Vivir Despiertos

Mindfulness sin misterios ni sahumerios.

Vivir despiertos es dejar de reaccionar en automático… y empezar a elegir cómo vivir. presenciapura.substack.com

  1. 4d ago

    ¿Quién Creés (Todavía) Que Sos?

    Había una vez un ratón que tenía mucho miedo a los gatos. Estaba aterrado de solo verlos a lo lejos. Un monje con poderes que vivía en el mismo monasterio que el ratón, al verlo sufrir tanto un día lo convirtió en gato. El ratón se fue contento, convencido de que ahora sí iba a poder vivir tranquilo. Pero a las pocas semanas volvió: ahora tenía muchísimo miedo… de los perros. Entonces el monje, lleno de compasión, lo convirtió en una pantera. Cuando parecía que todo iba a estar bien, volvió a los pocos dias. Esta vez, tenia mucho miedo… del cazador. El monje se detuvo unos instantes, lo miró a los ojos y lo convirtió…nuevamente en ratón. Le dijo:”Lo que pasa es que vos, en tu mente y en tu corazón, todavía seguís creyendo que sos un ratón”. Lo que seguimos creyendo A veces escucho personas decir: “No entiendo por qué sigo sintiéndome así, si mi vida cambió., trabajé tanto conmigo misma, y otra vez terminé… en lo mismo (o de la misma manera, o volvia a caer en ….)”. Todos aprendemos finalmente cosas que nos costaron a veces años consolidar, atravesamos momentos difíciles y salimos “enteros” del otro lado. Tomamos decisiones que antes ni siquiera podíamos imaginar. Sentimos que cambiamos esas cosas… para siempre. Y después llega una situación puntual, una conversación, un rechazo, una oportunidad, una mirada, o un mensaje de Whatsapp… y Boooom aparece esa idea tan conocida sobre nosotros: * “No voy a poder”. * “Me van a dejar de querer”. * “Eso/él/ella no es para mí”. * Porque disfrutar tanto? es demasiado…no es necesario. Y otras veces ni siquiera aparece como una frase. Estamos en una relación donde recibimos muy poco y nos convencemos de que con eso alcanza. Nos invitan a hacer algo que nos entusiasma, pero antes de responder ya estamos pensando por qué sería mejor no ir. O queremos decir no, y buscamos de que manera al final decir si. O también podemos querer dedicar más tiempo a algo que disfrutamos y lo volvemos a postergar…. para otro momento. Y si alguien nos pregunta por qué? podemos tener explicaciones bastante razonables, que suenan muy bien. El tema es que no se ve cuánto de esa decisión la tomó el miedo. El ratón tenía razones para temerle al gato. También nosotros tenemos motivos para ser cuidadosos con ciertas cosas. La pregunta que aparece cuando el monje deja de transformarlo en otra cosa que le evite el miedo es: ¿Qué está pasando aqui… Porqué hasta siendo una pantera sigo viviendo con ese mismo miedo? Un momento para observar En la práctica de mindfulness entrenamos algo que parece pequeño, pero puede cambiar la manera en que vivimos estas situaciones: Detenernos lo suficiente para reconocer qué está apareciendo dentro nuestro, antes de seguirlo como si fuera una orden. Imagina que querés decirle a alguien que necesitás más de la relación. Apenas pensás en hablar, sentís el cuerpo incómodo y aparece: “Voy a pedir demasiado…sé más empática, no seas egoista, te vas a quedar sola”. O….”bueno pero al menos él….” Y entonces tal vez decidís no decir nada, o endulzar el mensaje. O filtrar partes importantes. Y si no hay algo particularmente incomodo en ese momento… por un instante parece que fue una buena decisión. Pero vos seguís necesitando lo que ya necesitabas. Similar con * “No soy capaz” o “No soy suficiente para esto” cuando querés empezar algo. * O “No me van a querer tanto” cuando alguien se acerca. * O ya soy demasiado…viejo/joven/alto/bajo/flaco/gordo/descordinado/desafinado… * O no lo van a hacer bien, cuando querés confiar y delegar. No hace falta reemplazar esas frases por otras mejores, ni hacerse el distraído: La idea es observarlas, ver qué te pasa cuando las creés, y preguntarte si querés que te sigan marcando… el rumbo… de tu vida… todavía. ¿Qué historia aparece en vos? Durante el dia de hoy, o ahora mismo: Pensá concretamente algo que te gustaría hacer (o queres poder dejar de hacer) y venís dejando de lado. Puede ser una conversación, una decisión, una actividad para comenzar, o una relación que terminar. O simplemente darle más lugar a algo que te hace bien. Cuando te imaginás haciéndolo: * Qué decís internamente sobre vos? * De qué creés que te estás protegiendo? * Que historia te aparece? Y sin tratar de cambiarlo ni justificarlo, sabiendo que esa sensacion esta ahi… pero esta vez SIN que decida por vos: * Qué pequeño paso querrías dar? Por ejemplo, seguro el ratón vuelve a tener miedo cuando ve un gato…. pero quizás… esta vez puede detenerse un instante, y mirar a que distancia está el gato, respirar, y desde ahí, elegir qué hacer. Porque muchas veces, no se trata de cambiar de forma. Se trata de cambiar de cuento. Buena práctica… y buen nuevo cuento :-) No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

  2. Aug 20

    Hay personas que no necesitan otra explicación

    Una persona con quien trabajo, Luisa me cuenta que algunas de sus amigas están enojadas con ella. Después de un hecho puntual, terminó entendiendo que sus amigas sentían que ya era la misma, que no participaba en el grupo ni las juntadas como antes. En pocas palabras había cambiado, estaba distante y las había dejado de lado. Y comenzaron a criticarla mientras ella no estaba, y a mostrarse menos “amigables”. Luisa también sentía que había cambiado, y estaba contenta, pero no había cambiado de la manera en que sus amigas quizás esperaban. Dejo de juntarse o participar en algunas conversaciones y situaciones, simplemente porque sabia que no le hacían bien, o ya no le gustaban mas. Estaba tranquila con eso. Pero… sí le dolía que se interpretase como desinterés hacia sus amigas. Entonces comenzó a explicarse: grabó un audio largo. Contó qué había pasado esa vez, por qué a veces no se juntaba, recordó todo lo que había hecho por ellas y aclaró varias veces que no se creía mejor que nadie, y etc, etc. Después de enviarlo… como no tenia respuesta: grabó otro…. Cuando hablamos ella y yo… me preguntó: - Cómo puedo explicarlo mejor para que me entiendan? - Que herramientas necesito todavia? Yo le pregunté: - Vos querés decir tu verdad? o necesitás que ellas estén de acuerdo con tu verdad? Silencio. Luisa puede decir lo que siente, reconocer que su cambio también impacta sobre muchas amigas. Ella puede hablar con claridad y consideración. Pero no puede controlar lo que las amigas van a pensar. Y muchas veces ahí está el gran desgaste: No solo en relacionarse con algunas “personas difíciles”, sino en pasar meses o años intentando conseguir que comprendan, reconozcan, se disculpen o cambien. En seguir pensando: * Si lo explico mejor, va a entender… * Si tengo un poco más de paciencia, va a cambiar… * Si le demuestro que tengo razón, finalmente lo va a reconocer… Pero una persona madura no dedica su vida a intentar controlar la mente de los demás. Aprende a proteger su propia paz. Aqui unas ideas de la psicología y la filosofía japonesa que pueden ayudarnos. 1. Dejá de intentar cambiar a quien no quiere cambiar En Japón existe una expresión: shikata ga nai. Podría traducirse como “no puede evitarse” o “no hay nada más que hacer con esto”. A primera vista puede sonar a resignación. Pero tiene una enseñanza profunda: reconocer qué parte de una situación no depende de nosotros, o no vale la pena tratar de arreglar… para usar nuestra energía en lo que sí podemos elegir, tiene sentido mejorar, o vale la pena poner mi atención. Porque nosotros podemos explicar cómo nos sentimos. Podemos pedir algo diferente, o señalar que una conducta que nos lastima. Podemos poner un límite… Lo que no podemos hacer es forzar a otro a escucharnos con apertura. No podés conseguir que alguien se haga responsable si está decidido a defenderse. Tampoco existe una combinación de palabras para transformar a quien no quiere cambiar. Algunas conversaciones no se repiten porque todavía falte información: El otro ya sabe lo que pensás, ya escuchó cómo te sentís y que necesitás. No es otra explicación lo que falta… es su disposición a recibirla. Y ahi… shikata ga nai. Y asi poder poner la atención y energia donde si vale la pena. Antes de volver a probar con esa persona dificil, preguntate: ¿Esta conversación todavía puede abrir algo o solamente estamos repitiendo lo mismo? Aceptar que alguien no cambie puede doler. Pero también te devuelve una enorme cantidad de energía (que la estabas desperdiciado sin vero o aceptar shikata ga nai) 2. El arte de la distancia emocional Otro concepto japonés es ma: el espacio o intervalo entre las cosas. En música, el silencio entre notas y las notas de silencio son parte de la musica. En una habitación, el espacio permite que cada objeto tenga su lugar y pueda complir su funcion. Y en una relación, la distancia puede ayudarnos a movernos y ver con mayor claridad, avanzar y crecer. Muchas personas confunden distancia con rechazo. Como si limitar cierto contacto, o conversación, o no compartir ciertos aspectos de su vida… los hace ser indiferentes o desleales. No toda distancia es abandono. A veces es cuidado. Una enseñanza de la filosofia del budismo dice de poner una cucharada de sal en un vaso de agua pequeño. El agua se vuelve casi imposible de tomar. Pero si colocás la misma cantidad de sal en un lago, la sal sigue ahí y, sin embargo, el agua esta pura, cristalina como antes. Algunas personas no van a dejar de ser difíciles porque tomemos distancia. La sal sigue ahí. Pero podemos hacer nuestro mundo más amplio. No permitir que una conversación de diez minutos ocupe las siguientes diez horas. No siempre podemos cambiar lo que alguien dice o hace. Siemnpre podemos decidir cuánto espacio va a ocupar dentro nuestro. La amabilidad no exige acceso ilimitado: Podés respetar a alguien sin darle ingreso absoluto a todas las partes de tu vida. 3. No te expliques con quien está decidido a malinterpretarte Las personas cuidadosas suelen explicar mucho. Porque no quieren herir. No quieren que las juzguen mal. Quieren que el otro comprenda realmente sus intenciones: Entonces aclaran, dan ejemplos, escriben mensajes largos (Luisa), vuelven sobre lo que dijeron por si algo pudo haberse entendido mal… Pero algunas personas no te malinterpretan porque les falte información. Ya decidieron qué lugar ocupás en su historia (punto 1 anterior). Y aqui llega: Wise Speech. El Wise Speech (sabio hablar) no es encontrar palabras capaces de garantizar una buena reacción. Es hacernos responsables de lo que decimos y dejarle al otro la responsabilidad sobre lo que haga con eso. Asi, este sabio hablar puede abrir una conversación. Mientras que la sobreexplicación suele ser un intento de conseguir aprobación, y reforzar la discusión. El sabio hablar cuida tus palabras y mantiene al otro responsable. No intenta controlar la mente de quien las escucha. 4. Algunas personas son una lección, no una relación para siempre Esta es, quizás, la parte más difícil de aceptar. No todas las personas que llegan a nuestra vida están destinadas a quedarse cerca para siempre. Algunas nos enseñan a poner límites. Otras nos muestran cuánto dependemos de la aprobación. Algunas revelan nuestro miedo a quedarnos solos. Y otras nos permiten descubrir cuánto tiempo podemos permanecer en una relación intentando obtener algo que esa persona no puede darnos. Eso no significa que debamos descartar a cualquiera que nos incomode, o que al primer desencuentro nos abramos del otro. Los vínculos necesitan paciencia, esfuerzo, y dedicación. Todos como humanos tenemos días difíciles, zonas ciegas y formas afiladas de lastimar sin darnos cuenta. Pero existe una diferencia entre atravesar una dificultad juntos y permanecer durante años esperando que alguien se convierta en otra persona. Y a veces (muchas veces) seguimos preguntándonos: “¿Por qué no puede ser diferente?” Tal vez la enseñanza no sea seguir probando… sino dejar de perseguir un cambio. Aceptar que alguien no puede quererte de la manera que necesitás, o ser como te gustaría. O reconocer que una relación puede haber sido importante y aun así, no ser un lugar en el que puedas continuar viviendo, creciendo, siendo vos. No todas las personas que fueron significativas e importantes en tu vida necesitan conservar el mismo lugar “Ad aeternum”… Algunas relaciones permanecen. Otras cambian. Y otras terminan. Algunas personas forman parte de tu historia sin tener que formar parte de tu futuro. Decir lo necesario y volver a tu vida Madurar también es esto: * Reconocer lo que no podemos cambiar. * Crear la distancia necesaria. * Decir nuestra verdad sin convertirla en una justificacion interminable. * Aceptar que algunas personas pueden dejarnos una enseñanza sin tener que acompañarnos toda la vida. No se trata de conseguir que nadie pueda afectarnos. Se trata de decidir qué hacemos cuando algo nos afecta. Porque no podés controlar el comportamiento de las personas difíciles: Pero sí podés decidir cuánto acceso tendrán a tu mundo interior. Algunas veces, la práctica comienza simplemente al reconocer que ya dijiste suficiente…Y aqui mi poema: Hay personasque no van a comprenderte,aunque les entreguestodas tus palabras. No porque te hayas explicado mal.Sino porque escucharteles pediría dejarla historia que eligieron sobre vos. Decí tu verdad.Decila con cuidado,sin dejarte a vos afuera. Y después, dejà, dejá ir... Como el viento en la sabana,que acaricia los baobabssin pedirles que sean distintos. Podés quererlos.Agradecer lo compartido.Y aun así continuar. Porque algunas personasfueron parte de tu historia,pero no tienen que conservarpara siemprelas llaves de tu paz. Buena práctica 🙏❤️ No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    Hay personas que no necesitan otra explicación
  3. Aug 12

    Sentir culpa no siempre quiere decir que hiciste algo malo

    En la historia que recién compartimos, María recibe el mensaje de su hermana: “Mamá necesita que mañana la acompañes al médico”. Maria siempre la acompañaba, su hermana nunca. Su madre podía ir sola, no era una urgencia… Pero, siempre es Maria la que está disponible. La que lleva, llama, organiza y resuelve. La que cambia sus planes para que todo funcione sin que nadie tenga que preocuparse demasiado. Pero esta vez, practicando algo nuevo, le dijo a su hermana: “Tengo cosas que hacer, esta vez no puedo. Vas a tener que organizarte vos con mamá”. Su hermana respondió: “Está bien”. Nada más. Maria pasó el resto del día intranquila. Miró varias veces el teléfono. Hasta pensó en llamar a su mamá, se imaginó que su hermana estaba enojada. Comenzó a sentir “Soy egoísta”. “Podría hacer el esfuerzo”. “Mi mamá hizo tanto por mí”. Puedo cambiar mis planes de mañana… qué clase de hija dice que no a su mamá?” Cuando hablé con Maria, me dijo: “Sé que necesitaba poner ese límite. Pero me siento muy culpable. Quizás hice mal. Le pregunté: Hiciste algo contrario a tus valores o algo contrario a lo que los demás esperaban de vos? ….porque no siempre son la misma cosa. La culpa no es siempre una brújula moral Muchas veces interpretamos la culpa como una prueba: Si me siento culpable, será que hice algo mal. Si el otro se enojó, entonces…. fui injusto. Si poner ese límite me dejó intranquilo, tal vez no debería haberlo hecho. De manera muy simple, la sensación de culpa proviene de la emoción negativa de haber actuado de manera distinta a una creencia propia. Pero sentir culpa no demuestra automáticamente que te equivocaste. La culpa puede aparecer cuando lastimaste a alguien, traicionaste un valor propio o actuaste de una manera que no representa quién querés ser. En esos casos escuchar esa culpa puede ser útil para corregir tu dirección. Para eso, como todas las emociones negativas, estan pensadas: para llamarte la atención y que puedas re-alinearte con quien sos y querés ser. Pero también la culpa puede aparecer cuando dejas de cumplir un rol con el que te identificaste, en general por mucho tiempo. Por ejemplo: * El que podía con todo. * La que nunca decía que no. * El que mantenía a todos contentos. * La que se ocupaba antes de que alguien tuviera que pedirlo. * El que confundía ser bueno con estar siempre disponible. Cuando dejás ese lugar, algo dentro tuyo puede reaccionar como si estuvieras poniendo en peligro una relación. No necesariamente porque el límite sea injusto o incorrecto, sino porque es nuevo. La culpa no siempre aparece porque actuaste mal. A veces aparece porque dejaste de obedecer una regla antigua. Las reglas que nunca elegiste Muchas de esas reglas las aprendemos desde muy chicos: * “Si decepciono a alguien me pueden dejar de querer”. * “Si alguien se siente incómodo, Yo tengo que hacer algo para cambiarlo”. * “Mis gustos, ganas, y necesidades pueden esperar”. * “De algun modo ser una buena persona quiere decir no causar problemas”. Con el tiempo la regla vive dentro tuyo. No hace falta que nadie te lo pida ni lo espere. Comenzás por ejemplo, a decir que sí cuando a veces querés decir que no. A dar explicaciones largas y hasta interminables para justificarte. Te ocupás de cosas que no te corresponden…Y si alguna vez elegís cuidarte o escucharte de verdad, la culpa llega rápidamente para intentar llevarte de regreso al lugar conocido. No porque ese lugar sea bueno para vos. Porque es familiar. El enojo del otro no convierte tu límite en una “injusticia” Maria no quería desatender a su mamá ni penalizar a su hermana. Simplemente no quería volver a faltar a sus propios planes para sostener esa dinámica que todos daban ya por sentada.Su hermana podía molestarse. Su mamá podía sentirse decepcionada. Y ella podía sentir culpa. Y si, las 3 cosas podían ser ciertas sin que su límite estuviera mal. Este es uno de los aprendizajes más difíciles: Podés ser una buena, buenisima persona y decepcionar a alguien.mirá esto cuando puedas: El arte de decepcionar a la gente correcta. * Podés amar mucho y hoy no estar disponible para hacer algo por ella. * Podés comprender la necesidad del otro y no hacerte responsable de resolverla. * Podés sentir culpa y no obedecerla. Porque acompañar a alguien nunca quiere decir abandonarte a vos. Y cuidar una relación no quiere decir evitar cualquier incomodidad que se genere. A veces una relación necesita atravesar la incomodidad de conocer una versión tuya que también tiene límites. La pregunta Entonces…cuando te aparezca culpa, preguntate: ¿Hice algo contrario a mis valores o solamente algo contrario a las expectativas de alguien? Si mentiste, dañaste o actuaste desde un lugar que no reconocés como propio, quizás haya algo que necesitás asumir, y si querés cambiar. Pero si fuiste claro, respetuoso y honesto tambien con vos mismo, quizás no tengas que cambiar nada. En este caso, es importante aprender a tolerar lo que sentís después de tomar una decision que trae culpa. Porque un límite nuevo puede sentirse incorrecto antes de comenzar a sentirse natural. No porque esté mal, sino porque todavía no tenés práctica. Una práctica para la próxima vez Cuando sientas culpa después de decir que no, poner un límite o elegirte, hacé una pausa antes de retroceder o de cambiar de idea. Preguntate: * ¿Qué daño concreto causé? * ¿Qué valor estoy intentando cuidar? * ¿Estoy siendo injusto o simplemente estoy dejando de estar siempre disponible? * Si no sintiera culpa, ¿seguiría creyendo que esta decisión fue honesta? No es para hacer un gran análisis, solo necesitás crear un poco de espacio entre la culpa y tu próxima acción. El lugar nuevo Marìa no dejó de amar a su familia. Dejó de desaparecer cada vez que alguien necesitaba algo, y todavia amarlos. Todavía siente culpa algunas veces. Pero ahora sabe que no toda culpa merece obediencia. Sabe que algunas culpas señalan un daño y otras señalan una frontera nueva. Y aprender a distinguirlas es donde esta la nueva libertad. Florecer y madurar quizas no sea dejar de sentir culpa. Mas bien sea dejar de usarla como prueba automática de que hiciste algo malo. Y poder decirte, mientras la sentís: “Esto me incomoda porque es nuevo. No significa que sea incorrecto”. El permiso No todo tembloranuncia un error. A veces es tu vidahaciendo lugarpara una forma nueva. Dejá que alguien se decepcione.Dejá que el silencio incomode.Dejá que la culpa pasesin entregarle el volante. No viniste a este mundopara demostrar tu bondaddesapareciendo. La idea es poder amar, y muchodesde un lugar en el que vosseguís siempre estando. Buena práctica…🍂🎶🌸 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    Sentir culpa no siempre quiere decir que hiciste algo malo
  4. Aug 5

    Para avanzar también necesitás perder el equilibrio.

    La semana pasada una persona me cuenta que conversación con su mujer, volvió a reaccionar, a levantar la voz, a decir cosas que no debería haber dicho, y después irse enojado. Bastante frustrado me dice: ”Y si…volví al punto de partida”. Le pregunté qué sintió durante y después que terminara la discusión:- “En un momento me di cuenta que estaba haciendo las cosas peores, entonces decidí hacer una pausa, me fuí a dar una vuelta”….“despues bajó mi enojo, me aclaré entre yo y yo, y volví a casa tratando de crear un clima un poco, al menos un poco, más distendido”. Antes, una situación así, para él, se hubiera convertido en muchos días de enojo, muchos días de distancia y reproches que podían durar semanas. Le dije: — No volviste al punto incial… volviste a reaccionar. Que no es lo mismo. Medimos el cambio de una manera incorrecta. Es común creer que cambiar significa no volver a sentir miedo nunca mas. O bronca o ansiedad, nunca mas. O no volver a pelear nunca más. Y cuando inevitablemente eso reaparece…podemos pensar que todo el trabajo que venimos haciendo desapareció. Es una ilusión pensar que cambiar quiere decir no volver a sentir miedo/culpa/reaccionar…. nunca más Sería como pretender que nuestro trabajo sea llegar a un lugar en el que algunas emociones ya no aparezcan, nunca mas. Van a aparecer, eso no es un “problema”. Si es un problema que cuando aparezcan pensemos: * Otra vez estoy igual… * De nuevo me pasó… * Creia que a esto yo ya lo había superado. * Al final… no cambié nada. Que algo conocido o familiar vuelva a suceder, no quiere decir que vos sigas siendo el mismo: * Podés volver a sentir miedo, pero que esta vez no decida por vos. * Podés volver a enojarte, pero ahora darte cuenta antes. * Podés reaccionar mal y reconocerlo sin pasar los siguientes tres días rumiando. * Te podés volver a perder pero ahora necesitar menos tiempo para volver. Este tipo de cambios no se ve tanto en lo que dejas de sentir. Se ve más en lo que ahora hacés con eso que sentís. Por eso no es lo que más te sirve preguntarte: ¿Volví a reaccionar?. Probá con preguntas como: * ¿Cuánto tardé en darme cuenta? * ¿Cómo me traté a mi mismo durante y después del ? * ¿Cuánto daño creé, a mi y a otros? * ¿Como volvi? “Antes te perdías por una semana, ahora necesitás una corta caminata…” eso también es cambiar. Para caminar necesitás perder el equilibrio Tomemos el ejemplo de algo común y extremadamente valioso: Caminar.Para dar un paso, el cuerpo necesita por un momento perder una posición estable, apoyarse en otro lugar y reestabilizarse. Hay una transición con un pequeño desequilibrio. Caminar es perder el equilibrio y recuperarlo al final del proximo paso. Si quisiéramos sentirnos completamente seguros antes de avanzar, tendríamos que quedarnos inmóviles. Y en la vida sucede algo similar… No podemos avanzar sin perder por un momento el equilibirio. Desestabilizarnos es parte de vivir una vida plena y harmoniosa. Y si, poner límites te puede hacerte sentir culpa. Decir una verdad clara puede darte miedo. Dejar de responsabilizarte por todo a tu alrededor puede hacerte sentir egoísta. y cerrar una etapa te puede llenar de tristeza, incluso cuando sabés que tenés que hacerlo….Y nada de eso demuestra por si mismo que elegiste mal. Que hiciste algo “equivocado”. A veces solo muestra que estás dejando de apoyar el peso en el mismo lugar de siempre. Para ir a uno que consideras mejor. Hay decisiones correctas que al inicio no traen calma. Traen movimiento. No todo lo que te desestabiliza te hace mal Estamos acostumbrados a tomar la incomodidad como una prueba, de esta forma: * Si siento culpa será que estoy siendo egoísta… * Si siento miedo…y no estoy preparado todavia… * Si dudo mucho… y entonces no debería hacerlo. * Y si algo vuelve a dolerme, sera que todavia no lo superé, o que “algo tengo todavia que aprender de esto” Las emociones no funcionan como un veredicto. En estos casos de arriba solo están acompañando el movimiento de hacer algo diferente. Asi, no todo avance se va a sentir seguro. Algunas evoluciones y crecimientos se van a sentir como miedo, culpa o incertidumbre. Volver también forma parte de crecer. En la historia del inicio, la reacción del hombre con su mujer ocurrió, no hay que negarlo ni transformarlo en algo positivo. Y tampoco por esa reaccion dudar de todo el avance que él hizo: pudo detenerse, parar la discusion, recuperarse y volver. No fue perfecto. Si fué diferente de un modo mejor. Verlo desde esta perspectiva es una maner más humana de entender el crecimiento. No viendo los comportamientos y reacciones negativas como un estado al que nunca más volvemos, sino como la capacidad de darnos cuenta mas rápido, hacer menos daño, y volver a nosotros mismos antes. ¿Estoy nuevamente en el mismo lugar o estoy atravesando algo conocido en un modo diferente? Poema No te apures a llamar caídaa cada momentoen que pierdas el apoyo. También el cuerpo se inclinaantes de avanzar. Crecer no escaminar sin tropezar, sino permanecer menos tiempolejos de vos. Y recordar,cada vez un poco antes,el camino para volver. No todo lo que te desestabiliza es un retroceso. Quizás no perdiste el equilibrio porque retrocediste.Quizás lo perdiste porque estás dando un paso. Buena práctica… 🙏🌸 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

  5. Jul 29

    Tu dolor importa. Yo también.

    Que necesita él? ahora Esta semana una mujer me contó de su dificultades de comunicación con su marido. Como ella no lo ve bien, trata de estar mas cerca. Cada vez que el marido llega del trabajo, le pregunta ¿Cómo te fue? ¿Cómo te sentis?. Quiere saber qué es lo que está pasando y hasta propone posibles soluciones. Y cada vez que el marido no habla mucho, propone todavía más. Lo cual después de unos minutos lleva a los dos a frustrarse. Los dos quieren mejorar la comunicación, pero les hacen falta cosas distintas. La mujer hace lo que ella necesitaría para ser acompañada cuando algo le preocupa. Y el marido quizás, lo necesita es espacio, tiempo y un poco de silencio. Fácilmente podemos creer que ayudar es dar lo que nos haría bien a nosotros en ese caso. Si necesitamos hablar vamos a hacer preguntas. Si me tranquiliza encontrar una solución… voy a proponer escenarios o dar consejos. Y sí lo que me hace falta es cercanía….voy a estar cerca en silencio. Pero muchas veces el otro necesita algo distinto. Acompañar y estar con alguien no es hacer lo que a mí me parece, ni lo que me sale “con toda la mejor intencion”, ni adivinar…Es poder entender qué es lo que más te sirve a vos de mí en este momento. Qué necesito yo? ahora Comprender qué necesita el otro es importante. Y también entender que necesito yo. Qué necesito decir, aclarar?.Cuánto puedo y quiero escuchar?Qué tengo realmente para ofrecer en este momento?Cuales límites tengo que cuidar? Porque comprender al otro no significa desaparecer.Es posible entender que el otro necesita ahora espacio y decirle: Ok, ok… ahora espacio Y necesito que despues hablemos de esto que es importante para mi. Podés comprender que alguien esté atravesando un momento difícil y, al mismo tiempo reconocer que no es necesario sostener una conversación donde te gritan o te tratan mal. Lo que el otro necesita importa. Pero no define completamente lo que vos tenés que hacer. Las buenas relaciones incluyen enojo Un padre necesitaba tener una conversación importante con su hijo. La tuvo y el hijo se enojó. Mientras conversaba, el padre sentía la necesidad de explicarse mejor y hasta quizás modificar lo que tenía que decir. Pero mantuvo su mensaje. Al día siguiente volvieron a hablar. El hijo no estaba de acuerdo, pero algo había cambiado. Ya se podía escuchar de otra manera. Y en pocos días se convirtió para los dos en una de las conversaciones más importantes que tuvieron. El hijo no necesitaba que él le sacara el enojo. Necesitaba tiempo para sentirlo y procesarlo. Una buena relación es una donde aclarar y decir cosas van a enojar al otro…No es la relacion en la que nadie se enoja. En una buena relación hay desacuerdos. Hay límites. Hay cosas que el otro no quiere escuchar. Hay conversaciones que incomodan, duelen tambien. Que alguien se enoje con vos no demuestra que hiciste algo mal….a veces significa que necesitás revisar cómo lo dijiste, otras que el otro hubiera preferido escuchar algo diferente. Y cambiar mi mensaje “para que no se enoje” puede ser el inicio de una relacion mediocre. El enojo del otro merece ser escuchado. Pero no siempre tiene que decidir por vos. Ayudarte me importa. Cuidarme yo también. La historia del perro en el bosque que tiene la pata atrapada. La mujer se acerca para ayudarlo, y ve que esta herido, el perro trata de moderla. La mujer entiende por qué lo hace, no piensa que es malo ni que quiere lastimarla. Pero comprender su dolor no significa dejar su mano al alcance de la mordida…Ni dejar de ayudarlo (busca otra manera de acercarse y al mismo tiempo que cuida su mano). En nuestras relaciones ocurre algo parecido. Podemos comprender que detrás del enojo de alguien hay miedo. Podemos conocer su historia y entender de dónde viene su reacción. Pero comprender por qué alguien nos lastima no significa que tengamos que permitir que siga haciéndolo. Veo que estás sufriendo. Quiero entender qué necesitás. Ayudarte me importa. Pero cuidarme yo también. Quizás una relación honesta no sea aquella en la que siempre logramos que el otro esté bien, sino una donde escuchamos lo que el otro necesita sin dejar de escuchar lo que necesitamos nosotros. Hablamos con claridad, nos hacemos cargo de lo que nos corresponde, sabiendo que a al otro puede no gustarle, y sin por eso cambiar mi verdad. No tenés que elegir entre acompañar al otro o protegerte vos. Podés acercarte sin perderte. Podés comprender sin justificar todo. Podés ayudar y proteger tu mano. Tu dolor importa. Yo también. Buena práctica… 🙏🌸 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

  6. Jul 22

    Hay cansancios que no se van durmiendo

    Dormí ocho horas los últimos 3 dias… durante todo el fin de semana no hice casi nada: Y sigo agotada. Hace unos dias, una persona me dijo esto durante una conversación. Ella había cancelado compromisos para Viernes y Sábado, se acostó temprano, y pasó la tarde entera del Sábado mirando series, y el dia siguiente muy tranquila. No trabajó ni hizo ninguna de esas cosas que suelen ocuparle hasta el último minuto todos los Domingos. Sin embargo, el lunes se despertó tan cansada como el viernes. Le pregunté: Y mientras no hacías nada (o hacías cosas que te gustan) qué pasaba dentro tuyo? Se quedó pensando.Había descansado el cuerpo, sí. Pero durante todo el fin de semana estuvo pendiente de si alguien necesitaba algo. Había repasado una conversación difícil que tiene que tener. Respondió mensajes atrasados y otros que no hacía falta ni leer. Se sintió triste y se esforzó para que nadie se diera cuenta. En un momento le surgió: Es como si nunca pudiera terminar mi turno. Nunca termino. Esa frase explicaba su cansancio mucho mejor que la cantidad de horas que dormía. Porque una cosa es detenerte. Y otra muy distinta es dejar de estar en guardia. Dormir no siempre es descansar Solemos pensar que todo cansancio se resuelve de la misma manera: durmiendo más, haciendo menos, tomándonos unos días, o pasando una tarde sin obligaciones. Y muchas veces eso ayuda. Pero “detener” el cuerpo no significa necesariamente que dejamos de vigilar. El cuerpo puede estar quieto mientras vos seguís corriendo por dentro. Podés estar acostado y continuar repasando conversaciones. Podés tomarte vacaciones y seguir pendiente del estado emocional de todo el mundo, del trabajo, y de las noticias. Podés no tener ninguna tarea urgente y sentir, de todos modos, que algo malo podría ocurrir si te relajás demasiado… Si no controlás, si no estás Vos por Detrás de Todo. Porque no todo cansancio viene de hacer demasiado. Hay personas agotadas de resolver. De cumplir. De aguantar. Tres palabras que escucho casi siempre, cada dia en mis convesaciones son estas: Resolver. Cumplir. Aguantar (o algo como tolerar, soportar, “bancarme”). * Resolver…antes de que alguien lo pida….porque sino, nadie lo hace. * Cumplir...incluso cuando ya no puedo más. * Aguantar… para no preocupar, decepcionar o incomodar a nadie. Y eso también consume energía. A veces mucha más de la que imaginamos. Porque no solamente cargás con lo que tenés que hacer. También cargás con la idea de quién tenés que ser mientras lo hacés. El trabajo que nadie ve Muchas veces no estamos agotados solamente por nuestras obligaciones. Estamos agotados por el trabajo invisible que hacemos alrededor de ellas. * Una persona cuida constantemente que nadie se sienta incómodo en su familia. Media, explica, suaviza las conversaciones y trata de anticiparse a cada conflicto. Cuando llega la noche siente que no hizo “tanto”, pero está exhausto. * Alguien más está atravesando un momento difícil, pero se esfuerza por mostrarse bien para no preocupar a quienes lo rodean. Además de sostener su dolor, debe sostener la apariencia de que no le duele. Que no está tan mal, casi como pasar desapercibida. * Otra persona termina su jornada laboral, pero continúa disponible para todos. Responde mensajes mientras cena, resuelve problemas que podrían esperar y hasta responsabilidades de otros. Incluso de personas que paga para que hagan justamente eso…y “encima” se siente culpable si no contesta rápidamente. Su trabajo terminó. Su disponibilidad, no. En estos casos, el agotamiento no proviene solamente de lo que sucede. También nace del esfuerzo de administrarlo todo: * La reacción de los demás. * La propia imagen. * La incertidumbre. * Lo que podemos mostrar. * Lo que creemos que debemos esconder. A veces no estás cansado de hacer. Estás cansado de sostener. Eso puede explicar por qué una noche larga de sueño no alcanza. Porque a la mañana siguiente te volvés a levantar exactamente con el mismo peso. La persona que creíste que debías ser Quizás aprendiste a ser fuerte porque * En algún momento no había otra opción. * A ocuparte de todos porque eso evitaba conflictos. * A anticiparte porque no saber qué es lo que podía ocurrir, se sentía peligroso. * A no pedir demasiado porque temías convertirte en una carga. * A mostrarte bien, siempre, porque no había lugar para lo que sentías. Aquello no fue una debilidad. Fue una manera de protegerte. La “que tenías y podias”. El cuerpo y la mente aprenden de la experiencia. Si durante mucho tiempo vivimos bajo presión, conflicto o incertidumbre, podemos aprender por ejemplo que permanecer alertas es la forma más segura de atravesar el día. O tal vez * Aprendiste a registrar rápidamente el humor (padre, madre, jefe) para saber si era seguro acercarte. * Descubriste que ser útil, responsable o no causar problemas te ayudaba a recibir reconocimiento. * Controlar cada detalle te daba cierta tranquilidad en un entorno imprevisible. El problema aparece cuando el contexto cambia, pero la estrategia permanece. Ya no existe aquella amenaza, pero… * Seguís preparándote. * Nadie te exige una respuesta, pero sentís que debés responder. * Nadie te pidió que resolvieras el problema, pero ya comenzaste a resolverlo. Todo está relativamente bien, pero tu atención continúa buscando lo que podría salir mal. Una parte de vos sigue defendiendo una trinchera muchos años después de que terminó la guerra. Una forma de vivir que alguna vez te protegió puede convertirse, con el tiempo, en aquello que te agota. Por eso no alcanza con que te digan o decirte a vos mismo: Relajate. Dejá de pensar. No te preocupes. Porque esa parte en realidad necesita descubrir, gradualmente, que ya no tiene que protegerte de la misma manera que aprendió. Hay cansancios que piden seguridad Hay cansancios & agotamientos que no se van durmiendo más, ni reduciendo actividades, ni buscando de algún modo recargar energía… Ese tipo de agotamiento tiene como unico “antidoto” dejar de vivir derrochando energia. Esos cansancios no piden más sueño: Piden más seguridad. * La seguridad de poder decir que no sin perder el afecto de nadie. * De no tener que responder inmediatamente. * De permitir que alguien se decepcione sin correr a repararlo. * De mostrar que algo nos duele. * De expresar mi verdad, que alguien se enoje, y que yo la mantenga igual. * De no tener que ser siempre la persona fuerte. * De poder descansar aunque algo quede incompleto. * De dejar que otros resuelvan lo que les corresponde. No siempre podemos cambiar nuestras responsabilidades. A veces hay hijos/padres que cuidar, trabajos que cumplir, problemas reales que atravesar y personas que necesitan nuestra presencia. Pero existe una diferencia enorme entre * Cuidar a alguien y hacernos responsables de todo lo que siente. * Entre trabajar con compromiso y estar disponibles 24/7/365. * Entre ser amables y desaparecer para no incomodar. * Entre ayudar y anticiparnos a resolverlo todo. * Entre atravesar una dificultad y fingir que no nos afecta. Son dos cosas distintas: * Responsabilidades que cansan, porque vivir cuesta vida… y durmiendo me recupero. * Maneras de relacionarnos con ellas que cansan, agotan, y hasta nos quitan el bienestar, la salud, la vitalidad, el entusiasmo… La pregunta que algo puede cambiar… Cuando estamos agotados, la pregunta más inmediata suele ser: ¿Cómo puedo descansar más?Es una pregunta razonable. Pero no siempre llega al corazón del problema. Esta te puede servir mas: ¿Qué sigo sosteniendo incluso cuando estoy descansando? Reconocerlo no significa abandonar tus responsabilidades, alejarte de todo el mundo o cambiar tu vida de un día para otro. Significa distinguir entre aquello que verdaderamente te corresponde y lo que aprendiste a cargar para sentirte seguro, aceptado o querido. Porque el cansancio no es solamente “un problema que debemos eliminar”… es información. Tu cuerpo está intentando mostrarte que la forma en la que venís viviendo se volvió demasiado costosa. Mindfulness no es dejarte “aflojar” A veces usamos mindfulness como otra manera de exigirnos estar bien. Meditamos para quitarnos la ansiedad. Respiramos para dejar de sentir. Intentamos relajar el cuerpo con la misma impaciencia con la que resolvemos cualquier otra tarea. Pero mindfulness no es para “ sentirte mejor” ni para obligarte a bajar la guardia. Es mas bien para reconocer que estás en guardia…. Una práctica para dejar algo, al menos por un momento: Al finalizar el día, o durante el día toma unos minutos durante unos minutos. * Sentí el cuerpo apoyado donde estés. * No intentes relajarlo inmediatamente. Primero reconocé qué continúa activo. * Después preguntate: * ¿Qué sostuve/ estoy sosteniendo hoy además de mis tareas? * ¿En qué momentos sentí que debía resolver, cumplir o aguantar? * ¿Qué podría dejar de sostener, al menos por este momento ? No intentes resolver toda tu vida. Elegí una sola función y permití que descanse durante un rato: * No responder ese mensaje que puede esperar. * No explicar por qué estás cansado. * No anticipar una conversación que todavía no ocurrió. * No intentar que todos estén bien. * No demostrar que podés con todo. * No estar disponible durante una hora. * Quizás dejar algo pendiente. * Y esta vez alguien tenga que esperar. No estás abandonando tus responsabilidades. Estás recordando que vos también existís más allá de ellas. Terminar el turno La persona en el comienzo del audio/articulo no necesitaba otra mañana en la cama. Necesitaba reconocer que llevaba años trabajando para que todos estuvieran bien. Anticipando. Resolviendo. Aguantando. Había asumido el trabajo invisible de mantener en calma el mundo que la rodeaba. Y ese trabajo no terminaba nunca. Cuando pudo verlo, su cansancio no desaparec

  7. Jul 16

    El costo de esperar sentirte listo

    Hay personas que llevan años preparándose para hacer algo que ya saben que quieren hacer. Pero… leen todavía otro libro. Hacen ademas otro curso. Piensan inclusive una alternativa más… Esperan tener más tiempo, más energía, más claridad. Y no es que están necesariamente confundidas. Muchas veces están esperando una emoción. Quizás quieren sentirse seguras antes de hablar. Confiadas antes de empezar. Motivadas antes de poder realmente comprometerse. Tranquilas antes de tomar una decisión. Y la espera puede durar mucho porque siempre parece razonable. * “Todavía no es el momento justo” * “Necesito pensarlo un poco más.” * “Quiero estar completamente seguro.” El problema no es tomarse un tiempo para pensar. El problema aparece cuando estamos esperando que desaparezca toda incomodidad antes de movernos. Porque eso probablemente, no va a ocurrir. No siempre estamos esperando el momento adecuado. A veces estamos esperando una garantía que la vida no puede darnos. Una forma muy elegante de quedarse quieto Una persona puede saber que su trabajo ya no le hace bien. Puede hablar de eso durante meses. Puede imaginar otras posibilidades, actualizar su currículum y mirar ofertas. Pero no envía ninguna solicitud, dice que todavía no tiene suficiente claridad… Otra persona sabe que necesita poner un límite en su familia. Está cansada de resolver, intervenir y sostener asuntos que no le corresponden. Pero espera poder hablar sin culpa…. Otra tiene un proyecto importa para él. Sabe hacer el trabajo. Tiene experiencia. Incluso hay personas interesadas. Pero sigue modificando la propuesta, cambiando el nombre, agregando contenidos y buscando una versión que le dé confianza total... Parecen situaciones distintas. Pero todas tienen algo en común: La persona está esperando una emoción cómoda, para tomar acción.Y cuando esa emoción no aparece, interpreta que todavía no está lista. Sin embargo, sentirse preparado y estar preparadono son exactamente lo mismo. * Podés estar preparado para una conversación y sentir miedo. * Podés tener los recursos para empezar un proyecto y seguir dudando. * Podés saber que un límite es necesario y sentir culpa al ponerlo. * Podés elegir algo valioso sin tener certeza de cómo va a terminar. La incomodidad no siempre indica que estás tomando una mala decisión. A veces indica que estás haciendo algo que todavía no te es familiar. La confianza no se piensa: se construye Durante mucho tiempo hablamos de la confianza como si fuera una cualidad que algunas personas tienen y otras no. Ella es segura…Él siempre tuvo confianza…Yo no soy así… Pero la confianza rara vez aparece como una característica completa y estable. En realidad se parece mucho más a una memoria: * Es el recuerdo corporal de haber atravesado situaciones difíciles. * Es saber que ya hablaste otras veces, incluso con miedo. * Que pusiste un límite y pudiste sostener la incomodidad. * Que empezaste algo sin conocer el resultado. * Que te equivocaste y encontraste una manera de corregir. La confianza no es dejar de dudar. Es recordar que podés ponerte en acción también cuando dudás. Por eso, esperar confianza antes de actuar invierte el orden natural del aprendizaje… La confianza es una consecuencia de haber actuado. No un requisito para hacerlo. Primero hacés una llamada. Después descubrís que podías hacerla. Primero mostrás tu trabajo. Después comprobás que una crítica no te destruye. Primero decís que no. Después entendés que la relación puede sobrevivir a tu límite… (o descubrís que una relación que solo funciona si te abandonás no era tan segura como parecía). La mente necesita evidencias. Y pensar, aunque sea útil, no las produce de la manera que nos hace falta: experiencia no intelecto. Podés pasar meses imaginando que sos capaz. Pero una pequeña acción le da al cerebro una información que ni 100 ni 1000 pensamientos positivos pueden conseguir: “Lo hice.” Pero hay una trampa… El alivio de postergar Evitar algo difícil produce alivio. Eso es importante entenderlo porque explica por qué la espera puede volverse tan convincente, tan cómoda, y tentadora como alternativa. * Decidís no tener hoy esa conversación y el cuerpo se relaja. * No enviás la propuesta y desaparece el riesgo de que te digan que no. * No te anotás en la actividad y dejás de preocuparte por no estar a la altura. El alivio es inmediato. Pero también es una enseñanza. Cada vez que escapamos de una situación por miedo, la mente puede registrar: * “Menos mal que no lo hicimos.” * “Eso debía ser peligroso.” * “Todavía no estamos preparados.” Y…la próxima vez, el miedo aparece con más autoridad. Entonces necesitamos más preparación, más confianza y más garantías. El mundo empieza a hacerse más pequeño, no porque no tengamos capacidad, sino porque cada evitación confirma la sensación de que no podríamos atravesarlo. Asi… esperar se convierte en una forma de evitar. Y la espera no nos prepara: Entrena nuestro miedo. Lo contrario también ocurre. Cuando damos un paso proporcionado, no uno heroico sino sincero, uno posible, el sistema nervioso aprende algo nuevo. Como por ejemplo: * “Sentí ansiedad, pero pude quedarme.” * “Me costó decirlo, pero lo dije.” * “No salió perfecto, pero no necesitaba ser perfecto.” * “Me dijeron que no y sigo acá.” La seguridad se construye con esas experiencias. No con la promesa de que nada va a doler, sino con la certeza creciente de que podemos acompañarnos cuando algo duela. Llevado como ejemplo a Meditar…No esperes tener la mente tranquila para meditar. Hay una frase que escucho mucho: “Quiero empezar a meditar, pero tengo demasiados pensamientos.” Es como decir: “Quiero empezar a hacer ejercicio, pero todavía no estoy en forma.” No meditamos porque ya tenemos la mente tranquila. Meditamos para aprender a relacionarnos de otra manera con la mente que tenemos. La práctica no consiste en producir un estado perfecto antes de sentarnos. Consiste en notar: Hay inquietud, ahhh ahora hay miedo, mhhh ahora pocas ganas….:-) Y descubrir que podemos permanecer presentes sin convertir cada experiencia interna en una instrucción. Mindfulness abre un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. No elimina la emoción. Nos ayuda a dejar de obedecerla de manera automática. “No tengo ganas” es una experiencia (sensacion/emoción)No tiene por qué convertirse en una decisión. “Tengo miedo” es una experiencia. “No estoy seguro” también. Podemos escucharlas, cuidar lo que necesite ser cuidado y preguntarnos: ¿Qué quiero elegir de todos modos? Esta pregunta no niega las emociones. Las incluye sin entregarles toda la autoridad. Tus emociones son información, no dirección Hay días luminosos, en los que tenemos energía, entusiasmo y claridad. Y hay días de niebla, en los que dudamos de todo. Las emociones se parecen al clima: son reales, influyen, merecen atención… y cambian. El problema aparece cuando esperamos buen tiempo para recorrer cada tramo importante de nuestra vida. Entonces solo avanzamos cuando sentimos motivación. Solo hablamos cuando estamos tranquilos. Solo cuidamos nuestra salud cuando tenemos ganas o estamos “obligados”. Solo defendemos lo que importa cuando nos sentimos seguros. Y terminamos viviendo de acuerdo con “el clima del día”. Las emociones cambian todos los días. Tus valores pueden sostener una dirección mucho más estable. * Quizás hoy no tengas ganas de moverte, pero valorás cuidar tu cuerpo. * Quizás dudás de tu proyecto, pero valorás crear y contribuir. * Quizás sentís culpa al poner un límite, pero valorás construir relaciones en las que no necesites desaparecer para que haya paz. Los valores no eliminan el miedo. Nos recuerdan hacia dónde queremos caminar mientras el miedo está presente. Por eso: No necesitás sentirte listo para toda la travesía. Necesitás estar disponible para el próximo paso. El primer paso no tiene que probar que vas a conseguirlo. Solo tiene que ofrecerte información nueva.Quizás confirme la dirección. Quizás la corrija, o quizás te muestre que no era lo que querías. Moverte no garantiza llegar al destino imaginado. Pero te permite dejar de construir toda tu vida con hipótesis. Para recordar en la semana: La confianza es una consecuencia de haber actuado. No un requisito para hacerlo. La incomodidad no siempre significa que algo está mal. A veces significa que algo está cambiando. Cuando esperar se convierte en una forma de evitar, la espera no nos prepara. Entrena nuestro miedo. No tener ganas es una experiencia. No tiene por qué convertirse en una decisión. Si esperás que desaparezca el miedo para empezar, el miedo termina decidiendo por vos. Las emociones cambian todos los días. Tus valores pueden sostener una dirección mucho más estable. ¿Cuál es el paso más pequeño, concreto y honesto que puedo dar con la confianza que tengo hoy? Un poema para llevar No esperes la certeza.La certeza conoce pocos caminos. Apoyá un pie.Escuchá la tierra.Después apoyá el otro. Las confianzasraramente aparecen antes de partir. Nacen lentamentecuando mirás hacia atrás y descubrísque ya estás caminando. Buena práctica…🙏🌸🎶🍂 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. 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  8. Jul 3

    Cuando el pasado sigue respondiendo por vos

    Hay algo que aparece casi cada semana con las personas con las que trabajo: Creemos que reaccionamos a lo que acaba de pasar. Pero muchas veces no es así. Muchas veces reaccionamos a lo que eso despertó dentro de nosotros. Hay algo que no siempre vemos en el momento. Creemos que estamos reaccionando a lo que acaba de pasar. A un silencio, una mirada, una frase… Pero muchas veces no reaccionamos solo al presente, reaccionamos a lo que el presente despierta en nosotros. Una situación pequeña puede tocar una herida antigua. Una frase de hoy puede abrir una conversación que empezó hace muchos años, que quedó abierta. Y, sin darnos cuenta, no responde solamente el adulto que somos ahora. También responde una parte nuestra que alguna vez se sintió insuficiente, juzgada, sobre exigida, abandonada, criticada o “simplemente” no vista. La voz que aprendimos Algunas voces entran en nosotros muy temprano. * “¿Y por qué no un diez?” * “Bueno tampoco seas tan sensible.” * “Así no, eh, vos siempre igual” * “Podrías hacerlo mejor, vos siempre haces asi” * “¿Eso te vas a poner?” * “Claro, vos siempre querés tener la razón” En el momento parecen frases pequeñas. Pero algunas quedan. Y con el tiempo dejan de venir desde afuera, y comienzan a salir desde adentro: La conversación nunca terminó. Solo cambió de boca. * Y a veces, nos tratamos a nosotros mismos con una dureza que jamás usaríamos con alguien que amamos. * O nos cuesta descansar “tirados en el sillon” sin culpa y que alguien me vea asi. * Por eso una crítica mínima o una observacion pueden sentirse enorme, gigantes. Y asi pasa que podemos estar frente a alguien en el presente, pero responderle a alguien del pasado. La pregunta importante Mindfulness no sirve para borrar esas voces, ni dejar de pelear con ellas, o convencerlas de algo. Nos invita a reconocerlas. A crear un pequeño espacio entre la voz y nuestra respuesta. Porque no es lo mismo decir: Hice un error. Soy el error.Soy un error. Una cosa es identidad. La otra es observación. Y ahí empieza la libertad. Para practicar esta semana La próxima vez que una emoción aparezca con mucha intensidad, antes de responder, hacé una pausa. Respirá. Y preguntate: ¿Estoy respondiendo a esta persona o a algo que esta persona acaba de despertar en mí? Y si aparece una frase dura hacia vos mismo, preguntate: ¿Quién está hablando cuando me hablo así? No para buscar culpables. No para quedarte atrapado en el pasado. Solo para empezar a distinguir entre tu voz y las voces que aprendiste. A través de la vida las personas dejan de hablarnos. El desafío es que nosotros también dejemos de hablar por ellas. O escuchar a ellas. Quizás crecer no sea dejar de escuchar por completo esas voces. Quizás sea dejar de obedecerles. * Que aparezca la exigencia, pero no dirija o juzge. * Si aparezca la culpa, no decida. * Que aparezca la vergüenza, pero no te escondas. Porque el pasado puede haber dejado voces. Pero no tiene por qué tener la última palabra. Mi Poema Un díaesa voz aparece otra vez. Dice lo mismo de siempre. Dice que falta.Que no alcanza.Que podrías haberlo hecho mejor.Que siempre sos asi Pero esta vezalgo en vos no se contrae igual. La escucháscomo quien reconoce una música pasada,un viejo tangosonando en una casadonde ya no vive. No la peleás.No la seguís.No le discutís. Solo respirásy recordás: esta voz fue aprendida, y escuchadapero mi vida puede ser elegida. Y en medio del ruido antiguo,aparece algo más tranquilo: Que no grita. No exige. Solo dice:ahora respondé vos, vos de verdad Buena práctica…🙏🌸🎶🍂 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

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