Campo Abierto

Ion Colino

Sección sobre ecología y medio natural de la mano de Ion Colino, Gerente del Centro de Agricultura Ecológica y Granja Escuela Areitz Soroa en Galdames.

  1. 9h ago

    La batalla contra los limacos, babosas y caracoles que se comen los cultivos

    Cada temporada, la escena se repite en huertos y jardines de nuestro territorio: tras una jornada de lluvia o humedad, un ejército silencioso de moluscos amenaza con arrasar los cultivos. La frustración tienta a muchos horticultores a buscar una solución definitiva contra limacos, babosas y caracoles. Sin embargo, la realidad de la naturaleza es tajante: es una batalla perdida y debemos interiorizar que la naturaleza siempre tiene las de ganar. Un éxito evolutivo implacable y costes millonarios Intentar reducir estos pequeños moluscos a la mínima expresión no solo es inútil, sino que genera un gasto innecesario de dinero, tiempo y disgustos. Los limacos cuentan con una estrategia evolutiva infalible que los convierte en auténticos supervivientes. El problema es global y abarca desde el pequeño huerto familiar hasta la agricultura a gran escala. Muestra de ello es el caso de Estonia, que ha llegado a tirar la toalla ante la invasión del limaco o babosa española (Arion vulgaris), renunciando al uso masivo de molusquicidas por su alta contaminación e ineficacia final. Las cifras reflejan la magnitud del desafío: la lucha contra limacos y caracoles cuesta en Europa cerca de 137 millones de euros en tratamientos, mientras que las pérdidas agrícolas derivadas de sus daños alcanzan los 186 millones de euros. El secreto de su supervivencia: puestas durante todo el año A diferencia de otros insectos agrícolas que concentran sus puestas en periodos muy concretos del año permitiendo ataques selectivos, los limacos presentan una particularidad biológica que dificulta enormemente su control. Aunque son hermafroditas no autofecundables y requieren de otro individuo para la reproducción, los limacos están poniendo huevos durante todo el año en función de la nutrición que van obteniendo. Esta capacidad de generar tandas continuas de huevos imposibilita atacar la plaga en un único momento del ciclo vital. Pese a su mala fama, los moluscos cumplen un rol clave en la fertilidad del suelo al reciclar la materia orgánica, masticar la hojarasca y excretar detritos listos para los microorganismos. Además, la mucoproteína presente en su moco estabiliza la estructura del suelo y los conglomerados de arcilla, limo y arena. Estrategias ecológicas: del canibalismo a los depredadores naturales Descartados los productos químicos highly contaminantes como el metaldehído o los carbamatos —que amenazan gravemente a los acuíferos, la fauna y la salud del suelo—, la agricultura ecológica propone un cambio de enfoque: el objetivo no es la destrucción total, sino mantener la población lo suficientemente baja para que haya cosecha para ellos y para nosotros. Para lograrlo, existen métodos tradicionales e ingeniosos: 1. Recolección nocturna aprovechando su canibalismo: Los limacos son carroñeros y practican el canibalismo. Preparar una molienda con unos pocos limacos y colocarla en un plato protegido (por ejemplo, bajo una teja) atrae masivamente a otros congéneres durante la noche. Salir con un frontal entre las 10 y las 11 de la noche durante tres días seguidos para recogerlos permite reducir drásticamente la población de limacos sin químicos. 2. Fomento de la fauna depredadora: La presencia de especies carábidas (pequeños escarabajos) y de luciérnagas es vital. Las larvas de luciérnaga inyectan un paralizante en el caracol o limaco, controlando sus poblaciones de forma natural. 3. Trampas y repulsivos: Desde recipientes con cerveza para capturas masivas hasta infusiones repulsivas con hojas de eucalipto o trampas con hojas de repollo. Aunque existen soluciones biológicas como la introducción de nemátodos (Phasmarhabditis hermaphrodita), su uso exige cautela para evitar desequilibrios en la biodiversidad local. En conclusión, asumir la presencia de los moluscos en el huerto y gestionar su abundancia con paciencia y métodos sostenibles es la única vía respetuosa con el medio ambiente y económicamente viable.

  2. Aug 12

    Lo que esconde la sequía: la invasión de malas hierbas "indestructibles" que ahoga al campo

    La sequía en los campos ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad inmediata y con consecuencias visibles. Sin embargo, más allá de los efectos más evidentes —como los incendios forestales o la acusada reducción del caudal de arroyos y ríos—, el sector primario se enfrenta a un problema silencioso, oculto y de consecuencias a largo plazo: la contaminación botánica. En la sección Campo Abierto del programa EgunOn Bizkaia, Jon Kolino, experto en agricultura ecológica del Centro de Agricultura de Areitz Soroa en Galdames, analizó cómo la falta continuada de precipitación desde el mes de mayo está transformando el mapa de las praderas vascas. El "invierno técnico" y el riesgo del forraje foráneo La escasez de pastos ha obligado al sector ganadero a adentrarse de manera prematura en lo que los expertos denominan un “invierno técnico”. Esto significa que el alimento suplementario que habitualmente se suministra en noviembre ha comenzado a distribuirse en pleno mes de agosto. Al agotarse las reservas locales, los productores se ven abocados a recurrir al forraje foráneo traído de otros puntos del Estado. Es precisamente en este transporte de hierba donde reside la amenaza oculta: la entrada masiva de semillas invasoras y malas hierbas que contaminan la biodiversidad nativa de las fincas. Malas hierbas "diabólicas" y de difícil erradicación Entre las especies invasoras detectadas destaca el kikuyo (Cenchrus clandestinus), conocido popularmente como césped canario. Esta planta destaca por su extrema resistencia al pastoreo y a la falta de agua, pero presenta un comportamiento colonizador agresivo. Sus raíces rastrean de forma subsuperficial e invaden la totalidad de las fincas en un periodo de uno a tres años. El problema estriba en que estas especies resultan prácticamente indestructibles. No responden eficazmente a los herbicidas químicos y resisten incluso los métodos mecánicos de desherbado térmico con quemadores a altas temperaturas, ya que sus raíces subsuperficiales permanecen intactas. Otra de las especies señaladas por los técnicos es el chimbón del Perú (Galinsoga parviflora), cuya propagación en algunas zonas agrícolas ha provocado que muchos agricultores se vean obligados a abandonar el cultivo de sus tierras. Un impacto económico desmedido para el sector Las consecuencias no son únicamente ecológicas, sino fuertemente económicas. La pérdida de humedad y la degradación del suelo reducen de forma drástica la calidad nutritiva del pasto. Para compensar esta pérdida y alimentar adecuadamente a los animales, los ganaderos se ven forzados a desembolsar importantes sumas de dinero. Con precios que alcanzan los 7 euros por fardo de forraje —una cantidad que apenas cubre la alimentación de un solo día—, el sobrecoste acumulado se vuelve insostenible. Ante esta situación de asfixia económica, numerosos ganaderos se están planteando reducir significativamente sus cabezas de ganado si no se aplican medidas de ayuda o contingencia. La búsqueda de soluciones a largo plazo Frente a la invasión de estas plantas rebeldes, las alternativas son escasas y complejas. Una de las vías agronómicas planteadas consiste en dejar las fincas en barbecho activo durante un periodo de al menos cinco años, realizando labores puntuales de rotabator y resiembra con variedades autóctonas para recuperar la pradera original. Sin embargo, pocos productores pueden permitirse mantener terrenos improductivos durante tanto tiempo. Kolino concluye que el escenario actual exige un replanteamiento del modelo agrícola y ganadero hacia sistemas más sostenibles y adaptados al nuevo contexto climático, evitando la dependencia de insumos externos que comprometan la calidad del suelo y el futuro de las explotaciones.

  3. Aug 5

    «El futuro está en la tierra y en comer lo que producimos»

    Los huertos urbanos y de ocio se están consolidando en Bizkaia como mucho más que una simple alternativa para cultivar hortalizas. En la sección 'Campo Abierto' del programa EgunOn Bizkaia, conducido por Estibaliz Ortiz, el experto en agricultura ecológica Ion Colino ha reflexionado sobre cómo estas parcelas municipales y privadas no solo impulsan la soberanía alimentaria, sino que se han convertido en auténticos motores de cohesión social entre los vecinos. Un espacio de apoyo mutuo y tejido comunitario Más allá de obtener productos de calidad, el trabajo en el huerto fomenta relaciones personales sinceras y la ayuda mutua. Según explica Colino, se genera un reparto natural de bienes y saberes: «En el huerto confluyen relaciones sociales sinceras: intercambio de productos, ayuda en el riego durante las vacaciones o asesoramiento para combatir plagas». Además, se está produciendo un cambio generacional notable. Aunque tradicionalmente se asociaba a personas jubiladas, en la actualidad casi el 50% de los usuarios son jóvenes y familias que acuden con sus hijos, convirtiendo la tierra en una herramienta educativa transversal donde los más pequeños aprenden sobre matemáticas, biología y el origen de los alimentos. Gestión municipal, labranza cero y ahorro familiar En Bizkaia existen numerosos municipios con huertos de ocio públicos —como Loiu, Derio, Muskiz, Santurtzi o Bilbao—, además de parcelas de iniciativa privada. Su funcionamiento suele regirse por cuotas anuales asequibles (entre 100 y 200 euros) para parcelas de entre 50 y 100 metros cuadrados, gestionadas habitualmente mediante concesiones de cuatro años prorrogables. En cuanto a las técnicas de cultivo, Colino destaca la apuesta por la labranza cero, un método que no remueve la tierra, evita la evaporación del agua mediante el acolchado y aprovecha los restos orgánicos de césped municipal suministrados por los consistorios, reduciendo así los costes de vertedero. Desde el punto de vista económico, una buena planificación en 100 metros cuadrados permite a una familia media un ahorro significativo en la compra de verdura de temporada: «Con una buena rotación de cultivos, se pueden congelar o embotar excedentes como tomates o calabazas y disponer de verdura propia durante casi todo el año». Respuesta agrícola ante la sequía El regreso de la sección coincide con un verano especialmente caluroso y seco en el territorio, un contexto de cambio climático que está afectando duramente a agricultores y ganaderos. Ante esta situación, Colino insiste en la necesidad de concienciar sobre el uso racional del agua y reivindica la vuelta a la tierra: «El futuro no está en la supertecnología, sino en la tierra y en ser cada vez más autónomos en nuestra alimentación».

  4. Jun 24

    Contra el desmantelamiento del campo: ¿Llega a tiempo la nueva Ley Alimentaria vasca?

    El Gobierno Vasco ha puesto sobre la mesa el nuevo proyecto de Ley de Agricultura, Alimentación y Gastronomía Vasca, una iniciativa que busca actualizar un marco normativo que llevaba 16 años sin tocarse. En un momento crítico de presión sobre el campo, esta ley pretende reconocer al sector agrícola como estratégico, además de potenciar el relevo generacional, la producción local y la rentabilidad. Sin embargo, surge la gran pregunta: ¿llega a tiempo para evitar la desaparición del medio rural? "Las décadas de desmantelamiento son ya casi irreversibles" A pesar de que las medidas que blindan y ayudan a recuperar el tejido agroalimentario son bienvenidas, expertos del sector como Ion Colino, especialista en agricultura ecológica, advierten de que la gravedad de la situación actual va más allá de lo que una ley puede plasmar. "El papel todo lo aguanta y está muy bonito, pero para solucionar este tinglado dudo mucho que se solucione por muchas leyes que se pongan", asegura de forma tajante, recordando que "las décadas de desmantelamiento que llevamos ya son quizás irreversibles". Para que este proyecto no se quede en papel mojado, el sector reclama que las propuestas sean profundas, de rápida puesta en práctica y de cumplimiento total. Una de las grandes asignaturas pendientes radica en eliminar las barreras burocráticas, unas trabas que restan vitalidad y quitan las ganas tanto a los jóvenes que quieren integrarse como a los profesionales veteranos que necesitan actualizar sus explotaciones a las nuevas tecnologías. "La administración lo va a tener difícil porque ella misma ha montado todo este tinglado", señala Colino, sembrando dudas sobre la capacidad real de las instituciones para simplificar los procesos. El peligro de la dependencia económica y el "salvavidas" de las subvenciones Otro de los puntos calientes del borrador es la tendencia histórica de la administración a recurrir a las ayudas económicas como único motor de resistencia. Si bien el dinero es fundamental para iniciar los proyectos, se advierte del peligro de "inflar" el sector a base de subvenciones temporales. "Cuando el dinero se acaba, se acaba la subvención y el negocio se acaba", se lamenta el experto. El verdadero reto no es solo económico, sino de modelo: la agricultura debe asentarse sobre un tejido social importante. Es urgente cambiar el enfoque educativo: se debe valorar la cultura del esfuerzo de la economía familiar agrícola y entender que el campo es un modo de vida que protege nuestra salud y el ecosistema. Hacia una verdadera transformación: Precios justos y Kilómetro 0 El proyecto de ley también pone el foco en la necesidad de alcanzar precios justos y equilibrar unos márgenes comerciales tradicionalmente estrechos, una problemática que afecta con especial dureza al sector ecológico. Para lograrlo, los productores instan a ir más allá de los eslóganes y de las campañas de cara a la galería con el Kilómetro 0. Se propone una reforma estructural que revitalice el caserío vasco y recupere su esencia diversificada (donde se combinaba la huerta con el ganado), en lugar de la tendencia actual impulsada por la falta de rentabilidad, que está "desvirtuando el caserío para convertirlo muchas veces en un agroturismo, dejando la tierra poco a poco". El debate está abierto. La ley inicia su andadura con el reto mayúsculo de demostrar si es una herramienta real de transformación o simplemente un nuevo parche burocrático para un sector que ya no puede esperar más.

  5. Jun 17

    Cómo saber si tu suelo está sano con solo observarlo

    El sector agrícola actual parece tener la necesidad de someterlo todo a constantes analíticas. Sin embargo, en entornos naturales y abiertos, las variables pueden ser tan impredecibles que los datos puramente empíricos se quedan cortos. Por ello, la observación vuelve a posicionarse como la herramienta clave. Las plantas nos dicen si los suelos no van bien, y aprender a reconocer sus señales nos aporta una información general mucho más valiosa que la de cualquier analítica tradicional. Plantas indicadoras de fertilidad y degradación Nuestros antepasados poseían una sabiduría basada en el entorno que hoy en día se está perdiendo en favor de la química. Ciertas plantas silvestres que crecen de manera espontánea en la huerta o jardín revelan de forma inmediata la calidad de la tierra: Suelos fértiles: La presencia de plantas muy comunes como la ortiga, el trébol y el llantén es un indicador inequívoco de que nos encontramos ante un terreno rico y fértil. Suelos degradados: Si en el terreno comienzan a proliferar especies como la argoma, la retama, el brezo, el gordolobo o la correhuela, el diagnóstico es claro: el suelo está degradado, agotado y no tiene apenas vida. Aunque este tipo de suelo pueda estar nutritivamente bien, los nutrientes no se ponen a disposición de las plantas. A estas especies se las conoce como "las buenas hierbas de los terrenos incultos", ya que su función natural es, precisamente, trabajar para recuperar la tierra. El color de la tierra también habla A nivel visual, el propio color del sustrato ofrece pistas muy valiosas sobre su composición principal: Amarillo: Indica que nos encontramos ante una tierra de carácter calcáreo. Rojo: Es el color característico de los suelos arcillosos. Pardo: Revela una tierra muy franca, equilibrada y excelente para el cultivo. Negro y esponjoso: Lo más probable es que se trate de turba. Aunque no tiene un poder fertilizante como tal, es magnífica para facilitar que las raíces de las plantas funcionen correctamente. Bichos en el suelo: ¿Aliados o enemigos? La presencia de fauna visible en la tierra es otra de las grandes señales de salud. Cualquier tipo de bicho, en su equilibrio, es bueno para el suelo. De hecho, existe una dependencia mutua en el ecosistema: si no existen los que llamamos "malos", los "buenos" no pueden vivir, ya que los depredadores subsisten gracias a ellos. La aparición de lombrices, arañas o cucuruchas (bichos bola) es una excelente noticia, ya que estos microorganismos son los que ponen a disposición de nuestras plantas los nutrientes. Incluso las hormigas cumplen una función de diagnóstico, ya que actúan como indicadores de que puede haber pulgones en alguna planta cercana, permitiéndonos actuar en consecuencia. En definitiva, aunque la tecnología esté muy avanzada, no siempre es capaz de solucionar o explicar las complejas interacciones que ocurren entre las plantas, el suelo y los microorganismos. Por ello, la clave del éxito en el campo actual radica en cualificar, no cuantificar tanto.

  6. Jun 10

    El auge de los acolchados para proteger los cultivos frente al cambio climático

    El clima está cambiando y la agricultura se ve obligada a evolucionar con él. Tras décadas donde la norma impuesta por la revolución agrícola de 1950 era subsolar, triturar y dejar la tierra completamente expuesta a la intemperie, las intensas lluvias y las sequías estivales actuales obligan a rescatar técnicas tradicionales. Ion Colino, gerente del centro de agricultura ecológica Areitz Soroa de Galdames, explica en el espacio Campo Abierto la necesidad de proteger el suelo mediante los acolchados (o mulching), una práctica en plena expansión. La falta de protección de los campos agrícolas tiene consecuencias devastadoras a nivel estatal. Colino pone sobre la mesa una cifra alarmante: "En España se pierden hasta 1.500 millones de toneladas de tierra al año por no proteger la tierra". Lo grave de este proceso es la asimetría temporal entre la destrucción y la regeneración. "Lo que a la naturaleza le cuesta producir entre 100 y 1.000 años, es decir, simplemente un par de centímetros de tierra, nos lo cargamos rápidamente", advierte el experto. El acolchado surge precisamente para frenar la evaporación del agua y evitar la erosión masiva del suelo, favoreciendo la creación de humus estable. ¿De qué se componen los acolchados? No cualquier material es idóneo y cada uno aporta propiedades diferentes al ecosistema del suelo: Restos de cocina: Son muy accesibles para el ámbito doméstico. Se pueden usar todo tipo de materiales vegetales, pero no se debe utilizar ni pescado ni carne. Su descomposición es inocua y aporta una excelente fertilidad. Viruta de madera (chirlora): Funciona muy bien porque genera un "reventón bacteriano" que fertiliza el suelo, aunque Colino pide precaución a largo plazo: "No hay que basarse constantemente en echar chirlora porque las relaciones de nutrientes (carbono-nitrógeno), si no están equilibradas, nos pueden bloquear nutrientes". Restos de poda anual: Setos o arbustos cortados a no más de 10 centímetros cubren y protegen el suelo de forma óptima. La hierba (La reina de la materia orgánica): Para el gerente de Areitz Soroa, la mejor opción es la hierba fresca sin segar (sin semillas). Se descompone rápido, no crea bloqueos y equilibra los nutrientes de forma idílica para los microorganismos del suelo. El peligro de la sobreprotección y la fermentación Aunque el aporte de materia orgánica es clave, un exceso puede ser contraproducente. La regla de oro es no crear espesores de más de 15 centímetros para evitar entrar en procesos de fermentación. La fermentación actúa como un caldo de cultivo para hongos y enfermedades, pero además genera un problema invisible: las emanaciones de CO2. Aunque las plantas son sumideros naturales de dióxido de carbono, cuando la capa es excesiva y fermenta, el gas se dispara. "Cuando nos pasamos de 2.000 partes por millón de CO2, las plantas mueren, se amarillean", aclara Colino. Por ello, la pauta correcta es clara: "Poco, pero constante". Compostaje en superficie y siembra directa Otra de las claves para mantener la salud de la huerta es el llamado compostaje en superficie. Al recoger cultivos como repollos, nabos o rábanos, se debe aprovechar todo lo que no se come. "Cuando cortemos, no debemos de extraer la raíz, porque la raíz estructura la tierra", señala. Dejar el resto del material vegetal en el suelo nutre de forma pasiva el terreno. Esta filosofía, aplicada a grandes extensiones agrícolas en zonas como Álava, Navarra o Burgos, se conoce como rastrojera. En lugar de retirar o quemar la paja tras cosechar el trigo o la cebada, esta se deja en el suelo para propiciar la riqueza microbiana, abriendo paso a la siembra directa. Contra la falsa creencia de que este método reduce la productividad, Colino es tajante: "Cada vez hay más adeptos de la siembra directa. La producción va creciendo o se mantiene", concluyendo que mantener los estratos del suelo en su posición, sin rotabatos, es el camino más sencillo y fértil para el futuro de la agricultura.

  7. Jun 3

    Frente al asfalto bosques urbanos

    El asfalto de las ciudades y la escasez de espacios verdes actúan como un multiplicador térmico que intensifica las altas temperaturas, una realidad cada vez más habitual y frecuente en nuestra región. Ante este escenario, la sección Campo Abierto del programa EgunOn Bizkaia analiza una solución clave para amortiguar el impacto del cambio climático en los entornos urbanos: los bosques urbanos. Ion Colino comparte su visión sobre cómo repensar el diseño de nuestras ciudades, superando la actual falta de planificación y conectividad entre las áreas verdes. Ciudades más amables y frescas en relación con la naturaleza Hasta ahora, la planificación urbana se ha centrado mayoritariamente en la eficiencia energética de los edificios. Sin embargo, la arquitectura y el paisajismo contemporáneos están abriendo camino hacia un modelo diferente, cuyo objetivo es "hacer ciudades más dulces y más habitables con la relación con la naturaleza", ideal para combatir las islas de calor. Actualmente, las zonas verdes disponibles suelen funcionar únicamente como válvulas de escape desconectadas de la rutina diaria. El verdadero cambio estructural pasa por integrar corredores florales y bosquetes directamente en la trama urbana. "El bosque también es paisajísticamente precioso y nos vamos a encontrar con un montón de bichillos, animales... que nos van a equilibrar el ecosistema urbano". Ejemplos internacionales de éxito: De Milán a Melbourne La viabilidad de estos proyectos para mitigar las temperaturas extremas ya cuenta con referentes internacionales consolidados. Por un lado, Milán destaca por su célebre bosque vertical, una iniciativa donde árboles y múltiples variedades de plantas se instalan directamente en las fachadas de los edificios. Por otro lado, Melbourne se posiciona como la ciudad pionera en la implantación de cubiertas y tejados verdes. Estas soluciones arquitectónicas y de paisajismo no solo mitigan el calor y el frío extremo, sino que involucran a los seres vivos para equilibrar el ecosistema urbano, controlando de forma natural plagas comunes como insectos o roedores. El reto de la normativa local La aportación verde no debe limitarse únicamente a las instituciones públicas; los ciudadanos también muestran interés en sumar vegetación frente al calor a través de sus balcones y ventanas. No obstante, este impulso particular choca frecuentemente con las limitaciones de las ordenanzas de las comunidades de vecinos y las normativas municipales. Para que la integración de árboles de gran envergadura o zonas arbustivas en azoteas y terrazas sea viable, "esas normativas tienen que partir de los ayuntamientos para que faciliten que las nuevas reestructuraciones de los edificios contemplen que el bosque puede llegar a ser viable". Este cambio normativo resulta indispensable para avanzar hacia un entorno urbano que reduzca de forma drástica la huella de carbono dejada por materiales tradicionales como el hormigón y el acero.

  8. May 27

    El legado negro del Lindano en Bizkaia: una herida medioambiental que sigue abierta

    El lindano (hexaclorociclohexano) evoca una de las épocas más oscuras en la historia medioambiental del País Vasco. Aunque hoy en día está estrictamente prohibido en Europa y la OMS lo considera una sustancia cancerígena, durante las décadas de los 70 y 80 se fabricó de manera habitual en diversas plantas de Bizkaia, como Barakaldo y Erandio. Las consecuencias de aquellos vertidos incontrolados en el suelo y los ríos siguen estando muy presentes en la actualidad. Ion Colino, especialista del Centro de Agricultura Ecológica Areitz Soroa, ha analizado en los micrófonos de Radio Popular este problema crónico, recordando que, tras casi un cuarto de siglo desde que se iniciaron las labores de limpieza, "todavía sigue habiendo una vigilancia por parte de las instituciones porque el problema no se ha solucionado". Un modelo industrial ineficiente con un residuo "casi radiactivo" El verdadero drama del lindano no radicaba únicamente en el producto puro utilizado como pesticida, sino en los isómeros (alfa y beta) generados durante su producción. Colino califica aquel tejido industrial como un "modelo bastante poco eficiente", puesto que para producir una sola tonelada de lindano puro se generaban entre 8 y 10 toneladas de productos altamente tóxicos. Al carecer de valor comercial, estos restos se mezclaban con la tierra y se depositaban en vertederos incontrolados o en lugares escondidos aposta para ocultar el problema a la ciudadanía. La peligrosidad de estos residuos es tal que el experto los equipara en comportamiento a un "residuo radiactivo", cuya degradación es extremadamente lenta y difícil de erradicar. "Había mucha gente que incluso no era consciente de que estaba cosechando verduras en terrenos contaminados con este producto", lamenta Colino, señalando cómo el tóxico pasaba de la tierra a las cosechas, y de ahí directamente a las personas. Celdas de confinamiento bajo vigilancia activa La concienciación institucional no llegó hasta la década de 1990, momento en el que se inició una intensa lucha social, especialmente en Barakaldo y Erandio, focos originarios de las empresas Bilbao Chemicals e Inquinasa. Para mitigar el desastre, se construyeron celdas de aislamiento donde se confinaron miles de toneladas de tierra contaminada; infraestructuras que hoy se ubican en zonas como el monte Argalario o en las inmediaciones de la ampliación del aeropuerto de Loiu. Sin embargo, Colino advierte que "todavía no se sabe cómo van a reaccionar incluso esas celdas" a largo plazo, manteniendo la incertidumbre sobre el ecosistema. Contaminación crónica en los ríos de Bizkaia El problema persiste de forma subterránea y fluvial. Los grupos ecologistas denuncian año tras año la aparición de índices elevados de esta sustancia en los ríos vizcaínos. Esto se debe a que las lluvias provocan lixiviados que arrastran el lindano de las zonas no controladas hacia los acuíferos, demostrando que una parte importante de este legado tóxico sigue sin estar localizada. La necesidad urgente de un cambio de modelo agrícola A día de hoy, la ciencia no ofrece una solución tecnológica definitiva para depurar por completo los suelos afectados. Por ello, desde el ámbito ecologista se insiste en que la única vía para evitar futuras catástrofes pasa por una transformación radical de los métodos de producción. Esta problemática actual proviene de la denominada "Revolución Verde" posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria química explosionó para maximizar el rendimiento agrícola sin medir los impactos ambientales. Para Colino, "es inminente que cambiemos el modelo agrícola a modelos más suaves, de perfil más bajo, donde los productos que se utilicen sean ecológicos". El experto concluye que la transición debe apostar por la rigurosidad, limitando el uso de químicos a momentos muy específicos y bajo dosis estrictamente controladas, extendiendo esta responsabilidad no solo a la agricultura a gran escala, sino también a la jardinería y al ámbito doméstico.

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Sección sobre ecología y medio natural de la mano de Ion Colino, Gerente del Centro de Agricultura Ecológica y Granja Escuela Areitz Soroa en Galdames.