Totus Pódcast

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¡Vótame en los Premios iVoox 2026! TOTUS PÓDCAST es un proyecto de dos amigos con intereses muy variados y bizarros. Nos encanta la historia, pero la historia escrita por anécdotas y personajes que suelen escapar a los libros de la historia canónica. Nos encanta la literatura, el cine, el arte Y el humor. No sabemos hacer nada con el ceño fruncido (a no ser que estemos comiendo limones o mazapán). TOTUS PÓDCAST es entretenimiento. Nuestro objetivo es pasarlo bien. Hablamos sobre lo que nos gusta y lo hacemos desde la alegría. No estamos aquí por la violencia inherente al sistema. TOTUS PÓDCAST será también lo que tú quieras que sea. Una de nuestras metas es crear una comunidad de gente que quiera compartir desde la alegría y no desde el resentimiento. Compartir historias, anécdotas, ideas, chicharrones. ¡Lo que sea! ¿Cómo nos puedes apoyar? Además de escucharnos y seguirnos en nuestras redes sociales, también puedes hacerte fan aquí en iVoox (¡desde solo 1,99 al mes!). De esta manera también accederás a episodios exclusivos y... ¡a otras ventajas! ¡Gracias por acordarte de TOTUS PÓDCAST!

  1. 3d ago

    El primero en no llegar

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! A comienzos del siglo XX, cuando el mundo aún tenía grandes espacios en blanco en los mapas, llegar a una cima, a un polo o a un territorio remoto era una hazaña que debía demostrarse casi únicamente con palabras. Y ahí empezaban los problemas. En el programa hablamos de Frederick Albert Cook, quien afirmó haber alcanzado la cima del monte McKinley. Pero... ¿fue el primero en llegar... o el primero en no llegar? Su relato fue celebrado durante un tiempo, aunque pronto surgieron dudas razonables. No porque la proeza fuera imposible, sino porque en aquel momento la única prueba disponible solía ser la narración del propio explorador, acompañada, con suerte, de alguna fotografía borrosa, un cuaderno de notas o el testimonio de guías locales. En aquellos años, verificar una conquista geográfica era una tarea lenta y compleja. Se analizaban diarios de expedición, se comprobaban las fechas, se contrastaban distancias y tiempos, y se comparaban descripciones del terreno con lo que otros exploradores conocían del lugar. Las fotografías, cuando existían, se estudiaban con lupa: sombras, perfiles montañosos, orientación del sol. Incluso se examinaba el estado físico del explorador a su regreso, buscando coherencia entre el esfuerzo descrito y las secuelas visibles. Precisamente para evitar aceptar relatos falsos o exagerados, las sociedades geográficas comenzaron a establecer criterios más estrictos. Se exigía documentación detallada, observaciones científicas, instrumentos calibrados, testigos cualificados y una coherencia interna que resistiera el escrutinio de expertos. No bastaba con “haber estado allí”: había que demostrarlo con método. El caso de Frederick Cook McKinley como "el primero en no llegar" era más común de lo que se piensa. Algo similar ocurrió con otros hitos discutidos de la época, como las primeras expediciones polares, donde el margen para el autoengaño (o el engaño consciente) era amplio. Hoy, sin embargo, el panorama es muy distinto. Resulta extremadamente complicado sostener un falso relato de exploración. Satélites, GPS, registros digitales, imágenes en tiempo real y datos compartidos hacen que cada paso deje rastro. Incluso en la era de la IA generativa, falsear un gran hito geográfico es casi imposible, porque llevamos en el bolsillo dispositivos capaces de registrar, localizar y verificar nuestra posición con precisión milimétrica. Podría decirse que hemos aceptado convivir con una forma cotidiana de tecnología de espionaje… voluntaria. En nuestro programa profundizamos en el caso del "primero en no llegar", porque nos recuerda que la exploración no solo trata de llegar, sino de poder demostrar que se ha llegado. Y si quieres entender cómo se construye (y se desmonta) un relato épico, este episodio de Totus Pódcast te gustará. Y si no... ¡también!

    El primero en no llegar
  2. Sep 27

    Les luthiers

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! El mundo sonaba de otra manera antes de que los instrumentos que hoy damos por sentados encontraran su forma definitiva. Durante siglos, talleres de toda Europa producían piezas únicas, irrepetibles, construidas con maderas que a veces llevaban años secándose y con técnicas que viajaban de maestro a aprendiz sin apenas dejar rastro escrito. Muchos de aquellos instrumentos (de una diversidad asombrosa) desaparecieron sin llegar a grabar su voz en ningún registro. Otros evolucionaron, se transformaron, y acabaron cediendo el paso a formas más estandarizadas, más adaptadas a los nuevos tiempos y a los nuevos oídos. Esa evolución instrumental no fue ni rápida ni sencilla. Conseguir las maderas adecuadas era, en sí mismo, toda una empresa: ciertos bosques alpinos proporcionaban abetos y arces con una densidad y una resonancia que no se encontraba en cualquier parte. El tiempo, la altitud, las condiciones del corte… todo importaba. No era raro que un constructor esperara años antes de trabajar una pieza, consciente de que apresurar ese proceso equivalía a comprometer el resultado final. Y luego estaba la cuestión del acceso. No todos los instrumentos estaban al alcance de todos. Había piezas concebidas para las cortes, para los grandes teatros, para quienes podían pagar el precio de semanas de trabajo artesanal. Otros eran más modestos, más funcionales, pensados para la música de taberna o de procesión. La distancia entre unos y otros no era solo económica: era también sonora, estética y, en cierto modo, social. En ese paisaje tan heterogéneo, algunos nombres (algunos talleres, algunas familias, algunos pueblos incluso) acabaron convirtiéndose en referencia inevitable. No porque fueran los únicos que sabían lo que hacían, sino porque lo que hicieron resistió el paso del tiempo con una solidez difícil de explicar solo por la técnica. ¡Sus instrumentos todavía suenan! En Totus Pódcast dedicamos este episodio a los constructores que marcaron la luthería occidental de manera más profunda y duradera. No son todos los que importaron, pero sí algunos de los que mejor encarnan la historia de un oficio extraordinario. Si te interesa saber de dónde viene el instrumento que has escuchado mil veces sin preguntarte quién lo inventó, este programa es para ti.

    Les luthiers
  3. Sep 20

    Sobredosis de Borgia

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Basta con pronunciar el apellido para que se activen, casi de forma automática, imágenes de intrigas, venenos, conspiraciones y pasillos oscuros del Vaticano. No es extraño, por tanto, que durante años hayamos asistido a una auténtica sobredosis de Borgia en forma de series, películas y documentales que han encontrado en esta familia un filón narrativo difícil de igualar. De ello hablamos en este programa. Alejandro VI, el papa valenciano de origen borgiano, cargó ya en vida con una fama difícil de digerir. A él y a su entorno se les atribuyeron todo tipo de excesos morales, maniobras políticas sin escrúpulos y una forma de ejercer el poder que, según sus detractores, poco tenía que ver con la espiritualidad. De ahí que la ficción audiovisual no haya podido resistirse a llevar estas historias a la pequeña y a la gran pantalla. Para muchos guionistas, no hacerlo habría sido casi una negligencia profesional. Lo curioso es que, pese a la evidente saturación temática, estas producciones consiguieron atraer un enorme interés por el público y gozaron de un éxito notable. La sobredosis de Borgia no produjo rechazo, sino adicción. Quizá porque, más allá de los nombres propios, lo que se ponía en escena era un retrato reconocible del poder en estado puro. Las historias ambientadas en el papado de Alejandro VI suelen girar en torno a unos ejes muy claros. El primero es la lucha por el control político y económico, en un momento en el que el Vaticano era una potencia más en Europa. Las alianzas cambiantes, las traiciones y los pactos secretos no eran una excepción, sino una práctica habitual tanto en Roma como en las grandes monarquías del momento. Otro tema recurrente es la frontera difusa entre lo público y lo privado. La familia, la herencia, los matrimonios estratégicos y el uso del parentesco como herramienta política aparecen una y otra vez como motores del conflicto. En ese sentido, los Borgia no fueron tan distintos de otras dinastías renacentistas, aunque su leyenda negra haya amplificado cada gesto hasta convertirlo en espectáculo. Tampoco falta la fascinación por el rumor, la sospecha y la exageración. Muchas de las barbaridades que se contaron sobre Alejandro VI y los suyos circularon en panfletos, crónicas interesadas y relatos de enemigos políticos. La ficción moderna ha heredado ese material y lo ha reinterpretado... y a menudo sin preguntarse demasiado por su veracidad histórica.

    Sobredosis de Borgia
  4. Sep 13

    Un día en las carreras

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Aunque nos guste pensar que las grandes competiciones nacen siempre del más puro espíritu deportivo, lo cierto es que casi nunca lo hacen. Y no pasa nada por decirlo. Lo importante es no confundir los intereses que rodean a un evento con el esfuerzo real de quienes lo hacen posible sobre el terreno. Hoy estamos acostumbrados a que el deporte de élite, especialmente el fútbol, esté profundamente condicionado por intereses comerciales, derechos televisivos, patrocinadores y grandes corporaciones. Eso, en ocasiones, resta protagonismo a lo que debería ser la esencia del juego: competir, mejorar y medirse con otros en igualdad de condiciones. Pero conviene recordar que esta lógica no es nueva ni mucho menos exclusiva del presente. Desde la Antigüedad, los poderosos han utilizado el deporte como escaparate. Juegos, torneos y espectáculos servían para exhibir riqueza, compensar mediocridades personales o disimular ciertas limitaciones con fastuosos despliegues económicos. Pan y circo, que dirían los romanos. El músculo financiero ha sido, muchas veces, tan importante como el físico. Esto no invalida en absoluto el mérito de los deportistas. Al contrario. Quienes compiten entrenan con rigor, se someten a una disciplina extrema y arriesgan el cuerpo en cada prueba. Eso era así hace cien años y lo sigue siendo hoy. Otra cosa es que, de vez en cuando, aparezca algún que otro masconato que intente atajar por donde no debe, pero esa es otra historia. En este contexto nace una de las competiciones más emblemáticas del deporte moderno. El origen del Tour de Francia. Pasemos un día en las carreras de esta competición de etapas interminables, carreteras imposibles y ciclistas que parecían más aventureros que atletas profesionales. Y de algún que otro masconato.

    Un día en las carreras
  5. Sep 6

    "¿Os interesan los nazis?"

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! "¿Os interesan los nazis?"... La pregunta suena provocadora, incluso incómoda, pero es solo un anzuelo. En realidad, este programa no va de glorificar uniformes ni de recrearse en la estética del horror, sino de mirar justo en la dirección contraria: la de quienes, desde las sombras, trabajaron para poner fin a la barbarie. Desde hace siglos, el espionaje ha sido una herramienta habitual para acortar guerras, debilitar al enemigo o, simplemente, sobrevivir. Antes de que existieran satélites o servicios de inteligencia con nombres rimbombantes, ya había personas dispuestas a escuchar, observar y transmitir información decisiva. En la Antigüedad, Sunzi ya advertía en El arte de la guerra que ninguna victoria era completa sin información fiable sobre el adversario. Mucho después, durante el Renacimiento, las cortes europeas se llenaron de embajadores que informaban con más detalle de lo que aparentaban en público. En el siglo XVI, los servicios de espionaje de Isabel I de Inglaterra lograron desbaratar conspiraciones internas gracias a redes de informadores y mensajes cifrados. En el mundo clásico, Roma utilizó exploradores y confidentes para mantener controladas sus fronteras y anticiparse a rebeliones. Incluso en conflictos coloniales del siglo XIX, la información obtenida por intermediarios locales resultó decisiva para inclinar la balanza. Todo esto sirve para entender mejor por qué, cuando Europa cayó en manos del nazismo, el espionaje volvió a convertirse en un recurso clave. Personas anónimas, funcionarios discretos, diplomáticos con doble agenda o simples ciudadanos se jugaron la vida para transmitir datos, facilitar huidas o sabotear estructuras de poder. El interés por estas historias no nace del morbo, sino de la necesidad de comprender cómo se combate el totalitarismo. El espionaje, como tantas otras herramientas históricas, no es heroico por sí mismo, pero puede ser decisivo cuando se pone al servicio de una causa justa. ¡No te pierdas este programa!

    "¿Os interesan los nazis?"
  6. Aug 30

    Should I Stay or Should I Go

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Desde que The Clash incluyeron esta canción en su álbum Combat Rock (1982), esta pieza ha cruzado generaciones y fronteras con una energía inagotable. Y eso tiene mucho que ver con algo que los grandes temas del punk rock saben hacer mejor que nadie: conectar de manera visceral. Lo curioso es que detrás de esa aparente sencillez suele esconderse una historia bastante más enrevesada de lo que sugiere el resultado final. Las bandas que trabajan al límite, bajo presión y con una filosofía de "hazlo y ya" no siempre documentan sus procesos con pulcritud académica. Un ejemplo claro de esto os lo contamos en nuestro episodio "Louie Louie". Al final, lo que queda es el mito, el rumor, la anécdota que circula entre fans y que, con el tiempo, adquiere entidad propia. Y en el caso de "Should I Stay or Should I Go" hay una de esas anécdotas que merece un capítulo aparte. Tiene que ver con el lenguaje, con las traducciones, con lo que sucede cuando alguien intenta trasladar una idea de un idioma a otro sin demasiado tiempo ni demasiada ayuda. Cualquiera que haya trabajado alguna vez con versiones en varios idiomas sabe que el resultado puede ir desde lo brillante hasta lo genuinamente inesperado. En esta canción, ocurrió algo que cae claramente en la segunda categoría, y que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los detalles más queridos (y más comentados) de toda la discografía del grupo. Así que... ¡no os perdáis este episodio, y escuchadlo con Totus Pódcast! Os contamos esa historia con todo el detalle que merece: el contexto de la banda, el momento en que se grabó el tema, y ese peculiar episodio lingüístico que convirtió un coro aparentemente sencillo en algo mucho más memorable de lo que nadie podía prever.

    Should I Stay or Should I Go

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¡Vótame en los Premios iVoox 2026! TOTUS PÓDCAST es un proyecto de dos amigos con intereses muy variados y bizarros. Nos encanta la historia, pero la historia escrita por anécdotas y personajes que suelen escapar a los libros de la historia canónica. Nos encanta la literatura, el cine, el arte Y el humor. No sabemos hacer nada con el ceño fruncido (a no ser que estemos comiendo limones o mazapán). TOTUS PÓDCAST es entretenimiento. Nuestro objetivo es pasarlo bien. Hablamos sobre lo que nos gusta y lo hacemos desde la alegría. No estamos aquí por la violencia inherente al sistema. TOTUS PÓDCAST será también lo que tú quieras que sea. Una de nuestras metas es crear una comunidad de gente que quiera compartir desde la alegría y no desde el resentimiento. Compartir historias, anécdotas, ideas, chicharrones. ¡Lo que sea! ¿Cómo nos puedes apoyar? Además de escucharnos y seguirnos en nuestras redes sociales, también puedes hacerte fan aquí en iVoox (¡desde solo 1,99 al mes!). De esta manera también accederás a episodios exclusivos y... ¡a otras ventajas! ¡Gracias por acordarte de TOTUS PÓDCAST!

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