Frecuencia Emocional

Iratxe López

Espacio dedicado a entender mejor nuestra mente y emociones de la mano de la psicóloga clínica Iratxe López.

  1. MAR 26

    ¿Qué hacer ante una crisis ajena? Guía básica de primeros auxilios psicológicos

    Imagina que te encuentras ante una persona que, de repente, comienza a respirar aceleradamente, siente que le falta el aire y expresa un miedo intenso a morir. O quizá presencias un accidente donde alguien está en estado de shock y desorientado. Ante estas situaciones de crisis, la mayoría queremos ayudar, pero a menudo "metemos la pata" por desconocimiento, no por mala intención. Nadie nos ha enseñado cómo gestionar una crisis psicológica, por ello es fundamental contar con unas pautas básicas que marquen la diferencia. Entender la crisis: Una reacción normal ante algo anormal Lo primero que debemos tener claro es que la persona no se está volviendo loca; está teniendo una reacción normal ante una situación de intensidad excepcional. Síntomas como los temblores, el llanto, el bloqueo mental o la dificultad para hablar son, en realidad, la forma que tiene el cerebro de intentar sobrevivir a una amenaza. Comprender esto es el primer paso para ofrecer una ayuda real y empática. Cómo intervenir con calma y presencia Para intervenir de manera eficaz, el primer paso es bajar la intensidad y transmitir calma. Las emociones se contagian y si tú te pones nervioso, la otra persona empeorará. Es vital hablar despacio, con voz tranquila y utilizar frases cortas y sencillas. No es necesario un discurso elaborado; un simple "estoy aquí contigo" puede ser suficiente. Además, es fundamental acompañar y no dirigir. Un error común es intentar controlar al otro con frases como "cálmate" o "no pasa nada". Esto suele ser contraproducente porque la persona ya sabe que debe calmarse, pero no puede. Lo ideal es decir: "Veo que lo estás pasando mal, estoy contigo, vamos a ir poco a poco juntos". Lo más recordado no es el consejo, sino cómo hiciste sentir a la persona. En estos momentos, ayuda mucho escuchar más y hablar menos. Tendemos a llenar los silencios por incomodidad, pero la ayuda más potente es la presencia. Escuchar sin juzgar, sin interrumpir y sin dar soluciones rápidas o promesas vacías como "todo va a salir bien" es fundamental. En crisis, se necesita seguridad y compañía antes que consejos. Asimismo, es clave ayudar a la persona a volver al presente. Cuando alguien sufre un ataque de pánico, su cerebro está en "modo amenaza" total. Para ayudarle a aterrizar, puedes hacerle preguntas muy concretas y sencillas sobre su nombre, qué ha pasado, si necesita agua o si sabe qué día es hoy. Estos pequeños anclajes devuelven la sensación de control. Finalmente, debemos recordar no intentar ser terapeutas o psicólogos. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos no es hacer terapia ni analizar profundamente la situación. Se trata simplemente de ayudar a estabilizar a la persona en ese momento, intentando que su intensidad emocional baje de un diez a un siete, y eso ya es muchísimo. Errores típicos que debemos evitar Para no agravar la situación, es mejor evitar ciertas conductas como minimizar el dolor ajeno. No digas "bueno, tampoco es para tanto" ni intentes comparar la situación con algo que te pasó a ti. Tampoco es el momento de moralizar con frases como "tienes que ser fuerte". El exceso de preguntas también es un error; no es un juicio y no hace falta reconstruir todo lo ocurrido en ese instante. Otra cuestión importante es no quitar importancia al miedo físico. Si alguien dice "me voy a morir", no le digas "no digas eso". Es mejor validar su sentir con algo como: "Ahora mismo tu cuerpo está muy activado, pero estoy aquí contigo". En definitiva, ante una crisis psicológica no hace falta ser un profesional para ayudar, pero sí se requiere calma, sentido común y humanidad. A veces, lo más valioso es simplemente preguntar: "¿Qué necesitas ahora mismo? ¿Prefieres que me quede aquí o que llame a alguien?".

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  2. MAR 12

    ¿Se heredan los traumas? La ciencia tras la transmisión intergeneracional

    A menudo escuchamos que heredamos las heridas de nuestros antepasados como si de un proceso mágico o esotérico se tratase. Sin embargo, la psicología y la biología tienen mucho que decir al respecto. En la sección 'Frecuencia Emocional', la psicóloga Iratxe López ha desgranado qué hay de cierto en la transmisión intergeneracional del trauma y cómo este fenómeno impacta en nuestro presente, alejándose de visiones místicas para centrarse en la evidencia científica disponible. El peso de la crianza y los modelos de relación Uno de los pilares fundamentales para entender esta transmisión es el aprendizaje a través de la crianza. Diversos estudios han demostrado que la forma en que una madre trata a sus hijos durante la adolescencia tiende a influir notablemente en cómo esos mismos hijos ejercerán su propia paternidad o maternidad años después. Iratxe López aclara que no estamos irremediablemente condenados a repetir los mismos esquemas, pero sí es innegable que los modelos de relación aprendidos en el hogar dejan una huella profunda que condiciona nuestra forma de educar y de vincularnos emocionalmente con las siguientes generaciones. Susceptibilidad diferencial: la influencia del entorno No todas las personas reaccionan de la misma manera ante entornos familiares complejos debido a lo que se conoce como susceptibilidad diferencial. Ciertas variantes genéticas hacen que algunos individuos sean especialmente sensibles a su entorno, lo que significa que en contextos de crianza negativos pueden verse mucho más afectados que otros. Por el contrario, esta misma sensibilidad permite que estas personas se beneficien de manera más intensa cuando crecen en ambientes positivos y de apoyo, demostrando que la herencia no es solo una carga, sino también una oportunidad de desarrollo según el contexto. El "puente" del trauma en situaciones extremas La investigación con familias de supervivientes de traumas intensos, como guerras o el Holocausto, ha revelado que el impacto en los hijos no suele ser un mecanismo directo, sino que se transmite a través del clima familiar. Factores como la agresión verbal o una mala calidad en la relación de pareja actúan como un puente que conecta las experiencias traumáticas de los padres con las dificultades emocionales o conductuales de sus descendientes. Asimismo, se está investigando el papel de la epigenética, que analiza cómo el estrés extremo puede alterar la activación de ciertos genes, aunque este campo de estudio aún se encuentra en sus fases iniciales. En conclusión, entender nuestra historia familiar es una herramienta vital para romper patrones y mejorar nuestra salud mental. Comprender de dónde vienen ciertos comportamientos nos permite dejar de repetirlos y construir un futuro emocionalmente más sano.

    5 min
  3. MAR 5

    ¿Por qué ya no disfruto con mis amigos? Claves para entender la anhedonia social

    En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo? ¿Qué es la anhedonia social? La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de anhedonia social. "En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección", explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una sensación de vacío o de estar "plano" emocionalmente. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno. No todo es un trastorno clínico Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar: Neurodiversidad: Algunas personas requieren de más tiempo de soledad para recuperarse tras contextos sociales que les saturan fácilmente. Carga mental y cansancio: En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden recogimiento, y forzarse a socializar solo genera más malestar. Falta de autenticidad: A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos. La importancia de revisar nuestros vínculos La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. "Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso", advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.

    5 min
  4. FEB 26

    ¿Por qué procrastinamos? No es falta de tiempo, es gestión emocional

    La escena es familiar para cualquier trabajador: comienzas la jornada sabiendo perfectamente qué tarea es la más importante y la que más paz te daría al terminarla. Sin embargo, en lugar de ponerte manos a la obra, acabas abriendo una pestaña de internet, mirando el móvil o respondiendo mensajes irrelevantes. Cuando te das cuenta, han pasado treinta minutos y aparece un discurso interno cargado de culpa donde te recriminas la falta de disciplina o te etiquetas como un desastre. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López explica que la procrastinación no es un problema de tiempo, de pereza o de falta de voluntad, sino que se trata, en esencia, de un problema de gestión emocional. El cerebro frente a la amenaza del malestar Al posponer una responsabilidad, el individuo no está evitando la tarea en sí, sino el sentimiento que le produce pensar en ella. Esta resistencia puede nacer del miedo a equivocarse, de la frustración ante una dificultad, del aburrimiento o de un perfeccionismo paralizante. El cerebro humano funciona buscando evitar el malestar y acercarse al placer, por lo que ante una tarea que activa la incomodidad, la amígdala —estructura implicada en la detección de amenazas— se enciende. Mientras esto ocurre, la corteza prefrontal, que es la encargada de planificar y regular los impulsos, pierde fuerza frente al sistema de recompensa, empujándonos hacia lo fácil e inmediato para obtener un alivio rápido pero momentáneo. Estrategias para romper el bloqueo Para romper este ciclo, Iratxe López propone tres estrategias fundamentales que comienzan por identificar la emoción que se intenta evitar, ya que el simple hecho de poner nombre a lo que sentimos reduce la intensidad de la emoción. Posteriormente, resulta vital dividir la tarea en pasos muy pequeños y concretos, como abrir un documento o escribir un título, ya que el inicio siempre es lo más difícil y, una vez que se arranca, la resistencia baja. Finalmente, es necesario cambiar el foco del perfeccionismo hacia el progreso, aceptando que es mejor hacer algo posible que buscar algo impecable, evitando así la presión que paradójicamente aumenta la procrastinación. El ejercicio del sapo: mirar de frente al miedo Como herramienta práctica, la psicóloga comparte el ejercicio de "dibujar un sapo", una propuesta que ayuda a mirar la tarea de frente desde una perspectiva creativa e infantil que baja la tensión. Este sapo representa la tarea que estamos evitando y, tras dibujarlo, se debe escribir sobre él la responsabilidad pendiente para luego responder honestamente por qué resulta difícil, qué cambiaría si se intentara y qué creencias hay detrás de esa resistencia. Aunque este ejercicio no elimina el trabajo pendiente, obliga a entender la emoción subyacente y permite afrontar la jornada con una mayor consciencia y menos culpa.

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  5. FEB 19

    ¿Cómo funciona la radicalización y el fanatismo en las sectas?

    La psicóloga Iratxe López ha abordado el fenómeno del fanatismo y la radicalización en la sección Frecuencia Emocional del programa EgunOn Bizkaia de Radio Popular – Herri Irratia. Durante su intervención, ha explicado que cuando hablamos de sectas solemos pensar únicamente en grupos religiosos extremos, pero ha subrayado que una secta también puede ser terapéutica, empresarial, política, espiritual o incluso familiar. El control, la verdadera clave López ha insistido en que lo importante no es tanto la ideología como el nivel de control que el grupo ejerce sobre la identidad, las decisiones y las relaciones personales. Ha definido el fanatismo no como una fe intensa, sino como el momento en el que una idea se vuelve incuestionable y la persona deja de actuar desde su propio criterio para convertirse en “soldado” de ese relato. Cómo comienza la radicalización Según ha detallado en antena, la radicalización no suele empezar con una decisión consciente de integrarse en una secta. Habitualmente arranca con sensaciones de vacío, desplazamiento, dolor o enfado, que llevan a buscar un lugar donde sentirse comprendido. En ese punto suele aparecer una figura carismática —mentor, líder, gurú o influencer— que valida el malestar y ofrece explicaciones simples para problemas complejos. Cinco mecanismos habituales de control En la sección, la psicóloga ha enumerado cinco formas de control frecuentes en procesos de radicalización: Control del líder, donde cuestionar se interpreta como traición. Aislamiento social, separando progresivamente de familia y amistades. Explotación económica, con aportaciones constantes de dinero o tiempo. Pensamiento polarizado, donde el grupo posee “la única verdad”. Manipulación emocional, utilizando culpa y miedo como herramientas. Ha advertido además de que estos mecanismos pueden ser muy sutiles y presentarse bajo discursos de ayuda o superación personal. Cómo actuar ante una posible situación Como mensaje final, Iratxe López ha recomendado no ridiculizar ni atacar a quien pueda estar viviendo una situación de este tipo, sino abrir un espacio de diálogo sin juicio. Ha recordado que, en estos casos, lo esencial no es tanto la ideología como el nivel de control que se ejerce sobre la persona.

    5 min
  6. FEB 12

    Prohibir las redes no es la pócima mágica

    El debate está en la calle y en los hogares. El anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años ha encendido las alarmas. En la sección Frecuencia Emocional de EgunOn Bizkaia, la psicóloga Iratxe López aporta una mirada profesional sobre un tema complejo que toca lo más sensible: la protección de nuestros menores. ¿Veto necesario o parche educativo? La psicología está dividida. Mientras algunos profesionales ven la prohibición como un muro necesario contra la toxicidad, el bullying y la adicción, otros señalan un peligro invisible: que al prohibir, les robemos la oportunidad de desarrollar su propio "músculo" crítico. López se posiciona cerca de esta segunda vía: "El pensamiento crítico sirve para las redes, pero también para decir 'no' a una relación sexual sin protección o al consumo de drogas". Según la experta, el objetivo de la terapia —y de la vida— es la autonomía, no crear una dependencia eterna de normas externas. La trampa de la coherencia: ¿Y los adultos? Iratxe López lanza una pregunta incómoda al aire: si el argumento para prohibir es que las redes generan frustración y problemas de autoestima, ¿por qué no se le prohíben también a los adultos?. Los mayores también sufren acoso y adicción, lo que demuestra que el problema no se limita al DNI. Además, recuerda una realidad técnica: "Los adolescentes tienen herramientas de sobra para saltarse estas limitaciones". Prohibir no garantiza que algo no ocurra; a menudo, solo hace que ocurra a escondidas. No todo es educación. La psicóloga reconoce que existen riesgos, como la pederastia, de los que un menor no puede ser responsable de protegerse por sí mismo. En estos casos de seguridad extrema, el argumento de la prohibición gana su mayor peso. Poner límites es educar, pero la prohibición vacía de contenido educativo es un arma de doble filo. Para López, la solución no es aislar a los jóvenes del mundo digital, sino enseñarles a habitarlo. "La responsabilidad es compartida: familias, centros educativos, profesionales y la sociedad en su conjunto".

    5 min
  7. FEB 5

    ¿Tortuga, dragón o humano?, ¿Qué estilo de comunicación asertiva practicas?

    La comunicación asertiva es una de esas habilidades que todos sabemos que necesitamos, pero que a menudo se nos resiste en el día a día. Para ayudarnos a entenderla, la psicóloga Iratxe López propone un símil muy visual que utiliza habitualmente en terapia y que divide nuestras reacciones en tres figuras: la tortuga, el dragón y el humano. Los tres estilos de comunicación El primer perfil es el de la tortuga, que representa el estilo pasivo. En este caso, la persona se esconde en su caparazón, evitando expresar lo que siente o piensa por miedo al conflicto. Aunque parece una solución sencilla para evitar líos, la realidad es que genera una gran frustración y agotamiento al llegar a casa por no haber defendido los intereses propios. En el extremo opuesto aparece el dragón, que simboliza el estilo agresivo. Este perfil sí dice las cosas, pero lo hace atacando, imponiendo o utilizando el sarcasmo. El problema principal del dragón es que su "fuego" es tan intenso que el interlocutor se pone inmediatamente a la defensiva, provocando que el mensaje original se pierda entre los reproches. Finalmente, el ideal se encuentra en el humano, el estilo asertivo por excelencia. El humano es capaz de utilizar la palabra para comunicar sus necesidades y aquello que no le parece bien sin necesidad de herir ni esconderse. Es un equilibrio donde se mantiene el respeto hacia uno mismo y hacia los demás de forma simultánea. La realidad sobre poner límites Más allá de estos perfiles, Iratxe López advierte sobre varias mentiras que rodean a la asertividad. La primera es creer que se sabe o no se sabe poner límites como si fuera una capacidad innata, cuando la realidad es que depende totalmente del contexto y de la historia personal con cada individuo. También es un error pensar que la asertividad consiste únicamente en aprender una "frase perfecta". Si no existe un trabajo interno previo para tener claro qué nos molesta, ninguna técnica de comunicación será efectiva por sí sola. Por último, existe el peligroso mito de que poner límites garantiza el respeto ajeno. La psicóloga aclara que ser asertivo es un acto de autorespeto, pero no ofrece ninguna garantía de que la otra persona vaya a reaccionar de forma positiva o respetuosa. La invitación final es a la autoobservación consciente para entender desde dónde nos comunicamos y poder realizar cambios saludables.

    5 min
  8. JAN 29

    El precio de la hiperconectividad

    En la última entrega de Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una realidad que define nuestra época: la dictadura del "visto". Vivimos con la sensación de estar permanentemente localizables, pendientes de cada notificación y con un sentimiento de culpa punzante si no respondemos con la rapidez que el mundo espera de nosotros. Estar siempre "conectado" se ha vendido erróneamente como un sinónimo de compromiso, generosidad o eficiencia. Sin embargo, Beñat advierte que esta conducta muchas veces no nace de la entrega genuina, sino de la inseguridad. Es esa necesidad de aprobación y el miedo a incomodar o a perder el vínculo lo que nos empuja a dejarlo todo por un mensaje. Como seres sociales, buscamos pertenecer al grupo, pero el problema surge cuando priorizamos esa validación externa sobre nuestro propio bienestar. Consecuencias: Agotamiento y pérdida de identidad Esta "entrega sin límites" tiene un coste invisible pero elevado: Agotamiento del sistema nervioso: Vivir pendientes del móvil mantiene nuestro cerebro en alerta constante. No hay descanso real si sabemos que, ante cualquier notificación, debemos reaccionar. Confusión de valores: Empezamos a creer que valemos en función de lo útiles que somos para los demás ("Valgo si respondo rápido", "Valgo si no digo que no"). Relaciones desiguales: Se generan vínculos donde una persona siempre sostiene y se adapta, mientras la otra se acostumbra a recibir sin medida. El "No" como herramienta de autocuidado Beñat es claro: el cariño y la aceptación no se ganan sacrificándose hasta el desgaste. Cuando no ponemos límites, los demás terminan por darlos por hechos, y nuestras propias necesidades quedan sepultadas. Aprender a decir "ahora no", "mañana" o un simple "no puedo" no es un acto de egoísmo ni una falta de amor. Es, fundamentalmente, una forma de respeto hacia uno mismo. No puedes estar disponible para los demás si no lo estás primero para ti. La alternativa no es desaparecer ni levantar muros infranqueables, sino elegir conscientemente cuándo, cómo y a quién ofrecemos nuestro tiempo y energía. Solo así podremos dejar de vivir para el dispositivo y empezar a vivir de verdad en el presente.

    5 min

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