Iris Scaccheri: Poeta del Movimiento y Figura Atípica de la Danza Argentina 1. Introducción: La Paradoja de Iris Scaccheri Iris Scaccheri representa una figura tan central como paradójica en la vanguardia argentina del siglo XX. A pesar de la notoriedad que alcanzó en la década de 1960, su legado presenta una complejidad que desafía las clasificaciones convencionales. Esta resistencia a ser encasillada, si bien define su singularidad, ha dificultado su plena inscripción en la historia canónica de la danza, generando una tensión entre su indiscutible influencia y su difícil categorización. Scaccheri fue una artista que se opuso conscientemente a las taxonomías rígidas, desarrollando un estilo "personalísimo" que trascendió las fronteras disciplinares para dialogar con la poesía, la escritura y las artes visuales. El objetivo de esta monografía es analizar su vida y obra, enfocándose en su filosofía artística única, su rol como "creadora atípica" y el impacto perdurable de su trabajo interdisciplinario. Su trayectoria se presenta así como un caso de estudio que desafía las historias hegemónicas de la disciplina, invitándonos a emprender "lecturas desobedientes" que se alejen de una "Danza con mayúscula" para acoger la heterogeneidad de sus manifestaciones. Para ello, es fundamental indagar en los orígenes que forjaron su temprana y arrolladora vocación. 2. "Primero Bailé y Después Nací": Orígenes y Formación de una Sensibilidad Única Para comprender la posterior ruptura de Iris Scaccheri con las convenciones de la danza, es imprescindible volver a sus orígenes, donde su identidad artística se manifestó con una fuerza innata y premonitoria. Ella misma encapsuló esta idea en su célebre frase autobiográfica: "Primero bailé y después nací". Esta declaración no es una mera hipérbole, sino el testimonio de un despertar artístico que precedió a casi cualquier otra forma de conciencia. Anécdotas de su infancia revelan un imaginario "estrafalario y lúdico", como su propia confesión: "era loca ¡Veía un árbol y me ponía a cantar y a bailarle!". Esta conexión visceral con el mundo a través del movimiento definiría toda su carrera. Su formación inicial en la danza moderna fue un punto de partida que pronto se reveló insuficiente para contener su torrente creativo. Scaccheri expandió y trascendió las técnicas aprendidas, evitando ser encasillada en una única escuela. Su búsqueda se orientó hacia el "mundo interior del bailarín", concibiendo el cuerpo no como un simple instrumento técnico, sino como lo que la investigadora Susana Tambutti ha definido como una "potencia ontológico-religiosa", capaz de expresar verdades profundas. Esta singularidad se manifestó también en su apariencia. Desde sus inicios, adoptó un "look estrafalario y llamativo", con su característica cabellera roja y el uso constante de túnicas y turbantes. Este estilo, mantenido a lo largo de toda su vida, no era un mero accesorio, sino una forma de arte performático que la situaba dentro de la rebelión estética más amplia de la vanguardia porteña. Su imagen dialogaba con la efervescencia de la "manzana loca" y los focos de la moda experimental como la Galería del Este. Fue con esta sensibilidad ya forjada y esta imagen inconfundible que irrumpió en el epicentro cultural de Buenos Aires, lista para transformar la escena. 3. El Ojo del Huracán: Scaccheri en la Vanguardia Porteña de los Años 60 La década de 1960 fue un período de efervescencia y profundos cambios culturales en Buenos Aires. La ciudad se convirtió en un laboratorio de experimentación donde la creatividad anárquica impulsaba la "fusión de patrones internacionales y contenidos locales", desafiando los cánones establecidos. En el corazón de este torbellino se encontraba el Instituto Torcuato Di Tella, epicentro de la "manzana loca" y faro de la vanguardia artística e intelectual. Iris Scaccheri se situó en el ojo de este huracán creativo. Su nombre resonaba en el auditorio del Di Tella, que aplaudía con fervor a una nueva generación de artistas rupturistas como "Nacha Guevara, Alfredo Arias, Iris Scaccheri, Ana Kamien, Marilú Marini y Les Luthiers". Su prominencia fue tal que, en 1968, la influyente revista Primera Plana la incluyó en su lista de personalidades más destacadas del año, describiéndola con una imagen poética que capturaba su singular fisonomía: "Con piernas-tallo, brazos-rama, cara de pájaro y cuerpo de atleta". El arte de Scaccheri encarnaba a la perfección el espíritu del Di Tella. Su propuesta interdisciplinaria, ecléctica y transgresora dialogaba con la experimentación que definía la época. No se limitaba a una disciplina, sino que expandía los límites de la danza para crear un lenguaje propio que era, en sí mismo, un acto de vanguardia. Esta filosofía artística, tan personal y expansiva, merece un análisis profundo para comprender la verdadera dimensión de su legado. 4. La Poética de una Danza Expandida La obra de Iris Scaccheri se inscribe en el concepto de "danza expandida", una práctica que rompe con la lógica de la especificidad modernista. Su arte no se contuvo dentro de los límites formales de la danza, sino que proliferó más allá de su campo, generando resonancias en la poesía, la escritura y las artes visuales. Para ella, el movimiento era un lenguaje total que se nutría de otras disciplinas y, a su vez, las enriquecía, creando una poética única y multifacética. 4.1. El Cuerpo Extasiado: Entre lo Sagrado y lo Demoníaco En el centro de la poética de Scaccheri se encuentra una concepción del cuerpo como vehículo de éxtasis y revelación. Su "cuerpo extasiado" no es un mero ejecutor de movimientos, sino la herramienta para la conquista permanente de la danza "hacia afuera", un desborde constante de los límites físicos y expresivos. Sus creaciones exploraban una dualidad fundamental de la experiencia humana, reuniendo "lo demoníaco y lo sagrado, la locura y la sublimación, lo explosivo y lo íntimo". La paradoja de su obra reside en que todos estos "yoes creados" —personajes, voces, estados anímicos— se integraban en un solo cuerpo: el de la figura autoral. Scaccheri encarnaba todas estas facetas, convirtiéndose en sacerdotisa y bruja, en criatura etérea y ser atormentado. Obras como las secuencias de Oye Humanidad exploraban lo demoníaco y lo maldito, mientras que otras como Idilios buscaban la belleza y la sublimación duncaniana. Sin embargo, todas estas vertientes estaban unificadas por su concepción de la danza como un "poema expresivo", una fuerza original que daba coherencia a su universo creativo. 4.2. Escribir la Danza: Movimiento, Metáfora y Verdad Para Iris Scaccheri, "la escritura toma un valor fundacional". Lejos de ser un complemento, la palabra era el origen y el destino de su movimiento. Su método de composición puede sintetizarse en la articulación de tres elementos indisociables: movimiento, metáfora y verdad. Insistía en que la fuerza expresiva del bailarín no podía ser una simulación, sino que debía ser "cierta e intensa", una manifestación sincera de su mundo interior. Scaccheri utilizaba procedimientos literarios para estructurar sus danzas. Sus obras a menudo tenían un carácter polifónico, incorporando voces en off que funcionaban como diálogo, monólogo interior o fluir de la conciencia, revelando las tensiones internas de sus personajes. Un ejemplo contundente es el texto de Oye humanidad I, donde una voz desafiante exclama: "¡Porque con las uñas voy a romper todo!". Además, su trabajo se caracterizó por un profundo uso de la intertextualidad, incorporando obras de poetas y escritores como Alejandra Pizarnik, Susana Thénon, Alfonsina Storni, Miguel de Unamuno y Ernesto Sabato. Esta fusión de lenguajes consolidó su perfil único de "poeta de la danza", alguien que no solo bailaba, sino que escribía con el cuerpo. 4.3. Un Archivo en Caos: El Proceso Creativo Abierto El modus operandi de Scaccheri se caracterizaba por un modo de creación "ecléctico y abierto", reacio a las formas cerradas y definitivas. Para ella, una obra nunca estaba terminada. La "cantidad de versiones y de modificaciones sobre sus propias obras" no es un dato anecdótico, sino un rasgo estético central que define su poética. Volvía constantemente sobre sus creaciones para resignificarlas, actualizarlas y encontrar nuevos sentidos en ellas. Este método se refleja en el estado de sus archivos, un aparente "caos de información" que es, en realidad, un indicio iluminador de su proceso. Como han señalado sus colaboradores, a Iris "no le interesan las fechas ni la exactitud de títulos ya que [...] ella vuelve sobre sus propias obras y las resignifica". A menudo, agrupaba fragmentos de diferentes piezas, con variaciones, bajo el formato de "Recitales de danza", demostrando que su universo creativo era un continuum en constante reconfiguración. Esta poética tan personal, fluida e inclasificable, la llevó a construir un lugar propio y singular en la historia del arte argentino. 5. Genealogías Propias y Legado de una Figura Atípica La obra de Iris Scaccheri presenta una notable dificultad a la hora de ser ubicada dentro de una única genealogía artística. Si bien se la ha asociado con diversas tradiciones de la danza, su trabajo siempre excede los límites de cualquier clasificación, lo que la define, en última instancia, como una figura "atípica". Su legado no reside en la pertenencia a una escuela, sino en la construcción de un linaje propio, tan heterogéneo como su arte. 5.1. Heredera y Transgresora A lo largo de su carrera, Scaccheri fue vinculada con diferentes genealogías, algunas construidas por la crítica y otras por ella misma. En primer lugar, se destaca la que ella misma formuló. Se asumió como heredera de Vaslav Nijinsky y Ana Pávlova, sentenciando que con ellos la danza —entendida