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La ContraHistoria

La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

  1. 12/18/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    Locos por la Lotería

    Una de las aficiones más populares de los españoles, especialmente cuando se acerca la Navidad, es jugar a la Lotería Nacional. Es algo que viene de muy lejos. El primer sorteo se realizó hace más de dos siglos y medio, en diciembre de 1763, cuando Carlos III, que había ascendido al trono poco antes, decidió crear la llamada Lotería Real. La idea se la trajo de Italia donde fue rey de Nápoles durante casi 15 años. En la Italia de aquella época era habitual un juego conocido como Lotto. Los jugadores elegían un número y un niño con los ojos vendados extraía unas bolas numeradas de un bombo. Ese tipo de lotería es lo que hoy conocemos como Lotería Primitiva. El objetivo de Carlos III no era el entretenimiento, sino recaudar dinero para el Tesoro real. La guerra de los siete años había dejado las arcas vacías y al marqués de Esquilache, que también era italiano, se le ocurrió este “impuesto voluntario” con el que resolver los problemas de tesorería de la Corona y, al mismo tiempo, poder financiar el gasto corriente sin necesidad de elevar la presión fiscal. La Lotería Nacional tal y como la conocemos hoy, es decir, la de boletos con números ya impresos, nació unas décadas después durante la guerra de la independencia. Las Cortes reunidas en Cádiz se encontraban sin fondos así que Ciriaco González Carvajal, ministro del Consejo de Indias, propuso crear una lotería moderna que se diferenciase de la de Carlos III. González Carvajal había sido oidor de la Real Audiencia de México y allí, en Nueva España, se jugaba una lotería con boletos. El proyecto fue aprobado por unanimidad en 1811 y el primer sorteo se celebró el 4 de marzo de 1812, apenas quince días antes de la proclamación de la primera Constitución española, "La Pepa". Conforme los franceses se retiraban, la lotería se fue expandiendo por todo el territorio nacional hasta establecer su sede definitivamente en Madrid en 1814. A lo largo del siglo XIX, la lotería se consolidó como una fuente de ingresos estable para el Estado. Fue en esta época cuando nació el fenómeno del Sorteo de Navidad. Aunque el primer sorteo extraordinario en fechas navideñas ocurrió en diciembre de 1812, no fue hasta 1892 cuando oficialmente recibió el nombre de "Sorteo de Navidad" en los décimos. Otro elemento definitorio, los niños de San Ildefonso, aparecieron mucho antes. Estos niños, provenientes de un colegio de huérfanos del centro de Madrid, empezaron a cantar los premios tan pronto como en 1771. Su canto rítmico se ha convertido en el preludio de la Navidad para varias generaciones de españoles. Durante más de un siglo sólo eran niños hasta que en los años 80 entraron también niñas. Durante el siglo XX la Lotería Nacional sobrevivió a todo tipo de avatares. Era una tradición tan arraigada que durante la guerra se llegaron a celebrar dos sorteos paralelos, uno en cada bando. Con el paso del tiempo se introdujeron innovaciones tecnológicas: empezó a retransmitirse en directo por la radio en 1924 y por televisión en 1957, se informatizó en 1974 y a partir de 2002 los premios comenzaron a repartirse en euros. Hoy en La ContraHistoria vamos a hablar de la historia de la lotería. Lo haremos con Marta Caniego, que presenta el podcast Relatos de la historia que pueden encontrar en prácticamente todas las plataformas, también en iVoox. Su último capítulo versa de la lotería nacional y es muy bueno. Hoy lo haremos aquí a dos voces.

    1h 15m
  2. 12/11/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    Oro, el metal divino

    El oro ha fascinado a la humanidad desde siempre por su brillo eterno y sus inigualables propiedades: no se oxida, no se corrompe y es muy dúctil. También es relativamente escaso. El oro se creó con el mismo universo. Al formarse la Tierra hace 4.500 millones de años, la mayor parte del oro se hundió en el núcleo. El que es accesible en la corteza llegó después con el “bombardeo tardío” de asteroides. Una serie de procesos hidrotermales lo concentraron en vetas y la erosión lo depositó en algunos ríos que es donde se empezó a extraer. El oro más antiguo conocido apareció en la necrópolis de Varna, en la actual Bulgaria. Data de la edad del cobre, de hace más de seis mil años, y consiste en ajuares funerarios reservados a la élite y asociados al poder y al más allá. Desde entonces su función pasó a ser simbólica, no utilitaria, ya que era demasiado blando para emplearse en la fabricación de herramientas. En el Antiguo Egipto creían que la carne de los dioses estaba hecha de oro. Se usaba en estatuas y en máscaras funerarias como la de Tutankamón. Pero los egipcios no tenían minas propias, lo tenían que importar de Nubia. Las cartas de Amarna muestran como en el segundo milenio antes de Cristo su uso ya estaba muy extendido y viajaba de un lado a otro. En la América prehispánica los incas lo llamaban “sudor del sol” y lo reservaban para ciertos rituales. Los muiscas de la actual Colombia crearon la tumbaga (una aleación oro y cobre) que empleaban en un ritual que originó la leyenda de El Dorado. En China, aunque el jade se consideraba superior, el oro formaba parte de los trajes funerarios de los emperadores. En Roma el oro se convirtió en la sangre de la economía. Los romanos se hicieron con grandes yacimientos en Hispania y Dacia, donde desarrollaron la minería a gran escala. Con ese oro acuñaron monedas como el aureus y el solidus, cuyo valor se mantuvo estable durante siglos. Pero era escaso, así que, desde la antigüedad fueron muchos los que intentaron fabricarlo transmutando metales viles como el plomo en oro. Nunca lo consiguieron, pero con sus repetidos fracasos estos alquimistas sentaron las bases de la química moderna. El descubrimiento y conquista de América abrió un nuevo capítulo en la historia del oro al tiempo que se globalizaba el comercio. La llegada de metales preciosos a España provocó inflación, pero también permitió que las monedas españolas de oro, los doblones de a 8, se convirtiesen en una suerte de divisa aceptada en cualquier parte del mundo por su abundancia y la fiabilidad de su peso y su ley. El siglo XIX vino acompañado de las grandes fiebres del oro. La de California en 1848 atrajo cientos de miles de aventureros que, en unos pocos años, extrajeron unas 800 toneladas transformando para siempre aquel Estado. Tras la de California hubo otras fiebres similares en Australia en 1851, en Sudáfrica en 1886 y a orillas del río Klondike, en Canadá, en 1897. En esa misma época el patrón oro posibilitó la expansión del comercio mundial y financió la revolución industrial. Ese patrón se reajustaría tras la segunda guerra mundial hasta que Richard Nixon lo eliminó por completo en 1971, inaugurando de paso la era del dinero fiduciario. Hoy el oro es, aparte de valor en sí mismo, una materia prima importantísima en sectores como el de la electrónica, la medicina y la exploración espacial. Desde el origen de los tiempos se han extraído poco más de 200.000 toneladas y cada año se extraen unas 3.000 toneladas. El oro sigue siendo escaso y deseado. Si hay oro en los fondos marinos o en los asteroides podemos estar seguros de que alguien irá hasta allí a buscarlo.

    1h 27m
  3. 12/05/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    EL ADN de Hitler

    Coincidiendo con los 80 años del suicidio de Adolf Hitler el 30 de abril de 1945, Channel 4 ha emitido el documental “El ADN de Hitler: el modelo de un Dictador”. La muestra genética procede de un trozo de tela manchado de sangre del sofá del Führerbunker, cortado pocos días después de la muerte por el oficial estadounidense Roswell Rosengren, llevado a Estados Unidos y años más tarde adquirido por un museo de Pensilvania. Un equipo de historiadores y genetistas autentificó la muestra comparando el cromosoma Y con el de parientes lejanos de la línea paterna de Hitler en Austria, obtenido en un estudio anterior. La coincidencia fue perfecta y el cromosoma Y muy raro, lo que prácticamente descartó errores o contaminación. Los resultados más relevantes fueron tres. Primero, se descartó por completo cualquier ascendencia judía, desmontando décadas de rumores sobre un supuesto abuelo judío. Segundo, se halló una prueba relacionada con el síndrome de Kallmann, que provoca hipogonadismo, reducción de testosterona, posible infertilidad y anomalías genitales. Este descubrimiento encaja con el diagnóstico médico de 1923 (criptorquidia derecha) y con los testimonios de sus amigos y colaboradores más cercanos, que siempre destacaron su absoluta abstinencia sexual, su vergüenza corporal y la inexistencia de relaciones íntimas, incluso con Eva Braun. Probablemente esta condición reforzó su renuncia total a la vida privada y su entrega obsesiva a la política. Tercero, las puntuaciones poligénicas situaron a Hitler en el grupo de alto riesgo para esquizofrenia, trastorno bipolar y autismo, un resultado estadísticamente excepcional. Sin embargo, los investigadores subrayan que estas puntuaciones no equivalen a un diagnóstico y que la inmensa mayoría de las personas con valores similares nunca desarrolla esas enfermedades. La genética no explica la maldad . Los traumas infantiles, el contexto histórico y la colaboración activa de cientos de miles de alemanes fueron imprescindibles. El ADN solo aporta una pieza más —importante y novedosa— para comprender mejor al hombre que, sin duda, cambió el curso del siglo XX.

    25 min
  4. 12/04/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    El año de los cuatro emperadores

    El año 69 d.C. es uno de los más agitados y caóticos de la historia del imperio romano. En poco más de un año, cuatro hombres se hicieron con el trono tras la muerte de Nerón: Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. Este período demostró que, una vez desaparecido el prestigio de la dinastía julio-claudia, el Senado era ya un mero órgano decorativo y la dignidad imperial dependía exclusivamente de contar con el apoyo de las legiones. Nerón se suicidó el 9 de junio del año 68. Sin heredero, el vacío de poder desató una guerra civil. El primer beneficiario fue Servio Sulpicio Galba, gobernador de la Tarraconense. Hombre de linaje patricio y 73 años, fue reconocido por el Senado y la Guardia Pretoriana. Llegó a Roma en octubre de ese año, pero su gobierno fue un desastre desde el primer día: recortó gastos, se negó a pagar el donativo prometido a los pretorianos y adoptó como heredero a Lucio Calpurnio Pisón, un aristócrata sin carisma ni apoyos militares. Tres meses más tarde las legiones de Germania Superior e Inferior se sublevaron y proclamaron emperador a Aulo Vitelio. Cuando la noticia llegó a Roma los pretorianos asesinaron a Galba y a Pisón en pleno Foro. El Senado, aterrorizado, proclamó emperador a Marco Salvio Otón. Otón, antiguo compañero de juergas de Nerón y gobernador de Lusitania, tenía el apoyo del Pretorio y de parte del pueblo romano. Intentó negociar con Vitelio, que ya marchaba hacia Italia con sus legiones. La negociación fracasó. El 14 de abril del año 69 se libró la primera batalla de Bedriacum (cerca de Cremona). Las tropas de Otón fueron aplastadas. Al recibir la noticia, Otón se suicidó, pero no sin antes pronunciar una frase que ha pasado a la historia: “Es más justo que muera uno por todos, que todos por uno”. Había reinado 91 días. Vitelio entró en Roma en julio entre desfiles, banquetes y celebraciones. Su gobierno fue un espectáculo de despilfarro y crueldad: ejecuciones masivas de oficiales fieles a Otón, disolución de las cohortes pretorianas para sustituirlas por sus tropas germanas y un despilfarro que dejó exhausto el tesoro imperial. Entretanto, en Oriente, las legiones de Judea, Siria y Egipto proclamaron emperador a Tito Flavio Vespasiano, el general que se encargaba en esos momentos de la revuelta judía. Vespasiano controlaba los envíos de grano de Egipto y tenía el apoyo de su hijo Tito y del prefecto de Egipto, Tiberio Julio Alejandro. Las legiones del Danubio que estaban al mando de Marco Antonio Primo invadieron Italia en octubre. A finales de ese mes se libró la segunda batalla de Bedriacum y las tropas de Vitelio fueron aniquiladas. En diciembre, Antonio Primo entró en Roma. Vitelio intentó abdicar y esconderse, pero fue descubierto, arrastrado desnudo por las calles y arrojado al Tíber tras ser torturado. El día 21 de diciembre del año 69, el Senado proclamó a Vespasiano, que aún estaba en Alejandría. Con él comenzó la dinastía Flavia. Para hablar de este año tan importante en la historia de la Antigua Roma nos acompaña hoy Federico Romero, que ya pasó por aquí hace unos meses para hablarnos de aquellos bárbaros que se significaron en su defensa del imperio. Hoy nos vamos cuatro siglos atrás al momento en el que Roma estaba en la cúspide de su poder. Bibliografía: “En defensa de Roma” de Federico Romero - https://amzn.to/48zc0AZ “El año de los cuatro emperadores” Desperta Ferro - https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/72-69-d-c-el-ano-de-los-cuatro-emperadores-roma-vespasiano/ “El imperio romano” de Isaac Asimov - https://amzn.to/3XEwa7w “Rome: An Empire's Story” de Greg Woolf - https://amzn.to/4rFaTrZ ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    1h 14m
  5. 11/27/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    El fascismo que fracasó

    El periodo de entreguerras presenció el colapso de buena parte de las democracias parlamentarias que habían surgido en Europa durante el siglo XIX. La primera en caer fue la italiana con el ascenso del fascismo y ese proceso alcanzó su apogeo ya en la década de los treinta con el nacionalsocialismo alemán. Para 1939 había más regímenes autoritarios que democracias en el continente. Pero, a excepción de Italia y Alemania, la mayoría eran regímenes nacionalistas de derechas que no encajaban bien en el molde fascista. Eso sí, muchos adoptaron la estética y los gestos del fascismo para ponerse al día y aparentar modernidad. En los años veinte los intentos de imitar el fascismo fuera de Italia no tuvieron demasiado éxito. Todo cambió a partir de 1933. El triunfo de Hitler convirtió al fascismo en una moda. Los jóvenes, en una Europa que estaba llena de ellos, lo veían como la ola del futuro frente a una democracia liberal que creían moribunda y el comunismo revolucionario. Esto explica la proliferación de milicias uniformadas y la retórica inflamada que proliferó en toda Europa en aquella época. Pero un grupo de países del noroeste europeo (Reino Unido, Francia, el Benelux, Escandinavia y Suiza) resistió a la tentación autoritaria. En todos ellos aparecieron movimientos fascistas o semifascistas, pero nunca superaron (salvo excepciones puntuales y breves) el 2% del voto en las elecciones. Como consecuencia fueron intrascendentes y quedaron políticamente marginados. Las razones de su fracaso eran de tipo estructural. En democracias consolidadas, sin que el nacionalismo irredentista hiciese acto de presencia, con alto nivel de vida, propiedad privada extendida y arraigada tradición parlamentaria, no existía necesidad objetiva de un nacionalismo revolucionario. Francia es el caso más interesante por su tradición política de propensión a los extremos y porque allí nacieron muchas de las ideas fascistas. En Francia aparecieron decenas de ligas, partidos y movimientos como Acción Francesa, el Fascio, las Juventudes Patriotas, las Cruces de Fuego, los Francistas y un largo etcétera. El más exitoso fue el Partido Social Francés de François de La Rocque, que aseguraba tener casi un millón de afiliados, pero nunca llegó a ser un partido propiamente fascista. El Partido Popular Francés de Jacques Doriot, un antiguo dirigente comunista, fue el más profascista y con mayor base obrera, pero tampoco logró despegar. La Tercera República, a pesar de sus periódicas crisis, se mostró muy resistente . En Bélgica apareció el rexismo de Leon Degrelle que empezó bien pero luego perdió atractivo. En los Países Bajos el Movimiento Nacional Socialista de Anton Mussert despertó mucha atención, pero luego decayó. En el Reino Unido la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley nunca pasó de la irrelevancia. Irlanda tuvo unos efímeros “camisas azules”, Escandinavia y Suiza, docenas de grupúsculos insignificantes. El fascismo necesitó un terreno abonado por derrota en la guerra y su corolario de humillación, crisis y sistemas democráticos débiles y poco legitimados. Allá donde no se dieron esas condiciones el fascismo quedó reducido a a una ruidosa curiosidad que vivía en los márgenes. Cuando estalló la guerra en 1939 incluso esas minorías perdieron todo atractivo y los movimientos se disolvieron o fueron prohibidos. El fascismo, que a mediados de la década preludiaba el futuro, resultó ser un fenómeno muy coyuntural ligado a una crisis concreta. Sin ese combustible no podía prosperar. En El ContraSello: 0:00 Introducción 36:02 “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R 1:24:47 Álvar Núnez Cabeza de Vaca

    1h 36m
  6. 11/20/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    El final del franquismo

    Entre 1973 y 1976 se produjo el colapso del franquismo y comenzó la transición a la democracia. El régimen, personalista y atado a la figura de Francisco Franco —que gobernaba desde 1939—, había intentado institucionalizarse mediante siete Leyes Fundamentales que configuraban un Estado católico, monárquico y corporativo, un “reino sin rey” con Franco como jefe de Estado vitalicio. En 1969 designó sucesor a Juan Carlos de Borbón, confiando en que el joven príncipe, educado en el régimen, mantendría una política continuista bajo la tutela de Luis Carrero Blanco, nombrado presidente del Gobierno en 1973 con la idea de supervisar la sucesión. El asesinato de Carrero Blanco por la organización terrorista ETA el 20 de diciembre de 1973 desmontó esos planes. El magnicidio provocó una crisis interna y evidenció la fragilidad de un sistema basado más en lealtades personales que institucionales. Aquello coincidió además con la crisis del petróleo, que puso fin al milagro económico español, disparó la inflación, incrementó el desempleo, y erosionó la principal fuente de legitimidad del tardofranquismo: la prosperidad de la clase media. Franco, ya mayor y enfermo, nombró presidente a Carlos Arias Navarro unos días después del asesinato de Carrero. Arias Navarro prometió una tímida apertura, pero la presión del sector inmovilista, conocido entonces como el búnker, y sus propias limitaciones personales y políticas paralizaron cualquier reforma real. El gobierno alternó gestos aperturistas con represión. Entretanto la oposición se organizaba: en 1974 nació la Junta Democrática impulsada por el PCE, y en 1975 la Plataforma de Convergencia Democrática que puso en marcha el PSOE. En marzo de 1976 se fusionaron en la Coordinación Democrática, bautizada como la “Platajunta”), que exigía una ruptura con el régimen, amnistía y elecciones constituyentes. Franco murió el 20 de noviembre de 1975 tras una larga agonía. Juan Carlos I fue proclamado rey dos días más tarde y mantuvo inicialmente a Arias Navarro, que formó un nuevo gabinete en el que incluyó a aperturistas como Manuel Fraga o José María de Areilza. Pero la conflictividad social les estalló en las manos forzando al rey a prescindir de Arias y a agilizar los cambios. El rey, asesorado por Torcuato Fernández-Miranda, nombró presidente del Gobierno a Adolfo Suárez, un ministro joven proveniente del régimen que parecía inofensivo para el búnker pero era manejable. Fernández-Miranda apostaba por la estrategia “de la ley a la ley”, que se materializó en la Ley para la Reforma Política. A través de ella se podía desmantelar toda la institucionalidad franquista desde dentro. La ley establecía Cortes bicamerales elegidas por sufragio universal y abría la puerta a la legalización de los partidos políticos. Las Cortes la aprobaron el 18 de noviembre de 1976 por una amplia mayoría en lo que ha pasado a la historia como el “harakiri” de las Cortes de Franco. Tras ello se convocó un referéndum que la ratificó con más del 90% de los votos a favor. De este modo, en apenas un año se liquidó jurídicamente el franquismo y quedó encarrilada la monarquía parlamentaria, algo que culminaría con las elecciones de junio de 1977 y la Constitución de 1978. El proceso, en buena medida improvisado y lleno de tensiones, logró una transición pacífica que alumbró la España actual. En El ContraSello: 0:00 Introducción 4:00 El final del franquismo 31:45 “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R 1:24:14 El punto muerto de la guerra de Cuba

    1h 31m
  7. 11/13/2025 • SUBSCRIBERS ONLY

    El dios incomprendido... con José Soto Chica

    Pocas veces solemos caer en la cuenta de lo importante que es el clima en el curso de los acontecimientos históricos. Quizá a corto plazo no nos lo pueda parecer ya que en el curso de una vida humana rara vez cambian de forma drástica las condiciones climáticas. Pero en el largo plazo el impacto del clima sobre el curso de la historia se ha demostrado fundamental. Desde la prehistoria se han producido varios cambios climáticos de distinta envergadura y todos, sin excepción, han afectado a las comunidades humanas. Unas veces para bien, otras para mal. Los neandertales, por ejemplo, no pudieron aguantar un enfriamiento más o menos repentino del planeta y eso, junto a la irrupción del homo sapiens, les condenó a la extinción hace unos 40.000 años. Ya en tiempos históricos otro enfriamiento provocó la caída del imperio antiguo en Egipto, el mismo que había levantado las grandes pirámides de Guiza. Ese mismo fenómeno provocó que el norte de África, que en aquel entonces era verde, húmedo y se encontraba poblado, se transformase en el desierto del Sahara, el mayor del planeta. Dos mil años más tarde otro evento climático fue el causante del colapso del imperio hitita, de las migraciones indoeuropeas hacia el oeste y de la llegada de los llamados “pueblos del mar” al oriente mediterráneo, tres acontecimientos concatenados que reconfiguraron por completo el mundo antiguo. A los periodos cálidos y húmedos en los que las civilizaciones prosperaban le han seguido siempre otros de carácter frío y seco. Esos inviernos prolongados acompañados de magras cosechas y seguidos por epidemias derribaron imperios, facilitaron invasiones y cambiaron el rumbo de la historia. Ese fue el caso, por ejemplo, de la peste de Justiniano a mediados del siglo VI, provocada por la erupción casi simultánea de tres grandes volcanes en distintas partes del mundo, que tendieron un velo de cenizas en la atmósfera haciendo descender la temperatura en todo el mundo. A las erupciones le siguió la crisis agrícola y, a esta, la irrupción de la peste negra que acabó con la vida de una cuarta parte de los habitantes del imperio bizantino en unos pocos años. La influencia del clima en la historia es un campo de estudio relativamente nuevo. Hasta hace sólo unos años no se solía tener en cuenta ya que nuestros ancestros no tenían el modo de medir con precisión los parámetros climáticos del tiempo que les tocó vivir. Algo de información documental nos ha llegado, pero no es demasiada y, además, está muy fragmentada. A cambio, gracias a los avances en paleoclimatología, se está reconstruyendo de forma muy completa el clima que hubo en la Tierra en tiempos pasados, desde la prehistoria hasta que se empezaron a medir y anotar registros climáticos de forma sistemática y concienzuda ya en el siglo XIX. Hoy en La ContraHistoria tenemos a un historiador, José Soto Chica, bien conocido por los seguidores de este programa, y a un paleoclimatólogo, Francisco Jiménez Espejo, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre ambos han alumbrado un libro excepcional, “El dios incomprendido. El desafío del clima en la historia de la humanidad” que publica la editorial Desperta Ferro y sobre el que hablaremos larga y pausadamente a lo largo de la próxima hora.

    1h 10m

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