¿Se puede hablar de democracia desde el mismo podio que llegó al poder con un fraude electoral y una guerra que dejó más de sesenta mil civiles ejecutados? Esta semana, en México, la memoria volvió a cobrar factura y la disputa por el relato se instaló en el centro de la agenda. Recorremos la reaparición de Andrés Manuel López Obrador y su alerta contra lo que llamó neofascismo mediático: no derecha, no ultraderecha, sino una maquinaria de mentiras repetidas que compara con los métodos de Hitler y Goebbels, y que según él opera en televisoras, periódicos y también en redes sociales hoy cooptadas por los más ricos. Su libro Pueblo y su regreso al espacio público reordenaron la conversación y opacaron el foro América Libre, la reunión de la ultraderecha regional que trajo de vuelta a Felipe Calderón. Analizamos su discurso sobre la dictadura perfecta, el llamado a construir una maquinaria ciudadana distrito por distrito, y lo que no dijo: García Luna, el Fobaproa, la extinción de Luz y Fuerza del Centro y las víctimas de su guerra. Afuera, trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas protestaron frente al hotel y decapitaron simbólicamente su estatua en Los Pinos. También revisamos los dos años del gobierno de Claudia Sheinbaum: la aprobación que se mantiene alta pese a los matices, los avances que ella misma destacó para las mujeres, el informe de ciencia y tecnología, la desmentida ley anti memes, el caso de la bacteria Klebsiella en Durango y Jalisco, y las reformas en marcha, incluida la de nacionalidad única que el Congreso declarará válida y aplicará a partir de 2028. Y entramos al proceso interno de Morena rumbo a 2027, con la elección más grande de la historia: más de cien millones de ciudadanos convocados, más de diecinueve mil cargos en juego, la reelección de diputados, el registro de coordinadores distritales, las encuestas que ordenan decisiones pero también construyen narrativas, y la advertencia de que no será una elección nacional homogénea, sino diecisiete disputas locales donde se mide cada gobierno estatal. Cerramos con Ayotzinapa a doce años. La exigencia presidencial de retirar el asilo al juez de barandilla reclamado en extradición, el amparo al exgobernador Ángel Aguirre, los folios de inteligencia entregados a las familias, las funerarias y el Servicio Médico Forense bajo sospecha en Iguala, y la advertencia de que reducir el caso a un chivo expiatorio local solo protege a los altos mandos. Ocho madres y padres han muerto sin respuesta. La pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde están? Vivos se los llevaron, vivos los queremos. El hilo común es claro: la disputa por el poder no puede separarse de la verdad, la soberanía y la dignidad del pueblo. Nos quieren entretenidos con espectáculos y desinformación mientras la impunidad sigue cobrando vidas. La respuesta es memoria, organización y calle. Frente Comunicacional Antifascista seguirá informando. Comunicar, Agitar, Organizar.