Como recuperar la esperanza y sanar cuerpo y alma - Cuando la familia se rompe en silencio

Vanina Vergara

Hago estos Podcasts desde el lugar que más me costó conquistar: el presente. Y lo digo así, sin vueltas, porque me llevó casi toda una vida llegar hasta aquí. Viví siendo la hija bastón, la esposa ejemplar a costa de mí misma, la madre juzgada y cuestionada. Fui muchas cosas que no elegí ser. Y sin embargo, cada uno de esos papeles me enseñó lo que no quería repetir. No lo digo con vergüenza, lo digo con la frente alta. Soy Vanina Vergara, nací en Asunción del Paraguay tengo tres hijos que amo profundamente y está es mi vida. mailto:vergaravanina@yahoo.com

  1. No tener tribu no te hace fallida - Vanina Vergara #17

    Feb 9

    No tener tribu no te hace fallida - Vanina Vergara #17

    La esperanza también es para las ovejas negras Este es un espacio para personas que no encajan del todo. Para las que no tienen tribu, ni familia cercana, ni un lugar claro donde sentirse elegidas. Este no es un podcast para gente rodeada de amor. Es para quienes siguen de pie sin red. Y si estás acá, probablemente alguna vez te preguntaste qué hiciste mal para no tener un lugar. Hoy quiero decirte algo importante: no tener tribu no te hace fallida. Nombrar lo que casi nadie dice Hay una idea muy instalada: que si estás sola, algo en vos está mal. Que si no encajás, si no te llaman, si no te eligen, es porque fallaste como persona. Y esa idea duele. Duele mucho. Porque no solo estás sola, sino que encima te sentís defectuosa. Pero hay una verdad que casi nadie dice: hay personas que no tienen tribu no porque estén rotas, sino porque no pudieron traicionarse para pertenecer. A veces el precio de encajar es dejar de ser quien sos. Y no todo el mundo puede —o quiere— pagar eso. Oveja negra no es error Ser la oveja negra no significa ser el problema. Muchas veces significa haber dicho “no” cuando el sistema esperaba obediencia. Significa no repetir historias. No callar. No mirar para otro lado. Y eso incomoda. Las ovejas negras suelen quedar afuera porque no sostienen ficciones. Porque no encajan en moldes. Porque no hacen de cuenta que todo está bien. Y claro… eso no siempre se premia. Muchas veces se castiga con silencio, distancia o rechazo. Pero estar fuera no te vuelve menos valiosa. Y en mi experiencia Hoy quiero decir esto con honestidad: yo no tengo una tribu. No tengo una mesa llena. No tengo un grupo que me sostenga. No tengo una familia que me abrace como en las películas. Y durante mucho tiempo pensé que eso decía algo horrible sobre mí. Que si nadie se quedaba, era porque yo no merecía que se queden. Pero con el tiempo empecé a ver otra cosa. Empecé a ver que, aun sin tribu, seguía viva. Seguía sintiendo. Seguía buscando sanar. Y eso no es poco. La esperanza no siempre viene con compañía. A veces viene sola. Muy bajita. Casi invisible. No es esa esperanza de “todo va a estar bien”. Es otra. Es la esperanza de no abandonarte. De no dejar de ser vos solo para que alguien se quede. Porque pertenecer perdiéndote no es pertenecer. Es desaparecer acompañada. Y la verdadera esperanza, aunque duela, no te pide que dejes de ser quien sos. No tener tribu duele. No lo romantizo. Hay días en que pesa. En que te preguntás si siempre va a ser así. Pero hay algo que quiero que escuches bien: tu valor no se mide por cuánta gente te rodea, sino por si seguís habitándote. A veces la vida no te da testigos. Pero igual te da camino. Si hoy te sentís sola, si sentís que no hay lugar para vos, si te dijeron —directa o indirectamente— que eras demasiado, o incómoda, o distinta… quiero que sepas esto: No tener tribu no te hace fallida. Estás viva. Y eso no es poca cosa. Y aunque no lo parezca, seguir viva, seguir siendo vos, ya es una forma de esperanza. Gracias por estar acá. Nos escuchamos en el próximo episodio.

    17 min
  2. 11/10/2025

    Cuando el corazón no se une igual - Vanina Vergara #16

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s Hay dolores que no gritan, pero pesan.Pesan en los hombros, en la respiración, en el alma cansada.Hoy quiero hablar de eso: de cuando todo parece seguir igual, aunque una cambió por dentro.A veces la vida se queda detenida en un punto muerto.Un hijo que no llama, un padre que envejece aferrado a lo que lo lastima,y una misma tratando de respirar entre el amor y la tristeza,intentando entender por qué algunas cosas no se reparan, aunque pongas el corazón entero.Hace poco volví de Uruguay.Estuve con Pablo y mis suegros, que tienen 89 y 87 años.Y hay algo profundamente hermoso —y también doloroso—en ver a dos personas viejitas todavía cuidándose, mirándose con ternura,como si el tiempo ya no importara.Ellos me miraron mucho.Y en esas miradas sentí algo que hacía falta: descanso.Como si alguien me dijera sin palabras: podés soltar, no tenés que ser fuerte todo el tiempo.Pero después volví.Y volvió esa soledad que no siempre tiene que ver con estar acompañada.Esa sensación de vacío que ni las rutinas llenan.Porque a veces se puede estar rodeada de gente, y sin embargo sentir que hasta el aire corta.Hace poco tuve una crisis.Una discusión pequeña, pero que me dolió demasiado.Y me di cuenta de que no era por lo que se dijo,sino por todo lo que nunca se dijo.Por esos gestos que sigo esperando, por las disculpas que no llegan.Y entendí que cuando el alma se rompe, el corazón se recompone...pero nunca encaja igual.Quedan grietas.Y en esas grietas, entra el frío.Por eso hoy quiero hablar del silencio que enferma.De esa costumbre de callar para no molestar, de guardarse el llanto “para después”.Pero el cuerpo no olvida.Lo que no se dice, se queda adentro,y se vuelve insomnio, ansiedad, dolores sin nombre.Hablar es abrir una ventana.Aunque duela.Aunque el aire entre con viento.Yo sigo yendo a terapia.A veces salgo liviana.Otras, deshecha.Pero voy, porque si no voy, me hundo.Y eso también es amor propio: no dejar que la tristeza tenga la última palabra.Sigo extrañando a mi mamá.La extraño sin idealizarla, con sus sombras, con su humanidad entera.Y en ese amor contradictorio, aprendí que recordar también es sanar.Que el amor no necesita ser perfecto para ser real.Solo necesita quedarse.Si estás escuchando esto y sentís que el corazón no se une igual,que hay días en que cuesta seguir,quiero decirte algo desde este silencio compartido:no estás sola.No sos débil por sentir tanto.Somos muchos los que seguimos pegando los pedacitos,respirando despacito entre las ausencias.Hace unos días leí algo de Lucas Casanova, desde su mirada del budismo laico, que me atravesó:nos hicieron creer que ser autosuficiente era la meta.Que si necesitás, estás roto.Que si extrañás, te falta amor propio.Pero él pregunta: ¿desde cuándo la humanidad se mide por la capacidad de aislarse?Y ahí entendí:no es debilidad necesitar.Es humano.Lucas habla de una epidemia silenciosa: la soledad.Dice que cuando el sistema nervioso fue herido en los vínculos,aprende a protegerse del mundo.A confundir el silencio con paz,el aislamiento con fortaleza,y la distancia con seguridad.Y así nos vamos escondiendo:detrás de pantallas, de mensajes sin mirada, de vínculos virtuales que no abrazan.Pero el alma tiene hambre de presencia real.De mirada.De ternura.Desde esa mirada budista, el camino no es endurecerse.Es volver al mundo sin rendirse al cinismo.Y eso cuesta, pero también libera.Porque solo volviendo a confiar —aunque sea un poco—empezamos a sanar esa herida antigua: la de haber dejado de sentirnos parte.Y si no sabés cómo volver a vincularte, no pasa nada.Muchos estamos en lo mismo.Aprendiendo otra vez a decir hola,a conversar sin pantallas,a pertenecer sin perdernos.Porque estamos hechos para conectar.Y aunque el corazón no se una igual,igual late.Y mientras late, hay esperanza.Porque la vida, incluso con todas sus grietas,todavía sabe ser hermosa.

    15 min
  3. 10/10/2025

    Cuidarse: voces para sanar - Romper el silencio - Vanina Vergara #15

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s Hola… soy Vanina Vergara, y te doy la bienvenida a Cuidar(se): voces para sanar, un espacio donde ponemos palabras a lo que muchas veces callamos.Hoy, en este episodio, quiero hablarte de algo que a todos nos toca de cerca, aunque a veces lo neguemos: la salud mental.Cada 10 de octubre, el mundo conmemora el Día Mundial de la Salud Mental.Pero más allá de la fecha, lo importante es entender que cuidar la mente no es un lujo, ni una moda, ni una debilidad.Es una necesidad… una forma de respeto hacia uno mismo.🪞 “Hablar de salud mental era un tabú"Durante mucho tiempo, hablar de salud mental fue un tabú.En muchas casas —quizás también en la tuya o en la mía— se escuchaba eso de “no llores”, “no exageres”, “no cuentes lo que pasa”.Y así fuimos aprendiendo a guardar el dolor debajo de la alfombra, a sonreír aunque adentro algo se rompiera.Yo también pasé por eso.Durante años creí que “aguantar” era sinónimo de ser fuerte.Hasta que entendí que la verdadera fortaleza está en pedir ayuda, en hablar, en no esconder más lo que duele.Romper el silencio no es fácil. Pero una vez que lo hacés, algo empieza a sanar.Como si el alma, después de tanto tiempo en modo supervivencia, por fin respirara.💔 “Cuidar(se) también es escuchar” A veces pensamos que para ayudar a alguien que sufre hay que tener las palabras perfectas…Y no.A veces basta con escuchar sin interrumpir, con no juzgar, con preguntar de verdad “¿cómo estás?” y quedarnos ahí, esperando la respuesta.Cuidar la salud mental no siempre requiere grandes gestos.Requiere presencia.Y eso empieza también con nosotros mismos.Escuchar nuestro cuerpo cuando está cansado.Escuchar nuestras emociones cuando gritan disfrazadas de enojo, de ansiedad, o de tristeza.Escuchar nuestras necesidades sin sentir culpa por atenderlas.Porque, ¿sabés qué?Cuidarse no es egoísmo. Es supervivencia emocional.---🌱 “La salud mental no es solo para cuando algo anda mal” Tenemos que dejar de pensar que la salud mental se atiende solo en crisis.Así como cuidamos la alimentación, el ejercicio o el descanso, también hay que cuidar lo invisible.Eso puede significar muchas cosas:– Poner límites donde antes callábamos.– Buscar ayuda profesional sin miedo.– Alejarse de vínculos que enferman.– Y sobre todo, volver a creer en uno mismo.No se trata de estar felices todo el tiempo.Se trata de estar en paz, incluso cuando las cosas no son perfectas.---✨ “Romper el silencio, sanar el alma” Romper el silencio es un acto de amor.Por vos, por los que te rodean, y por los que vendrán después.Quizás no podamos cambiar todo lo que pasó, pero sí podemos cambiar la manera en que lo recordamos.Podemos transformar el dolor en experiencia, el miedo en comprensión, y el silencio… en voz.Si estás pasando un momento difícil, buscá ayuda.No estás solo.Y si conocés a alguien que la está pasando mal, no le digas “sé fuerte”.Decile: “estoy acá, con vos”.A veces, eso es todo lo que hace falta para empezar a sanar.---Gracias por acompañarme en este episodio de Cuidar(se): voces para sanar.Soy Vanina Vergara, y te invito a seguirme en los próximos capítulos, donde vamos a hablar de vínculos, resiliencia y autocuidado emocional.Porque cuidar la mente también es cuidar la vida.Nos escuchamos pronto… y ojalá, más conscientes, más humanos y un poco más en paz.I read letters sent to mailto:vergaravanina@yahoo.com

    20 min
  4. Yo crecí con un padre dependiente del alcohol y eso marcó mi historia - Vanina Vergara - S02E07

    09/04/2025

    Yo crecí con un padre dependiente del alcohol y eso marcó mi historia - Vanina Vergara - S02E07

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s "El duelo que no termina" Hoy quiero contar algo muy personal. Algo que duele, pero que tal vez pueda ayudar a otros que estén viviendo lo mismo. Mi papá es dependiente del alcohol. Lo fue toda la vida. Mi mamá convivió con eso durante 50 años… y fue una mujer profundamente infeliz. Siempre me lo dijo, Y él tampoco la quiso de verdad, porque quien ama, no destruye. En mi casa crecimos entre gritos, peleas, infidelidades, violencia Y recibíamos el veneno de un ambiente donde el amor estaba ausente. Hoy mi mamá ya no está. Falleció hace unos meses. Y yo me encuentro sola frente a mi papá, que sigue tomando cada día, cada vez más temprano, cada vez más fuerte. Es como verlo morir de a poquito, lentamente. Y este es un duelo extraño. No es el duelo de la muerte real, que aunque duele, cierra. Es un duelo en vida: lo veo apagarse cada día, pero todavía está, todavía me llama, todavía me grita cuando bebe. Y yo… yo no sé cómo ayudarlo. Y la verdad es que ya entendí algo: no puedo salvarlo. Mi mamá gastó su vida entera en esa lucha, y perdió. Yo no quiero repetir su destino. Por eso hoy aprendí a poner límites: – Hablar solo con él cuando está sobrio. – No discutir cuando toma, porque ahí no hay nadie al volante. – Cuidar mi paz aunque él no entienda. Y sé que no soy la única. Yo también me descubro pensando cosas feas, como desear que un día todo termine de golpe. Pero entendí que eso no significa que odie a mi papá. Significa que estoy agotada, que quiero que termine el dolor, que quiero dejar de vivir en este duelo infinito. Por eso hoy cierro este capítulo con mi propio mantra, mi escudo para sobrevivir: 👉 ‘Yo, Vani, soy hija, no salvadora. Mi vida no se hunde con la de mi papá’. Si alguien que me escucha está viviendo algo parecido, quiero que se quede con esto: tenés derecho a cuidarte, a poner distancia, a no repetir la condena de quienes se quedaron atrapados. Gracias por escucharme. Ojalá mi historia te ayude a ponerle palabras a la tuya.”

    16 min
  5. Cuando los hijos te borran - El silencio que duele más que una pelea - Vanina Vergara - S02E06

    08/30/2025

    Cuando los hijos te borran - El silencio que duele más que una pelea - Vanina Vergara - S02E06

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s Hoy les cuento en carne viva un eco lejano pero que volvio como un bumeran que se escucha desde la distancia. Nos pasó a mí y a mí pareja, tenemos la misma herida gemela: los hijos que se alejan sin siquiera dar un espacio al diálogo. Eso deja una sensación de “muerte en vida”, como si te hubieran borrado de la historia, y la pregunta inevitable es: ¿por qué? La respuesta es incómoda, pero real: la alienación parental existe y es brutal. Cuando un adulto instala un relato único en la cabeza de un hijo, lo va moldeando desde chico. Y aunque después crezcan, muchas veces se quedan atrapados en esa narrativa porque cambiar de idea implicaría enfrentarse a verdades muy dolorosas: *Reconocer que creyeron mentiras, *Admitir que rechazaron injustamente a un padre o madre, *Y hasta aceptar que fueron manipulados. No todos tienen la fortaleza de hacerlo. En mí historia yo me digo : “yo no hice eso, yo no me alejé de mis padres aunque se destrozaban entre ellos”. Pero me doy cuenta que ahí hay una diferencia: mi dolor me volvió resiliente, no vengativa. Elegí quedarme, acompañar, aún con bronca, porque mi estructura interna es otra. No todos los hijos eligen igual; algunos huyen, otros congelan el vínculo, otros lo ponen en “pausa” indefinida. Sobre si es falta de amor o conveniencia económica: probablemente sea una mezcla. A veces se alinean con quien les da más comodidad, más beneficios, más “seguridad”. O simplemente con quien controló la narrativa desde el principio. Quiero hablar sobre estos ejes 1. La alienación parental: cómo se instala y qué deja. 2. El dolor de ser “muertos en vida” para los hijos. 3. La fantasía de que “cuando sean adultos van a entender” (y lo duro que es descubrir que no siempre pasa). 4. El paralelo de mi historia con la de mi pareja: dos vidas diferentes, una misma herida. 5. Mensaje final: cómo sobrevivir a ese abandono sin perder la esperanza ni el amor propio. Porque al final, lo que sentimos lo sienten miles de padres y madres. Ponerle voz va a ser sanador, no solo para vos, sino para otros que hoy están igual de rotos. Hoy quiero hablar de un dolor silencioso, uno que no deja moretones por fuera pero sí te deja cicatrices adentro. Ese dolor que sentimos los padres cuando un hijo nos borra de su vida. En mi vida, y en la de mi esposo , vivimos lo mismo. Historias distintas, pero heridas calcadas. A mí, mis hijos me dieron la espalda en diferentes formas, y a él… también. Y lo más duro es esto: no nos alejamos por una pelea, no nos alejamos por una traición. Simplemente, un día dejaron de estar. Nos borraron. Como si hubiéramos muerto. Y entonces me pregunto: ¿por qué? ¿Por qué un hijo adulto, con criterio propio, con vida armada… puede elegir el silencio absoluto, la indiferencia total? La palabra técnica es “alienación parental”. Cuando una madre o un padre siembra en la cabeza de los hijos un único relato: el del odio, el del rencor, el de la separación. Cuando se repite durante años, ese relato se convierte en verdad. Y aunque el hijo crezca, aunque se vuelva adulto, romper esa creencia duele demasiado. Porque implicaría aceptar que lo manipularon, que le mintieron, que rechazó a un padre que sí lo amaba. No todos se animan a enfrentarse a eso. Algunos prefieren quedarse en la comodidad del relato inventado. Otros eligen por conveniencia: se quedan con quien les da más beneficios económicos, seguridad. Yo pensaba que cuando fueran adultos, hablaríamos. Que aunque discutiéramos, aunque gritáramos, al menos nos miraríamos a los ojos. Pero no. La adultez no garantiza madurez emocional. Y ahí está la frustración más grande.Hoy quiero dejar un mensaje a quienes estén pasando por esto: Si tus hijos te borraron, no es porque no valgas. No es porque no diste amor. Es porque muchas veces, el dolor y la manipulación dejan cicatrices invisibles que ellos no se animan a revisar. Lo único que nos queda es seguir de pie, con el corazón abierto. Por Vanina Vergara

    13 min
  6. Crisis, amor y prevención: lo que aprendí de mi propia historia - Vanina Vergara - S02E05

    08/28/2025

    Crisis, amor y prevención: lo que aprendí de mi propia historia - Vanina Vergara - S02E05

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s ​Hola a todos. Si me han seguido en episodios anteriores, ya conocen una buena parte de mi historia. Saben que he caminado por terrenos complicados, que he enfrentado mis propios demonios, y que he hablado de cómo ese camino me ha marcado. Pero hoy, quiero dar un paso al costado para ver el cuadro completo, y para hablar de algo que me golpeó fuerte después de un bajón emocional que tuve ayer. Me di cuenta de que, en nuestro propio dolor, a veces, sin querer, hacemos daño a los que están más cerca. ​Y por eso, quiero hablar de la otra cara de la moneda. ​La crisis y la epifanía ​Ayer fue uno de esos días. Una mezcla explosiva de tristeza, frustración y ansiedad. Mi terapeuta diría que fue una crisis, y sí, lo fue. Porque por mucho que avance, no he sanado del todo, y no sé si algún día lo haré por completo. Lo que sí sé es que lo estoy intentando, con más días buenos que malos. ​Después de ese bajón, entendí algo crucial. La historia que les he contado, la mía, la de la niña, la adolescente, la mamá joven, la hija, la esposa... es mi verdad, y no la subestimo. Jamás. Porque ese dolor que sentí en cada etapa de mi vida, ese no saber cómo pedir ayuda o no tenerla por ignorancia o falta de empatía de mi entorno, es real y es mío. ​Pero también existe el otro lado. ​La mochila que no ven ​Yo me postergué casi 20 años. Hicieron que subestimara la terapia, creyendo que ir al psicólogo era cosa de "locos", un tabú en la sociedad paraguaya , en mi círculo. En mi época, hablar de salud mental era un chiste, una vergüenza. Me dejé llevar por el "esto se pasa solo" o "estos temas no se hablan". Y eso me llevó a un diagnóstico real ya en mis 40, a darme cuenta de que tengo una condición, y no algo pasajero. Y eso, aunque parezca solo mi problema, afectó a todos a mi alrededor. ​Hoy, hablo de esto con total honestidad. Lo hago porque extraño a mi mamá, que se fue hace diez meses. Y veo a mi papá, con su duelo y una depresión que lo atrapa, pero que aún le cuesta cuidarse. Y los entiendo, de verdad que los entiendo. ​Por eso, hoy, quiero disculparme. Pero no es una disculpa que viene de la culpa. Es una disculpa que viene del amor. Lo siento si mi dolor, si mi proceso, si mis decisiones, a veces buenas y otras no tanto, los hirieron. Lo siento si no me entendieron. Porque cuando estás rota y no sabes por qué, tomas decisiones que, sin querer, hacen daño. Es una cadena pesada que se transmite de generación en generación si no la cortamos. ​Hablemos de prevención y empatía ​Por eso es tan importante hablar, pedir ayuda, acudir a un profesional. Y no postergarlo. Porque la salud mental ya no es un tema individual, es un problema de salud pública en Paraguay y en el mundo. Hay más información que nunca. El Ministerio de la Soledad en Inglaterra, las redes sociales que facilitan muchismo la Informacion actual, que lo hacen ver que una cita con un terapeuta es tan fácilmente como pedir una cita con el odontólogo. No hay por qué tener vergüenza. ​Quiero invitarlos a hablar más de prevención. En las mesas familiares, en los colegios, en todos lados. Tengamos más empatía. No sabemos qué mochila lleva la persona que tenemos al lado. No quiero justificar ningún tipo de maltrato, pero sí quiero que entendamos que detrás de muchas actitudes, hay una persona que no sabe qué hacer con su propio peso. ​Que hay bajones, sí, pero se puede salir. Hay algo que me ha mantenido de pie hasta hoy. Ojalá nadie tenga que llegar a situaciones extremas por no haber tenido a alguien, una frase, un "sí se puede", un "te ayudo" Por Vanina Vergara ​

    14 min
  7. Amor propio, esto es uno de esos temas que duelen bonito - Vanina Vergara - S02E04

    08/19/2025

    Amor propio, esto es uno de esos temas que duelen bonito - Vanina Vergara - S02E04

    https://youtu.be/rN-JFYAij2s El amor propio en proceso no es un spa emocional, no es hashtag ni autoayuda barata. Es como aprender a hablar otro idioma después de años de haber sido muda para mi misma. A veces suena torpe, a veces no sale… pero igual se intenta. Lo escribo sin maquillaje, con voz temblorosa pero real... Aprendiendo que el amor propio se construye todos los dias aunque a veces me venga la Culpa y la verguenza todavia, con la espalda encorvada de tanto peso ajeno No me sale del todo. No todos los días. Hay mañanas en las que ni me miro al espejo. Y otras, en las que me abrazo con la mirada… aunque sea por cinco segundos. El amor propio, para mí, no es un destino. Es un intento. Un esfuerzo constante por no ser tan cruel conmigo. Por no repetir en mi cabeza las mismas frases que me dijeron otros… esas que dolieron más por venir de quienes supuestamente me amaban. Estoy aprendiendo a hablarme distinto. A no exigirme perfección. A tratarme como trataría a alguien que quiero. Aunque, a veces, esa voz vieja y castigadora se me filtra… y me susurra que no valgo, que no hago suficiente, que no soy suficiente. Pero me resisto. Con uñas, con palabras nuevas, con pequeños actos. Como comer bien porque me lo merezco. Como decir “no” sin explicar tanto. Como elegir descansar sin sentir culpa. Estoy entendiendo que cuidarme no es egoísmo. Es supervivencia. Es resistencia. Es, en el fondo, una forma de amor revolucionario. No me amo del todo. No aún. Pero ya no me odio como antes. Y eso, para mí, ya es un triunfo No sé en qué momento empecé a sentir culpa por existir. Por hablar. Por decir que no. Por querer otra cosa. Me convertí en una experta en disculparme hasta por respirar fuerte. Como si ocupar espacio fuera una falta. Como si tener emociones fuera una molestia. Como si decir “me duele” fuera una traición. Estoy devolviendo culpas. Sin insultos, sin escándalos. Solo dejando de repetir ese patrón. Durante mucho tiempo sentí vergüenza. De mi historia. De mi cuerpo. De mis decisiones. De mis cicatrices. Como si lo que me pasó hablara mal de mí. Como si lo que otros hicieron fuera mi culpa. Y no. No lo era. Pero me lo creí. Porque me hicieron creerlo. Porque callar era más seguro que explicar. Porque hablar era abrir una puerta que no sabía si podría volver a cerrar. Pero por dentro… la vergüenza me susurraba: “no cuentes, te van a juzgar”, “no llores, van a decir que exagerás”, “no te muestres, van a señalarte”. Hoy empiezo a entender que esa vergüenza nunca fue mía. Fue sembrada, como una semilla podrida, por personas que nunca se hicieron cargo de su daño. Y yo la regué, sin saberlo. Pero ya no. Hoy la dejo secarse. Hoy no me tapo. Hoy me nombro. Hoy me creo. Hoy me abrazo con toda mi historia, rota y completa. No tengo que ocultarme más. No tengo que parecer otra. Lo que soy, así como soy, vale la pena ser visto. Y asi estoy saliendo de ese escondite sin pedir permiso y amandome un poquito más cada dia. No me amo del todo. No aún. Decidir con la mano en el corazón y no en la agenda. Pero hoy me doy cuenta: el deseo no tiene edad. Ni forma. Ni permiso. Está. Late. Respira conmigo con la esperanza terca que no se rinde La esperanza no me grita. No me sacude. No me salva de golpe. Pero se queda. Ahí, chiquita, persistente. Como una luz encendida al fondo del túnel. Como esa vocecita que dice “un día más”. Hay días en que no la encuentro. Y sin embargo, respiro. Y eso ya es una forma de esperanza. No sé si mañana va a ser mejor. No tengo promesas, ni garantías. Pero sigo haciendo cosas que solo alguien que espera haría: Sigo escribiendo. Sigo cuidándome. Sigo soñando con una vida más liviana. Sigo creyendo que, a pesar de todo, vale la pena seguir. No necesito grandes milagros. Me alcanza con un abrazo honesto. Con un silencio compartido. Con no tener que fingir fortaleza todo el tiempo. Y por eso, aunque a veces me sienta rota… no me doy por vencida.

    9 min

About

Hago estos Podcasts desde el lugar que más me costó conquistar: el presente. Y lo digo así, sin vueltas, porque me llevó casi toda una vida llegar hasta aquí. Viví siendo la hija bastón, la esposa ejemplar a costa de mí misma, la madre juzgada y cuestionada. Fui muchas cosas que no elegí ser. Y sin embargo, cada uno de esos papeles me enseñó lo que no quería repetir. No lo digo con vergüenza, lo digo con la frente alta. Soy Vanina Vergara, nací en Asunción del Paraguay tengo tres hijos que amo profundamente y está es mi vida. mailto:vergaravanina@yahoo.com