Vamos a contar mentiras

Logos Elkartea

LOGOS Elkartea es una asociación de divulgación científica, que acerca la cultura científica a los diferentes barrios. Ciencia para todas y para todos, sin excepción. De su mano, desmontamos algunas mentiras y bulos en la sección ‘Vamos a contar mentiras’.

  1. 5d ago

    ¿Comer chocolate produce Premios Nobel?

    Aprovechando que ya se han anunciado los nombres de los galardonados con los Premios Nobel de este año, resulta oportuno recuperar una anécdota que ayuda a entender mejor la ciencia para no dejarse llevar por polémicas mediáticas con sesgos importantes. Esta historia fue difundida recientemente por el nutricionista Juan Revenga. En 2012, Franz H. Messerli, un prestigioso cardiólogo vinculado al St. Luke's Roosevelt Hospital y a la Universidad de Columbia en Nueva York, publicó en la revista médica The New England Journal of Medicine un artículo en el que mostraba algo extraordinario: comer chocolate podía contribuir a que un país recibiera más Premios Nobel. Para comprobarlo, Messerli cruzó dos datos: el consumo anual de chocolate por habitante de distintos países y el número de Premios Nobel obtenidos por cada 10 millones de habitantes. El resultado fue espectacular, sin necesidad de inventar ni falsear ningún dato. Cuanto mayor era el consumo de chocolate, mayor era también el número de laureados. La correlación entre chocolate y Premios Nobel existía, era intensa y resultaba estadísticamente significativa. Correlación no implica causalidad Sin embargo, el artículo de Messerli no demostraba que el chocolate produjera Premios Nobel, ni tampoco lo pretendía. En realidad, quería mostrar hasta qué punto dos variables pueden estar relacionadas entre sí sin que una sea necesariamente la causa de la otra; es decir, que correlación no implica necesariamente causalidad. La correlación estadística describe una asociación entre dos variables. Si al aumentar una también tiende a aumentar la otra, se trata de una correlación positiva; si una aumenta mientras la otra disminuye, será negativa. Es posible cuantificar hasta qué punto esa relación es más o menos estrecha, pero nada de eso explica por qué existe esa relación entre los datos. Cuando dos variables (X e Y) están correlacionadas, existen varias posibilidades: puede que X influya sobre Y, que Y influya sobre X, o que exista una tercera variable que explique ambas. Además, la asociación puede ser producto del azar, de la selección de datos o de otros sesgos del estudio. De hecho, existen multitud de ejemplos de correlaciones espurias. En verano aumentan tanto las ventas de helados como los ahogamientos en piscinas o playas, pero no se puede concluir que comer helados provoque ahogamientos, puesto que lo habitual es que ambas variables se incrementen en la época estival. Del mismo modo, existe una correlación entre el número de personas que se ahogaron tras caer en una piscina entre 1999 y 2009 y la cantidad de películas en las que apareció el actor Nicolas Cage en el mismo periodo. Independientemente del aprecio hacia el actor, tampoco es el responsable de esos sucesos. Cómo exige la ciencia probar una causa Por tanto, la estadística puede señalar que dos fenómenos aparecen relacionados en unos datos determinados, pero establecer que uno causa el otro exige bastante más. Es altamente improbable que la ciencia establezca una relación causal a partir de un único resultado. Para defender que una causa produce realmente un determinado efecto, hay que reunir evidencias procedentes de distintas fuentes y comprobar que otras explicaciones sean menos plausibles. Una condición elemental es la temporalidad: la supuesta causa debe preceder al efecto. También resulta relevante comprobar si la asociación se produce en diferentes estudios y poblaciones, si hay mecanismos compatibles con el efecto observado y, sobre todo, si la asociación persiste después de tener en cuenta otras variables capaces de explicarla. La inferencia causal depende del conjunto de la evidencia y de la capacidad de descartar explicaciones alternativas. El problema con la evidencia en el debate público Esta confusión entre correlación y causalidad es una de las explicaciones de nuestro problema con la evidencia científica, y está detrás de una parte nada despreciable de los titulares sensacionalistas y las polémicas mediáticas. Un ejemplo reciente se encuentra en la publicación, en el pasado mes de septiembre, de los resultados del informe PISA del año 2025. Cuando el rendimiento en matemáticas o lectura cae, es habitual que la opinión pública busque culpables inmediatos apoyándose en correlaciones superficiales. Sin embargo, los datos del informe PISA deben ser analizados con cautela: aunque ofrece resultados que sugieren ciertas correlaciones, el tipo de pregunta y el enfoque metodológico no permiten establecer una causa-efecto clara, y menos en un contexto como la educación, donde la realidad responde a problemas multifactoriales. Antes de aceptar ciertas conclusiones, conviene comprobar en qué tipo de pruebas y estudios se basan, porque los datos pueden ser perfectamente correctos y, sin embargo, su interpretación perfectamente equivocada.

  2. Oct 20

    Sesgo de género en la salud: los riesgos de estudiar solo a hombres para aplicar la medicina en mujeres

    La investigación biomédica arrastra una materia pendiente con la salud de las mujeres: la falta de representación equitativa en los estudios científicos. Durante décadas, las fluctuaciones hormonales femeninas han servido de pretexto para excluir a las mujeres de numerosos ensayos, bajo la premisa de que podían complicar los resultados. Esta inercia histórica ha provocado que muchos conocimientos aplicados hoy en día a la población femenina procedan de investigaciones realizadas exclusivamente en hombres. El caso AESAN y las recomendaciones extrapoladas Un claro ejemplo de esta problemática ocurrió en marzo de 2026, cuando la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó un informe sobre riesgos nutricionales durante la menopausia. Pocos días después, diversas científicas advirtieron que varias de las recomendaciones sobre nutrientes clave, como el hierro o la vitamina C, provenían de estudios hechos solo en hombres. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya alertaba en sus documentos sobre esta limitación y la falta de datos específicos. No obstante, la AESAN omitió estas advertencias en su informe, lo que provocó que el documento fuera retirado para su posterior revisión. El problema reside en presentar como evidencia específica para mujeres lo que en realidad son extrapolaciones de datos masculinos. La exclusión en etapas clave: menopausia y embarazo Esta falta de rigor o de datos propios se extiende a etapas vitales y exclusivas de la fisiología femenina. El caso de las mujeres embarazadas es especialmente crítico: en junio de 2025, la OMS reveló que solo un 4 % de los ensayos clínicos de la última década permitía la inclusión de embarazadas. Aunque el motivo principal es la prudencia y el temor a posibles riesgos fetales, la exclusión sistemática implica prescribir medicamentos y vacunas sin suficiente evidencia sobre su seguridad en este grupo de población. En definitiva, lo que no se investiga no se conoce, y sin conocimiento específico es imposible garantizar una atención médica con la precisión que las mujeres merecen.

  3. Oct 13

    ¿Es la astrología una teoría o solo un mito? La diferencia entre creencia y método científico

    En los debates habituales entre la divulgación científica y los defensores de pseudociencias como la astrología, suelen repetirse argumentos como «esa será la opinión de la ciencia» o «eso es solo una teoría». Aunque a simple vista puedan parecer expresiones razonables, encierran una profunda confusión sobre cómo funciona el método científico y qué significan realmente conceptos clave como hipótesis, teoría y ley científica. La sección Vamos a contar Mentiras del programa EgunOn Bizkaia, en colaboración con Logos Elkartea y de la mano de Alessandra Campo, aborda este análisis tomando la astrología como punto de partida para comprender por qué no basta con afirmar que algo podría ser cierto para tener motivos válidos para creer en ello. La prueba de la realidad: de la hipótesis al experimento La astrología parte de la premisa de que las posiciones y configuraciones de los cuerpos celestes influyen en la personalidad, el comportamiento o el destino de las personas. En términos científicos, esta afirmación puede formularse como una hipótesis: las personas nacidas bajo una determinada configuración planetaria presentan rasgos de personalidad identificables en sus cartas astrales. Para comprobar si una hipótesis es cierta, el método científico exige ponerla a prueba mediante experimentos controlados. Un ejemplo real ocurrió en 1985, cuando el investigador Shawn Carlson publicó un estudio en la revista Nature. En él, se pidió a un grupo de astrólogos que relacionaran cartas astrales con perfiles psicológicos elaborados mediante pruebas independientes y a ciegas. Los resultados mostraron que los astrólogos no fueron capaces de acertar por encima de lo que cabría esperar por puro azar. Cuando una afirmación no supera las pruebas objetivas y las predicciones no se reproducen de manera consistente, la hipótesis pierde credibilidad o se descarta. La ciencia no valida una idea por el mero hecho de que alguien crea en ella, sino por la solidez de las evidencias que la respaldan. ¿Qué es realmente una teoría científica? Existe una diferencia fundamental entre el uso cotidiano de la palabra "teoría" y su definición en el ámbito científico. En el lenguaje coloquial, se utiliza como sinónimo de intuición, sospecha o suposición no probada. Sin embargo, en ciencia, una teoría es un marco explicativo organizado que integra observaciones, experimentos y conocimientos previos para comprender y predecir fenómenos. Ejemplos como la teoría de la evolución, la teoría microbiana de las enfermedades o la teoría de la relatividad no son simples especulaciones, sino marcos respaldados por múltiples líneas de evidencia independiente que permiten desarrollos prácticos tan reales como la medicina moderna o los sistemas GPS. Asimismo, es un error habitual pensar que una teoría se convierte en ley al acumular suficientes pruebas. No existe una jerarquía donde la hipótesis asciende a teoría y finalmente a ley; se trata de conceptos con funciones distintas: Hipótesis: Proposición inicial que se somete a contraste. Teoría: Marco global que explica e integra un conjunto de fenómenos. Ley científica: Descripción de una regularidad de la naturaleza, habitualmente mediante una relación matemática (como la ley de gravitación universal de Newton). El método frente a la creencia Que los astros ejerzan fuerzas físicas reales en el universo —como la atracción gravitatoria— no demuestra de ningún modo que determinen el destino o la personalidad humana. Para sostener semejante afirmación, la astrología tendría que aportar evidencias fiables y reproducibles, algo que no ha conseguido a lo largo del tiempo. La ciencia no se diferencia de otras formas de pensamiento por poseer todas las respuestas, sino por disponer de un método riguroso para comprobar qué respuestas resisten el contraste con la realidad. Si una hipótesis no supera esas comprobaciones, no hay razón científica para seguir creyendo en ella, por muy atractiva o tradicional que resulte.

  4. Jun 30

    Eclipse total de sol: ¿Cómo disfrutarlo con seguridad?

    Dentro de unas semanas, millones de personas mirarán al cielo. El 12 de agosto, España se posiciona como uno de los mejores lugares del mundo para observar un eclipse total de sol. Durante unos minutos, la Luna oculta completamente el disco solar, el día se oscurece, la temperatura desciende y aparecen planetas brillantes y la corona solar. Cada vez que se aproxima un evento de este tipo, surgen recomendaciones sobre cómo observarlo correctamente. El eclipse no debe observarse utilizando radiografías, cristales ahumados, negativos fotográficos, cristal de obsidiana, ni a través del teléfono móvil o prismáticos sin los filtros solares adecuados. "Ninguno de esos métodos filtra adecuadamente la radiación solar y utilizarlos puede suponer lesiones irreversibles en la retina", sostiene Alexandra Campo de Logos Elkartea. Para proteger la vista, es necesario seguir estas medidas: Es obligatorio observar el sol únicamente con gafas homologadas que cumplen la norma ISO 12312-2. Dichas gafas son del orden de 100.000 veces más oscuras que unas gafas de sol corrientes. Si no se dispone de gafas homologadas, otra posibilidad es recurrir a la proyección estenopeica, que consiste en proyectar la imagen del sol a través de un pequeño orificio sobre una superficie para verlo de forma indirecta. Recomendaciones durante la totalidad Durante la fase de la totalidad, cuando el sol queda completamente cubierto por la Luna, es seguro retirar las gafas para poder contemplar la corona solar. Sin embargo, Alexandra Campo advierte que "con la reaparición del primer destello de sol, hay que volver a colocárselas inmediatamente". Para una planificación adecuada, el Instituto Geográfico Nacional ofrece información detallada en su portal web oficial, eclipses.ign.es, y el Gobierno Vasco dispone de recursos divulgativos en eclipsea.euskadi.eus.

  5. Jun 15

    ¿Qué le pasa a la piel cuando nos bronceamos?

    Con la llegada del verano, el sol comienza a brillar con más fuerza y, de forma inevitable, resurgen los mitos anuales sobre el bronceado, las cremas solares y la exposición al sol. En la sección "IA para andar por casa" del programa EgunOn Bizkaia, analizamos qué ocurre realmente en nuestra piel cuando nos ponemos morenos y cómo funcionan los mecanismos de protección. Radiación UVA y UVB: Enemigos invisibles La radiación solar que llega a la Tierra contiene diferentes tipos de luz. Mientras que la luz visible es la que percibimos con los ojos, existe una radiación ultravioleta (UV) que es invisible y mucho más energética. Esta se divide principalmente en dos tipos: Rayos UVB: Tienen más energía y afectan a las capas superficiales de la piel. Son los responsables principales de las quemaduras solares y causan daño directo en el ADN celular. Rayos UVA: Penetran más profundamente en la piel. Aunque no producen una quemadura inmediata tan evidente, generan estrés oxidativo, envejecimiento prematuro y alteraciones celulares acumulativas. Hoy se sabe que también contribuyen al desarrollo de cáncer de piel. Los rayos UVA atraviesan mejor las nubes e incluso el cristal de las ventanas. Por eso, una persona puede recibir radiación ultravioleta mientras viaja en coche, sin necesidad de estar tumbada en la playa. El bronceado: Un escudo defensivo, no un signo de salud Cuando la radiación ultravioleta daña el ADN de las células cutáneas, el cuerpo reacciona. Unas células llamadas melanocitos, situadas en la epidermis, detectan las señales químicas de estrés y aumentan la producción de melanina (el pigmento que da color a la piel, el pelo y los ojos). Esta melanina se distribuye alrededor del núcleo de las células para formar una especie de escudo biológico que intenta absorber parte de la radiación y proteger el material genético. Por tanto, el bronceado es, en realidad, una respuesta defensiva frente a una agresión ambiental. Asociar el tono moreno con la salud es un error, ya que biológicamente es más parecido a una señal de adaptación al daño. Existen dos procesos: Oscurecimiento inmediato: Producido sobre todo por los UVA. La melanina ya existente se oxida y se oscurece rápidamente, ofreciendo un efecto rápido pero temporal. Bronceado tardío: Estimulado por los UVB. Implica un aumento real en la producción de nueva melanina. Tarda más en aparecer porque requiere cambios celulares y síntesis de pigmento. El mito de los betacarotenos y los protectores solares Mucha gente recurre al consumo de alimentos ricos en betacarotenos (como la zanahoria, la calabaza o el mango) para broncearse. Si bien es cierto que estos pigmentos vegetales se acumulan en la piel tras un consumo prolongado y generan un tono dorado (careto dermia), no es un bronceado real. En este proceso no intervienen los melanocitos, no aumenta la melanina y, lo más importante, no supone una protección solar significativa. Por otro lado, existe la falsa creencia de que una crema con un Factor de Protección Solar (SPF) alto bloquea el sol por completo. El SPF se refiere principalmente a la protección frente a los rayos UVB: Un SPF 30 filtra aproximadamente el 97% de la radiación UVB. Un SPF 50 filtra alrededor del 98%. La diferencia real de protección entre ambos es de apenas un 1%. Por ello, es fundamental que las cremas indiquen que son de amplio espectro, garantizando protección tanto para UVB como para UVA. Filtros físicos, químicos y autobronceadores Las cremas solares actúan mediante dos tipos de filtros: Filtros minerales o físicos (como el óxido de zinc o el dióxido de titanio): Actúan como un espejo, reflejando y dispersando la radiación. Filtros químicos u orgánicos: Contienen moléculas que absorben la energía ultravioleta y la transforman en pequeñas cantidades de calor inofensivas para la piel. En el caso de los autobronceadores, el mecanismo es diferente. Muchos contienen dihidroxiacetona (DHA), un compuesto que no estimula los melanocitos ni requiere radiación UV. La DHA reacciona químicamente con las proteínas y aminoácidos de las capas superficiales de la piel, generando pigmentos oscuros temporales mediante una reacción similar a la que ocurre al tostar el pan. Aportan color sin exposición solar, pero generalmente no protegen contra el sol. La genética manda La capacidad de broncearse y protegerse del sol depende directamente de la genética. No todo el mundo tiene el mismo número de melanocitos ni produce el mismo tipo de melanina. La eumelanina (oscura) protege mejor de la radiación que la feomelanina (clara y rojiza), lo que explica por qué las pieles claras se queman con tanta rapidez y apenas se broncean. El bronceado natural ofrece una protección biológica muy limitada, equivalente a un SPF muy bajo. Para mantener la piel sana este verano, la clave sigue siendo protegerse de las radiaciones UVA y UVB con cremas fiables y evitar la exposición directa en las horas de mayor radiación, entre las 12:00 y las 16:00 horas.

  6. May 29

    Marcos Llorente y el "efecto Dunning-Kruger": Cuando la osadía vale más que la ciencia

    El plató de televisión del programa "El Hormiguero" se convirtió recientemente en el escenario de una nueva polémica científica. El futbolista Marcos Llorente acudió como invitado y, al ser preguntado sobre sus controvertidas afirmaciones respecto al protector solar y el cáncer de piel, dejó una serie de perlas que reflejan a la perfección el auge del negacionismo ilustrado por la percepción personal. No deja de ser preocupante que el programa de entretenimiento con más audiencia del país dé voz, en horario de máxima audiencia, a afirmaciones desmentidas desde hace años por la evidencia científica con el único fin de generar revuelo y "salseo". "Yo es lo que siento" Ante la pregunta de si no es peligroso ir en contra de lo que dictaminan los dermatólogos y la comunidad oncóloga, la respuesta del futbolista fue tajante: "Yo es lo que siento". Esta declaración sintetiza un perfil de personas muy concreto en el ecosistema mediático actual: aquellos que sustituyen la evidencia por la percepción puramente personal. Da igual lo que muestren los datos o los estudios epidemiológicos; si alguien "siente" lo contrario, parece que su sensación vale lo mismo que décadas de investigación médica. Las sensaciones pueden servir para elegir el menú del día, pero carecen de rigor para desmontar consensos científicos globales. Si la ciencia dependiera de la intuición individual, seguiríamos creyendo que el Sol gira alrededor de la Tierra. "Yo no estoy de acuerdo" Cuando se le esgrimió la realidad de que la piel paga un precio cada vez que se toma el sol, Llorente optó por otro argumento demoledor: "Yo no estoy de acuerdo". Con esta postura, se equipara la opinión individual al conocimiento experto, otorgando a la discrepar el poder automático de elevar cualquier postura al mismo nivel de quienes llevan 20 años estudiando la materia. Se confunde, de forma peligrosa, el derecho a tener una opinión con el derecho a que esa opinión tenga validez técnica. Cualquiera puede opinar libremente sobre física cuántica o cirugía cardiovascular, pero el valor de esa opinión es cero frente al de un profesional dedicado a ello. Lo alarmante es la tendencia creciente a despreciar el conocimiento especializado como si fuera una simple elección ideológica o de preferencia personal. "¿Y cómo miden eso?" El último gran argumento de la entrevista llegó cuando se citó a la Asociación Española de Dermatología para explicar que el daño solar es acumulativo y responsable de la mayoría de los cánceres de piel. El futbolista respondió con escepticismo: "¿Y cómo miden eso?". Esta pregunta retrata el desconocimiento absoluto sobre cómo funciona el tejido científico, cuestionando metodologías complejas desarrolladas y validadas durante generaciones. La investigación biomédica, la epidemiología y la estadística clínica cuentan con modelos matemáticos, análisis de poblaciones gigantescas y seguimientos longitudinales extremadamente sofisticados. Pensar que todo este entramado puede refutarse con una pregunta lanzada desde la barra de un bar es un insulto para la comunidad científica. El sesgo de la ignorancia (y el negocio de fondo) ¿Qué lleva a alguien a opinar con tanta osadía ante millones de espectadores sin tener conocimientos especializados? En la sección Vamos a contar mentiras de EgunOn Bizkaia proponen dos explicaciones claras: Por un lado, el famoso efecto Dunning-Kruger, un fenómeno psicológico que describe cómo las personas con menos conocimientos en un área tienden a sobreestimar de forma exagerada lo que saben. Cuanto menos se entiende un tema, menos consciente se es de la propia ignorancia. Por otro lado, una razón más mundana: el dinero. Casualmente, pocos días antes de su aparición televisiva, el futbolista había lanzado una tienda online con un libro y productos relacionados precisamente con todas estas teorías pseudocientíficas sobre la luz solar y la salud natural. Como bien dice el refrán popular: piensa mal y acertarás.

  7. May 19

    Hantavirus y el crucero: La ciencia desmonta los bulos y el alarmismo social

    Tras semanas de intensa polémica y debate mediático, el ya tristemente famoso crucero MV Hondius desembarcó finalmente a sus pasajeros en Canarias, a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para controlar el brote de hantavirus iniciado a bordo. Sin embargo, la cobertura de este suceso ha superado con creces la atención dedicada a otras crisis sanitarias. Para aportar rigor y calmar aguas, Ibon Alonso, miembro de Logos Elkartea, ha analizado la situación en la sección Vamos a contar mentiras de EgunOn Bizkaia. El hantavirus no es el nuevo coronavirus Desde el primer momento, los expertos han insistido en que este patógeno no tiene ninguna relación con el SARS-CoV-2. "El hantavirus no es un virus nuevo", aclara Alonso, recordando que se conoce desde mediados del siglo XX, cuando se identificó en soldados de la Guerra de Corea cerca del río Hantan. En el caso del brote del Hondius la responsable es la variante Andes, una cepa americana que, a diferencia de las presentes en Europa o Asia, es notablemente más letal, con una tasa de mortalidad en torno al 40%. Aunque debuta con síntomas similares a los de una gripe, evoluciona con rapidez hacia graves problemas pulmonares y cardíacos. Al no existir una vacuna ni un tratamiento específico, la atención médica temprana es vital para la supervivencia. ¿Existe riesgo de una pandemia global? La respuesta de la comunidad científica es rotunda: el riesgo de pandemia es bajísimo o nulo. Aunque la variante Andes es de las pocas que presenta evidencias de contagio entre personas, Alonso subraya que "la capacidad de transmisión entre humanos es muy baja". El contagio requiere un contacto estrecho, se produce solo cuando el paciente ya muestra síntomas y la ventana de transmisión apenas dura un día. De hecho, cada infectado contagia de media a menos de una persona, una cifra insignificante comparada con los 20 o 30 contagios que provocaba cada enfermo de coronavirus. "Mientras los expertos insistían en que la prioridad debía ser la atención a los pasajeros y el aislamiento, en medios y redes se anunciaban peligros infundados y mentiras en busca de seguidores, audiencias o un puñado de votos". El origen: los ecosistemas y la salud El hantavirus es una zoonosis, lo que significa que se transmite de animales a humanos. En este caso, el portador es el ratón colilargo, un roedor silvestre que habita en los bosques templados de Chile y el sur de Argentina, zonas que visitaron los primeros afectados del crucero antes de embarcar. Las poblaciones de estos roedores fluctúan cada año debido al clima, la disponibilidad de alimento o la deforestación. Este fenómeno nos devuelve una reflexión obligatoria: la salud de nuestros ecosistemas influye directamente en nuestra propia salud. Aunque se estima que cada año hay entre 150.000 y 200.000 casos en el mundo (la mayoría en Asia y unos 2.000 en Europa), el impacto en América es numéricamente menor, registrándose 229 casos y 59 fallecidos en 2025. Los virus más peligrosos La reflexión final de Logos Elkartea pone el foco sobre la doble moral de la atención mediática actual. Coincidiendo con esta crisis, la OMS ha declarado la emergencia de salud pública internacional por un brote de Ébola en África, un virus tan letal o más que el hantavirus que, sin embargo, no ha despertado el mismo interés en Occidente. Para Alonso, esto demuestra que existen amenazas mucho peores que las estrictamente biológicas: "Hay virus mucho más peligrosos, y no lo digo por el Ébola, sino por el virus de la injusticia. No somos conscientes de que nadie gana si no ganamos todos".

  8. May 15

    Los trucos definitivos para librarte del hipo de una vez por todas

    El hipo aparece sin avisar: comiendo, hablando o simplemente paseando. Aunque la mayoría de las veces es una molestia pasajera, cuando se prolonga puede resultar desesperante. Por eso, en la sección IA para andar por casa, hemos querido bajar a la tierra la ciencia que hay detrás de este fenómeno y desterrar algunos mitos que, más que ayudarnos, pueden darnos un disgusto. ¿Qué es realmente el hipo? Como explica Mónica López, el hipo ocurre cuando el diafragma, el músculo que usamos para respirar y que se encuentra debajo de los pulmones, se contrae de manera involuntaria sufriendo un espasmo. Al inspirar, el diafragma se contrae para dejar espacio a los pulmones, mientras que al expirar se relaja para que el aire salga. Sin embargo, esa contracción involuntaria hace que entre aire muy rápido y, justo después, las cuerdas vocales se cierren de golpe, produciendo el famoso sonido. Suele aparecer por comer demasiado rápido, beber bebidas con gas, tomar alcohol, por cambios bruscos de temperatura o incluso por nervios y estrés. El mito del susto y otros remedios populares Uno de los remedios más famosos es provocar un susto, bajo la idea de que el sobresalto altera el patrón respiratorio y puede "reiniciar" el diafragma. Según López, esto funciona a veces, pero más por casualidad que por ciencia, ya que no hay evidencia sólida de que sea un método fiable. Otro clásico es beber agua al revés, inclinándose hacia adelante, aunque en realidad lo que ayuda aquí es el hecho de controlar la respiración y estimular ciertos nervios relacionados con el reflejo del hipo. Lo que sí dice la ciencia: El poder del CO2 Los métodos más efectivos suelen ser aquellos que alteran el ritmo respiratorio o estimulan el nervio vago. Aguantar la respiración entre 10 y 20 segundos es una de las opciones más recomendadas porque aumenta el dióxido de carbono en sangre, lo que ayuda a relajar el diafragma y los músculos en general. De igual forma, respirar dentro de una bolsa de papel durante unos segundos busca el mismo aumento de CO2. Curiosamente, tomar una cucharadita de azúcar también puede funcionar en algunas personas, ya que se cree que estimula ciertos nervios de la boca y la garganta que interfieren con el reflejo del hipo; no es magia, tiene una base fisiológica. Cuidado con los bulos y cuándo ir al médico Es importante tener cuidado con los remedios absurdos o peligrosos que circulan por internet, como beber vinagre en grandes cantidades o hacer el pino, que no tienen respaldo científico. También existen supersticiones curiosas, como una creencia japonesa que sostiene que si una persona tiene hipo más de 100 veces seguidas es una señal de muerte cercana, pero lo cierto es que el hipo normalmente desaparece solo. No obstante, Mónica López advierte que si el hipo dura más de 48 horas se debe consultar a un médico, ya que el singulto —término médico para el hipo— podría estar relacionado con problemas digestivos, nerviosos o efectos secundarios de medicamentos.

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