Un verano sin hombres, es una novela sobre el quiebre, la pausa y la lenta reconstrucción de una mujer que, después de que su marido le anuncie —con brutalidad clínica— que necesita “un descanso”, se queda sin suelo bajo los pies. Mia tiene más de cincuenta, una carrera intelectual sólida y una certeza que se rompe en mil pedazos: el amor no la protegía de nada. En ese derrumbe, huye. Se refugia en su pueblo natal, entre mujeres mayores, adolescentes feroces y recuerdos que no piden permiso. Y ahí pasa algo extraño: al desaparecer los hombres del primer plano, aparecen otras voces. Hustvedt no escribe una novela de venganza. Escribe una novela de pensamiento. Sobre el deseo que cambia. Sobre la locura femenina y cómo la sociedad la administra. Sobre la amistad entre mujeres como tabla de salvación. Sobre el lenguaje como refugio cuando el cuerpo ya no sabe qué hacer. No es una historia de “superación” fácil. Es más bien un aprendizaje incómodo: entender que el abandono no es el final, sino una grieta por donde entra otra forma de estar en el mundo. Un verano sin hombres es un libro luminoso, elegante y con mucho humor a la vez. Un libro que dice, sin decirlo del todo, que a veces hace falta quedarse sola para volver a escucharse. Siri Hustvedt no escribe para contar historias: escribe para entender qué nos pasa cuando creemos estar entendiendo. Nació en 1955, en Minnesota, en un paisaje de nieve y silencio que parece haberle enseñado desde temprano dos cosas fundamentales: observar y dudar. Hija de un profesor noruego y criada entre lenguas, mitos y libros, aprendió pronto que la identidad nunca es una sola cosa. Estudió literatura, filosofía, psicoanálisis, neurociencia. Sí: todo eso. Porque Hustvedt nunca aceptó las fronteras cómodas entre disciplinas. Para ella, la mente no puede separarse del cuerpo, y la literatura no puede separarse de la ciencia ni del trauma. Su vida cambió —y su escritura también— cuando sufrió un episodio neurológico desconcertante: comenzó a temblar sin control al dar una conferencia en homenaje a su padre muerto. Los médicos no tenían respuestas claras. Hustvedt hizo lo que siempre hace: pensó escribiendo. De ahí nacieron ensayos brillantes sobre el cerebro, la memoria, el duelo, el género y la identidad. 📖 Publicó novelas como Todo cuanto amé, El verano sin hombres y El mundo deslumbrante, donde las mujeres piensan, desean y se fracturan sin pedir permiso. 📘 En sus ensayos: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, Vivir, pensar, mirar, desmonta el canon masculino con una inteligencia feroz pero sin estridencias. Hustvedt es una de las grandes intelectuales contemporáneas, leída en universidades, citada por neurocientíficos y feministas por igual. Dato de color: estuvo casada con Paul Auster hasta la muerte del escritor. No se pierdan la oportunidad de leer la novela, Gracias por los likes y por seguirnos, Disfruten!!!