Campo Abierto

Ion Colino

Sección sobre ecología y medio natural de la mano de Ion Colino, Gerente del Centro de Agricultura Ecológica y Granja Escuela Areitz Soroa en Galdames.

  1. 4d ago

    El legado negro del Lindano en Bizkaia: una herida medioambiental que sigue abierta

    El lindano (hexaclorociclohexano) evoca una de las épocas más oscuras en la historia medioambiental del País Vasco. Aunque hoy en día está estrictamente prohibido en Europa y la OMS lo considera una sustancia cancerígena, durante las décadas de los 70 y 80 se fabricó de manera habitual en diversas plantas de Bizkaia, como Barakaldo y Erandio. Las consecuencias de aquellos vertidos incontrolados en el suelo y los ríos siguen estando muy presentes en la actualidad. Ion Colino, especialista del Centro de Agricultura Ecológica Areitz Soroa, ha analizado en los micrófonos de Radio Popular este problema crónico, recordando que, tras casi un cuarto de siglo desde que se iniciaron las labores de limpieza, "todavía sigue habiendo una vigilancia por parte de las instituciones porque el problema no se ha solucionado". Un modelo industrial ineficiente con un residuo "casi radiactivo" El verdadero drama del lindano no radicaba únicamente en el producto puro utilizado como pesticida, sino en los isómeros (alfa y beta) generados durante su producción. Colino califica aquel tejido industrial como un "modelo bastante poco eficiente", puesto que para producir una sola tonelada de lindano puro se generaban entre 8 y 10 toneladas de productos altamente tóxicos. Al carecer de valor comercial, estos restos se mezclaban con la tierra y se depositaban en vertederos incontrolados o en lugares escondidos aposta para ocultar el problema a la ciudadanía. La peligrosidad de estos residuos es tal que el experto los equipara en comportamiento a un "residuo radiactivo", cuya degradación es extremadamente lenta y difícil de erradicar. "Había mucha gente que incluso no era consciente de que estaba cosechando verduras en terrenos contaminados con este producto", lamenta Colino, señalando cómo el tóxico pasaba de la tierra a las cosechas, y de ahí directamente a las personas. Celdas de confinamiento bajo vigilancia activa La concienciación institucional no llegó hasta la década de 1990, momento en el que se inició una intensa lucha social, especialmente en Barakaldo y Erandio, focos originarios de las empresas Bilbao Chemicals e Inquinasa. Para mitigar el desastre, se construyeron celdas de aislamiento donde se confinaron miles de toneladas de tierra contaminada; infraestructuras que hoy se ubican en zonas como el monte Argalario o en las inmediaciones de la ampliación del aeropuerto de Loiu. Sin embargo, Colino advierte que "todavía no se sabe cómo van a reaccionar incluso esas celdas" a largo plazo, manteniendo la incertidumbre sobre el ecosistema. Contaminación crónica en los ríos de Bizkaia El problema persiste de forma subterránea y fluvial. Los grupos ecologistas denuncian año tras año la aparición de índices elevados de esta sustancia en los ríos vizcaínos. Esto se debe a que las lluvias provocan lixiviados que arrastran el lindano de las zonas no controladas hacia los acuíferos, demostrando que una parte importante de este legado tóxico sigue sin estar localizada. La necesidad urgente de un cambio de modelo agrícola A día de hoy, la ciencia no ofrece una solución tecnológica definitiva para depurar por completo los suelos afectados. Por ello, desde el ámbito ecologista se insiste en que la única vía para evitar futuras catástrofes pasa por una transformación radical de los métodos de producción. Esta problemática actual proviene de la denominada "Revolución Verde" posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria química explosionó para maximizar el rendimiento agrícola sin medir los impactos ambientales. Para Colino, "es inminente que cambiemos el modelo agrícola a modelos más suaves, de perfil más bajo, donde los productos que se utilicen sean ecológicos". El experto concluye que la transición debe apostar por la rigurosidad, limitando el uso de químicos a momentos muy específicos y bajo dosis estrictamente controladas, extendiendo esta responsabilidad no solo a la agricultura a gran escala, sino también a la jardinería y al ámbito doméstico.

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  2. May 20

    El Tomate, el rey de la huerta

    El tomate es, sin duda, el rey de las huertas veraniegas y el protagonista indiscutible tanto en los terrenos tradicionales como en los huertos urbanos de los balcones. Sin embargo, en la cornisa cantábrica, su manejo requiere de cierta destreza. Como explica Ion Colino, de Areitz Soroa, en los micrófonos de Radio Popular-Herri Irratia, "el tomate no se ha adaptado bien todavía; lleva aquí desde el siglo XVI, pero en nuestra zona, donde hay bastante humedad, sigue siendo una planta delicada". Tras un arranque de mayo complicado, las previsiones de buen tiempo abren ahora la ventana perfecta para su cultivo. La importancia de elegir variedades testadas Para asegurar el éxito de la cosecha sin recurrir a tratamientos químicos agresivos, la clave principal reside en la selección de la semilla. Colino aconseja huir de las variedades de tipo delicatessen por la gran cantidad de cuidados que conllevan y apostar firmemente por variedades locales o testadas en nuestra comunidad. Una de las opciones más recomendadas por el experto es el San Michel (de Iparralde). "No es un tomate grande, pero funciona muy bien, es crujiente, sabrosísimo y ofrece una explosión de sabores", destaca. Junto a él, sobresalen otras opciones clásicas y resistentes a enfermedades como la Echavaleta, el Huevo de Toro, el Tres Cantos, el Marmande o el Corazón de Buey. Para los que buscan algo diferente, el Evergreen se presenta como una alternativa ideal que se consume directamente en verde. Una hoja de ruta preventiva contra los hongos El clima húmedo del Cantábrico es el caldo de cultivo ideal para las enfermedades fúngicas. Para combatirlas en la agricultura ecológica, el secreto es la anticipación mediante una hoja de ruta cada 15 días, priorizando productos de bajo perfil para no dañar el suelo ni los microorganismos que existen en él. El primer hongo en aparecer suele ser el Oidio, reconocible como una pelusa blanca. Para este caso, el tratamiento idóneo es el azufre. Tras el Oidio o la Alternaria, puede llegar la Phytophthora infestans (Mildiu), que tiñe el tallo de negro. "Si llega el Mildiu, el tomate ya estaría perdido", advierte Colino, por lo que la prevención es vital. En este sentido, el uso de bicarbonato, la cola de caballo (rica en cobre) o depredadores naturales como la Trichoderma y el Bacillus subtilis son excelentes aliados. Respecto a las soluciones tradicionales, el experto lanza un aviso: aunque el famoso caldo bordelés (sulfato de cobre con cal hidratada) está admitido en la agricultura ecológica, un uso habitual y excesivo termina contaminando el suelo y matando las bacterias beneficiosas. Como truco final, aconseja utilizar esencia de pino, que ayuda a fijar los tratamientos en la planta y hace que resistan mucho mejor a la lluvia. Paciencia ante todo: el calendario manda La ansiedad por plantar suele ser el peor enemigo del horticultor. Este año, el frío y las lluvias de principios de mayo provocaron que muchas plantas sufridas en la semana de San Isidro se bloquearan, perdiendo la capacidad de absorber nitrógeno y fósforo y tornándose amarillas. "Antes de mayo, aquí al menos, yo no aconsejaría que la gente ponga tomates", subraya de forma tajante el especialista. Aunque en el mes de abril puedan venir días calurosos que despierten las ganas de cultivar, plantar a la intemperie de forma prematura suele acabar en la necesidad de replantar. Los meses tempranos quedan reservados exclusivamente para los cultivos protegidos en invernaderos o túneles. Esta segunda mitad de mayo, con la subida de las temperaturas, es el momento real en el que los tomates empezarán a tirar con fuerza.

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  3. May 13

    ¿Es el invernadero la panacea?

    En una nueva entrega de la sección Campo Abierto en EgunOn Bizkaia, el experto en agricultura ecológica Ion Colino ha analizado las luces y sombras del cultivo en invernadero. A menudo se percibe como un entorno de protección absoluta, pero la realidad técnica es mucho más compleja: “Si no se gestiona bien, los problemas de las plantas se acentúan y, en muchas ocasiones, la situación se vuelve irreversible”. El enemigo invisible: Las altas temperaturas Uno de los principales riesgos es el exceso de calor. Es habitual que, durante la primavera avanzada y todo el verano, un invernadero supere fácilmente los 40 o 45 grados. A estas temperaturas, la fotosíntesis se paraliza, lo que detiene el crecimiento de la planta y puede provocar "escaldados" en frutos como los pimientos, dejándolos inservibles para el consumo o la venta. El reto del riego y la deshidratación El riego no es una cuestión de voluntad, sino de rutina y fisiología. Colino explica que las plantas tienen velocidades distintas de transpiración y absorción de agua. “Si hay mucha temperatura y poca humedad, las hojas piden mucha agua y las raíces no dan abasto; la planta acaba muriendo por deshidratación”. El error común de regar en exceso para compensar este estrés suele derivar en la aparición de hongos, enfermedades y parásitos. La polinización: Un ejército de ayuda Muchas verduras son autopolinizantes, pero eso no significa que no necesiten ayuda externa. Dentro de un túnel, la falta de corrientes de aire y de insectos puede hacer fracasar la cosecha. Por ello, es vital: Mantener corrientes de aire constantes dentro del invernadero. Colocar flora auxiliar para atraer insectos. En casos necesarios, introducir cajas de abejorros o mariquitas para garantizar la polinización y el control biológico de plagas. Calidad nutricional y rotación Desde el punto de vista de la salud, el cultivo exterior sigue siendo superior. Debido a las diferencias en la longitud de onda de la luz dentro del invernadero, las plantas de hoja ancha (acelgas, lechugas) tienden a acumular más nitratos, que pueden derivar en nitritos potencialmente perjudiciales. Por ello, la recomendación para una gestión profesional es clara: “Lo ideal es alternar y basar la cosecha principal en el exterior”. Además, es fundamental realizar rotaciones de cultivo e incluir leguminosas que fijen el nitrógeno del aire de forma natural.

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  4. May 6

    Cómo conservar tus propias semillas para una cosecha de éxito

    En la última entrega de Campo Abierto, el espacio sobre agricultura ecológica de EgunOn Bizkaia, hemos contado una vez más con la sabiduría de Ion Colino, de Areitz Soroa. Si en programas anteriores defendíamos la importancia de producir nuestras propias semillas para huir de las variedades híbridas comerciales y manipuladas genéticamente, hoy damos un paso más: ¿Cómo conservarlas correctamente para que germinen con fuerza el próximo año? El momento crítico: La recolección No vale cualquier momento para recoger la simiente. Según Jon Colino, debemos ser metódicos y esperar a los días secos y soleados. El atardecer de una jornada calurosa es el instante ideal, especialmente para aquellas semillas que vienen encapsuladas, como las del puerro o la cebolla. "El momento adecuado es cuando tocamos la planta y la semilla se cae sola. Si no se desprende con facilidad, es que aún no está madura", advierte Colino. Recogerlas antes de tiempo o con humedad solo garantiza la aparición de hongos y el fracaso del proceso. El proceso de conservación paso a paso Para emular la seguridad del famoso "búnker mundial de semillas" de Noruega, pero en nuestra propia casa, Ion nos propone un método sencillo y eficaz: Secado: Tras la recogida, deja las semillas un par de días detrás de una ventana donde reciban sol directo para eliminar la humedad residual. Vacío casero: Mete las semillas en una bolsita, introduce una pajita, absorbe el aire y séllala. Golpe de frío (Congelación): Introduce las semillas en el congelador (a -18°C) entre 48 y 72 horas. Esto sirve para eliminar patógenos e insectos invisibles y, lo más importante, para romper la latencia, asegurando que la semilla "despierte" con fuerza al ser plantada. Descongelación lenta: Al sacarlas, el proceso debe ser suave, similar al de cualquier alimento delicado. Almacenamiento final: Una vez secas de nuevo, guárdalas en un bote de cristal etiquetado con la fecha, variedad y generación. El lugar ideal no es un armario, sino la parte baja del frigorífico a unos 5°C. Biodiversidad y ahorro: Un patrimonio en tu huerto Este proceso no solo es una cuestión de autosuficiencia, sino de adaptación biológica. Año tras año, las semillas que conservamos se van adaptando a las características específicas de nuestro suelo y microclima, haciéndose más fuertes y resistentes a enfermedades. Además del beneficio ambiental, el bolsillo también lo nota. "Las semillas híbridas comerciales son caras y a veces vienen tratadas para que caduquen pronto", explica Ion. Al producir y conservar nuestro propio material genético, creamos un patrimonio vivo que garantiza el éxito de la cosecha sin depender de mercados externos.

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  5. Apr 29

    ¿Son necesarios los abonos? El suelo es capaz de darnos todo lo que las plantas necesitan

    En la cultura popular de la huerta y el jardín, existe la creencia de que cuanto más abono echemos, mejor será la cosecha. Sin embargo, en la última entrega de la sección Campo Abierto en EgunOn Bizkaia, Ion Colino sostiene que "el suelo es capaz de darnos todo lo que las plantas necesitan; lo único que tenemos que hacer es cuidarlo". Muchos agricultores y jardineros recurren al abonado sistemático año tras año, ya sea mediante fertilizantes químicos u orgánicos. Según Colino, en muchas ocasiones "la mayoría de esas carretillas de estiércol que echamos son en balde; es como tirar el dinero". Si el abono no está bien estabilizado, el agua acaba arrastrándolo, provocando además la contaminación orgánica de los acuíferos. La clave reside en entender la composición de la planta. Aunque parezca increíble, "la estructura de la planta depende un 95% del aire", a través de procesos como la fotosíntesis y la respiración. El 5% restante proviene de los nutrientes del suelo (nitrógeno, fósforo, potasio), que son esenciales pero que la planta "solo necesita en trazas, muy poquito", para completar sus ciclos. El suelo como "banco comunitario" Para Colino, el suelo no es un recipiente vacío que debemos rellenar, sino un organismo vivo que administra recursos. "El suelo es como un banco comunitario de nutrientes que los pone a disposición de la planta cuando ella los necesita", explica. Para mantener este equilibrio, el experto recomienda: Acolchar el suelo para protegerlo, labrar lo mínimo posible para evitar la erosión y la salinización y abonar con restos orgánicos bien tratados como compost, hierba o incluso lana. Fertilizantes: el origen de las plagas Existe una relación directa entre el exceso de fertilizantes y la aparición de insectos. Colino afirma que "estos abonos son los responsables de prácticamente todas las plagas que tenemos". Al utilizar de forma explosiva el famoso NPK (Nitrógeno, Fósforo, Potasio), las plantas acumulan un exceso de aminoácidos y azúcares libres. Los insectos se ven atraídos por este "caldo de cultivo" para sintetizar sus propias proteínas, aumentando su fertilidad y longevidad. Este fenómeno es conocido como trofobiosis. La agricultura ecológica no busca inventar nada nuevo, sino replicar los mecanismos de regulación de la propia naturaleza. "La observación es fundamental. La naturaleza lo tiene todo inventado y bastante contrastado", señala Colino. El coste de ignorar estos procesos naturales no es solo ecológico, sino también económico. Se estima que, a nivel mundial, las pérdidas anuales derivadas del uso excesivo de fertilizantes y las plagas asociadas alcanzan los 220.000 millones de dólares. En definitiva, en la salud de nuestra tierra, "menos es más".

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  6. Apr 22

    Adiós al jardín de postal: por qué tu césped debería parecerse más al monte

    El mantenimiento de un césped perfecto suele parecer una tarea sencilla, "basta regar y cortar", pero la realidad detrás de un jardín saludable es mucho más compleja. En la última entrega de Campo Abierto, el espacio dedicado a la agricultura y el entorno natural en EgunOn Bizkaia, Ion Colino ha compartido los fundamentos para lograr un césped que no solo sea estético, sino también sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Para muchos propietarios, el jardín ideal es aquel que Colino denomina "el gran santuario": una superficie inmaculada donde no se admite ni una sola hierba diferente. Sin embargo, el experto aboga por un cambio de mentalidad hacia un modelo de césped tipo pradera, similar al que encontramos en el monte. "Muchas veces somos obsesivos con tener un césped tan chulo, pero el objetivo debe ser un césped utilitario, resistente a la sequía, a la humedad y al pisoteo", afirma Colino. Este enfoque permite una superficie más funcional y libre de la esclavitud que supone eliminar cada pequeña imperfección. La fórmula técnica: Menos química, mejor mezcla Desde Areitz Soroa apuestan por minimizar los herbicidas y fertilizantes sintéticos, ya que afectan directamente a la biodiversidad urbana y a la salud de las familias. En su lugar, Colino recomienda prestar atención a las etiquetas de las semillas para obtener una mezcla equilibrada y resistente. Una composición ideal debería rondar: 75% de Festuca: por su gran resistencia 15% de Ray-grass. 10% de Poa de los prados. Para la nutrición, el experto sugiere alternativas naturales: "El extracto fermentado de ortiga en proporción de 1 a 10 funciona perfectamente; hace a la gramínea más fuerte y la mantiene libre de enfermedades". El secreto del corte y el riego La disciplina en la rutina es vital. Una de las reglas de oro compartidas es la altura: "El césped nunca debe estar a menos de 6 centímetros". La razón es puramente competitiva: si el césped está demasiado corto, los musgos aprovechan el espacio y terminan por devastar la superficie. En cuanto al agua, el consumo es más alto de lo que solemos pensar. Colino advierte que, en días de calor, "un metro cuadrado de césped puede evaporar hasta 20 litros de agua", una cantidad que debe reponerse mediante una rutina de riego bien planificada para evitar tanto el déficit como el exceso de humedad. Hacia ciudades más verdes: Las praderas urbanas El artículo también destaca una tendencia creciente en ayuntamientos como el de Muskiz o Vitoria-Gasteiz: la transformación de jardines públicos en praderas de hierba alta. Aunque algunos ciudadanos puedan interpretarlo como dejadez, se trata de una estrategia consciente para atraer fauna auxiliar y mejorar el ecosistema urbano. "No es una señal de descuido o falta de presupuesto; es crear espacios con caminos sinuosos que atraen insectos y generan equilibrio", aclara Colino, desmintiendo que estas zonas atraigan plagas de ratas. Al contrario, fomentan un entorno más limpio y natural en el corazón de nuestras ciudades.

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  7. Apr 15

    Soluciones de la naturaleza: Plantas que limpian suelos contaminados y depuran aguas

    La naturaleza, como ese "hermano mayor" al que debemos escuchar, ofrece herramientas gratuitas y eficaces para revertir la huella de la contaminación humana. En la última entrega de Campo Abierto, dentro del programa EgunOn Bizkaia, hemos explorado cómo determinadas plantas y árboles son capaces de extraer metales pesados del suelo y depurar aguas residuales de forma totalmente natural. Fitoextracción: la "limpieza" natural de metales pesados A menudo pensamos que para limpiar un suelo contaminado se requieren infraestructuras costosas o productos químicos complejos. Sin embargo, la fitoextracción demuestra que la clave puede estar simplemente en plantar la semilla adecuada. Ciertas especies vegetales tienen la capacidad excepcional de "extraer del suelo contaminantes como el níquel, cromo, plomo, cadmio e incluso mercurio" e incorporarlos a su estructura. Lo más sorprendente es que, en muchos casos, son capaces de procesar residuos que nuestra tecnología actual no puede gestionar de manera tan eficiente. Entre las especies más destacadas para este propósito encontramos: Árboles: El chopo y el sauce (muy común en Euskadi). Plantas y gramíneas: La festuca, el ballico (usado como forraje), la acedera, el senecio o la mostaza india. "La naturaleza nos pone a nuestra disposición las herramientas y soluciones gratuitas para esos problemas que nosotros nos creamos", afirma Jon Colino. Es importante destacar que estas plantas no eliminan el metal, sino que lo acumulan. Por ello, existe una normativa estricta: una vez que el vegetal muere o se cosecha, debe ser tratado en plantas de compostaje especiales. Allí, los metales pesados se reestructuran y vuelven a integrarse en la materia orgánica, convirtiéndose de nuevo en elementos inocuos. Depuración de aguas: de la espadaña a la lenteja de agua La capacidad de las plantas no se limita al suelo; también son aliadas fundamentales en la depuración de aguas residuales, un sistema cada vez más demandado en  entornos rurales. Especies como las espadañas o los pajonales crean una densa red de raíces (hasta 5.200 raíces por metro cuadrado) que sirven como drenaje y estructuran el fondo de ríos y estanques. Otras plantas comunes, incluso de interior, también tienen este poder: Lenteja de agua: Absorbe cadmio y cobre. Cintas, potos, singonios o monsteras: Ayudan en la captación de contaminantes. Lirio acuático: Aunque es una especie invasora que requiere control estricto, es sumamente eficaz en entornos acotados. Para implementar estos sistemas de depuración natural, Colino subraya la importancia de "dimensionar correctamente el estanque" para evitar que se convierta en una fosa séptica. Un sistema bien equilibrado, que incluya una pequeña cascada para oxigenar el agua, permite crear un ecosistema vivo con flores, peces y larvas de libélula que, además de depurar nutrientes como amonios, nitratos y fosfatos, evita la eutrofización (falta de oxígeno) del agua.

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  8. Apr 1

    La rotación de cultivos: el secreto ancestral para un huerto sostenible y sin químicos

    En la búsqueda constante de soluciones naturales para cuidar nuestro entorno, a veces las respuestas más innovadoras provienen de la tradición más pura. Esta semana en EgunOn Bizkaia, dentro de la sección de ecología "Campo Abierto", Ion Colino nos desvela que la rotación de cultivos es la clave fundamental para que, al terminar nuestra labor hortícola, dejemos la tierra en las mismas condiciones para las generaciones venideras. El equilibrio natural frente a las plagas Para Colino, esta práctica es vital si queremos mantener un huerto sano y equilibrado con un mínimo de enfermedades, ya que la mayoría de los vegetales extraen nutrientes específicos y liberan toxinas durante su crecimiento. Según explica el experto, si no se alternan las familias, los insectos y parásitos se hacen "dueños de la situación" al acumularse residuos y perderse la fertilidad del suelo. En este sentido, hace especial hincapié en los hongos, que pueden quedar inoculados en la tierra hasta cuatro o cinco años, por lo que la regla de oro establece que la misma familia de plantas no debe volver al mismo lugar durante un ciclo de cuatro años. La importancia de la organización metódica La aplicación práctica de este método requiere ser extremadamente metódicos y llevar un registro en un cuaderno, pues es fácil olvidar qué se plantó años atrás. Por ejemplo, si en 2025 se plantaron tomates, que pertenecen a la familia de las solanáceas, el año siguiente no se deben poner en ese sitio ni patatas, ni pimientos, ni berenjenas. En su lugar, sería idóneo optar por lechugas (compuestas) o zanahorias (umbelíferas), que pertenecen a familias distintas y tienen necesidades diferentes. El huerto como su propia farmacia Además de nutrir la tierra, este sistema permite reducir la dependencia de productos químicos. Colino señala que las plantas no solo quitan, sino que también aportan vitaminas y moléculas que actúan como potentes inhibidores de parásitos. Un ejemplo claro es el uso de repollos o rábanos; al descomponerse sus hojas en el suelo, liberan isotiocianatos que funcionan como un insecticida biológico capaz de eliminar patógenos. Finalmente, el experto sugiere que el éxito total se alcanza al combinar la rotación con la asociación de cultivos, como mezclar patatas con alubias para fijar el nitrógeno del aire, caminando así hacia una agricultura que prescinde de métodos nocivos para el medio ambiente.

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Sección sobre ecología y medio natural de la mano de Ion Colino, Gerente del Centro de Agricultura Ecológica y Granja Escuela Areitz Soroa en Galdames.