Cuento infantil para mayores de 8 años La valentía de un caracol y la importancia de no juzgar. Contenido: Coco, un caracol curioso, decide explorar el mundo más allá de su hogar. Tras un paseo, cae en un agujero y se siente atrapado. Varios animales se ofrecen a ayudarlo, pero solo si les entrega su concha, lo que Coco se niega a hacer. Finalmente, un zorro, a pesar de su fama de astuto, lo ayuda sin condiciones. Coco aprende que no se debe juzgar a los demás por su apariencia, ya que la bondad puede venir de los lugares menos esperados. Transcripción del episodio: Hoy vamos a contar otro micro cuento, un micro cuento, como ya sabéis, es un pequeño. Relato, una pequeña historia que concentra algunos personajes. ¿Y una Moraleja final? El caracol valiente. Érase una vez un pequeño. Rincón del campo, allí vivía un caracol. Llamado coco. Coco vivía felizmente con su familia en una acogedora Concha cerca de un árbol grande que daba sombra todo el día. A pesar de estar rodeado de amor y seguridad, coco tenía una gran curiosidad por El Mundo que le rodeaba. Siempre escuchaba los relatos de su abuela sobre El Mundo más allá de su hogar, los prados verdes, los insectos que cruzaban el aire y las maravillas que había en los rincones del bosque. Era una mañana cálida de primavera y el sol brillaba tan fuerte que coco sentía su Concha caliente casi como un horno. Uf, qué calor, dijo coco estirando su pequeño cuerpo, casi como si quisiera escapar de su casita. Qué tal si salgo a ver El Mundo por un rato, pensó. Y sin detenerse mucho más, decidió abandonar. Su hogar. Dejó atrás su casita de caracol, esa que había sido su refugio durante tanto tiempo y salió al campo para explorar. Sentía la brisa fresca del viento y veía las flores de colores brillantes que bailaban al ritmo del viento. Se sentía libre, valiente y emocionado por todas las cosas nuevas que iba a descubrir. Sin embargo, después de caminar por un sendero de hierba, el calor empezó a molestarle más que antes, demasiado calor. Coco se detuvo a descansar cerca de un pequeño arbusto. Pero justo en ese momento perdió el equilibrio y cayó en un agujero profundo. Oh, no exclamó coco, estoy atrapado. El agujero era más grande de lo que parecía al principio, y aunque coco intentó treparse por las paredes, no podía salir, estaba completamente atrapado. ¿Qué voy a hacer? Pensó asustado. Justo entonces escuchó unos pasos. Un ratón apareció por el borde del agujero. Hola pequeño caracol, dijo el ratón con una sonrisa traviesa. Parece que necesitas ayuda. Sí, por favor, ayúdame. Robó coco. Claro que sí, dijo el ratón, pero su voz sonaba extraña, yo puedo sacarte de aquí si me dejas comer tu Concha. Mi Concha es como coco horrorizado, nunca mi Concha es mi hogar. El ratón rió entre dientes y se fue rápidamente, dejando solo. En su agujero. Coco respiró hondo sintiendo la tristeza, pero no se rindió, sabía que debía encontrar una manera de salir. Pasaron un rato largo y justo cuando coco pensaba que la suerte no estaba de su lado, un conejo pasó saltando cerca de él. Hola caracol, dijo el conejo mirando al agujero. Parece que estás en apuros. Sí, por favor, ayúdame, dijo coco con la esperanza brillando en sus ojos. El conejo se acercó, sonrió y le dijo, si me das tu Concha, te sacaré de aquí en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué preguntó, coco confundido, qué quieres hacer con mi Concha? O ya sabes, respondió el conejo Frunciendo el ceño. Algo importante, coco se echó atrás asustado y dijo con firmeza, no te la daré, mi Concha no está a la venta. El conejo frustrado. Salió y se alejó rápidamente, dejándolo solo otra vez. Coco pensaba que nada bueno iba a suceder hasta que escuchó pasos fuertes. Acercándose un zorro pasó por el borde del agujero mirando fijamente al caracol. ¿Necesitas ayuda, pequeño? Preguntó el zorro su voz sonando suave y cálida. Coco se estremeció un poco, sabía que los zorros no eran de fiar, había escuchado historias de zorros astutos y peligrosos. No, no confío en ti, dijo coco temblando un poco. El zorro sonrió, su cola se movió suavemente. Lo entiendo, dijo. He escuchado esas historias también, pero no soy como otros zorros, solo quiero ayudarte. Coco no estaba seguro, pero al ver la bondad en los ojos del zorro decidió confiar un poco. Está bien, dijo coco, si de verdad quieres ayudarme. Sácame de este agujero. El zorro se acercó con suavidad y con su pata empujó. Tierra y ramas para ayudar a coco a salir. Lo hizo con mucho cuidado, asegurándose de no lastimarlo. Finalmente descubrió. Y con gran esfuerzo. ¿Que coco podía salir? Por su propio pie gracias a su ayuda. Gracias zorro, dijo coco con los ojos brillantes de gratitud. No hay de qué, respondió. El zorro recuerda que a veces la apariencia no es todo lo que parece. Coco miró al zorro con una sonrisa, no podía creer lo que había pasado, había aprendido algo muy importante esa mañana. No podemos juzgar a los demás solo por lo que oímos o lo que creemos. A veces la bondad viene de los lugares menos esperados. Es por ello que no debemos generalizar sobre los demás solo porque tengan una apariencia diferente o porque hayamos oído historias sobre ellos. A veces, los que parecen ser los más peligrosos son los que más nos pueden sorprender.