Maleta Mundi

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Maleta Mundi es un podcast semanal que te llevará de una punta a otra del mundo, descubriendo en cada rincón lo mejor de su cultura y sus emplazamientos geográficos. Enfocar y retratar cada lugar desde su singularidad es nuestro objetivo. Monumentos, eventos, literatura, música, historia, gastronomía, deporte, parajes naturales de infinita belleza y, como no, sus gentes. El valor de cada pequeño pueblo o gran ciudad lo construyen las personas que lo habitan en su día a día.

  1. 5d ago

    La magia milenaria del crómlech de Los Almendros

    Enclavado en un bosque del Alentejo, el conjunto megalítico de Los Almendros invita a un reencuentro con la armonía inicial entre el ser humano y la naturaleza. Las incógnitas y enigmas siempre han sido motivo de atracción y fuente de inspiración. De ahí en cierta medida el fuerte interés del ser humano actual por la Prehistoria, poraquellos tiempos inmemoriales del despertar de la Humanidad como especie con conciencia propia y su lento pero paulatino desarrollo, mediante los primeros utensilios,el dominio del fuego y la conformación de las primeras sociedades. Porque los múltiples avances científicos en el conocimiento de las primitivas culturas humanas han deparado a su vez nuevas interrogantes, acerca de cómo vivían, cómopensaban o cómo se relacionaban entre sí las personas de aquellos grupos humanos. Buena prueba de ello, por ejemplo, son las diferentes teorías acerca de la finalidad para la que fue levantado el imponente y mundialmente conocido crómlech de Stonehenge, ubicado en el condado británico de Wiltshire.  Pero frente a la creciente presión turística afrontada por grandes monumentos megalíticos como el citado enclave británico, hasta hace pocos años casi invadido por el trazadode una carretera local, otros notables vestigios prehistóricos aún conservan casi intacta su naturalidad y conexión con su entorno más inmediato. Es el caso del ⁠crómlech de Los Almendros⁠, erigido a partir de finales del sexto milenio antes de la era actual, es decir desde el Neolítico Medio, en la pendiente de una suave colina poblada de alcornoques y localizada en lo que hoyconstituye el término municipal de Nossa Senhora de Guadalupe, en la región de Évora del Alentejo portugués.  Este conjunto de menhires, al que se accede a través de una larga pista forestal que arranca desde la citada y pequeña localidad del Alentejo, está formado por 95 monolitosde forma ovoide o almendrada, algunos de los cuales alcanzan los 2,5 metros de altura. Incluso varios de ellos cuentan con motivos grabados o en relieve, destacando el monolito numerado como 48, en el que se distingue una esquemática representación antropomórfica rodeada de círculos. El crómlech, descubierto en 1964 por el investigador Henrique Leonor Pina en el marco de la elaboración de la Carta Geológica de Portugal, fue conformado en diferentes fases hasta comienzos del tercer milenio antes de la era actual, ocupando una superficie elíptica de unos 70 metros de longitud por 40 metros de anchura máxima entre el bosque de alcornoques que cubre todo el entorno. Dicho bosque alberga además un solitario pero notable menhir de unos 3,5 metros de altura localizado a 1,3 kilómetros del crómlech pero asociado al mismo, al que es posible acceder desde un sendero que serpentea entre las fincas de la zona y que parte desde la propia pista forestal que conduce al grupo de monolitos. La conservación de este conjunto megalítico en su entorno natural sin que el mismo haya sufrido alteraciones significativas, pues el claro donde se alzan los monolitos ni siquiera está vallado, conforma así un enclave evocador, donde no resulta difícil conectar con la armonía con la que inicialmente se relacionaba el ser humano con su hábitat y reflexionar sobre cómo interpretaban la vida aquellas primitivas sociedades. No en vano, la ficha técnica del Instituto luso de Gestión del Patrimonio Arquitectónico y Arqueológico no sólo defiende que el crómlech de Los Almendros constituye actualmente “el mayor conjunto estructurado de menhires de la Península” Ibérica y “uno de los más importantes del megalitismo europeo”, sino  además “un sitio cultural con una fuerte carga mágica y simbólica” y un “ejemplo singular de la reutilización de un mismo espacio sacralizado a lo largo de los tiempos”.

    La magia milenaria del crómlech de Los Almendros
  2. Jul 11

    Sanlúcar de Barrameda, entre Ítaca y la Atlántida

    A medio camino imaginario entre Ítaca y la Atlántida, la ciudad de Sanlúcar de Barrameda tiene tintes de convertirse en un lugar mítico para la gastronomía española. Ocupa cada vez más espacio en cada vez más conversaciones sobre el buen comer y el buen beber. Es un lugar recomendado sotto voce, casi en susurros. Un tesoro a descubrir pero que aquellos que lo conocen pese a proclamar sus bondades a los cuatros vientos, no quieren, en cierto sentido, que sea descubierto. Si no fuera así sería difícil explicar cómo siempre ha estado y está ahí y a la vez sea, en el fondo, tan poco conocido. Más o menos como le ocurre a uno de sus principales tesoros, ese vino soberbio, único e inimitable, la manzanilla. Este conocido secreto es aún más meritorio en plena época de uso y abuso de campañas turísticas que buscan dar a conocer hasta el milímetro todo aquello que pueda ser objeto del deseo turístico en cualquiera de sus formas, sean playa, sol, patrimonio, gastronomía, paisaje, cultura, artesanía o la que se le ocurre al responsable de marketing de turno. El riesgo de caer en una franquicia o en un local que parezca una de ellas también está a la orilla de la desembocadura del Guadalquivir, pero la posibilidad de encontrar algo real, algo que no haya salido del manual de diseño de interiores de moda, es muy alta en esta ciudad de más de 70.000 almas. Aquí es más fácil acertar que equivocarse. Desde el Barrio Alto a Bajo de Guía pasando por la plaza del Cabildo, Bonanza o la Colonia, Sanlúcar de Barrameda guarda un sin fin de bares, tabernas, tascas y restaurantes donde poder jugar con la comida y el vino como juegan los niños con sus juguetes, sin cansarse. Y es difícil porque además de una calidad en la cocina inusitada unida a una materia prima insuperable, la variedad y la originalidad también se abre camino cada vez más entre sus calles y cocinas. En Sanlúcar se puede pasar del ajo a la ensaladilla frita como quien cambia de barrio. Sin duda alguna uno de los ajos míticos de la ciudad es el del bar, o si lo prefieren y no le dan ninguna connotación negativa, tasca Los Aparceros, en el Barrio Alto. El ajo que nos ocupa no es la planta bulbosa indispensable en toda cocina, sino un plato típico sanluqueño (y de la comarca jerezana), un majao de tomate, pan, pimiento, ajo (este sí el bulbo), aceite y sal. El ajo de los Aparceros viene de serie con la bebida y como no podía ser de otra manera lo que mejor compañía le hace es un gorrión (vaso de caña mediano) de manzanilla de barril. En Los Aparceros no busquen mesa porque no las hay, barra pura que no es poco y serrín en el suelo. Si damos un paseo, cuesta abajo, hacia Bajo de Guía, no está de más contrastar el ajo con una ensaladilla frita del restaurante La Lonja, un plato sorprendente, original y más que bienvenido por el paladar. He querido comenzar con estos dos platos, uno tradicional como es el ajo y otro innovador como es la ensaladilla frita para mostrar el contraste actual de la cocina sanluqueña, dos platos de calidad, cada uno en su estilo que entre ambos abarcan un mundo de posibilidades y de realidades. Entre ambos está el patio de recreo de la cocina sanluqueña. En un punto medio se encuentra uno de los mejores lugares para comer, beber y charlar de Sanlúcar y uno de los más justamente conocidos, la Barra de Bigotes. Sita en Bajo de Guía, frente al Coto y al lugar en el que algunos pretenden situar la Atlántida, la mítica Barrita es el local que posiblemente mejor defina la cocina hoy en la ciudad y uno de los que más ha ayudado a abrir nuevos caminos en la gastronomía sanluqueña. Su carta va desde el gran monumento a la gastronomía que son los langostinos locales a la hamburguesa de bacalao al queso, pasando por el atún, con 11 elaboraciones distintas (el mechado o a la sal, por citar sólo un par de ellos, son impagables), incluye además un magnífico carpaccio de gambas, la Corvina con salsa Tártara o el marrajo a la Vinagreta entre una variedad de platos donde el pescado es el absoluto protagonista. Pese a estar siempre lleno el servicio es ágil y la cocina no falla, manteniendo el nivel de excelencia en cada plato. Como si estuviéramos jugando al tejo, damos un pequeño salto y caemos en Avante Claro donde se pasa de lo tradicional a lo innovador con toda naturalidad. Se trata de un restaurante en cuya carta conviven los tradicionales arroces caldosos de Bajo de Guía con propuestas arriesgadas basadas, como toda cocina sanluqueña, en el producto, como el falso maki de langostino con tomate o la morcilla de atún en crema de queso blanco, en la que se adivina la agradecida sombra del vecino portuense Ángel León y sus embutidos de pescado. Por lo demás en lo que a Bajo de Guía se refiere, muy mala suerte ha de tenerse para no encontrar en cualquiera de los establecimientos de esa ribera un pescado o un guiso digno de guardar en la memoria gustativa más exquisita. Jueguen a los dados y vayan saltando al azar de uno a otro restaurante.

    Sanlúcar de Barrameda, entre Ítaca y la Atlántida
  3. Jun 30

    Ellas, que conquistaron el mundo: las mujeres viajeras de la Historia

    No fueron sumisas pero sí devotas. Devotas de la libertad. Desafiaron todos los estereotipos y condicionamientos sociales de la época que les tocó vivir. Aventureras y curiosas, a estas mujeres les unió una pasión inquebrantable: la de viajar a través del mundo trazando una ruta más allá de lo establecido. Lograron otra hazaña. Viajar a través del tiempo. Para ser recordadas como las primeras mujeres viajeras de la Historia. Egeria, la primera viajera (siglo IV) Partió de la antigua Gallaecia romana allá por el año 381. Recorrió en apenas tres años, más de 5.000 kilómetros para alcanzar el que era su destino, la Tierra Santa. Una peregrinación que la llevó a cruzar, en solitario y prácticamente a lomos de una mula, Italia, Constantinopla, Palestina, Egipto, Siria… Su motivación fue religiosa, por sus profundas convicciones, y la inquietud de conocer la inmensidad de un mundo privado a la mirada femenina. Pero su fe no era ciega y quiso comprobar por ella misma la fidelidad de las escrituras sagradas. Con alguna que otra decepción, como ella misma reconoció de puño y letra. Porque todo lo que vio lo fue plasmando en las cartas que remitía a sus hermanas. Y ha sido gracias a ellas, aunque siglos después y tras diferentes investigaciones, como ha llegado a día de hoy la increíble travesía de esta peregrina de la historia. Hay quienes la consideran una monja de la época pero en el siglo IV aún no existía esa figura. Incluso en 1984, para celebrar el decimosexto centenario de su viaje, se emitió en España un sello conmemorativo haciendo alusión a esta figura religiosa. De la impronta y el misterio con el que el tiempo envuelve a esta pionera peregrina nos hablan la periodista Cristina Morató en su libro Viajeras intrépidas y aventureras (Plaza&Janés) y el también periodista de viajes Carlos Pascual en la obra El viaje de Egeria (Arcaduz). Nellie Bly, el azote de Phileas Fogg (1864- 1922) 72 días, 6 horas y 11 minutos. Fue el tiempo que duró uno de los retos más celebrados de su tiempo, el de conseguir dar la vuelta al mundo en menos de los 80 días que empleó en la ficción el británico Phileas Fogg. El mismísimo Julio Verne, al que visitó en su travesía, la felicitó a través de un telegrama cuando culminó su hazaña. Nellie Bly fue una de las primeras mujeres periodistas de Estados Unidos y llegó a convertirse en todo un fenómeno nacional a finales del siglo XIX por sus impactantes reportajes de investigación. Bly creó un nuevo género infiltrándose en sus historias para descubrir una verdad contada en primera persona. Célebre es su reportaje ‘Diez días en un manicomio’, en el que, tras infiltrarse como una interna más, denunciaba la situación de las enfermas mentales recluidas en Blackwell’s Island. Elizabeth Jane Cochran, su verdadero nombre, inició su celebrado periplo en 1888, siendo apenas una veinteñera, desde Nueva York. El periódico sensacionalista de Joseph Pulitzer, el New York World, publicó esta insólita travesía en una serie de reportajes. No sin antes, dudar de su capacidad como mujer: “Una mujer necesitaría un protector. Solo un hombre podría hacerlo” fue la reacción de su editor ante la propuesta de Bly, que venció y convenció. La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos (Capitán Swing) recoge esta serie de reportajes, escritos por una mujer precursora de su tiempo, que aportó una perspectiva feminista al periodismo de la época y que llegó a ser corresponsal de guerra desde el Frente Este en la Primera Guerra Mundial. Isabelle Eberhardt, una vida de novela (1877-1904) Su vida fue tan corta como intensa. Hija ilegítima de un sacerdote de la iglesia ortodoxa rusa y una aristócrata alemana, murió a los 27 años sepultada por las aguas de los ríos Sefra y Mulen, al sur de Orán. Un final impregnado de ese romanticismo trágico que envolvió su vida. Escandalizó a Europa y también al mundo árabe por el que se sintió fascinada y cuyos pueblos, desde Túnez hasta el Sáhara, recorrió entre 1889 y 1904. Lo hizo bajo la identidad masculina de Mahmud Saadi, para poder moverse con mayor libertad. Y adoptó la personalidad de un beduino que fumaba kif y bebía alcohol a pesar de haber abrazado la religión musulmana. Hablaba varios idiomas y creció en un ambiente político e intelectual. Llegó al norte de África con su madre. Tras la muertes de sus padres y el suicidio de uno de sus hermanos, decidió que su nuevo hogar sería el norte de África, donde, a partir de los 20 años, se dedicó a explorar el desierto y a crear una nueva vida en Argelia. Tenía grandes convicciones sociales y junto con los sufíes se enfrentó a los abusos de la colonización. Llegó a casarse con un soldado argelino. Escribió artículos en periódicos franceses y algunos libros con pseudónimos masculinos. Para conocer su historia en profundidad es imprescindible la lectura de Los diarios de una nómada apasionada (Planeta). Esta obra recoge las notas de sus diarios entre 1900 y 1904, mostrando a una mujer valiente y sensual y una existencia marcada por sus apasionantes viajes. Una vida llevada al límite.

    Ellas, que conquistaron el mundo: las mujeres viajeras de la Historia
  4. Jun 30

    La admiración por Aníbal González fuera de su Sevilla “casi onírica”

    La impronta del genial arquitecto hispalense destaca en Madrid, Aracena, Sanlúcar de Barrameda o Lora del Río como reflejo de su “amplísima actividad profesional” Aquello de que nadie es profeta en su tierra queda un tanto en entredicho con figuras como la del arquitecto Aníbal González y Álvarez Ossorio (1876-1929), cuya huella brilla con incontestable esplendor en Sevilla, hasta el punto de formar parte indisoluble de la historia moderna de la ciudad que le vio nacer. No en vano, la capital hispalense debe a Aníbal González, titulado como arquitecto en 1902, superando la reválida con el número uno de su promoción; no sólo monumentos como la majestuosa Plaza de España, máximo exponente de la Exposición Iberoamericana de 1929; el Pabellón Real o los actuales museos de Arqueología y de Artes y Costumbres Populares de la Plaza de América, también fruto de aquella muestra; sino además numerosos edificios ya parte indiscutible del patrimonio y paisaje urbano de Sevilla. Hablamos de edificaciones como la emblemática Capilla de la Virgen del Carmen en la plaza del Altozano, las flamantes casas modernistas de las calles Alfonso XII y Almirante Ulloa, la que fuera subcentral de Sevillana de Electricidad en la calle Feria, el Antiguo Cine Trajano en la calle homónima del casco histórico, –otrora salón de variedades e incluso sala de cine X–; la que fuera fábrica de tejidos de la actual calle Torneo, la sede de la Compañía Catalana de Gas en el barrio de El Porvenir, –porque Sevilla es mucho más que su centro–; u otros edificios sin los cuales sería imposible imaginar la avenida de la Constitución, el Paseo de Cristóbal Colón o la calle Cuna, por ejemplo. Pero como explica el catedrático de Arquitectura Víctor Pérez Escolano en un artículo recogido por la Real Academia de la Historia, este arquitecto con lazos con la familia Luca de Tena y casado con Ana Gómez Millán, hija del constructor José Gómez Otero; no sólo “se reconoció” en el denominado como “estilo sevillano”, creado por él mismo en el marco del movimiento regionalista de la arquitectura de aquella primera mitad del siglo XX, sino que además “fue reconocido en toda España” por ese rol y por su prolífica producción. Pérez Escolano precisa en este artículo que la “construcción cultural” inherente en los diseños de Aníbal González desencadenaron en la Sevilla del momento “una rara identificación con la arquitectura”, principalmente por lo que supuso para la ciudad la Exposición Iberoamericana de 1929, con él mismo como arquitecto jefe y autor de monumentos como los ya mencionados en líneas anteriores. Creador del «estilo sevillano» Como destaca el libro La Exposición Iberoamericana de Sevilla: Historia de un empeño y una ilusión, publicado en 2019 por el 90 aniversario de la muestra, “puede decirse que Aníbal González es el creador de un nuevo estilo, el sevillano, y de esta forma lanza al exterior la imagen renovada de una Sevilla alegre, luminosa, casi onírica”. “Influido por el modernismo, Aníbal González crea su propio estilo, reinterpretando los históricos y procurando combinar la belleza absoluta con la funcionalidad”, resume sobre él esta obra coeditada entre el Boletín Oficial del Estado (BOE) y la Real Academia de la Historia. Es por ello que según Víctor Pérez Escolano, a cuyo artículo regresan estas líneas; las construcciones de Aníbal González suscitaron una profunda “admiración” también fuera de su ciudad natal, pues este arquitecto “supo compaginar su amplísima actividad profesional centrada en Sevilla, pero con ejemplos diseminados por distintas poblaciones, especialmente en la Baja Andalucía, pero también fuera de ella”. Y es que el legado de Aníbal González más allá de su ciudad natal constituye todo un capítulo también digno de mención, comenzando por ejemplo por la ampliación del edificio ABC o de Prensa Española correspondiente al paseo de la Castellana de Madrid, por encargo de la familia Luca de Tena, fundadora del rotativo y a la que estaba ligada el arquitecto. Este inmueble diseñado al más puro estilo regionalista sevillano constituye una parte fundamental del conjunto arquitectónico del edificio de Blanco y Negro o de la Prensa Española, protegido desde 1997, marcando la huella del arquitecto andaluz nada menos que en una de las principales arterias de la capital de España, antes y ahora. Destaca igualmente el edificio del número 2 de la calle Larga de Jerez de la Frontera, conocido popularmente como “El Gallo Azul” por el restaurante ubicado en él y que, como inmueble de proyección regionalista, supone “uno de los elementos constructivos más representativos del casco urbano” de esta ciudad gaditana, según el acuerdo de la Junta de la Andalucía de 2023 que lo incluye en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y que destaca su “notable interés arquitectónico”. En el corazón de la Sierra onubense La localidad serrana de Aracena, en Huelva, atesora de su lado una preciada muestra de la obra de Aníbal González, fruto de la amistad del arquitecto con el marqués de la zona, Francisco Javier Sánchez-Dalp y Calonge. Así, este municipio en pleno corazón de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche presume de su Casa Consistorial, del vistoso Casino de Arias Montano, con un diseño ceñido indiscutiblemente al regionalismo; o del sobrio y atractivo lavadero público de la Fuente del Concejo, usado hasta los años 70 para su finalidad primigenia y actualmente enclave patrimonial de la localidad. Según destaca el propio Ayuntamiento de Aracena, la huella de Aníbal González en la localidad también brilla en la antesala de acceso a la famosa Gruta de las Maravillas, una extraordinaria cueva que acoge una concatenación de salas subterráneas, lagos y galerías en el vientre del cerro del Castillo de la localidad, con formaciones kársticas de extraordinaria belleza, estalactitas y estalagmitas, en una abrumadora demostración del poder de la naturaleza. Las mansiones del núcleo de Aracenilla, una barriada diseñada al estilo del modelo inglés de ciudad jardín del siglo XIX y promovida por el marqués Sánchez-Dalp, constituyen otro buen ejemplo de su marca en la localidad serrana. La ruta por la proyección de Aníbal González fuera de Sevilla capital tiene escala especial en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, plaza privilegiada en tantos y tantos aspectos como el patrimonio, el turismo o la gastronomía, que se enriquece además con la arquitectura del genio hispalense. Aníbal González en Sanlúcar A él se debe el antiguo chalé de veraneo de los marqueses de Villamarta, estampa regionalista en plena avenida de Bajo de Guía, otrora internado y después colegio público; la mansión de Villa Rosa recuperando el antiguo estilo arquitectónico inglés, la singular mansión modernista de Villa Luz o la monumental Villa Concha, entre los más destacados iconos arquitectónicos que pueblan de la avenida Bajo de Guía fruto del autor sevillano. En total, Sanlúcar de Barrameda conserva de Aníbal González siete lujosas residencias de veraneo, una casa en pleno centro urbano y el atrio de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen. En el ámbito de la provincia de Sevilla, pero lejos de la esfera de la capital andaluza, Aníbal González dejó su marchamo en el mercado de abastos de Lora del Río, un edificio de corte modernista con algunas reminiscencias del barroco, que engalana este pueblo de la comarca de la Vega del Guadalquivir. Osuna, la Villa Ducal, presume además de que su monumental plaza de toros, escenario de no pocos productos cinematográficos, como secuencias de la quinta temporada de la famosísima serie Juego de Tronos allá en 2014, deriva de un diseño de este arquitecto, contando el recinto taurino con un túnel abovedado que evoca en buena medida al que recorre las entrañas del anfiteatro de la ciudad romana de Itálica, en Santiponce, localización también de la mencionada producción de HBO. También la provincia de Málaga puede fardar de figurar en la ruta productiva del autor, con su casa Serrailler, un edificio de estilo neo barroco que constituye una de las últimas obras diseñadas por Aníbal González. Una muestra de cómo la proyección de Aníbal González rebasó ampliamente los límites de la ciudad hispalense, donde como puntualiza el libro La Exposición Iberoamericana de Sevilla: Historia de un empeño y una ilusión, “las malquerencias y los continuos impagos motivaron en 1926 una grave crisis al dimitir Aníbal González de todos sus cargos” en el diseño de la Exposición Iberoamericana, a cuya inauguración en 1929 sobreviviría sólo 21 días. Después, como destacan tales líneas, su memoria fue “ignorada, sino despreciada” durante largo tiempo y “sólo a comienzos del siglo XXI la ciudad ha cobrado conciencia de su gratitud hacia quien fue su arquitecto”. Sevilla recupera su memoria No fue hasta 2011, no sobra recordarlo, hasta que la ciudad honró en firme su memoria con una estatua en el centro de la avenida Isabel la Católica, a la que abre su abrazo arquitectónico la Plaza de España, obra cumbre de Aníbal González, un recinto en jaque actualmente con propuestas de cobrar la entrada a los turistas amenazando su tradicional papel de pleno espacio público. La figura del brillante arquitecto, en cualquier caso, ha sido catapultada en los últimos tiempos, en buena medida al abrigo del ya cercano centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929, conmemoración para la cual ya ha sido constituida una comisión con la doctora en Historia del Arte y catedrática Amparo Graciani como comisaria. Su prolija trayectoria ha sido relanzada, por ejemplo, con el reciente documental Aníbal. El Arquitecto de Sevilla, de Paco Ortiz. Además, está en marcha un p

    La admiración por Aníbal González fuera de su Sevilla “casi onírica”
  5. Jun 30

    Desembarco para los sentidos

    No, no es fácil. No es fácil encontrar una región europea donde puedan encontrar su paraíso, todos a la vez, los amantes de los paisajes que inspiraron la pintura impresionista, los apasionados de la historia medieval, del gótico y del románico, los imaginarios visitantes de la mítica Balbec de Marcel Proust y los fans de la Easy Company magistralmente retratada en la serie bélica Band of Brothers. No, no es fácil encontrar un lugar así, pero tampoco es difícil. Pas de tout. Solo hay que poner rumbo a Normandía. Desde hace siglos, Normandía evoca una tierra de conquista. Aunque la historia reciente hace volar nuestra imaginación a las costas del Desembarco de junio de 1944 (playas hermosas de nombres hermosos cargados de historias tristes: Longue sur Mer, Arromanches, Sainte Mére Église, Saint Aubin…), lo cierto es que la sucesión de idas y venidas de guerreros ha marcado, desde el principio de los tiempos, esta tierra que abraza el Canal de la Mancha y que conocemos por Normandía. De los ingleses a los vikingos, desde Guillermo el Conquistador a Juana de Arco, martirizada y muerta en la hoguera en la Plaza de Rouen, la capital medieval de la región, no es fácil encontrar una época de calma en las costas y tierras normandas. Y, sin embargo, ahora precisamente es la paz que desprenden los campos de Normandía, atravesados por el Sena en su camino lento hacia su desembocadura en el estuario de El Havre, uno de sus principales atractivos. Contemplar desde la distancia el imponente Mont Saint Michel, apenas unido al continente por un fino puente, caminar en silencio entre las 9.387 cruces, salpicadas por alguna estrella de David en Coleville sur Mer, en el cementerio americano con la playa de Omaha a sus pies o hacerlo con el mismo respeto por alguno de los cementerios alemanes (donde evidentemente no destaca estrella judía sobre tumba alguna), mirar al mar desde la balaustrada del Gran Hotel de Cabourg donde Marcel Proust escribió En Busca del Tiempo Perdido, o perderse por las callecitas de Honfleur, uno de los lugares preferidos de los impresionistas del siglo XIX, son, sin duda, ejercicios rebosantes de interés y sensibilidad. En esa extraordinaria variedad reside buena parte del atractivo de Normandía, un lugar ideal para el encuentro con el mar, con la historia y con la cultura. Añadamos aquí, así no se nos escapa ningún público objetivo, que las vacas normandas dan un queso extraordinario, entre ellos el afamado Camembert (apúntense en todo caso otros tres: el Neufchâtel, el Livarot y el Pont l’Évêque) y que no debe perderse una buena fuente de ostras. Sin embargo, si el vino normando fuera bueno sin duda ya se sabría, de manera que, si quiere llevarse un poco de alcohol a los labios, olvide el vino (o coja un buen Bordeaux en cualquier supermercado) y tómese ese néctar extraordinario de manzana que se conoce por Calvados. Igual que una buena sidra, no le defraudará. Hasta el lector menos atento y sensibilizado con la sana idea de conocer mundo se habrá dado cuenta a estas alturas que Normandía es un buen sitio para visitar. Además, desde que, hace no más de 70 años, se empezó a poner de moda pasar calor y broncearse en el verano, esta esquina noroeste francesa no atrae un excesivo turismo de masas, lo cual sin duda podrán agradecer muchos visitantes. ¿Cómo llegar? Hay vuelos desde España a Caen, Deauville y Rouan, pero posiblemente lo más interesante es por carretera, poco más de dos horas desde París, lo cual puede permitir, si hay tiempo y ganas, atravesar parte de la siempre interesante ruta de Castillos del Loira. Con un poco más de tiempo, se puede añadir una extensión que hará del viaje algo más sorpresivo e interesante: cruzar en barco el Canal de la Mancha (o Canal Inglés, depende de la orilla desde que se se mire). Hay ferris desde Caen, Cherbourg o Le Havre en dirección al sur de Inglaterra (Poole, Plymouth o Portsmouth). Una escapada a algunas de las Islas del canal (británicas) como Jersey o Guernesey puede ofrecer un toque inesperadamente británico a nuestra excusión. Pero volvamos al continente. Dependiendo de nuestros objetivos viajeros, hay varias opciones. Quizás una ruta imprescindible pasa por acudir a algunas de las ciudades emblemáticas de Normandía. Para empezar, Rouen, con su catedral de Notre Dame, pintada hasta decir basta por Claude Monet, una de las joyas góticas de la ciudad, junto a las iglesias de St-Maclou o St-Ouen, a cuyo alrededor puede encontrar la más alta concentración de anticuarios de toda Francia (salvo París, claro, a la que en esto como en todo hay que echarle de comer aparte). Pero junto a la vieja capital medieval normanda, destaca Le Havre, la ciudad más importante de Normandía en la actualidad. Dos pinceladas: su arquitectura moderna le ha valido ser patrimonio Mundial de la Unesco, pero es su luz la más genuina representante de esta ciudad. Es la luz que pintó Monet en su cuadro ‘Impresión, Sol naciente’ que dio nombre al movimiento impresionista. Esa luz y esas pinceladas nos conducen inevitablemente a una ciudad de visita inexcusable, la coqueta Honfleur, que brilla con luz propia en la llamada Côte Fleurie. De alguna manera, aun es reconocible la descripción de Victor Hugo: “un puerto encantador lleno de mástiles y velas”. Una ciudad que dejó su huella en el archipresente Monet y sobre todo en su maestro Boudin (que cuenta con un museo en la ciudad), así como en la multitud de artistas que aun rodean el Vieux Bassin y que otorgan al viejo puerto ese toque bohemio con el que antes o después se tropieza todo visitante en Francia. Pero quien vaya buscando reconocer con sus propios ojos los trazos del impresionismo, que no se pierda un paseo por Giverny, el auténtico jardín francés de Monet. No obstante, la pincelada cultural tiene que extenderse necesariamente hacia otro lugar de la Côte Fleurie, Cabourg, el entorno mítico de A la busca del tiempo perdido. Chic como si no hubiera un mañana, si les gusta (y les gustará porque conserva ese halo atlántico y decadente que retrató magistralmente Marcel Proust), a 20 min en coche está la vecina Deauville, primera tienda de Coco Chanel y un espectáculo multicolor de sombrillas a contemplar desde el paseo marítimo de Les Planches. Pero no hay que perderse Caen, la ciudad mártir de la Segunda Guerra Mundial, milagrosamente recuperada y en la que destaca el Castillo construido por Guillermo el Conquistador y las dos abadías, la de los Hombres (y la de las Damas, ambas con muestras brillantes del románico normando). Aunque se la considere ciudad mártir, en Caen, como en el resto de Normandía, hay una buena oferta culinaria. En el Quartier Vaugueux, al pie del Castillo, hay donde elegir. Algunos de sus restaurantes compiten por rememoran a la mítica Edit Piaff, aunque, en una polémica que más bien nos recuerda las que nos gustan en nuestro país, allí se discute si hay que poner o quitar una placa porque parece que la ‘Mome’ más bien estuvo de paso en esta ciudad. C’est la vie… Sea como sea, Caen nos ubica el en corazón del Desembarco. El Memorial es ciertamente memorable y no sólo se limita a detallar la operación anfibia que terminó por arrinconar a los nazis, sino que permite un repaso a la azarosa Europa de entreguerras. Los acontecimientos vividos en la región a partir del famoso día D –6 de junio de 1944—están presentes en cada rincón de Normandía. Y no sólo porque a veces, como el oasado verano, aun haya que desalojar a cientos de personas para desactivar una vieja bomba de la II Guerra Mundial. El día D es, sin duda, un atractivo turístico que a veces no logra desprenderse de ese tufillo comercial que todo lo contamina, hasta los sucesos más trágicos. Pero también es verdad que la grandiosidad del escenario bélico, empezando por la sangrienta Omaha Beach (en realidad nombre en clave de Coleville-sur-Mer), la evidencia de la magnitud de la tragedia humana, en la que miles de jóvenes perdieron su vida, los cementerios (el americano de Omaha, sí, pero también el menos visitado pro impresionante de La Cambe, donde yacen más de 22.000 soldados alemanes) otorgan al recorrido militar de Normandía una fuerza especial que resulta, sin duda, interesante y un estímulo para la reflexión. Pero la costa normanda es mucho más que historia. Es, sobre todo, belleza: desde los acantilados de Etretat, al norte de El Havre, hasta el Mont Saint Michel, península unida al continente cuando así lo permiten las mareas atlánticas y el monumento más visitado de Francia, son 600 kilómetros de litoral que nos permiten mirar hacia e inmenso atlántico frente a nosotros o a la hermosa región que nos adentra en Francia. No se lo pierda.

    Desembarco para los sentidos
  6. May 22

    5 citas imprescindibles con la provincia de Cáceres

    La segunda provincia más extensa de España se encuentra en Extremadura, colinda con la vecina Portugal y está surcada, en parte, por el río Tajo. El valor patrimonial que atesora la provincia de Cáceres es incalculable. Son muchos los espectaculares enclaves en esta tierra de grandes conquistadores. Te proponemos cinco citas que no puedes perderte El Parque Nacional de Monfragüe Un espacio protegido que, con una extensión de casi 18.000 hectáreas, puede presumir de ser uno de los más frecuentados, con más de 450.000 visitantes. Declarado parque natural en 1979, cuenta también con la categoría de reserva de la Biosfera desde 2003 y, en 2007, fue reconocido como parque nacional. Se trata de una verdadera joya de la naturaleza que ofrece impresionantes espectáculos como el vuelo de diversas aves entre las que se encuentran el buitre, el alimoche, la cigüeña negra y el mismísimo águila imperial. Antes de adentrarte en esta maravillosa experiencia puedes consultar la guía que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico disponible en su web. Es también recomendable optar por alguna de las rutas ofertadas por empresas turísticas que incluyen rutas 4×4 e itinerarios muy interesantes. Monasterio de Yuste Ubicado en la comarca de la Vera, cerca del municipio Cuacos de Yuste, este Monasterio fue, tras abdicar y hasta su muerte, la residencia de Carlos I de España y V de Alemania hasta su muerte. Fue declarado Patrimonio europeo en 2007 y es la sede de la ceremonia de entrega del Premio Europeo Carlos V, presidida en cada una de sus ediciones por el Rey. Se trata de un galardón que reconoce a personas, organizaciones, proyectos o iniciativas que hayan contribuido al conocimiento general y engrandecimiento de los valores culturales e históricos de Europa o al proceso de integración de la Unión Europea. El Monasterio de Yuste, un Bien de Interés Cultural, que data de 1402, fue destruido por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, pero su reconstrucción, iniciada por la Dirección General de Bellas Artes en 1949, consiguió respetar al máximo su diseño original. La visita a este maravilloso enclave, que puede realizarse de martes a domingo por un precio de 7€, permite descubrir estancias tan valiosas como el Cuarto Real, la iglesia o los Claustros Gótico y Renacentista. Además, el entorno privilegiado en que se encuentra te permite organizar rutas naturales como la del Trabuquete, o acercarte a ver espectáculos impresionantes como los que ofrecen la cascada del Diablo, la garganta Mayor o la garganta de Cuartos. Valle del Jerte La experiencia de observar más de un millón de cerezos en flor es única. Esta estampa, tan singular como efímera, solo dura unos veinte días, tiene lugar entre marzo y abril y atrae a miles de visitantes. El hecho de que los cerezos, casi de forma sincronizada, florezcan y creen una especie de manto visual que contrasta con el verde de la zona convierte este fenómeno en algo especial y, desde luego, bellísimo. Pero la floración del cerezo no debería alienarnos tanto como para obviar todo aquello que ofrece este deslumbrante lugar. El espectáculo de la otoñada en este privilegiado enclave es también una experiencia muy recomendable, que además viene acompañada de un intenso programa de actividades culturales y tradicionales incluidas degustaciones gastronómicas. La zona es un área de interés ornitológico y natural que incluye diversas rutas de avistamiento y deportivas. Guadalupe Incluido en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, el municipio debe su nombre, según cuenta la leyenda, a una talla de la virgen María hallada por un pastor en el río Guadalupe a finales del siglo XIII. Esto motivó que en el lugar se construyera una ermita entorno a la que surgió Puebla de Santa María de Guadalupe. Realidad o ficción, la cuestión es que el santuario en honor a esta virgen se convirtió en el destino de peregrinación más importante de España después de Santiago de Compostela. Hoy, la Virgen de Guadalupe es patrona de Extremadura y el Monasterio de Santa María de Guadalupe, uno de los monumentos de visita obligada, es Patrimonio de la UNESCO y está considerado como uno de los mayores símbolos de la región. Pero son muchos más los atractivos que ofrece Guadalupe, no en vano a mediados del siglo pasado fue declarada Monumento Histórico Artístico gracias a sus hitos arquitectónicos, urbanísticos y culturales. Entre otras maravillas que deben visitarse está la antigua judería con sus casas porticadas o la espectacular Plaza de Santa María de Guadalupe, rodeada de casas de arquitectura medieval y presidida por una fuente con la pila bautismal que Cristóbal Colón utilizó para bautizar a los indios traía de América. Además, merece también una visita el Arco de Sevilla, uno de los accesos de la muralla defensiva decorado con preciosas flores. Trujillo El paso de las distintas civilizaciones ha dejado una valiosísima huella en este municipio extremeño. El imaginario colectivo envuelve a este lugar de un halo épico por ser la cuna de grandes conquistadores durante el descubrimiento de América. Entre ellos se encuentra Francisco Pizarro, conquistador del Perú, cuyo monumento ecuestre se yergue en la Plaza Mayor de la localidad. Su casa natal, hoy convertida en la Casa-Museo Pizarro, es un lugar de interés donde podrás ver documentos, enseres y objetos del histórico personaje. El centro, catalogado como Conjunto Histórico-Artístico, cuenta con un patrimonio arquitectónico único conformado por espectaculares iglesias y palacios renacentistas que se construyeron en la época de esplendor en la que tanto oro llegaba procedente de América. Algunos de sus monumentos están protegidos. Es imprescindible la visita a su Castillo, un antiguo alcázar árabe construido entre el siglo IX y el XIII. Otra visita de interés es la Iglesia de San Martín de Tours, una belleza que combina estilos arquitectónicos renacentistas y góticos. También es obligada la parada en El Alcázar de Luis Chaves el Viejo, un antiguo palacio donde se alojaron los Reyes Católicos en 1477 y 1479. Trujillo, además de ser un lugar de gran valor histórico y arquitectónico, cuenta con una ubicación cuyo entorno natural es también privilegiado. Por si fuera poco, su gastronomía no se queda atrás, destacando platos típicos como las migas extremeñas, la torta del Casar, el zorongollo, la manteca colorá o el exquisito jamón ibérico.

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  7. Apr 25

    Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim, pueblos gemelos unidos por un río

    Sanlúcar del Guadiana y Alcoutim comparten río y tradiciones y conforman un singular espacio fronterizo cargado de atractivo los lazos históricos, culturales y socioeconómicos entre España y Portugal son inapelables y se reflejan en grandes cifras y en una actividad institucional casi continua. Ambos países comparten más de 1.200 kilómetros de frontera y no pocos intereses en común. Pero hay vínculos que se viven especialmente a pie de pueblo. Un ejemplo es el binomio conformado por el pueblo onubense de Sanlúcar de Guadiana y el municipio luso de Alcoutim, dos pequeñas localidades que, enclavadas entre montañas a uno y otro lado de dicho río, representan un auténtico tándem de gran atractivo cultural. Sanlúcar de Guadiana, cuyo pequeño casco urbano se asienta en las faldas de una colina que desciende hasta el río, hunde sus raíces hasta el siglo XIII, después de que el rey Sancho II de Portugal arrebatase a los musulmanes las tierras donde actualmente se alza el municipio. No obstante, ya en el siglo XIV, el lugar fue incorporado al Señorío de Gibraleón y en 1435, Isabel Guzmán como III Señora de Gibraleón le concedió el título de villa. Dada su ubicación estratégica a orillas del río y frente por frente con el municipio portugués de Alcoutim, Sanlúcar del Guadiana gozó de un papel preponderante en los flujos comerciales llegando a capitalizar en el siglo XIX buena parte del tráfico de aguardiente, azúcar y arroz. La sencillez de su arquitectura, con sus fachadas encaladas, las calles en cuesta y sus vistas a Alcoutim, proyectan una singularidad que inspira un enclave con verdadera personalidad propia. Tan sólo pasear por su casco urbano, disfrutar de su quietud y admirar los paisajes naturales que ofrece esta localidad constituye una experiencia muy a tener en cuenta. Sanlúcar del Guadiana cuenta además con importantes atractivos adicionales, como su playa fluvial y su puerto, donde un servicio de barcazas canaliza el trasiego entre uno y otro lado del río, o su imponente castillo de San Marcos, que se erige sobre el municipio, en la cima de un cerro que domina el entorno. Esta fortificación se remonta al siglo XIV, si bien el complejo defensivo que ha llegado hasta nuestros días deriva de la combinación del recinto original con las incorporaciones y transformaciones constructivas acometidas en los siglos XVII y XVIII, merced al devenir de la historia. La localidad onubense se refleja, casi como si de un espejo se tratase, en su vecino municipio luso de Alcoutim, también de fachadas blancas y puerto fluvial, conformando de alguna manera una suerte de pueblos gemelos separados y a la vez unidos por el Guadiana. Y es que Alcoutim cuenta además con su propio castillo, bastante más modesto en lo arquitectónico que el de San Marcos pero que acoge una muestra arqueológica donde destaca la mayor colección de vestigios de juegos de mesa de época islámica procedentes de un único yacimiento, o monumentos como la iglesia de la Misericordia, la ermita de San Antonio y la Casa de los Condes, siempre transmitiendo tanta sobriedad y sencillez como en el caso de Sanlúcar. La localidad lusa cuenta igualmente con su propia playa fluvial y rinde homenaje a su pasado como enclave de contrabandistas, no sólo con una estatua dedicada a quienes desarrollaban dicha actividad, sino con todo un festival cultural con música, teatro e incluso un puente flotante que, de manera efímera, conecta el municipio con Sanlúcar de Guadiana. Este “Festival do Contrabando” rememora así cada mes de marzo el tráfico ilegal de mercancías que acogía Alcoutim hasta mediados del siglo XX, una actividad fraudulenta que no hacía sino estrechar los lazos entre este pueblo y su localidad gemela en la orilla española del Guadiana. Dos municipios conectados además por la primera tirolina transfronteriza del mundo, gracias a la cual es posible viajar literalmente por los aires desde un cerro próximo a Sanlúcar del Guadiana hasta las inmediaciones de Alcoutim, sobrevolando el Guadiana a más de 70 kilómetros por hora en una experiencia verdaderamente electrizante. Sanlúcar del Guadiana y Alcoutim constituyen así un producto turístico unificado, para disfrutar de las tranquilas calles encaladas de ambos pueblos, viajar en los paquebotes que conectan una y otra orilla del río con un paisaje fluvial que no deja a nadie indiferente y saborear la gastronomía de los establecimientos que salpican las terrazas con vistas al río, en ambos pueblos. Este atractivo que no ha pasado desapercibido más allá de Despeñaperros hizo de Sanlúcar del Guadiana un escenario recurrente en la tercera temporada de la serie de suspense La Caza, proyectando hacia toda España la singularidad de este enclave.

    Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim, pueblos gemelos unidos por un río

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