Descansando en Dios

Francisco Atencio

Devocional Cristiano Doctrinal

  1. 1h ago

    1387 - Evangelios. Cómo obtener la vida eterna. Mt 19:16

    1387 – Mt 19:16 – Cómo obtener la vida eterna. Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?   Jesús tuvo encuentros con varias personas al final de su ministerio. Mateo incluye acá el encuentro con el Joven rico. Este pasaje que parece sencillo es de los más profundos de los evangelios y ha dejado a muchos teólogos desconcertados por las respuestas que da Jesús. Por otra parte, es la única persona en los evangelios que se acerca a Jesús buscando vida eterna y no la alcanza. Se alejó triste y sin esperanza. Además, debemos responder preguntas como: Por qué Jesús niega ser bueno. Es necesario guardar los diez mandamientos para obtener la vida eterna. Debemos vender todo lo que tenemos y darlo a los pobres para alcanzar la vida eterna. Qué clase de evangelización es la que enseña Jesús. Por qué Jesús deja que se vaya sin alcanzar la vida eterna. Por qué le impide que entre a la vida eterna. Hay que saber lo que se quiere (Mt 19:16). “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” El hombre llegó hasta Jesús con el deseo de alcanzar la vida eterna. Sabía lo que quería, y ahí es por donde cualquiera tiene que empezar. Mateo dice que el hombre era joven y rico (Mt 19:20, 22). Lucas dice que era un principal (Lc 18:18). Probablemente un jefe de una sinagoga (Mt 9:18; Lc 8:41). Se observa con intranquilidad y sin esperanza en su corazón. Él sabía lo que faltaba: La vida eterna. ¿Pero cómo lo sabía? Los judíos entendían el concepto de vida eterna según Sal 133:3; Ecl 3:11; Dn 12:2. La vida eterna no es simplemente una prolongación de la vida, sino estar vivos para Dios. (Ro 6:8-11). La vida eterna es el proceso de comunión continua e infinita con el Dios viviente: muertos al pecado, pero vivos para Dios. (Ro 6:22). Es vivir en pleno amor, gozo y paz (Gá 5:22-23). Jesús afirma con énfasis: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” (Jn 6:67). ¿Desea usted la vida eterna? La debe buscar diligentemente. Marcos agrega que el joven vino corriendo y con humildad se arrodilló delante de Jesús (Mr 10:17). ¿Busca usted diligentemente la vida eterna? Hay que ir a la fuente correcta. (Mt 19:17) “El (Jesús) le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios.” Muchos buscan la vida eterna en el lugar equivocado. Satanás tiene religiones falsas por toda la tierra para que la gente busque lo que no deben. No encontrarán vida eterna allí, pero muchos la buscan allí diligentemente. El joven fue a la fuente correcta. El joven reconoció a Jesús como una persona moralmente buena y un maestro, pero no que era Dios o el Hijo de Dios (el Mesías). Otras personas que se acercaron a Jesús si lo aceptaban como Dios o el Mesías, y le decían: “Señor o Jesús Hijo de David”. Cuando Jesús le preguntó: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mt 19:17a). Esperaba que creyera que Él era el Hijo de Dios, no un hombre común. Para entrar en la vida eterna hay creer que Jesucristo es Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn 3:16). Hay que confesar y arrepentirse de los pecados. (Mt 19:17b-20) Jesús dice al Joven: “Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” Y pregunto ¿Cuáles? Jesús le dio los cinco últimos mandamientos: “No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre”. No menciona el mandamiento 10: No codiciaras, sino que lo resume: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19:18-19). Cristo esperaba que reconociera y se arrepintiera de su pecado de no compartir con el prójimo. Pero responde que si los ha guardado y pregunta ¿Qué más me falta? (Mt 19:20). “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” (Pr 28:13)

  2. 1d ago

    1386 - Evangelios. Jesús y los niños. Mt 19:14

    1386 – Mt 19:14 – Jesús y los niños. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.   Mateo siguiendo con su propósito cristológico y no cronológico nos pasa a un nuevo evento.  Este fue probablemente después que Jesús terminara de enseñar a los doce acerca del matrimonio, el divorcio, el nuevo casamiento y la soltería (Mt 19:3-12). Entonces otro grupo de personas vino a buscar ministración de parte del Señor, eran los niños. En ese tiempo le fueron presentados unos niños sin duda por parte de sus padres. Marcos y Lucas usan el tiempo imperfecto (“le presentaban”, “traían a él”), indicando un proceso continuo y posiblemente de tiempo extendido (Mr 10:13; Lc 18:15). Los padres se sintieron atraídos por este Maestro cuyo amor por los niños ya era conocido (Mt 17:18; 18:2-3; Jn 4:50).  Rechazados por los discípulos (Mt 19:13). “Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.” La actitud casi constante de los discípulos era rechazar, reprender, despedir a los que buscaban acercarse al Señor. Eran como los guarda espaldas que usan hoy día ministros y pastores. El Señor una vez más nos da una lección de atender, ayudar, orar y bendecir a los que se acercan a Él y a los necesitados no importando su edad, sexo, cultura, ni condición económica. El corazón que es ardiente con el Señor no rechazará a los niños. Solicitados y aceptados por Jesús (Mt 19:14). “Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” Por Marcos nos enteramos que Jesús se indignó mucho con los discípulos por la actitud de ellos hacia los niños (Mr 10:14). Por consiguiente, Jesús les dijo a los doce, y sigue diciéndonos hoy día a todos sus discípulos: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis. Cuando el Señor dice “de los tales es el reino de los cielos”, incluye a aquellos niños que, debido a su edad o deficiencia mental, son incapaces de ejercer fe salvadora y si ellos llegan a morir Dios les concede la entrada al reino por la soberana gracia divina. El Señor estaba indignado, enojado porque a los tales, es decir a los que son como niños, les pertenece el reino de los cielos. Marcos y Lucas registran el símil, como, que para entrar en el reino de los cielos es necesario tener la actitud de un niño. “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Mr 10:15; Lc 18:17). Bendecidos por Jesús (Mt 19:15). “Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.”. Por Marcos sabemos que: “Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.” (Mr 10:16).  Jesús no solo acepta y recibe a los niños, sino que también los toma en sus brazos y los bendice y “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” (Pr 10:22). Palabras para los padres y obreros cristianos. Algunas palabras a practicar son útiles para dar guía a los padres y obreros cristianos en llevar niños a Cristo. P1. Recordar. Debemos recordar que cada niño es creado por Dios, y en ese sentido ya le pertenece. El salmista declaró: “Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre… formidables, maravillosas son tus obras” (Sal 139:13-14).

  3. 2d ago

    1385 - Evangelios. El divorcio. Mt 19:3

    1385 – Mt 19:3 – El divorcio. Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Mateo inicia el capítulo diciendo: “Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.” (Mt 19:1-2). Estos versículos marcan el final del cuarto discurso de Jesús con la frase acostumbrada, “cuando Jesús terminó estas palabras”. Mencionadas también en Mt 7:28; 11:1; 13:53; 26:1. Además, presentan el inicio del ministerio de Jesús en Perea, al oriente del rio Jordán. Lucas es quién da más detalle dedicando diez capítulos a este último ministerio en Perea (Lc 9:51-19:28). Grandes multitudes siguieron a Jesús y los que estaban enfermos fueron sanados. Pero también dentro de las multitudes había enemigos del Señor. “Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?” (Mt 19:3). Jesús aprovecha este nuevo ataque para enseñar sobre el divorcio. La respuesta al ataque (Mt 19:4-6). “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” Las primeras palabras de Jesús no tuvieron nada que ver con la pregunta del divorcio, sino que fueron un reproche sarcástico para los eruditos fariseos, quienes se jactaban de tener un gran conocimiento de las Escrituras. El Señor al citarles Génesis 1:27 y 2:24 estaba diciéndoles: “La pelea de ustedes no es conmigo sino con Dios”. Sus palabras debieron haber dolido a los orgullosos y arrogantes fariseos, quienes se consideraban las autoridades supremas en las Escrituras. Con estos dos versículos el Señor presentó cuatro razones porque el divorcio (el repudio) nunca estuvo en el plan de Dios. R1. Dios los hizo al principio, varón y hembra los hizo. (Gn 1:27). Jesús les estaba diciendo que Dios no hizo un grupo de varones o de hembras para escoger con quien casarse. Esto también enseña que la definición de matrimonio es entre un hombre y una mujer. Cualquier otra unión entre personas de igual sexo no entra en la definición de matrimonio. R2. Por esto el hombre dejará padre y madre (Gn 2:24a). Como Adán y Eva no tenían padres, dejar padre y madre era un principio que debía proyectarse y aplicarse a todas las generaciones futuras. Este principio no significa que el hombre abandona a los padres, sino que dará prioridad a su conyugue para formar una nueva familia. R3. El hombre se unirá a su mujer (Gn 2:24b). Este es el principio de permanencia para toda la vida. Ya que la palabra “unirá” son la unión de dos piezas pegadas e inseparables, y que si se tratan de despegar se rompen quedando ambas fracturadas, rotas. R4. Los dos serán una sola carne. (Gn 2:24c). Es el principio de la unidad en el matrimonio. Significa que la pareja ya no son dos, sino uno, y al unirse forman una solo unidad de igualdad e inseparables. Tal como Pablo declara: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”. (1Co 7:4). La palabra hebrea moderna para matrimonio, kiddushin, es un vocablo íntimamente relacionado con los términos para santo y santificado, que tienen el significado básico de ser apartados y consagrados para Dios. Jesús concluye con un no rotundo sobre el divorcio diciendo: “por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” Dios no acepta el divorcio (Mt 19:7-9). En el corazón de Dios no está el divorcio. Pero el ser humano se opone a Dios y busca siempre argumentos no válidos como los fariseos que preguntaron “¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y

  4. 3d ago

    1384 - Evangelios. Cómo aprender a perdonar. Mt 18:21-22

    1384 – Mt 18:21-22 – Cómo aprender a perdonar. Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. El perdonar o pedir perdón no es común o una iniciativa natural en el ser humano. Normalmente el ser humano tiene la tendencia a no perdonar ni a pedir perdón. Jesús continuando con su cuarto sermón va a enseñarnos sobre el perdón. Ya lo ha enseñado en el Sermón del Monte con la oración modelo donde establece que debemos pedir perdón y perdonar diciendo: “perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (Mt 6:12). Además, agregó la condición para ser perdonado por nuestro Padre celestial: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mt 6:14-15). Jesús no se quedó en teorías o en solo instrucciones para sus discípulos, Él es nuestro mejor ejemplo de perdonar. Estando en la cruz sus primeras palabras fueron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34). Después de ser traicionado, falsamente acusado, golpeado, escupido y clavado injustamente a una cruz a fin de padecer una muerte agonizante, el hijo de Dios no tuvo odio por sus atormentadores, sino que más bien les ofreció perdón. Ahora Jesús, al cerrar su cuarto sermón, hace énfasis en aprender a perdonar siempre.   La pregunta en cuanto al perdón (Mt 18:21). El Señor acaba de enseñar sobre las acciones necesarias para restaurar a un hermano que había pecado u ofendido alguien. Esto llevó a Pedro a hacer la pregunta “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” El Señor usa esta pregunta para enseñar sobre el perdón. En el tiempo de Jesús acostumbraban a ponerle medida a todas las acciones incluyendo el perdón. Es posible que Pedro tomará como referencia lo mencionado por Dios a través del profeta Amós 1:2-2:6 donde solo perdonaría tres pecados y por el cuarto haría juicio. Pedro entendiendo que el reino de los cielos era más generoso dijo perdonaré ¿hasta siete? veces. Siete era el número figurado habitual para referirse a algo completo. El alcance del perdón (Mt 18:22). “Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Jesús usó la misma figura del número siete para enfatizar que no debemos perdonar solo siete, sino que debemos perdonar siempre. Los cristianos debemos ser misericordiosos como lo es nuestro Dios y perdonar siempre. Algunos usan el lema “perdono, pero no olvido”. Perdonar es olvidar. Lucas registra una enseñanza similar donde Jesús dijo: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” (Lc 17:3-4). Dios es el mejor ejemplo en perdonar y olvidar nuestros pecados. “El (Dios) volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” (Miq 7:19). No perdonar produce rencor, contaminar a otros y perder la salvación: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (He 12:15). El ejemplo del perdón (Mt 18:23-35). “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

  5. 4d ago

    1383 - Evangelios. La disciplina de la santidad. Mt 18:15

    1383 – Mt 18:15 – La disciplina de la santidad. Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. La voluntad de Dios para su pueblo es una vida en santidad, “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1Ts 4:3). Por lo cual, el Señor enseñó la doctrina de la disciplina de los hijos de Dios, conocida como la disciplina de la santidad. El Señor enseñó a los discípulos junto con la restauración la necesaria corrección para quien no camina correctamente. Dios siempre ha disciplinado a su pueblo, y ha instruido a su pueblo para que se discipline y viva en santidad. En el AT les dijo: “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Pr 3:11-12). En el NT, el escritor a los Hebreos, enseña sobre la disciplina de Dios (He 12:7-11). Dirigiéndose a creyentes, Santiago escribió: “Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Stg 4:8-10). Cristo enseña en Mateo 18:15-20 la disciplina de la santidad que debe ejercer la iglesia. La persona que recibe la disciplina (Mt 18:15a). “Por tanto, si tu hermano peca contra ti.” Es Cristo quien está enseñando. Como consecuencia de la enseñanza anterior, alguien que peca, ofende contra su hermano en la fe. Antes enseñó sobre la humildad en el trato a los demás, el aprecio por los demás hermanos, ahora expone la humildad en el trato con alguien que ha pecado. La reprensión del hermano que peca debe hacerse tan pronto se conozca el caso. Cada pecado cometido por un creyente mancha a toda la comunidad de creyentes. Trátese de calumnia, hurto, chisme, inmoralidad sexual, deshonestidad, error doctrinal, falta de sumisión, crueldad, blasfemia, vulgaridades, borrachera o cualquier otro, todo pecado con el que el hijo de Dios ofensor no ha tratado debe tratarlo la iglesia. La persona que inicia la disciplina (Mt 18:15b). “ve y repréndele estando tú y él solos;”. La persona responsable por iniciar la disciplina es cualquier creyente que esté consciente del pecado de otro creyente. El que conoce la ofensa, pecado cometido por un creyente, sea contra él o no, debe actuar como Cristo enseña. La disciplina no es simplemente responsabilidad del liderazgo de la iglesia sino de cada miembro. La primera confrontación a un hermano pecador debe ser estando solos, uno a uno. “Repréndele” es llevar luz o poner al descubierto su pecado, apoyados en la Palabra de Dios, para que reconozca su falta. El propósito de la disciplina (Mt 18:15c). “si te oyere, has ganado a tu hermano.” El propósito de disciplinar es la restauración espiritual de los miembros caídos, y el consiguiente fortalecimiento de la iglesia y la glorificación del Señor. Si el hermano que ha pecado, contra ti o no, te oyere, has ganado a tu hermano. Pablo enseña: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gá 6:1). Santiago también lo enseña en Stg 5:19-20. Procedimiento y lugar para la disciplina (Mt 18:16-17). ”Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” Este procedimiento básico de hacer constar toda palabra en un conflicto o en una denuncia de conducta inapropiada lo había establecido Moisés (Dt 19:15) y, por tanto, lo conocían todos los judíos. Los testigos son para la protección, tanto a los líderes de iglesia como a otros creyentes, contra maltrato y acusación injusta en la disciplina (1Ti 5:19-20).

  6. Jul 24

    1382 - Evangelios. El cuidado de los hijos de Dios. Mt 18:10

    1382 – Mt 18:10 – El cuidado de los hijos de Dios. Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.   El Señor pasa a enseñar las razones por las cuales no debemos menospreciarnos entre los cristianos. “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños” (Mt 18:10a). Algunas razones por la que los creyentes menosprecian a otros creyentes son: R1. Cuando son indiferentes o críticos ante un hermano en la fe que tropieza espiritualmente. Cuando cae en pecado, especialmente si el pecado es público y notorio. R2. Se resienten con un hermano en la fe que les confronta por su pecado. En lugar de enfrentar y arrepentirse del pecado señalado y agradecer a quien los confronta, se molestan y desprecian al hermano. R3. Cuando no logra sacar provecho de otro cristiano para beneficio personal. R4. Cuando ridiculizan su apariencia física. De Pablo dijeron: “Sus cartas son duras y fuertes, pero él en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso” (2Co 10:10). BNVI. R5. Cuando negamos la ayuda a los que están en necesidad. Pablo, Santiago y Juan exhortan de no menospreciar al cristiano necesitado (1Co 11:20-22; Stg 2:15-16; 1Jn 3:17-18). R6. Cuando mostramos parcialidad cometiendo el pecado de hacer acepción de personas (Stg 2:1-13). R7. Cuando menospreciamos a los cristianos débiles en la fe. (Ro 14:10-13). La relación de los ángeles y el cristiano (Mt 18:10b). “porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” La primera razón que da el Señor para no menospreciarnos entre cristianos es el apoyo que recibimos de los ángeles. El escritor a los Hebreos explica que los ángeles “son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (He 1:14). El propósito que tienen es servir a Dios dedicándose al servicio de su pueblo. Estos ángeles en los cielos viven en la misma presencia de Dios, donde esperan con atención las órdenes divinas de servir al pueblo que Él ama. Jesús añadió: “Ellos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Los ángeles no quitan sus ojos de Dios, esperando la instrucción para servir al creyente. Este versículo no enseña la idea de un ángel individual de la guardia para cada creyente, como enseñaba la tradición judía en la época de Jesús y como otras religiones cree y enseña. Cuando Pedro tocó a la puerta de la casa de María después de ser milagrosamente liberado de la cárcel, una joven criada llamada Rode contestó. Al ver a Pedro se puso tan contenta que olvidó abrir la puerta y fue a informar a los creyentes reunidos adentro, pero estos insistieron que “¡Es su ángel!”, creían que era el ángel guardián de Pedro (Hch 12:12-15). Pero esa idea supersticiosa registrada solo en este texto; no se enseña ni se fundamenta aquí ni en ninguna otra parte de la Biblia. Así que, la falsa doctrina del ángel de la guarda no es bíblico, los ángeles son solo servidores de los cristianos, y si solo si son autorizados por Dios Padre. La relación de Cristo con el cristiano (Mt 18:11). “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” La segunda razón para no despreciar a los hermanos en la fe, es que todos somos miembros del cuerpo de Cristo. El Señor acababa de manifestar que “cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mt 18:5). Todo creyente verdadero, por joven, inmaduro, poco fiel, sin atractivo o carente que sea, es uno con Jesucristo, comprado con su propia sangre preciosa. Por consiguiente, menospreciar a cualquier cristiano y considerarlo inútil es despreciar a Cristo mismo. Cuando comisionó a los setenta, Jesús declaró: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lc 10:16).

  7. Jul 23

    1381 - Evangelios. El peligro de hacer tropezar a un cristiano. Mt 18:6

    1381 – Mt 18:6 – El peligro de hacer tropezar a un cristiano. Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. Cristo y los creyentes forman una unidad inseparable. Por lo tanto, el que recibe a un creyente en el nombre del Señor es como si estuviera recibiendo a Cristo mismo. Igualmente, el Señor enseña que quién maltrata a un cristiano está maltratando a Cristo. Sea causado el maltrato a un cristiano por el peor perseguidor o de un creyente que causa maltrato, tropiezo, perjudica a otro hermano en la fe, el resultado es igual: Cristo es atacado. De manera metafórica están metiendo los dedos en los ojos de Dios (Zc 2:8). Jesús a Saulo (Pablo) que perseguía a la iglesia, antes de ser cristiano, iba camino a Damasco a encarcelar y quitar la vida a más cristianos, lo dejó ciego y en el suelo. Jesús le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Pablo respondió “¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Pablo fue temeroso de Dios y obediente. Su reacción inmediata, “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” Pablo se arrepintió y dejó su pecado siguiendo y sirviendo a Cristo con temor y temblor, y sugiriendo al creyente Fil 2:12. Mejor morir que ser de tropiezo (Mt 18:6). “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” El Señor cuando dice, “alguno de estos pequeños que creen en mí”, no se está refiriendo a niños físicos sino espirituales. Nos recuerda lo que enseñó anteriormente en Mt 18:3-5 usando de manera metafórica a un niño. Jesús al decir “haga tropezar” está hablando de tropiezo moral y espiritual, es decir de pecar. Tropezar significa hacer caer. Por lo tanto, el Señor está hablando aquí de tentar, atrapar o influenciar en un creyente en alguna forma que lo lleve a pecar o en alguna manera que le facilite caer en pecado. Una persona que es responsable por hacer que un cristiano peque comete un agravio contra Cristo mismo, así como contra el cristiano. Un ejemplo de esta enseñanza son los doce discípulos que estaban discutiendo por ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt 18:1); no solo estaban pecando a causa de su propio orgullo y jactancia, sino también porque estaban incitándose mutuamente a tener envidia, celos y enojo. Arruinar el carácter de un santo o retrasar su crecimiento espiritual es algo atroz a los ojos de Dios, porque equivale a atacar a su amado Hijo Jesucristo. Zacarías declaró que cualquiera que haga daño al pueblo de Dios, Israel, “toca a la niña de su ojo” (Zc 2:8). “La niña del ojo” era una figura antigua para la córnea, la parte más delicada y sensible del cuerpo. La idea es que cualquiera que daña al pueblo de Dios pincha el ojo de Dios, causándole grave irritación al Soberano. Algunos ejemplos de hacer pecar, tropezar a los hermanos de la fe: Enseñando falsas doctrinas (Ap 2:14-15, 20-22). Influenciar para evadir la ley civil (Ro 13:7). Provocando a ira a los hijos (Ef 6:4). Dando mal testimonio (1Ti 4:12; 6:9). Hacer tropezar al débil en la fe, a los que tienen poco conocimiento de la Palabra de Dios (Ro 14:13; 1Co 8:9-12). Abusando de la autoridad delegada al no hacerlo “en el temor de Dios” (Ef 5:21). Al no exhortarlo a hacer justicia (He 10:24). El Señor recomienda que antes que sea de tropiezo, mejor es que muera, echándole un buen baño en lo profundo del mar con una piedra de molino bien pesada y atada al cuello. Esto evitaría el daño irreparable que puede hacérsele a un niño en

  8. Jul 22

    1380 - Evangelios. Quién es el mayor en el reino de los cielos. Mt 18:1

    1380 – Mt 18:1 – Quién es el mayor en el reino de los cielos. En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?   En Mateo 18:1-35 encontramos el cuarto de los cinco sermones de Jesús. Este cuarto sermón es sobre el discipulado cristiano. El contenido del cuarto sermón puede ser estructurado en dos grandes partes: P1 La humildad (Mt 18:1-20). P2. El perdón (Mt 18:21-35). Estas dos partes pueden subdividirse en cinco enseñanzas: E1. La condición espiritual para entrar en el reino de los cielos (Mt 18:1-5). E2. El peligro de hacer tropezar a un cristiano (Mt 18:6-9). E3. El cuidado que reciben los hijos de Dios (Mt 18:10-14). E4. La disciplina de santidad que se debe ejercer para mantener el nivel espiritual requerido para entrar en el reino de los cielos. (Mt 18:15-20). E5. Finaliza el cuarto sermón de Jesús con una parábola para enseñar sobre el perdón entre los hijos de Dios. (Mt 18:21-35). La primera enseñanza del cuarto sermón nos enseña sobre la humildad. Esta cualidad es esencial para entrar en el reino de los cielos. Jesús ya lo había enseñado en su primer sermón colocándola como base fundamental para el resto de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mt 5:3). ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt 18:1). Mateo inicia diciendo “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús,” no da detalles de la ubicación por ser cristológico y no cronológico. Este tiempo es mientras estaban en la casa en Capernaum. Por Marcos sabemos que los discípulos habían estado discutiendo por el camino a Capernaum sobre quien de ellos sería el mayor en el reino de los cielos. Jesús, en su omnisciencia, los confrontó al llegar “a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.” (Mr 9:33-34).  El salmista afirma la omnisciencia de Dios diciendo: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.” (Sal 139:2-4). Por lo cual, no podemos engañar a Dios porque Él conoce nuestros pensamientos y nuestro corazón. La omnisciencia de Dios nos recuerda que debemos acercarnos a Él con verdadera, genuina humildad y transparencia. Porque “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Sal 51:17). La preocupación de los discípulos no era asunto de santidad sino de dignidad. Mientras el Señor pensaba en humillación (Mt 17:22-23), ellos pensaban en la codicia de la gloria, ser exaltados. Jesús nos exhorta a vivir en sacrificio vivo cada día, en santidad, y no buscando cargos, posiciones o ser exaltados, reconocidos por el hombre. La lección de un niño (Mt 18:2-3). “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos.” Jesús usaba diferentes métodos para enseñar. Ahora el Señor llamó a un niño que vino a su lado y estaba en pie en medio de ellos, pero luego lo tomo en sus brazos como relata Mr 9:36. Allí estaban todos mirando a Jesús y al niño. Alguien pequeño para que los grandes aprendiesen de él. Jesús les “dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Mientras los discípulos discutían sobre posiciones, puestos en el reino, el Señor les habla de la entrada al reino. Los discípulos codiciaban puestos en el reino, pero primero tenían que accesar al reino. Los niños tienen dos aspectos positivos: Son conscientes de su pequeñez, un buen ejemplo de humildad; en segundo lugar, dependen de los mayores, lo que es una buena ilustración de la fe. El Señor exige que, para tener la seguridad de entrar al reino,

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