Zafarrancho Vilima

Zafarrancho Vilima

Programa de humor sobre tiempos pasados. Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano. Zafarrancho Vilima se emite todos los viernes a las 19h. en SER+ Sevilla, Cadena SER 96.5 FM. También puedes ver los programas en nuestro canal de Youtube.

  1. Episode 420 Trailer

    Ujué, Navarra en La España Barbaciada

    Dejamos atrás los valles pirenaicos, los osos pardos y los trajes de quince kilos de Ansó, y le damos un respiro al embrague del Seat 131 Supermirafiori. Vamos a ir perdiendo altitud poco a poco. Salimos de la provincia de Huesca, cruzamos la frontera foral y nos adentramos en Navarra. Tras unos 115 kilómetros de ruta bajando por el embalse de Yesa y curveando por la Zona Media navarra, llegamos a un pueblo que se ve desde que sales de tu casa: Ujué. ​Ujué (o Uxue en euskera) es una auténtica atalaya de piedra. Tiene una población de unos 171 habitantes, y su gentilicio es uxuetarra. Es uno de esos pueblos que, si lo construyen hoy, el promotor se arruina en grúas, porque está subido en un cerro a más de 800 metros de altura que domina toda la ribera navarra hasta los Pirineos. ​La leyenda de la fundación del pueblo es para nota. Cuentan que un zagal (un pastorcillo, que en la Edad Media siempre eran los que se encontraban las cosas) vio a una paloma entrar y salir repetidamente de un agujero en una roca. El chaval, movido por la curiosidad o porque se aburría soberanamente sin cobertura, se asomó al agujero y ¡tachán! Se encontró una imagen de la Virgen María. Como "paloma" en euskera antiguo se decía "uxua" (o algo parecido que ha derivado a Uxue), pues ahí tenéis el nombre del pueblo. La toponimia a veces es pura poesía. ​Históricamente, Ujué era el "Fuerte Álamo" del antiguo Reino de Navarra. Era la primera línea de defensa contra las incursiones de los musulmanes que venían del sur por la ribera del Ebro. Pero si hay un personaje histórico vinculado a este pueblo a niveles enfermizos, ese es el rey Carlos II de Navarra. Un monarca que ha pasado a la historia con el apodo de "Carlos II el Malo". Y ojo, que no le llamaban "el Malo" porque no se comiera las verduras, se lo llamaban porque era un manipulador, un conspirador y un tipo de dudosa moralidad que se dedicó a enredar en la Guerra de los Cien Años. Pues bien, este señor tan particular sentía una devoción absoluta por la Virgen de Ujué. Tanta, que dejó escrito en su testamento que, cuando muriera, quería que le sacaran el corazón y lo guardaran en la iglesia del pueblo. Y allí sigue. Podéis ir a ver el relicario donde, en teoría, descansa el corazón disecado del rey más liante de Navarra. ​El patrimonio de Ujué es, básicamente, el pueblo entero. Sus calles son un laberinto de piedra y cuestas, pero la joya de la corona es el Santuario-Fortaleza de Santa María de Ujué. No es una iglesia, ni es un castillo; es un dos por uno. Tiene unas torres almenadas y unos pasos de ronda defensivos espectaculares, pero por dentro es una iglesia gótica maravillosa. En la Edad Media no estaban para sutilezas: rezaban el rosario y, si veían asomar a las tropas enemigas, soltaban aceite hirviendo desde la misma torre. ​Sus fiestas y tradiciones son de las que impresionan. El domingo posterior a San Marcos (en abril), se celebra la Romería a Ujué. Peregrinos de toda la comarca (de Tafalla, de Olite, de Pitillas...) suben caminando de madrugada, muchos de ellos vestidos con túnicas negras y portando cruces a cuestas, en un silencio que pone los pelos de punta. ​Y para rematar, la gastronomía. Ujué es la capital mundial de las Migas de Pastor. Las preparan con pan "cabezón", sebo de oveja, ajo y mucho cariño en sartenes gigantes sobre fuego de leña. Si te comes un plato de migas de Ujué, te aseguro que pasas el invierno sin poner la calefacción. De postre, unas buenas almendras garrapiñadas que fabrican las propias gentes del pueblo, y ya te puedes volver rodando cerro abajo.

  2. Episode 419 Trailer

    Ansó, Huesca en La España Barbaciada

    ​Con el colesterol disparado por las chiretas y el chilindrón, nos subimos al Supermirafiori para nuestra última parada del día. Vamos a adentrarnos de lleno en la majestuosidad de los Pirineos. Salimos de Loarre, cogemos la A-132 y luego nos desviamos por carreteras de alta montaña donde dos coches caben con suerte y metiendo los retrovisores. Tras unos 100 kilómetros de paisajes que te dejan sin aliento, llegamos a uno de los Valles Occidentales de los Pirineos: estamos en Ansó. ​Ansó cuenta con unos 406 habitantes. Su gentilicio es ansotano o ansotana. El pueblo entero está declarado Conjunto Histórico-Artístico, y no es para menos. Sus casas están construidas íntegramente con la piedra de la zona, con tejados de teja plana, chimeneas troncocónicas (los famosos espantabrujas, para que no entren los malos espíritus por el tiro) y balcones de madera llenos de geranios. Pasear por Ansó es caminar por un pueblo de postal en el que el asfalto es casi una ofensa. ​Históricamente, los Valles de Ansó y Hecho eran repúblicas casi independientes. Como estaban tan aislados por la nieve y las montañas durante el invierno, se gobernaban solos. Su economía se basaba en la ganadería, la madera y en un pasado no muy lejano, el contrabando con Francia, que está justo cruzando los picos de atrás. ​Pero si hay algo que define a este municipio es el Traje Ansotano. No es un vestido folclórico cualquiera, es uno de los trajes tradicionales más antiguos y ricos de Europa. Tienen trajes para cada momento de la vida: para ir a misa, para casarse, para trabajar, e incluso trajes de luto. El traje de fiesta de las mujeres, llamado "Basquiña", puede llegar a pesar hasta 15 kilos. Imagínate ponerte 15 kilos de lana virgen negra encima en pleno agosto. Pues lo hacen. El último domingo de agosto celebran el Día del Traje Ansotano, una fiesta de Interés Turístico Nacional donde el pueblo entero sale a la calle vestido de época. Benito Pérez Galdós quedó tan alucinado con los ansotanos que hasta escribió una obra de teatro sobre ellos. ​El patrimonio natural de Ansó es salvaje. Hablamos de montañas, barrancos y bosques de hayas y abetos. Este es territorio osero. Sí, en los montes de Ansó sobrevive el Oso Pardo pirenaico. No es que vayas a comprar el pan y te encuentres un oso pidiendo una barra, pero saber que están ahí arriba le da un toque de documental de La 2 muy interesante a la zona. ​En el centro del pueblo podéis visitar la Iglesia de San Pedro, de estilo gótico, que por dentro esconde un retablo barroco enorme y un museo del traje ansotano para los que no puedan ir en agosto. ​Para reponer fuerzas después del viaje, la gastronomía ansotana es pura supervivencia pirenaica. Aquí hay que pedir "Migas de Pastor" y, sobre todo, "Boliches de Ansó". Los boliches son unas alubias blancas pequeñitas y mantecosas que cultivan ellos mismos y que, guisadas con oreja y morro de cerdo, te quitan el frío del invierno de golpe. Si encima lo rematas con carne de jabalí o ciervo, te convalidan el título de montañero mayor.

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