El Garaje Hermético de Máximo Sant

Máximo Sant

Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.

  1. 1h ago

    ¿Quién MATÓ al DIÉSEL?

    Nos han repetido hasta la saciedad que el motor diésel es un veneno negro que asfixia nuestras ciudades, un villano climático al que había que exterminar sin piedad. Sin embargo, la realidad científica y técnica actual es diametralmente opuesta. El diésel moderno es una obra maestra de la termodinámica que, lejos de contaminar, llega a expulsar gases más limpios de los que entraron en su motor. La decisión de acabar con él no responde a criterios medioambientales reales, sino a un error gestado en los despachos que Europa va a pagar muy caro. Durante décadas, Europa fue la dueña indiscutible de esta tecnología. Mientras los estadounidenses seguían anclados en ineficientes motores V8 de gasolina y los japoneses exprimían las revoluciones del ciclo Otto, los ingenieros del Viejo Continente transformaron el rudo invento de Rudolf Diesel en el culmen del refinamiento. La clave de esta época dorada fue la introducción del sistema Common Rail, desarrollado inicialmente por Fiat y perfeccionado por Bosch, que permitía inyectar combustible a presiones descomunales de más de dos mil bares. Los motores no solo gastaban casi la mitad que los de gasolina, sino que ofrecían un rendimiento apabullante. Las siglas TDI, HDI, JTD o dCi inundaron las calles y humillaron a la competencia en los circuitos, coronándose en las 24 Horas de Le Mans o en el mundial de turismos WTCC. Toda esa hegemonía se derrumbó en la primavera de 2014, cuando unos investigadores de la Universidad de West Virginia descubrieron que algunos vehículos europeos emitían niveles de óxidos de nitrógeno (NOx) hasta cuarenta veces superiores a los permitidos en Estados Unidos. El escándalo estalló definitivamente en 2015 cuando la EPA desveló el uso de un software fraudulento diseñado para detectar las pruebas de laboratorio y alterar artificialmente las emisiones. Este "Dieselgate" desató una cacería mediática, judicial y corporativa sin precedentes que obligó a las marcas a pagar multas estratosféricas. Aterrorizados por la opinión pública, los políticos europeos dictaron una sentencia letal: la prohibición total de vender vehículos de combustión interna para el año 2035. La gran mentira de esta ejecución pública es que ignora los enormes avances de la normativa Euro 6d. En primer lugar, los diésel modernos combaten el calentamiento global de manera mucho más eficiente que la gasolina debido a su funcionamiento por compresión y al exceso de aire. Un estudio de 2019 del Instituto Francés del Petróleo (IFPEN) demostró que un coche diésel Euro 6d emite un 11% menos de CO2 en condiciones reales que su equivalente de gasolina. Al matar al diésel, se ha obligado a los fabricantes a vender pesados y poco aerodinámicos SUV de gasolina que disparan la huella de carbono. El problema histórico de las partículas sólidas (PM10 y PM2.5) también fue erradicado gracias a los filtros DPF cerámicos, que incineran el hollín a 600 grados capturando el 99,9% de las partículas. Paradójicamente, la promoción de los motores de gasolina de inyección directa provocó emisiones masivas de nanopartículas invisibles mucho más peligrosas, obligando a instalar filtros también en esos coches. Respecto a los polémicos óxidos de nitrógeno, la ingeniería europea los neutralizó mediante los avanzados sistemas SCR y el AdBlue. Al inyectar esta solución de urea en el escape, el calor la transforma en amoníaco, el cual reacciona químicamente para descomponer el letal NOx en nitrógeno puro y vapor de agua. Estos sistemas son tan eficaces que, si conduces una berlina diésel actual por una ciudad con alta inversión térmica, los filtros de tu coche limpian el aire sucio del exterior, actuando literalmente como una aspiradora rodante que purifica el ambiente a su paso. Europa sentenció a muerte a esta tecnología por pura cobardía política. En lugar de penalizar el fraude corporativo y seguir explotando su mayor ventaja competitiva mundial, forzó una transición tecnológica antinatural hacia la electrificación total por baterías. Al rubricar aquellas leyes, el Viejo Continente cometió un suicidio económico y le regaló el futuro del automóvil a China, el único país que controla con puño de hierro la extracción de minerales y las megafábricas de celdas. Hemos entregado nuestra industria generadora de millones de empleos y nuestra soberanía tecnológica a un monopolio asiático, todo a cambio de un mero ecologismo de postureo.

    ¿Quién MATÓ al DIÉSEL?
  2. 2d ago

    El COCHE de 1000 KG: ¿Podemos fabricarlo hoy?

    ¿Crees que es posible fabricar hoy en día un coche de 1.000 kg? Vamos a diseñar nuestro propio vehículo, el GH 1000. Un coche compacto para todos los públicos, de cinco puertas, cinco plazas, unos 4,40 metros de largo, alrededor de 130 CV de potencia y, por supuesto, con airbags, aire acondicionado, ayudas a la conducción y cumpliendo con todas las normativas actuales de seguridad y emisiones. Nuestro objetivo principal y línea roja absoluta es bajar de los 1.000 kilos de peso. Pero, si esto es posible, ¿por qué los fabricantes no lo hacen ya? Y lo más importante, ¿cuánto costaría? Para entender cómo hemos llegado a este punto, debemos preguntarnos en qué momento engordaron tanto nuestros coches. No hace tanto tiempo, un vehículo de una tonelada era considerado un coche normal, no uno especialmente ligero. En 1983, un Volkswagen Golf de segunda generación medía unos cuatro metros y pesaba unos sorprendentes 845 kg en su versión de acceso, manteniendo sus cinco plazas y un buen maletero. En la actualidad, un coche moderno de tamaño similar se mueve entre los 1.300 y los 1.600 kilos, especialmente si incluye sistemas híbridos enchufables. De hecho, la masa media de los turismos nuevos en Europa supera la tonelada y media. La respuesta fácil para justificar este sobrepeso es culpar a las rigurosas normativas de seguridad, pero eso es solo una parte de la verdad. Los coches han crecido en tamaño y equipamiento: llevan ruedas mayores, mucha más insonorización, climatización compleja, servomotores, pantallas por todas partes, asientos enormes, sistemas híbridos y pesadas baterías. Todo esto genera un efecto dominó: si añades peso, necesitas frenos más grandes; esos frenos pesan más, lo que te obliga a montar ruedas más grandes; esto requiere reforzar las suspensiones, y como el conjunto es más pesado, necesitas más potencia y una transmisión más robusta para moverlo. Un kilo llama a otro kilo. Sin embargo, quitar peso produce un círculo virtuoso, y esa es la estrategia de nuestro hipotético GH 1000. No haríamos trampas usando carísimos monocascos de fibra de carbono como si fuera un prototipo inalcanzable. Nuestra receta utilizaría aceros de ultra alta resistencia en la célula de seguridad, aluminio en piezas clave como el capó o la suspensión, y plásticos avanzados en elementos no estructurales. Aligerar no consiste simplemente en quitar cosas, sino en diseñarlas desde el principio para que no pesen demasiado, buscando siempre ahorrar lo que los ingenieros llaman "el kilo pequeño". Mecánicamente, huiríamos de la electrificación masiva. Una batería grande haría imposible alcanzar nuestro objetivo en un coche de estas dimensiones. Optaríamos por un motor de gasolina de cuatro cilindros, todo de aluminio, con turbo, de entre 1.2 y 1.3 litros, entregando unos 130 CV con caja manual. Con solo 1.000 kg que mover, esta potencia nos daría una relación peso-potencia fantástica, logrando aceleraciones de 0 a 100 km/h en unos 8 segundos. Además, el menor peso permite frenos más pequeños, neumáticos más estrechos y un motor que trabaja menos, logrando cifras de consumo ridículas. Todo este presupuesto técnico de masas es completamente viable, y calculamos que fabricar este coche en gran serie tendría un coste de entre 27.000 y 30.000 euros. Pero aquí es donde nos topamos con el verdadero obstáculo comercial, y donde descubrimos que gran parte de la culpa de que no existan coches así la tenemos nosotros como consumidores. Si un cliente entra en un concesionario dispuesto a gastar 30.000 euros y pregunta qué se lleva a cambio, nuestra respuesta sería: "menos". Menos peso, ruedas más pequeñas, menos pantallas y menos gadgets. Aunque ese “menos” proporcione un mayor placer de conducción, mejores prestaciones, menor consumo y un menor desgaste de componentes, la realidad del mercado es otra. Vender ligereza es muchísimo más difícil que vender caballos de potencia, tamaño desmesurado y tecnología aparente. Nos hemos olvidado de una premisa básica de la ingeniería: a veces, para mejorar un coche, lo mejor que puedes añadir es nada.

    El COCHE de 1000 KG: ¿Podemos fabricarlo hoy?
  3. 5d ago

    Grandes olvidados: JENSEN FF

    ¿El primer deportivo con tracción a las cuatro ruedas fue el Audi Quattro? Son muchos los que afirman que sí, pero la realidad histórica nos demuestra que hubo un pionero asombroso catorce años antes. Un coche que escondía una tecnología revolucionaria bajo una carrocería preciosa, que contaba con frenos antibloqueo en plena década de los sesenta y que sirvió de inspiración directa para marcas como Porsche. Hoy hacemos justicia a un mito de la automoción injustamente olvidado: el Jensen FF. En octubre de 1966, el Salón del Automóvil de Earls Court en Londres fue testigo de una presentación singular. Bajo la elegante silueta de este Gran Turismo no solo había cuero y lujo, sino una propuesta dispuesta a cambiar la conducción rápida para siempre. El Jensen FF se coronó como el primer deportivo de producción con tracción integral permanente y frenos antibloqueo, un adelanto impensable para su época. Las letras "FF" provienen de Ferguson Formula. Harry Ferguson, junto a los pilotos Freddie Dixon y Tony Rolt, llevaban años obsesionados con la adherencia. Su premisa era lógica: si un coche tiene cuatro neumáticos tocando el asfalto, ¿por qué encargar solo a dos la difícil tarea de transmitir toda la fuerza? Tras años intentando convencer a los grandes fabricantes de que la tracción total no era solo para tractores o vehículos militares, la pequeña e innovadora firma Jensen decidió apostar por ellos buscando desmarcarse de la competencia. Tras varios prototipos y pruebas en la nieve de Suecia, el Jensen FF definitivo vio la luz vistiendo un elegante traje italiano diseñado por Touring y desarrollado por Vignale. Su estética ocultaba un intrincado sistema que repartía el par de forma permanente: un 37% al eje delantero y un 63% al trasero. Esto mantenía su fuerte carácter de Gran Turismo, pero con una motricidad asombrosa. A esto se le sumó el Dunlop Maxaret, un primitivo sistema antibloqueo de frenos mecánico importado de la aviación, diseñado para evitar que los neumáticos se bloquearan en frenadas de emergencia. El corazón de este pionero era un musculoso motor V8 Chrysler de 6,3 litros que rondaba los 270 CV reales, asociado a un cambio automático. Esta receta combinaba artesanía británica, elegancia italiana, músculo americano y la tecnología Ferguson. Sus capacidades eran tan fuera de lo común que a finales de 1967 un grupo de periodistas de la revista Autocar decidió ponerlo a prueba en una pista de esquí en Suiza, demostrando que aquel lujoso vehículo podía detenerse y volver a arrancar en pendientes del 25% con neumáticos convencionales. La genialidad del FF no pasó desapercibida. Es un hecho documentado que Porsche adquirió el chasis 119/008 en 1967 y lo llevó a Alemania exclusivamente para que sus ingenieros desentrañaran los secretos de la transmisión Ferguson, utilizándolo como herramienta de aprendizaje para sus futuros modelos. Sin embargo, el éxito comercial le dio la espalda. El Jensen FF era excesivamente caro de fabricar y mecánicamente muy complejo. Además, padecía un defecto estructural insalvable: su sistema de tracción ocupaba el espacio necesario en el lado izquierdo para los pedales y la dirección, haciendo imposible fabricarlo con el volante a la izquierda. Al no poder exportarse a Estados Unidos ni a la Europa continental, el proyecto quedó condenado. Entre 1966 y 1971 apenas se produjeron 320 ejemplares repartidos en tres generaciones. Cuando en 1980 Audi presentó su legendario Quattro, no estaba estrenando la idea del GT con tracción integral, pero sí aportó su propia solución y la catapultó a la fama aplastando a sus rivales en el campeonato del mundo de rallyes. Jensen nunca respaldó al FF con un programa deportivo de ese calibre. Audi consiguió que el mundo los recordara, pero el lugar del visionario solitario que se adelantó a su tiempo le pertenece, sin duda, al Jensen FF.

    Grandes olvidados: JENSEN FF
  4. Oct 27

    ¿Desaparece el “TALLER de BARRIO”?

    Hubo una época en la que prácticamente todos los barrios tenían su taller. Un pequeño local con la persiana metálica levantada, manchas de aceite en el suelo, herramientas por todas partes y un mecánico que conocía los coches de sus clientes casi mejor que sus propios dueños. Ese mecánico no se limitaba a cambiar piezas. Reparaba. Si fallaba un motor de arranque, podía desmontarlo, limpiar el inducido, revisar el colector y sustituir las escobillas. Los carburadores se desmontaban, limpiaban y ajustaban. Las piezas se rectificaban y los problemas mecánicos se diagnosticaban utilizando la experiencia, el oído y hasta el tacto. Era otra manera de entender el automóvil. Pero los coches cambiaron y los talleres tuvieron que cambiar con ellos. La llegada masiva de la inyección electrónica durante los años noventa marcó uno de los primeros grandes puntos de inflexión. El carburador, los platinos y muchos elementos puramente mecánicos dejaron paso a centralitas, sensores y sistemas electrónicos. De repente, para diagnosticar determinados problemas ya no bastaba con escuchar el motor o revisar una bujía. Había que conectarse al coche. La estandarización de los sistemas de diagnosis facilitó determinadas operaciones, pero también obligó a los talleres independientes a invertir en equipos, formación e información técnica. Y aquello solamente era el principio. Los automóviles fueron incorporando cada vez más electrónica y, con ella, nuevos procedimientos de diagnosis, programación y calibración. Hoy un coche puede integrar decenas de unidades electrónicas que intercambian información constantemente. Eso cambia completamente el concepto de reparación. Un buen ejemplo son los sistemas ADAS. Un pequeño golpe puede afectar a una cámara o a un radar utilizado por sistemas como el frenado automático de emergencia o el control de crucero adaptativo. Sustituir físicamente ese componente puede ser relativamente sencillo; conseguir que vuelva a funcionar correctamente puede exigir equipos específicos de calibración y procedimientos especializados. Para un gran concesionario o una cadena de reparación, realizar esas inversiones puede resultar asumible. Para un pequeño taller que atiende unos pocos vehículos al día, la situación es muy diferente. A ello se suma la electrificación. Los coches híbridos enchufables y eléctricos incorporan sistemas de alta tensión que requieren formación, herramientas y protocolos de seguridad específicos. El mecánico tradicional necesita reciclar continuamente sus conocimientos para poder trabajar con tecnologías que tienen poco que ver con aquellas que aprendió décadas atrás. Pero hay otra transformación igualmente importante: hemos pasado progresivamente de reparar piezas a sustituir conjuntos completos. Antes, un componente averiado podía abrirse y reconstruirse. Hoy, en muchas ocasiones, el coste de la mano de obra, la propia construcción del componente o los procedimientos establecidos hacen más rentable sustituirlo directamente. Mientras tanto, los pequeños talleres tienen que competir con grandes cadenas de mecánica rápida y servicios oficiales que pueden aprovechar economías de escala, grandes volúmenes de compra y fuertes inversiones tecnológicas. Y cuando bajan la persiana por última vez perdemos algo más que un establecimiento donde reparar el coche. Perdemos conocimiento acumulado durante décadas. Porque aquellos mecánicos conocían trucos, soluciones e improvisaciones que no aparecían en ningún manual. Eran capaces de escuchar un ruido y comenzar a acotar el problema antes incluso de levantar el capó. No se trata de afirmar que antes todo fuese mejor.Los automóviles actuales son infinitamente más sofisticados y han incorporado enormes avances en seguridad, prestaciones, eficiencia y confort. Y los profesionales actuales necesitan unos conocimientos técnicos extraordinariamente complejos.Pero el oficio ha cambiado. El futuro parece encaminarnos hacia grandes centros especializados capaces de trabajar con electrónica, software, calibraciones y vehículos electrificados, mientras las operaciones más sencillas quedan en manos de centros de mecánica rápida. Y entre ambos modelos puede quedar cada vez menos espacio para aquel pequeño taller independiente que reparaba prácticamente cualquier cosa. Quizá por eso la desaparición del taller de barrio tiene algo que va más allá de la automoción. También desaparece una parte de la cultura del automóvil: aquella en la que las piezas se intentaban reparar antes de sustituirlas y donde la experiencia, el ingenio y unas buenas manos podían devolver a la carretera un coche que parecía condenado. ¿Sigue existiendo ese taller en tu barrio? ¿Tienes un mecánico de confianza de los de toda la vida?

    ¿Desaparece el “TALLER de BARRIO”?
  5. Oct 25

    Motores de 3 CILINDROS: Autopsia del “DOWNSIZING”

    Durante años nos vendieron el downsizing como una de las grandes soluciones de la industria del automóvil: motores cada vez más pequeños, con menor cilindrada y menos cilindros, capaces de ofrecer buenas prestaciones gracias al turbocompresor y, al mismo tiempo, homologar consumos y emisiones muy reducidos. Y los motores de tres cilindros se convirtieron en uno de sus grandes protagonistas. Pero ¿son realmente malos los tricilíndricos? La respuesta no es tan sencilla. Porque el problema no está necesariamente en tener tres cilindros. Los motores tricilíndricos existen desde hace décadas y algunos han demostrado excelentes prestaciones y fiabilidad. El DKW 3=6 ya utilizaba esta configuración en los años cincuenta. Después llegarían modelos como el Daihatsu Charade y, en 1987, el espectacular Charade GTti, capaz de superar los 100 CV por litro con un pequeño motor turbo. Mucho después, el Smart volvió a recurrir a los tres cilindros por razones de espacio. El gran cambio llegó cuando esta arquitectura se convirtió en una de las herramientas favoritas de la industria para reducir cilindrada y superar las normativas de consumo y emisiones. Había nacido la gran era del downsizing. Uno de sus máximos exponentes fue el Ford 1.0 EcoBoost, presentado como una alternativa diminuta a motores atmosféricos de mayor cilindrada. Poco después, el Grupo PSA lanzó su conocido 1.2 PureTech.La receta parecía perfecta: motores pequeños, menor rozamiento interno y turbocompresores capaces de proporcionar potencia cuando fuese necesaria. El antiguo ciclo europeo NEDC favorecía además esta estrategia. Las homologaciones se realizaban mediante unas condiciones de conducción muy alejadas de determinadas situaciones del tráfico real, con aceleraciones muy suaves y cargas reducidas. En esas circunstancias, un motor pequeño turboalimentado podía conseguir cifras de consumo especialmente bajas. El problema aparecía cuando ese mismo motor tenía que mover en carretera un vehículo pesado, subir una pendiente o realizar una aceleración fuerte. Entonces el turbo debía trabajar mucho más y el pequeño propulsor quedaba sometido a cargas considerablemente mayores. Pero tampoco podemos explicar todos los problemas del downsizing únicamente por la cilindrada. Algunos motores incorporaron además soluciones técnicas destinadas a reducir rozamientos y consumos que terminaron generando sus propios problemas. Uno de los casos más conocidos es el de determinadas correas de distribución bañadas en aceite. La idea consistía en utilizar una correa funcionando dentro del propio motor para reducir ruido y fricción. El problema aparece cuando esa correa se degrada. Sus partículas pueden terminar contaminando el aceite y llegando al circuito de lubricación, con consecuencias potencialmente muy costosas. Los pequeños motores turbo de inyección directa también popularizaron otro fenómeno que ha preocupado a los ingenieros: el LSPI, o preignición a baja velocidad. Puede producirse cuando exigimos mucha carga al motor a muy pocas revoluciones, por ejemplo acelerando con decisión en una marcha demasiado larga. La mezcla puede inflamarse antes del momento previsto, generando enormes presiones sobre pistones, segmentos y bielas. La industria respondió desarrollando nuevas estrategias de gestión electrónica y lubricantes específicamente formulados para reducir este fenómeno.Pero todo esto no convierte automáticamente a los tres cilindros en malos motores. De hecho, desde un punto de vista teórico, dividir aproximadamente 1,5 litros de cilindrada entre tres cilindros proporciona unos 500 cm³ por cilindro, una cifra muy interesante desde el punto de vista termodinámico. El tricilíndrico también tiene ventajas evidentes: es compacto, ligero y tiene menos componentes móviles que un cuatro cilindros equivalente. Su principal inconveniente está en las vibraciones inherentes a su arquitectura, que los fabricantes solucionan mediante diferentes sistemas de equilibrado. El verdadero debate, por tanto, no debería ser tres cilindros contra cuatro. La pregunta es si tiene sentido instalar un motor de cilindrada muy pequeña y fuertemente sobrealimentado en un vehículo grande y pesado, obligándolo a trabajar habitualmente bajo cargas elevadas. La llegada del ciclo WLTP y de las pruebas de emisiones en conducción real cambió además las reglas del juego. Los fabricantes tuvieron que demostrar consumos y emisiones en condiciones más representativas y la industria comenzó a revisar algunas de las estrategias más agresivas de reducción de cilindrada. Así apareció el concepto de “rightsizing”: no hacer necesariamente el motor más pequeño posible, sino buscar la cilindrada adecuada para el vehículo y el uso que tendrá.

    Motores de 3 CILINDROS: Autopsia del “DOWNSIZING”
  6. Oct 22

    CONSEJOS “de toda la vida” que pueden DESTROZAN tu coche

    Nuestros padres y abuelos nos enseñaron muchos trucos para conducir mejor y conseguir que el coche durase cientos de miles de kilómetros. Y muchos de aquellos consejos tenían todo el sentido del mundo… en los coches de entonces. El problema aparece cuando intentamos aplicar esas mismas recetas a un automóvil moderno. Los motores han cambiado radicalmente. Hemos pasado de bloques de hierro fundido, carburadores y mecánicas relativamente sencillas a motores con tolerancias extremadamente pequeñas, turbocompresores, inyección electrónica, distribución variable, filtros antipartículas, válvulas EGR y multitud de sensores y sistemas electrónicos. Por eso, algunos consejos de toda la vida no solamente han dejado de ser útiles: pueden provocar averías muy caras. En este vídeo repasamos diez de los más habituales. Uno de los grandes clásicos es utilizar un aceite más denso cuando el motor acumula muchos kilómetros. En motores antiguos podía servir para compensar parcialmente el aumento de las holguras provocado por el desgaste. En uno moderno, utilizar una viscosidad distinta de la indicada por el fabricante puede perjudicar la lubricación, especialmente durante el arranque en frío, y afectar a elementos como la distribución variable, los taqués hidráulicos o el turbocompresor. También ha quedado anticuada la costumbre de dejar el coche varios minutos al ralentí para que el motor se caliente. Los motores actuales alcanzan mejor su temperatura de funcionamiento circulando suavemente. Tras arrancar y dejar unos segundos para que el aceite circule, lo recomendable es iniciar la marcha sin exigir demasiado al motor mientras está frío. Otro hábito que conviene desterrar es dar un acelerón justo antes de apagar el motor. En un coche moderno, especialmente si está equipado con turbo, no aporta ninguna ventaja y puede someter al turbocompresor a un esfuerzo completamente innecesario. También hablamos de la obsesión por circular siempre a muy bajas revoluciones y en marchas largas para ahorrar combustible. Llevar continuamente el motor “ahogado” puede aumentar las vibraciones, castigar el volante bimasa y favorecer la acumulación de carbonilla en elementos como la EGR o el filtro antipartículas. ¿Y dónde debemos montar los neumáticos nuevos cuando solamente sustituimos dos? Aunque tradicionalmente se decía que debían colocarse delante, especialmente en los coches de tracción delantera, la recomendación general es situar los neumáticos con mejor agarre en el eje trasero. Una pérdida repentina de adherencia detrás puede provocar un sobreviraje mucho más difícil de controlar para un conductor medio. El líquido de frenos es otro gran olvidado. Que el coche siga frenando no significa que el líquido esté en buenas condiciones. Es higroscópico, es decir, absorbe humedad con el paso del tiempo. Esto reduce su punto de ebullición y puede favorecer además la corrosión interna de componentes del sistema de frenado. Por eso debe sustituirse siguiendo los intervalos establecidos por el fabricante. Repasamos también los filtros de aire deportivos lavables impregnados en aceite. En determinadas aplicaciones pueden tener sentido, pero una lubricación excesiva del filtro puede contaminar algunos sensores de masa de aire y provocar problemas de funcionamiento. Otra costumbre poco recomendable es limpiar el vano motor con una lanza de agua a presión. Un automóvil actual está lleno de conectores, sensores, centralitas y componentes electrónicos. Aunque estén preparados para soportar las condiciones normales de funcionamiento, someterlos directamente a agua a alta presión puede provocar filtraciones, corrosión y posteriores fallos eléctricos. También desmontamos uno de los mitos más persistentes: bajar una pendiente en punto muerto para ahorrar combustible. En los coches modernos de inyección electrónica, cuando descendemos con una marcha engranada, sin acelerar y dentro de determinadas condiciones, la gestión electrónica puede cortar la inyección de combustible. Además, mantener una marcha engranada permite aprovechar el freno motor y reduce el trabajo de los frenos. Y terminamos hablando del sistema de refrigeración. Utilizar agua como sustituto habitual del refrigerante no es una buena idea. Los motores modernos combinan diferentes metales y materiales y necesitan líquidos específicamente formulados con aditivos anticorrosión y otras propiedades. Lo correcto es utilizar siempre el refrigerante que cumpla las especificaciones indicadas por el fabricante.

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  7. Oct 20

    ¿Ha comenzado la GUERRA a los SUV?

    Aparcar tu SUV está a punto de convertirse en un lujo inalcanzable. Nuestras ciudades se han transformado en un tablero donde el espacio es el recurso más codiciado, y el 1 de octubre de 2026 marca un antes y un después en la historia del automovilismo urbano en España. A partir de esta fecha, entra en vigor una modificación del Reglamento de Circulación de la DGT que otorga a los ayuntamientos la potestad de cobrar más en las zonas de aparcamiento regulado no solo por las emisiones del vehículo, sino por sus dimensiones y peso. Es el pistoletazo de salida oficial para la "guerra a los SUV". Para entender la magnitud de esta ofensiva legal, basta con mirar cómo ha engordado nuestro parque móvil. La anchura media de los vehículos nuevos ha pasado de 1,69 metros a unos exuberantes 1,82 metros. Esos trece centímetros de diferencia hacen que poder abrir la puerta en una plaza de aparcamiento de los años noventa requiera hoy contorsionarse. Si esta tendencia continúa, las ciudades europeas podrían perder hasta un 14 % de su espacio de aparcamiento público para 2040. Madrid y Barcelona ya fueron pioneras en discriminar tarifas por etiqueta medioambiental, pero el factor del tamaño añade una nueva dimensión punitiva. Esta batalla, aunque parezca nueva aquí, ya está arrasando en Europa. En París, tras un referéndum a principios de 2024, la normativa es implacable: aparcar un SUV de combustión que supere las 1,6 toneladas (o un eléctrico de más de 2 toneladas) cuesta 18 euros la hora. Dejar el coche seis horas supone la astronómica cifra de 225 euros. Una política disuasoria pura y dura diseñada para expulsar a los gigantes de las calles. El origen de los gigantes: La trampa de 1975 ¿Por qué nuestras calles están dominadas por vehículos que parecen tanques pero rara vez pisan algo más agreste que un bordillo? Para encontrar a los culpables, hay que viajar a la crisis del petróleo de 1973 en Estados Unidos. El pánico por la escasez de combustible llevó al Congreso a promulgar la normativa CAFE en 1975, obligando a los fabricantes a mejorar el consumo de los turismos. Sin embargo, la ley creó dos categorías: los "coches de pasajeros", sometidos a exigencias muy punitivas, y los "camiones ligeros" (furgonetas y pick-ups), con un margen mucho más permisivo al considerarse herramientas de trabajo. Los ejecutivos de Detroit encontraron ahí un resquicio de oro. Empezaron a fabricar vehículos familiares sobre los rudimentarios chasis de sus camiones ligeros, esquivando las multas ecológicas. Los llenaron de cuero y aire acondicionado, y los vendieron como vehículos de lujo. Así, esquivando la ley, nació el SUV moderno. Los verdaderos pioneros: AMC Eagle y Matra-Simca Rancho Mientras Detroit maquillaba camiones, una pequeña marca estadounidense, AMC, inventó el "crossover" en 1979. El ingeniero Roy C. Lunn tomó la carrocería de un turismo convencional, la elevó y le acopló el revolucionario sistema de tracción integral Quadra-Trac. El AMC Eagle ofrecía el confort de un salón rodante con capacidades reales para atravesar ventiscas, naciendo en versiones que iban desde compactos hasta familiares y descapotables. Casi al mismo tiempo, en Europa, la revolución fue puramente estética. La marca francesa Matra comprendió que a la gente le encantaba el aspecto rudo y aventurero de los todoterrenos, pero jamás abandonaban el asfalto. Se asociaron con Simca y, sobre un chasis de furgoneta de tracción delantera, diseñaron el espectacular Matra-Simca Rancho en 1977. Parecía listo para atravesar la selva, pero mecánicamente era un sencillo tracción delantera. Demostró que la apariencia vendía tanto o más que la capacidad real. Hoy, casi cincuenta años después de que los agujeros legales y la audacia del diseño sentaran las bases, el mercado ha llevado el concepto al extremo. Los SUV actuales devoran el espacio urbano, castigan el asfalto con su peso y penalizan el consumo con su aerodinámica. El círculo se cierra: los coches que nacieron para evadir normativas, ahora se enfrentan a su propio declive asfixiados por su descomunal tamaño y su ineficiencia energética.

    ¿Ha comenzado la GUERRA a los SUV?
  8. Oct 18

    SEAT no es la única: MARCAS ESPAÑOLAS que hemos dejado morir

    Es el momento perfecto para mirar por el retrovisor. Ahora que todos los medios dicen lo que nosotros ya dijimos hace dos años, que SEAT va a desaparecer, hacemos un repaso a nuestra dolorosa costumbre de dejar morir lo nuestro. Hoy recordamos a legendarias marcas españolas que, ya sea por culpa de políticos incompetentes, por envidia, por mala gestión o por la suma de todo, han desaparecido o están a punto de hacerlo. La historia de nuestra industria automotriz está llena de joyas masacradas. Comenzamos por La Hispano-Suiza (1904-1946), una marca que no nació para hacer utilitarios, sino para humillar a la aristocracia europea en calidad, tecnología y refinamiento. Marc Birkigt diseñó motores tan avanzados que incluso la inalcanzable Rolls-Royce tuvo que agachar la cabeza y pagar por usar su patente del revolucionario sistema de servofreno. Lamentablemente, nuestras guerras y la burocracia de la posguerra colectivizaron y expropiaron la mejor marca europea para acabar haciendo camiones. De aquellas cenizas nació Pegaso (1946-1993), conocido por muchos como el "Ferrari español". Dirigida por el genio Wifredo Ricart, Pegaso creó en 1951 el increíble Z-102, un coche que llegó a batir el récord mundial de velocidad en Bélgica alcanzando los 243 km/h. Un hito que enfureció al mismísimo Enzo Ferrari. Sin embargo, su alto coste de fabricación artesanal hizo que el gobierno cerrara el grifo de manera incomprensible, ordenando cancelar el proyecto y destruir moldes y planos. Tampoco podemos olvidar a Barreiros (1954-1978). Eduardo Barreiros, conocido como el "Henry Ford español", levantó un imperio desde la nada en la dura posguerra, motorizando a España y fabricando motores diésel asombrosamente eficientes. Su ambición por fabricar turismos le llevó a aliarse con el gigante americano Chrysler. Pero las tóxicas condiciones de compra y la absorción hostil de los americanos asfixiaron financieramente a la empresa, acabando con la dimisión de nuestro mayor genio industrial, que vio cómo Wall Street devoraba su sueño. En el sur, Santana Motor (1956-2011) vivió su propia gran traición política. Lo que empezó como un éxito ensamblando y mejorando los míticos Land Rover y, posteriormente, aliándose con Suzuki para fabricar superventas como el Samurai o el Vitara, terminó en un absoluto desastre. La salida de los japoneses, hartos de la conflictividad laboral, y la posterior nacionalización por parte de la Junta de Andalucía convirtieron a la empresa en un pozo sin fondo de dinero público. Sin plan de viabilidad y tras fracasos técnicos antológicos como el Santana Aníbal, el gobierno andaluz liquidó la empresa definitivamente. Y finalmente, llegamos a SEAT, la crónica de una muerte anunciada que estamos viviendo en directo. SEAT (1950 - Presente) fue el motor sociológico de España, la marca que bajó a los españoles de la vespa y los metió en la clase media con el entrañable 600. Tras sobrevivir al abandono de Fiat y vivir una edad de oro absoluta bajo el paraguas del Grupo Volkswagen, hoy sufre una traición cocinada en los despachos alemanes. La escisión de Cupra como marca independiente ha dictado sentencia de muerte para SEAT. Todo el presupuesto y la innovación se vuelcan en Cupra, mientras a SEAT se la arrincona intencionadamente, dejándola envejecer para obligarla a vender patinetes bajo la etiqueta de micromovilidad. Un crimen a cámara lenta. Hemos visto cómo nuestras guerras, la ineficacia de los políticos, las trampas de las corporaciones extranjeras y la nefasta gestión acabaron con verdaderas joyas de la ingeniería. Marcas con alma que fueron sacrificadas en despachos lejanos.

    SEAT no es la única: MARCAS ESPAÑOLAS que hemos dejado morir

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