Un Mensaje a la Conciencia

ahp@conciencia.net (Hermano Pablo y Carlos Rey)

Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.

Episodes

  1. 3H AGO

    «Mi embarazo fue tristísimo»

    En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace cuatro años... tuve una relación sentimental con un hombre [mucho] mayor que yo.... Después de cinco meses de relación, descubrí... cosas impresionantes de él, entre ellas que había estado en la cárcel por tres años, le gustaba la mariguana, odiaba a su madre, era mujeriego, y tenía una relación muy unida con una [amante] anterior y sus hijos.... A la par, después de cinco meses resulté embarazada.... »Mi embarazo fue tristísimo: maltrato emocional y humillación. A pesar de eso, quería quedarme a su lado por mi hijita, que finalmente nació.... Cuando la niña tenía diez meses, él desapareció de la ciudad.... »Desde entonces nunca hemos hablado ni por correo electrónico, y mi hijita ya tiene tres años.... Me entristece porque leo mucho lo importante que es para un niño tener a su padre, y ella no lo tiene.... No sé si será bueno contactarlo a él....» Este es el consejo que le dimos: «Estimada amiga: »¡Hágale caso a sus instintos! Cuando usted dice que no quiere causar problemas ni para usted ni para su hija, a nosotros nos parece que estuviera diciendo: “Estoy tratando de protegerme y de proteger a mi hija del dolor físico y emocional latentes de parte del padre biológico de ella.” Eso proviene de su instinto de supervivencia, y es un mensaje al que debe hacerle caso. »Claro que sería mejor para su hija que tuviera un padre. Dios dispuso que la familia ideal estuviera formada por un padre y una madre que se comprometieran el uno con el otro de por vida en el sacramento del matrimonio, así como con los hijos que tuvieran.... Cuando optó por tener relaciones íntimas con un hombre con el que no estaba comprometida en matrimonio, en ese momento usted optó por tener a un hijo sin padre. »... Pero no es demasiado tarde, amiga. Usted puede decidir hoy mismo que nunca volverá a arriesgarse emocionalmente con ningún hombre antes de llegar a conocerlo bien. Usted puede decidir que la próxima vez que tenga relaciones íntimas será con el hombre con quien esté casada y comprometida por el resto de su vida.... »No hay duda de que usted ha tomado algunas malas decisiones.... Pero su Padre celestial está dispuesto a perdonarla por haber hecho caso omiso de sus mandamientos y desobedecerlos. Basta con que le pida a Él que la perdone en el nombre de Jesucristo su Hijo, quien al morir en la cruz pagó el castigo por todos los pecados que usted ha cometido. Luego pídale a su Padre celestial que la ayude a aprender y a obedecer los mandamientos que le ha dado para su protección. Recuerde cada día que Dios la acompañará en su empeño de ser modelo de conducta para su hija. Usted no está sola.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 144. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

    4 min
  2. 1D AGO

    Corazones enfermos

    En Valparaíso, república de Chile, un hombre de apenas veintiocho años de edad, debido al rechazo de parte de la mujer a la que amaba, decidió quitarse la vida. El hecho no hubiera sido notable de no haber sido por una oferta que hizo el hombre. «Quiero que mi muerte no sea en vano —anunció—. Quiero dar mi corazón a una enferma que lo necesite.» Había, por cierto, una mujer enferma del corazón que se encontraba en esos momentos al borde de la muerte, y un nuevo corazón podía haberle salvado la vida. Pero los médicos que la atendían rechazaron la oferta del decepcionado hombre y ordenaron que se le pusiera bajo vigilancia por tratarse de un posible suicida. El hombre le había ofrecido a su amada el corazón, como lo hace todo hombre enamorado, pero decepcionado al no ser correspondido, se lo había ofrecido luego a otra. La oferta que le había hecho a su amada era, por supuesto, simbólica. «Mi corazón es tuyo», le había dicho. Sin embargo, para la enferma desconocida la oferta del corazón era física y por lo tanto real. Es importante reconocer que este suceso fue noticia por la reacción desproporcionada del romántico hombre, ya que desde tiempos antiguos ha habido innumerables casos de rechazo por parte de una mujer hacia su enamorado. El hombre común y corriente, frente al rechazo de su amada, quiere mostrarle a ella que ha cometido un tremendo error. Pero en vez de determinar que será un hombre ejemplar de tanto éxito que ella, a la larga, se lamentará de haberlo rechazado, por lo general se deprime o se enoja y decide darle una lección. En casos excepcionales parecidos al del hombre de Valparaíso, el hombre rechazado se hiere él mismo, al extremo de procurar suicidarse. En el peor de los casos hiere física, verbal o emocionalmente a la mujer que no lo acepta, al extremo de querer matarla. Pero en la mayoría de los casos el hombre rechazado, al igual que el hombre de Valparaíso, busca a otra mujer para ofrecerle su corazón quebrantado en un acto físico y no simbólico, sólo que a diferencia de aquel hombre chileno, no busca a una mujer enferma en lo físico sino en lo moral. Y lo hace para que su amada se dé cuenta de cómo lo ha obligado a lanzarse a los brazos de una mujer mil veces menos digna de su amor que ella. Es precisamente a tal hombre al que le dirige la palabra el sabio maestro del libro de los Proverbios. «Dame, hijo mío, tu corazón y no pierdas de vista mis caminos —le aconseja—. Porque fosa profunda es la prostituta, y estrecho pozo, la mujer ajena.... No desvíes tu corazón hacia sus sendas, ni te extravíes por sus caminos, pues muchos han muerto por su causa; sus víctimas han sido innumerables. Su casa lleva derecho al sepulcro; ¡conduce al reino de la muerte!... Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.»1 Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net 1 Pr 23:26‑27; 7:25‑27; 4:23

    4 min
  3. 3D AGO

    «Mi esposo cayó de nuevo en las drogas»

    En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Desde su juventud mi esposo ha tenido problemas con las drogas, la delincuencia y el alcohol.... Después de que nació nuestra hija, él se internó en un centro y dejó las drogas. Pero, cuando nació nuestro hijo, volvió a caer en las drogas y estuvo con otra mujer, con la que tuvo una hija.... Él volvió arrepentido, y lo perdoné. Hasta hace un tiempo estuvo bien, pero [luego cayó de nuevo en las drogas y, aunque] dijo que las iba a dejar, veo que no es así. »Ahora [estoy en] la casa de mi hermana porque no aguanto la situación.... Estoy pensando en separarme, pero... por mis hijos sigo adelante, siempre con ese miedo a que mi esposo caiga. ¡Es horrible vivir así!» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Al parecer, usted y su familia han estado sujetas a una montaña rusa emocional de la que no pueden bajarse. Su esposo mejora, y eso parece ser motivo para animarse, pero él luego empeora, y eso hace que usted caiga en el desánimo. Su familia ha tenido que seguir aguantando los altibajos de ese tren desenfrenado, y ahora usted quiere saber si debe bajarse con sus hijos y dejar atrás al padre y esposo. »Lo más prudente sería que consultara a un abogado. Usted necesita saber qué derechos paternos tendrá su esposo si decide separarse de él. ¿Podrá él llevarse a los hijos para una visita no supervisada a un hogar ajeno donde usted no podrá protegerlos de lo que pudieran presenciar o sufrir? ¿Se le exigirá a él que sustente a los hijos económicamente a pesar de que ya no vivan con él? Un abogado puede ayudarle a resolver esos asuntos importantes. »Debido a que su esposo le fue infiel, creemos que usted tiene una justificación bíblica para separarse de él.1 Además, la drogadicción de él constituye un pésimo ejemplo para sus hijos. Sin embargo, los estudios que se han hecho al respecto han demostrado repetidamente que a los niños les conviene más tener una relación estrecha con el padre. Por eso no hay manera alguna de que sepamos si sus hijos disfrutarían de mejor salud emocional con sus padres juntos o separados. »La voluntad perfecta de Dios para cada niño es que tenga padre y madre que sean sabios y amorosos, que estén felizmente casados y que no sean adictos a ninguna droga. Sin embargo, todos sabemos que muchos niños no gozan de las ventajas de vivir en un hogar intacto y estable. »Cualquiera que sea la decisión que tome, usted puede hacer que sean mínimos los efectos negativos que sufran sus hijos al no hablarles mal de su padre. No trate de convencerlos de que usted tiene razón y él no la tiene.... Tenga cuidado de que no le oigan hablar con nadie acerca de esta situación, y asegúrese de mantener en privado y en secreto las conversaciones con su esposo al respecto.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 762. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net 1 Mt 5:31-32; 19:9

    4 min
  4. 4D AGO

    El primer amor

    «Eran inocentes porque eran chicos.... »Corrían, jugaban, y sus risas eran inconscientes vibraciones de vida en los jardines.... Sentábanse... sobre el rústico banco de la glorieta, y él contaba historias que le habían leído, mientras jugaba con los deditos de su compañera atenta. »Eran cuentos como todos los juegos infantiles, en que sucedían cosas fantásticas, en que había príncipes y princesitas que se amaban desesperadamente al través de un impedimento, hasta el episodio final, producido a tiempo para hacerlos felices, felices en un amor sin contrariedades.... »Ya tenía él el orgullo viril de ver colgada de sus palabras la atención de esa mujercita, digna de todos los altares. Y cuando su voz se empañaba de emoción al finalizar un cuento, se estrechaban cerca, muy cerca, en busca de felicidad.... »Estaban un día ajenos a todo. El cuento de la princesa rubia había puesto entre ellos la ascendencia de su fantasía. Ella se arrebujaba contra él desparramando en hilachas de oro sus bucles sobre el hombro amigo; él la había atraído lo más posible y besaba, como estampas sagradas, sus ojos, trémulos de promesas ignotas.»1 Así nos describe Ricardo Güiraldes, en su cuento titulado «Sexto», el primer amor con el que los más jóvenes sueñan y los menos jóvenes se identifican. ¡Qué bien logradas esas imágenes del muchacho que le cuenta historias a su atenta compañera «colgada de sus palabras» mientras juega con sus delicados dedos, y de «esa mujercita, digna de todos los altares», cuyos ojos él besa «como estampas sagradas»! No persiguen más que lo que parecen encontrar los protagonistas de sus cuentos fantásticos: el ser «felices en un amor sin contrariedades». Este es uno de una colección de cuentos que Güiraldes comenzó a escribir en su adolescencia, pero terminó en París, lejos de su patria argentina, entre 1911 y 1912.2 Unos mil ochocientos años antes, el apóstol Juan había abordado el mismo tema del primer amor al escribirle a la Iglesia de Éfeso, desde donde había sido desterrado a la isla de Patmos. Allí, en el Apocalipsis, le escribió: «Tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor».3 Sin embargo, a diferencia de Güiraldes, el primer amor al que se refería San Juan no era físico sino espiritual. Era el amor que al principio los efesios le habían manifestado a su Señor y Salvador Jesucristo. Al primer amor físico sólo podemos volver mediante remembranzas del ayer como las que evoca Güiraldes, porque en lo físico las dos partes han cambiado para siempre. En cambio, al primer amor espiritual sí podemos volver porque una de las dos partes, Dios, no ha cambiado en absoluto4 desde que primero lo amamos. Así como los efesios, sólo tenemos que arrepentirnos y amarlo como al principio.5 Dios nos espera con brazos abiertos, y quiere rodearnos estrechamente con los lazos de su amor eterno.6 Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net 1 Ricardo Güiraldes, Cuentos de muerte y de sangre (Buenos Aires: Editorial Losada, 1978), pp. 111-112. 2 Ibíd., p. 11. 3 Ap 2:4 4 Stg 1:17 5 Ap 2:5 6 Jer 31:3

    4 min
  5. 5D AGO

    Consternada por la conducta de su hija universitaria

    En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Soy una mujer divorciada desde hace diez años. Me quedé con tres niñas, a las que crie con mucha dedicación y esfuerzo, llevándolas a la iglesia desde pequeñas.... »Hace tres años mi hija mayor se ganó una beca de estudios en una ciudad lejos de mí. La he apoyado en todo, y en su carrera le ha ido muy bien. Hace tres meses me escribió y me contó que tiene un enamorado. Pero ahora me dice que se va a vivir con su novio, a quien no conozco.... Eso me ha dejado consternada y tan angustiada que no sé qué hacer. Me gustaría su sabio consejo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Sentimos mucho la situación en que se encuentra. Comprendemos la angustia que siente debido a que su hija no está viviendo conforme a las normas bíblicas y morales que usted le ha enseñado desde su niñez. »Cuando los jóvenes adultos dejan su hogar para asistir a la universidad, tienen la oportunidad de poner a prueba lo que se les ha enseñado en casa. Si tienen duda alguna acerca de Dios, o curiosidad acerca de otros estilos de vida, esos años universitarios les proveen un entorno en el que pueden explorar sus propias creencias y aprender acerca de las creencias de los demás. Nosotros, como padres, quisiéramos protegerlos y guiarlos, pero ellos bien pudieran rechazar nuestra protección y guía. »Cuando los hijos adultos se mudan del hogar mientras asisten a la universidad, los padres tienen que enfrentar el hecho de que sus hijos ahora pueden... vivir conforme a sus propias creencias. Los hijos adultos ya saben lo que creen sus padres, así que de nada les sirve a los padres tratar de convencerlos de que están tomando decisiones incorrectas. Los padres que insisten en confrontar a sus hijos adultos en cada oportunidad que se presenta, pueden causar que sus hijos dejen de tener contacto con ellos. »Sin embargo, los padres no tienen que aprobar o aceptar lo que hacen sus hijos adultos. Deben reconocer más bien que esos hijos tienen el derecho y el poder de tomar sus propias decisiones. Y deben hallar la manera de amar y apoyar a sus hijos a la vez que aceptan estar en desacuerdo. »Su hija es una joven adulta que está viviendo por su propia cuenta y tomando sus propias decisiones. Ya que no hay ninguna manera de que usted la obligue o manipule para que viva conforme a las normas suyas, le recomendamos que se enfoque en mantener una relación positiva con ella a pesar de no aprobar esas decisiones. »Jesucristo es nuestro modelo de cómo mostrar amor sin aprobar un comportamiento pecaminoso. Cuando Él anduvo en esta tierra, tuvo encuentros frecuentes con pecadores, ofreciéndoles su amor sin insistir en echarles en cara sus pecados. Usted puede hacer lo mismo.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 881. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net

    4 min
  6. 6D AGO

    Historias de amor sin un final feliz

    Guaimaral, hijo del cacique llamado Mara que gobernaba por los lados del lago de Coquivacoa o Maracaibo, le pidió permiso a su padre para ir a Cúcuta. Allí el cacique Cúcuta le entregó en matrimonio a una de sus hijas. Trágicamente, al año murió la recién casada, pero el joven viudo decidió quedarse de todos modos a vivir en la región, y su ex suegro decidió a su vez adoptarlo como hijo. Tiempo después llegó a esas tierras el conquistador español Diego de Montes con la intención de arrasar con cuanta comunidad indígena encontrara. La tribu cercana de los Cíneras le hizo frente, pero eso dio como resultado que su cacique, Cínera, fuera ahorcado de un árbol, y que Zulia, la hija de Cínera, se dedicara ella misma a formar un ejército que luchara contra Diego de Montes. Una vez que organizó a los suyos, Zulia convocó a las tribus vecinas, y el cacique Cúcuta, por su parte, respondió enviando a sus guerreros bajo el mando de su hijo adoptivo Guaimaral. El ejército indígena tomó por sorpresa el campamento de Montes, y exterminó al español y a sus hombres. Después de la victoria, Guaimaral y Zulia quedaron perdidamente enamorados. Pero «aún estaban comiendo perdices cuando apareció otro Diego español, Diego de Parada, resuelto a vengar a su tocayo —relata el historiador colombiano Gustavo Gómez Ardila en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia)—. Los ejércitos indígenas habían regresado a sus respectivas tribus, por lo que los Cúcutas y los Cíneras debieron enfrentar en inferioridad de condiciones al invasor. »El desastre criollo fue total. Zulia murió en pleno combate, no sin antes haberle exigido a Guaimaral... que no volviera a casarse.... »—Júramelo —le dijo ella, con voz entrecortada. »Guaimaral [no] tuvo tiempo... para jurarle fidelidad eterna. El enemigo le pisaba los talones. Sabiéndose reviudo, huyó despavorido.... [y] regresó a Coquivacoa donde, a la muerte de Mara, [su padre,] heredó la corona. [Pero no sabemos si volvió a casarse.] »Queda demostrado —concluye Gómez Ardila— que los [conquistadores] españoles no sólo aniquilaron a los indígenas, despojándolos de su cultura y sus riquezas, sino que no los dejaron vivir sus historias de amor con final feliz.»1 Francamente, no parece justo que un cónyuge moribundo le pida al otro que no vuelva a casarse, y menos aún que se lo jure antes de tomar su último aliento. Tal vez pudiera justificar semejante petición pensando que su matrimonio ha sido insuperable, y que por lo tanto no quiere que el cónyuge se exponga a ser decepcionado la próxima vez. Pero por eso mismo pudiera razonarse que ese cónyuge reúne todos los requisitos necesarios para hacer feliz a otra persona, y que eso lo acredita para volver a casarse. Gracias a Dios, todo viudo y toda viuda pueden hallar cierto consuelo en el hecho de que Él diseñó el matrimonio precisamente porque determinó que «no es bueno que el hombre esté solo».2 Pero, si vuelven a casarse, será mucho menor el riesgo de ser decepcionados si cumplen con la condición de San Pablo de que los dos sean auténticos seguidores de Cristo.3 Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «Guaimaral y Zulia, ejemplo de integración colombo-venezolana», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 6 julio 2019. 2 Gn 2:18 3 1Co 7:39

    4 min
  7. FEB 10

    El origen del nombre Motilón

    Ciertos indígenas —dice una leyenda— habitaban otro planeta. Pero lo deforestaron a tal grado que su dios, preocupado por la vida futura de sus hijos, decidió mudarlos a otro planeta donde hubiera mejores condiciones de vida. El que más le llamó la atención fue el planeta Tierra, debido a que le pareció todo un paraíso de selvas y animales, y tenía agua de sobra. Para que pudieran bajar hasta la tierra, les ordenó que se cortaran (o, motilaran) su larga cabellera y que con ella tejieran una gran trenza que llegara hasta allá. Fue así como descendió la primera pareja y comenzó a habitar este planeta. Puestos los pies en una montaña, sin duda el Cerro Tasajero, el hombre y la mujer divisaron el valle, la vegetación, los ríos y los animales, y se quedaron tan encantados que tomaron la decisión de vivir allí y cultivar la tierra, pescar y procrear hijos. Con el paso del tiempo, ya poblado el valle, un joven y su novia se propusieron escapar de la tribu a fin de vivir juntos donde nadie pudiera entrometerse en su vida de pareja. Así que fueron en busca de aquel árbol al que estaba atado el extremo de la cuerda de cabellos por la que había bajado la primera pareja. ¡Qué alegría la que sintieron cuando lo hallaron! Pero su dios les había prohibido trepar por ese árbol. Así que, al verlos comenzar a hacerlo, se enojó mucho y los castigó por su desobediencia convirtiendo al hombre en Sol y a la mujer en Luna. Por eso en Cúcuta, Colombia, el sol alumbra con tanta intensidad. Es un guerrero «motilón», furioso porque su dios lo separó de su amante. Y por eso la luna llora con cada lágrima del rocío que cubre las flores al amanecer. Está afligida por haber sido separada del amor de su vida. El sol recorre el cielo cucuteño de día en busca de su amada, y la luna hace el mismo recorrido de noche, pero nunca se encuentran. Esa es, según el historiador santandereano Gustavo Gómez Ardila, en su obra titulada Cúcuta para reírla (Escenas de su historia), una de las versiones del origen del nombre Motilón.1 A pesar de que es una leyenda y no una historia verídica, encierra dos moralejas valiosas. La primera es que, por lo general, no ganamos nada con tratar de alejarnos de la familia y de la comunidad en que nos hemos criado. Dios ha dispuesto que las dos nos sirvan de gran ayuda, y no de estorbo, en el hogar que formemos como adultos, ya sea casados o solteros. Por eso el apóstol Pedro nos enseña a la comunidad de seguidores de Cristo que no seamos entrometidos, sino que, sobre todo, nos amemos mucho unos a otros, porque el amor perdona las faltas ajenas.2 La segunda moraleja es que tampoco ganamos nada con tratar de volver a los viejos tiempos, convencidos de que «el pasto está más verde al otro lado de la cerca». Determinemos más bien, tal como el apóstol Pablo, aprender a estar satisfechos en cualquier situación en que nos encontremos.3 Sólo así podemos de veras ser felices. Carlos Rey Un Mensaje a la Conciencia www.conciencia.net 1 Gustavo Gómez Ardila, «A motilar motilones», Cúcuta para reírla (Escenas de su historia) En línea 6 julio 2019. 2 1P 4:8, 15-16 3 Fil 4:11

    4 min
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