1383 – Mt 18:15 – La disciplina de la santidad. Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. La voluntad de Dios para su pueblo es una vida en santidad, “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1Ts 4:3). Por lo cual, el Señor enseñó la doctrina de la disciplina de los hijos de Dios, conocida como la disciplina de la santidad. El Señor enseñó a los discípulos junto con la restauración la necesaria corrección para quien no camina correctamente. Dios siempre ha disciplinado a su pueblo, y ha instruido a su pueblo para que se discipline y viva en santidad. En el AT les dijo: “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Pr 3:11-12). En el NT, el escritor a los Hebreos, enseña sobre la disciplina de Dios (He 12:7-11). Dirigiéndose a creyentes, Santiago escribió: “Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Stg 4:8-10). Cristo enseña en Mateo 18:15-20 la disciplina de la santidad que debe ejercer la iglesia. La persona que recibe la disciplina (Mt 18:15a). “Por tanto, si tu hermano peca contra ti.” Es Cristo quien está enseñando. Como consecuencia de la enseñanza anterior, alguien que peca, ofende contra su hermano en la fe. Antes enseñó sobre la humildad en el trato a los demás, el aprecio por los demás hermanos, ahora expone la humildad en el trato con alguien que ha pecado. La reprensión del hermano que peca debe hacerse tan pronto se conozca el caso. Cada pecado cometido por un creyente mancha a toda la comunidad de creyentes. Trátese de calumnia, hurto, chisme, inmoralidad sexual, deshonestidad, error doctrinal, falta de sumisión, crueldad, blasfemia, vulgaridades, borrachera o cualquier otro, todo pecado con el que el hijo de Dios ofensor no ha tratado debe tratarlo la iglesia. La persona que inicia la disciplina (Mt 18:15b). “ve y repréndele estando tú y él solos;”. La persona responsable por iniciar la disciplina es cualquier creyente que esté consciente del pecado de otro creyente. El que conoce la ofensa, pecado cometido por un creyente, sea contra él o no, debe actuar como Cristo enseña. La disciplina no es simplemente responsabilidad del liderazgo de la iglesia sino de cada miembro. La primera confrontación a un hermano pecador debe ser estando solos, uno a uno. “Repréndele” es llevar luz o poner al descubierto su pecado, apoyados en la Palabra de Dios, para que reconozca su falta. El propósito de la disciplina (Mt 18:15c). “si te oyere, has ganado a tu hermano.” El propósito de disciplinar es la restauración espiritual de los miembros caídos, y el consiguiente fortalecimiento de la iglesia y la glorificación del Señor. Si el hermano que ha pecado, contra ti o no, te oyere, has ganado a tu hermano. Pablo enseña: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gá 6:1). Santiago también lo enseña en Stg 5:19-20. Procedimiento y lugar para la disciplina (Mt 18:16-17). ”Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” Este procedimiento básico de hacer constar toda palabra en un conflicto o en una denuncia de conducta inapropiada lo había establecido Moisés (Dt 19:15) y, por tanto, lo conocían todos los judíos. Los testigos son para la protección, tanto a los líderes de iglesia como a otros creyentes, contra maltrato y acusación injusta en la disciplina (1Ti 5:19-20).