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54 capitulos del libro escrito por Gervasio Goris en 1999.

El Grillo Gervasio Goris

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54 capitulos del libro escrito por Gervasio Goris en 1999.

    El Grillo 41

    El Grillo 41

    Imposible: Llegue cinco minutos antes de la hora del cierre. Me extraño no verlo a Luis en el mostrador. Me atendió una joven muy amable. Le pregunte por la obra y dijo que no estaba. Mi humor empeoro. Le pregunte cuando la tendría de vuelta porque debía consultar algo con urgencia (para un trabajo le dije). Sonriente me contesto que no era una cuestión de tiempo, ni de plazos y devoluciones, porque en su archivo no figuraba ninguna obra bajo ese nombre. Imposible. Me exalte un poco. La joven intento calmarme pero fue en vano. Pedí hablar con el encargado (que era Luis). Me dijo que ella era la nueva encargada. Imposible... y Luis con sus años de biblioteca, con su conocimiento minucioso, con su exasperante prolijidad, con su corrección de burócrata mal pago... ¿dónde habría ido? No podía ir a otro lado, no pertenecía fuera de esa biblioteca. -¿Dónde fue Luis?- inquirí. -El señor Luis no trabaja mas aquí, yo soy la nueva encargada- contesto educadamente. Mi cara deba haber requerido mas explicaciones. Entonces se puso seria. -Luis falleció hace cuatro días aquí en la biblioteca y yo estoy encargada desde ayer. ¿Usted era amigo? No pude contestar. Al minuto atine a preguntar algo que debí haberme guardado para suponer o torturarme con la duda. -¿Co... como murió? -No se sabe bien. La policía investiga. -Pero como... -Dicen que le cayo uno de los estantes encima. Murió aplastado. Mi respiración se detuvo. -¿Se siente bien?- me pregunto la joven. -Sí... si, tengo que irme- me excuse nervioso. Salí apurado, como ebrio. Tuve que sostenerme contra un árbol para regurgitar culpa, una culpa infinita pero injusta. Yo sabia, pero no quería creerlo. Como podía ser, no parecía un accidente. Mi sueño no era un accidente y su muerte tampoco. Pense en Víctor. Maldito, una vez mas se estaría riendo, pero no en mi cara.

    El Grillo 40

    El Grillo 40

    Balance: Queda algo por narrar. Son los sucesos que me llevaron al grillo, a la locura declarada mas adelante. Hoy soy un hombre lleno de contradicciones, como un asesino sin coartada. No pense nunca en el escape, mucho menos en un crimen perfecto, sin testigos ni pistas. Cometí atrocidades que no creía tales. Me lleve puesto este nombre, la historia que he contado y los motivos que aun me llevan. Escribir no ha sido fácil. Nada lo es. Pasaron dos años. No recuerdo bien en que. Quise trabajar en la biblioteca pero no fui atendido. Lo hubiera hecho ad honorem para resarcir el daño que cause en ella. Por consejo de Luis, la directora decidió no aceptar mi colaboración. El mundo literario no comprendía mi arrepentimiento y ya no podría retirar libros. Comprarlos seria más difícil dado que mi escasa renta haría difícil de sostener mi ávida lectura. Sin embargo no podía resistir la tentación. Intente en otras bibliotecas, pero mi prontuario me excluía. Siempre sospechaban, y al llamar confirmaban mi altercado. Era inevitable: cada bibliotecario que me atendía pedía mi dirección para llenar la ficha, y al verme tan alejado consultaba por el motivo. Muchas veces esgrimí excusas de trabajo, pero ellos inexorablemente hacían el llamado que concluía con mis esperanzas de volver a leer. Una noche, desperté sudado. Había soñado que mataba a alguien pero o sabia a quien. Solo recordaba una imagen: una pila de libros derribándose sobre un hombre de espaldas. Entonces temblé. Podía ser real mi sueño, y mi víctima solo podía ser una. A la mañana siguiente corrí desesperado hacia la biblioteca. Llegue ocho menos cinco. Esos cinco minutos fueron un suplicio; el sudor era tibio y los nervios de punta me arrojaban lejos del lugar, hasta que lo vi bajar del colectivo. Luis me miro con mala cara, pero yo sonreí. -¿Que buscas?- me dijo de mal modo. -No nada, quería ver como andaba- conteste ingenuamente. -No te hagas el simpático, ya sabés que acá no podes entrar. Ni acá ni en ninguna otra biblioteca del país. Me fui contento, me había dado una clave: mudarme seria una solución. Pero, adonde ir sin tiempo ni planes. Llegue a casa y comencé a armar una valija. Con una bastaría, total sabia que me iba para leer, solo para eso. Luego podría volver, pero solo si terminaba con mi proyecto: leer todo lo alguna vez escrito. Con el correr de las prendas me fui desanimando. Mi proyecto era imposible, mi principal enemigo era el tiempo... y los nuevos escritores. Aun salvando este inconveniente, no podría con mi voluntad, detener al tiempo. Mi cuerpo iría pudriéndose de a poco, mi vista se iría deteriorando, y mi alma con una pena mayúscula, se iría apagando en forma paulatina. Ninguna restricción en el volumen de las obras lo hacia posible. Deprimido me entregué al llanto. Lo recuerdo claramente, porque pocas veces he llorado. Me extraño el sabor amargo en las mejillas, también me extraño el ahogo y la desazón. Me quede tirado en el sofá por largo rato. ¿Por qué lloraba? No lo sabia con precisión. Hoy sí lo sé: no quería leer todas las obras del mundo, solo necesitaba una. Allí estaba mi vida en símbolos. Me duele pensar que la tortura de Víctor me hizo devolverla. Si tan solo hubiera sido mas fuerte... aun hoy debe reírse de mi cobardía en alguna parte. Debía reencontrarme con la obra de algún modo. Pense : la biblioteca. Debía estar allí, porque todo estaba allí. Reingresar ilegalmente seria una locura, así que decidí buscarle en otra parte. Los archivos me fueron siempre inutiles. Los libreros intrigados investigaron en mi nombre. Fue inútil, la obra no estaba, parecía no existir. Entonces surgió mi duda: habría existido alguna vez tal obra. Debía ser, ya que la tuve por siete días en dos tandas de tres y cuatro. Pero que tal si el libro no era lo que yo leí, sino otras ideas que emanaban de alguna parte de mi ser en forma inconsciente. No podía conservar la duda. Lue

    El Grillo 39

    El Grillo 39

    La vuelta: No había mucho sentido por recorrer. Solo el tiempo me aguardaba. En pocas palabras: el Comando, Víctor y ella. Solo me faltaba para completar el ciclo, el grillo. Yo sabia que no estaba loco. Así que no tenía porque escapar. Aunque es cierto, me tuvieron encerrado, pero fue porque no podían comprenderme. Reconozco que los hechos que me sucedieron estaban con creces muy por fuera de lo considerado normal. De ahí la confusión, de ahí mi encierro. Mientras estuve adentro sabia que algún día tal confusión debía cesar. Y ese día llego. En adelante procure nunca mas realizar actos que estuvieran fuera de lo común para evitar confusiones y encierros no merecidos. Por eso cuando apareció el grillo procure actuar con la mayor normalidad posible. Mi apariencia externa no se vio trastocada; mis rutinas tal vez si, pero no creo que nadie (salvo el portero) lo halla notado. Procure nunca mas pensar en ella o en él, nunca mas pintadas. El fin del Comando Abuelo Negro. El haber luchado no me justifica para siempre, solo la lucha cotidiana logra y permanece. El Comando murió en el hospital, y con la mi dignidad, mi ser integro. No busco justificarme, solo quiero que alguien, en algún tiempo me comprenda. Porque sé que alguien, algún día, ha de comprender el motivo de mis actos, el porque de mi proceder. Mis ilogicidades no fueron tales. Mis afecciones, que aun duran, me llevaron sin querer a lo que soy. Pero esto no me justifica, tan solo me explica y con eso basta.

    El Grillo 38

    El Grillo 38

    Veintinueve: Mas allá de nuestra testarudez, algunos eventos nos indican que existe algo en universo que esta confabulando con nosotros para provocar un encuentro. Solos no somos capaces de lograr el imposible, pero este se acerca en virtud de eventos fortuitos que al sucederse nos hacen dudar acerca de la formulación del azar. No buscando su nombre la encontré, hasta supe donde vivía casualmente. Pero siempre hay una búsqueda detrás, algo que nos impulsa a encotrarnos en este mar de gente que nos intenta ahogar con decepciones. Algo de esto me hizo recordar la obra. Pensaba que ya estaba olvidada, pero no enteramente. Lo único que recuerdo es que tras escribir estas líneas decidí no resistirme mas a las drogas. En adelante haría lo que me dijeran. Tomaría lo que me dieran sin quejarme. Estaba entregado. Definitivamente. No sé cuanto tiempo pase encerrado. Solo sé que cuando salí tenia veintinueve. Recuerdo que este hecho no me puso triste, simplemente pense: veintinueve, que simpático, como el colectivo.

    El Grillo 42

    El Grillo 42

    Segundo balance: La imperfección de este mundo es un motivo perfecto para continuar. Mientras exista solidaridad adeudada existirán motivos para buscar salidas a esta soledad compartida que nos engloba. Yo encontré el motivo para continuar la búsqueda, y en ella sufrí mucho porque no hay caminos fáciles. Las bifurcaciones son más peligrosas cada vez. En cada decisión se juega todo. Saltar o morir, robar, matar el tiempo; no es un juego. Porque no se puede deshacer. No hay vuelta atrás.

    El Grillo 18

    El Grillo 18

    Nueve y veinte Nos encontramos nueve y veinte. El plan me seria develado mientras fuera transcurriendo, y en la medida que fuera necesario. En cada paso se me fue informando sobre mis tareas asignadas. Solo éramos Víctor y yo. Supuse que esperábamos a alguien más. Le pregunte al respecto y contesto simplemente que no, que no hacia falta más gente para lo que íbamos a hacer. No sabia que me esperaba, y esto me ponía bastante nervioso. Tan solo llevaba mi aerosol negro en la mochila, tal como Víctor me había instruido. Caminamos por la avenida mas de diez cuadras hasta que Víctor se detuvo frente a un banco. -Es acá- dijo. -Acá, que... -Entremos, vos seguíme- completo sin contestarme. No sabia de que se trataba, pero lo seguí. Víctor se paro en medio del salón y me miro sonriendo. Entonces saco un arma de su bolsillo y disparando al techo grito bien fuerte: -¡TODOS QUIETOS, ESTO ES UN ASALTO! Al día siguiente me levante con cansancio. Serian las dos de la tarde. Había corrido mucho. Eso sí, estaba sano, ni un rasguño. Todo aparecía borroso en mi mente y los eventos del día anterior se entremezclaban y parecían parte de un sueño incomprensible del cual no lograba despertar. Recordaba disparos, vidrios rotos y horas al trote. Un profundo horror me invadió entonces al sentir la traición en carne. Y el recuerdo, repentinamente se volvió en mi contra. No sabia que hacer. En aquel momento solo una cosa ocupaba mi cabeza: Ella debía estar esperando. Alguien debía haberla llamado ya para avisarle... ¿pero quien? Al fin, tome coraje y me decidí a llamar al numero que me había dado Víctor. Saque el papel, que aun conservaba en mi bolsillo, y disqué. Su voz atendió del otro lado. Se le oía preocupada. -La señora de Víctor... - fue lo primero que se ocurrió, ya que esta vez no había frase preparada y no sabia como llamarla. -Sí, soy yo- contesto presurosa. Le dije quien era y con la mayor calma posible comencé a explicarle que algo no había salido bien y que debía saber que Víctor no volvería a su casa por un tiempo. Su voz, se torno más temblorosa. -Pero... ¿qué paso?- preguntó ella, con la poca prisa que se tiene para ir a un velorio. No supe que decir: la verdad, como tantas otras veces, no era propicia. -Usted no se preocupe. Yo le aviso cualquier novedad- y corte abruptamente la comunicación.

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Wandry R ,

Bien

Estas historias introducen a el que las escucha en un mundo muy amplio, que si logramos entender podría ser que pensáramos mejor antes de hace las cosas.

GervasioGoris ,

Historia sobre la Soledad

Esta historia fue escrita en 1999 en Buenos Aires. Todos los eventos son ficticios pero narran algo que usualmente la soledad logra: enloquecer

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