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Historias exclusivas de misterio, true crime y más

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La ContraHistoria

La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

  1. HACE 2 DÍAS • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Puerto Rico: la isla del milagro

    Puerto Rico, la cuarta isla más grande del Caribe, fue durante cuatro siglos uno de los baluartes más importantes de la corona española en América. A diferencia de la práctica totalidad de la América hispana, no participó en las guerras de independencia del siglo XIX. Se mantuvo primero como una capitanía general remota y luego como una provincia. En 1897, ya en plena guerra de Cuba, el gobierno español le otorgó la Carta Autonómica, un estatuto de autogobierno muy avanzado para la época. Pero aquello duró apenas unos meses, el estallido de la guerra con Estados Unidos puso fin repentina e inesperadamente a una prolongada y tranquila etapa de la historia de la isla. El 25 de julio de 1898 tropas estadounidenses desembarcaron en Guánica. Ese sería el comienzo de una ocupación militar que culminaría con la entrega de la isla. Con el Tratado de París España cedió formalmente un territorio que los nuevos dueños consideraban un botín de guerra. Tras dos años de control militar directo la Ley Foraker de 1900 estableció un gobierno civil que dependía por completo de Estados Unidos. Era de facto una colonia, algo inaceptable para un país como Estados Unidos que se habían sacudido el yugo colonial solo un siglo antes. El Tribunal Supremo tuvo que intervenir creando una singularidad jurídica. Puerto Rico pasaría a pertenecer, pero no formaría parte de Estados Unidos. En ese limbo los puertorriqueños se mantendrían durante años. Los planes que tenían en Washington para Puerto Rico pasaban por convertir la isla en una gigantesca plantación de azúcar controlada por empresas estadounidenses que se beneficiaban de una mano de obra abundante y barata. Con la Ley Jones de 1917 se concedió la ciudadanía estadounidense a sus habitantes y se intensificó una política de americanización acelerada. Los gobernadores, nombrados por el presidente, trataron de asimilar a los puertorriqueños suprimiendo la lengua española de la enseñanza y de la vida pública. Eso y la miseria en la que vivía la mayor parte de los puertorriqueños generó mucha resistencia y allanó el camino para que surgiesen movimientos nacionalistas como el de Pedro Albizu Campos. Albizu cuestionaba abiertamente la soberanía estadounidense. Estaba convencido de que la lucha armada seguida de una revolución era el único camino posible. Terminó en la cárcel y los nacionalistas fueron puestos fuera de la ley. A finales de los años 30 emergió la figura de Luis Muñoz Marín y su Partido Popular Democrático, que, partiendo del independentismo, proponía una solución pragmática a los problemas de la isla. Con el apoyo del gobierno de Roosevelt y el impulso de la Operación Manos a la Obra, Puerto Rico fue abandonando el monocultivo azucarero y se industrializó con gran rapidez gracias a una serie de incentivos fiscales para las empresas estadounidenses. Esas reformas alumbraron una nueva clase media pero también provocaron la emigración de muchos puertorriqueños hacia ciudades como Nueva York. Ya en 1952, tras reprimir la revolución nacionalista de 1950, se proclamó el Estado Libre Asociado. Este nuevo estatus permitió a la isla tener su propia constitución y un autogobierno muy amplio. Ese fue el origen del Puerto Rico actual, un país un tanto peculiar, a caballo entre dos mundos, que tras medio siglo viviendo peligrosamente, supo conservar su idioma, su cultura y sus costumbres frente al país más poderoso del mundo. Ya sólo por eso lo de Puerto Rico, que es conocida como la isla del Encanto, debería llamarse la isla del milagro. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:05 La isla del milagro 26:53 Clásicos Gredos 1:26:03 El "tränenpalast" de Berlín

    1 h y 30 min
  2. 6 FEB • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Göring: poder y exceso

    Hermann Göring fue una de las figuras más influyentes, poderosas y complejas del Tercer Reich. Nacido en una familia de clase alta, pasó su infancia en un castillo de Baviera que pertenecía a un médico de ascendencia judía que era amante de su madre. Eso terminó moldeando su carácter y le dio una visión del mundo a medio camino entre el romanticismo pangermánico del siglo XIX y el ferviente nacionalismo de posguerra. En la primera guerra Mundial se convirtió en uno de los primeros héroes de la aviación, pero la paz le dejó sin empleo ya que en Versalles los aliados impusieron a la Alemania disponer de fuerza aérea. Eso alimentó un profundo resentimiento hacia la República de Weimar, lo que lo llevaría a unirse al partido nazi tan pronto como en 1922. Para Hitler alguien como Göring era extremadamente útil. Era, aparte de un héroe de guerra, alguien de clase alta bien educado que tenía acceso a los salones de la alta burguesía y la aristocracia. Organizó las SA y participó en el fallido Putsch de 1923, del que consiguió salir con vida pero con dos heridas que le convirtieron en un adicto a la morfina de por vida. Con la llegada de los nazis al poder en 1933, fue acumulando cargos y dignidades, entre ellos el de presidente de Prusia, ministro del aire, ministro de economía y mariscal del Reich. Fue él quien creo la Gestapo y abrió los primeros campos de concentración. En el ámbito económico dirigió el plan cuatrienal para preparar a Alemania para la guerra. Como jefe de la Luftwaffe, cosechó algunos éxitos muy sonados en Polonia y Francia, pero fracasó estrepitosamente en la Batalla de Inglaterra y en el socorro a Stalingrado. Esto último terminó por dinamitar su prestigio. En paralelo llevaba una vida de máximo lujo en el palacete que se hizo construir a las afueras de Berlín, el Carinhall, donde reunió una ingente colección de arte, en su mayor parte fruto del expolio a las familias judías y a los países ocupados durante la guerra. Pese a que se esforzó en proyectar de cara al exterior una imagen de distinción y cierta moderación, fue él quien autorizó "Solución Final". En 1945, tras intentar suceder a Hitler cuando éste se encontraba en el búnker, fue arrestado por los aliados y juzgado en Núremberg. Allí, pese a demostrar una inteligencia excepcional y desafiar abiertamente al tribunal, fue condenado a muerte por crímenes contra la humanidad. No llegó a ser ejecutado ya que, para evitar la horca, se suicidó con cianuro horas antes de su ejecución.

    50 min
  3. 5 FEB • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    La no revolución inglesa

    La revolución de 1688, más conocida como revolución gloriosa, supuso el triunfo definitivo del parlamentarismo en Inglaterra. Trajo también el fin de la casa Estuardo, aunque en este caso con algunos años de retraso. Este acontecimiento no fue algo ni repentino, ni aislado, sino la culminación de un proceso que había dado comienzo casi un siglo antes. Durante ese tiempo proliferaron las tensiones entre la Corona y el parlamento, unas tensiones que dejaron un reguero de guerras civiles y la ejecución de Carlos I en 1649. El detonante final se produjo durante el reinado de Jacobo II, que ascendió al trono en 1685. Su abierto catolicismo y su uso de la "facultad de dispensa" para ignorar al parlamento despertaron el temor a que implantase en Inglaterra una monarquía absoluta similar a la de Luis XIV en Francia. La desconfianza se transformó en crisis en 1688 por dos hechos: el juicio a siete obispos anglicanos que se opusieron al rey y, especialmente, el nacimiento de un heredero varón que sería criado como católico. Esto eliminaba la esperanza de una sucesión protestante a través de su hija María. Ante la amenaza de que se revirtiese la reforma anglicana, un grupo de parlamentarios que se dieron en llamar a sí mismos los "Siete Inmortales" invitaron a Guillermo de Orange, estatúder de los Países Bajos y esposo de María, a intervenir militarmente para proteger las libertades inglesas. Guillermo organizó una gran expedición financiada por el banquero sefardí Francisco Lopes Suasso. En noviembre de 1688 desembarcó en Torbay con más de 15.000 hombres. La resistencia de Jacobo II se vino abajo rápidamente debido a las deserciones en su ejército y su propio colapso personal. Tras arrojar el Sello Real al Támesis y huir a Francia, el Parlamento declaró el trono vacante por una abdicación tácita. En 1689 el parlamento ofreció la corona a Guillermo y María, pero con una condición sine qua non: la aceptación de la Declaración de Derechos o Bill of Rights. Este documento restringía mucho el poder real. Entre otras cosas prohibía al monarca suspender leyes y recaudar impuestos sin permiso parlamentario. Se materializó así el "contrato social" preconizado por John Locke, mediante el cual la legitimidad del soberano emana de un pacto con sus súbditos y no del derecho divino. La estabilidad del nuevo régimen se reforzó con el Acta de Establecimiento de 1701, que excluía a perpetuidad a los católicos del trono. Esto permitió que, tras la muerte sin herederos de la reina Ana en 1714, la corona pasara de los Estuardo a la Casa de Hannover en la persona de Jorge I. Aunque Jacobo II intentó recuperar el trono con apoyo francés, su derrota en la batalla del Boyne en Irlanda selló su destino. A diferencia de la Revolución Francesa, la Gloriosa fue un cambio de régimen relativamente incruento y conservador en sus formas, ya que no pretendía alumbrar un mundo nuevo, sino preservar las leyes tradicionales. Pero sus consecuencias fueron radicales. La estabilidad que otorgó a Gran Bretaña permitió su expansión imperial y la revolución industrial. El modelo de supremacía parlamentaria que quedó establecido entonces ha perdurado hasta el momento presente e influyó mucho en todas las revoluciones que vinieron después. En El ContraSello: 0:00 Introducción 4:05 La no revolución inglesa 23:40 Literatura Gredos - http://literaturagredos.com/ 1:18:17 La revolución francesa - https://diazvillanueva.com/la-contrahistoria-de-la-revolucion-francesa/ 1:21:38 Historia de la coca

    1 h y 32 min
  4. 30 ENE • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    El conquistador conquistado

    La historia de Gonzalo Guerrero es una de las más fascinantes de la época de la conquista de América. Nacido en Palos de la Frontera hacia 1470 y tras servir como arcabucero del rey en la Guerra de Granada y en las campañas de Italia, pasó a las Indias, donde su vida cambió radicalmente, pero no en la forma en la que cambiaron las de sus paisanos. En Italia había servido el mando del Gran Capitán, aprendió tácticas de infantería y el uso de armas de fuego que resultarían decisivas en su futuro. En 1511, poco después de haber llegado a las Indias, naufragó cerca de las costas de Jamaica. Él y un clérigo llamado Jerónimo de Aguilar fueron los únicos supervivientes que llegaron a la península de Yucatán, donde fueron capturados por los indígenas. A diferencia de Aguilar, que trató de mantenerse fiel a su identidad española, Guerrero decidió integrarse plenamente en la cultura maya. Se sometió a dolorosos tatuajes y perforaciones, adoptó la vestimenta local y ascendió en la jerarquía social gracias a su valor. Al servicio del cacique Nachán Can, Guerrero revolucionó la estrategia militar indígena: introdujo formaciones compactas, construyó fortificaciones de madera y enseñó tácticas de asedio y de emboscada para neutralizar la caballería española. Su asimilación fue tan profunda que se casó incluso con una princesa, Zazil Há, dando origen al primer mestizaje voluntario documentado en América. En 1519, cuando Hernán Cortés le ofreció ser rescatado, Guerrero rechazó unirse a él. Explicó a Aguilar que ya era un cacique con familia y que sus tatuajes le impedirían ser aceptado por sus compatriotas. Durante décadas, fue el principal obstáculo para la conquista de Yucatán, derrotó a varios capitanes españoles mediante el uso de la desinformación y el conocimiento de la psicología y las armas de sus antiguos paisanos. Murió en 1536 en la actual Honduras luchando en defensa de los indígenas contra las tropas del capitán Lorenzo de Godoy. Aunque en España su figura es poco recordada, en México es honrado como un héroe y el padre del mestizaje, un hombre, en definitiva, que eligió morir defendiendo la cultura que le acogió.

    34 min
  5. 29 ENE • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Anglosajones

    Tras la desaparición del imperio romano en Gran Bretaña la isla cayó en manos de un conjunto de pueblos llegados de la Europa continental, fundamentalmente de lo que hoy es Alemania y Dinamarca. Estos pueblos de origen germánico, los anglos, los sajones y los jutos, se apoderaron paulatinamente de la antigua Britannia romana, donde se encontraron con una población local, los britanos, que estaba tibiamente romanizada. Siempre se creyó que la invasión había sido violenta y se materializó desplazando a los britanos. Esta idea tan bien asentada y glosada por las crónicas de aquella época, entre ellas la de Beda el Venerable, ha evolucionado a raíz de los descubrimientos de la arqueología moderna. Fue un proceso mucho más orgánico y tranquilo en el curso del cual las distintas tribus se fueron colonizando el territorio y asimilando a los britanos. Conforme estos grupos se asentaron, la geografía política de la isla se fragmentó en una serie de reinos rivales conocidos como la Heptarquía. Estos reinos eran Northumbria, Mercia, Anglia Oriental, Essex, Kent, Sussex y Wessex. Este periodo fue una era de guerreros y jefes tribales, pero también el escenario de una de las conversiones al cristianismo más famosas de la historia de Europa. Los germanos abandonaron el paganismo y se pasaron en masa a la iglesia de Roma. En ello tuvo mucho que ver la llegada de la misión gregoriana a Kent en el año 597 y la influencia de las iglesias celtas desde el norte. Aquello marcó un renacimiento cultural que floreció especialmente en los monasterios. Fue en estos centros donde se preservó el conocimiento clásico y donde surgieron obras maestras de la literatura y el arte, como el poema épico Beowulf y los manuscritos iluminados que fusionaban la estética entrelazada germánica con la simbología cristiana. La estructura social anglosajona estaba rígidamente jerarquizada. A la cabeza estaba el rey y su séquito de nobles guerreros, conocidos como “thegns”, que estaban vinculados al monarca por lazos de lealtad personal. Debajo de ellos, la gran mayoría de la población estaba compuesta por los “ceorls”, hombres libres que cultivaban la tierra y formaban la base de la economía, que en la Gran Bretaña de entonces era eminentemente agraria. Esta relativa estabilidad se vio sacudida a finales del siglo VIII con la aparición de una nueva amenaza: las incursiones vikingas. Los ataques escandinavos desmantelaron casi todos los reinos anglosajones. Sólo quedó el de Wessex como último bastión de resistencia con el rey Alfredo el Grande a su cabeza. Alfredo detuvo el avance danés y emprendió ambiciosas reformas educativas y militares. Con los sucesores de Alfredo, especialmente el rey Athelstan, se consolidó por primera vez la idea de una Inglaterra unificada, la llamada “Englaland”. Este periodo de madurez política vio el desarrollo de instituciones administrativas algo más complejas, como el consejo de sabios o Witan, y la división territorial en condados o shires. A pesar de la conquista normanda en 1066, que marcó el fin de la era anglosajona, el legado de este pueblo perduró en el idioma inglés antiguo, en el sistema legal de derecho consuetudinario y en una estructura parroquial que sobreviviría durante siglos, lo que vendría a demostrar que los anglosajones no fueron simples invasores, sino los padres de lo que terminaría siendo Inglaterra. Para tratar este tema nos acompaña Yeyo Balbás, bien conocido por la audiencia de La ContraHistoria y que, aparte de ser toda una autoridad en lo referente a los visigodos, sabe mucho también de los anglosajones. A él se debe la traducción de “Anglosajones. La primera Inglaterra”, el libro de Marc Morris que publicó hace no mucho la editorial Desperta Ferro.

    1 h y 25 min
  6. 22 ENE • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Ajustando la brújula

    La brújula es uno de los inventos más importantes de la historia. Aunque hoy nos parece algo simple frente a tecnologías como la del GPS, su capacidad para señalar una dirección fija revolucionó la navegación, la exploración y el comercio. Su funcionamiento es sencillo, se basa en el magnetismo. Desde antiguo se observó que ciertos metales como la magnetita atraía a otros generando un campo magnético propio. Tanto en Grecia como en China lo descubrieron en torno al siglo V a.C, pero fue en China donde a este fenómeno físico empezaron a darle un uso religioso que pronto se tornó en ciertos usos prácticos. Los antiguos chinos hacían flotar agujas en cuencos llenos de agua o las colgaban de hilos de seda. Servían tanto para saber como alinear correctamente un palacio como para que los viajeros y los navegantes las utilizasen. En la alta edad media estas primeras brújulas chinas ya se habían convertido en un artilugio muy utilizado. A Europa llegaron más tarde. En el mundo clásico para orientarse se valían del sol o de la posición de ciertas estrellas. También empleaban los vientos predominantes que en la cuenca mediterránea siempre soplan en la misma dirección. En las grandes ciudades había torres de los vientos que señalaban cada uno de ellos y eso permitía orientarse correctamente. Ya en el siglo IX Carlomagno redujo los puntos cardinales a cuatro, los cuatro que hoy conocemos con nombres de raíces indoeuropeas: norte, sur, este y oeste, pero siempre relacionados con el sol. La brújula llegó siglos después por la ruta de la seda o quizá por el mar Rojo, seguramente a bordo de navíos persas o caravanas árabes. Las primeras menciones europeas datan del siglo XII. Los europeos la adoptaron rápidamente en versión seca, es decir, la aguja imantada sobre un pivote dentro de una cajita. De ahí viene nuestro brújula, del italiano “bussola”, que significa cajita. A los europeos les fascinó el invento. En 1269 Petrus Peregrinus escribió "De Magnete", el primer estudio sistemático sobre el magnetismo. Luego llegaron los mapas portulanos que incorporaban una rosa de los vientos que llegó a tener hasta 32 direcciones y que permitía una navegación mucho más precisa. La brújula facilitó la expansión europea tardomedieval y permitió a portugueses y españoles aventurarse en el océano Atlántico. Fue en estos viajes cuando los navegantes europeos advirtieron que la brújula no señalaba al norte propiamente dicho, sino a un norte magnético que está ligeramente desviado. Eso les obligó durante siglos a hacer ajustes para las grandes travesías oceánicas compensando la declinación, es decir, la diferencia entre el norte verdadero y el magnético. Ya en el siglo XVII descubrieron la razón: la Tierra es un imán gigantesco porque tiene un núcleo de hierro fundido en constante movimiento. En el siglo XIX los barcos con cascos de hierro crearon un problema añadido ya que el metal del barco afectaba a la brújula. Eso llevó al desarrollo de brújulas compensadas con correctores magnéticos. El siglo XX trajo nuevas mejoras e inventos como el girocompás sobre un giroscopio que resultaría imprescindible para la navegación aérea y submarina. Hoy las brújulas son digitales y todos llevamos una en el bolsillo dentro de nuestro teléfono, pero funcionan con el mismo principio y también las mismas limitaciones. Sigue siendo útil para senderistas, para marinos y, sobre todo, como metáfora. En El ContraSello: 0:00 Introducción 23:26 “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R 1:01:49 Orígenes del euskera 1:09:05 La adopción en la antigua Roma

    1 h y 20 min
  7. 15 ENE • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Los mitos de Troya

    La guerra de Troya fue el principal pilar sobre el cual se construyó la identidad cultural, ética y política de la antigua Grecia. Este conflicto, ubicado históricamente entre los siglos XIII y XII a. C., marcó la transición entre la era de los héroes y el mundo de los mortales. A través de las epopeyas de Homero, la civilización griega encontró un espejo para proyectar sus dilemas morales y su sistema educativo, la “paideia”, que moldeó el pensamiento occidental durante milenios. Este ciclo mítico es mucho más que una una crónica de batallas, es un tratado sobre la condición humana y la relación de los hombres con lo divino. En la cosmovisión griega, esta guerra no fue obra de los hombres, sino una orquestación divina que partió del mismo Zeus para reequilibrar el cosmos y reducir la población de semidioses. El conflicto se originó en las nupcias de Peleo y Tetis donde la diosa Eris sembró la discordia con una manzana dorada. El posterior juicio de Paris, en el que el príncipe troyano eligió el amor de Helena sobre el poder de Hera o la sabiduría de Atenea, desencadenó el rapto de la reina de Esparta y activó el Juramento de Tindáreo, que unió a los reinos aqueos en una coalición liderada por el poderoso Agamenón de Micenas. La expedición griega reunió a figuras que personifican diversos ideales del heroísmo helénico: Aquiles, el guerrero que busca la gloria eterna a costa de una vida breve; Ulises, símbolo de la astucia, la estrategia y la inteligencia; Áyax, la encarnación de la fuerza y Agamenón, cuya autoridad se ve constantemente empañada por su propia soberbia y falta de tacto diplomático. Los preparativos de la contienda estuvieron marcados por la tragedia del sacrificio de Ifigenia, un episodio oscuro que ahonda en los límites de la ambición política frente a los vínculos familiares y la implacable voluntad de los dioses. La Ilíada narra tan sólo un breve periodo del último año de la guerra de Troya. Se centra esencialmente en la cólera de Aquiles tras ser humillado por Agamenón. Este relato nos habla de la tensión entre la autoridad de los reyes y el mérito individual basado en la excelencia. Tras la muerte de Patroclo, su compañero más querido, Aquiles regresa al combate poseído por una furia ciega para matar a Héctor, el noble defensor de Troya. Pero la epopeya no concluye con violencia, sino con un acto de profunda humanidad: el encuentro secreto entre Aquiles y el anciano rey Príamo, donde ambos reconocen su sufrimiento compartido y la fragilidad de la vida humana bajo el peso del destino. La guerra se libró simultáneamente en el plano humano y el divino. Los dioses del Olimpo intervinieron activamente y llegaron a sufrir incluso heridas en el combate, lo que demuestra la estrecha unión entre ambos mundos en esta mitología arcaica. Finalmente, la ciudad no cayó por la fuerza bruta, sino por la “metis”, la astucia de Ulises y su ingeniosa estratagema del caballo de madera. El saqueo de la ciudad, el accidentado regreso de los héroes, el asesinato de Agamenón a manos de su esposa o la larga travesía de diez años de Ulises, simbolizan el fin definitivo de la era heroica y el comienzo de un nuevo mundo. Más allá del mito, la Guerra de Troya funcionó como el motor de la unidad griega frente a lo no griego, lo bárbaro. Muchos siglos después se encontró la verdadera Troya. El arqueólogo alemán que dio con ella, Heinrich Schliemann, descubrió que no era una, sino varias. Hoy en día el relato mítico de Troya se mantiene como una síntesis de todo aquello que nos hace humanos: el amor, el poder, la muerte y el honor. También es la historia de cómo un pueblo antiguo construyó su identidad a través de un relato épico que aconteció en un momento histórico convulso, el del final de la edad del bronce.

    1 h y 17 min
  8. 15 ENE • SÓLO PARA PERSONAS CON SUSCRIPCIÓN

    Rasputín en El ContraCorte

    Imagina a un campesino analfabeto, nacido en la remota y gélida Siberia, que sin saber leer ni escribir logra colocarse junto al zar de Rusia en San Petersburgo (y, especialmente junto a la zarina) e influir sobre ellos hasta el punto de despierta la admiración de media Corte y el odio de la otra media. Ese campesino existió. Su nombre era Grigori Rasputín, para unos era un santo enviado por Dios, mientras que para otros era un demonio que arrastraría al imperio al abismo. En el el último ContraCorte trato de desmontar la 'leyenda negra' de Rasputín para encontrar al hombre real. ¿Cómo es posible que un místico con fama de borracho y mujeriego terminara decidiendo quiénes eran los ministros del Imperio Ruso? La respuesta no está en la magia, sino en un secreto biológico: la hemofilia del pequeño zarevich Alexei. Rasputín era el único capaz de detener las hemorragias del heredero al trono cuando la ciencia médica fallaba. O eso al menos pensaba la zarina Alejandra. Para ella no era un hombre, sino un milagro viviente. Pero el poder trae enemigos. Mientras Rusia se desangraba en la Gran Guerra, los rumores de traición y orgías en el palacio real de San Petersburgo incendiaban las calles. Se decía que Rasputín era un espía alemán, un amante de la reina, un miembro de una secta prohibida. La tensión llegó a tal punto que la aristocracia decidió que, para salvar la corona y a la propia Rusia, este monje místico debía morir. La noche de su asesinato supera cualquier ficción: una dosis letal de cianuro que no le hizo efecto, disparos a quemarropa de los que se levantó para atacar a sus verdugos y una conspiración que podría involucrar incluso al servicio secreto británico. ¿Fue un ser prácticamente indestructible o simplemente la víctima de una leyenda creada por sus asesinos y magnificada luego por los bolcheviques? En El ContraCorte lo cuento todo con pelos y señales. Recuerda que es sólo para patronos de La Contra, esos contraescuchas que hacen posible esta y todas las Contras. Si eres miembro del canal de YouTube, fan en Ivoox o patrono en Patreon no tienes más que seguir escuchando aquí: https://youtu.be/_wjGaxw_Z3M https://go.ivoox.com/rf/166873710 https://go.ivoox.com/rf/166873710 https://www.patreon.com/posts/rasputin-santo-y-148383300?utm_medium=clipboard_copy&utm_source=copyLink&utm_campaign=postshare_creator&utm_content=join_link ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    3 min

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