(Ver debajo para español) True peace is something every person longs for, yet the world often defines it as simply the absence of conflict. In this episode of For Your Journey, District Apostle Schnabel explains that the peace Christ offers is far deeper, it is a gift from the Prince of Peace that remains even when life is uncertain or difficult. While society often encourages us to defend our rights, win arguments, or react emotionally, Christ calls us to a different way. His peace requires humility, a willingness to surrender our own desire to be right, and trust that God alone is the perfect judge who can make all things right. Rather than allowing circumstances or disagreements to rob us of peace, we are invited to anchor ourselves in Jesus Christ. As recipients of Christ's peace, we are also commissioned to share it with others. Peace is reflected in everyday choices: refusing to participate in gossip, responding with gentleness instead of retaliation, extending forgiveness, and choosing reconciliation over resentment. These actions may appear weak by worldly standards, but they mirror the example of Jesus, who entrusted Himself completely to the Father's will. As we live out His peace, others are given a glimpse of Christ through our words and actions. Takeaway: This week, ask yourself where you can intentionally be a steward of Christ's peace. Is there someone you need to forgive, a conflict where you can respond with grace instead of anger, or an opportunity to encourage unity rather than division? As the peace of the risen Lord abides with us, which we receive in the Absolution, may it also flow through us to those around us. --------------- ESPAÑOL La verdadera paz es algo que toda persona anhela, pero el mundo suele definirla simplemente como la ausencia de conflictos. En este episodio de For Your Journey, el Apóstol de Distrito Schnabel explica que la paz que Cristo ofrece es mucho más profunda: es un don del Príncipe de Paz que permanece incluso cuando la vida es incierta o difícil. Aunque la sociedad muchas veces nos anima a defender nuestros derechos, ganar discusiones o reaccionar emocionalmente, Cristo nos llama a un camino diferente. Su paz requiere humildad, la disposición de renunciar a nuestro deseo de tener la razón y la confianza en que solo Dios es el Juez perfecto que puede poner todo en orden. En lugar de permitir que las circunstancias o los desacuerdos nos roben la paz, se nos invita a mantenernos firmemente anclados en Jesucristo. Como receptores de la paz de Cristo, también tenemos el encargo de compartirla con los demás. La paz se refleja en las decisiones de cada día: negarnos a participar en chismes, responder con mansedumbre en lugar de devolver el mal, extender el perdón y elegir la reconciliación en vez del resentimiento. Aunque estas acciones puedan parecer una muestra de debilidad según los criterios del mundo, reflejan el ejemplo de Jesús, quien se entregó por completo a la voluntad del Padre. Cuando vivimos Su paz, los demás pueden ver un reflejo de Cristo en nuestras palabras y acciones. Para reflexionar: Esta semana, pregúntate de qué manera puedes ser un fiel administrador de la paz de Cristo de forma intencional. ¿Hay alguien a quien necesitas perdonar, un conflicto en el que puedas responder con gracia en lugar de enojo, o una oportunidad para fomentar la unidad en lugar de la división? Así como la paz del Señor resucitado permanece con nosotros, la cual recibimos en la Absolución, que también fluya por medio de nosotros hacia quienes nos rodean.