Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado. 1 PEDRO 1:3–13 Emanuel, un nombre para Jesús que generalmente solo usamos en Navidad, refleja una de las historias centrales de la Biblia: Dios quiere estar con nosotros. Esta es la historia que se narra en Apocalipsis 21:1-7. En los versículos 3-4, la Nueva Traducción Viviente dice: “Oí una gran voz que decía desde el trono: ‘¡Miren! ¡Ahora la casa de Dios está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte ni llanto, ni dolor ni sufrimiento. Todas estas cosas han desaparecido para siempre.’” El evento que celebramos en el día de Navidad, la venida de Dios para estar con nosotros, es algo que podemos disfrutar cada día a lo largo de la eternidad. Un día, cada día será Navidad, tal como siempre se quiso que fuera. Los que estamos en Cristo sabemos que viene una Navidad mayor, donde no habrá más dolor ni sufrimiento. Esta Navidad, ¡celebra y alégrate!