Médicos que dejan huella

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El Colegio de Médicos de Las Palmas estrena la serie de pódcast 'Médicos que dejan huella'. Nace con el objetivo de crear la historia recuperando la memoria viva, en primera persona, a través de compañeros activos o jubilados, que tienen o han tenido una vida profesional de especial relevancia, para crear historia.

  1. Santiago Lubillo

    May 22

    Santiago Lubillo

    El nuevo episodio de Médicos que dejan huella recoge la trayectoria de Santiago Lubillo Montenegro, médico especialista en medicina intensiva y una de las voces vinculadas al desarrollo de la atención al paciente crítico en Canarias. Su relato recorre varias décadas de trabajo hospitalario, investigación clínica, docencia y organización sanitaria, con una idea constante: aprender, traer conocimiento de fuera y aplicarlo para mejorar la asistencia. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1952, Lubillo recuerda una infancia marcada por la vida en la calle, el deporte y el entorno de Ciudad Jardín. Desde muy joven tuvo claro que quería estudiar medicina. Fue el primero de su familia en hacerlo y resume aquella vocación con una idea sencilla: ayudar a los demás, curar cuando fuera posible y aliviar cuando no lo fuera. Su vínculo con la medicina intensiva comenzó en el Hospital del Pino, durante la etapa final de la carrera. Allí conoció a José Luis Manzano y se incorporó a una unidad de cuidados intensivos todavía joven, exigente y pionera. Lubillo recuerda aquellos primeros años con una mezcla de respeto y gratitud: el miedo de enfrentarse a pacientes críticos, la tensión de una especialidad que no se aprendía del todo en la facultad y, al mismo tiempo, el sentimiento de pertenecer a un equipo unido. En la entrevista insiste en una idea que atraviesa toda su trayectoria: la UCI no se entiende como una suma de actos aislados, sino como continuidad. Para él, la calidad de los cuidados depende de equipos compactos, capaces de trabajar con un mismo criterio durante todo el proceso asistencial. De ahí su defensa del papel de la enfermería en cuidados intensivos y de la relación estrecha entre médicos, enfermeras y el resto de profesionales que acompañan al paciente crítico. Su formación fuera de Canarias también marcó su camino. Las rotaciones en hospitales del Reino Unido y Estados Unidos le permitieron conocer nuevas técnicas, modelos de trabajo y formas de organizar la asistencia. De aquellas experiencias surgieron dos de sus grandes líneas profesionales: el paciente neurocrítico y la ventilación mecánica. También nació su interés por el transporte de pacientes graves, una inquietud que años después tendría una repercusión decisiva en Canarias. Uno de los hitos más relevantes de su carrera fue el impulso al transporte sanitario aéreo. Lubillo recuerda cómo aquella idea, inspirada en lo que había visto en Glasgow, se adaptó a la realidad de las islas con una convicción clara: un paciente accidentado en Lanzarote debía tener las mismas oportunidades que uno atendido en Las Palmas. Participó en la puesta en marcha de equipos, material, permisos y procedimientos para trasladar pacientes críticos con respiradores y monitores. Llegó a realizar cerca de 300 traslados y formó a otros profesionales en una línea que hoy forma parte de la estructura sanitaria de Canarias. La investigación clínica ocupa otro lugar destacado en su testimonio. Durante años se dedicó al estudio del paciente neurocrítico y de la oxigenación cerebral, un campo que explica desde una pregunta esencial: no basta con saber si la sangre llega al cerebro, sino si transporta oxígeno y si ese oxígeno puede ser utilizado por la neurona. Incluso después de su jubilación ha mantenido actividad docente e investigadora, especialmente en cursos y proyectos vinculados a esta área. En 2004 asumió un nuevo reto profesional en Tenerife, donde participó en la creación de una unidad de cuidados intensivos organizada con criterios de seguridad, orden y eficiencia. Aplicó aprendizajes procedentes de la aviación, como la disposición idéntica de los espacios y las listas de comprobación, para facilitar el trabajo de los equipos y reducir errores. Esa etapa confirmó una constante en su carrera: observar, adaptar y construir sistemas que permanecieran más allá de la persona que los impulsaba. El cierre de la conversación deja una de las ideas más personales de la entrevista. Lubillo dice sentir gratitud por la medicina y recuerda una frase que transmitió también a su hija: le gustaría que fuera la médica que quisiera encontrarse si su padre estuviera en urgencias o ingresado. “Trátalo con cariño”, resume. En esa recomendación cabe buena parte de su huella: una vida de hospital, de ciencia y de equipo, pero también una forma profundamente humana de entender la profesión. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14704:santiago-lubillo&catid=502:medicos-dejan-huella

    50 min
  2. Juan Manuel Díaz Cremades

    Mar 27

    Juan Manuel Díaz Cremades

    El episodio 22 de la serie de pódcast “Médicos que dejan huella” recoge la trayectoria profesional de Juan Manuel Díaz Cremades, médico hematólogo con una carrera ligada al Hospital de Sant Pau de Barcelona, al antiguo Hospital del Pino y, durante décadas, al Hospital Insular. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1949, en la entrevista repasa sus primeros años, la influencia familiar en su elección de la medicina y el contexto en el que fue naciendo una especialidad que, según explica, se fue haciendo cada vez más compleja al integrar laboratorio, banco de sangre y actividad clínica. Su formación pasó primero por Sevilla y, después, por Barcelona, una etapa que presenta como decisiva en su manera de entender la profesión. En el Hospital de Sant Pau encontró un entorno muy avanzado desde el punto de vista tecnológico, especialmente en coagulación y hemostasia, áreas a las que acabaría dedicando buena parte de su vida profesional. De aquellos años subraya también una forma de trabajar basada en no ponerse límites a la hora de abordar proyectos y en pensar la medicina con visión de futuro. En 1978 regresó a Las Palmas y se incorporó primero al antiguo Hospital del Pino, en un momento que recuerda como importante para la modernización del centro y para la llegada de profesionales que contribuyeron a elevar su nivel. En 1985 obtuvo la jefatura del Servicio de Hematología del Hospital Insular, donde se encontró con una estructura todavía mínima, centrada básicamente en el laboratorio y en la actividad transfusional. A partir de ahí, describe un proceso de crecimiento progresivo del servicio, con la incorporación de nuevos especialistas y residentes hasta conformar una hematología mucho más desarrollada. La entrevista se detiene también en la evolución de la especialidad. Díaz Cremades recuerda que, cuando comenzó, muchos pacientes con leucemia fallecían por hemorragias que apenas podían controlarse. En ese recorrido identifica dos avances decisivos: la llegada de las transfusiones de plaquetas y la implantación del catéter de Hickman, que permitió mejorar de forma muy significativa el tratamiento y seguimiento de los pacientes hematológicos. A partir de ahí, sitúa el desarrollo posterior de la especialidad en el terreno de la biotecnología, los tratamientos dirigidos, la genética y nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas. Otro de los ejes de la conversación es su forma de entender la hematología. Para Díaz Cremades, no debe separarse la clínica del laboratorio, ya que el especialista necesita conocer qué hay detrás de cada resultado y manejar una base sólida de bioquímica. Desde esa perspectiva, defiende una especialidad en la que el conocimiento técnico, la interpretación clínica y la actualización constante forman parte del mismo ejercicio profesional. En su testimonio aparece además una preocupación muy concreta: la donación de sangre en Canarias. Recuerda que, pese a los avances científicos, la sangre sigue siendo un recurso insustituible y advierte de que la falta de donación compromete la respuesta del sistema sanitario. Por eso insiste en la necesidad de trasladar a la sociedad un mensaje claro sobre la importancia de donar, no como un gesto abstracto, sino como una necesidad real para sostener tratamientos, intervenciones y urgencias. La entrevista incorpora igualmente su faceta docente. Durante años fue profesor responsable de Hematología en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y, al hacer balance, sitúa su aportación en esa labor continuada como profesional, docente y transmisor de conocimiento. Él mismo resume su trayectoria sin grandes hitos aislados, sino como una contribución sostenida en el tiempo junto a otros compañeros de generación. El episodio 22 de “Médicos que dejan huella” deja así un recorrido centrado en la formación, el desarrollo hospitalario y la evolución de la hematología en Gran Canaria. Más que en el plano personal, la conversación pone el foco en los cambios de una especialidad, en el crecimiento de los servicios hospitalarios y en la experiencia acumulada de un médico que formó parte de ese proceso durante varias décadas. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14515:juan-manuel-diaz-cremades&catid=502:medicos-dejan-huella

    57 min
  3. José Ángel García

    Feb 27

    José Ángel García

    El episodio 21 de la serie de pódcast Médicos que dejan huella recoge la trayectoria de José Ángel García, jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Materno-Infantil durante más de tres décadas, referente por haber logrado algo insólito: un servicio puntero, sin listas de espera y tomado como modelo en toda Canarias. Nacido en La Laguna en 1949, creció en una ciudad muy distinta a la actual, con calles de tierra que en invierno se convertían en barrancos y una vida tranquila alrededor de la plaza de La Concepción. Su padre, mecánico, soñaba con verlo dentista, pero un amigo de la familia —médico— le cambió la mirada: le hizo ver que traer vidas al mundo podía ser mucho más trascendente que pilotar aviones. En la facultad, al descubrir la obstetricia y la ginecología, sintió que había encontrado su sitio: desde el primer parto y la primera cesárea tuvo claro que aquella especialidad sería para siempre su vocación, hasta el punto de repetir que le sorprendía que le pagaran por algo que habría hecho gratis. Tras formarse en Tenerife, dio un giro decisivo cuando aceptó trasladarse a Gran Canaria para incorporarse al Hospital Materno-Infantil. Dejó un entorno cómodo y previsible para asumir, con 39 años, la jefatura de un servicio grande, con muchos especialistas mayores que él y “colmillo retorcido”. Aquellos primeros meses de estómago encogido, entrando al hospital casi como un alumno nuevo, dieron paso a un proyecto de transformación profundo: reorganizó la actividad, impulsó unidades específicas —medicina materno-fetal, reproducción, suelo pélvico, diagnóstico prenatal— y defendió que, siendo el único servicio público de obstetricia y ginecología de Gran Canaria y referencia para Lanzarote y Fuerteventura, tenían la obligación de ofrecer la mejor asistencia posible. Uno de los hitos que más reivindica es haber conseguido eliminar las listas de espera, tanto quirúrgicas como diagnósticas, y mantener ese logro en el tiempo. Recuerda a las mujeres que entraban a su despacho para contarle, con razón, que llevaban demasiado tiempo esperando una intervención. “Había que arreglarlo”, cuenta. Para hacerlo, recurrieron a soluciones organizativas más que a grandes inversiones: conciertos específicos con clínicas externas para operar, mejor uso de los quirófanos del propio hospital y una coordinación estrecha con Atención Primaria para ordenar el cribado del cáncer de cuello uterino. El resultado: un servicio sin listas de espera, que hoy sigue siendo el mejor de Canarias en este indicador, no solo entre ginecologías, sino entre todas las especialidades. En la entrevista, José Ángel reflexiona también sobre cómo entender la gestión y el modelo retributivo. Defiende que no se puede tratar igual a quien se implica al máximo que a quien se acomoda. En su servicio diseñaron baremos que ponderaban la actividad y el compromiso reciente por encima de la antigüedad, para evitar que los años de carrera fueran el único mérito. Además del sueldo, subraya la importancia de otros incentivos: la posibilidad de formarse, de liderar proyectos, de ser reconocido por los compañeros y de que las buenas ideas encuentren eco en la organización. Su objetivo nunca fue “ser jefe” o “ser catedrático”, sino hacer bien el trabajo que esos cargos conllevan. Detrás del gestor hay un clínico marcado por muchas madrugadas de guardia. Relata, por ejemplo, la llamada a las tres de la mañana por una gestante con un desprendimiento brusco de placenta: correr al quirófano, hacer una cesárea urgente, ver salir al bebé con vida y a la madre estable. Esa mezcla de adrenalina y alivio es, en sus palabras, una experiencia “que no te la paga nadie”. También habla de la fragilidad emocional de las mujeres embarazadas, de la dureza de comunicar malas noticias en oncología ginecológica y de la necesidad de no acostumbrarse nunca al sufrimiento de las pacientes, precisamente para poder acompañarlas mejor. Otro pilar de su legado es la forma de entender la docencia y los equipos. Por su servicio han pasado decenas de residentes, y a todos les trasladó la misma idea: para quedarse no basta con ser un buen ginecólogo general, hay que aportar algo diferencial. Favoreció que los médicos se formaran fuera —en Australia, Francia, otros grandes centros españoles— para que regresaran con nuevas técnicas y miradas. Asume con naturalidad que quienes han pasado por Lyon o por centros punteros de ecografía pelviana sepan más que él en esas áreas: lo importante, insiste, es rodearse de gente que te supere y ponga su excelencia al servicio de las pacientes. Su compromiso trasciende las paredes del Materno-Infantil. Durante años ha participado en proyectos de cooperación en Mauritania, Mozambique, Chad, India o la Amazonía peruana, a menudo de la mano de . De aquellas experiencias no solo guarda la satisfacción de haber operado o atendido a cientos de personas, sino también el orgullo de haber contribuido a formar médicos locales, como en la facultad de Medicina impulsada en Mozambique, de donde procede hoy cerca de un tercio de los médicos del país. Esa mirada internacional le sirve, además, para valorar con más matices el sistema sanitario español: reconoce sus carencias y su margen de mejora, pero recuerda que en muy pocos países del mundo un trasplante o una cirugía compleja están garantizados por el sistema público con la misma lógica de equidad. Al final de la conversación, cuando se le pregunta por la huella que cree haber dejado, vuelve al mismo punto: un servicio con una forma de trabajar muy particular, basada en la exigencia, la organización y la confianza en las personas, que demuestra que es posible ofrecer una ginecología y obstetricia de alto nivel sin listas de espera y con una atención de calidad. El episodio 21 de Médicos que dejan huella es, en definitiva, el retrato de un médico que convirtió su vocación en motor de cambio para todo un hospital. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14364:jose-angel-garcia&catid=502:medicos-dejan-huella

    54 min
  4. José Mª Cuyás

    Jan 28

    José Mª Cuyás

    La serie de pódcast “Médicos que dejan huella” recoge en su episodio 20 una conversación con José Mª Cuyás, otorrinolaringólogo nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1947, ya jubilado de la Seguridad Social, pero aún activo en consulta privada. En la entrevista, Cuyás recuerda una infancia muy ligada a la medicina: su abuelo y su padre también lo eran, y la consulta estaba integrada en la propia casa familiar, un entorno que marcó pronto su vocación y su decisión de orientar la carrera hacia la otorrinolaringología. Su formación se desarrolla en Cádiz, donde cursó Medicina y la especialidad, en un modelo de residencia “muy de hospital”, con guardias y aprendizaje constante, y con la sensación —como relata— de estar dentro de una escuela exigente y avanzada para la época. Ya de regreso a Canarias, el episodio se centra en uno de los tramos más significativos de su trayectoria: su llegada al servicio y el esfuerzo por construir y modernizar recursos, circuitos y actividad quirúrgica en un contexto inicialmente precario. Con el paso del tiempo, describe cómo esas mejoras fueron consolidando un servicio más completo y docente. El diálogo también abre una ventana divulgativa a problemas muy presentes hoy en consulta, como los acúfenos: Cuyás explica cómo la información desordenada (y a veces alarmista) puede aumentar la obsesión del paciente, y defiende la necesidad de orientar con rigor, prudencia y escucha clínica. Uno de los momentos con más carga humana llega al hablar de su implicación en los implantes cocleares y del trabajo en equipo para impulsar su desarrollo en la isla. Describe el impacto de esos instantes en los que un paciente percibe sonidos por primera vez: “la sonrisa”, “la cara de alegría” del paciente y la familia. En el tramo final, Cuyás señala su idea de “huella” en presente: el valor de los alumnos y de los equipos formados a lo largo de los años, y la satisfacción de ver crecer servicios y trayectorias profesionales que continúan avanzando. Como cierre, deja un mensaje claro para quienes empiezan: cercanía, calma y humildad. Repite una idea, “No es perder tiempo con el paciente: es invertirlo”, que atraviesa toda la entrevista: dedicar tiempo al enfermo no es un lujo ni una pérdida, sino una inversión imprescindible para ejercer con humanidad y criterio. Más información: https://medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14238:jose-m-cuyas&catid=502:medicos-dejan-huella

    52 min
  5. Cristóbal del Rosario

    12/12/2025

    Cristóbal del Rosario

    La serie de pódcast “Médicos que dejan huella” recoge en su episodio 19 la última entrevista que concedió en vida el recordado dermatólogo Cristóbal del Rosario, un testimonio inédito sobre una vida dedicada a sus pacientes, a la lepra y a la cooperación médica en el Sáhara. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1949, Cristóbal del Rosario evocaba en esta conversación sus raíces en el barrio del Gurugú, aquel arenal que se extendía hacia la Base Naval y que para él siempre tuvo identidad propia, aunque hoy casi no se nombre. Hijo de comerciantes —sus padres regentaron una tienda de ropa en la zona del Puerto—, creció entre la calle La Naval, el Castillo de La Luz y la calle Cirilo Moreno, en un entorno humilde donde la idea de ir a la universidad parecía lejana hasta que algún vecino, ya estudiante de Medicina, sembró en él la semilla de la vocación. Estudió Medicina en Salamanca, en la ciudad universitaria de los años sesenta, con la determinación de terminar la carrera en seis años, sin prórrogas. Durante mucho tiempo pensó en ser pediatra, pero en el último curso se cruzó en su vida un libro que lo cambió todo: el tratado de Dermatología de Antonio García Pérez. El capítulo dedicado a la lepra, escrito casi como una novela, le atrapó para siempre. Aquella manera de explicar la enfermedad desde la historia, la microbiología y la dimensión social le llevó a dejar atrás la pediatría y entregarse a la Dermatología con una mezcla de pasión y exigencia. Su compromiso con la lepra se forjó muy pronto. De regreso a Gran Canaria, comenzó a trabajar en el Hospital Dermatológico, donde se ocupó de los últimos enfermos de lepra del Archipiélago. Desde allí impulsó un enfoque profundamente humano y moderno de la enfermedad: abrió simbólicamente la puerta del centro, hasta entonces cerrada, para acercarlo a la ciudadanía y combatir el estigma que pesaba sobre los pacientes. Recordaba cómo la lepra, ligada a la pobreza, al hacinamiento y a determinadas condiciones genéticas, era mucho más que una infección: era una herida social. Tras años de trabajo y altas sucesivas, en torno a 1999–2000 defendió que podía darse por erradicada en Canarias, siempre con la prudencia de quien sabía que estos bacilos pueden permanecer “dormidos” durante décadas. En paralelo, construyó una consulta privada que acabaría siendo un referente en la isla. Empezó con un pequeño local y fue creciendo hasta consolidar un centro dermatológico de prestigio, primero en La Isleta y más tarde en Mesa y López, rodeado de un equipo de profesionales al que siempre atribuyó buena parte del mérito. Calculaba que, a lo largo de su trayectoria, pudieron pasar por sus manos unas 200.000 personas, procedentes no solo de Gran Canaria, sino también de África y otros lugares, siempre con la idea de ofrecer una dermatología rigurosa y cercana. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=14049:cristobal-del-rosario&catid=502:medicos-dejan-huella

    40 min
  6. Pedro Cabrera

    09/12/2025

    Pedro Cabrera

    Pedro Cabrera fue jefe del Servicio de Neumología en el Hospital Dr. Negrín, así como en el antiguo El Pino. Presidió el Colegio de Médicos de Las Palmas desde 2006 a 2025. Ha sido profesor de la ULPGC y precursor de la asignatura de Profesionalismo médico. En 2016 se jubiló de la sanidad pública y hoy en día continúa ejerciendo su profesión en su consulta privada y liderando la Alianza Médica contra el Cambio Climático. Fue fichado como Jefe de Servicio de Neumología tras culminar la especialidad en la Fundación Jiménez Díaz en Madrid. Fundó el servicio en la Clínica del Pino, que en sus inicios ocupaba el pasillo de la segunda planta. Con trabajo y dedicación lo convirtió en referencia a nivel nacional, recuerda con orgullo. También es especialista de alergología. Fue uno de los fundadores de la Asociación Canaria de Neumología, Neumocan. Fue uno de los precursores de la construcción del Negrín y no cejó su empeño hasta su inauguración en 1999. Pero su aportación a la profesión no quedó ahí. En 2006 alcanzó la presidencia del Colegio con gran ilusión, un gran equipo y una cartera llena de proyectos. Ha convertido a la Institución en pionera en multitud de áreas, siendo un referente, ahora internacional, en la lucha contra el cambio climático y sus consecuencias en la salud. Ha defendido y cohesionado a la profesión y sigue madrugando y trabajando duro por ello cada día, no solo en Las Palmas sino también a nivel nacional. Ha sido profesor universitario y precursor de los valores que trasmiten la asignatura Profesionalismo médico, que ahora ya es tendencia en el resto del país. Tras 50 años no se ha jubilado, sigue muy activo en su consulta privada. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=13639:pedro-cabrera&catid=502:medicos-dejan-huella

    1h 10m
  7. Arturo Gómez

    06/23/2025

    Arturo Gómez

    Arturo Gómez García fue jefe del Servicio de Rehabilitación y Medicina Física en el Complejo Hospitalario Universitario Insular-Materno Infantil y del Hospital Dr. Negrín, así como en el antiguo El Pino, y ha sido profesor de la ULPGC. En 2015 se jubiló de la sanidad pública y hoy en día continúa ejerciendo su profesión en su consulta privada. Nació​ en Güimar, Tenerife, pero lleva afincado en Gran Canaria desde 1975. Estudió en Cádiz la carrera y la especialidad en Madrid, en el Gregorio Marañón, medicina interna. "Mi maestro nos inculcó que era primordial saber de todo antes de abordar cualquier otra disciplina y tenía mucha razón, lo que aprendí en aquella época me ha ayudado para toda mi carrera", explica Arturo Gómez. Tres son las facetas en las que se desarrolla su carrera: una asistencial volcada en la rehabilitación, otra docente y la tercera deportiva, centrada en la medicina del deporte, todo ello con firme vocación de servicio a la sociedad y guiado por el próposito de dar mayor presencia a la medicina canaria a nivel nacional e internacional, y a mejorar el nivel formativo y la coordinación entre los profesionales de la medicina. La vida le fue poniendo oportunidades y realizó estudios en ​rehabilitación bajo el sistema MIR, medicina de la educación física y el deporte, medicina ortopédica y terapéutica manual, actividades que han marcado su desarrollo profesional. Después de terminar la residencia en la especialidad de rehabilitación en Sevilla, fue seleccionado para el primer equipo del Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo. "Un lugar espectacular, con todo el aparataje nuevo, las últimas técnicas y fichajes profesionales de primer nivel nacional e internacional de gran prestigio. Estuve un año y medio, enseguida me salieron novias por todo el país", recuerda. Pero lo que le interesaba era regresar a las Islas. Obtiene plaza por oposición como jefe de Servicio de Rehabilitación del Hospital Insular y más tarde jefe de Servicio de Nuestra Señora del Pino. Puso en funcionamiento y dirigió el Servicio de Rehabilitación del Materno-Infantil y, posteriormente, fue jefe de Servicio del Hospital Negrín. Además, organizó el Servicio de Rehabilitación de la Ciudad de San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria y fue director médico de este Servicio desde 1984 a 1991. Arturo Gómez estuvo muchísimos años en la UD Las Palmas, como responsable de sus servicios médicos, pero ha estado vinculado con la mayoría de los clubes de la isla, en distintas disciplinas, como baloncesto, balonmano, lucha canaria o fútbol sala. Su compromiso con la mejora del nivel formativo y de la coordinación entre los profesionales de la medicina le ha llevado crear sociedades médicas. Así ha sido Socio Fundador y vicepresidente de la Sociedad Canaria de Geriatría y Gerontología; Socio Fundador y Primer Presidente de la Sociedad Canaria de Medicina Física y Rehabilitación; Socio Fundador y Primer Presidente de la Sociedad Canaria de Medicina del Deporte y es Socio ad honorem de la Asociación Canaria de Valoración del Daño Corporal. Presume con orgullo de ser hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Gran Canaria. "No me lo esperaba, porque seguramente hay gente con más méritos que yo para recibir esas distinciones, pero me encantó. Me sentí querido, aunque he de decir que siempre me he sentido querido", reconoció Arturo Gómez. Además recibió un premio Canarias a su trayectoria profesional otorgado por el Gobierno de Canarias. En esta entrevista también desvela que es "amigo de sus amigos y disfrutador de la vida". Su afición por la buena comida en compañía, entre ellas la japonesa por la que siente especial predilección, le mantiene siempre rodeado de buenos amigos en su ciudad adoptiva. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=13336:arturo-gomez&catid=502:medicos-dejan-huella

    43 min
  8. Francisco Presa

    05/23/2025

    Francisco Presa

    Francisco Presa fue ​director provincial de Atención Primaria 1984-1987 y ​director provincial del INSALUD 1987-1991. Fue profesor asociado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Es un gran aficionado a la pintura, cuenta con varias exposiciones importantes a sus espaldas. Nació en Las Palmas de Gran Canaria, en una familia acomodada, donde era uno de los mayores de 11 hermanos. Su padre era odontólogo y tuvo siempre cerca su consulta. Con el preuniversitario terminado y con apenas 17 años, se marchó a estudiar medicina a Valladolid, ciudad donde residía su familia paterna. Estuvo tres años y se marchó a Barcelona en 1969 para cambiar de aires y terminar la carrera. La finalizó en 1972. Este periodo le influirá positivamente tanto en lo profesional como en lo personal y marcará el resto de su carrera. Con el Insular recién inaugurado, regresa a Gran Canaria y trabaja en Urgencias. Gracias a la influencia de Juan Bosch Hernández y en general, con todo el servicio de Medicina Interna donde se fraguó la idea de especializarse en gastroenterología. En 1973 regresó a la ciudad condal y accede como alumno de la Escuela de Patología Digestiva del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona con el Dr. Vilardell Viñas y el Dr. Luis Casais. Después de dos años como alumno, aprueba el primer examen MIR y trabaja como residente en el mismo servicio tres años más. En 1980 obtuvo la plaza de adjunto de digestivo en el Hospital de Pino con Guerra Manrique de Lara y Ortiz hasta 1984. Ana Alonso, entonces directora provincial del INSALUD le llamó para unirse a su equipo de trabajo como director provincial de Atención Primaria. Desde 1984 hasta 1987 estuvo dirigiendo Atención Primaria. Reconoce que fue una etapa "muy activa", en la que se instauraron "los primeros ordenadores para citación, se descentralizaron a todos los pueblos la extracción de sangre y resultados de laboratorio mediante un sistema de ambulancias diariamente, se adecuaron las consultas, se renovaron los ambulatorios y se empezaron a construir los primeros Centros de Salud", recuerda. En 1987 fue nombrado Director Provincial de INSALUD, donde permaneció hasta el 91. "Fueron unos años muy bonitos pero muy duros", rememoró Francisco Presa, debido a la presión constante política y mediática que sufrió en esee periodo. De las grandes acciones y proyectos, encabezó la cesión de suelos por el Ayuntamiento para la construcción del Hospital Negrín, realizando todo el plan funcional y arquitectónico incluyendo maqueta del Hospital actual, se traspasó la titularidad del Hospital Insultar del Cabildo al INSALUD. En 1991 se desplazó a Cleveland Clinic mediante una beca, para estudiar la técnica de CPRE y Eco Endoscopia durante un año. En 1992 regresó a la Clínica del Pino hasta la inauguración del Hospital Negrín donde solo estuvo el primer año. En este periodo se dedicó de lleno a la endoscopia digestiva. En el año 2000 se fue definitivamente al Hospital de San Roque, donde sigue colaborando en la actualidad. En esta entrevista también desvela una afición que tenía desde la infancia, la pintura. A partir de los 80, se dedicó en cuerpo y alma en sus ratos libres. "En poco tiempo se convirtió en una profesión paralela", reconoció. Ha realizado múltiples exposiciones individuales en San Antonio Abad (Cabildo Insular), CICCA, casa de Colón, Prensa Canaria, Rectorado de la ULPGC, etc. y colectivas, tanto en Canarias como en otros países. Más información: https://www.medicoslaspalmas.es/index.php/colegio/institucion/historia-colegio/medicos-que-dejan-huella/medicos-que-dejan-huella-episodios?view=article&id=13186:francisco-presa&catid=502:medicos-dejan-huella

    58 min

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El Colegio de Médicos de Las Palmas estrena la serie de pódcast 'Médicos que dejan huella'. Nace con el objetivo de crear la historia recuperando la memoria viva, en primera persona, a través de compañeros activos o jubilados, que tienen o han tenido una vida profesional de especial relevancia, para crear historia.