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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y temáticas. En tiempos de tanta inmediatez, Epistolar apuesta por rescatar el valor de la palabra, del contar pausado y del pensamiento. Una idea de Diego Jemio y Tomás Sprei con música original de Leandro Lombardo y José Ferrufino. Buscanos en YouTube como Epistolar Podcast de Cartas y en Instagram como @epistolarpodcast.

Epistolar Antología de lo íntimo

    • Society & Culture
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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y temáticas. En tiempos de tanta inmediatez, Epistolar apuesta por rescatar el valor de la palabra, del contar pausado y del pensamiento. Una idea de Diego Jemio y Tomás Sprei con música original de Leandro Lombardo y José Ferrufino. Buscanos en YouTube como Epistolar Podcast de Cartas y en Instagram como @epistolarpodcast.

    Carta de Evita a Juan Domingo Perón

    Carta de Evita a Juan Domingo Perón

    Al inicio de este podcast, grabamos una carta de Juan Domingo Perón. Un texto escrito desde la prisión cuando aún era coronel y dirigido a su amor Eva Duarte. Lo podés buscar en el episodio 11 de la primera temporada, leído por Víctor Laplace.

    Nos sentíamos en deuda con ustedes. Y esa deuda era, justamente, una misiva de ella. Eva María Duarte estuvo sólo seis años en la vida política argentina. Lo suficiente para transformarse en uno de los personajes más fascinantes de la historia del país.

    Creadora de la fundación que llevó su nombre, con la que construyó escuelas, asilos y hospitales. Gran luchadora por los derechos sociales. Impulsora de la sanción de la Ley de sufragio femenino. Ella fue todo eso y bastante más.

    Las clases altas la odiaban por pobre, por mujer y por insolente. La odiaban tanto como a los cabecitas negras, a los que ella les dio dignidad y con los que construyó su poder. Evita no necesitó de la canonización de la Iglesia para ser reconocida por el pueblo como un santa. Ahí están hoy, a más de 60 años de su muerte, los altares y las fotografías en las casas de los barrios populares de todo el país.

    En este episodio, recuperamos la carta que Evita le escribe a Perón a sólo un mes de su muerte. Una muerte que despertó alegría en sectores medios y altos. Muchos recuerdan las pintadas en muros de Buenos Aires con el lema “Viva el cáncer”, a raíz de la enfermedad que le quitó la vida.

    Acá, ella hace un repaso de su vida, le dice a Perón que lo ama. Habla de los sacrificios y de “sus descamisados”. Carta de Eva María Duarte. Carta de Santa Evita, como la llamó Tomás Eloy Martínez en su magnífica novela. Lee la actriz Ana Celentano.

    ***

    • 8 min
    Carta de E.B White sobre el futuro del hombre - Lee Jorge Suárez

    Carta de E.B White sobre el futuro del hombre - Lee Jorge Suárez

    Elwyn Brooks White, conocido por todos como E.B White, se hizo famoso por sus libros infantiles, por una guía de estilo para escritores y por ganar el prestigioso Premio Pulitzer. Lo obtuvo después de muchos años colaborando en la revista The New Yorker. Escribía con un estilo personal y muy directo. Y un gran sentido del humor.

    Además de ese recorrido y de su talento para las letras, era un fanático de las cartas. Le gustaba mandarlas. Recibirlas. Y, con frecuencia, instaba a sus seguidores a que le escribieran. En una oportunidad, a inicios de los 70, recibió una carta de un tal Señor Nadeau. Un hombre que perdió la fe en el hombre. Alguien que le preguntaba por el futuro de la especie humana. Un futuro que, según él, era sombrío e iba camino a un verdadero desastre. Ésta es la maravillosa respuesta del escritor a una pregunta que todos nos hicimos en momentos aciagos. Lee el actor Jorge Suárez.

    ***

    North Brooklin, Maine, 30 de marzo de 1973

    Apreciado señor Nadeau:

    Mientras exista un hombre íntegro, mientras exista una mujer compasiva, cabrá la posibilidad de que el contagio se extienda y el panorama no sea desolador. La esperanza es lo único que nos queda cuando corren malos tiempos. El domingo por la mañana me levantaré a darle cuerda al reloj; ésa será mi contribución al orden y la perseverancia.

    Los marineros tienen una expresión para el tiempo: dicen que el tiempo es un gran farolero. Supongo que eso mismo se puede decir de nuestra sociedad humana: es posible que todo parezca oscuro, pero entonces se abre un claro entre las nubes y todo cambia, a veces de manera bastante repentina.

    Es obvio que la especie humana ha convertido en una ruina la vida en este planeta. Sin embargo, como pueblo cabe que llevemos mucho tiempo abrigando semillas de bondad que esperan germinar en condiciones adecuadas.

    La curiosidad del hombre, su constancia, su inventiva, su ingenuidad lo han metido en un buen lío. Sólo podemos confiar en que esos mismos rasgos le permitan salir a rastras de él.

    Agárrese a su sombrero, agárrese a la esperanza. Y dele cuerda al reloj, porque mañana será otro día.

    Atentamente,

    E.B.White

    • 5 min
    Carta de amor de Enzia Verduchi (Lee María Merlino)

    Carta de amor de Enzia Verduchi (Lee María Merlino)

    Enzia Verduchi es editora, periodista y poeta. Nació en Italia, pero cuando tenía sólo cuatro años su familia se mudó a México. Y se siente, lo dijo en varias entrevistas, una escritora mexicana. Sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, hindi y polaco, entre otras lenguas. Uno de sus libros se llama “Cartas de usurpación”, que pese al nombre no es un libro epistolar sino un bellísimo poemario.

    Para el episodio de hoy elegimos, por supuesto, una carta. Aquí Enzia deja la poesía, el género que mejor maneja, para escribir, simplemente, una carta de amor. Para acercarse a la maravilla del beso, el silencio, los abrazos cruciales y escribir las formas en las que, punto a punto, se va tejiendo la complicidad entre dos. Lee la actriz María Merlino.

    ***

    Urbi: Esta mañana regué las plantas de la casa, observé cómo en algunas macetas han brotado hojitas minúsculas que alegre y desesperadamente buscan la luz. Como un milagro, las violetas florecen en invierno. Luego, a sorbitos, empecé a tomar el café y recordé que me esperaban cuartillas por corregir. Tomé el plumín rojo. Mi intención era retomar la cotidianidad, ser la persona de hace un mes, inútil. Soy como las violetas en medio del frío, tras la ventana, los botones asoman lentamente a través de los días y despuntan en tonalidades cárdenas, rosas y granas.

    Con el plumín en una mano y un cigarro en la otra, empecé a leer, a revisar las trescientas y tantas planas… ¿Sabías que el cuerpo humano aproximadamente tiene 650 músculos?, ¿y en un beso se utilizan sólo 34? Por supuesto me refiero a esos besos con los que te sube la presión sanguínea y el pulso se acelera a 150 pulsaciones, eso es lo que indica el libro de fisiología que estoy revisando. El músculo orbicularis oris es el más importante para besar.

    Pienso en el póster de “El beso” de Robert Doisneau que tenemos colgado en la habitación. Doisneau retrató la perfecta utilización de 34 músculos, inmortalizó el orbicularis oris. Hace unos años me enteré que fue una puesta en escena del fotógrafo para la revista America’s Life, esa imagen es tan bella que qué importa. Deberíamos tener esa imagen en nuestras casas, en la oficina o llevarla en la cartera. Con el tiempo las parejas se besan menos y, sin embargo, gente que apenas conoces te orilla instintivamente para que la beses en la mejilla. Es una convención social que no entiendo. El beso es el inicio de todo, el principio de la intimidad y el deseo, cuando buscas con apremio rozar los labios y la piel del otro. El beso lleva a la caricia.

    ¿Te besé en la mejilla cuando nos conocimos? Estoy casi segura que no. Sabemos que la capacidad de la memoria es relativa, que tus cien mil millones de neuronas y cien billones de interconexiones pueden disentir o conciliar con las mías sobre un momento preciso, una misma experiencia compartida. La certeza es que hemos sido amigos de tantas maneras, hemos reído, guardado silencio y abrazado en momentos cruciales. Es extraño pero la vida nos une en momentos decisivos, con naturalidad volvemos a una conversación donde la última frase se verbalizó unos años antes, volvemos, quizá con distinta madurez, bordando nuestra complicidad.

    Quisiera recordar todo tal cual sucedió-sucede, Urbi, persistir en la premura del primer beso, la suavidad de la primera caricia. El olor de tu nuca en la funda de la almohada, el modo de tomar la taza del café, las maneras de acomodarte en el sillón cuando lees, esa forma peculiar de decirme: “Ven…”. Mientras escribo esta carta, me percato nuevamente de que las violetas han floreado en invierno sin evocar la alegoría de la primavera y no por ello el color de sus pétalos son menos intensos y su forma perfecta. Mientras escribo, escucho tu llave girar en la cerradura, me percato que amo al que conocí, amo al que estoy conociendo y entra en la casa.

    Enzia

    • 8 min
    Carta de Truman Capote al asesino Perry Smith

    Carta de Truman Capote al asesino Perry Smith

    Si te interesa el periodismo… Si sos amante de la no ficción. O si, simplemente, te gustan los libros sobre crímenes seguro conocés al escritor de esta carta y a su obra maestra. Me refiero a Truman Capote y a esa brillante investigación llamada “A sangre fría”.

    El libro se centra en la historia del asesinato de una familia en un pueblo rural de Kansas. Una serie de muertes sin ningún sentido, que dio lugar a la investigación y al nacimiento de una nueva corriente llamada Nuevo Periodismo. Aunque, para ser sinceros, Rodoldo Walsh ya había hecho algo similar -y tan bueno- en “Operación masacre”.

    Uno de los asesinos, que luego fue capturado y sentenciado a pena de muerte, se llamaba Perry Smith. Capote investigó a fondo su vida para escribir el libro. Incluso, algunos biógrafos dicen que fueron pareja. Importa poco eso. Lo cierto es que Capote, a raíz de su profunda investigación, conoció muy bien su historia. Pero Perry, claro, sabía muy poco del escritor. Un día, el asesino se lo hizo saber. Le preguntó quién era él y quiso saber de su historia. Capote le contestó esta carta en la que descorcha recuerdos de una vida quizás tan dura como la del asesino. Lee el actor Lucas Ranzani.

    ***

    Querido Perry :

    Ayer por la noche me desperté de repente, pensando: Perry dice que no sabe nada sobre mí, nada a ciencia cierta. Me quedé levantado y dándole vueltas, y me di cuenta de que, en algún sentido, era verdad. No conoces ni siquiera los acontecimientos superficiales de mi vida, que guarda unas cuantas similaridades con la tuya.

    Fui hijo único, y muy bajito para mi edad: siempre fui el más bajo de la clase. Cuando tenía tres años, mi madre y mi padre se divorciaron. Mi padre (que se ha vuelto a casar en cinco ocasiones) era un viajante de comercio, y pasé gran parte de la infancia recorriendo el sur a su lado. No era malo conmigo, pero nunca me gustó, ni entonces ni ahora. (Nunca lo veo, vive en Nueva Orleans).

    Mi madre, que sólo tenía dieciséis años cuando me dio a luz, era muy guapa. Se casó con un hombre moderadamente rico, un cubano, y después de cumplir yo diez años fui a vivir con ellos (casi siempre en Nueva York). Por desgracia, mi madre, que sufrió varios abortos y de ello resultaron problemas mentales, se volvió alcohólica y convirtió mi vida en una pesadilla. Acabó suicidándose (somníferos).

    Dejé la escuela a los dieciséis y desde entonces me he mantenido yo solo: entonces encontré trabajo en una revista (había empezado a escribir a muy temprana edad).

    Siempre fui una persona precoz, tanto intelectualmente como artísticamente, pero inmaduro a nivel emocional. Y, desde luego, he tenido problemas emocionales, casi siempre por la “pregunta” que tú también me hiciste la última visita y que te contesté sinceramente (y no es que la respuesta no fuera obvia).

    Este es un currículo muy resumido, pero no estoy habituado a hacer este tipo de confidencias. En cualquier caso, no me importa contártelo.

    Siempre,

    Truman

    • 6 min
    Carta de Vinicius de Moraes a Tom Jobim

    Carta de Vinicius de Moraes a Tom Jobim

    En Epistolar grabamos decenas de cartas de amor. Amor romántico. Amor de padres y madres a hijos. Poliamor. Amores que comienzan. Amores que se rompen. Pero grabamos pocas de amor entre amigos. Quizás sea por los mandatos de “la cultura del macho” y porque aún nos falta mucho en la construcción de las nuevas masculinidades.

    Por suerte, esta carta es una excepción. Los protagonistas son dos leyendas del Brasil: Vinicius de Moraes y Tom Jobim, que dieron vida al más universal de los géneros de ese país: la bossa nova. Se conocieron a mediados de los 50 y se hicieron más que amigos. Fueron hermanos. Compusieron ese himno que es “Garota de Ipanema” y otras tantas gemas. Vinicius, el autor de esta carta, se casó 9 veces, escribió cientos de canciones y bebió y vivió de juerga tanto como pudo.

    En esta carta, le escribe a su gran amigo desde una habitación en París. Habla de la saudade, del arte del encuentro y de cómo debe ser el amigo para hacer de esta vida algo más que un mar de lágrimas. Lee el actor Marlon Zé.

    Si querés apoyar el trabajo que hacemos, podés entrar a la plataforma Cafecito y dejar tu aporte. Hacé click en este enlace.

    ***

    Querido Tonzinho, estoy en París, en un hotel con un balcón sobre una plaza que domina toda la soledad del mundo y dice: Buscamos un amigo. No hace falta ser un hombre, sólo hace falta ser humano, tener sentimientos, tener corazón. Hay que saber hablar y callar en el momento adecuado. Sobre todo, debe saber escuchar. Debe gustarle la poesía, el amanecer, los pájaros, el sol, la luna, el canto de los vientos y el murmullo de las brisas. Deben sentir amor, un gran amor por alguien, o extrañar no tenerlo. Hay que amar al prójimo y respetar el dolor de los demás. Debe guardar un secreto sin sacrificio. No es necesario que seas puro o totalmente impuro, pero no debes ser vulgar. Deben tener un ideal y tener miedo de perderlo. Si no es así, debe darse cuenta del gran vacío que esto deja. Debe tener cualidades humanas. Su principal objetivo debe ser ser un amigo. Debe sentir compasión por la gente triste y entender la soledad. Debe amar a los niños y compadecerse de los que no han nacido y de los que no han podido vivir. Que disfrute de los mismos gustos. Que se conmueva cuando se le llame amigo. Un amigo que sabe hablar de cosas sencillas y de recuerdos de la infancia. Necesitas un amigo que te cuente las cosas bonitas y tristes que has visto durante el día; los logros, los sueños y la realidad. Te deben gustar las calles desiertas, los charcos, los bordes de las carreteras, el olor a lluvia y tumbarte en la hierba cubierta de rocío. Uno necesita un amigo que le diga que la vida merece la pena ser vivida, no porque sea bonita, sino porque uno ya tiene un amigo. Debe ser Don Quijote sin, sin embargo, despreciar a Sancho. Uno necesita un amigo para ser consciente de que sigue viviendo

    Vinicius de Moraes

    • 6 min
    Cartas de amor de Nahui Olin al Dr. Atl

    Cartas de amor de Nahui Olin al Dr. Atl

    Este proyecto lleva más de tres años y tengo confianza como para contarte algunas cosas. Me cuesta mucho guionar estas líneas. En pocos minutos, a veces en apenas uno, intento resumir una vida, invitarte a escuchar una carta y, por qué no, provocar un contagio de lectura. Esa dificultad aparece en personajes como este. Carmen Mondragón fue pintora, profesora, poeta, modelo y musa de muchos pintores. Nació en México en 1893 y vivió su infancia y parte de su juventud en París, donde fue educada. En Francia y España conoció a Picasso y Matisse, que fueron importantes para iniciarse en el arte.

    Cuando volvió a México, en plena revolución, se casó con el pintor Manuel Rodríguez Lozano, con quien tuvo un hijo, que murió de pequeño. Ese hecho trágico -y el detalle de que él era homosexual- terminó con el matrimonio. Luego conoció al pintor y vulcanólogo Dr.Atl, uno de sus grandes amores y quien la rebautizó como Nahui Olin que en lengua náhuatl significa “sol de movimiento”. Apenas la conoció, él quedó prendado por esa belleza irrepetible. La misma noche escribió en su diario: “Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones se abrió ante mí un abismo verde como el mar; profundo como el mar: los ojos de una mujer. Yo caí en ese abismo, instantáneamente como el hombre que resbala de una alta roca y se precipita en el océano. Atracción extraña, irresistible. (…) ¿Cómo es posible que en un hombre como yo pueda encenderse una pasión con tal violencia?”

    Lo cierto que es, claro, cayó en esa pasión. Se enamoró de esa mujer bellísima, inteligente y con una férrea militancia por la libertad. Ella se destacó no sólo por su obra artística; una obra que la crítica desdeñaba por naif, pero que tiene una reivindicación de la autonomía femenina. Ser retratada era parte de su obra y posaba sin distinción para las revistas populares y para los grandes muralistas mexicanos.

    Elegir sólo una carta nos parecía un desperdicio, darles sólo migajas de un manjar que nosotros disfrutamos muchísimo. Ésta es entonces una selección de misivas que Nahui Olin le escribió al Dr. Atl. Parte de esta historia está en el precioso libro “Totalidad sexual del cosmos”, del español Juan Bonilla. Lee la actriz Cheryl Sue Ortiz.

    ****

    • 7 min

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