Hay palabras bíblicas que dicen que ahora no se entienden y hay que traducirlas de otra manera. Una de ellas es la que da título a la novela de Ian McEwan, "Expiación" (2001). Esta poderosa historia fue llevada al cine por Joe Wright en 2007. Nos lleva a un caluroso día de 1935 en una mansión victoriana de Surrey, donde vive Cecilia, la bella hija mayor de una acaudalada familia llamada Tallis. El personaje que interpreta Keira Knightley, tiene una fantasiosa hermana de trece años, Briony, que empieza a escribir obras de teatro. Las dos tienen un ama de llaves, Brenda Blethyn, cuyo hijo Robbie, acaba de volver de la Universidad de Cambridge, donde estudia gracias al dinero de los Tallis. No tarda en surgir la chispa amorosa, que despierta los celos de su imaginativa hermana, con una falsa acusación que acabará con su relación, teniendo que partir el joven al frente. La historia continúa cinco años después en la guerra, donde Briony está trabajando como enfermera, buscando redención. Se convertirá luego en una escritora famosa, que interpreta al final Vanessa Redgrave. Es una historia sobre el poder y el peligro de la imaginación. Nuestra mente nos permite tomar decisiones, actuar y funcionar en la vida, pero caminamos también al borde de un precipicio al tratar de distinguir entre la realidad y la fantasía. Tratamos con la personas, no en base a lo que ellas son realmente, sino a lo que pensamos que son, harán y dirán, de acuerdo a nuestra imaginación. Podemos asistir a un acontecimiento, pero no sabemos con seguridad las intenciones de las personas relacionadas con ese suceso. A menudo acertamos y nos parece que no estamos desencaminados, porque nos ponemos en el lugar de las personas afectadas, o tenemos alguna experiencia previa de ellas. Aunque la verdad es que nos falta el discernimiento para comprender que hay detrás de las acciones y palabras que encontramos. "Expiación" explora la tragedia de una vida sin Dios, buscando expiar nuestros pecados, lejos de la Cruz. ¿Cómo podemos enfrentarnos a las consecuencias de nuestros errores? Para esto McEwan no tiene respuesta. A pesar de la nobleza de Briony, su prolongada penitencia y vida de autoflagelación, cargando con una culpa amarga, todo es al final inútil sin Dios, ni perdón, que cambie las cosas y rompa el poder corrosivo de la culpa que nos ahoga. En este programa de radio "Al Trasluz" escuchamos fragmentos del libro, leídos por Neus Sendra y escenas de la película, dobladas al castellano. La música, el diseño sonoro y la realización técnica es de Daniel Panduro, el texto y la locución de José de Segovia.