HAGAMOS UN ESFUERZO DE IMAGINACION Estamos en la antigua Roma. Asistimos al Triumphus romano, la solemne ceremonia de los victoriosos. Se está celebrando una gran victoria militar. A ambos lados de la calzada, y a lo largo de todo el recorrido, el pueblo enloquecido arenga a su ejército Al frente vemos al general, altivo, espléndido, exultante. Va seguido de sus hombres. Detrás del general tenemos a su sirviente. Rictus impasible, serio, concentrado. Es la única persona del desfile que no sonríe, que no disfruta. Su cometido es importante. Camina muy cerca del general, al que acompañará durante todo el desfile, y le va recitando al oído: Memento mori ¡Recuerda que eres mortal! ¡Recuerda que eres hombre! ¡Mira tras de ti! ¡Recuerda que eres un hombre! ¡Fascinante! Qué recordatorio para el día más grande de tu vida. Puede parecer una estupidez, que te están aguando la fiesta. Pero si te paras a pensar, es todo lo contrario. Se trata del mejor consejo que nos pueden dar en momentos como éste. ¡Memento mori! ¡Recuerda que eres mortal! No nos está hablando de la muerte, nos habla de la vida. Es una llamada de atención, nos pone los pies en el suelo, te ayuda a priorizar, aplaca tu ego. Nuestro tiempo de vida es un regalo, no lo pierdas en banalidades ni en tonterías. Pensar en la muerte nos puede parecer una idea horrible. ¿Quien quiere pensar en la muerte? Pero, ¿y si en vez de estar aterrado y reacio al pensamiento de la muerte, hacemos lo contrario? Hazlo. Piensa en vivir la vida de una forma completa. Cuando lo pienses, lo medites, te sentirás agradecido, te sentirás libre. Llega la Navidad. Si no necesitas juntarte con la familia, si te supone un gran esfuerzo, si para ti es una pérdida de tiempo pasar unas horas con tu familia, pues no lo hagas. Prioriza. ¡Memento mori! ¡Recuerda que eres mortal! Haz aquello que necesites hacer. Libertad. Y ten el valor de decirlo en voz alta: no quiero venir. Si te irritas, te molesta, cada vez que tu hijo te interrumpe lo que estás haciendo. Detente. Piensa: Memento mori. Y ahora decide. ¿Dejo salir la ira? ¿Quiero que mi hijo me recuerde así? Te acaba de llamar un amigo para invitarte a su cumpleaños. Aunque no tienes nada que hacer ese día, la pereza te puede. Le sueltas una excusa. ¡Memento mori! ¡Recuerda que eres mortal! Puede que el año que viene estés muerto, o que este sea el último cumpleaños de ese amigo. Cuando vas a la cama, puede que no te despiertes mañana. Cuando te despiertas, puede que no vuelvas a dormir. Todos necesitamos un Memento mori. Puede ser un recuerdo o una vivencia, alegre o traumática. Puede ser un tatuaje, un anillo, una fotografía que llevas en la cartera. Tienes que encontrar algo que cada vez que lo veas o lo revivas te ponga en tu sitio, te baje los humos: ¡Recuerda que eres sólo un hombre! Yo encontré mi Memento mori hace muchos años: mi trabajo. Todos necesitamos un Memento mori. Puede ser un recuerdo o una vivencia, alegre o traumática. Puede ser un tatuaje, un anillo, una fotografía que llevas en la cartera Tienes que encontrar algo que cada vez que lo veas o lo revivas te ponga en tu sitio, te baje los humos: ¡Recuerda que eres sólo un hombre!