Frecuencia Emocional

Iratxe López

Espacio dedicado a entender mejor nuestra mente y emociones de la mano de la psicóloga clínica Iratxe López.

  1. 6D AGO

    La dictadura del ‘like’: ¿Por qué buscamos validación en una pantalla?

    Imagina un martes cualquiera. Has tenido un día normal: trabajo, compra, una cena rica y sofá. Estás bien, hasta que abres Instagram. En cinco minutos, el viaje a Bali de una amiga o el cuerpo "perfecto" de una desconocida transforman tu calma en insuficiencia. "Lo que ha cambiado no es tu vida, sino que te has comparado con los mejores momentos de miles de personas". En la sección Frecuencia Emocional de hoy, analizamos esta "trampa" digital. El espejismo de la comparación social La comparación no es nueva, pero su escala sí. Antes nos comparábamos con nuestro entorno cercano; hoy, lo hacemos contra escaparates editados. "Nuestro cerebro evalúa cómo estamos comparándonos con otras personas, pero ahora te comparas con los mejores momentos de miles de personas que cuentan su vida en redes sociales". Esta dinámica alimenta una sensación constante de frustración y de no ser suficiente, afectando directamente a nuestra autoestima. Higiene digital: ¿Qué estás desayunando? Iratxe López nos invita a tratar el contenido digital como tratamos a la comida. "Igual que cuidamos lo que comemos, también deberíamos cuidar lo que consumimos en redes sociales; si todos los días desayunas comida basura, tu cuerpo lo nota, y si consumes contenido que te hace sentir inferior, tu autoestima también lo notará". La clave no es prohibir las redes, sino practicar una higiene digital consciente y preguntarse si lo que vemos nos inspira o nos hace sentir vacíos. Del consumo pasivo a la conexión real No todas las interacciones pesan lo mismo, ya que el mayor malestar psicológico se asocia al consumo pasivo, que consiste en deslizar el dedo por la pantalla viendo vidas ajenas que no son reales. La verdadera salud emocional surge al hacer limpieza y dejar de seguir cuentas que generen envidia, diferenciando siempre la realidad del escaparate, pues todo el mundo tiene inseguridades y días malos que no se ven en un vídeo de 30 segundos. Al final, la clave es aprender a cerrar la aplicación a tiempo, justo cuando notas que el contenido ya no te está haciendo bien. "Tu valor no se mide en píxeles. La validación más importante no viene de un seguidor desconocido, sino de aprender a cerrar la pantalla para conectar contigo mismo."

    5 min
  2. APR 9

    El síndrome de la agenda llena: ¿Por qué volvemos de vacaciones más cansados que antes?

    Las vacaciones de Semana Santa han terminado y, para muchos, el regreso a la rutina no ha venido acompañado de una sensación de descanso, sino de un agotamiento profundo o incluso de malestar físico. ¿Cómo es posible que el tiempo diseñado para el relax nos deje exhaustos? En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, exploramos los tres factores clave que convierten nuestro tiempo libre en una fuente de estrés. La tiranía de las "vacaciones perfectas" Hoy en día, parece que no basta con descansar; hay que gestionar el descanso como si fuera un proyecto laboral. Sentimos la presión de viajar, de aprovechar cada minuto, de hacer planes constantes y de volver "totalmente renovados" para mostrarlo al mundo. El problema radica en que, al convertir las vacaciones en una lista de tareas, nuestro sistema nervioso no cambia de modo, solo cambia el tipo de exigencia. Si tratas a tu ocio con la misma rigidez que a tu trabajo, tu cuerpo nunca recibe la señal de que es seguro desconectar. ¿Por qué enfermamos al parar? Es un fenómeno común: pasas todo el año rindiendo al máximo y, en cuanto llegan los días libres, aparecen los resfriados, las migrañas o los dolores musculares. Esto sucede porque, durante el estrés diario, el cuerpo sobrevive gracias a la activación del cortisol y la adrenalina. "No es que las vacaciones te sienten mal, es que es el primer momento en meses en el que tu cuerpo puede demostrar que estaba agotado". Al bajar la guardia, emergen todas esas somatizaciones que la tensión del día a día mantenía ocultas. La diferencia entre "desconectar" y "descansar" A menudo confundimos el descanso con la disociación. Tirarse en el sofá a mirar el móvil de forma compulsiva o encadenar capítulos de una serie puede ser una vía de escape, pero no es necesariamente reparador. El descanso real suele ser "mucho menos espectacular y menos divertido" de lo que nos venden: Reducir estímulos sensoriales. Bajar el nivel de exigencia personal. Permitir que el cuerpo entre en un estado de seguridad. Aprender a no hacer nada La clave para unas vacaciones que funcionen no es añadir actividades, sino restar obligaciones. La pregunta que deberíamos hacernos no es "¿qué más puedo hacer?", sino "¿qué menos necesito hacer?". "Aprender a no hacer nada no es perder el tiempo, es permitir que el sistema nervioso se regule". El verdadero éxito de un periodo de descanso se mide por cómo te sientes al volver: más regulado, más lento y con menos necesidad de producir constantemente.

    5 min
  3. MAR 26

    ¿Qué hacer ante una crisis ajena? Guía básica de primeros auxilios psicológicos

    Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia. Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal Lo primero que debemos tener claro es que la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática. Cómo intervenir con calma y presencia Para intervenir de manera eficaz, el primer paso es bajar la intensidad y transmitir calma. Las emociones se contagian y si tú te pones nervioso, la otra persona empeorará. Es vital hablar despacio, con voz tranquila y utilizar frases cortas y sencillas. No es necesario un discurso elaborado; un simple "estoy aquí contigo" puede ser suficiente. Además, es fundamental acompañar y no dirigir. Un error común es intentar controlar al otro con frases como "cálmate" o "no pasa nada". Esto suele ser contraproducente porque la persona ya sabe que debe calmarse, pero no puede. Lo ideal es decir: "Veo que lo estás pasando mal, estoy contigo, vamos a ir poco a poco juntos". Lo más recordado no es el consejo, sino cómo hiciste sentir a la persona. En estos momentos, ayuda mucho escuchar más y hablar menos. Tendemos a llenar los silencios por incomodidad, pero la ayuda más potente es la presencia. Escuchar sin juzgar, sin interrumpir y sin dar soluciones rápidas o promesas vacías como "todo va a salir bien" es fundamental. En crisis, se necesita seguridad y compañía antes que consejos. Asimismo, es clave ayudar a la persona a volver al presente. Cuando alguien sufre un ataque de pánico, su cerebro está en "modo amenaza" total. Para ayudarle a aterrizar, puedes hacerle preguntas muy concretas y sencillas sobre su nombre, qué ha pasado, si necesita agua o si sabe qué día es hoy. Estos pequeños anclajes devuelven la sensación de control. Finalmente, debemos recordar no intentar ser terapeutas o psicólogos. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos no es hacer terapia ni analizar profundamente la situación. Se trata simplemente de ayudar a estabilizar a la persona en ese momento, intentando que su intensidad emocional baje de un diez a un siete, y eso ya es muchísimo. Errores típicos que debemos evitar Para no agravar la situación, es mejor evitar ciertas conductas como minimizar el dolor ajeno. No digas "bueno, tampoco es para tanto" ni intentes comparar la situación con algo que te pasó a ti. Tampoco es el momento de moralizar con frases como "tienes que ser fuerte". El exceso de preguntas también es un error; no es un juicio y no hace falta reconstruir todo lo ocurrido en ese instante. Otra cuestión importante es no quitar importancia al miedo físico. Si alguien dice "me voy a morir", no le digas "no digas eso". Es mejor validar su sentir con algo como: "Ahora mismo tu cuerpo está muy activado, pero estoy aquí contigo". En definitiva, ante una crisis psicológica no hace falta ser un profesional para ayudar, pero sí se requiere calma, sentido común y humanidad. A veces, lo más valioso es simplemente preguntar: "¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Prefieres que me quede aquí o que llame a alguien?".

    5 min
  4. MAR 12

    ¿Se heredan los traumas? La ciencia tras la transmisión intergeneracional

    A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección 'Frecuencia Emocional', la psicóloga Iratxe López ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible. El peso de la crianza y los modelos de relación Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación aprendidos en el hogar dejan una huella profunda que condiciona nuestra forma de educar y de vincularnos emocionalmente con las siguientes generaciones. Susceptibilidad diferencial: la influencia del entorno No todas las personas reaccionan de la misma manera ante entornos familiares complejos debido a lo que se conoce como susceptibilidad diferencial. Ciertas variantes genéticas hacen que algunos individuos sean especialmente sensibles a su entorno, lo que significa que en contextos de crianza negativos pueden verse mucho más afectados que otros. Por el contrario, esta misma sensibilidad permite que estas personas se beneficien de manera más intensa cuando crecen en ambientes positivos y de apoyo, demostrando que la herencia no es solo una carga, sino también una oportunidad de desarrollo según el contexto. El "puente" del trauma en situaciones extremas La investigación con familias de supervivientes de traumas intensos, como guerras o el Holocausto, ha revelado que el impacto en los hijos no suele ser un mecanismo directo, sino que se transmite a través del clima familiar. Factores como la agresión verbal o una mala calidad en la relación de pareja actúan como un puente que conecta las experiencias traumáticas de los padres con las dificultades emocionales o conductuales de sus descendientes. Asimismo, se está investigando el papel de la epigenética, que analiza cómo el estrés extremo puede alterar la activación de ciertos genes, aunque este campo de estudio aún se encuentra en sus fases iniciales. En conclusión, entender nuestra historia familiar es una herramienta vital para romper patrones y mejorar nuestra salud mental. Comprender de dónde vienen ciertos comportamientos nos permite dejar de repetirlos y construir un futuro emocionalmente más sano.

    5 min
  5. MAR 5

    ¿Por qué ya no disfruto con mis amigos? Claves para entender la anhedonia social

    En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo? ¿Qué es la anhedonia social? La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de anhedonia social. "En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección", explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno. No todo es un trastorno clínico Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar: Neurodiversidad: Algunas personas requieren de más tiempo de soledad para recuperarse tras contextos sociales que les saturan fácilmente. Carga mental y cansancio: En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden recogimiento, y forzarse a socializar solo genera más malestar. Falta de autenticidad: A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos. La importancia de revisar nuestros vínculos La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. "Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso", advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.

    5 min
  6. FEB 26

    ¿Por qué procrastinamos? No es falta de tiempo, es gestión emocional

    La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional. El cerebro frente a la amenaza del malestar Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo. Estrategias para romper el bloqueo Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación. El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de "dibujar un sapo", una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.

    5 min
  7. FEB 19

    ¿Cómo funciona la radicalización y el fanatismo en las sectas?

    La psicóloga Iratxe López ha abordado el fenómeno del fanatismo y la radicalización en la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia de Radio Popular – Herri Irratia. Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar. El control, la verdadera clave López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales. Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato. Cómo comienza la radicalización Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una secta. Habitualmente arranca con sensaciones de vacío, desplazamiento, dolor o enfado, que llevan a buscar un lugar donde sentirse comprendido. En ese punto suele aparecer una figura carismática —mentor, líder, gurú o influencer— que valida el malestar y ofrece explicaciones simples para problemas complejos. Cinco mecanismos habituales de control En la sección, la psicóloga ha enumerado cinco formas de control frecuentes en procesos de radicalización: Control del líder, donde cuestionar se interpreta como traición. Aislamiento social, separando progresivamente de familia y amistades. Explotación económica, con aportaciones constantes de dinero o tiempo. Pensamiento polarizado, donde el grupo posee “la única verdad”. Manipulación emocional, utilizando culpa y miedo como herramientas. Ha advertido además de que estos mecanismos pueden ser muy sutiles y presentarse bajo discursos de ayuda o superación personal. Cómo actuar ante una posible situación Como mensaje final, Iratxe López ha recomendado no ridiculizar ni atacar a quien pueda estar viviendo una situación de este tipo, sino abrir un espacio de diálogo sin juicio. Ha recordado que, en estos casos, lo esencial no es tanto la ideología como el nivel de control que se ejerce sobre la persona.

    5 min
  8. FEB 12

    Prohibir las redes no es la pócima mágica

    El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores. ¿Veto necesario o parche educativo? La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la toxicidad, el bullying y la adicción, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico. López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas. La trampa de la coherencia: ¿Y los adultos? Iratxe López lanza una pregunta incómoda al aire: si el argumento para prohibir es que las redes generan frustración y problemas de autoestima, ¿por qué no se le prohíben también a los adultos?. Los mayores también sufren acoso y adicción, lo que demuestra que el problema no se limita al DNI. Además, recuerda una realidad técnica: "Los adolescentes tienen herramientas de sobra para saltarse estas limitaciones". Prohibir no garantiza que algo no ocurra; a menudo, solo hace que ocurra a escondidas. No todo es educación. La psicóloga reconoce que existen riesgos, como la pederastia, de los que un menor no puede ser responsable de protegerse por sí mismo. En estos casos de seguridad extrema, el argumento de la prohibición gana su mayor peso. Poner límites es educar, pero la prohibición vacía de contenido educativo es un arma de doble filo. Para López, la solución no es aislar a los jóvenes del mundo digital, sino enseñarles a habitarlo. "La responsabilidad es compartida: familias, centros educativos, profesionales y la sociedad en su conjunto".

    5 min

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