En fin hermanos, En Esto pensad

En fin hermanos, En Esto pensad

Compartiendo la palabra de Dios en breves minutos.

  1. Aug 14

    1 Samuel 25: 1-35🌷

    Hola!♥️ ABIGAIL «LA SABIDURÍA QUE EVITA TRAGEDIAS» Texto base: 1 Samuel 25:1-35 Duración: aproximadamente 4 minutos Hay momentos en la vida en los que una sola decisión puede cambiarlo todo. Una palabra puede encender un conflicto… o apagarlo. Una reacción impulsiva puede provocar una tragedia… o una respuesta sabia puede detenerla. Eso encontramos en la historia de Abigail. Abigail estaba casada con Nabal, un hombre rico, pero duro y necio. David y sus hombres habían protegido los bienes de Nabal, y cuando David pidió provisiones, Nabal respondió con desprecio. David se enojó tanto que decidió ir con sus hombres para vengarse. La situación estaba a punto de convertirse en una tragedia. Pero alguien se enteró de lo que estaba ocurriendo. Abigail. Y aquí comienza una de las lecciones más hermosas de esta historia: Una mujer sabia puede detener una tragedia cuando decide actuar con prudencia en lugar de reaccionar con ira. Abigail preparó alimentos y salió al encuentro de David. Cuando lo vio, descendió del asno y se inclinó delante de él. No llegó gritando. No llegó insultando. No llegó justificándose. Llegó con humildad y con sabiduría. Y le habló al corazón. Le recordó a David que Dios tenía un propósito para su vida y que no debía manchar su futuro con una venganza personal. Le dijo, en esencia: “Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová.” ¡Qué palabras! Abigail estaba viendo más allá del momento. David estaba viendo una ofensa. Abigail estaba viendo las consecuencias. David estaba pensando en lo que Nabal había hecho. Abigail estaba pensando en lo que David podía convertirse. Y David escuchó. Entonces respondió: “Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que me encontrases hoy.” ¡La sabiduría de Abigail evitó una tragedia! Mujer que me escuchas: Quizás hoy estás enfrentando una situación que te está provocando ira. Alguien te ofendió. Alguien habló mal de ti. Alguien te hizo una injusticia. Y tienes razones para responder. Pero antes de hablar, ora. Antes de reaccionar, pregúntale a Dios qué quiere hacer contigo en esa situación. Porque no toda batalla merece una respuesta. Y no toda ofensa merece convertirse en una guerra. La sabiduría no significa permitir que otros nos maltraten. Significa saber cuándo hablar, cómo hablar y cuándo dejar que Dios sea nuestro defensor. Abigail entendió algo que todos necesitamos aprender: No podemos controlar lo que otros hacen, pero sí podemos decidir cómo responder. Y hay una enseñanza todavía más profunda. David necesitaba ser librado de su propia ira. Y nosotros también necesitamos un Salvador que nos libre de aquello que hay dentro de nuestro corazón. Porque el pecado no solamente está afuera. También está dentro de nosotros. Por eso vino Jesucristo. Jesús no solamente vino a cambiar nuestras circunstancias. Vino a transformar nuestro corazón. Cuando nos insultan, Él nos enseña a perdonar. Cuando nos hieren, Él nos enseña a responder con gracia. Cuando queremos vengarnos, Él nos recuerda: “Mía es la venganza.” Cristo murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos una vida nueva. Quizás hoy necesitas reconocer: “Señor, necesito que cambies mi corazón.” Si todavía no has entregado tu vida a Jesús, hoy puedes hacerlo. Y si eres creyente, pídele sabiduría para que tus palabras no destruyan lo que Dios quiere construir. Recuerda a Abigail. Una mujer sabia entró en una situación peligrosa y, con humildad y sabiduría, evitó una tragedia. Tú también puedes ser instrumento de paz en tu hogar, en tu familia y donde Dios te ha colocado. 🙏 ORACIÓN Señor, danos la sabiduría de Abigail. Ayúdanos a no reaccionar impulsivamente cuando somos heridos. Pon palabras de paz en nuestra boca y dominio propio en nuestro corazón. Haznos instrumentos de paz y sabiduría. En el nombre de Jesús. Amén. 🌷 FRASE FINAL “Una reacción puede alimentar una tragedia, pero una palabra guiada por Dios puede detenerla.”

  2. Aug 14

    1 Samuel 1:1-28🌷

    Hola!!!🌸 ANA “UNA ORACIÓN QUE CAMBIÓ LA HISTORIA” Texto base: 1 Samuel 1:1-28 Duración: aproximadamente 4 minutos Hay oraciones que nacen de la alegría, pero también hay oraciones que nacen del dolor. Ana conocía esa clase de oración. La Biblia nos cuenta que Ana no podía tener hijos. Mientras ella sufría, Penina la provocaba continuamente, recordándole aquello que tanto le dolía. Ana lloraba y no comía. Pero un día decidió hacer algo diferente: Llevó su dolor a la presencia de Dios. Entró al templo y comenzó a orar. No estaba haciendo una oración para impresionar a nadie. Su corazón estaba quebrantado delante del Señor. Ana le dijo a Dios: “Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva… y te acordares de mí.” ¡Qué hermosa oración! Ana no escondió su dolor. No fingió estar bien. No tuvo miedo de llorar delante de Dios. Y aquí encontramos una primera enseñanza: Puedes llevarle a Dios exactamente lo que hay en tu corazón. Puedes llevarle tus lágrimas. Tu frustración. Tu familia. Tus sueños. Aquello que nadie más entiende. Dios escucha la oración sincera de un corazón rendido a Él. Mientras Ana oraba, el sacerdote Elí pensó que estaba ebria. Pero Ana respondió: “No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu.” Ella estaba diciendo: “Estoy sufriendo, pero vine al lugar correcto.” Y después de derramar su corazón delante de Dios, ocurrió algo extraordinario. La Biblia dice que Ana se fue por su camino, y comió, y no estuvo más triste. ¡Todavía no había nacido Samuel! Todavía no había recibido la respuesta. Pero algo había cambiado. Primero cambió su corazón antes de que cambiara su circunstancia. Eso es poderoso. A veces pensamos: “Cuando Dios conteste, entonces tendré paz.” Pero Ana descubrió que podía tener paz antes de ver la respuesta. Y Dios respondió su oración. Ana concibió y dio a luz un hijo. Lo llamó Samuel, porque lo había pedido a Jehová. Pero Ana no se quedó solamente con la bendición. Ella había prometido entregarlo al Señor, y cumplió su palabra. Samuel creció para servir a Dios y se convirtió en profeta y juez de Israel. Por medio de Samuel, Dios ungiría al rey David. Y de la descendencia de David vendría Jesucristo. ¡Mira la dimensión de aquella oración! Ana estaba orando por un hijo. Dios estaba preparando una generación. Ella estaba llorando por su situación. Dios estaba trabajando en la historia de Israel. Mujer que me escuchas: Quizás llevas tiempo orando por algo. No dejes de orar. Quizás todavía no ves nada. Sigue creyendo. Pero recuerda también esto: Tu oración no es una manera de obligar a Dios a hacer lo que tú quieres. Orar es rendir tu voluntad a la Suya y confiar en Su sabiduría. Y hay una oración todavía más importante que cualquier petición. Es decir: “Jesús, necesito que me salves.” Porque el problema más grande del ser humano no es aquello que le falta, sino el pecado que nos separa de Dios. Por eso Jesucristo vino. Murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos perdón, salvación y vida eterna. Quizás hoy llegaste con el corazón quebrantado. Haz como Ana. Lleva tu dolor a Dios. Ora. Confía. Entrégale tu vida. Y recuerda: Dios puede tomar una oración nacida en lágrimas y convertirla en parte de un propósito mucho mayor. 🙏 Oración Padre, hoy venimos delante de Ti como Ana, con un corazón sincero. Tú conoces nuestras necesidades, nuestras lágrimas y las peticiones que hemos guardado en secreto. Enséñanos a confiar en Tus tiempos y a descansar en Tu voluntad. Y si alguien todavía no conoce a Jesucristo, que hoy pueda clamar a Ti, recibir Tu perdón y comenzar una nueva vida en Cristo. Toma nuestras oraciones y úsanos para Tu propósito. En el nombre de Jesús. Amén! 🌷 Frase final “Ana llegó al templo con lágrimas, pero salió con esperanza; porque cuando ponemos nuestro dolor en las manos de Dios, Él puede convertirlo en propósito.”🌷

  3. Aug 14

    Rut 1:1-22🌷

    Hola🌷 NOEMÍ “DIOS PUEDE RESTAURAR LA AMARGURA” Texto base: Rut 1:1-22 Duración: aproximadamente 4 minutos Hay heridas que cambian nuestra manera de mirar la vida. Hay pérdidas que nos hacen preguntar: “¿Por qué Dios permitió esto?” Y cuando el dolor se acumula, el corazón puede comenzar a llenarse de amargura. Noemí conoció ese dolor. Ella salió de Belén con su esposo y sus dos hijos buscando sobrevivir en Moab. Pero allí perdió a su esposo y, después, a sus dos hijos. Cuando decidió regresar a Belén, volvió con Rut. Al llegar, las mujeres de la ciudad la reconocieron y dijeron: “¿No es ésta Noemí?” Pero Noemí respondió: “No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.” Noemí estaba diciendo, en otras palabras: “Ya no soy la misma. La vida me ha golpeado demasiado.” Y quizás alguien que escucha este mensaje puede identificarse con ella. Has perdido personas. Has vivido decepciones. Has sufrido traiciones. Has orado y no entendiste la respuesta. Y quizás por fuera sonríes, pero por dentro dices: “Estoy cansada. Estoy herida. Estoy amarga.” Pero quiero decirte algo: La amargura puede ser parte de tu historia, pero no tiene que ser el final de tu historia. Noemí regresó a Belén pensando que regresaba con las manos vacías. Pero no estaba completamente sola. Rut estaba a su lado. Y, aunque Noemí todavía no podía verlo, Dios ya estaba comenzando su restauración. Rut llegaría al campo de Booz. Booz se convertiría en redentor de aquella familia. Rut tendría un hijo llamado Obed. Y Obed sería abuelo del rey David. Y de esa línea familiar vendría Jesucristo. ¡Mira lo que Dios estaba haciendo! Noemí solamente veía su pérdida. Dios estaba preparando redención. Ella veía un final. Dios estaba escribiendo un nuevo comienzo. Y esto es importante: A veces queremos que Dios cambie inmediatamente nuestras circunstancias, pero primero Él quiere sanar nuestro corazón. Noemí necesitaba descubrir que todavía había esperanza. Y Dios se la mostró a través de Rut, de Booz y de una nueva generación que estaba por nacer. Mujer que me escuchas: No permitas que lo que te ocurrió determine quién vas a ser. Tu dolor es real. Tu pérdida es real. Tus lágrimas son reales. Pero Dios también es real. Y Su poder para restaurar es mayor que cualquier herida. Quizás hoy necesitas decir: “Señor, estoy herida, pero no quiero vivir amargada.” Entrégale tu dolor. Entrégale tu pasado. Entrégale aquello que todavía no has podido perdonar. Porque cuando colocamos nuestras heridas en las manos de Dios, Él puede comenzar un proceso de restauración. Y hay una noticia todavía más grande. La Biblia nos muestra a Booz como redentor de Rut y Noemí, pero esa historia apunta hacia un Redentor mucho mayor: Jesucristo. Jesús vino a redimirnos del pecado. Él tomó nuestro dolor, nuestra culpa y nuestra condenación en la cruz. Murió por nosotros y resucitó para darnos una vida nueva. Quizás llegaste a este mensaje sintiéndote como Noemí: “Estoy vacía.” Pero Jesús puede llenar nuevamente tu corazón. Puedes tener heridas y aun así tener esperanza. Puedes haber perdido mucho y todavía tener un futuro en Dios. Hoy no tienes que quedarte viviendo en Mara. Dios todavía puede restaurar tu alegría. 🙏 Oración Señor, hoy te presentamos cada corazón herido. Tú conoces las pérdidas, las decepciones y las lágrimas que nadie más conoce. Sana nuestra amargura. Ayúdanos a perdonar, a soltar el pasado y a volver a confiar en Ti. Y si alguien todavía no conoce a Jesucristo, que hoy pueda recibirlo como su Redentor y Salvador. Transforma nuestro dolor en testimonio y nuestra amargura en adoración. En el nombre de Jesús. Amén. 🌷 Frase final “No importa cuán amarga haya sido tu historia; Dios todavía puede escribir un capítulo de restauración.”

  4. Aug 11

    Rut🌷

    Hola!!!🌷 🎙️ DÍA 12 — RUT «LA RECOMPENSA DE LA FIDELIDAD» Texto base: Libro de Rut Duración: aproximadamente 4 minutos Hay momentos en la vida en los que ser fiel cuesta. Cuesta seguir cuando estás cansada. Cuesta confiar cuando no ves respuestas. Cuesta permanecer cuando sería más fácil abandonar. Pero la historia de Rut nos enseña que Dios ve la fidelidad, aun cuando nadie más la vea. Rut era una mujer moabita que quedó viuda. Su suegra Noemí también había perdido a su esposo y a sus hijos. Las dos quedaron solas, sin saber qué les esperaba. Noemí decidió regresar a Belén y le dijo a Rut que volviera a su pueblo. Rut podía regresar. Podía comenzar una nueva vida. Pero tomó una decisión diferente. Le dijo a Noemí: “Donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.” ¡Qué declaración de fidelidad! Rut no sabía cómo terminaría aquella historia. No sabía dónde viviría. No sabía cómo sobreviviría. No sabía si volvería a tener una familia. Pero sí sabía algo: Había decidido confiar en Dios. Y aquí encontramos una gran enseñanza: La fidelidad no consiste en saber cómo terminará el camino; consiste en seguir caminando aunque todavía no conozcas el final. Cuando llegaron a Belén, Rut comenzó a recoger espigas detrás de los segadores para conseguir alimento para ella y para Noemí. Era un trabajo humilde. No había aplausos. No había reconocimiento. Pero Dios estaba mirando. Y la llevó precisamente al campo de un hombre llamado Booz. Booz escuchó acerca de la fidelidad de Rut hacia Noemí. La protegió, la favoreció y finalmente se convirtió en su esposo. Rut, aquella mujer viuda y extranjera que había llegado a Belén sin saber qué le esperaba, recibió una nueva familia y un nuevo futuro. Pero Dios tenía algo mucho más grande preparado. Rut tuvo un hijo llamado Obed. Obed fue padre de Isaí. Isaí fue padre del rey David. Y de esa línea familiar vendría Jesucristo. ¡Mira la grandeza de Dios! Rut solamente estaba tratando de ser fiel. Pero Dios estaba escribiendo su nombre dentro de una historia que alcanzaría generaciones. Rut veía un día difícil. Dios veía un propósito eterno. Quizás hoy tú estás en una temporada parecida. Estás sirviendo y nadie lo reconoce. Estás orando por tu familia y todavía no ves cambios. Estás haciendo lo correcto, pero parece que nada está sucediendo. No abandones. Dios ve tu fidelidad. Él ve cada oración que haces en secreto. Ve cada lágrima. Ve cada sacrificio. Ve cada vez que eliges obedecer aunque nadie te esté mirando. Pero quiero llevarte a algo todavía más importante. La mayor recompensa de nuestra fidelidad no es dinero, reconocimiento, posición ni siquiera una respuesta específica a nuestras oraciones. La mayor recompensa es Jesucristo. Rut dijo: “Tu Dios será mi Dios.” Y hoy tú también tienes que decidir qué harás con Jesús. Él murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para ofrecernos perdón, salvación y vida eterna. No importa de dónde vienes. No importa lo que hayas vivido. Cuando entregas tu vida a Cristo, Dios puede comenzar una historia completamente nueva. Así que permanece fiel. Cuando sea fácil, sé fiel. Cuando sea difícil, sé fiel. Cuando nadie te vea, sé fiel. Porque quizás tú solamente estás sembrando una pequeña semilla de obediencia. Pero Dios puede convertir esa semilla en una bendición para generaciones. 🙏 ORACIÓN Señor, ayúdanos a permanecer fieles aun cuando no veamos resultados. Danos fuerzas para seguir orando, sirviendo y confiando en Ti. Y si alguien que escucha este mensaje todavía no conoce a Jesucristo, que hoy pueda abrir su corazón, arrepentirse de sus pecados y recibirte como Señor y Salvador. Gracias porque Tú ves nuestra fidelidad y porque en Cristo tenemos la esperanza de una vida nueva y eterna. En el nombre de Jesús. Amén. 🌷 FRASE FINAL “Sé fiel aunque nadie te vea; Dios ve cada semilla que siembras, y Él conoce la cosecha que vendrá.”

  5. Aug 10

    Jueces 4:1-10🌷

    Hola!!! 💕DÍA 10 — DÉBORA🌷 «UNA MUJER VALIENTE PARA TIEMPOS DIFÍCILES» Texto base: Jueces 4:1-10 Hay temporadas en las que parece que todo está en contra. Tiempos de incertidumbre. Tiempos de miedo. Tiempos en los que muchos prefieren esconderse antes que levantarse. Israel estaba viviendo precisamente uno de esos momentos. Jueces 4 dice que los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. Entonces Dios permitió que fueran oprimidos por Jabín, rey de Canaán, cuyo comandante era Sísara. Durante veinte años Israel vivió bajo una fuerte opresión. Pero en medio de aquella crisis, Dios levantó a una mujer: Débora. La Biblia dice que Débora era profetisa y juzgaba a Israel. Ella se sentaba debajo de una palmera y el pueblo acudía a ella para recibir dirección. Débora no estaba esperando que las circunstancias fueran perfectas para obedecer a Dios. Se levantó en medio de una crisis. Y esa es una palabra para nosotros hoy: No necesitas vivir tiempos fáciles para ser una persona de fe. La valentía no significa que no existe miedo. La valentía significa que decides obedecer a Dios aun cuando el miedo existe. Débora llamó a Barac y le entregó una palabra de Dios: “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta gente…?” Dios había dado una instrucción. Pero Barac tuvo miedo. Le dijo a Débora: “Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré.” Débora respondió: “Iré contigo.” ¡Qué mujer! No solamente hablaba de fe. Caminaba en fe. No solamente decía que Dios podía dar la victoria. Estaba dispuesta a avanzar hacia el campo de batalla. Y Dios le dio la victoria a Israel. El ejército enemigo fue derrotado y la opresión comenzó a terminar. Pero quiero que observes algo: Débora no levantó su nombre. Levantó el nombre de Dios. Su valentía no nació de confiar en sus propias fuerzas. Nació de saber que Dios había hablado. Mujer que me escuchas: Quizás estás atravesando un tiempo difícil. Tal vez hay problemas en tu familia. Hay incertidumbre en tu hogar. Hay batallas que parecen demasiado grandes. Y quizás estás preguntando: “¿Qué puedo hacer yo?” Recuerda a Débora. Dios puede usar una persona dispuesta para traer esperanza en medio de una generación que está viviendo tiempos difíciles. No esperes a sentirte suficientemente fuerte. No esperes a que desaparezca todo problema. Busca a Dios. Escucha Su Palabra. Y levántate en fe. Pero hay una batalla todavía mayor que todas las batallas de esta vida. Es la batalla contra el pecado. Y ninguno de nosotros puede vencerla con nuestras propias fuerzas. Por eso Dios envió a Jesucristo. Jesús vino a hacer por nosotros lo que nosotros jamás podríamos hacer solos. Murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos victoria, perdón y vida eterna. Tal vez has estado luchando sola. Hoy Jesús te dice: “No tienes que pelear sola.” Entrégale tu vida. Confía en Él. Y permite que Su poder te fortalezca. 🙏 Oración Señor, levanta en nosotros la valentía de Débora. Cuando lleguen tiempos difíciles, ayúdanos a no escondernos, sino a permanecer firmes en Tu Palabra. Fortalece a cada mujer que está atravesando una batalla. Y si alguien todavía no conoce a Jesucristo, que hoy entregue su vida a Él y experimente Su perdón, Su salvación y Su poder. Haznos mujeres valientes, llenas de fe y dispuestas a servirte. En el nombre de Jesús. Amén. 🌷 Frase final “Dios no necesita tiempos fáciles para usar una mujer valiente; necesita un corazón dispuesto a confiar en Él.”🌺

  6. Aug 10

    Josué 2:1-21🌷

    Hola!🩷 DÍA 9 — RAHAB «CUANDO LA FE CAMBIA TU PASADO» Texto base: Josué 2:1-21 Hay personas que creen que su pasado las descalifica para el futuro. Piensan: “Después de lo que hice, Dios no puede usarme.” “Después de mis errores, ya no tengo propósito.” “Mi historia está marcada para siempre.” Pero la historia de Rahab nos demuestra que, cuando la fe entra en una vida, Dios puede escribir una historia completamente nueva. Rahab vivía en Jericó. La Biblia la identifica como una mujer cuya vida estaba marcada por un pasado que no parecía tener nada que ver con el propósito de Dios. Pero un día llegaron a su casa dos espías enviados por Josué. El rey de Jericó se enteró y mandó buscarlos. Rahab decidió esconderlos. ¿Por qué? Porque había comenzado a creer en el Dios de Israel. Ella les dijo: “Sé que Jehová os ha dado esta tierra.” Rahab había escuchado lo que Dios había hecho. Había escuchado acerca del Mar Rojo. Había escuchado acerca de las victorias de Israel. Pero hubo una diferencia: No solamente escuchó; creyó. Y su fe produjo una decisión. Es importante entender esto: La fe verdadera siempre nos mueve a actuar. Rahab arriesgó su propia vida porque decidió confiar en Dios. Ella sabía que Jericó estaba enfrentando juicio, pero también creyó que el Dios de Israel podía salvarla. Entonces pidió misericordia para ella y para su familia. Los espías le dieron una señal: debía colocar un cordón escarlata en la ventana de su casa. Cuando Jericó cayó, aquella señal identificaría el lugar que debía ser protegido. ¡Qué imagen tan poderosa! Mientras la ciudad caía, Dios estaba salvando una familia que había creído. Rahab había vivido en Jericó, pero su fe la llevó a salir espiritualmente de aquella vieja vida. Y aquí está la buena noticia: Dios no te define por donde comenzaste. Rahab tenía un pasado. Pero Dios tenía un propósito. Y cuando leemos el Nuevo Testamento descubrimos algo maravilloso. Rahab aparece en Mateo 1, en la genealogía de Jesucristo. ¡La mujer que tenía un pasado complicado terminó formando parte de la línea familiar de Jesús! ¿Puedes imaginarlo? Los hombres podían recordar su pasado. Pero Dios estaba escribiendo su futuro. Y eso es exactamente lo que Jesús hace con nosotros. Quizás tú llegaste a este mensaje pensando que tus errores son demasiado grandes. Quizás llevas culpa. Quizás has tomado decisiones de las que te arrepientes. Pero escucha: Tu pasado puede explicar de dónde vienes, pero no tiene que determinar hacia dónde vas cuando entregas tu vida a Cristo. Jesús vino precisamente por personas necesitadas de gracia. En la cruz, Él tomó nuestro pecado, nuestra culpa y nuestra vergüenza. Murió por nosotros y resucitó para darnos una nueva vida. Rahab creyó y actuó. Hoy tú también tienes que tomar una decisión No basta con escuchar acerca de Jesús. Tienes que creer en Él. Si hoy reconoces que necesitas salvación, puedes entregarle tu vida. Dile: “Jesús, perdona mis pecados. Cambia mi corazón. Te entrego mi pasado y mi futuro. Quiero seguirte.” Y cuando Cristo entra en una vida, el pasado deja de ser una condena y se convierte en un testimonio de Su gracia. 🙏 Oración Señor Jesús, gracias porque Tu gracia es más grande que nuestro pasado. Hoy te entregamos nuestros errores, nuestras heridas y nuestra culpa. Perdona nuestros pecados y haznos nuevas criaturas. Ayuda a cada persona que escucha este mensaje a creer en Ti y a caminar por fe. Y que nuestras vidas puedan convertirse en testimonios de que Tu gracia todavía transforma. En el nombre de Jesús. Amén!!! 🌷 Frase final “Tu pasado puede ser parte de tu historia, pero cuando Cristo entra en tu vida, ya no tiene la última palabra.”💗

  7. Aug 9

    Números 12:1-15🌷

    Hola🌸 🎙️ DÍA 8 — MIRIAM «LA MUJER QUE APRENDIÓ QUE LA HUMILDAD AGRADA A DIOS» Texto base: Números 12: 1-15 Hay momentos en los que Dios no necesita cambiar nuestras circunstancias; necesita trabajar primero con nuestro corazón. Miriam era una mujer extraordinaria. Desde niña mostró valentía. Fue ella quien vigiló a su hermano Moisés cuando estaba en aquella pequeña arquilla sobre el río. Más adelante se convirtió en profetisa y dirigió a las mujeres de Israel en adoración después de cruzar el Mar Rojo. Pero Números 12 nos demuestra algo importante: Podemos ser usados por Dios y todavía tener áreas del corazón que necesitan ser transformadas. La Biblia dice que Miriam y Aarón hablaron contra Moisés. Pero detrás de sus palabras apareció un problema aún más profundo. Dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” Ya no era solamente lo que Moisés había hecho. Era comparación. Era orgullo. Era cuestionar la posición que Dios le había dado a otro. Y entonces la Escritura hace una declaración sorprendente: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.” Mientras Miriam cuestionaba, Moisés permanecía humilde. Y Dios escuchó. Mujer que me escuchas, debemos cuidar nuestro corazón. Porque podemos orar, predicar, cantar, servir en la iglesia y aun así permitir que entren la comparación, los celos o el orgullo. A veces comenzamos preguntándonos: “¿Por qué ella y no yo?” “¿Por qué reconocieron a esa persona?” “¿Por qué Dios le dio esa oportunidad?” Pero cuando comenzamos a compararnos, dejamos de agradecer por lo que Dios está haciendo en nosotros. No necesitas tener el lugar de otra persona para cumplir tu propósito. Dios tiene un llamado para ti. Miriam fue disciplinada y quedó leprosa. Pero aquí encontramos algo hermoso. La disciplina de Dios no tenía como propósito destruirla, sino corregirla. Moisés, precisamente aquel contra quien ella había hablado, clamó: “Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.” ¡Qué ejemplo de humildad! Moisés no celebró su caída. Oró por su restauración. Después de siete días, Miriam pudo regresar al campamento. Su error no fue el final de su historia. Dios la corrigió, pero también la restauró. Y quizás hoy Dios está señalando algo en nuestro corazón. Orgullo. Envidia. Comparación. Palabras que no debimos decir. No huyas de Su corrección. Permite que Dios transforme tu corazón. Porque la verdadera grandeza en el Reino de Dios no consiste en ser más importante que otros. Jesús dijo que quien quiera hacerse grande debe aprender a servir. Y Cristo mismo nos dio el ejemplo perfecto. Siendo el Hijo de Dios, se humilló, vino a este mundo y fue hasta la cruz para salvarnos. Murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna. Quizás hoy necesitas acercarte a Jesús y decir: “Señor, cambia mi corazón.” Si nunca has entregado tu vida a Cristo, hoy puedes hacerlo. Y si ya le sirves, pídele que quite todo orgullo y te dé un espíritu humilde. Porque podemos tener talentos, posiciones y reconocimiento… pero lo que verdaderamente agrada a Dios es un corazón humilde delante de Él. 🙏 Oración Señor, examina nuestro corazón. Quita de nosotros todo orgullo, comparación y envidia. Enséñanos a celebrar lo que haces en otros y a caminar humildemente en el propósito que tienes para nosotros. Y si alguien aún no conoce a Jesús, que hoy se arrepienta, abra su corazón y reciba Tu salvación. Haznos más semejantes a Cristo. En el nombre de Jesús. Amén!!! 🌷 Frase final “No necesitas ocupar el lugar de otra persona; solo necesitas caminar humildemente en el lugar donde Dios te puso.”🌷

  8. Aug 9

    Éxodo 2:1-10🌷

    🌷DÍA 7 — JOCABED «UNA MADRE QUE VENCIÓ EL MIEDO» Texto base: Éxodo 2:1-10 Hay momentos en los que el miedo toca la puerta de una madre. Miedo por sus hijos. Miedo por su futuro. Miedo porque hay situaciones que no puede controlar. Jocabed conoció ese miedo. Ella vivió en Egipto durante un tiempo terrible para el pueblo de Israel. Faraón había ordenado que todo niño hebreo que naciera fuera echado al río. Entonces Jocabed dio a luz a un hermoso niño. La Biblia dice que cuando vio que era hermoso, lo escondió durante tres meses. Imagínate aquella madre. Cada ruido podía significar peligro. Cada día podía ser el último con su hijo. Seguramente sintió miedo. Pero Jocabed nos enseña algo poderoso: Tener fe no significa que nunca sentirás miedo; significa que no permitirás que el miedo tenga la última palabra. Cuando ya no pudo esconderlo más, preparó una pequeña arquilla, la cubrió cuidadosamente, colocó dentro al niño y la puso entre los juncos a la orilla del río. Jocabed llegó al lugar donde muchas madres hemos llegado alguna vez: Ya no podía controlar lo que ocurriría. Entonces tuvo que soltar. Y confiar. Hay momentos en los que tienes que hacer todo lo que está en tus manos y después decir: “Señor, ahora lo pongo en las tuyas.” Quizás hoy estás preocupada por un hijo. Has hablado con él. Has aconsejado. Has orado. Has llorado. Y parece que nada cambia. Mamá, escucha: Tus brazos tienen límites, pero los brazos de Dios no. Lo que tú no puedes alcanzar, Dios sí puede alcanzarlo. Jocabed puso aquella arquilla en el río sin saber que Dios ya estaba preparando el próximo capítulo. La hija de Faraón encontró al niño. Y entonces ocurrió algo extraordinario. Miriam, la hermana del pequeño, ofreció buscar una mujer hebrea para criarlo. ¿Y a quién buscaron? ¡A su propia madre! Jocabed entregó a su hijo creyendo que podía perderlo, y Dios se lo devolvió para que lo criara. ¡Qué Dios tan maravilloso! Pero había algo aún mayor. Aquel niño se llamaría Moisés. Jocabed estaba protegiendo a su bebé, pero Dios estaba preservando al futuro libertador de Israel. Ella veía un niño en una canasta. Dios veía un libertador. Ella veía un río peligroso. Dios veía un camino hacia el propósito. Mujer, quizás hoy estás mirando una situación y solamente ves peligro. Pero Dios puede estar escribiendo una historia que todavía no alcanzas a comprender. No permitas que el miedo gobierne tu casa. Ora por tus hijos. Cúbrelos con la Palabra. Entrégalos diariamente al Señor y confía. Y hay algo más. Así como Moisés fue preservado para traer liberación a Israel, muchos años después Dios envió a un Libertador mucho mayor: Jesucristo. Jesús vino para libertarnos, no de Faraón, sino del pecado. Murió en la cruz y resucitó para ofrecernos salvación y vida eterna. Si todavía no conoces a Jesús, hoy puedes entregarle tu vida. Y si eres una madre preocupada por tus hijos, declara hoy: “No criaré a mis hijos desde el miedo. Los pondré en las manos de Dios.” Señor, te presentamos nuestros hijos. Donde nuestras manos no alcanzan, alcanza Tú. Protégelos, dirígelos y cumple Tu propósito en ellos. Y a quien todavía no conoce a Cristo, llévalo hoy al arrepentimiento y a la salvación. Cambia nuestro miedo por fe. En el nombre de Jesús. Amén. “Lo que una madre coloca por fe en las manos de Dios, puede convertirse en parte de un propósito mucho mayor de lo que ella puede ver.” 🌷

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