Primero Dios, con Gerardo Farías

Gerardo

Acompáñame a leer y estudiar la Biblia. Cada día, leeremos un capítulo de la Biblia y reflexionaremos en lo que Dios quiere decirnos. Comienza tu día escuchando la Palabra de Dios.

  1. 11h ago

    MATEO 16 - LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE DE TODA LA BIBLIA

    Jesús les hizo a sus discípulos dos preguntas; pero la segunda es la más importante de toda la Biblia. Primero les preguntó: ¿Que dice la gente acerca de mí? Y enseguida preguntó: ¿Y que dicen ustedes que soy yo? La pregunta del Señor sigue atravesando los siglos: “¿Quién soy yo para ustedes?” Allí se revela si la fe es prestada o nacida de una convicción viva. Pedro confiesa: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y en esa confesión se levanta la iglesia, no sobre la fuerza humana, sino sobre la revelación del Padre y la autoridad del Hijo. Jesús no fue simplemente un buen maestro. No fue solamente un profeta. Jesús es el prometido, el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús es todo.  Pero el mismo capítulo muestra una verdad preocupante: se puede confesar correctamente a Cristo y, aun así, resistir el camino de la cruz. Pedro reconoció al Mesías, pero rechazó el sufrimiento. Quería un Cristo glorioso sin padecimiento, una corona sin cruz, un reino sin calvario. Por eso Jesús lo reprende con severidad: porque todo pensamiento que intenta apartar al Señor de la obediencia al Padre no viene de arriba, sino de los intereses del hombre. Si no somos cuidadosos, podemos en un momento ser instrumentos en las manos de Dios; y al otro, instrumento de Satanás. El llamado de Jesús es claro: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. La vida cristiana no consiste en usar a Cristo para conservar la propia vida, sino en perder la vida por causa de Él. El que quiera guardar su vida para sí mismo, en realidad estará perdiendo la vida eterna; el que le entrega su vida al Señor, incluso hasta la muerte, habrá encontrado la vida eterna. Hoy la pregunta no es solo qué dices de Cristo, sino si estás dispuesto a seguirlo por el camino que Él trazó. Reconócelo como el Hijo del Dios viviente, toma tu cruz, y síguelo hasta el final. Que el Señor te bendiga.

    9 min
  2. 1d ago

    MATEO 15 - FE QUE NO SE RINDE

    En el capítulo de hoy encontramos controversias con los fariseos, y un milagro en el Líbano. Todo comienza por una crítica de los fariseos hacia los seguidores de Jesús - ellos comían sin lavarse las manos de forma ceremonial, como lo hacían los judíos. Jesús, que puede ver más allá de las apariencias, y que puede ver claramente las intenciones del corazón, los reprende por su hipocresía. Los fariseos guardaban celosamente las tradiciones de sus ancianos. Pero no tenían problema en inventar una mentira, para dejar de cumplir con el mandamiento que dice: Honra a tu padre y a tu madre. Este capítulo nos muestra que el Señor no se impresiona con una religión de labios, costumbres externas o tradiciones humanas cuando el corazón permanece lejos de Él. Jesús desenmascara una piedad vacía: aquella que honra a Dios con palabras, pero vive dominada por orgullo, dureza, hipocresía y desobediencia. El problema del hombre no está primero en lo que toca con sus manos, sino en lo que brota de su corazón. Cristo enseña que lo que contamina al ser humano no viene de afuera, sino de adentro: malos pensamientos, palabras impuras, engaño, soberbia y pecado escondido. Esta verdad es muy importante, porque nos obliga a dejar de culpar solamente a las circunstancias, a las personas o al ambiente. El Señor va más profundo: Él mira la fuente. Y si la fuente está enferma, solo la gracia de Dios puede limpiarla. Pero aquí también encontramos la misericordia de Jesús. La mujer cananea se acerca con fe, persevera aunque todo parece estar en contra, y recibe respuesta del Señor. Esto nos recuerda que la fe verdadera no se rinde fácilmente, sino que se aferra a Cristo aun cuando el silencio parece largo. Acerquémonos hoy al Señor no con una religión de apariencia, sino con un corazón quebrantado, limpio por su gracia, y una fe que clama: “Señor, socórreme”.

    8 min
  3. 2d ago

    MATEO 14 - MUERTE, SOLEDAD, Y FE

    En el capítulo de hoy vemos a Jesús en medio de tres realidades muy humanas: el dolor, la necesidad y el miedo. Primero, Jesús recibe la noticia de la muerte de Juan el Bautista. Él se aparta a un lugar desierto; claramente esta noticia le causó dolor, y necesitaba un momento a solas. Aun así, cuando ve a la multitud, no se encierra en su tristeza: “tuvo compasión de ellos”. Aquí hay una lección importante: el sufrimiento no debe volvernos insensibles. Si el dolor nos encierra tanto que dejamos de servir a otros y de amar, algo se está deformando en nuestra fe. La fe nos lleva a servir, aún en medio de nuestro dolor y tristezas. Luego viene la multiplicación de los panes y los peces. Los discípulos ven escasez; Jesús ve una oportunidad. Ellos dicen: “despide a la multitud”. Jesús responde: “dadles vosotros de comer”. Esa frase confronta nuestra tendencia a evadir nuestra responsabilidad espiritual. Muchas veces pedimos que Dios haga algo, mientras Él nos está diciendo: “entrégame lo poco que tienes para que juntos hagamos algo”. El milagro no comenzó con abundancia, sino con una entrega pequeña puesta en las manos correctas. Debemos aprender a confiar en Dios y cooperar con sus propósitos. Después, Jesús camina sobre el mar. Los discípulos están en una barca sacudida por el viento, y Pedro se atreve a caminar hacia Jesús. Mientras mira a Cristo, avanza; cuando mira el viento, se hunde. La fe no se pierde necesariamente porque la tormenta aumenta, sino porque nuestros ojos cambian de dirección. Pedro no se hundió por falta de agua firme, sino por falta de enfoque firme en Jesús. Este capítulo nos recuerda que para Jesús no hay nada imposible. Jesús es Señor sobre la muerte, sobre la escasez y sobre la tormenta. Pero también nos confronta: ¿estamos mirando demasiado el viento? ¿Estamos usando nuestra poca fuerza como excusa? ¿Estamos esperando condiciones perfectas para obedecer? La invitación del capítulo es clara: lleva tu dolor a Jesús, entrega lo poco que tienes, y mantén tus ojos fijos en Él. Porque cuando Cristo está presente, aun el desierto puede convertirse en mesa, y aun el mar agitado puede convertirse en un camino para recorrer. Que el Señor te bendiga.

    8 min
  4. 4d ago

    MATEO 12 - JESÚS Y EL SÁBADO

    Los fariseos conocían la Ley, citaban las Escrituras y defendían el sábado con celo. Pero cuando vieron a Jesús sanar, liberar y restaurar, no celebraron la misericordia de Dios; buscaron acusarlo. Ese es el peligro de una religión deformada: puede amar más sus reglas que a las personas, más su sistema que al Salvador. Jesús les responde con una frase poderosa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. No está despreciando la obediencia. Está corrigiendo una obediencia vacía, dura, orgullosa, que usa la verdad como arma y no como medicina. La verdadera fidelidad a Dios no endurece el corazón; lo hace más compasivo, más humilde y más dispuesto a restaurar al caído. En este capítulo también vemos a Cristo como Señor del sábado. Él no vino a destruir el día santo, sino a revelar su verdadero propósito. El sábado no fue dado para aplastar al ser humano con cargas, sino para recordarle que Dios es Creador, Redentor y Restaurador. Por eso Jesús sana en sábado: porque el sábado es un monumento a la libertad que Dios nos da. Pero Jesús también nos confronta con algo más profundo: no basta con parecer religioso; el árbol se conoce por sus frutos. Las palabras revelan el corazón. Las reacciones revelan el carácter. La manera en que tratamos a otros cuando no estamos de acuerdo revela si realmente el Espíritu de Cristo gobierna en nosotros. La pregunta seria que debemos hacernos no es: “¿Cuánto sabes de religión?” La pregunta es: “¿Tu corazón se parece al de Jesús?” Porque se puede defender la doctrina correcta con un espíritu incorrecto. Se puede hablar de santidad sin misericordia. Se puede guardar formas externas mientras el corazón sigue cerrado a la voz de Dios. Hoy la Palabra de Dios nos llama a una fe más limpia, más profunda y más verdadera: una fe que obedece, sí, pero que también ama; una fe que guarda la verdad, pero sin perder la misericordia; una fe que no usa a Dios para condenar, sino que se deja transformar por Cristo para sanar. Que el Señor nos libre de una religión fría, orgullosa y acusadora. Y que forme en nosotros el carácter de Jesús: firme en la verdad, lleno de gracia, y siempre dispuesto a levantar al que está caído.

    9 min
  5. 6d ago

    MATEO 10 - ASTUTOS COMO SERPIENTES, INOFENSIVOS COMO PALOMAS

    Mateo 10 nos muestra a Jesús llamando, preparando y enviando a sus discípulos. No los llama para que sean espectadores de la fe, sino testigos activos del Reino de Dios. El capítulo es claro: seguir a Cristo no es solamente recibir bendiciones; también implica misión, valentía y fidelidad. Jesús les advierte que no siempre serán aceptados. Habrá oposición, rechazo y aun persecución. Pero también les recuerda algo poderoso: “No teman”. El Dios que cuida de los pajarillos también cuida de sus hijos. Pero Jesús fue bastante claro: servir a Dios significaría una vida llena de conflictos. Jesús nunca prometió un camino fácil; prometió su presencia, su autoridad y su cuidado. La fe verdadera no se mide cuando todo está tranquilo, sino cuando seguimos siendo fieles aunque haya presión, críticas o temor. También nos enseña que el discípulo no se pertenece a sí mismo. Cristo debe ocupar el primer lugar, por encima de la comodidad, la aprobación humana y aun los afectos más cercanos. Esto no significa amar menos a la familia, sino amar a Dios con una lealtad superior. El Señor Jesús nos llama a una fe madura: una fe que no se esconde, que no se avergüenza de Cristo y que entiende que la misión tiene un costo. La pregunta que todos debemos hacernos es la siguiente: ¿somos discípulos solo cuando todo es cómodo, o también cuando seguir a Jesús exige valor? Porque Cristo no busca admiradores silenciosos; busca testigos fieles.

    8 min
  6. May 28

    MATEO 9 - MISERICORDIA QUIERO, Y NO SACRIFICIO

    El capítulo de hoy nos muestra a Jesús caminando entre personas dolidas y quebrantadas: un paralítico cargado por otros, un recaudador de impuestos despreciado por la sociedad, una mujer enferma por doce años, una niña muerta, dos ciegos, un mudo oprimido, y multitudes cansadas y dispersas. El mensaje central es claro: Jesús no vino a buscar gente perfecta, sino a sanar, perdonar y restaurar a los que reconocen su necesidad. Cuando Jesús llama a Mateo, un publicano rechazado por la sociedad, no le dice: “Arréglate primero y después sígueme”. Le dice: “Sígueme”. Esa es la gracia: Cristo llama al pecador no porque ya esté limpio, sino para limpiarlo en el camino. La sanidad de los enfermos y los oprimidos debió ser una razón de alegría para todos; pero tristemente no lo fue. Los fariseos veían pecadores; Jesús veía enfermos que necesitaban médico. Ellos veían impureza; Jesús veía la oportunidad de ejercer misericordia. Por eso declara: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Una religión sin compasión puede ser correcta en apariencia, pero está muerta por dentro. Al final del capítulo, vemos a Jesús contemplando a las multitudes y siente compasión porque estaban como ovejas sin pastor. Esa mirada sigue siendo necesaria hoy. Hay mucha gente caminando, trabajando, sonriendo, incluso asistiendo a la iglesia, pero por dentro está cansada, herida y sin dirección. El capítulo de hoy nos invita a venir a Cristo tal como estamos, pero no para quedarnos igual. Él perdona al paralítico, levanta al caído, sana al enfermo, llama al despreciado y envía obreros a la mies. La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿estamos mirando a las personas como los fariseos o como Jesús? Porque donde otros ven un caso perdido, Cristo ve una vida que todavía puede ser restaurada.

    9 min

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