Pepa Aniorte y Miguel Ángel Zapata en las Salinas de San Pedro del Pinatar El viaje comienza en un lugar donde el cielo y el agua se reflejan hasta confundirse: las Salinas de San Pedro del Pinatar, en la Región de Murcia. Es aquí donde Miguel Ángel Zapata inicia La Ruta de la Suerte, una travesía emocional y filosófica que recorrerá siete lugares de España, ligando a cada uno de ellos con un personaje público que, desde su experiencia vital, reflexiona sobre la suerte en todas sus formas: la que llega, la que se trabaja, la que se comparte y la que se pierde. En esta primera etapa, Miguel Ángel se encuentra con Pepa Aniorte, actriz murciana reconocida por su autenticidad, su sentido del humor y su cercanía. Juntos, caminan entre montículos de sal, aguas rosadas y cielos inmensos, rodeados por el viento y el silencio de un paisaje que parece suspendido en el tiempo. Este escenario se convierte en el punto de partida simbólico de toda la ruta: un lugar que representa el origen, la pureza y la transformación. La conversación fluye como las aguas que bañan las salinas. Pepa habla de su infancia en Murcia, de sus primeros pasos en la interpretación y de cómo la vida la ha llevado, sin planearlo, por caminos tan improbables como felices. Reflexiona sobre los giros inesperados que marcan la existencia y sobre cómo la suerte, más que un golpe de azar, es muchas veces una actitud. “La suerte no me ha encontrado —dice—. He aprendido a ir hacia ella sin miedo.” Miguel Ángel, que ejerce de guía y confidente, introduce el propósito de la ruta: entender la suerte no como fortuna, sino como una energía que nos conecta con lo que no se ve, pero se siente. Hablan del ego, de la fe, del destino y del misterio. Pepa, con su naturalidad, aporta una mirada vitalista: cree en el trabajo, en la ilusión y en la alegría como motores invisibles que atraen lo bueno. Él, con tono más filosófico, propone que la suerte quizás no sea más que el disfraz de algo más grande: el sentido. A lo largo del episodio, ambos pasean entre los lodos curativos y las orillas de las salinas, encontrando en el paisaje una metáfora perfecta de la vida. El agua que se evapora y deja la sal como huella se convierte en símbolo de lo que permanece cuando todo lo demás desaparece. “La suerte —reflexiona Miguel Ángel— es lo que queda cuando el azar se disuelve.” En el tramo final, colocan juntos la primera piedra conmemorativa de la Ruta de la Suerte, una placa de piedra tallada con el símbolo del proyecto, que quedará para siempre en la zona de los lodos. Este gesto marca el inicio del recorrido y liga para siempre a Pepa Aniorte, Miguel Ángel y las Salinas de San Pedro como el punto de partida del viaje. El episodio cierra con una reflexión coral, entre lo poético y lo íntimo: “Buscábamos la suerte fuera, y estaba aquí, en lo cotidiano, en lo que huele a casa, en lo que nos hace reír sin darnos cuenta.” En esta primera etapa, La Ruta de la Suerte establece su tono y su espíritu: un viaje que no busca respuestas, sino preguntas; que no persigue premios, sino significados. En San Pedro del Pinatar nace no solo una ruta, sino una forma distinta de mirar la vida. Porque a veces, la suerte no es encontrar, sino recordar quiénes somos cuando dejamos de buscar.