Oeste: "No puedo dejar de pensar en verte una vez más". - “November Rain” representa el punto de conexión entre la ambiciosa y extensa producción de Illusion y la cruda energía de Appetite for Destruction. Axl había trabajado en la canción durante años, y en 1983 le comentó a su excompañero Tracii Guns: “Algún día esta canción será genial.” Esta épica de nueve minutos contaba con elaboradas melodías de piano, cuerdas programadas con sintetizador y no uno, ni dos, sino tres de los mejores solos de guitarra de Slash de todos los tiempos; además de un extravagante videoclip de 1,5 millones de dólares. La inversión valió la pena, ya que “November Rain” alcanzó el puesto número 3 en la lista Billboard Hot 100, convirtiéndose en el segundo mayor éxito de Guns N' Roses, solo superado por “Sweet Child O' Mine”. Perfectamente podríamos decir que nada tan ambicioso había sido logrado por un grupo de rock comercial desde "Bohemian Rhapsody” de Queen, de quienes Axl tuvo influencia para componer esta canción, así como de Elton John. - La historia detrás de la particip

    Guns N' Roses - Use Your Illusion I
  8. Sep 15

    Nirvana - Nevermind

    ”Vamos, gente Sonrían a su hermano Reúnanse todos Intenten amarse los unos a los otros ahora mismo” Sean bienvenidos a Punto Muerto. - En 2002, a once años del lanzamiento de Nevermind, Dave Grohl y Krist Novoselic —los miembros supervivientes de Nirvana— fueron entrevistados por Rolling Stone. Mientras hablaban, la era de Guns N’ Roses, del Sunset Strip y de anteponer el estilo al contenido se había convertido en una desvaída fotografía de vacaciones; ahora, el entusiasmo de la industria volvía a centrarse en el rock and roll: The Strokes, The White Stripes y el resto de esa nueva ola de música desenfadada y de espíritu cuidadosamente callejero. El hedonismo recuperaba su trono, y la lluvia y la atmósfera sombría de la época de Kurt parecían cosas de hace muchísimo tiempo. - David Fricke, periodista de Rolling Stone que había realizado algunas de las entrevistas más célebres a Nirvana a principios de los años noventa (muy a pesar de la opinión de Kurt de que “Rolling Stone apesta, siempre ha apestado y sigue apestando; que salgamos en la portada no va a hacer que Rolling Stone sea más cool”), le preguntó a Dave Grohl si creía que “Nevermind” había influido en la música que se escuchaba en aquel momento. “Eso sería demasiado egocéntrico”, dijo Grohl. “Me enorgullece haber formado parte de esa banda, haber tenido la oportunidad de significar tanto para tanta gente. Cuando los Foo Fighters damos conciertos, se me acercan chicos, integrantes de bandas nuevas que son enormes, que tienen 22 años, la misma edad que yo tenía cuando grabamos Nevermind, y me dicen que fui una gran influencia para ellos. Y lo único que eso consigue es hacerme sentir viejo, como Neil Young o algo así”. Charles R. Cross, biógrafo de Cobain y exeditor de “The Rocket”, una publicación musical de Seattle, coincide: “Creo que las canciones de Kurt se recordarán mucho después de que se disipe el ruido de su fama y su breve paso por las listas de éxitos. Considero que los temas que compuso estaban tan cargados de emoción y riesgo que seguirán teniendo significado para las generaciones futuras. Me ha sorprendido la cantidad de lectores jóvenes que ha tenido este libro, y creo que ya estamos viendo cómo una nueva generación descubre a Kurt y a Nirvana”. - Se ha escrito más sobre el suicidio de Kurt Cobain que sobre su mejor disco. Sabemos mucho más sobre los últimos años de su vida que sobre casi cualquier otra estrella de su misma talla. Hemos leído su nota de suicidio, visto su cadáver, presenciado el duelo de su esposa y oído hablar de su adicción. Hemos leído los numerosos libros y visto los documentales. Sabemos dónde compró el arma, dónde adquirió su última dosis, y hemos seguido sus últimos pasos. Sabemos prácticamente todo lo que llegaremos a saber sobre su muerte. Solo recientemente, una vez saciado el deseo de información, la atención ha vuelto a centrarse en su legado musical y en lo que este representará. Kurt se esforzó por escapar del impacto de Nevermind, por restarle importancia, por negar su grandeza e incluso por menospreciarlo; sin embargo, sigue siendo la pieza central de su carrera. “Resulta difícil creer que sea un disco tan revolucionario, tanto para los miembros del grupo y su entorno como para el resto del mundo”, declaró Krist Novoselic a David Fricke. “El álbum tiene mucha fuerza, pero no era un *Sgt. Pepper* con orquestas sinfónicas; era simplemente un disco de rock and roll. Podría haber salido en los años setenta o en los ochenta. Quizá eso explique en parte su enorme éxito. Podés perseguir una idea o un concepto concreto, pero este trabajo era austero y estaba cargado de sentimiento. Ahí reside la magia. No había pretensiones”. Nevermind fue un éxito tan inesperado que, incluso mientras lo grababan (conscientes de que habían firmado con un sello importante como Geffen y de que contaban con canciones realmente espectaculares), les resultaba imposible imaginar que llegaría a alcanzar tal magnitud. “No parecía posible”, afirmó Grohl. “Las listas de éxitos estaban copadas por Mariah Carey y Michael Bolton. Daba la sensación de que íbamos a pasar de nuevo por el inefable circuito underground”. - Antes de que la banda comenzara las sesiones con Butch Vig en abril de 1990, para lo que se planeaba como su segundo álbum completo para el sello Sub Pop de Seattle, nada en la historia reciente de Nirvana sugería que alcanzarían el estrellato. Su primer disco, Bleach, costó exactamente 606,15 dólares. No fue más que un éxito menor para un sello discográfico de moda. Y si Cobain tenía algo de la gloriosa sensibilidad pop de Nevermind en sus primeras composiciones, rápidamente la sepultó bajo la retroalimentación y la angustia. En esta situación, la banda atravesó un periodo de dos años de cambios drásticos. Realizaron sus primeras giras nacionales e internacionales. Kurt salió con Tobi Vail, de la banda Bikini Kill, y luego rompieron. Nirvana incorporó a un segundo guitarrista, Jason Everman, quien pronto se marchó y se unió a Soundgarden. El baterista de Nirvana, Chad Channing, también se fue, y a Kurt y Krist les resultó muy difícil encontrar un reemplazo. Su baterista original, Dale Crover, colaboró en una gira de siete fechas por la Costa Oeste; y Dan Peters, de Mudhoney, tocó en el sencillo "Sliver". - El sello Sub Pop estaba en bancarrota. Hasta los cheques de 100 dólares rebotaban porque no tenían fondos. “Decidimos eliminar al intermediario”, dijo Kurt, mientras Sub Pop analizaba los detalles de distribución con un par de grandes sellos. “Me sentía culpable porque quería seguir en su sello, ya que compartían ideas similares. En ese momento, me sentía como el enemigo. Pero no había nada que pudiera hacerme cambiar de opinión. Era demasiado arriesgado”. Butch Vig era un tipo muy simpático y un veterano de la escena punk underground. Había trabajado con Killdozer, Smashing Pumpkins y Tad para sellos independientes. Jonathan Poneman, de Sub Pop, le envió ,material de Nirvana, diciéndole: “Estos chicos van a ser más grandes que los Beatles”. Cuando entraron en Smart Studios en Madison, Wisconsin, Vig rápidamente notó las tensiones entre Kurt, Krist y Chad Channing. Krist le dijo a Vig que quería que la banda sonara potente. Kurt le respondió: “Queremos sonar más lentos y más potentes que Black Sabbath. Baja los agudos”. Vig podía hacerlo, pero también se confesaba como un "fanático del pop". Cuando escuchó las siete canciones que Kurt trajo, rápidamente se dio cuenta de que Kurt finalmente había incorporado su amor por Cheap Trick y The Beatles a su propuesta punk rock. "Las considero canciones pop", dijo Kurt. "No hay canciones tan salvajes y potentes como Paper Cuts o Sifting (de Bleach). Eso es demasiado aburrido. Prefiero algo con un buen estribillo”, concluyó. De las siete canciones que grabaron, cinco terminaron en Nevermind. La versión de Polly que grabaron se incluyó después de una remezcla; otras sufrieron ligeras modificaciones: Breed pasó a llamarse Imodium, Stay Away se convirtió en Pay To Play; e In Bloom y Lithium fueron reelaboradas. - Las sesiones se piratearon extensamente, y a finales de mayo de 1990 Nirvana ya había llamado la atención de la mayoría de las grandes discográficas. Sliver se lanzó como un lanzamiento provisional, y se separaron de Chad Channing. Krist llamó a Butch Vig y le preguntó si estaría interesado en producir un álbum para una gran discográfica. Vig aceptó. Y en septiembre se pusieron en contacto con Dave Grohl. Luego, Kurt llamó a Butch Vig y le dijo: “He encontrado al mejor baterista del mundo”. “Kurt era una especie de baterista”, dijo Dave Grohl a Rolling Stone. “Cuando tocaba la guitarra o componía canciones, si te fijabas en su mandíbula, la movía de un lado a otro, como si tocara la batería con los dientes. Escuchaba en su cabeza lo que quería del ritmo, y eso es difícil de explicar. Creo que una de las razones por las que me querían era porque hacía coros”. - Nirvana firmó con Geffen el 30 de abril de 1991, con Krist Novoselic asumiendo el papel principal como representante de los intereses de la banda. “Ni siquiera le prestábamos atención”, le dijo a David Fricke. “Yo era el que hablaba con el abogado. Un día firmamos todos los papeles y pedimos sándwiches. Comimos sándwiches y firmamos papeles, y eso fue todo. No sabíamos en qué nos estábamos metiendo. Recibimos todo ese dinero como anticipo y lo gastamos todo en estudios, videos e impuestos. Pero recuerdo que insistimos mucho en tener control creativo. Y lo conseguimos”, amplió Novoselic. “Fue increíble”, dice Grohl. “Pasamos de vender cabezales de amplificador y sencillos de Love Buzz para comer a tener millones de dólares. Recuerdo la primera vez que recibimos un cheque de 1000 dólares. Estábamos emocionadísimos. Salí y me compré una pistola de balines y un Nintendo, las cosas que siempre quise de niño”. - Nirvana, sin embargo, mantuvo una sólida ética de trabajo. Recorrían 96 kilómetros diarios para ensayar en Tacoma. Kurt trabajaba incansablemente en las canciones. Krist recuerda que "In Bloom" empezó "sonando como una canción de Bad Brains", pero luego se fue perfeccionando gracias a la persistencia de Kurt. El día que Kurt apareció con el riff inicial de "Smells Like Teen Spirit", hizo que la banda lo tocara sin parar durante una hora y media. "Intentaba escribir la canción pop definitiva", confesó Kurt. "Básicamente, intentaba imitar a Pixies. Tengo que admitirlo. Cuando escuché a Pixies por primera vez, conecté tanto con esa banda que debería haber formado parte de ella. Utilizamos su sentido de la dinámica, alternando momentos suaves y tranquilos con otros fuertes y cont

    Nirvana - Nevermind

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