Voces en On | HAKUNA

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El Evangelio, día a día, desde dentro. Una breve reflexión que nos adentra en el corazón de Cristo. Léelas y escúchalas cada mañana ¡Sólo necesitas unos minutos!

  1. 08/09/2024

    Martes, 7 de agosto de 2024

    Mc 9, 2-10: Este es mi Hijo, el amado. En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elias y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elias». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos. ------------------ Bajamos casi que con prisa. Los oídos están atentos, los sentidos alerta. Me acerco a mi hermano. Respira como yo, entrecortadamente. Me sudan las manos. Miro de reojo a Pedro, que sigue a Jesús pero se queda a unos dos pasos por detrás, titubeante. Cae la tarde y ninguno de nosotros se atreve a decir una palabra. ¡¿Qué ha pasado?! Aun no entiendo nada. Necesitaría 3 meses más para procesar. Cae la noche y nos unimos al resto, que nos han esperado para cenar. Nos instan a compartir qué ha pasado hoy, pero ninguno habla. Jesús disipa los comentarios y empieza con una lección. Miro a Juan. Cuando los demás comienzan a marcharse a dormir, nos reunimos. Pedro también se suma. Compartimos el asombro, la maravilla. Ver a Moisés, ¡Elías en carne y hueso! Casi nos reímos recreándonos en lo que han visto nuestros ojos: ¡inimaginable! La sombra que lo cubrió; la túnica de Jesús, ¡el rostro de Jesús! Resplandecía más que solo. Más que el blanco más blanco que pudiéramos imaginar. La terrible voz. Cómo nuestros corazones se encogieron. Como Pedro quiso salir al paso, ¡aún no entendía como consiguió articular palabra! El miedo que sentimos. Las palabras de Jesús. ¿Por qué no querría que lo contásemos? ¿Qué más duda cabría al pueblo de Israel? Lo que hemos visto, ¿cómo nos contendremos cuando nos vuelvan a preguntar? ¿Y qué querría decir? Aquello de resucitar de entre los muertos, ¿qué sentido tendría? No le veíamos ninguno. ¿Veríamos algo así de nuevo? ¿Quién podría acabar con nuestro Maestro?

    5 min
  2. 08/09/2024

    Lunes, 5 de agosto de 2024

    Mt (14, 13-21) • Dadles vosotros de comer En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. ¿No os habéis enterado? Herodes ha matado a Juan, ¡el que bautizaba en el Jordán! Cuánto mal hay en el mundo, siempre acabamos matando de alguna manera a los que nos dicen la verdad. Algunos dicen que su primo es un profeta todavía mayor, ¡algunos incluso que es el Mesías! Debe de haber llegado el momento, las cosas no pueden ir a peor… Tenemos que estar con él, cueste lo que cueste. Nosotros hemos venido con la familia, toda la noche caminando y le vimos desembarcar justo antes de que empezara este calor. Ahora estamos esperando. ¡Supongo que nos dirá algo! Solo con que bendiga a mi mujer o le de un abrazo, todo irá bien. Mira, ahí vienen Andrés y Bartolomé. Ellos nos explicarán qué está pasando, lo conocen bien. Mi hijo, el mayor, es quien me ha hablado de ellos, ha estado unos días con Andrés, el pescador. Si estamos aquí es por todo lo que nos ha contado al volver. Seguro que ellos tienen respuestas. ¡Mira!, traen un cesto lleno.

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  3. 08/04/2024

    Domingo, 4 de agosto de 2024

    Jn 6, 24-35• El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado». Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». ----------------- Llevo unas semanas siguiendo los pasos del Maestro de Nazaret. Me preguntas que qué es lo que hacemos con Él: pues, el plan es muy sencillo. Caminamos mucho, desde que sale el sol hasta que se pone. Y, ¿a dónde vamos? A veces el Maestro acude a algún pueblo para socorrer a algún enfermo grave, o se detiene a predicar a las gentes cuando se lo pedimos. Sencillamente, sigue la Vida tal y como le viene, y la abraza con toda el alma. De verdad, ¡es tan sencillo lo que hace! No tiene un «plan» concreto… O bueno, creo que en el fondo sí tiene un plan. No es como si llevara un rumbo exacto, pero Él sabe de Dónde viene y hacia Quién va. Sabe muy bien por qué está aquí, con nosotros. Sabe Quién le envía. A ver: lo que te voy a decir ahora quizás te parezca una locura, pero, ¡es Él! Quiero decir, ¡Jesús de Nazaret es el Enviado por Yahvé! ¡El Salvador! ¡El Mesías! Lo que te digo es cierto, ¡yo lo sé! Sé muy pocas cosas en esta vida, pero sé que Él es quien dice ser. Y no es como creíamos; es mucho mejor. Estar con Él es más maravilloso que recibir el maná del cielo. Estar con Él es como beber de un manantial de agua pura. Estar con Él es como el pan recién horneado después de una jornada de trabajo sin pausa. Nos lo aseguró con estas palabras, nos dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Pero no nos pidió nada más. Solo quería que fuésemos con Él y que creyésemos en Él. Para Él, eso lo es todo. ¡Es tan sencillo! Él solo quiere que vayamos con Él, que le sigamos, que le queramos. Él quiere ser nuestro alimento. Quiere nutrirnos, querernos, hablarnos todo el día de la Promesa de Amor sellada por Yahvé. Él es el sello de la Alianza de Dios con Israel. Te lo aseguro: no hay mayor verdad en mi corazón que decirte que Él es el Pan del Cielo. Ven conmigo y cree lo que te digo: gracias a Él, ya nunca más tendremos hambre ni sed.

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  4. 08/03/2024

    Sábado, 3 de agosto de 2024

    Mt 14, 1-12 • Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús. En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús. ------------------------------- Te veo a lo lejos y sé que algo está pasando. Veo en tus ojos un dolor muy grande, como si hubieras perdido algo muy importante. Has estado más callado hoy. ¿Qué pasa, Jesús? ¿Qué pasa en tu corazón? Me da miedo preguntarte. Llegó la tarde y entendí. Asesinaron a Juan. ¡a nuestro Juan! Fue él quien me trajo a Ti, quien me dijo que te siguiera. ¡Me siento tan impotente y desconsolado! ¡Se me parte el corazón! Te veo y quiero preguntarte cómo estás. Pero… eres Tú, Jesús, quien me pregunta cómo estoy. ¡Eres tan bueno! Perdiste a tu primo, con quien creciste, a tu amigo. Y estás consolándome a mí. No, no. Yo debería estar consolándote a Ti, pero no paro de llorar. Me abrazas, me miras a los ojos. Me inunda la paz como con una suave brisa. Me dices que tenga paz. Gracias, Jesús, por este consuelo que me has dado. Ojalá pudiera ser más como Tú, aprender a sufrir, a llevar el dolor, siempre mirando hacia quien está sufriendo. Abrazar, mirarlos a los ojos. Que sientan paz, se sepan amados, comprendidos. ¡Qué regalo este dolor!

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  5. 08/02/2024

    Viernes, 2 de agosto de 2024

    Mt 13, 54-58 • ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe. ------------------- Escuchadle. Miradlo. ¿no era este con quien íbamos de pequeños a la sinagoga? ¿El que no salía a jugar por las tardes porque se quedaba ayudando a su padre en el taller? El que corría tan rápido, pero no jugaba tan bien a la pelota. El que le ayudaron a quitarse un diente de leche que no caía. El que se le olvidaba ponerse los zapatos al volver a casa. Y el que su madre le tenía que llamar para entrar a cenar. El que a los 12 años se perdió tres días. Y que había días en los que se iba muy temprano y nadie sabía de Él. El que le encantaba el vino, y se sentaba siempre en la mesa junto a la ventana. El amigo de quien contaba esos chistes tan buenos, y siempre reía con la boca bien abierta. El que se acercaba a charlas con los enfermos durante horas. El que repartía con su madre comida a las viudas antes del shabbat. El que enterró a su Padre con los ojos llenos de lágrimas. ¿Éste? ¿Este será el Hijo de Dios como dice? ¡Si al le vi cuando ni leer sabía! Le vi tropezar y con heridas en las rodillas. Un Dios que se tropieza, que es de carne y no hace todo bien a la primera. Que pudiendo vivir en un palacio, si es que es Dios, va con su viuda madre durmiendo donde le dejan. Que acampa con muertos de hambre. ¡No tiene ni pies ni cabeza! De niño era muy niño, y ahora dice ser más que un profeta. Fuera lo tendrán por héroe, pero aquí sabemos de qué pie cojea. Mira como en su casa no hace milagros. Ya sabía yo que no triunfaría en su tierra. Y ya se marcha, ¡ya tocaba! Que tenga más suerte fuera. [….] Aunque... ¿qué es eso que abandona a mi corazón, cuando lo veo alejarse por la ladera?

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  6. 08/01/2024

    Jueves, 1 de agosto de 2024

    Mt 13, 47-53: Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí. -------------------- Tu nos eliges a todos. Sin embargo, hay gente que no te elige. ¿Cómo es posible? No lo entiendo. Dices que en el cielo caben todos, y eso, me llena de esperanza. Nada está perdido para aquellos que confían en Ti; aunque lo que más cueste sea confiar... En cada momento de mi vida tengo la oportunidad de elegir entre lo bueno y lo malo, entre el bien y el pecado. Jesús, Tú, quieres que me dé cuenta de esta realidad y que vuelva a elegirte. No me es nada fácil estar vigilante. Por donde mire me rodean las tentaciones. Reconozco mi debilidad, y tengo miedo, porque puedo caer en cualquier momento. Por eso acudo a Ti. Yo no puedo perseverar por mí mismo. Tengo fe, pero Señor, ¡auméntala! ¡Yo quiero el cielo! Y quisiera tenerlo para todos aquellos que me rodean. El cielo está abierto y, también de mí, dependen cientos. Quizás no de mí, si no de como, en mí, en mi vida, te dejo actuar. Cómo viva el seguirte en el trabajo, en la familia o con los amigos es mi manera de estar en vela por mi prójimo. No quiero que se pierda ninguno. El celo por tu pueblo me consume a mi también. Quiero vaciarme de todo yo, para que habites ese espacio. Que en todo estés Tu. En lo nuevo y en lo antiguo. Porque Tú eres mi tesoro.

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  7. 07/31/2024

    Miércoles, 31 de julio de 2024

    Mt 13,44-46: Vende todo lo que tiene y compra el campo. En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.» ----------------- Llevo mucho tiempo queriendo decirte algo, Jesús. Te confieso que me da mucha vergüenza contártelo, porque después de tantos años sigo sin enterarme de nada; pero me monto en la barca contigo, sin ni si quiera atreverme a mirarte a los ojos... y comienzo a hablar. Te confieso que a pesar de todo lo que nos has contado, aun no sé qué es el Reino de Dios. Me respondes lleno de compasión con las palabras de Isaías: “miraréis con los ojos sin ver, porque está embotado el corazón de este pueblo”. Tu mirada señala el horizonte; adivino que, mientras me respondes, estás rezando. Sentado en la barca, cerrando los ojos, me dispongo a pensar en “el secreto del Reino de los cielos” y me pregunto: ¿por qué tanto misterio y parábola? Otra pregunta que no entiendo. Me pongo a rezar yo también, y me vienen como latigazos todas las veces que ha hablado de este Reino y se me han quedado clavadas: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido. El Reino de los cielos. Buscad el reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura. El Reino de Dios. Padre, venga a nosotros tu reino. El Reino del Padre. Mi reino no es de este mundo. El Reino De Dios está cerca, está ya aquí. El reino de los cielos Es como un tesoro. Como una perla fina. La tierra buena y el terreno pedregoso. El trigo y la cizaña. Se parece a la levadura. Tu Reino. El Reino De Dios. El Reino del Padre. Venga a nosotros tu Reino. Tu Reino sencillo, pequeño, cotidiano, escondido valioso, está cerca. Está tan cerca, que ni lo veo. Es tan pequeño, que ni lo veo. Es tan sencillo, que ni lo veo. Tu reino está escondido en mi casualidad. Tu reino está secretamente en lo pequeño. Tu Reino está tan cerca, que ni lo veo. Creo que lo estoy entendiendo. Lo tengo delante.” Miras hacia atrás y me sonríes, llenando el mar de calma.

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  8. 07/30/2024

    Martes, 30 de julio de 2024

    Mt 13, 36-43 • Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga». ---------------- Maestro, aquí estoy, en medio de la multitud, escuchándote atentamente. Cada vez que hablas, siento que mi corazón se abre un poco más a la verdad y la sabiduría que emanan de Ti. Mientras describes el campo, puedo verlo claramente en mi mente. Veo el trigo y la cizaña creciendo juntos, la buena semilla que tú, el Hijo, has sembrado, esforzándose por dar fruto. Y también la sembrada por el enemigo ahogando al trigo en su intento por crecer. Este campo es nuestro mundo, lleno de bondad y maldad coexistiendo. Maestro, me pregunto, ¿soy yo trigo o cizaña? ¿Mis acciones reflejan la bondad de tu Reino o las sombras del enemigo? Quiero ser trigo, Jesús, pero sé que a veces he permitido que la cizaña crezca en mi corazón. Dices que al final los ángeles vendrán a separar la cizaña del trigo, y siento una mezcla de temor y esperanza. Sé que tu justicia es perfecta, aunque yo no lo soy. A mi alrededor veo al resto de la multitud, también absorta con lo que dices. ¡Qué suerte tengo de estar aquí, de escuchar estas palabras! "El que tenga oídos, que oiga". ¡Aquí oigo! ¡Aquí estoy! Mientras la multitud comienza a dispersarse, me quedo un momento más, meditando en tus palabras. Mi corazón ya está impaciente por el día en que todos los justos brillen como el sol. Aunque parece que me toca esperar y confiar.

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