La Escafandra 2020

Pepelu de Alcala

Episodios históricos olvidados, inolvidables o relevantes y biografías de personajes significativos de la historia universal. laescafandra2020@gmail.com

  1. Oct 26

    Palomares: La lluvia de bombas atómicas

    El 17 de enero de 1966, a primera hora de la mañana, en el cielo sobre la costa de Almería se registró una gran explosión. Un formidable trueno asustó a los pocos vecinos que lo escucharon. Parecía el fin del mundo. Un bombardero norteamericano B-52, cargado con cuatro armas termonucleares de más de un megatón cada una, colisionó en el aire con su avión nodriza. En segundos, siete de los once tripulantes perecieron en medio de una bola de fuego que se vio desde kilómetros de distancia. Y luego, las cuatro bombas atómicas cayeron descontroladas desde el cielo hacia los campos de tomates de Palomares. Un agricultor local, Pedro Alarcón, estaba regresando a casa con sus nietos cuando vio caer los primeros restos incandescentes. "Los niños lloraban. Quedé paralizado de miedo. Una piedra me golpeó en el estómago; pensé que había muerto", recordaría años después. No sabía entonces que acababa de vivir uno de los momentos más peligrosos de la historia de España. No sabía que su tierra acababa de convertirse en peligrosamente radiactiva. No sabía que esa mañana cambiaría su vida y la de todos los vecinos de Palomares para siempre. Lo que vendría después sería aún más inquietante: una operación de alcance global para recuperar las armas nucleares estadounidenses perdidas en territorio español; miles de militares invadieron pueblos andaluces en medio del secretismo absoluto del régimen de Franco. Había que ocultar la verdad al precio que fuese. Nadie podía saber lo que allí había sucedido. Y esa decisión definiría la historia de Palomares durante los siguientes sesenta años. Cuando los gobiernos norteamericano y español comprendieron la magnitud del desastre, montaron una escena que se convertiría en uno de los mayores episodios de propaganda política del siglo XX. La opinión pública internacional comenzaba a preguntarse qué estaba pasando en esa costa española. El creciente turismo de playa estaba en riesgo por los rumores cada vez más abundantes. La confianza en las instituciones se tambaleaba. Entonces, Manuel Fraga, el superministro del régimen franquista, se puso un bañador y se lanzó al agua en Palomares ante las cámaras en una de las escenas más icónicas de la España contemporánea. Y lo hizo acompañado del embajador norteamericano. "Si Fraga se baña y no le pasa nada, nosotros también nos podemos bañar", fue el mensaje. Un mensaje que tranquilizó a millones de españoles. El problema era que ese mensaje era una absoluta mentira. Porque mientras Fraga posaba para las cámaras, a apenas cincuenta kilómetros, nueve kilos de plutonio radiactivo seguían esparcidos por los campos almerienses. Mientras el mundo veía la foto del ministro en bañador, Palomares se estaba transformando en un laboratorio humano de la era nuclear sin que sus habitantes lo supieran. Sin su consentimiento. Sesenta años después, ese plutonio sigue ahí. Y se está transformando en americio, un elemento aún más peligroso. Las promesas de Clinton, Kerry, Sánchez y Biden de limpiar la zona han quedado en el olvido. Y ahora, nuevos planes para construir mil seiscientas viviendas en la zona, amenazan con remover esa contaminación radiactiva que ha permanecido enterrada durante casi dos generaciones. En este episodio conoceremos la verdadera historia de Palomares. La historia alejada de la propaganda protagonizada por la gente común que se enfrentó a una amenaza invisible. La de los pescadores que rescataron a pilotos estadounidenses con las manos desnudas, sin saber si estaban en contacto con la peligrosa radiación. La de los agricultores cuya tierra quedó envenenada. La de los científicos que estudiaban en secreto la evolución médica de la población. La de los políticos que eligieron mantener el silencio. Y la de una comunidad que, sesenta años después, sigue viviendo a la sombra de una bomba que nunca fue completamente desactivada. Hoy La Escafandra 2020 viaja hasta la segunda mitad del siglo XX español. La España de Franco se había convertido en un valioso aliado de los Estados Unidos en la Guerra Fría que estaba librando el bloque occidental contra la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. Esta es la historia de las bombas nucleares perdidas en Palomares. Una historia en la que el pode r impuso su relato haciendo que los ciudadanos de a pie pagasen el precio de unas decisiones tomadas a sus espaldas. ¿Qué sucedió realmente en Palomares? ¿Por qué ese pequeño pueblo almeriense se convirtió en el epicentro de uno de los grandes secretos de Estado de la Guerra Fría europea?

    Palomares: La lluvia de bombas atómicas
  2. Sep 17

    Lope de Vega. El asombroso Fénix de los ingenios

    Pocas veces en la historia de la literatura un solo hombre ha condensado tanto talento, tanta vitalidad y tantas contradicciones como Lope de Vega. Si su vida fuera una novela, no nos la creeríamos. Seguramente nos quejaríamos de la excesiva imaginación de su autor. Demasiados amores y escándalos para una vida, diríamos. Lope nació en Madrid en 1562, en una familia humilde, pero pronto se ganó un lugar entre sus contemporáneos que le apodaron con admiración el “Fénix de los Ingenios” por su capacidad inagotable de crear. Miguel de Cervantes, con un punto de ironía y de respeto, lo bautizó como “Monstruo de la Naturaleza”. Mientras Cervantes moría pobre y casi olvidado, el entierro de Lope en 1635 fue un acontecimiento extraordinario. Todo Madrid se volcó para despedirlo. Se escribieron decenas de epitafios, y su fama, tras su muerte, se extendió como la de un héroe popular. Y era un simple poeta. Su discípulo Juan Pérez de Montalbán lo definió con una cascada de títulos grandilocuentes: «portento del orbe, gloria de la nación, oráculo de la lengua, príncipe de los versos, Orfeo de las ciencias, Apolo de las Musas…». Y lo cierto es que Lope fue todo eso y más. Durante su apasionante vida fue desterrado, encarcelado, ridiculizado, perseguido y envidiado. Amó con furia, escribió con urgencia y pasión y vivió siempre al límite. Reformó el teatro español con su famosa “comedia nueva”, rompiendo las rígidas normas clásicas mezclando lo trágico con lo cómico y lo culto con lo popular. Creó un teatro vivo, cercano a la gente, donde cabían tanto los humildes pero dignos labradores de Fuenteovejuna como los enredos cortesanos de El perro del hortelano. Se calcula que escribió unas mil ochocientas comedias, tres mil sonetos, y varias epopeyas, novelas y poemas pastoriles. Su pluma parecía no conocer descanso. Era una fuente inagotable de versos en los que plasmar su desbordante imaginación. Pero detrás del genio se escondía el hombre. Y ese hombre vivió con la misma intensidad con la que escribía: fue un enamorado incansable, capaz de llenar páginas enteras de versos apasionados para cada una de sus musas. Pero también fue un polemista feroz, desterrado por sus escritos contra antiguos amores y rivales. Supo ganarse amigos leales como Quevedo, y también enemigos implacables como Góngora. Buscó siempre el reconocimiento de la corte, pero nunca llegó a alcanzar el favor y el reconocimiento real que tanto deseaba. Su vida fue un torbellino de amores tempestuosos, de éxitos teatrales apabullantes y de frustraciones personales dramáticas. Y, sin embargo, en todo ese tumulto, Lope mantuvo siempre la cercanía con el pueblo: fue, como dirían después, “el poeta más popular de toda la literatura española”. Hoy La Escafandra 2020 viaja hasta el siglo de oro español para conocer al poeta más fértil y brillante de la literatura española, al escritor teatral que cambió las reglas de los escenarios, al hombre encerrado en un torbellino amoroso que vivió como nadie sus pasiones. Vamos a conocer la vida y la obra de Lope de Vega, un auténtico folletín lleno de amores, engaños, alegrías, persecuciones… todo ello encarnado en el escritor que mejor representa la España del Siglo de Oro, con todas sus grandezas… y con todas sus contradicciones. Es la historia de un hombre impulsivo, contradictorio, excesivo, que tomó decisiones que hoy nos parecerían absurdas… y que, aun así, —o quizá por eso— dejó algunas de las páginas más vivas, más humanas y más memorables de nuestra literatura.

    Lope de Vega. El asombroso Fénix de los ingenios
  3. Jul 16

    Hernán Cortés, la figura y el mito

    A comienzos del siglo XVI, el planeta vivía una transformación profunda. Los océanos, antaño barreras infranqueables, eran ahora caminos abiertos hacia un mundo desconocido lleno de promesas de riqueza y de gloria. España había llegado a América apenas unas décadas antes, y cada expedición ampliaba los límites del mundo hasta donde nadie había podido imaginar. En ese contexto, un hidalgo extremeño, sin grandes títulos ni fortuna heredada, decidió emprender una expedición que parecía casi imposible: internarse en un territorio vasto y desconocido, gobernado por uno de los imperios más poderosos del continente. Ese hombre era Hernán Cortés. Pero ¿Quién fue realmente Hernán Cortés? ¿Un aventurero ambicioso en busca de gloria? ¿Un estratega excepcional capaz de cambiar el destino de todo un continente? ¿O una figura histórica mucho más compleja, situada en el cruce entre dos mundos que estaban a punto de encontrarse? ¿Cómo pudo un puñado de hombres derrotar a un imperio que tenía bajo su control a millones de personas y a decenas de tribus? ¿Qué papel jugaron la diplomacia, las alianzas indígenas, la tecnología militar o incluso las enfermedades llegadas de Europa? La figura de Hernán Cortés se encuentra en el centro de uno de los episodios más decisivos de la historia. Su expedición transformó el destino de Mesoamérica y cambió para siempre la historia de España, de América y del propio mundo. Comprender quién fue Cortés y cómo actuó nos permite entender mejor el momento en el que dos civilizaciones se encontraron de forma dramática, con consecuencias que todavía hoy siguen marcando nuestra historia. Hoy vamos a acercarnos a ese personaje fascinante y controvertido. Un hombre capaz de tomar decisiones audaces, de maniobrar entre aliados y enemigos, y de protagonizar una de las campañas más extraordinarias que recuerda la historia. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta el final del siglo XV y el principio del XVI para conocer a uno de los personajes más influyentes en la historia de la Humanidad. Este es Hernán Cortés y esta es su historia.

    Hernán Cortés, la figura y el mito
  4. Jul 1

    Espartaco, un esclavo contra Roma

    En el año 71 antes de Cristo, Roma era la potencia hegemónica en el Mediterráneo. Su dominio se extendía desde Hispania hasta Siria, sus legiones eran prácticamente invencibles y su riqueza incomparable. Había conquistado el mundo conocido mediante la fuerza de sus armas y la sofisticación de sus instituciones. Y, sin embargo, en ese mismo año, una figura que apenas unos años antes no era nadie más que un gladiador cautivo en una escuela de entrenamiento de la provincia de Campania, logró convertirse en una auténtica pesadilla para la República. Era Espartaco, un gladiador esclavo tracio. Espartaco era alguien absolutamente insignificante. Un esclavo. Pertenecía a la categoría más baja de la sociedad romana. Un esclavo destinado a morir en la arena de un anfiteatro para entretenimiento de las masas. Su existencia no contaba para nada en el cálculo político de Roma. Ser esclavo era como ser un objeto que pertenecía a su dueño que podía hacer con él lo que quisiera. Millones de esclavos trabajaban en los grandes latifundios agrícolas de las familias patricias, en sus casas, en los puertos, en los mercados. Eran seres invisibles, intercambiables, desechables. Pero durante dos años, este hombre al que Roma consideraba un objeto sin valor, reclutó a decenas de miles de desesperados como él y mantuvo en jaque a la potencia más poderosa del mundo. Derrotó repetidamente a las legiones romanas e hizo tambalear toda la estructura de poder de la capital del mundo conocido. Una pequeña chispa en la base de la pirámide social romana se convirtió en un incendio que amenazaba con destruir todo el edificio. Pero lo verdaderamente notable no era simplemente que un esclavo se rebelara. La historia de Roma está salpicada de revueltas de esclavos. Lo extraordinario es que Espartaco comprendió algo fundamental. Los esclavos se habían convertido en indispensables. Y era precisamente esa característica de la esclavitud lo que convertía a Roma en una ciudad vulnerable. La ciudad eterna, con toda su potencia militar y política, reposaba sobre los hombros de sus esclavos. Millones de hombres y mujeres que se afanaban cada día en silencio, que vivían en las sombras, que cumplían todos los deseos de sus amos. La economía, la comodidad de las familias, el dominio de la república sobre su imperio dependía completamente de un sistema que funcionaba sólo mientras los esclavos aceptaran su condición. Espartaco se había educado entre armas, sangre y muerte en la arena y, entre combate y combate, descubrió una verdad que todos pretendían ignorar: la máquina de Roma era poderosa, pero frágil. Sus legiones podían ser vencidas. Sus ciudadanos ricos y poderosos eran vulnerables precisamente por esa dependencia total de sus esclavos. Y durante dos años vertiginosos, logró que decenas de miles de hombres creyeran en la posibilidad de lo imposible. Tal vez pudieran derrotar a Roma y recuperar la libertad. Esta es la historia de cómo el más pequeño de los hombres llegó a representar la amenaza más peligrosa para la República romana después del genial Aníbal. Es la historia de un hombre que llegó a comprender la fragilidad del imperio más poderoso de su tiempo. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta el siglo I antes de Cristo para conocer la apasionante vida de Espartaco y de los esclavos que le siguieron. Hombres abandonados por la fortuna que, como un fugaz y sangriento cometa, arrasaron la vida de Roma para cambiar su historia.

    Espartaco, un esclavo contra Roma
  5. Jun 3

    La Odisea, el viaje infinito

    Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el Ponto, mientras procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Diosa, hija de Zeus, cuéntanos parte de sus andanzas. La Odisea de Homero se ha mantenido en el corazón de la tradición occidental como una obra que ha sobrevivido al tiempo y las generaciones. Desde que Homero la compuso en el siglo VIII a. C., la Odisea ha desbordado la categoría de texto clásico para convertirse en un espejo donde repetidamente se asoman, se reconocen y también se interrogan los lectores de múltiples culturas. ¿Qué es lo que hace que una historia sobreviva más de dos mil años? ¿Qué fuerza misteriosa la mantiene viva cuando los imperios caen, las lenguas cambian, las ciudades se hunden y los dioses se olvidan? ¿Por qué seguimos hablando de Odiseo, rey de Ítaca, cuando ya no creemos en cíclopes ni en hechiceras? ¿Qué hay en su viaje que todavía nos interpela, que aún nos conmueve como si hablara de nosotros mismos? Si en la Ilíada Homero nos ofrecía el estrépito de la guerra, la cólera de los héroes y la belleza fulgurante de la muerte, en la Odisea da un paso audaz para mostrar la sensibilidad del héroe que sobrevive, que debe recomponer su identidad y su casa tras una larguísima ausencia de veinte años. La Odisea es mucho más que un relato de aventuras en el mar. Es, quizás, la primera gran novela del alma humana. Una historia que no envejece porque no habla solo de barcos, de islas o de monstruos, sino de esperanza, astucia, dolor, lealtad, tentación, pérdida y regreso. Odiseo, o Ulises como le llamaron los romanos es el hombre de los mil recursos. Ingenioso y desconfiado por naturaleza basa su liderazgo en su mente, no en su fuerza como otros héroes. Él fue quien imaginó el famoso caballo de madera que selló la caída de Troya. Pero también el que, tras la victoria, pagó un precio altísimo: diez años errando por el mar, enfrentándose a monstruos, a dioses, a sí mismo. La Odisea es una historia de aventuras y de nostalgia. De lealtades puestas a prueba. De tentaciones que desvían del camino. ¿Quién no ha sentido alguna vez que la vida le lanza tormentas, cíclopes, cantos de sirenas? En el fondo, Odiseo somos todos. Por eso esta gran epopeya sigue viva. Sus episodios forman parte del imaginario colectivo –el Cíclope Polifemo, Circe la Hechicera, las Sirenas y sus canciones, el dolor de Penélope, el crecimiento de Telémaco. ¿Quién no ha sentido alguna vez que ha perdido el rumbo? ¿Quién no ha querido volver a casa, al lugar donde todo tiene sentido? ¿Y quién, como Odiseo, no ha tenido que disfrazarse para sobrevivir, callar para esperar el momento justo, o fingir debilidad mientras tejía su venganza? Y mientras él lucha por volver, en Ítaca su esposa Penélope resiste, tejiendo y destejiendo un sudario para no ceder a los pretendientes que asaltan su casa. En estos versos hay magia, hechiceras que convierten hombres en cerdos, ninfas inmortales que ofrecen juventud eterna, islas donde el tiempo se detiene… pero también hay un mensaje muy humano. El verdadero héroe es el que regresa tras superar todas las adversidades y distracciones. El que no olvida quién es ni de dónde viene. Desde que Homero la escribió hace casi tres mil años, la Odisea ha fascinado y conmovido a sucesivas generaciones de lectores. Es un espejo en el que cada época y cada individuo se vuelven a preguntar por su identidad y por el sentido de sus vidas Odiseo es tan solo un ser humano que sobrevive errando, equivocándose, disfrazándose y volviendo a empezar. Es la épica de la fragilidad y la tenacidad humana. Homero convierte el antiguo mito del héroe en una narración profundamente moderna y universal. Nos enseña que regresar nunca es volver al punto de partida. El viaje transforma al viajero, el tiempo, al mundo. El hogar, la familia y los afectos son tan complejos, frágiles y esenciales como cualquier guerra. Por eso la Odisea sortea el paso de los siglos y las modas. Porque no sólo nos cuenta la historia de la vuelta a Ítaca, sino que pone en juego las preguntas perennes: ¿Dónde está nuestro verdadero lugar? ¿Cuánto de nosotros sobrevive después de la tormenta? Poetas, artistas, filósofos y novelistas —de Virgilio a Joyce, de Dante a Borges— han encontrado en sus versos una guía existencial para explorar el sentido del viaje y el valor de la palabra y de la inteligencia. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta los mares situados más allá de nuestro tiempo para conocer la increíble historia del astuto Odiseo, un héroe legendario capaz de superar a los mismos dioses.

    La Odisea, el viaje infinito
  6. Apr 30

    Calígula, el dios loco de Roma

    Roma, siglo I después de Cristo. La ciudad más poderosa del mundo se mueve entre el esplendor y lujo de sus edificios y el pavor de sus ciudadanos hacia su joven emperador. Millones de súbditos se someten a la voluntad de un solo hombre. Es el año 37. Ese hombre es un joven de apenas veinticuatro años. Se llama Cayo Julio César Germánico, pero todos lo conocen por un apodo infantil: Calígula, el niño de las botitas. Durante unos meses, Roma pareció renacer bajo su gobierno. El joven emperador, hijo del popular general Germánico, fue aclamado como un salvador tras los años oscuros de su predecesor Tiberio. Pero pronto las expectativas comenzarían a desvanecerse. Calígula se convirtió en un príncipe que se creía divino y se entregaba a excesos inimaginables. Pronto convertiría el poder en un juego cruel y despiadado. ¿Quién fue en realidad Calígula? ¿El joven carismático que devolvió la esperanza a Roma? ¿El tirano sanguinario que la tradición convirtió en un monstruo? ¿O tal vez ambas cosas a la vez? Las fuentes antiguas hablaron de él con fascinación y con repulsión. Los historiadores modernos intentan discernir cuánto hay de verdad y cuánto de propaganda en esos relatos. Y entre su locura y sus actos políticos, su figura sigue planteando un enigma que aún no se ha aclarado lo suficiente. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta los inicios del siglo I después de Cristo para desentrañar ese enigma. Allí conoceremos las anécdotas escandalosas que protagonizó e intentaremos comprender cómo un príncipe tan amado y deseado pudo transformarse en el mayor ejemplo de desmesura y tiranía. Cómo pudo pasar de ser un gobernante amado por todos a un monstruo sádico y cruel. Su gobierno duró tan solo cuatro años, pero todavía hoy le recordamos y su nombre no puede faltar en la lista de emperadores romanos famosos por su crueldad y sus extravagancias. Viajemos a la esplendorosa Roma y conozcamos a este famoso emperador. Este es Calígula y esta es su historia.

    Calígula, el dios loco de Roma
  7. Apr 3

    Marco Polo: el viajero del fin del mundo

    Si pudiéramos cerrar los ojos por un instante y viajar al siglo XIII, veríamos que el mundo era todavía un misterio por descubrir y que los mapas tenían grandes extensiones marcadas con la denominación genérica de “terra incógnita”. En este mundo de incertidumbre y misterios, surgió la figura de Marco Polo, un joven veneciano cuya curiosidad no conocía fronteras. Su nombre ha pasado a la historia unido a los de aventura y descubrimiento. En la historia de la exploración y los viajes, pocos nombres brillan con tanta intensidad como el suyo. Nacido en Venecia en 1254, este intrépido mercader y explorador se convertiría en una de las figuras más fascinantes y controvertidas de la Edad Media. Su épico viaje a través de Asia, que duró 24 años, amplió los horizontes geográficos de Europa y transformó la comprensión occidental de las culturas y civilizaciones orientales. Marco Polo fue un puente entre dos civilizaciones tan distintas como Europa y el Imperio Mongol. Llevado por su pasión por el conocimiento, se lanzó a cruzar desiertos, escalar montañas y navegar ríos interminables. Él siempre se definió como un mercader curioso, pero el relato de sus viajes nos muestra a alguien que supo escuchar y observar, que fue testigo de culturas fascinantes y supo plasmar su experiencia en páginas que, siglos después, todavía nos inspiran. Marco Polo creció en una Venecia próspera, en el apogeo de su poder como república marítima. La ciudad era un hervidero de comercio y cultura, donde las especias, sedas y joyas de Oriente se mezclaban con las ideas y el arte de la baja Edad Media europea. Fue en este ambiente cosmopolita donde el joven Marco desarrolló su curiosidad por el mundo más allá de las lagunas venecianas. El viaje que lo haría famoso comenzaría en 1271, cuando Marco, con solo 17 años, se unió a su padre Niccolò y a su tío Maffeo en una expedición a la corte del gran Kublai Khan, emperador de China. Lo que siguió fue una odisea de proporciones épicas, que llevó a los Polo a través de desiertos abrasadores, montañas imponentes y culturas exóticas hasta llegar al corazón del Imperio Mongol. Durante su estancia en China, que se prolongó casi 17 años, Marco Polo no solo se ganó el favor del Khan, sino que también viajó extensamente por el vasto imperio, observando y registrando meticulosamente todo lo que veía. Sus descripciones de ciudades magníficas, tecnologías avanzadas y costumbres extrañas cautivaron la imaginación europea a su regreso. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta los confines del mundo conocido en el siglo XIII, allí conoceremos la inigualable vida de este veneciano que abrió fronteras hasta entonces desconocidas. Este es Marco Polo y esta es su historia.

    Marco Polo: el viajero del fin del mundo
  8. Mar 7

    Alfonso XIII, su ambición y su caída

    El 17 de mayo de 1902, la ciudad de Madrid amaneció engalanada y preparada para una gran celebración. Había arcos de flores en la calle Mayor y balcones adornados con tapices. En el ambiente se notaba la esperanza de toda una nación. Esa mañana, España coronaba como rey a un adolescente de dieciséis años, un joven cuya mayor afición en ese momento era jugar al tenis en los jardines del Palacio Real. Un joven que ya era rey desde el día en que nació. Alfonso XIII juraba la Constitución y asumía el timón de un país agotado. Vino al mundo con una corona y con una carga pesada. Cuando abrió los ojos en 1886, su padre, Alfonso XII, ya llevaba seis meses muerto. “Nació rey y huérfano”, escribió un cronista de la época. Y esa circunstancia —la de la soledad del poder— lo acompañaría siempre. El país que heredaba era la España del Desastre del 98, la que había perdido Cuba, Filipinas y Puerto Rico; la que se preguntaba si aún quedaba algo digno de llamarse “imperio”. El regeneracionismo era la palabra de moda. Se hablaba de “curar la patria enferma”, de “cerrar la herida colonial” y muchos pensaron que el joven rey podría ser la mejor medicina para esa cura. La prensa liberal celebró su jura con entusiasmo: “Ha nacido con la suerte de España sobre los hombros”, tituló El Imparcial. Pero otros no se fiaban . Los republicanos advertían que, bajo el brillante uniforme de húsar, se escondía el heredero de un sistema corrupto. Como ironizó un diputado: “No necesitamos un rey joven, sino un cirujano viejo”. Y, sin embargo, el chico caía bien. Era simpático, hablador y tenía una energía desbordante. Enseguida se ganó la fama de monarca inquieto. No soportaba quedarse en el despacho: visitaba cuarteles, presidía desfiles, se colaba en los talleres donde se reparaban locomotoras, y hasta se escapaba para conducir su propio automóvil por las calles de Madrid. Un comportamiento tan inaudito como escandaloso para un rey de principios de siglo. A los pocos meses de subir al trono, ya había hecho su primera “fechoría política”: corregir un proyecto de ley de su ministro de Fomento con su propia letra, señalando lo que consideraba “mejor redacción”. El historiador Morgan C. Hall lo describe así: “En los años inmediatamente posteriores a su mayoría de edad, Alfonso aparecía como un adolescente enérgico, popular y extrovertido, aunque propenso a enfrentarse con sus ministros. Le faltaba experiencia, pero le sobraban ganas de intervenir. En su entusiasmo por participar en los asuntos públicos, rompía con la reserva que debía caracterizar a un monarca constitucional. Su madre, la regente María Cristina de Habsburgo, había intentado inculcarle prudencia. Le recordaba constantemente que el rey debía “reinar, pero no gobernar”. Pero Alfonso era testarudo y lo interpretaba al revés: quería reinar precisamente gobernando. En palacio empezaron pronto las murmuraciones. Algunos lo admiraban por su carácter decidido; otros temían que aquella impaciencia acabara en desastre. Un oficial de la Casa Real escribió con sorna: “El rey no conoce el descanso: manda, opina, reforma… y si no hay motivo de crisis, la provoca.” Y es que Alfonso XIII no era un rey decorativo. Quería mandar. Se veía a sí mismo como el salvador de una España decadente, una especie de árbitro supremo que podría regenerar la vida política. Lo decía él mismo: “He nacido con el deber de hacer grande a mi patria.” Pero ¿hasta qué punto podía un rey moderno salvar un país con métodos del siglo anterior? ¿Dónde terminaba el patriotismo y comenzaba el intervencionismo? ¿Y qué podría ocurrir cuando un monarca se creía más necesario que la Constitución que juró proteger? El joven Alfonso aún no lo sabía, pero esas preguntas serían el hilo conductor de toda su vida. Su reinado sería el laboratorio donde España intentó modernizarse… y fracasó. Entre las murmuraciones de los militares en los cuarteles y los chascarrillos de los politicastros en los cafés, entre ministros domesticados y militares impacientes, Alfonso XIII trataría de ser el rey regenerador, el rey patriota, el rey salvador. Sin embargo, acabaría siendo el rey que perdió su reino y que acabó sus días en el exilio sin tener claro qué sería de su dinastía. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta principios del siglo XX donde una España convulsa y abatida buscaba encontrar un líder que la condujera a la modernidad. Este es Alfonso XIII y esta es su historia.

    Alfonso XIII, su ambición y su caída

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