1345 – Mt 11:23 – El juicio de Jesús. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Jesús pasa de examinar, la respuesta con críticas de las personas incrédulas, a hacer juicio sobre algunas ciudades, por su incredulidad manifestada con la indifirencia. Eran ciudades en las que había estado predicando, enseñando y haciendo muchos milagros. La indiferencia hacia Dios y su obra es una forma extrema, atroz de incredulidad. La indiferencia menosprecia de tal manera a Dios que Él ni siquiera es un asunto sobre el cual valga la pena debatir ni para criticarlo. “Cuando viene el impío, viene también el menosprecio, y con el deshonrador la afrenta.” (Pr 18:3). Mateo registra esta indiferencia hacia Dios, con la parábola de la fiesta de bodas, expuesta por Jesús (Mt 22:1-14). Los invitados que recibieron invitación en primer lugar la menospreciaron y “sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios” (Mt 22:5). Jesús finaliza afirmando: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.” (Mt 22:14). Hoy algunos indiferentes se burlan diciendo: Estos evangélicos aleluyas siempre dicen que Jesús volverá y no ha venido. Pero: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2Pe 3:9). La indiferencia, el menosprecio hacia Jesús continuará hasta su segunda venida. Jesús expresó: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo, como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban… Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lc 17:26-28,30). Castigo más tolerable (Mt 11:21-22). “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.” La soberbia, el orgullo lleva a la incredulidad de la indiferencia, el menosprecio a Dios. Tiro y Sidón eran ciudades fenicias a orillas del Mar Mediterráneo. Los habitantes de Tiro decían “Yo soy de perfecta hermosura.” (Ez 27:3). Jesús confronta a los judíos con los gentiles para resaltar su enseñanza, ya que para los judíos de Galilea, Tiro y Sidón personificaban la corrupción pagana y despreciable. La profecía sobre la destrucción de Tiro y Sidón, con sus habitantes, se cumplió detalladamente (Ez 26-28). Igualmente, se cumplirá esta profecía contra Corazín y Betsaida. Las ciudades al norte de Israel, Corazín y Betsaida, fueron privilegiadas porque presenciaron de manera asombrosa la evidencia de la bondad de Dios, la misericordia de Dios y el poder divino, pero no se arrepintieron. De allí la expresión de Jesús con un “ay” que anuncia el juicio justo de Dios. El juicio de Jesús: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.” (Mt 11:22). Se observa que Jesús clarifica aquí dos verdades: habrá grados de castigo en el infierno, y entre los que reciben el castigo más severo estarán aquellos que han recibido la revelación divina y que han sido los más religiosos y rectos por fuera. Por eso, la advertencia de Santiago “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” (Stg 3:1). Castigo más fuerte (Mt 11:23-24). “Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.” Jesús durante su ministerio, realizó más milagros y predicó más sermones en Capernaum que en otro lugar.